Friday, October 29, 2010

Hölderlin - «Sokrates und Alcibiades»

«Warum huldigest du, heiliger Sokrates,
Diesem Jünglinge stets? kennest du Grössers nicht?
Warum siehet mit Liebe,
Wie auf Götter, dein Aug' auf ihn?»

Wer das Tiefste gedacht, liebt das Lebendigste,
Hohe Jugend versteht, wer in die Welt geblickt,
Und es neigen die Weisen
Oft am Ende zu Schönem sich.


[«¿Por qué, divino Sócrates, rindes homenaje /
de continuo a ese joven? ¿No conoces nada más grande? /
¿Por qué, con amor, /
lo miran tus ojos como a los dioses?» / /

Quien ha pensado en lo más profundo, ama lo más vivo, /
quien ha mirado al mundo, tiene por elegido al joven, /
y a menudo, al final, los sabios /
se inclinan ante lo hermoso.] (Lo tomé de aquí ___ (just in case, english tranlation)

Thursday, October 28, 2010

Óperas de Strauss

¡La ópera de Richard Strauss no puede ser ignorada!
Primeramente, porque es piel,
luego corazón y fibra
y luego,
si se quiere y desea...
¡impecables neuronas!

Aquí hay una lista de sus óperas:

1.     Guntram, op. 25 (10, mayo, 1894, Weimar Hoftheater)
2.     Feursnot (Prueba de fuego), op. 50 (21, noviembre, 1901, Dresden Hofoper)
3.     Salome, op. 54 (9, diciembre, 1905, Dresden Hofoper)
4.     Elektra, op. 58 (25, enero, 1909, Dresden Hofoper)
5.     El caballero de la Rosa, op. 59 (26, enero, 1911, Dresden Hofoper)
6.     Ariadna en Naxos, op. 60 (segunda versión: 4,octubre, 1916, Viena Hofoper)
7.     La Mujer sin Sombra, op. 65 (10, octubre, 1919, Opera del Estado de Viena)
8.     Intermezzo, op. 72 (4, noviembre, 1924, Opera del Estado de Dresden)
9.     Helena la Egipcia, op. 75 (6 , junio, 1928, Opera del Estado de Dresden)
10.    Arabella, op. 79 (1, julio, 1933, Opera del Estado de Dresden)
11.    La Mujer Silenciosa, op. 80 (24, junio, 1935, Opera del Estado de Dresden)
12.    Friedenstag (Día de Paz), op. 81 (24, julio, 1938, 1938, Opera del Estado de Munich)
13.    Daphne, op. 82 (15, octubre, 1938, Opera del Estado de Dresden)
14.    Guntram, op. 25 (segunda versión, 29, octubre, 1940, Teatro Nacional de Weimar)
15.    Der Liebe der Danae, op. 83 (segunda versión 14, agosto, 1952, Festival de Salzburgo)
16.    Capriccio, op. 85 (28, octubre, 1942, Opera del Estado de Munich) 

Dos trabajos Operísticos

Hindemith. Neues vom Tage 2008
Gun Brit Barkmin. Wolfgang Holzmair. H:J:Ketilsson. John Bellemer. K. Peetz. T. Scharfenberger.
Dir.: Bruno Bartoletti

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Ernst Hoffmann. Undine. 1960.
Rita Streich. Raimund Grumbach. Melitta Muszely. Karl Kohn.
Max Proebstl. Orq. Radio Bavaria.

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                       Rita Streich


Para leer más sobre Hoffmann ir AQUI
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Berg. Wozzeck. 1972. Salzburgo. 
Walter Berry. Anja Silja. Fritz Uhl. Loren Driscoll. Helmut Melchert. Hans Kraemmer. Zoltan Kelemen. Gertrude Jahn. 
Fil. Viena. Dir.: Karl Böhm
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Orff. Der Mond. VIDEO.

Munich 1965.
John Van Kesteren. Willi Brokmeier. Claudio Nicolai. Erner Kotrzerke. Erich Winkelmann. Ernst Sandleben.
Dir.: Kurt Eichhorn

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Para leer más sobre Orff y su obra ir AQUI y AQUI

Frases Interesantes

Las olas del corazón no estallarían en tan bellas espumas ni se convertirían en espíritu si no chocaran con el destino,esa vieja roca muda.

Friedrich Hölderlin

"Dentro de toda mujer, incluso de la más reprimida, alienta una vida secreta, una fuerza poderosa llena de buenos instintos, creatividad, pasión y sabiduría eterna.Es la Mujer Salvaje, una especie en peligro de extinción..."

-C.P. Estés-

"El romanticismo no radica precisamente en la elección de los temas ni en la verdad exacta, sino en la manera de sentir. Se ha buscado fuera, cuando sólo se puede encontrar dentro"

Baudelaire

POESÍA DECISIVA – FRIEDRICH HÖLDERLIN


Publicaciones

POESÍA DECISIVA – FRIEDRICH HÖLDERLIN
Versión de Breno Onetto

Colección Traducción de Textos – Instituto de Arte PUCV
Año 2000
    Y TE LO PUEDO HASTA DECIR… [Ich kann dir das wohl sagen…] Y te lo puedo hasta decir, que aún me alegro de los buenos tiempos, de los cuales guardo recuerdo; aún sé de las buenas horas, cuyo espíritu puro y bueno y confortable yo desconocía, de modo que me equivocaba con el rostro de los hombres vaciando palabras erróneas desde mi interior. Ahora tengo un hábito desde donde entiendo mucho mejor mi vida; y no me asombra que haya arrancado al encierro de mi soledad y viva mejor en la libertad de la creación y en una vida activa, no muy desconocida pero bien consciente de todo. Tomo el mundo generalmente de un modo totalmente diferente. Me asombro como ha llegado a sucederme esto. Si no supiera que tengo una vida y que a ella le aguarda el placer y la belleza de la vida, no sabría tampoco que este cielo, la naturaleza incorruptible, donde vivo temporalmente: estas quietas y pálidas nubes, bajo las cuales se posa mi nave, y este sol, estos aires favorables, que me dan testimonio de lo más alto y de un porvenir prometedor; que todos estos santuarios, a los que se halla consagrado mi corazón no son únicamente signo del pasado sino también del presente, donde yo encuentro no sólo hombres buenos sino hombres de grandeza: un reconocimiento inconfundible de nuestra naturaleza, con sus hombres grandes y creyentes. Miro gustoso los caminos por los que andamos. ¡Ah celeste divinidad! Como lo fuera antes entre nosotros, cuando te dedicara diversas y no insignificante batallas, con sus frecuentes victorias. Lo admito, habría hecho un montón de afirmaciones, debido al placer en mis lecturas, en que no te ocultara ni a ti ni a tu confesión de las más duras costumbres, casi siempre gratamente, en colinas solitarias que yacen detrás nuestro en las regiones de Tebas, Macedonia, y Atica; por las cimas y quebradas de los verdes valles del Olimpo, en los montes de Tracia, arriba en Lemnos, bajo la sombra de los árboles de la distante Itaca, cerca de Mitilene, de Paros; incluso me hubiese ido con mi vida mejor a los lugares pacíficos en el interior de las islas, o en los sagrados monasterios, o con hombres, en iglesias; así me llamó un dios al descanso, por la excesiva falta de divinidad que hallara entre los hombres, y forzado de esa forma, tal vez por una fuerza suprema se me aparece incluso mi actual actividad, en la que vivo, pero estoy hablando de mí. ¿Cómo he de hablarte más claramente de la felicidad? ¿Hablo de hombres de nuestro mundo cotidiano? Por los aires del cielo se manifiesta la gracia de la divinidad. Reluce por las dichosas habitaciones […]

Traducciones de Hölderlin

traducciones / Friedrich Hölderlin por Alberto Romandía


Alberto Romandía (Zapopan, Jalisco, 1978) estudió idiomas (Instituto cultural México-Americano de Jalisco) y artes audiovisuales (CAAV), así como filosofía (entre la U de G y la E.-K. Universität, Tubinga, Alemania); realizó una estancia de investigación antropológica (UDLAP) además de proyectos de labor social en comunidades mayas y huicholas. Fungió como 2º lector en la Ed. Max Niemeyer Verlag.

Autoproclamado "talachero de la poesía", Alberto Romandía traduce, en las siguientes líneas, textos del poeta alemán Friedrich Hölderlin, cedidos a Poética Arbitraria para el público lector.



Friedrich Hölderlin
(selección y traducción de Alberto Romandía)*


Der Mensch

Wer Gutes ehrt, er macht sich keinen Schaden,
Er hält sich hoch, er lebt den Menschen nicht vergebens,
Er kennt den Wert, den Nutzen slochen Lebens,
Er traut dem Bessern sich, er geht auf Segenspfaden.


El humano

Quien bienes honra, no se hace daño alguno,
Alto se mantiene, no en vano vive a los humanos,
El mérito conoce, los provechos de semejante vivir,
Se fía del mejor, por veredas de prosperidad se marcha.


Das Gute

Wenn Inneres sich bewährt, ist Gutes zu erkennen,
Es ist zu würdigen, von Menschen zu benennen,
Ist anwendbar, wie sehr die Menschen widerstreben,
Es ist zu achten, nützt und ist nötig in dem Leben.


Los bienes

Si lo intrínseco buen resultado da, el bien es de reconocerse,
Es de dignificarse, humano ser nombrado,
Aplicable lo es, cual tan de mala gana los humanos,
Es de poner atención, utiliza y es indispensable en la vida.


NICHT ALLE TAGE…

...Nicht alle Tage nennet die schönsten der,
.....Der sich zurücksehnt unter die Freuden wo
.........Ihn Freunde liebten wo die Menschen
.............Über dem Jüngling mit Gunst verweilten


No todos los días...

...No todos los días nombra lo más bello quien,
.....Quien bajo los regocijos añora donde
........Amigos le quisieron donde los hombres
...........Sobre el jovenzuelo con gracia se detenían.


Griechenland

Wie Menschen sind, so ist das Leben prächtig,
Die Menschen sind der Natur öfteres mächtig,
Das prächt’ge Land ist Menschen nicht verborgen
Mit Reiz erscheint der Abend und der Morgen.
Die offnen Felder sin als in der Ernte Tage
Mit Geistigkeit ist weit umher die alte Sage,
Und neues Leben Kommt aus Menschheit wieder
So sinkt das Jahr mit einer Stille nieder.

Mit Untertänigkeit
Den 24t. Mai 1748
Scardanelli.



Grecia

Como los humanos son, así es la vida espléndida,
Los humanos son de la naturaleza a menudo los amos,
La tierra, suntuosa, no se oculta a los hombres,
Con atractivo comparecen la noche y la mañana.
Los campos abiertos son como en los días de siega
Con espiritualidad (es) amplia en torno a la anciana leyenda,
Y la vida nueva retorna desde la humanidad
Así desplómase el año en calma cuesta abajo.

Con sumisión
a 24 de mayo de 1748
Scardanelli.




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*Welche der Späteste Gedichte / Algunos de los Poemas Tardíos. Ausgeschöpfen aus /Extraídos de: Die Gedichte. Sämtliche Gedichte und Hyperion (Los poemas. Poesía completa e Hiperion), 1ª edición, Insel Verlag, Frankfurt am Main und Leipzig, 2001, ss./p.p. 456, 461 und/y 474.

Hölderlin y Hegel

HOLDERLING /cartas a Hegel



FRIEDRICH HÖLDERLIN
DOS CARTAS A HEGEL


I

Waltershausen bei Meiningen,
10 de julio de 1794.

Querido hermano:

Estoy seguro de que te has acordado a veces de mí, desde que nos separamos con la consigna "Reino de Dios". Por muchas metamorfosis que pasemos, creo que siempre nos reconoceremos en este lema. Estoy seguro que, de cualquier manera que te vaya, el tiempo nunca podrá borrar en ti ese rasgo. También conmigo creo que pasará lo mismo. Y es que ese rasgo es lo que más amamos el uno en el otro. Por eso estamos seguros de que nuestra amistad durará eternamente. Por lo demás, te echo mucho de menos. Tú has sido tantas veces mi genio tutelar... ¡Cuánto te debo! Y hasta que nos hemos separado no lo había sentido del todo. Me gustaría poder aprender aún algo de ti, también a veces comunicarte algo de lo mío.
Escribirse cartas no pasa nunca de ser un sucedáneo; pero siempre es algo. Por eso no debíamos dejarlo del todo. Tenemos que recordarnos de vez en cuando qué derechos tan grandes poseemos recíprocamente el uno sobre el otro.
Me parece que en cierto modo encontrarás tu mundo bastante congruente contigo. Pero no tengo por qué envidiarte. Igual de buena me parece mi situación. Tú estás más en claro contigo mismo que yo. A ti te gusta estar un poco rodeado de ruido; yo necesito silencio. Tampoco carezco de alegría. A ti nunca te falta.
A veces me gustaría hallarme rodeado de tus lagos y tus Alpes. La gran naturaleza nos ennoblece y acera irresistiblemente. En cambio, vivo en el ámbito de un espíritu singular, excepcional por su envergadura, y profundidad, y finura, y donaire. Difícil te será hallar en Berna una mujer como la señora von Kalb. ¡Qué bien te sentirías dejándote asolear por este claro rayo! Si no fuese por nuestra buena amistad, tendrías que estar un poco resentido por haberme cedido tu buena estrella. También ella, ante mi ciega dicha en todo lo que le cuento de ti, tiene que pensar casi que ha salido perdiendo. Muchísimas veces me ha advertido que tengo que escribirte. Y ahora de nuevo.

[...]

No dejes de escribirme largo y tendido lo que ahora piensas y haces, querido hermano.
Mi tarea se halla ahora bastante concentrada. Kant y los griegos son casi mi única lectura. Sobre todo trato de asimilar la parte estética de la filosofía crítica. Hace poco realicé una pequeña excursión a la región de Fulda, pasando por los montes del Rhön. Uno cree hallarse en los montes suizos entre esas colosales alturas y los fértiles, encantadores valles sembrados de casitas dispersas al pie de los montes, a la sombra de los abetos, entre rebaños y arroyos. Fulda misma tiene una situación encantadora. Los montañeses son como en todas partes, un puco rudos y simples. Por lo demás, pudieran tener alguna buena cualidad que nuestra cultura ha destruido.
No dejes de escribirme pronto, querido Hegel. Me es completamente imposible estar privado de tus noticias.

Tu Hölderlin

II


Jena,
26 de enero de 1795.

Tu carta me ha deparado una alegre bienvenida al volver a Jena. A finales de diciembre partí para Weimar con la señora del comandante von Kalb y mi pupilo, que había estado aquí solo conmigo dos meses. Ni yo mismo sospechaba que iba a volver tan pronto. Las calamidades que pasé como educador debido a mis especiales circunstancias subjetivas, y la necesidad de vivir por lo menos algún tiempo para mí mismo -que mi estancia aquí no ha hecho más que aumentar- me hizo exponer a la señora del comandante, aún antes de salir de Jena, mi deseo de dejar mi ocupación en su casa. Y aunque me dejé convencer por ella y por Schiller de hacer un nuevo intento, no pude aguantar la broma más de dos semanas, pues, entre otras cosas, estaba casi completamente insomne; así que me volví lleno de paz a Jena, disfrutando por primera vez en mi vida de una independencia que espero no será infructuosa.
Mi actividad productiva se concentra casi exclusivamente en la elaborarán de los materiales de mi novela [Hyperion]. El fragmento publicado en la [revista Nueva] Thalia es todavía una masa bruta. Pienso que acabaré la novela por Pascua; permíteme que hasta entonces no te hable más del tema. El "Genio de la audacia", del que quizá te acuerdes todavía, lo he entregado reelaborado a la Thalia junto con algunas otras poesías. Schiller se interesa mucho por mí y me ha animado a que le escriba algo para su nueva revista, Las Horas, así como en su proyectado Almanaque de las Musas.
He hablado con Goethe. ¡Hermano! Es el más bello placer de nuestra vida encontrar tanta humanidad en tanta grandeza. Estuvo hablando conmigo tan afable y amistoso, que te aseguro que el corazón me reía y aún me ríe cuando lo recuerdo. Herder estuvo también cordial, me tomó de la mano; pero mostraba ya más el hombre de mundo, habló a menudo muy alegóricamente, como ya sabes que es. Le pienso visitar alguna vez. El mayor von Kalb seguramente se quedará con su familia en Weimar (por lo tanto, su hijo ya no me necesitaba y la despedida pudo anticiparse), y la amistad que tengo, sobre todo, con la señora del comandante, me abre las puertas para visitar la casa con cierta frecuencia.
Los apuntes especulativos de Fichte -"Fundamentos generales de la doctrina de la Ciencia"-, así como sus "Clases sobre la condición del sabio" (ya impresos), te interesarán mucho. En un comienzo sospeché mucho que era un dogmático. Si se me permite una conjetura, parece haber estado realmente al borde de ello o estarlo aún: su aspiración es ir en la teoría más allá del hecho de la conciencia. Así lo muestran muchísimas de sus expresiones, y esto es trascendente tan cierta e incluso más llamativamente que la aspiración de los metafísicos tradicionales a ir más allá de la existencia del mundo. Su Yo absoluto (= Sustancia de Spinoza) encierra toda la realidad. Es todo y fuera de él no hay nada. Por tanto, este Yo absoluto no tiene objeto; de otro modo, no encerraría toda la realidad. Pero una conciencia sin objeto es impensable; incluso si yo mismo soy ese objeto, en cuanto tal me hallo necesariamente limitado, aunque sea en el tiempo; por tanto, no soy absoluto. De modo que una conciencia es impensable en el Yo absoluto, como Yo absoluto no tengo conciencia, y, en tanto en cuanto no tengo conciencia, soy nada (para mí) y el Yo absoluto es (para mí) Nada.
Así puse por escrito mis pensamientos aun en Waltershausen, cuando leí sus primeras páginas, inmediatamente después de haber leído a Spinoza. Fichte me confirma [...] la posición (en su lenguaje) del Yo y el No-Yo es ciertamente curiosa. También la idea de aspiración, etc.
Tengo que acabar pidiéndote que tomes todo esto como si no lo hubiese escrito. Eso de que te estás ocupando de los conceptos religiosos es ciertamente bueno e importante en un sentido. El concepto de Providencia lo tratarás, supongo, en completo paralelo con la teleología kantiana. El modo que tiene Kant de unir el mecanismo de la naturaleza (o sea, también del destino) y su finalidad me parece encerrar propiamente todo el espíritu de su sistema. Ciertamente es el mismo modo que tiene de resolver todas las antinomias. En esto de las antinomias Fichte tiene una idea muy curiosa, sobre 1a que mejor te escribiré otro día. Estoy dándole vueltas hace tiempo al ideal de una educación del pueblo. Y como tú te ocupas precisamente de una parte de ella, la religión, tal vez eligiendo tu imagen y tu amistad como guía de mis ideas acerca del mundo exterior sensible, pueda escribirte enseguida por carta lo que acaso tardaría más en escribir [para mí]. Espero tu juicio y tus correcciones.

Wednesday, October 27, 2010

Laberinto Video Club

El Planeta de los Simios (1968) - Franklin J. Schaffner


Fotos Relacionadas

Ficha:

Título: El planeta de los Simios
Título original: Planet of the Apes
Año de producción: 1968
Pais: USA
Duración:
112 min
Dirrección:
Franklin J. Schaffner
Guión:
Michael Wilson , Rod Serling

Fotografía: Leon Shamroy

Producción: APJAC Productions

Más datos

Argumento:
En el año 3978 una nave espacial procedente de la Tierra realiza un aterrizaje forzoso en un planeta desconocido. Los astronautas, al mando del coronel George Taylor (Charlton Heston) inspeccionan los alrededores y descubren que en este planeta los seres inteligentes y especie dominante son unos extraños simios parlantes pero que han desarrollado una civilización antropizada y militarizada. Pronto Taylor se encuentra prisionero de estos curiosos peludos y malhumorados seres.

Recomendación del dueño del Video Club:

Monos con navajas, ...perdón, "SIMIOS", simios con navajas y a caballo!!. Que hablan perfecto inglés, toman té y portan armas con licencias para cazar mugrosos humanos!!!.
Bueno...todos conocen de que se trata "El planeta de los simios", ese gigante clásico (aunque pequeño de estructura y ajustado presupuesto) del cine de ciencia ficción de la era pre-Star Wars. Asi que, que más decir sobre ello?.
Bueno, quizás lo que no se dijo demasiado:
Que el planeta de los simios es otra de esas peliculas basadas en una novela homónima casi desconocida escrita varios años antes (en este caso escrita por un tal Pierre Boulle que fue basicamente conocido por escribir "El puente sobre el Río Kwai").
Y bueno...lo que se ha dicho más o menos siempre es que la pelicula es una adaptación algo lejana en tono collage sci fi de aquella novela. Y que llevaría a su protagonista, Charlton Heston (en las pieles de George, astronauta rebelde, macho y cabezón), a uno de los primeros puntos altos de su carrera.
El resto...lo que siempre se ha dicho, es conocido por todos. Efectos "efectistas" para la epoca y genial maquillaje de John Chambers, bastante buenas actuaciones y nuevamente el loco genial de Jerry Golsmith, (el músico de Gremlins) haciendo de las suyas...ah y claro...me olvidaba...el estupendo y conmo
cionante final con una de las mejores frases y más recordadas del cine de todos los tiempos:
"...¡Dementes!...¡Volaron todo!...¡Malditos!....Dios!..te maldigo hasta el infierno!!!

Llevala si te gustó:
Regreso al Planeta de los Simios (1970), Escape del Planeta de los Simios (1971), La Conquista del Planeta de los Simios (1972), Batalla por el Planeta de los Simios (1973),
Star Wars (1977), La horripilante bestia humana (1969)

Descarga gratuita pulsando en los siguientes enlaces:

Primera parte: http://www.megaupload.com/?d=O4L83PRI
Segunda parte:http://www.megaupload.com/?d=EZCFV355
Tercera parte: http://www.megaupload.com/?d=OAN9KQFM
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Contraseña:
www.laberintovideoclub.blogspot.com

De México para el mundo

Algunas aportaciónes de México al mundo

Interesante post donde se menciona qué salió de esta tierra que  hoy llamamos México hacia el mundo... Son  10...

Master Hindemith

   Simone Young / Chor der Staatsoper Hamburg / Philharmoniker Hamburg: Paul Hindemith: Mathis der Maler
Composer: Hindemith, Paul
Price: 24.99 €
Cat-Nr.: OC 908
Format: 3 CD




o en
  
Bei Oehmsclassics Depothändler reservieren:

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Live Recording of the Premiere at the Staatsoper Hamburg
Chor der Staatsoper Hamburg · Philharmoniker Hamburg
Simone Young, conductor
Falk Struckmann · Scott MacAllister · Susan Anthony
Inga Kalna · Pär Lindskog

The first new opera production under the baton of Simone Young, director of the Hamburg State Opera and GMD of the Philharmonic State Orchestra was a triumph. Hindemith’s Mathis der Maler requires even a large opera house to use all of its resources; this is why it is very seldomly staged.
This significant Hindemith opera is a rarity in CD catalogs as well – in contrast to the many available recordings of the “Mathis” symphony. OehmsClassics now releases a new complete recording, a live recording of the highly celebrated Hamburg premiere from September 25, 2005 with Falk Struckmann as Mathis.




Paul Hindemith: Mathis der Maler Paul Hindemith, born in Hanau, Germany in November 1895, exhibited extraordinary musical talent at an early age. He attended the Hoch’sche Conservatory in Frankfurt at 14, studying various subjects as well as composition with Arnold Mendelssohn and Bernard Sekles. At 19, he was already First Concertmaster of the Frankfurt Opera as well as an omnipresent chamber musician in the German musical scene, including as the violist of the Amar Quartet. He mastered almost all classical- romantic orchestral instruments – most at a highly adequate level and some at an exceptional level. He appeared frequently as a violin and viola soloist, interpreting his own works as well as those of others. As a composer, he soon established himself at the Donaueschingen Contemporary Music Festivals as an anti-establishment figure who used his enormous talents in the service of musical progress. To snap audiences out of their romantic bourgeois concert and opera listening habits, he incorporated elements of modern American entertainment music in classical European forms and shocked with the use of unusual instruments such as sirens or rattles. Above all, Hindemith provoked by using opera texts that reflected Germany’s brash spirit between the wars and broke all taboos. His works range from a blasphemous work on nuns, Sancta Susanna, to an operatic joke called Neues vom Tage (News of the Day), a typical satirical period piece which was most unfortunately seen one day by a man named Adolf Hitler. The fact that in this piece an – apparently – naked woman seated in a bathtub sings an aria was never forgiven by the later “Führer of the German Empire”. And this, even though from the very beginning, Hindemith’s works also had a highly serious component in the great tradition of German music. In addition to his provocative, anti-establishment works, Hindemith simultaneously wrote solid, excellently crafted works from string quartets all the way to operas such as the setting of E.T.A. Hoffmann’s Cardillac or Rilke’s song cycle Das Marienleben. These compositions reveal the serious master who was wont to take on the challenges of the great European tradition.

In the course of this creative confrontation with major models, but also thanks to Hindemith’s constantly practice-related intellectual position, which would soon lead to his pedagogical activities, his compositional style became clearer. The rude, rough, fiery protests of Hindemith’s youthful compositions gave way to a noticeably tradition-conscious, at times consciously classicistic style. This transformation seemed to later generations to have been a conservative about-turn. In the eyes of the Theodor W. Adorno generation after 1945, Hindemith was considered to be at least as suspicious as Richard Strauss, the romantic who had once and for all betrayed the ideals of the avant-garde with his Rosenkavalier.

The Opera

Hindemith’s opera Mathis der Maler assumed an exemplary position in terms of its use of a tonal language based firmly on tradition. The work is an opus summum of the intellectual-artistic confrontation with German art and intellectual history, and at the same time, a parable of the artist in times of distress – written at the beginning of that national-socialist dictatorship whose ideology, superficially viewed, seemed to accommodate some of what Hindemith had formulated as an artistic principle. In fact, the composer was at first in no way completely inclined to turn his back on his home country after Hitler’s takeover. And the rejection of his artistic goals by leading Nazis was by no means total. More than one member of the “new Germany” certainly sensed the chance to win the former progressive for the cause of the “spielmusik” movement. But due to Hitler’s unequivocal prejudice after the “opera visit” mentioned above, the “Hindemith case”, as it was called by great conductor Wilhelm Furtwängler in a courageous newspaper article, was negatively decided. Nazi ideologues defined Hindemith soon as a “cultural bolshevist”. And this despite the fact that a recording of the three-movement symphony Mathis der Maler made for the benefit of the censors and conducted by Furtwängler himself was found to contain “nothing objectionable” – as the party jargon of the time so nicely framed it.

That Hindemith’s drama ends with the withdrawal of its artist-hero from all political activities – “you have superhuman artistic abilities – go out and create” – is one of its lines – might have made it come in handy for Nazi thinking. But otherwise, its confrontation with questions of blind faith in authority, with obedience, refusal and accommodation were too multifaceted, and in any event, too far removed from the type of popular entertainment culture that officials after 1933 imagined for “healthy German opera”. Mathis der Maler and its creator were undesired.

The opera premiered in 1938 in Zurich. Hindemith emigrated – first to the USA; later to Switzerland – and soon lived withdrawn and



resigned like his opera hero. His last lecture, held in a Germany that had long since been freed – now governed, however, by an aesthetic but also inevitable ideology – was titled significantly “Dying Waters”…

Mathis der Maler – despite the adverse times during which it was written – reveals a powerful musical spirit of renewal, which combines the achievements of the modern in a fascinating overview that includes forms and practices from throughout European music history – from Gregorian chant to Richard Wagner’s music-theatrical emotionalism. Hardly any composer before Hindemith – and certainly not afterwards – has ever succeeded at such a synthesis with this amount of musical craftsmanship.

Hindemith, who wrote the text for his opera himself after Gottfried Benn’s refusal, consciously used classical forms for his “Engels-konzert” prelude. Using the model of Wagner’s Meistersinger prelude, all themes unite at the climax of the development. The chorale melody from the beginning, “Es sungen drei Engel ein’ süßen Gesang”, which floats over undulating string movements that follow tender G-major harmonies, then returns triumphantly. The allegro main part of this piece, which simultaneously forms the first movement of the “Mathis” symphony that was premiered in 1934 under hardship conditions by Furtwängler in Berlin, can also be understood as a musical description of Matthias Grünewald’s painting of the same name, found in the Isenheim altar. The music returns in the sixth scene to a text that lucidly combines the music-making angels with the musical themes.

The Plot

Matthias Grünewald, Mathis der Maler, is the hero of the opera, which takes place during the Peasants’ Revolt in the 16th century. When the curtain opens, we see him working on a large fresco in the monastery of St. Anthony in Mainz. Over an almost impressionistic description of the landscape, bathed in shimmering sunlight (CD 1, Track 02), Mathis begins brooding over the artist’s God-given task: “Have you fulfilled God’s mission for you? Is that which you create and paint enough?”

The answer comes (CD 1, Track 03) in the hurried entrance of peasant leader Schwalb, who – fleeing from the Prince-Archbishop’s soldiers – is seeking refuge in the monastery with his daughter Regina. The idyll in the monastery courtyard is deceptive. The “sunny land” is surrounded by a bloody civil war. Mathis calms Schwalb down – the music alternates constantly between Schwalb’s urgent nervosity and the artist’s soothing gentleness. “Everything is peaceful. You will feel better soon.” While the monks care for the wounded Schwalb, Mathis chats with Regina (CD 1, Track 04). She refreshes and washes herself at the well, singing all the while. Hindemith adapts – as he did in the opera’s prelude – old German songs, even using typical harmonies of Renaissance vocal music (CD 1, Track 05). Enchanted by Regina’s childlike innocence, Mathis gives her a bracelet, revealing in a broad, flowing melody that it once came from the West Indies to Germany. The music returns to C-sharp, the key of the opera’s idyllic begin, which also corresponds to the D-sharp Major of the angels’ chorale in the prelude. In this manner, Hindemith creates the architectonic connections that structure his immense opera.

Schwalb, who has reawakened from his temporary loss of consciousness, roughly interrupts the conversation (CD 1, Track 06). He reproaches Mathis: “You paint?” he asks derisively. That may be sinful in the light of the thousandfold sorrows and pain of the people of the land. “Have you fulfilled God’s mission for you?” the question returns in the new context all the more pressingly. “Is that which you create and paint enough?” A powerfully rhythmic duet between the two men gives the artist new insights: “What deeds are meant to blossom in you will thrive alone thanks to God’s sun, when your thirsty roots immerse themselves deep into your people’s origin.” It is now time to take arms and defend the peasants’ just cause, Schwalb suggests. Mathis gives him his horse, as Regina excitedly reports (“Staub am Himmel”) (CD 1, Track 07) that a group of soldiers is approaching the monastery. The peasant leader has hardly burst out of the gates when military commander Sylvester von Schaumberg (CD 1, Track 08) appears. He demands an immediate court martial (“Ein Standgericht”) for the escape helpers. The soldiers grab the monks. But in the face of the open confession of Mathis, the Cardinal’s painter, Schaumberg threatens later revenge: “The Cardinal will know what to do with people of your ilk.”

At the beginning of the second scene, Mainz is in an uproar (CD 1, Track 09). The Cardinal has just returned from a long journey. During the preparations for his reception, students, Lutherans and the Papists begin to fight. The ideological squabble, which Hindemith represents in a brilliant contrapuntal choral scene, even contains comedic moments after the wives of the quarrelers involve themselves and join in with highly earthy criticism: “We fixed you up with comb and brush; it took a bit of trouble…” The scuffle comes to a sudden end with the Cardinal’s entrance. He announces with great joy to his subjects, who scatter in all directions, that (CD 1, Track 10) he was able to obtain the remains of St. Martin as a relic for the Mainz cathedral. The choir’s reaction is subdued – councilor Capito is heard cynically commenting: “As if we lacked nothing more than a dead saint.” In the face of the confrontations between Catholics and Lutherans, Capito, a type of Rheingold Loge in old Mainz, has a shady position. Albrecht von Brandenburg trusts his councilor, but is also partial to the rebellious citizens, because he is also faced with giving the Cardinal sums of money for the upkeep of his court, his costly new acquisitions like the Martin relic, as well as for the precious shrine that Mathis is to build. Instead of dealing with politics, the Cardinal is increasingly drawn to contemplation and preoccupation with art. In a dialog with the beautiful burgher’s daughter Ursula Riedinger (CD 1, Track 11), he also reveals his attraction to the female sex – despite his vows of celibacy. “Being alone is hard,” says Ursula, though she is thinking much less about the Cardinal, who is fond of her, than about Mathis, for whom she pines. When the painter appears in the hall, the surging music describes the young woman’s emotions: “We were separated one year long from everything that we love.” A small ensemble (CD 1, Track 12) lets two conversations run simultaneously: while Ursula and Mathis are not really able to find their way to one another after such a long separation – Mathis is too confused after the recognition of his political responsibility to confess his love to Ursula – Ursula’s father, the rich burgher Riedinger, is negotiating with the Cardinal over financial matters. “Use the burgher’s strength where you are weak. I help gladly in any situation with my property.” But credit comes with conditions: Mainz’s overwhelmingly Lutheran citizens demand that the commanded book burning be prevented. Lutheran writings are to go up in flames in front of the Mainz cathedral. Albrecht, who as a free-thinker is thoroughly inclined to grant this wish, stands under heavy pressure. Head cathedral priest Pommersfelden (CD 1, Track 13) – “Order from Rome” – extracts him to recant: “The books must burn!” Councilor Capito, the Janus-faced, stands up for the Lutherans: if we burn the books, the citizens of Mainz will refuse to lend us money. Who will paint altars for us then?” All financial sources have been exhausted. Truchsess von Waldburg forces the Cardinal to support the army in the fight against the peasants. How could they be financed? The Cardinal, who is otherwise torn between all competing positions, manages only to firmly repudiate the vehement demands of Sylvester von Schaumburg (CD 1, Track 14) that Mathis be punished for helping the peasant leader escape: “No one shall touch him.” Albrecht cannot prevent the painter, however, from renouncing his profession and requesting dismissal, in order to dedicate himself to the peasants’ cause – “my brothers’ fear lames my hand. My canvases are covered in red blood. Hang me, torture me. I will never paint again!” In a large ensemble, Hindemith artfully combines the voices of the quarreling parties (Albrecht, Capito, Schaumburg, Mathis and Pommersfelden). With a heavy heart, the Cardinal lets Mathis go.

The Protestants of Mainz seek refuge in Riedinger’s house and try to bring their writings and books into safety. The book-burning is being readied on the square in front of the house. The Lutherans try to fool the Catholic thugs with valueless books: “A work of the devil: Eulenspiegel. The Ship of Fools for you.” But Capito uncovers the hiding places of the Lutheran writings. The books are confiscated. Riedinger is outraged over the ruler’s breach of promise. Capito answers: “Who has the key to God’s satisfaction?” But after the mercenaries have disappeared with the books, he gives one of Luther’s letters to the Cardinal, in order to calm down the upset citizens. A lively solo by Riedinger, supported by the men’s choir, accompanies the reading material, which is highly exciting for the Lutherans: in the letter, the reformer entreats Albrecht von Brandenburg to transform his bishopric into a reformed, secular principality. The Cardinal will have to deal with this suggestion, says Capito, because it includes a financially advantageous marriage between Albrecht and a burgher’s daughter. This is the only possibility to solve the bishopric’s financial problems. The councilor knows his prince: “He is in favor of innovation, wants to improve and set an example. He doesn’t look at women with too little favor.” It would be easy to find the right one, Capito suggests, and in just this moment (CD 2, Track 02) Ursula, Riedinger’s daughter, appears. The chorus whispers, “One could become a Papist and believe in miracles.” Riedinger entreats his daughter to go along with this deal, for the good of the land. The Lutherans revel in anticipation of their upcoming triumph. But Ursula loves Mathis. Alone, she wrestles with her fate, at which point the painter appears. In a moving duet (CD 2, Track 04), Ursula is forced to recognize both the artist’s timidity in marrying a much younger woman as well as his decision to join the fighting peasants. In the face of the country’s misery, he can no longer think about painting: “I can no longer refuse to get involved.” While on the square outside the house, the fire with the burning books is blazing increasingly fiercely, under intense approval of the Papists and energetic protests of the Lutherans, the love between two people is stifled by obedience and the desire to do the right thing. “Blind, I cross the embers and ice of your reason. Nothing in me can think. Only one thing I know: my longing for you will never die; I will always love you,” avows Ursula. “Intimacy that delighted me, love that strengthened me, the oneness in which we lived – dies in the face of affliction.”

After Mathis has left, Riedinger appears with his confidantes to find out what Ursula has decided. The Lutherans triumph (CD 2, Track 05).

Mathis flees from his anguish and goes to battle. In Königshofen, he witnesses as peasant troops marauding to march rhythms (CD 2, Track 06) murder Count Helfenstein. The Count’s minstrel mocks his former employer; the peasants dance and sing triumphantly about the upending of all values. Mathis, who disgustedly comments on these events (CD 2, Track 07), can only prevent the Countess from becoming a victim of the violence. But the unshackled brutality doesn’t even spare him, an ally. “What do you want? No one asked you to come!” Mathis is struck down; Schwalb and Regina come to his aid (CD 2, Track 08). The distressed atmosphere that weighs on all so heavily is expressed in an ensemble: “A struggle with no end,” lament the peasants. Regina describes Schwalb’s desperate situation, as he can no longer keep the marauding troops under control: “Father is heavily weighed down by troubles.” The Countess recognizes that the peasants “arrogance” has come to “an end”. Mathis sinks into somber brooding: “Powerless, I face the end.”

The approaching army (CD 2, Track 09) annihilates the uprising and continues on its way accompanied by a victory march (CD 2, Track 10). Schwalb falls in the slaughter. Mathis escapes capture thanks to Countess Helfenstein’s objection. He remains on the battlefield alone with the desperate Regina. His view of life has come into question again (CD 2, Track 11). “Daring to want what the will cannot force. Elevating oneself above the abilities of man. Only one was allowed to carry the cross of the world… and what were you? A discontented painter, a failure.” He flees the inferno with Regina, heading for the protection of the Odenwald mountains.

In the meantime, the sly Capito’s attempt to convince the Cardinal of the advantages of Luther’s plan fails. “Do you want to incapacitate me?” Albrecht rages (CD 2, Track 12). He does not want to go along with Luther’s plan, but does hesitate for a moment when the chosen one enters the hall (CD 2, Track 13): the glimpse of Riedinger’s beautiful daughter, whose lively intellect he has learned to value, causes Albrecht to waver for an instant: “I was not prepared for an attack, the likes of which makes such strong champions fight.” But in the end, even Ursula’s loyalty and humility in speaking out for Lutheran beliefs as well as for the people’s cause – expressed in a powerful monolog – does not have the power to dissuade the Cardinal from giving up his well thought out decision to live in the future as a hermit – withdrawing from the world and remaining celibate. The dignitaries who enter after the conversation between the two are hardly enthused about the result: “He is not to be relied on,” says councilor Capito acidly. And Riedinger reasons: “Do not place women in men’s positions – the results are better.”

The Odenwald mountains. With expansive gestures, the music (CD 3, Track 01) conjures up the eerie mood surrounding Mathis and Regina as they flee – as well as the failed artist’s mental torment. Regina sees the image of her dead father at every turn (CD 3, Track 02). As evening approaches, Mathis puts the exhausted girl to bed. To a recapitulation of the music in the opera’s prelude (CD 3, Track 03), he sings Regina to sleep: the three angelic musicians of the “Engelskonzert” sing the chorale “Es sungen drei Engel” in counterpoint with the girl’s voice as she falls asleep. Mathis is surrounded by the magical spell of the nightly forest. In a gigantic visionary scene – which recalls Grünewald’s “Temptation of Saint Anthony” (CD 3, Track 04) –, the opera’s characters appear as allegorical figures. Countess Helfenstein stands for luxury: “He who would have treasures must save to become richer… The world’s pleasures lie at your feet.” Head cathedral priest Pommersfelden knows what wealth is good for: “If what they write about exists, Heavenly Spirit, then only he who rules others can rest.” Ursula appears to yearning sounds (CD 3, Track 05), first as a beggar, than as a lover: “One body alone is an obsession.” But Mathis/Anthony resists: “In one moment ripens that which then immediately dies as empty remains.” The vision becomes a martyr: “Only pain continues after lust.” The nightmare intensifies to become unbearable: in the guise of a scholar, councilor Capito praises the sciences; peasant leader Schwalb celebrates bellicosity. From the fangs of army of demons on a wild hunt (CD 3, Track 06), whose domination he tries to banish with the chorale “Lauda Sion Salvatorem”, Mathis/Antonius is finally rescued by the hermit Paul in the form of Albrecht von Brandenburg (CD 3, Track 07). In a powerful climax, he leads him to his actual calling by means of an intellectual dialog (8). The artist’s task is not to wage war, the artist who “has superhuman artistic abilities”: “Go out and create!”. The duet closes with a radiant D-Major hymn of praise to the almighty.

Mathis, watched over by Ursula (CD 3, Track 09), has tried in restless work to artistically ban the images that appeared to him in the visions in Odenwald. The “Engelskonzert”, the “Temptation of Saint Anthony” and the “Conversation of the two hermits” are complete; the artist’s strength is exhausted. Regina, pursued by the image of her dead father, lies on her deathbed (CD 3, Track 10). She recognizes his eyes in Mathis’s crucifixion painting. She gives the devoted Ursula, who stands by her in her last hour, the bracelet that Mathis had once given her – one of the most moving moments in the opera – because the bracelet was originally a gift from Ursula to her beloved Mathis. Regina’s hour of death is accompanied by a funeral dirge, the middle movement of the symphony, a horrendous writhing – followed by tender resignation (CD 3, Track 11). After an interlude during which the stage darkens, the artist’s atelier appears once more, cleaned up. Albrecht enters (CD 3, Track 12), in order to entreat Mathis to remain in his house as a free artist. But Mathis knows that his task is over. “Onward, to the last part of the journey,” (CD 3, Track 13). He wishes only to order his meager belongings and memories of a rich, full life. He puts a roll of paper, his tools and his books in a chest – as well as the bracelet – the symbol of his pledge of love to both women who left an indelible mark on his life.

Wilhelm Sinkovicz
Translation: Elizabeth Gahbler


Paul Hindemith: composer, violist, con-ductor, teacher, music theoretician

Paul Hindemith was born on November 16, 1895 in Hanau. From the age of three to six he lived with his grandparents in the Silesian town of Naumburg an der Queis. He took his first violin lessons at the age of nine; in 1908 he was admitted to the Hoch’sche Conservatory in Frankfurt as a violin and composition student. From 1915 to 1923 he was the concertmaster at the Frankfurt Opera and violist in the Amar Quartet. From 1923 to 1930 he was a member of the program committee of the Donaueschingen Musiktage. In 1927, the Berlin Academy of Music appointed him professor of composition. He was internationally active as a violist during this time as well. In 1934, the Nazi regime banned his works from being broadcast; as of 1936 they were no longer allowed to be performed. In 1938, Hindemith left Germany for Switzerland with his wife Gertrude; they moved to the USA in 1940. He taught at Yale University until 1953. From the late 1940s on, Hindemith appeared increasingly often as a conductor, leading his own works as well as those of others. In 1950 he returned to Europe, settling in Switzerland. In addition to continuing at Yale, he also taught at the University of Zurich. Paul Hindemith died in Frankfurt on December 28, 1963.




CD 1
1  Vorspiel: Engelkonzert  09:07  
2  1. Bild – Erster Auftritt Mathis: „Sonniges Land. Mildes Drängen schon nahen Sommers…“  04:50  
3  Zweiter Auftritt – Schwalb: „Aufmachen! Helft uns!“  02:02  
4  Mathis: „Woher kommt ihr denn? Was für Leute seid ihr?  01:04  
5  Regina: (Lied) „Es wollt ein Maidlein waschen gehen…“  04:44  
6  Schwalb: „Was redest du da?“  06:43  
7  Dritter Auftritt – Regina: „Staub am Himmel, Pferdetraben…“  01:04  
8  2. Bild – Erster Auftritt Päpstliche Bürger: „Dem Volk stopft man die falschen Lehren ins Maul…“  04:47  
9  Zweiter Auftritt – Albrecht: „Nach dem Lärm vieler Orte…“  03:20  
10  Dritter Auftritt – Albrecht: „Man fühlt den Segen, der auf eurem Land ruht…“  01:46  
11  Albrecht: „Gewinnst du auch mein Herz…“  04:10  
12  Vierter Auftritt – Pommersfelden: „Rom verzieh oft, was ihr euch an Freiheit nahmt…“  03:35  
13  Fünfter Auftritt – Albrecht: „Was gibt’s?“  08:05  

total 57 : 29

CD 2
1  3. Bild – Erster Auftritt Lutherische Bürger und Studenten: „In dieser Arche wird unsre Habe…“ .  06:41  
2  Zweiter Auftritt – Bürger und Studenten: „Man könnte päpstlich werden…“  02:20  
3  Dritter Auftritt – Ursula: „Was bin ich anderes in dieser Männerwelt…“  02:28  
4  Ursula: „Wir sind im innersten Grund verbunden…“  09:35  
5  Vierter Auftritt – Riedinger: „Unsre Schande leuchtet in des Feuers Schein…“  03:08  
6  4. Bild – Erster Auftritt Bauern: „Du hast uns lange getreten…“  03:56  
7  Zweiter Auftritt – Mathis: „Wer hieß euch den Grafen ermorden?“  03:13  
8  Dritter Auftritt – Schwalb: „Das sieht euch gleich…“  04:43  
9  Schwalb: „Sie sind da.“  03:27  
10  Vierter Auftritt – (Marsch) Truchseß: „Flohen nicht alle?“  03:00  
11  Fünfter Auftritt – Mathis: “Wagen wollen, was ein Wille nicht zu zwingen vermag…“  02:44  
12  5. Bild – Erster Auftritt: Albrecht: „Wollt ihr mich denn entmündigen?“  04:39  
13  Zweiter Auftritt – Albrecht: „Du, Ursula!“  09:56  
14  Dritter Auftritt – Albrecht: „Ihr wollt das Ergebnis der Unterhandlung wissen…“  07:03  

total 67 : 00

CD 3
1  6. Bild  02:29  
2  Erster Auftritt – Mathis: „Du wirst mich verlieren…“  04:27  
3  Mathis: „Alte Märchen woben uns fromme Bilder…“  05.32  
4  Zweiter Auftritt – Mathis: „Das kann nicht der gleiche Mann sein…“  04:13  
5  Bettlerin: „Gibst du noch so viel, du stellst niemals den Mangel ab…“  06:24  
6  Chor: „Dein ärgster Feind sitzt in dir selbst…“  04:59  
7  Dritter Auftritt – Paulus: „Mein Bruder, entreiße dich der höllentiefen Qual.“  05:55  
8  Paulus: „Wenn du demütig dem Bruder dich bogst…“  03:53  
9  7. Bild – Erster Auftritt: Ursula: „Das ist der Kreuzweg, wo sich Tod und Leben scheiden…“  03:26  
10  Regina: „Ursula.“  05:30  
11  Zwischenspiel  04:16  
12  Zweiter Auftritt – Albrecht: „Du bringst es über dich, mein Freund…“  05:08  
13  Letzter Auftritt – Mathis: „Auf denn zum letzten Stück des Weges…“  03:09  

total 59 : 27