Monday, April 30, 2012

Sor Juana Inés de la Cruz

Si los riesgos del mar considerara,
ninguno se embarcara; si antes viera
bien su peligro, nadie se atreviera
ni al bravo toro osado provocara.


Si del fogoso bruto ponderara
la furia desbocada en la carrera
el jinete prudente, nunca hubiera
quien con discreta mano lo enfrentara.


Pero si hubiera alguno tan osado
que, no obstante el peligro, al mismo Apolo
quisiese gobernar con atrevida
mano el rápido carro en luz bañado,
todo lo hiciera, y no tomara sólo
estado que ha de ser toda la vida.




Saturday, April 28, 2012

Peter Viereck about Georg Heym



Georg Heym (1887-1912)

An aesthetically and politically radical co-founder of the German “expressionist” movement, Heym died by drowning in a skating accident at the age of 24. His early poems are mostly worthless, being imitative juvenilia. The poems written in the very few months before his early death are among the most original in the twentieth century and today surprisingly “modern”. First forgotten, then rediscovered (after World War II seemed to justify his desperate predictions of doom), Heym has become a leading influence on German literature today.



   The younger poet, Heym, was always circling around the older one (George); it was an oscillating orbit because Heym simultaneously imitated George to the point of near-plagiarism and detested him, a classic instance of a love-hate relationship to one’s literary father. While denouncing George at literary cafés as a reactionary “corpse”, Heym secretly (as I discovered) tried to get acceptance into the élitist George circle.

   Both poets incarnate the moment of transition from French-influenced “symbolism” to revolutionary German “expressionism”, although George is usually classified only as a symbolist and Heym only as an expressionist.

   In Germany the post-war Heym cult has produced more studies than anyone would want or need to read. Mostly they overstress his supposed “prophecy” (which may have been coincidence and is irrelevant to his aesthetic genius) of World War I.



After which it seems problematical to be presenting Peter Viereck’s translation of Heym’s poem ‘War’ (September, 1911), a posthumously found draft, rather than some other poem! I take responsibility for so doing. [DW]


Georg Heym (1887 - 1912) is one of the top protagonists of a new generation of poets and painters, who at the beginning of the 20th Century attracted attention with a new form of indecent language by then, which soon conquered by the name of Expressionism, the art world. The author, famous as a poet and novelist, worked in his early poetry years essentially as a dramatist. His first novel, published in 1907 was the tragedy  Der Athener Ausfahrt [Athens exit], his only piece printed in his lifetime

Entrevista a Mario Vargas Llosa

"Sería una tragedia que la cultura acabe en puro entretenimiento"




A Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) le asaltaba desde hacía algún tiempo la incómoda sensación de que le estaban tomando el pelo. Lo empezó a sentir al visitar ciertas exposiciones y bienales, asistir a algunos espectáculos, ver determinadas películas y programas de televisión e incluso le ocurría cuando se arrellanaba en el sillón para leer ciertos libros y periódicos. En esos momentos, como él mismo cuenta, le sobrevenía la sensación, poco definida al principio, de que se estaban burlando de él, de que estaba “indefenso ante una sutil conspiración” para hacerle sentir un inculto o un estúpido, para hacerle creer que un fraude era arte; un embuste, cultura.
De esa sensación surgió una convicción y de esta un ensayo, La civilización del espectáculo (Alfaguara). En sus páginas el premio Nobel de Literatura disecciona la conversión de la cultura en un caos donde “como no hay manera de saber qué cosa es cultura, todo lo es y ya nada lo es”. Esa disolución de jerarquías y referentes es consecuencia, para Vargas Llosa, del triunfo de la frivolidad, del reinado universal del entretenimiento. Pero los efectos de este clima de banalización extrema no se limitan a la cultura. Para el escritor, y quizá sea este su juicio más severo, el empuje de la civilización del espectáculo ha anestesiado a los intelectuales, desarmado al periodismo y, sobre todo, devaluado la política, un espacio donde gana terreno el cinismo y se extiende la tolerancia hacia la corrupción, algo que el autor de Conversación en La Catedral ilustra con una anécdota de su tierra natal:
“En las últimas elecciones peruanas, el escritor Jorge Eduardo Benavides se asombró de que un taxista de Lima le dijera que iba a votar por Keiko Fujimori, la hija del dictador que cumple una pena de 25 años prisión por robos y asesinatos.
“¿A usted no le importa que el presidente Fujimori fuera un ladrón?”, le preguntó al taxista.
“No” —repuso este— “porque Fujimori solo robó lo justo”.
Lo justo. La indiferencia moral. La civilización del espectáculo.

“La frivolidad es teneruna tabla de valores completamente confundida, es el sacrificio de la visión del largo plazo
por el corto plazo, por
lo inmediato. Justamente
eso es el espectáculo”
El ensayo, un diamante para la polémica, lo explica Vargas Llosa con voz cálida y precisa, que inunda la línea telefónica desde el otro lado de Atlántico, viernes por la mañana en Lima.
P. Mantiene usted que la cultura se ha banalizado, que triunfa la frivolidad en su peor sentido, que el erotismo pierde en favor de la pornografía, que la posmodernidad es, en parte, un experimento fallido y pedante, que el periodismo amarillea, que la política se degrada, que en la civilización del espectáculo el cómico es el rey… ¿Hay escapatoria?
R. Sí, hay escapatoria. La historia no está escrita, no es fatídica, cambia. Justamente nos ha tocado vivir una época en que hemos visto las transformaciones históricas más extraordinarias e inesperadas. Si alguien me hubiera dicho cuando yo era joven que iba a ver la desaparición de la Unión Soviética, la transformación de China en un país capitalista; si alguien me hubiera dicho que América Latina iba a estar en pleno proceso de crecimiento, mientras Europa vivía su peor crisis financiera en un siglo, no me lo hubiera creído y, sin embargo, todas esas cosas han pasado. Desde luego que se puede esperar una renovación de la vida cultural, de las artes, de las humanidades, y que abandone ese sesgo cada vez más frívolo, superficial, que yo creo que es una de sus características principales hoy en día; no la única, porque hay excepciones a la regla, afortunadamente. Pero esa banalización tiene consecuencias no solamente en el campo de la cultura, sino en todos los otros. Por eso en el libro me refiero a la política, incluso a la vida sexual, a la relación humana. Todo eso se puede ver muy afectado si la cultura vive en la banalización, la frivolización permanente.

“No todos pueden ser cultos de la misma manera, no todos quieren ser cultos de la misma manera y no todos tendrían que ser cultos de la misma manera,ni muchísimo menos”
P. Y eso le produce un cierto enfado, sensación de tomadura de pelo. ¿Desde cuándo?
R. Es un proceso, no llega de una vez, pero sí recuerdo, por ejemplo, el shock que supuso para mí hace algunos años visitar la Bienal de Venecia, que era una vitrina del prestigio y la modernidad, de la novedad, del experimento, y de pronto, después de un recorrido de un par de horas, llegar a la conclusión de que allí había mucho más fraude, embuste, que seriedad, que profundidad. Fue para mí una experiencia bastante importante, que me llevó a reflexionar sobre este tema. Al final del libro, en un texto que es bastante personal, cuento cómo enriqueció mi vida leer buenos libros, conocer la gran tradición pictórica, el mundo de la música, cómo eso dio un sentido, un orden, una organización al mundo que lo hizo para mí muchísimo más interesante, más rico, más estimulante. Yo creo que sería una tragedia que justamente en una época en que hay un progreso tecnológico, científico, material extraordinario, al mismo tiempo, la cultura vaya a convertirse en un puro entretenimiento, en algo superficial, dejando un vacío que nada puede llenar, porque nada puede reemplazar a la cultura en dar un sentido más profundo, trascendente, espiritual a la vida.

Los periódicos más serios tratan de resistir al sensacionalismo, pero si la supervivencia está en juego tienen que hacer concesiones
P. Hay un momento, cuando habla usted de la añoranza, en el que dice: “Lo peor es que probablemente este fenómeno [la banalización de la cultura] no tenga arreglo y lo que yo añoro sea polvo y cenizas sin reconstitución posible”.
R. Espero equivocarme.
P. Ese pesimismo resulta llamativo en alguien de su éxito.
R. …nostalgia de viejo. A ratos siento, sí, cierta angustia porque… Mire, yo viví en Inglaterra y me acuerdo el deslumbramiento que me produjo ver la televisión; la que había conocido antes era muy pobre, muy mediocre, y de pronto descubrí que sí había posibilidades de utilizar la televisión en un sentido creativo y no solo porque los mejores escritores y dramaturgos escribían para la televisión… Había un programa que veía con pasión, se llamaba Panorama, periodismo de investigación. Me acuerdo, por ejemplo, de una entrega de dos horas sobre los disidentes en la Unión Soviética filmado en Moscú clandestinamente. Y de pronto, al cabo de los años, vi que la televisión de Inglaterra había caído también en la frivolidad total. Los mejores países, los que uno supondría que están más defendidos contra eso, han ido también sucumbiendo a esa especie de mandato generacional hacia el facilismo, la superficialidad, la frivolidad. Hay excepciones, desde luego...
P. …su propia obra es una excepción. ¿No es un ejemplo de que la capacidad de autocrítica sobrevive? ¿Qué no todo es autocomplacencia y frivolidad?

“Estallidos como el 15 M son interesantes si no caen en el conformismo de la inconformidad”
R. Sí, pero es siempre preocupante que el mayor vigor, la mayor riqueza, esté ahora en el pasado más que en el presente; que no sea algo de actualidad, sino que hay que volver la vista atrás… Y hay otro aspecto. Junto a la frivolización, hay un oscurantismo embustero que identifica la profundidad con la oscuridad y que ha llevado, por ejemplo, a la crítica a unos extremos de especialización que la pone totalmente al margen del ciudadano común y corriente, del hombre medianamente culto al que antes la crítica servía para orientarse en la oferta tan enorme.
P. Pero lo que plantea es volver a los patrones culturales. ¿Es eso posible? ¿Existe legitimidad para hacerlo? ¿No hay un cierto aristocratismo en todo ello?
R. Aristocratismo es una palabra que provoca mucho rechazo, pero por otra parte el rechazo de la élite en bloque es una gran ingenuidad. No todos pueden ser cultos de la misma manera, no todos quieren ser cultos de la misma manera y no todos tendrían que ser cultos de la misma manera, ni muchísimo menos. Hay niveles de especialización que son perfectamente explicables, a condición de que la especialización no termine por dar la espalda al resto de la sociedad, porque entonces la cultura deja ya de impregnar al conjunto de la sociedad, desaparecen esos consensos, esos denominadores comunes que te permiten discriminar entre lo que es auténtico y lo que es postizo, entre lo que es bueno y lo que es malo, entre lo que es bello y lo que es feo. Parece mentira que se haya llegado a un mundo donde ya no se pueden hacer este tipo de discriminaciones. Porque eso sí, si desaparecen esas categorías es el reino del embuste, de la picardía… La publicidad reemplaza al talento, lo fabrica, lo inventa.
P. Usted extiende su crítica a la cocina o la moda que están pasando a formar parte de la alta cultura.
R. Justamente esa es una de las manifestaciones de esa banalización y de esa frivolidad. No tengo nada contra la moda, me parece magnífico que haya una preocupación por la moda, pero desde luego no creo que la moda pueda reemplazar a la filosofía, a la literatura, a la música culta como un referente cultural. Y eso es lo que está pasando. Hoy en día hablar de cocina y hablar de la moda, es mucho más importante que hablar de filosofía o hablar de música. Eso es una deformación peligrosa y una manifestación de frivolidad terrible. ¿Qué cosa es la frivolidad? La frivolidad es tener una tabla de valores completamente confundida, es el sacrificio de la visión del largo plazo por el corto plazo, por lo inmediato. Justamente eso es el espectáculo.
P. Pero no encierra esa perspectiva una excesiva idealización del pasado, como esa edad dorada platónica que tanto criticaba Popper, y que tiene como consecuencia fosilizar la sociedad, cerrarla al cambio...
R. No, yo no estoy por la fosilización. No soy un conservador en ese sentido, desde luego que no, y sé que en el pasado, al mismo tiempo que Cervantes y que Shakespeare, existía la esclavitud, el racismo más espantoso, el dogmatismo religioso, la Inquisición, las hogueras para el disidente… Yo sé muy bien que el pasado venía con todo eso, pero al mismo tiempo no se puede negar que en ese pasado había cosas muy admirables, que han marcado profundamente el presente, que enriquecieron la vida de las gentes, la sensibilidad, la imaginación. Y esa era una función que tenía la alta cultura, y hoy día no se puede ni siquiera hablar de alta cultura porque eso es incorrecto, políticamente incorrecto.

“Hablar de moda y cocina se ha vuelto más importante que hablar de filosofía o música”
P. Hay una defensa muy interesante del erotismo en el libro, como obra de arte frente al “sexo descarnado”.
R. El erotismo fue en el mundo de la experiencia la conversión de un instinto en algo creativo, en una verdadera obra de arte y eso fue posible gracias a la cultura. Yo no creo que el erotismo nazca simplemente de una experiencia pragmática del sexo, ni muchísimo menos. Creo que es la cultura, que son las artes, el refinamiento de la sensibilidad que produce la alta cultura, la que crea el erotismo. El erotismo es una manifestación de civilizaciones, se da en sociedades que han alcanzado un cierto nivel de civilización. Y al mismo tiempo significa el respeto de las formas, la importancia de las formas en la relación sexual. Y ahí yo cito mucho a Georges Bataille, él defendió siempre el erotismo justamente como una manifestación de civilización, y fue muy reticente a la permisividad total porque creía que la permisividad total iba a matar las formas y al final se iba a llegar, otra vez, a una especie de sexo primitivo, salvaje. Y algo de eso ha pasado en nuestro tiempo.
P. Es decir, le falta erotismo a nuestra cultura.
R. Por eso el sexo significa tan poco para las nuevas generaciones. Significa un entretenimiento que es casi una gimnasia. Es como segar una fuente riquísima no solo de placer sino de enriquecimiento de la sensibilidad.
P. ¿Qué pensaría el Vargas Llosa de 25 años del libro que ha escrito el Vargas Llosa de ahora?
R. No me lo puedo imaginar. A nosotros nos ha tocado vivir una diferencia generacional sin precedentes en la historia. Precisamente por la extraordinaria revolución tecnológica, audiovisual, el mundo es tan absolutamente diferente que es muy, muy difícil ponerse hoy en día en la piel de un joven. Hay muchas cosas en el pasado que hay que suprimir, que hay que reformar sin ninguna duda. Pero hay una que yo creo que no, que hay que conservarla renovándola, actualizándola, que es la cultura. Una civilización que ha producido Goya, Rembrandt, Mahler, Goethe no es despreciable, no puede ser despreciable. Eso fijó unos ciertos patrones que deben ser, si se quiere, criticados pero mantenidos, continuados. Y esa continuación es la que yo creo que se pierde si la cultura pasa a ser una actividad secundaria y relegada al puro campo del entretenimiento.
P. Habla del pesimismo, del catastrofismo, incluso como un peligro mayor que la corrupción y cita una juventud apática, recluida en la hostilidad sistemática, aburrida. Fenómenos como el del 15-M, el de Occupy Wall Street, ¿no le generan cierta esperanza?
R. Sí, cierta esperanza sí. Siempre y cuando no se orienten en el sentido equivocado. Porque hay un cierto conformismo en la inconformidad. En eso Foucault escribió cosas muy interesantes. Pero sí, creo que hay estallidos entre los jóvenes que son bastante interesantes. No soy pesimista, sino más bien optimista, las cosas pueden cambiar para mejor. Pero hay algunos aspectos en los que es muy importante una crítica muy radical de un fenómeno representa una decadencia.
P. Una decadencia en la que incluye la corrupción política. Para ilustrarla cita usted una anécdota vivida por el escritor Jorge Eduardo Benavides, en Lima, cuando un taxista le dijo que votaba a Fujimori porque “solo robó lo justo”.
R. A mí me pareció maravillosa la historia. Hay una mentalidad ahí detrás ¿no? Un político puede robar; es más, no puede no robar, pero lo importante es que robe no más de lo debido.
P. Y ese tipo de conductas se están extendiendo…
R. …es por el desplome de los valores, no solamente estéticos, sino otros que antes, por lo menos de la boca para fuera, todos respetábamos. El político ya no debe ser honrado, debe ser eficaz. El ser honrado parece una imposibilidad connatural al oficio. Bueno, si se llega a un pesimismo de esa naturaleza entonces estamos perdidos. Y creo que no es verdad y yo lo digo, eso no es verdad. Pero hay una mentalidad que identifica la política con la picardía, con la deshonestidad. Es peligrosísimo sobre todo para el futuro de la cultura democrática. Si vamos a pensar eso entonces la cultura democrática no tiene sentido y a la corta o la larga va a desplomarse también.
P. Pero hay países donde hay mayor protección frente a la corrupción.
R. Por supuesto. La gran diferencia está en el mundo de la democracia y en el mundo del autoritarismo. En democracia hay corrupción, desde luego, lo estamos viendo todos los días. Pero precisamente lo vemos, sale a flote, existe una justicia más o menos independiente que puede todavía sancionar a los culpables. España es un ejemplo. Se puede decir que hay mucha corrupción pero estamos viendo casos de políticos importantísimos que son sentados en el banquillo de los acusados y que son condenados por pícaros, por ladrones, por traficantes. Bueno, esa es la gran diferencia. Eso no se ve en Cuba o China, donde de repente te enteras de que le cortan la cabeza a un señor porque dicen que delinquió y tenía cargos políticos. Hay diferencias. Y dentro de las democracias también. Las más avanzadas son menos corruptas que las más primitivas, las que son mucho más ineficientes. Recuerdo que en los años en que viví en Inglaterra, el escándalo más grande de corrupción fue el de un ministro de Margaret Thatcher, que no solamente perdió su ministerio sino que fue preso y perdió prácticamente todo su patrimonio por haber pasado un fin de semana en el Hotel Ritz de París, pagado por un jeque árabe. O sea, una corrupción de unos cuantos cientos o unos cuantos miles de libras esterlinas. Como comprenderá, eso en la época de Fujimori en el Perú era lo que robaba normalmente un pequeño alcalde. Ya no le digo los millones de millones de millones que consiguieron Fujimori y Montesinos. La sanción social fue muy escasa, puesto que en las últimas elecciones estuvo a punto de subir otra vez al poder con el voto popular. Esas diferencias sí son muy importantes. Y creo que es fundamental ser muy exigente y riguroso en ese campo, y no pensar que por ser político se tiene derecho a robar hasta cierto límite.
P. En las dictaduras hay evidentemente más corrupción. Pero también se da un fenómeno inverso. Ahí es donde la lucha de los intelectuales cobra mayor sentido. Es el caso de China con un premio Nobel de la Paz encarcelado.
R. Absolutamente. Cuando la libertad desaparece es cuando la libertad de pronto resulta importante. Y cuando la lucha por la libertad se convierte en una prioridad, el intelectual, el escritor, el poeta, el novelista, el pintor, de pronto empiezan a tener una importancia central en esa lucha. Ese es un fenómeno que lo estamos viendo en China, es interesantísimo, el caso de Ai Weiwei. Es una figura que representa hoy en día el espíritu de resistencia, la voluntad de apertura, de modernización, de democratización.
P. Al tratar de la degradación de los valores, incluye también el sensacionalismo en la prensa. ¿Cree usted en la autorregulación como una vía para atajar estas prácticas?
R. Creo que es la única. Que la propia prensa asuma una responsabilidad. Eso no se resuelve con sistemas de censura, ni muchísimo menos. Pero además yo creo que el sensacionalismo es la expresión de una cultura. La prensa forma parte de la vida cultural de un país. Y si la cultura empuja a la prensa a la chismografía, y hace de la chismografía un elemento central, al final el mercado se lo va a imponer a los periódicos, por más responsables y serios que quieran ser. Y eso lo estamos viendo en todas partes. Los periódicos más serios tratan de resistir, pero en un momento dado, si la supervivencia está en juego, tienen que hacer concesiones. El origen no está en los periódicos, el origen está en la cultura reinante, que impone la frivolidad y el amarillismo.

Hay una mentalidad que identifica la política con la deshonestidad,
eso es peligrosísimo
para el futuro
de la cultura democrática
P. Usted ha sufrido el sensacionalismo.
R. Lo he padecido. Toda persona que es conocida hoy en día es irremediablemente víctima de la chismografía. Pasas a ser un objeto que ya no puede controlar su propia imagen. La imagen se puede distorsionar hasta unos extremos indescriptibles. Mucho más si haces política en un mundo subdesarrollado. Allí ya todo puede ocurrir.
P. Y hay un efecto multiplicador con las nuevas tecnologías.
R. Frente a las cuales te puedes defender muy mal. A mí me pasó una experiencia hace un tiempo en Argentina. Una señora me felicitó por un texto que me dijo le había conmovido mucho de homenaje a la mujer. Y yo le dije que muchas gracias, pero que no había escrito ningún homenaje a la mujer. Pensé que era una cosa que se había inventado ella o que se había confundido. Un tiempo después me mandan mi elogio a la mujer, que había aparecido en Internet. Un texto de una cursilería que da vergüenza ajena, firmado por mí y lanzado al espacio con motivo de no sé qué. ¿Cómo te defiendes contra eso? Es absolutamente terrible. De pronto pierdes tu identidad, porque hoy en día hay esos mecanismos que permiten falsificaciones de esa índole. A mí me parece bastante aterrador. Tampoco puedes dedicar tu vida a rectificar. Al final dejas de escribir, dejas de leer, para tratar de rectificar todas las falsedades, invenciones que te atribuyen. Eso es uno de los aspectos justamente de la irresponsabilidad que ha traído la gran revolución audiovisual.
P. Pero también hay que reconocer que el universo de Internet y las redes sociales permiten la exposición universal de un artista o de un pensador al instante.
R. Y burlar todos los sistemas de censura; eso es un progreso. Pero al mismo tiempo también es otra forma de confusión que tiene efectos muy negativos en la cultura, en la información. El exceso de información en última instancia también significa la desaparición de la discriminación, de las jerarquías, de las prioridades. Todo alcanza un mismo nivel de importancia por el simple hecho de estar en la pantalla.
P. Aunque no ataca a las religiones, sino al contrario, se percibe en el libro un canto al ateísmo ilustrado. Hay un momento incluso que identifica cultura profunda con aquella fuerza capaz de reemplazar el vacío dejado por la religión.
R. La idea liberal, tradicional, de que con el avance del conocimiento, la religión se iba a ir desvaneciendo fue una ingenuidad. El grueso de la gente, países cultos o países incultos, necesita una trascendencia, algo que le asegure que no perecerá definitivamente, y que habrá otra vida de la índole que sea, y eso es lo que sostiene la religión. Solo una minoría de personas, y eso ha sido igual en el pasado y en el presente, llega a llenar ese vacío con la cultura, que les da suficiente seguridad, suficiente resistencia para aceptar la idea de la extinción. Pero es una ingenuidad combatir a la religión. Tiene una función que cumplir, y es dar ese mínimo de seguridad que permite vivir a la gente con la esperanza de otra vida, de una defensa contra la extinción que aterra a todas las generaciones, no importa que nivel de cultura tenga esa sociedad. Eso lo debemos aceptar los creyentes o no creyentes, siempre y cuando la religión no pase a identificarse con el Estado, porque entonces desaparece la libertad. La religión por definición es dogmática, establece verdades absolutas, y no quiere coexistir con verdades contradictorias. Pero mientras la religión ocupe el espacio que le es propio, creo que es indispensable para que una sociedad sea verdaderamente democrática, libre, en la que se pueda coexistir en la diversidad.
***
La diversidad, la libertad, la tolerancia. El escritor vive y revive en esas palabras. A lo largo de la entrevista, la amargura que, a veces, asoma en su discurso ante lo que considera la devastación de la cultura, siempre se atempera con ellas. De algún modo, son su anclaje ateo y su religión frente al espectáculo.
—“Hemos escrito otro libro, ¿eh?”, bromea antes de despedirse

Un dialogo frente a la frivolidad

Charla entre Vargas Llosa y Gilles Lipovetsky

abril 25, 2012 por CNN México

En su ensayo La civilización del espectáculo, el escritor peruano defiende el papel de la alta cultura en el desarrollo de las personas, al tiempo que defendió el papel de la cultura para la libertad de los individuos
 
Vargas Llosa (izquierda) conversó con el filósofo francés Gilles Lipovetsky (derecha) sobre temas como la postmodernidad y la llamada sociedad de consumo (EFE)
 
La defensa que el escritor peruano Mario Vargas Llosa hace de la cultura dentro de lo que llama La civilización del espectáculo, su nuevo libro, responde a una experiencia personal donde está lleno el espacio que la religión había ocupado durante su juventud.
 
“Haber podido leer a Joyce; haber podido leer y gozar con Góngora, entender el Ulises de Joyce (...) me hizo entender mejor la política, las relaciones humanas”, explicó el Premio Nobel de Literatura, quien el pasado miércoles charló con el filósofo francés Gilles Lipovetsky [Gilles Lipovetsky] acerca de su más reciente ensayo.
 

Vargas Llosa destaca que la cultura fortalece una rica vida espiritual frente al egoísmo y la soledad que produce el capitalismo, y que el papel de grandes pensadores y artistas en la historia de la humanidad radica en la creación de una “sensibilidad” que hace a las personas “altamente creativas”, un fundamento de la libertad.
 
“No se puede leer a (Franz) Kafka, a (Leon) Tolstoi, a (Gustave) Flaubert, sin convencerse de que el mundo está mal hecho, de que comparado con esas cosas tan hermosas, tan perfectas, donde todo es bello, lo malo es también bello, el mundo real es tan mediocre en comparación con ese mundo maravilloso que crearon esos escritores y artistas”, apuntó el autor.
 
En su ensayo La civilización del espectáculo, Mario Vargas Llosa maneja una visión, no pesimista, sino “preocupante” por la importancia hegemónica que se le da al entretenimiento sobre la alta cultura.
 
“La desaparición de la alta cultura ha significado el triunfo de una confusión (...) se desploman valores estéticos, un canon, unas ciertas jerarquías”, consideró Vargas Llosa en la plática realizada en el Instituto Cervantes de España.
 
Añadió que el gran arte equipa a los individuos para ser mucho más lúcidos, con una sensibilidad que “le permite defenderse mejor ante la adversidad (...) sufrir menos”.
(univisionkansas.com)
Gilles Lipovetsky, por su parte, destacó los aspectos positivos de la sociedad del espectáculo que critica Vargas Llosa al calificarla como una “sociedad a la carta donde los individuos construyen su forma de vida”, donde hay mayores libertades.
 
El peruano coincidió con Lipovesky en que en la actualidad se vive “una libertad infinita”, aunque también con esa libertad se corre el peligro de los embaucadores. “El más dramático: el de las artes plásticas (...) todo puede ser arte y nada lo es, en que todo arte puede ser bello o feo”.
 
El autor de La cuidad y los perros apuntó que la sociedad industrial moderna ha mejorado extraordinariamente la vida de las personas, “pero no ha traído esa felicidad que busca el ser humano”, y eso es lo que logran los artistas a diferencia de los tecnócratas que miran hacia una sola dirección.
 
“El trabajo de los grandes humanistas no va orientado en una sola dirección, va orientado al conjunto de la sociedad; de alguna manera establece esos denominadores comunes que se pierden en la sociedad con la modernización, con la industrialización.
 
“La sociedad moderna va segregando, va separando a los individuos, y es por eso que es importante ese denominador común que nos hace sentir siempre solidarios y fraternos porque se establece una comunidad de intereses”, aseguró Vargas Llosa.
 
En La civilización del espectáculo, Vargas Llosa ubica una frivolidad en la sociedad en la que los valores que antes se aceptaban en la vieja cultura están confundidos y en el que la creatividad está en peligro.
 
El escritor de 76 años, nacionalizado español, apuntó que el papel de la cultura ayudará a los individuos a enfrentar fenómenos como el racismo, el totalitarismo.
 
“Ese tipo de sensibilidad resulta fundamentalmente de la cultura, y cuando en la cultura no está esa sensibilidad se embota”, dijo Vargas Llosa, quien enlistó casos de antisemitismos y de rebrotes de nazismo en la Europa culta.

Excelente cátedra - Amazing lesson!

Woman is always silenced because she solves problems, not in a methodical and progressive manner like man, but by utilising heuristic science, intuitively making associations between random facts. Woman’s mind shatters masculine geometries.

A brief history of violence toward women!

by Iris Brosch

Saturday, April 21, 2012

Kurtag: Signs, Games and Messages - ECM

Kurtag: Signs, Games and Messages - ECM

Covers + lossless, Not my Rip

1-6 Holderlin-Gesange
for baritone, op. 35a
7-25 Signs, Games and Messages
for strings
26-59... pas a pas - nulle part...
Poemes de Samuel Beckett
for baritone solo, string trio and percussion,
op. 36

Kurt Widmer baritone
Hiromi Kikuchi violin
Ken Hakii viola
Stefan Mets violoncello
Mircea Ardeleanu percussion

Links:

Thursday, April 19, 2012

Lennon was right!

The great masters of rebellion
Amazing covenant but after them
Everything becomes profitable
step by step - inch by inch - easily:

Lennon was right: The Dream "was" over.



Jim Morrison



Jimi Hendrix



Janis Joplin



The Beatles



The Who



The Rolling Stones



Other masters of rebellion
Showed up later amazingly
But sheep were dreaming
But dreams were anchored
By lucrative covenants – easily:


So, the Dreams "still are" over.

Sunday, April 15, 2012

Lo que puede hacer un poema!!!

La ofensiva israelí contra Günter Grass

POR Alfredo C. Villeda

La respuesta de Tel Aviv fue por todos los flancos que le permite su amplia población y terminó con la prohibición al autor a ingresar a su territorio. La estrategia fue colgarle todos los epítetos del histórico diccionario judío, incluidos “antisemita” y “demonizante”

(themunichtimes.com)
Hoy más que nunca Günter Grass debe sentir eso que llaman “peso moral”, y que negaba llevar sobre sus hombros aun cuando recibió el Premio Nobel de Literatura.
“No, qué va. Eso lo sentí más bien cuando murió Heinrich Böll. Aquí, en Alemania, nos hemos repartido, por así decirlo, el trabajo en cuanto al compromiso político, la acción pública. Por eso cuando él falleció, sentí ese peso depositarse sobre mí y me tomó un buen tiempo habituarme. Eso sí, me era imposible retomar ciertas cosas que Böll había dicho adoptando su actitud moral y su cristianismo, porque era una forma distinta de hablar. Así que intenté prolongar ese trabajo, porque los intelectuales jóvenes no están interesados en retomar esta tradición europea, alemana”.

Así explicaba Grass a Magazine Littéraire su posición ante la sociedad alemana apenas después de haber ganado el premio literario (noviembre de 1999), y apuntaba que el Nobel no está ligado a una nación. “Soy un escritor de lengua alemana, con nacionalidad alemana (...) Evolucioné en el seno de la literatura germana y es así como concibo el premio. No está ligado a una pertenencia nacional, sino a un dominio lingüístico más vasto”.
Ese peso sobre sus hombros reapareció hace días con un poema que publicó al mismo tiempo en varias publicaciones internacionales, y varias lenguas, para cuestionar la política exterior de Israel. Grass, después de todo, es en palabras del novelista Tahar Ben Jelloun “un agitador, no necesariamente provocador, sino alguien que no se pliega a las consignas generales, esas que predisponen a la anestesia local o total”. En este sentido, agrega el marroquí, “es un escritor del Tercer Mundo, eso que hoy llaman el Sur”.

(svd.se)
La respuesta furiosa de Tel Aviv fue por todos los flancos que le permite su amplia población y terminó con la prohibición al autor a ingresar a su territorio. La estrategia fue colgarle todos los epítetos del histórico diccionario judío, incluidos “antisemita” y “demonizante”. La tradición se impone. Parece que ningún alemán está en libertad de opinar nada sobre Israel so pena de recibir cascadas de reproches con la memoria del Holocausto de fondo.
¿Qué tiene que ver la crítica a la política exterior de Netanyahu con la solución final, con el racismo, con Auschwitz? Nada, pero esa bandera siempre será un recurso de defensa. Ya antes se habían oído voces contra Grass cuando se difundió su pertenencia, como joven cadete, a alguna de las fuerzas represoras al servicio del genocida régimen hitleriano. Voces de quienes jamás habían leído al Nobel, quien, mediante un personaje, un fotógrafo, ya se había retratado en esa época en un cuento recopilado en el libro Mi siglo (Alfaguara 1999). Cero sorpresas.
Por supuesto, para la ortodoxia y el fanatismo, la fórmula Tercer Mundo a la que alude Ben Jelloun significa en sentido automático “pro palestino” y “pro terrorista”. Es el lío con los dogmas. Salman Rushdie ha padecido similar persecución, desde el otro lado, con sentencia de muerte, y con el agravante de que su obra, provocadora, pertenece al género de la ficción: su novela Los versos satánicos.
Ahora Grass es sometido a una condena general convocada desde el gobierno israelí para azuzar al mundo judío por un poema. El Nobel, que abjura de nacionalismos y habla desde su espacio de voz de la lengua alemana, es descalificado, principalmente, por ser alemán. Porque en esa lógica propagandística, las páginas de Mi lucha obligan a callar a las próximas generaciones de alemanes sobre todo lo que tenga que ver con Israel, como si todos fueran responsables del Holocausto o clones de Eichmann.
Caray. Grass sólo publicó un poema.

Vaginolatry

Flanked and held up
by two columns
The door is there

Amazingly alluring
Yet, there isn’t a face
Neither a behind… So,

It’s a sensuous provocation
An uncertainty principle
Where hell and heaven
Were made-up of the same
Flesh and bones: a body…

Despite such a cozy menace
There is no choice but to risk.


...Amazingly alluring...


One of the Best German Philosophers

Friedrich von Schlegel, padre del Romanticismo literario


En 1800 escribió la novela Lucinda, considerada uno de sus textos más importantes por la polémica que causó, ya que el autor aspira a una unidad y a una libertad en el amor. En Gespräch über die Poesie señala que Alighieri, Cervantes y Shakespeare eran las mayores figuras de la literatura universal

(germanhistorydocs.ghi-dc.org)
El pensamiento del filósofo, poeta, lingüista y crítico literario alemán Friedrich von Schlegel, quien nació un 10 de marzo de 1772, permanece vigente a través de frases de su autoría como “El historiador es un profeta que mira hacia atrás” y “El hombre sin educación es la caricatura de sí mismo”.
Mediante estos pensamientos, que se recogen en un gran número de artículos periodísticos, o como una simple reflexión curiosa, es como se puede acercar al génesis ideológico de uno de los fundadores del Romanticismo literario.

Karl Wilhelm Friedrich von Schlegel nació en Hannover, Alemania y junto con su hermano August participó en los círculos románticos de Jena, en su país natal, y a su lado fundó la revista Athenäeum en 1798, la cual dictó algunos de los principios románticos.
Creció en el seno de una familia protestante y acomodada e intentó seguir la vocación familiar, integrada en su mayoría por banqueros, por lo que cursó estudios de Derecho en las universidades germanas de Gotinga y en la de Leipzig.
Para 1794, Von Schlegel viajó a Dresden, al este de Alemania, donde estudió el arte y la cultura grecolatina clásica, y publicó ensayos como De las escuelas de la poesía griega y Sobre el estudio de la poesía griega. En este último, asegura que el arte y la humanidad en Grecia es la representación sublime de la imagen humana.
En la universidad de Jena, donde su hermano desempeñaba el cargo de profesor, e influido por el pensamiento de Fichte y Goethe, desarrolló el breve estudio Estética, obra que constituyó el principio teórico del Romanticismo.
Hacia 1799, Von Schlegel conoció a Dorothea Veit, pensadora alemana e hija del filósofo Moses Mendelssohn, con quien vivió casi cinco años en Berlín, hasta que en 1804 contrajeron nupcias, y procrearon a su único hijo, Phillip, años más tarde.

Dante Alighieri (deathdyinggriefandmourning.com)
En 1800 escribió la novela Lucinda, considerada uno de sus textos más importantes por la polémica que levantó, ya que el autor aspira a una unidad y a una libertad en el amor.
Un año más tarde publicó Gespräch über die Poesie, su obra más amplia sobre estética romántica, donde dijo que Alighieri, Cervantes y Shakespeare, eran las mayores figuras de la literatura universal.
Para 1802 estrenó su obra Alarcos, inspirada en el romance español y creada según la fórmula romántica, en la que la métrica española se mezcla con la griega, aunque para la crítica del momento su obra careció de todo valor artístico.
Posteriormente, Von Schlegel fundó la revista Europa, dio cursos sobre la historia de la literatura europea, y para 1807 se convirtió al catolicismo, junto con su esposa, lo cual marca un parteaguas dentro del pensamiento filosófico de Schlegel, que ahora estaba más influenciado por su religión.
Para 1812 ofreció el curso Historia de la literatura antigua y moderna, considerado su obra cumbre de su madurez, y ocho años más tarde escribió Del alma y Sobre las poesías religiosas de Lamartine, con lo que rompió toda relación filosófica con su hermano.
Finalmente, y luego de impartir distintos cursos en Jena y en Dresden, falleció en esta ciudad el 12 de enero de 1829, dejando un legado en el que plasmó su espíritu ingenioso y su capacidad crítica y reflexiva.

Marzo 9, 2012.

Thursday, April 5, 2012

"Lo que hay que decir" (Was gesagt werden muss), poema del Premio Nobel de Literatura Günter Grass

Grass' Gedicht im Wortlaut Was gesagt werden muss

04.04.2012, 12:03
Das Gedicht von Günter Grass
Günter Grass warnt in der "Süddeutschen Zeitung" vor einem Krieg gegen Iran. In seinem Gedicht mit dem Titel "Was gesagt werden muss" fordert der Literaturnobelpreisträger deshalb, Israel dürfe keine deutschen U-Boote mehr bekommen. 

Warum schweige ich, verschweige zu lange,
was offensichtlich ist und in Planspielen
geübt wurde, an deren Ende als Überlebende
wir allenfalls Fußnoten sind.
Es ist das behauptete Recht auf den Erstschlag,
der das von einem Maulhelden unterjochte
und zum organisierten Jubel gelenkte
iranische Volk auslöschen könnte,
weil in dessen Machtbereich der Bau
einer Atombombe vermutet wird.

Doch warum untersage ich mir,
jenes andere Land beim Namen zu nennen,
in dem seit Jahren - wenn auch geheimgehalten -
ein wachsend nukleares Potential verfügbar
aber außer Kontrolle, weil keiner Prüfung
zugänglich ist?

Das allgemeine Verschweigen dieses Tatbestandes,
dem sich mein Schweigen untergeordnet hat,
empfinde ich als belastende Lüge
und Zwang, der Strafe in Aussicht stellt,
sobald er mißachtet wird;
das Verdikt "Antisemitismus" ist geläufig.

Jetzt aber, weil aus meinem Land,
das von ureigenen Verbrechen,
die ohne Vergleich sind,
Mal um Mal eingeholt und zur Rede gestellt wird,
wiederum und rein geschäftsmäßig, wenn auch
mit flinker Lippe als Wiedergutmachung deklariert,
ein weiteres U-Boot nach Israel
geliefert werden soll, dessen Spezialität
darin besteht, allesvernichtende Sprengköpfe
dorthin lenken zu können, wo die Existenz
einer einzigen Atombombe unbewiesen ist,
doch als Befürchtung von Beweiskraft sein will,
sage ich, was gesagt werden muß.
Warum aber schwieg ich bislang?
Weil ich meinte, meine Herkunft,
die von nie zu tilgendem Makel behaftet ist,
verbiete, diese Tatsache als ausgesprochene Wahrheit
dem Land Israel, dem ich verbunden bin
und bleiben will, zuzumuten.
Warum sage ich jetzt erst,
gealtert und mit letzter Tinte:
Die Atommacht Israel gefährdet
den ohnehin brüchigen Weltfrieden?
Weil gesagt werden muß,
was schon morgen zu spät sein könnte;
auch weil wir - als Deutsche belastet genug -
Zulieferer eines Verbrechens werden könnten,
das voraussehbar ist, weshalb unsere Mitschuld
durch keine der üblichen Ausreden
zu tilgen wäre.
Und zugegeben: ich schweige nicht mehr,
weil ich der Heuchelei des Westens
überdrüssig bin; zudem ist zu hoffen,
es mögen sich viele vom Schweigen befreien,
den Verursacher der erkennbaren Gefahr
zum Verzicht auf Gewalt auffordern und
gleichfalls darauf bestehen,
daß eine unbehinderte und permanente Kontrolle
des israelischen atomaren Potentials
und der iranischen Atomanlagen
durch eine internationale Instanz
von den Regierungen beider Länder zugelassen wird.
Nur so ist allen, den Israelis und Palästinensern,
mehr noch, allen Menschen, die in dieser
vom Wahn okkupierten Region
dicht bei dicht verfeindet leben
und letztlich auch uns zu helfen.



Lo que hay que decir

El escritor alemán se opone a un ataque israelí contra Irán


Günter Grass, en su casa de la isla danesa de Mon. / Bernardo Pérez


Por qué guardo silencio, demasiado tiempo,
sobre lo que es manifiesto y se utilizaba
en juegos de guerra a cuyo final, supervivientes,
solo acabamos como notas a pie de página.
Es el supuesto derecho a un ataque preventivo
el que podría exterminar al pueblo iraní,
subyugado y conducido al júbilo organizado
por un fanfarrón,
porque en su jurisdicción se sospecha
la fabricación de una bomba atómica.
Pero ¿por qué me prohíbo nombrar
a ese otro país en el que
desde hace años —aunque mantenido en secreto—
se dispone de un creciente potencial nuclear,
fuera de control, ya que
es inaccesible a toda inspección?
El silencio general sobre ese hecho,
al que se ha sometido mi propio silencio,
lo siento como gravosa mentira
y coacción que amenaza castigar
en cuanto no se respeta;
“antisemitismo” se llama la condena.
Ahora, sin embargo, porque mi país,
alcanzado y llamado a capítulo una y otra vez
por crímenes muy propios
sin parangón alguno,
de nuevo y de forma rutinaria, aunque
enseguida calificada de reparación,
va a entregar a Israel otro submarino cuya especialidad
es dirigir ojivas aniquiladoras
hacia donde no se ha probado
la existencia de una sola bomba,
aunque se quiera aportar como prueba el temor...
digo lo que hay que decir.
¿Por qué he callado hasta ahora?
Porque creía que mi origen,
marcado por un estigma imborrable,
me prohibía atribuir ese hecho, como evidente,
al país de Israel, al que estoy unido
y quiero seguir estándolo.
¿Por qué solo ahora lo digo,
envejecido y con mi última tinta:
Israel, potencia nuclear, pone en peligro
una paz mundial ya de por sí quebradiza?
Porque hay que decir
lo que mañana podría ser demasiado tarde,
y porque —suficientemente incriminados como alemanes—
podríamos ser cómplices de un crimen
que es previsible, por lo que nuestra parte de culpa
no podría extinguirse
con ninguna de las excusas habituales.
Lo admito: no sigo callando
porque estoy harto
de la hipocresía de Occidente; cabe esperar además
que muchos se liberen del silencio, exijan
al causante de ese peligro visible que renuncie
al uso de la fuerza e insistan también
en que los gobiernos de ambos países permitan
el control permanente y sin trabas
por una instancia internacional
del potencial nuclear israelí
y de las instalaciones nucleares iraníes.
Solo así podremos ayudar a todos, israelíes y palestinos,
más aún, a todos los seres humanos que en esa región
ocupada por la demencia
viven enemistados codo con codo,
odiándose mutuamente,
y en definitiva también ayudarnos.

Traducción de Miguel Sáenz. El texto original en alemán se publica hoy en el diario Süddeutsche Zeitung.