Friday, March 20, 2020

Happy Birthday Scardanelli!

Today is the birthday of one of the greatest poets that humanity has had. Beauty, magnificence and meaning of his work have rarely been so obvious as of today: Times of Coronavirus.
On March 20, 2020, Friedrich Hölderlin's birthday celebrates its 250th anniversary. He was born in Lauffen am Neckar in 1770. The same year as Beethoven and Hegel.
Hardly any other poet challenges the arts and his readership as much as he does. With his bold language experiments, which cannot be assigned to any current, either classical or romantic, he led poetry into modernity.

ON THE 250TH BIRTHDAY OF THE POET Friedrich Hölderlin.

If you know German here is one of the most amazing poems of universal literature (include English and Spanish versions):

An Die Parzen


Nur einen Sommer gönnt, ihr Gewaltigen!
Und einen Herbst zu reifem Gesänge mir,
Dass williger mein Herz, vom süssen
Spiele gesättiget, dann mir sterbe!
Die Seele, der im Leben ihr göttlich Recht
Nicht ward, sie ruht auch drunten im Orkus nicht;
Doch ist mir einst das Heil’ge, das am
Herzen mir liegt, das Gedicht, gelungen,
Willkommen dann, o Stille der Schattenwelt!
Zufrieden bin ich, wenn auch mein Saitenspiel
Mich nicht hinabgeleitet; Einmal
Lebt’ ich, wie Götter, und mehr bedarf’s nicht.

To he fates

Grant just one summer, you powerful ones!
And one autumn for ripe songs,
so that my heart might be more willing,
satisfied with sweet playing, to die.

My soul, which in life, did not realize its divine right,
will not rest in Orcus;
but if once the sacred thing that
lies closest to my heart - my poetry - succeeds,

then I will welcome the silence of the world of shadows!
I will be content, even if my lyre
does not come with me; for once
I lived like the gods - and I require no more.

‘A las parcas’,
de Friedrich Hölderlin (1770 – 1843)


¡Concededme un verano, sólo uno, oh poderosas!
Y un otoño en que pueda mi canto madurar;
sólo de esa manera, saciado con tan dulces
juegos, el corazón aceptará su muerte.
Alma que en vida no disfrutó sus derechos
divinos, ni en el Orco logrará descansar;
mas si logro plasmar lo más querido
y sagrado, el poema, ¡bienvenidos seáis,
silencios de las sombras! Porque yo estoy contento
si mi música, al menos, no se pierde;
una vez, por lo menos, habré vivido igual
que los dioses, y más no será necesario.

PATMOS 
Friedrich Hölderlin

"Cercano está el
Dios y es difícil captarlo.
Pero donde hay peligro, crece también
lo que nos salva.
En las tinieblas viven
las águilas, e intrépidos caminan
los hijos de los Alpes, cruzando abismos
sobre frágiles puentes"

(Nah ist 
Und schwer zu fassen der Gott.
Wo aber Gefahr ist, wächst
Das Rettende auch. 
Im Finstern wohnen
Die Adler und furchtlos gehn
Die Söhne der Alpen über den Abgrund weg
Auf leichtgebaueten Brücken)


Saturday, February 8, 2020

Brahms, Canción del Destino ( Hölderlins Schicksalslied )

Brahms, Canción del Destino ( Schicksalslied )



Posteriormente al estreno del Deutsches Requiem, la obra que situó a JohannesBrahms entre los grandes compositores, a la vez que suscitaba encendidos elogios y agitadas controversias, éste se sintió motivado a escribir más trabajos para coro y orquesta centrándose especialmente en ellos. Así, aparecieron la cantata Rinaldo, op. 50, la Rapsodia para alto, op. 51, la Canción del Destino, op. 54 y el Triumphlied op.55. Mientras las dos primeras utilizan textos de Goethe y la última un pasaje del Apocalipsis de Juan, Schicksalslied se basa en un poema de Friedrich Hölderlin.

"Quizás nadie haya sido tan expresivo y dramático para expresar someramente, en lenguaje poético, la aflicción del hombre, agitado por las olas de la vida, como el poeta romántico Friedrich Hölderlin. En su obra Hiperión, o el eremita en Grecia, se contiene ese poderoso y sublime poema que conocemos como la Canción del Destino, en el cual traza un magnífico paralelo entre la vida de los seres celestiales, que es pura espiritualidad imperturbable, y la existencia de los hombres, una y otra vez maltratados por la vida azarosa, enfrentados una y otra vez a un destino desconocido". L.Althaner




Durante el verano de 1868, Brahms acudió a visitar a un buen amigo suyo, Albert Dietrich  ,que residía en Wilhelmshaven una ciudad costera en la Baja Sajonia, situada en el lado occidental de JadeBucht, pequeña bahía de la costa del mar del Norte.

Dietrich nos refiere como Brahms, por la mañana temprano, encontró en su biblioteca el libro del poeta romántico Friedrich Hölderlin titulado Hiperión y como le habían conmovido profundamente los versos de Schicksalslied. El tema poético opone la condición humana a la felicidad celeste y en sus estrofas, se describe esta dicha comparándola con el sufrimiento de la humanidad.

También Dietrich nos relata como fueron los primeros bocetos de la Canción del Destino: "Cuando, después de un largo paseo y luego de ver todas las cosas interesantes, descansamos tranquilamente junto al mar, de pronto vimos a Brahms a una gran distancia, sentado solo en la playa, escribiendo".

A pesar del inspirado comienzo, el desarrollo en una forma musical equilibrada ocupó a Brahms mucho tiempo. Primero completó un esbozo inicial de dos versos de Hölderlin en forma ternaria, con el tercer movimiento como una reformulación completa del primero. Sin embargo, no se quedó satisfecho con esta solución para cerrar la obra, ya que consideró que anularía la dura realidad representada en el segundo movimiento.
En medio de las dudas y tal vez afectado por la noticia de la boda de Julie Schumann, hija de Robert y Clara, de la cual se asegura que estaba secretamente enamorado, Brahms dejó a un lado la Canción y se puso a escribir la Rapsodia para alto, op 51, que ofrecería como regalo al nuevo matrimonio.


En mayo de 1871 Brahms entregó la partitura completa de la Canción a su amigo el director Hermann Levi. Este le dio algunas recomendaciones y también hizo una reducción para piano, en la que el compositor realizó nuevos cambios.
La obra no se terminaría hasta aceptar una sugerencia de Hermann Levi quién le propuso para concluirla que en lugar de un retorno total del primer movimiento, hiciese una reintroducción de un preludio exclusivamente orquestal. En principio Brahms era reacio a romper la desesperación y la futilidad del segundo movimiento trayendo un regreso feliz al primero, pero finalmente compuso el tercer movimiento como una copia del preludio orquestal del primer movimiento con una instrumentación más rica y en do mayor.

El estreno tuvo lugar el 18 de octubre de 1871 en Karlsruhe durante un concierto de la Asociación Filarmónica, en parte dirigido por Hermann Levi, mientras que Brahms se hizo cargo de la dirección de su Schicksalslied. El programa también incluyó escenas de Fausto de Goethe de Robert Schumann y dos de las canciones orquestadas por Brahms de Franz Schubert . La Canción del Destino dejó una profunda impresión en la audiencia de Karlsruhe, y a principios de 1872 siguieron otras actuaciones en Bremen, Wroclaw, Frankfurt y Viena.

"Una introducción orquestal serena y brillante precede a la primera parte de la obra. Los altos comienzan el poema y las otras voces entran en cálidas armonías, evocando la alegría tranquila de una existencia espiritual ideal. Esta sección parece cerrarse en una cadencia pacífica hasta que un acorde suave, pero disonante, sirve como pivote para la segunda sección turbulenta en do menor. Entra el coro completo, entonando una amarga queja del sufrimiento, el malestar y la muerte de la humanidad. En remolinos de 3/4 de tiempo, Brahms hace un uso efectivo de sus ritmos cruzados característicos. El coro se desvanece, entonando las palabras "jahr lang ins Ungewisse hinab" ("a lo desconocido a continuación"), y la orquesta comienza un canto que aparentemente terminará el trabajo. Pero, como se mencionó, Brahms regresa al material de apertura, lo que permite un final pacífico e, incluso para Brahms, inusualmente hermoso". Wayne Reisig




¡Camináis las alturas luminosas,
genios bienaventurados, sobre un suelo muy leve!
Las brisas divinas, espléndidas,
apenas os rozan,
tal como los dedos de la artista
rozan apenas las cuerdas sagradas.

Como un niño que duerme,
inconsciente del destino,
respiran los seres celestiales;
con pureza inmaculada
en humilde capullo, eternamente,
florece en ellos el espíritu,
y sus ojos bienaventurados
contemplan en serena y eterna claridad.

En cambio a nosotros se nos niega
sitio alguno en el cual reposar;
se desvanecen y desploman
los hombres sufrientes, ciegamente,
hora tras hora,
como el agua que se precipita
de roca en roca,
ininterrumpidamente en lo desconocido.

Adagio: Ihr wandelt droben im Licht. (Mi bemol mayor)
Allegro: Doch uns ist gegeben. (Do menor)
Adagio: Postludio orquestal (Do mayor)




Tuesday, February 4, 2020

Hegel, Eleusis (Poema a Hölderlin, 1796)

Hegel, Eleusis (Poema a Hölderlin, 1796)


Eleusis
A Hölderlin (agosto 1796)

En torno a mí, dentro de mí la calma habita —los atareados
con su incansable ansia duermen, proporcionándome la libertad
y el ocio—, gracias a ti, liberadora mía,
¡oh noche! Con tu blanco cendal de neblina
cubre la luna la frontera incierta
de las lomas lejanas; amablemente me llama
la clara franja de aquél lago;
se aleja el recuerdo del tumulto monótono del día,
como si hubiera años de distancia entre él y el ahora.
Y tu imagen, querido, se presenta a mí; tu imagen
y el placer de los días que han huido, aunque pronto los borra
la dulce espera de volver a vernos…
Se me presenta la escena del abrazo
anhelado, fogoso; más tarde las preguntas, el interrogatorio
más profundo, recíproco,
tras cuanto en actitud, en expresión y carácter
el tiempo haya cambiado en el amigo… placer de la certeza
hallar más firme, más madura aún la lealtad de la vieja alianza,
alianza sin sellos ni promesas
de vivir solamente por la libre verdad y nunca, nunca,
en paz con el precepto que opiniones y afectos reglamenta.
Ahora con la inerte realidad pacta el deseo
que atravesando montes y ríos fácilmente hacia ti me llevó,
pero pronto un suspiro lanza su desacuerdo
y con él huye el sueño de dulces fantasías.

Mi vista hacia la eterna bóveda celestial se alza,
hacia vosotros, ¡astros radiantes de la noche!,
y el olvido de todo, deseos y esperanzas,
de vuestra eternidad fluye y desciende.

(El sentir se diluye en la contemplación;
lo que llamaba mío ya no existe;
hundo mi yo en lo inconmensurable,
soy en ello, todo soy, soy sólo ello.
Regresa el pensamiento, al que extraña
y asusta el infinito, y en su asombro no capta
esta visión en su profundidad.
La fantasía acerca a los sentidos lo eterno
y lo enlaza con formas)2
¡bienvenidos seáis,
oh elevados espíritus, altas sombras,
fuentes de perfección resplandecientes!
No me asusta… Yo siento que es mi patria también
el éter, el fervor, el brillo que os baña.
¡Que salten y abran ahora mismo las puertas de tu santuario,
oh Ceres que reinaste en Eleusis!
Borracho de entusiasmo captaría yo ahora
visiones de tu entorno,
comprendería tus revelaciones,
sabría interpretar de tus imágenes el sentido elevado,
oiría los himnos del banquete divino,
sus altos juicios y consejos…

Pero tu estruendo ha enmudecido, ¡oh Diosa!
Los dioses han huido de altares consagrados
y se han vuelto al Olimpo;
¡huyó del profano sepulcro de los hombres
de la inocencia el genio, que aquí les encantaba!…
Tus sabios sacerdotes callaron; de tus sagrados ritos
no llegó hasta nosotros tono alguno… En vano busca
el investigador, más por curiosidad que por amor,
a la sabiduría (tal hay en los que buscan y a Ti te menosprecian)…

¡Por dominarlas cavan en busca de palabras
que conserven la huella de tu excelso sentido!
¡En vano! Sólo atrapan polvo, polvo y ceniza
en las que no retorna nunca jamás tu vida.
¡Aunque lo inanimado y el moho las contentan
a los eternos muertos!…, ¡los muy sobrios!…, en balde…,
no hay señal de tus fiestas ni huella de tu imagen.
Era para tu hijo tan abundante en altas enseñanzas tu culto,
tan sagrada la hondura del sentimiento inexpresable,
que no creyó dignos de ellos secos signos.
Pues casi no era el pensamiento, aunque sí el alma,
que sin tiempo ni espacio, absorta en el pensar de lo infinito
se olvidó de sí misma y se despierta ahora de nuevo a la conciencia.
Pero quien de ello quiera hablar a otros,
aún con lengua de ángel, sentirá en las palabras su miseria.
Y le horroriza tanto haberlas empleado en empequeñecerlo
al pensar lo sagrado, que el habla le parece pecado
y en vivo se clausura así mismo la boca.
Lo que así el consagrado así mismo, una ley sabia
prohibió a los más pobres espíritus hacer saber
cuanto vieran, oyeran o sintieran en la noche sagrada:
para que a los mejores su estrépito abusivo
no molestara en su recogimiento ni en su hueco negocio de palabras
les llevara a enojarse con lo sagrado mismo, y para que éste
no fuera así arrojado entre inmundicias, para que nunca
se confiara a la memoria, ni tampoco
fuera juguete ni mercancía del sofista
vendida igual que un óbolo,
ni manto del farsante redicho, ni tampoco
férula del muchacho piadoso, y tan vacío
quedara al fin que solamente en un eco extrañas lenguas
siguieran conservando raíces de su vida.
Porque tus hijos, Diosa, no exhibieron
por calles y por plazas tu honor, sino que avaros
en el santuario de su pecho lo guardaban.
Por eso no vivías tú en su boca.
Te honraban con su vida. Aún vives en sus hechos.
¡También en esta noche te he escuchado, divinidad sagrada,
a ti, que me revelas a menudo la vida de tus hijos;
s ti, que yo presiento que a menudo eres el alma de sus hechos!
Eres el alto pensamiento, la fe sincera,
que una Deidad, aunque todo se hunda, nunca se desmorona.




G. W. F. Hegel
Escritos de Juventud
Selección de Obras de Filosofía/Colección de textos Clásicos
Traducción: Zoltan Szankay y José María Ripalda
Edición, Introducción y Notas de J. M. R.
Fondo de Cultura Económica
México
Primera edición, 1978
Primera reimpresión, 1981
Segunda reimpresión: 1984
Eleusis 1
(p.p. 213-15)

1 Briefe 38-40
2 Los versos entre paréntesis están tachados en el manuscrito.



Friedrich Hölderlin

Eleusis

An Hölderlin, August 1796

Um mich, in mir wohnt Ruhe. Der geschäft‘gen Menschen
Nie müde Sorge schläft. Sie geben Freiheit
Und Muße mir. Dank dir, du meine
Befreierin, o Nacht! – Mit weißem Nebelflor
Umzieht der Mond die ungewissen Grenzen
Der fernen Hügel. Freundlich blinkt
Der helle Streif des Sees herüber.
Des Tags langweil'gen Lärmen fernt Erinnerung,
Als lägen Jahre zwischen ihm und itzt.
Dein Bild, Geliebter, tritt vor mich,
Und der entfloh'nen Tage Lust. Doch bald weicht sie
Des Wiedersehens süßern Hoffnungen.
Schon malt sich mir der langersehnten, feurigen
Umarmung Scene; dann der Fragen, des geheimern,
Des wechselseitigen Ausspähens Scene,
Was hier an Haltung, Ausdruck, Sinnesart am Freund
Sich seit der Zeit geändert; – der Gewißheit Wonne,
Des alten Bundes Treue, fester, reifer noch zu finden,
Des Bundes, den kein Eid besiegelte:

der freien Wahrheit nur zu leben,
Frieden mit der Satzung
Die Meinung und Empfindung regelt, nie, nie einzugehn!
Nun unterhandelt mit der trägern Wirklichkeit der Wunsch,
Der über Berge, Flüsse leicht mich zu dir trug.
Doch ihren Zwist verkündet bald ein Seufzer, und mit ihm
Entflieht der süßen Phantasien Traum.

Mein Aug‘ erhebt sich zu des ew'gen Himmels Wölbung,
Zu dir, o glänzendes Gestirn der Nacht!
Und aller Wünsche, aller Hoffnungen
Vergessen strömt aus deiner Ewigkeit herab.
Der Sinn verliert sich in dem Anschau‘n,
Was mein ich nannte schwindet.
Ich gebe mich dem Unermeßlichen dahin.
Ich bin in ihm, bin alles, bin nur es.
Dem wiederkehrenden Gedanken fremdet,
Ihm graut vor dem Unendlichen, und staunend faßt
Er dieses Anschaun‘s Tiefe nicht.
Dem Sinne nähert Phantasie das Ewige,
Vermählt es mit Gestalt. – Willkommen, ihr,
Erhab'ne Geister, hohe Schatten,
Von deren Stirne die Vollendung strahlt!
Erschrecket nicht. Ich fühl‘, es ist auch meine Heimat,
Der Glanz, der Ernst, der euch umfließt.
Ha! Sprängen itzt die Pforten deines Heiligtums,
O Ceres, die du in Eleusis throntest!
Begeist‘rungstrunken fühlt' ich itzt
Die Schauer deiner Nähe,
Verstände deine Offenbarungen,
Ich deutete der Bilder hohen Sinn, vernähme
Die Hymnen bei der Götter Mahle,
Die hohen Sprüche ihres Rats.

Doch deine Hallen sind verstummt, o Göttin!
Gefloh‘n ist der Götter Kreis in den Olymp
Zurück von den entheiligten Altären,
Gefloh‘n von der entweihten Menschheit Grab,
Der Unschuld Genius, der her sie zauberte.
Die Weisheit deiner Priester schweigt.
Kein Ton der heil'gen Weih‘n
Hat sich zu uns gerettet, und vergebens sucht
Der Forscher Neugier mehr, als Liebe
Zur Weisheit. Sie besitzen die Sucher und verachten dich.
Um sie zu meistern, graben sie nach Worten,
In die dein hoher Sinn gepräget wär‘.
Vergebens! Etwas Staub und Asche nur erhaschten sie,
Doch unter Moder und Entseeltem auch gefielen sich
Die Ewigtoten, die Genügsamen! – Umsonst, es blieb
Kein Zeichen deiner Feste, keines Bildes Spur.
Worein dein Leben ihnen ewig nimmer wiederkehrt.
Dem Sohn der Weihe war der hohen Lehren Fülle,
Des unaussprechlichen Gefühles Tiefe viel zu heilig,
Als daß er trock‘ne Zeichen ihrer würdigte.
Schon der Gedanke faßt die Seele nicht,
Die, außer Zeit und Raum in Ahnung der Unendlichkeit
Versunken, sich vergißt und wieder zum Bewußtsein nun
Erwacht. Wer gar davon zu andern sprechen wollte,
Spräch‘ er mit Engelzungen, fühlt der Worte Armut.
Ihm graut, das Heilige so klein gedacht,
Durch sie so klein gemacht zu haben, daß die Red' ihm Sünde deucht,
Und daß er bebend sich den Mund verschließt.
Was der Geweihte sich so selbst verbot, verbot ein weises
Gesetz den ärmern Geistern, das nicht kund zu tun,
Was sie in heil‘ger Nacht gesehn, gehört, gefühlt,
Daß nicht den Bessern selbst auch ihres Unfugs Lärm
In seiner Andacht stört', ihr hohler Wörterkram
Ihn auf das Heil‘ge selbst erzürnen machte, dieses nicht
So in den Kot getreten würde, daß man dem
Gedächtnis gar es anvertraute, daß es nicht
Zum Spielzeug und zur Ware des Sophisten,
Die er obolenweis verkaufte,
Zu den beredten Heuchlers Mantel, oder gar
Zur Rute schon des frohen Knaben, und so leer
Am Ende würde, daß es nur im Widerhall
Von fremden Zungen seines Lebens Wurzeln hätte.
Es trugen geizig deine Söhne, Göttin,
Nicht deine Ehr' auf Gaß' und Markt, verwahrten sie
Im innern Heiligtum der Brust.
Drum lebtest du auf ihrem Munde nicht.
Ihr Leben ehrte dich. In ihren Taten lebst du noch.

Auch diese Nacht vernahm ich, heil‘ge Gottheit, dich.
Dich offenbart oft mir auch deiner Kinder Leben,
Dich ahn' ich oft als Seele ihrer Taten!
Du bist der hohe Sinn, der treue Glauben,
Der, einer Gottheit, wenn auch alles untergeht, nicht wankt.