Saturday, July 31, 2010

RSA Animate - First as Tragedy, Then as Farce

In this short RSA Animate, renowned philosopher Slavoj Zizek investigates the surprising ethical implications of charitable giving.

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Chicago - Tokyo 1972 Encore - Part I & II

If you want to understand why many of us miss Terry Kath, Peter Cetera & Danny Seraphine former members of Chicago (The Band) just take a look at this amazing performance. It's Tokio, 1972, and they were at their highest point.
[Sorry Champlin, Tris, Jeff & more outsiders of Chicago; you don't belong to the pack]

Part I: I'm a Man / Danny's Drum solo (a)
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Part II: Danny's Drum solo (b) / Free
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Wednesday, July 21, 2010

¡Un paradigma diferente!

El Internet es un rompimiento con el paradigma de la botella que se arroja al mar para ver quien la encuentra. Considero que, más allá del problema de la comunicación humana, la Internet ha traído un panorama nuevo: en lugar de botella arrojada al mar, resulta que ahora la mar es de botellas a la búsqueda de atenciones. ¿las habrá?

Sueño acerca de la muerte de Georg Heym por Richard Anders

desde un segundo
desde un tempano de hielo
saltando al otro
mientras desde un segundo
al otro
un témpano de hielo, desde el otro, fluye
un segundo, desde el otro, fluye
un cuerpo celestial, desde el otro, fluye
él sabe
que entre témpanos de hielo
y segundos
y cuerpos celestiales
la distancia finalmente
se torna infinita
y él
no importa cuán lejos salte
ya sea corto o largo
finalmente se queda corto.


Deutschland Richard Anders eM@il Biografie Wikipedia-Artikel
Aus »Die Pendeluhren haben Ausgangssperre« Gedichte  [Druckversion]
Aus »MARIHUANA HYPNAGOGICA« Gedichte  [Druckversion]

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Original German version:

Traum vom Tod Georg Heyms

by Richard Anders

Von einer Sekunde
von einer Eisscholle
zur andern springend
während von einer Sekunde
zur anderen
eine Eisscholle von der anderen treibt
eine Sekunde von der anderen treibt
ein Himmelskörper vom anderen treibt
weiß er
daß zwischen Eisschollen
und Sekunden
und Himmelskörpern
der Abstand endlich
endlos wird
und er
wie weit er auch springt
über kurz oder lang
einmal zu kurz springt

© Edition Galrev
From:Richard Anders, Die Pendeluhren haben Ausgangssperre (Berlin: Edition Galrev, 1998)

Dream of the Death of Georg Heym

From one second
from one ice floe
jumping to the other
while from one second
to the other
one ice floe flows from the other
one second flows from the other
one heavenly body flows from the other
he knows
that between ice floes
and seconds
and heavenly bodies
the distance finally
becomes infinite
and he
no matter how far he jumps
whether short or long
finally falls short

[Translation into English: a guy from this site: Joseph Shieber]

Kata de Georg Heym

1924 Georg Heym's Kata
(headpiece, page 31)
from Umbra vitae (Shadow of Life)


Ernst Ludwig Kirchner (German, 1880-1938)
Woodcut from an illustrated book of fifty woodcuts, composition: 2 3/8 x 2 5/8" (6 x 6.7 cm); page: 9 1/16 x 6 1/8" (23 x 15.6 cm). Publisher: Kurt Wolff Verlag, Munich. Printer: Spamersche Buchdruckerei, Leipzig. Edition: 510 (10 numbered 1-10 on Japan; 500 numbered 11-510)

taken from here
























Ein roter Donner. Und die Sonne tost,
Ein Purpurdrachen. Sein gezackter Schwanz
Peitscht hoch herauf der weiten Himmel Glanz,
Der Eichen Horizont, drin Flamme glost.

Der großen Babel weiße Marmorwand,
Und riesiger Pagoden goldnen Stein
Zerschmettert fast der ungeheure Schein,
Mit lauten Beilen eine Feuerhand.

Musik, Musik. Ein göttlicher Choral.
Das offne Maul der Sonne stimmt ihn an,
Das Echo dröhnt vom weiten Himmelssaal.

Und ruft hervor der dunklen Nacht Tyrann,
Den Mond, Tetrarchen, der im Wolkental
Schon seltsam lenkt das fahle Viergespann.


Versión en español de José Juan Góngora Cortés:

Un trueno rojo. Y el sol brama,
Púrpura dragón. Su cola dentada
Azota muy arriba el lustre del cielo lejano,
Y el horizonte de robles, arde dentro de la llama.

La blanca pared marmórea de la gran Babel
Y la piedra áurea de la gigantesca pagoda
Se hacen añicos, cerca del brillo monstruoso,
Con las hachas estridentes de una mano de fuego.

Música. Música. Un coral tan divino.
El hocico abierto del sol la entona,
Y el eco retumba desde la sala remota del cielo.

Y se evoca a la tirana de la noche oscura,
La Luna, Tetrarca, que en el valle de nubes,
Chocante, ya conduce la pálida cuadriga.

Y aquí un versión en inglés de Wolfgang Steinmann

Saturday, July 17, 2010

Poetas de México

Amado Nervo
Ramón López Velarde

Salvador Díaz Mirón
Octavio Paz

Manuel Acuña

Nezahualcóyotl

Rosario Castellanos

Manuel Gutiérrez Nájera

Humberto Garza

Alfonso Reyes

Juan de Dios Peza

Sor Juana Inés de la Cruz
Lina Zerón
Luis G. Urbina
Jorge Cuesta
Rubén Bonifaz Nuño
Jaime Torres Bodet
Rubén C. Navarro
Carlos Pellicer
Manuel José Othon
Manuel María Flores
Antonio Plaza
Enrique González Martínez
Jaime Sabines
Efraín Huerta

Francisco A. de Icaza
José Gorostiza
Salvador Novo
Justo Sierra
José Rosas Moreno
José Juan Tablada
Ignacio M. Altamirano
Xavier Villaurrutia
Fernando Ruíz Granados
Guillermo Prieto
Vicente Riva Palacio
Ignacio Rodríguez Galván
Bernardo Ortíz de Montellano

Canto a un Dios Mineral de Jorge Cuesta

Capto la seña de una mano, y veo
que hay una libertad en mi deseo;
ni dura ni reposa;
las nubes de su objeto el tiempo altera
como el agua la espuma prisionera
de la masa ondulosa.

Suspensa en el azul la seña, esclava
de la más leve onda, que socava
el orbe de su vuelo,
se suelta y abandona a que se ligue
su ocio al de la mirada que persigue
las corrientes del cielo.

Una mirada en abandono y viva,
si no una certidumbre pensativa,
atesora una duda;
su amor dilata en la pasión desierta
sueña en la soledad y está despierta
en la conciencia muda.

Sus ojos, errabundos y sumisos,
el hueco son, en que los fatuos rizos
de nubes y de frondas
se apoderan de un mármol de un instante
y esculpen la figura vacilante
que complace a las ondas.

La vista en el espacio difundida,
es el espacio mismo, y da cabida
vasto y nimio al suceso
que en las nubes se irisa y se desdora
e intacto, como cuando se evapora,
está en las ondas preso.

Es la vida allí estar, tan fijamente,
como la helada altura transparente
lo finge a cuanto sube
hasta el purpúreo límite que toca,
como si fuera un sueño de la roca,
la espuma de la nube.

Como si fuera un sueño, pues sujeta,
no escapa de la física que aprieta
en la roca la entraña,
la penetra con sangres minerales
y la entrega en la piel de los cristales
a la luz, que la daña.

No hay solidez que a tal prisión no ceda
aun la sombra más íntima que veda
un receloso seno
¡en vano!; pues al fuego no es inmune
que hace entrar en las carnes que desune
las lenguas del veneno.

A las nubes también el color tiñe,
túnicas tintas en el mal les ciñe,
las roe, las horada,
y a la crítica muestra, si las mira,
por qué al museo su ilusión retira
la escultura humillada.

Nada perdura, ¡oh, nubes!, ni descansa.
Cuando en un agua adormecida y mansa
un rostro se aventura,
igual retorna a sí del hondo viaje
y del lúcido abismo del paisaje
recobra su figura.

Íntegra la devuelve el limpio espejo,
ni otra, ni descompuesta en el reflejo
cuyas diáfanas redes
suspenden a la imagen submarina,
dentro del vidrio inmersa, que la ruina
detiene en sus paredes.

¡Qué eternidad parece que le fragua,
bajo esa tersa atmósfera de agua,
de un encanto el conjuro
en una isla a salvo de las horas,
áurea y serena al pie de las auroras
perennes del futuro!

Pero hiende también la imagen, leve,
del unido cristal en que se mueve
los átomos compactos:
se abren antes, se cierran detrás de ella
y absorben el origen y la huella
de sus nítidos actos.

Ay, que del agua el imantado centro
no fija al hielo que se cuaja adentro
las flores de su nado;
una onda se agita, y la estremece
en una onda más desaparece
su color congelado.

La transparencia a sí misma regresa
y expulsa a la ficción, aunque no cesa;
pues la memoria oprime
de la opaca materia que, a la orilla,
del agua en que la onda juega y brilla,
se entenebrece y gime.

La materia regresa a su costumbre.
Que del agua un relámpago deslumbre
o un sólido de humo
tenga en un cielo ilimitado y tenso
un instante a los ojos en suspenso,
no aplaza su consumo.

Obscuro perecer no la abandona
si sigue hacia una fulgurante zona
la imagen encantada.
Por dentro la ilusión no se rehace;
por dentro el ser sigue su ruina y yace
como si fuera nada.

Embriagarse en la magia y en el juego
de la áurea llama, y consumirse luego,
en la ficción conmueve
el alma de la arcilla sin contorno:
llora que pierde un venturero adorno
y que no se renueve.

Aun el llanto otras ondas arrebatan,
y atónitos los ojos se desatan
del plomo que acelera
el descenso sin voz a la agonía
y otra vez la mirada honda y vacía
flota errabunda fuera.

Con más encanto si más pronto muere,
el vivo engaño a la pasión se adhiere
y apresura a los ojos
náufragos en las ondas ellos mismos,
al borde a detener de los abismos
los flotantes despojos.

Signos extraños hurta la memoria,
para una muda y condenada historia,
y acaricia las huellas
como si oculta obcecación lograra,
a fuerza de tallar la sombra avara
recuperar estrellas.

La mirada a los aires se transporta,
pero es también vuelta hacia adentro, absorta,
el ser a quien rechaza
y en vano tras la onda tornadiza
confronta la visión que se desliza
con la visión que traza.

Y abatido se esconde, se concentra,
en sus recónditas cavernas entra
y ya libre en los muros
de la sombra interior de que es el dueño
suelta al nocturno paladar el sueño
sus sabores obscuros.

Cuevas innúmeras y endurecidas,
vastos depósitos de breves vidas,
guardan impenetrable
la materia sin luz y sin sonido
que aún no recoge el alma en su sentido
ni supone que hable.

¡Qué ruidos, qué rumores apagados
allí activan, sepultos y estrechados,
el hervor en el seno
convulso y sofocado por un mudo!
Y graba al rostro su rencor sañudo
y al lenguaje sereno.
Pero, ¡qué lejos de lo que es y vive
en el fondo aterrado y no recibe
las ondas todavía
que recogen, no más, la voz que aflora
de una agua móvil al rielar que dora
la vanidad del día!.

El sueño, en sombras desasido, amarra
la nerviosa raíz, como una garra
contráctil o bien floja;
se hinca en el murmullo que la envuelve,
o en el humor que sorbe y que disuelve
un fijo extremo aloja.

Cómo pasma a la lengua blanda y gruesa,
y asciende un burbujear a la sorpresa
del sensible oleaje:
su espuma frágil las burbujas prende,
y las prueba, las une, las suspende
la creación del lenguaje.

El lenguaje es sabor que entrega al labio
la entraña abierta a un gusto extraño y sabio:
despierta en la garganta;
su espíritu aun espeso al aire brota
y en la líquida masa donde flota
siente el espacio y canta.

Multiplicada en los propicios ecos
que afuera afrontan otros vivos huecos
de semejantes bocas,
en su entraña ya vibra, densa y plena,
cuando allí late aún, y honda resuena
en las eternas rocas.

Oh, eternidad, oh, hueco azul, vibrante
en que la forma oculta y delirante
su vibración no apaga,
porque brilla en los muros permanentes
que labra y edifica transparentes,
la onda tortuosa y vaga.

Oh, eternidad, la muerte es la medida,
compás y azar de cada frágil vida,
la numera la Parca.
Y alzan tus muros las dispersas horas,
que distantes o próximas, sonoras
allí graban su marca.

Denso el silencio trague al negro, obscuro
rumor, como el sabor futuro
sólo la entraña guarde
y forme en sus recónditas moradas,
su sombra ceda formas alumbradas
a la palabra que arde.

No al oído que al antro se aproxima
que al banal espacio, por encima
del hondo laberinto
las voces intrincadas en sus vetas
originales vayan, más secretas
de otra boca al recinto.

A otra vida oye ser, y en un instante
la lejana se une al titubeante
latido de la entraña;
al instinto un amor llama a su objeto;
y afuera en vano un porvenir completo
la considera extraña.

El aire tenso y musical espera;
y eleva y fija la creciente esfera,
sonora, una mañana:
la forman ondas que juntó un sonido,
como en la flor y enjambre del oído
misteriosa campana.

Ése es el fruto que del tiempo es dueño;
en él la entraña su pavor, su sueño
y su labor termina.
El sabor que destila la tiniebla
es el propio sentido, que otros puebla
y el futuro domina.

Su Poesía: Jorge Cuesta y también aquí en Wikipedia
Jorge Cuesta: Canto a un dios mineral