Saturday, December 29, 2012

Vaya Pareja

HÖLDERLIN – BEETHOVEN (Poemas - Bagatelas)




















Ha aparecido hace poco en las librerías españolas el libro «Friedrich Hölderlin – Poemas», versión e introducción de Eduardo Gil Bera, publicado por LUMEN y puesto a la venta al bonito precio de 29’99 euros: no me cansaré de repetir que me parece un robo infame el precio de los libros en este país, un robo vil, ruin y miserable, orquestado, al alimón, por el Ministerio de Cultura, la editoriales y las librerías (que encima van de víctimas). No obstante, yo, con la paga extra de Navidad, ayer me lo compré, y salga el sol por Antequera.
He seleccionado cinco breves poemas de los recogidos en este valioso, y caro, libro. En su día ya dedicamos una entrada a este gran poeta, a este pobre poeta loco, que fue Hölderlin. En esta ocasión voy a acompañar los poemas con cinco piezas también breves de Beethoven, cinco bagatelas de las once que componen su opus 119. Por qué Beethoven: no hay porqué, o quizá tan solo porque ambos, poeta y músico, nacieron el mismo año; el poeta viviría 16 años más que el ilustre sordo, mala la vida que nos toca vivir a los músicos, sobre todo en aquellos tiempos. En estas pequeñas piezas de Beethoven, en cada una de ellas, está encerrada toda la personalidad del maestro; su impronta, su estilo, su genialidad, son reconocibles de principio a fin como en cualquier otra de sus obras mayores. Esto mismo comentaba ayer con un querido alumno a propósito de Schubert. Cuando un artista lo es de verdad, su personalidad, sin él pretenderlo ni empeñarse en ello, queda acuñada en cada porción, por minúscula que sea, de su obra: simplemente no puede ser de otra manera, es así, inevitable e ineludiblemente, y punto. Cuando alguien quiere encontrar un lenguaje propio, quiere poner de manifiesto su personalidad, quiere crear un estilo personal, mejor que se dedique a otra cosa, a vender escobas por la calle, por ejemplo. Con Hölderlin, como no podía ser de otro modo, ocurre lo mismo que con Beethoven o Schubert: no puede dejar de ser Hölderlin, no tiene que buscar, justificar, explicar, tan sólo escribe y ya está, y cada verso es Hölderlin y nada más que Hölderlin.

I · DIE KÜRZE
Warum bist du so kurz? liebst du, wie vormals, denn
Nun nicht mehr den Gesang? fandst du, als Jüngling, doch,
In den Tagen der Hoffnung,
Wenn du sangest, das Ende nie!
Wie mein Glück, ist mein Lied. Willst du im Abendrot
Froh dich bade? hinweg ists! und die Erd ist kalt,
Und der Vogel der Nacht schwirrt
Unbequem vor das Auge dir.
I · LA BREVEDAD
¿Por qué eres tan breve? ¿Ya no te gusta como antes
el canto? En cambio, de joven, cuando cantabas
en los días de esperanza,
¡no dabas nunca con el final!
Mi canto es como mi suerte. ¿Te bañarías a gusto
en el rojo crepuscular? Ya se ha pasado, y la tierra está fría,
y el pájaro de la noche aletea
molesto ante tus ojos.
 
Beethoven · Elf neue Bagatellen Op. 119 · III – Mia Chung 

II · DER GUTE GLAUBE
Schönes Leben! Du liegst krank, und das Herz ist mir
Müd vom Weinen und schon dämmert die Furcht in mir,
Doch, doch kann ich nicht glauben,
Daß du sterbest, solang du liebst.
II · LA BUENA FE
¡Bella vida!, yaces enferma y está mi corazón
agotado de llorar; ya despunta el miedo en mí.
Mas no puedo creer, con todo,
Que mueras mientras ames.
Elf neue Bagatellen Op. 119 · I

III · EHMALS UND JETZT
In jüngern Tagen war ich des Morgens froh,
Des Abends weint ich; jezt, da ich älter bin,
Beginn ich zweifelnd meinen Tag, doch
Heilig und heiter ist mir sein Ende.
III · ANTES Y AHORA
En mis días mozos, solía alegrarme por la mañana,
Por la noche lloraba; ahora, que soy más viejo,
Empiezo desesperado mi día, pero
Bendito y sereno es su final.
Elf neue Bagatellen Op. 119 · II

IV · DAS UNVERZEIHLICHE
Wenn ihr Freunde vergeßt, wenn ihr den Künster höhnt,
Und den tieferen Geist klein und gemein versteht,
Gott vergibt es, doch stört nur
Nie den Frieden der Liebenden.
IV · LO IMPERDONABLE
Si olvidáis a los amigos, si os reís del artista,
y al más profundo espíritu tenéis por bajo y vil,
Dios lo perdona; pero no estorbéis
nunca la paz de los amantes.
 Elf neue Bagatellen Op. 119 · V

 V · AN DIE PARZEN
Nur Einen Sommer gönt, ihr Gewaltigen!
Und einen Herbst zu reifem Gesange mir,
Daβ williger mein Herz, vom süβen
Spiele gesättiget, dann mir sterbe.
Die Seele, der im Leben ihr göttlich Recht
Nicht ward, sie ruht auch drunten im Orkus nicht;
Doch ist mir einst das Heilige, das am
Herzen mir liegt, das Gedicht, gelungen,
Willkomen dann, o Stille der Schattenwelt!
Zufrieden bin ich, wenn auch mein Saitenspiel
Mich nicht hinab geleitet; Einmal
Lebt ich, wie Götter, und mehr badrfs nicht.
V · A LAS PARCAS
Concededme un solo verano, oh poderosas,
y un otoño para que maduren mis cantos,
para que después muera más dócil mi corazón,
saciado del dulce juego.
El alma privada en vida de su derecho divino
tampoco reposa abajo en el Orco,
pero si yo logro lo sagrado
que me importa, el poema,
bienvenida sea la quietud del mundo de las sombras,
estaré contento, aunque mi cítara
no baje allá conmigo. Habré vivido
una vez como los dioses, y más no necesito.
Elf neue Bagatellen Op. 119 · IV

Thursday, December 27, 2012

No olvidemos a Grecia



"La vergüenza de Europa", de Günter Grass


 La vergüenza de Europa

Aunque próxima al caos, por no agradar al mercado, lejos estás de la tierra que tu cuna fue.
Lo que con el alma buscaste y creíste encontrar
hoy lo desechas, peor que chatarra valorado.
Desnuda en la picota del deudor, sufre una nación a la que dar las gracias era antaño lo más natural.
País condenado a ser pobre, cuya riqueza
adorna cuidados museos: botín por ti vigilado.
Los que invadieron con armas esa tierra bendita de islas llevaban, con su uniforme, a Hölderlin en la mochila.
País tolerado ya apenas, a cuyos coroneles
toleraste un día en calidad de aliados.
País sin ley al que el poder, que siempre tiene razón, aprieta el cinturón más y más.
Desafiándote viste de negro Antígona, y en el país entero hoy lleva luto el pueblo cuyo huésped eras.
Pero, fuera de ese país, el cortejo de parientes de Creso ha acumulado en tus cámaras cuanto brillaba dorado.
¡Bebe de una vez, bebe! grita la clac de los comisarios, pero airado te devuelve Sócrates su copa a rebosar.
Maldecirán los dioses a coro lo que te pertenece, pero sin tu permiso no se podrá expropiar el Olimpo.
Sin ese país te marchitarás, Europa, privada del espíritu que un día te concibió.

(Günter Grass. Traducción de Miguel Sáenz)

[Selección de la profesora Mercedes Ortiz]
Versión original en alemán:
Europas Schande

Dem Chaos nah, weil dem Markt nicht gerecht, bist fern Du dem Land, das die Wiege Dir lieh./ Was mit der Seele gesucht, gefunden Dir galt, wird abgetan nun, unter Schrottwert taxiert./ Als Schuldner nackt an den Pranger gestellt, leidet ein Land, dem Dank zu schulden Dir Redensart war./ Zur Armut verurteiltes Land, dessen Reichtum gepflegt Museen schmückt: von Dir gehütete Beute./ Die mit der Waffen Gewalt das inselgesegnete Land heimgesucht, trugen zur Uniform Hölderlin im Tornister./ Kaum noch geduldetes Land, dessen Obristen von Dir einst als Bündnispartner geduldet wurden. / Rechtloses Land, dem der Rechthaber Macht den Gürtel enger und enger schnallt./ Dir trotzend trägt Antigone Schwarz und landesweit kleidet Trauer das Volk, dessen Gast Du gewesen./ Außer Landes jedoch hat dem Krösus verwandtes Gefolge alles, was gülden glänzt gehortet in Deinen Tresoren. / Sauf endlich, sauf! schreien der Kommissare Claqueure, doch zornig gibt Sokrates Dir den Becher randvoll zurück. / Verfluchen im Chor, was eigen Dir ist, werden die Götter, deren Olymp zu enteignen Dein Wille verlangt.

(Poema publicado el 26 de mayo de 2012, en el periódico 'Sueddeutsche Zeitung", en Múnich, Alemania)

Es el poema de un viejo alemán decepcionado con su país y con Europa, que denuncia el sufrimiento y las presiones a las que se está sometiendo a Grecia.
Quiere recordarnos que los nazis invadieron Grecia en la Segunda Guerra Mundial (después de que los italianos fracasaran), y que ahora muchos alemanes la quieren fuera del euro, junto a algunos en los mercados que seguramente ya están haciendo dinero con esta especulación. Que otros europeos expoliaron los bienes culturales de la antigüedad griega, que lucen hoy en el Museo Británico en Londres, o en el de Pérgamo en Berlín. Que aquella tierra es la cuna de la filosofía  e inventora de la democracia. Que en nombre de la seguridad, como nos pasó a los españoles, los aliados de la OTAN dieron por buena la dictadura de los coroneles. Y que ahora quieren condenarla a que se suicide, como a Sócrates.
Pero también nos recuerda que Europa sería menos sin Grecia. Y que, si los griegos lo quieren, podrán proseguir su sueño europeo. En realidad no trata de la vergüenza de Europa, sino de la falta de ella.
Günter Grass (Danzig, 1927) se hizo escritor después de haber recibido una sólida formación como escultor y dibujante. En 1999 recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Su obra comprende poemas, dramas, y sobre todo, novelas. El tambor de hojalata, una de las cumbres de la literatura europea contemporánea, compone junto con Años de perro y El gato y el ratón, la famosa «Trilogía de Danzig». Su fama se ha cimentado sobre estas y otras obras maestras como El rodaballo, Es cuento largo o A paso de cangrejo.
Testigo de su época en permanente lucha contra el silenciamiento del pasado, entre su producción de carácter ensayístico y autobiográfico destacan Mi siglo, Del diario de un caracol, Cinco decenios, su controvertida Pelando la cebolla y La caja de los deseos.

Un poema de Hölderlin

Gedichte - Poesia: Friedrich Hölderlin - (Was ist der Menschen Leben?...) - (¿Qué es la vida de los hombres?...) - Deutsche Español - Link

(Was ist der Menschen Leben?...)

Was ist der Menschen Leben? ein Bild der Gottheit.
Wie unter dem Himmel wandeln die Irdischen alle, sehen
Sie diesen. Lesend aber gleichsam, wie
In einer Schrift, die Unendlichkeit nachahmen und den /Reichtum
Menschen. Ist der einfältige Himmel
Denn reich? Wie Blüten sind ja
Silberne Wolken. Es regnet aber von daher
Der Tau und das Feuchte. Wenn aber
Das Blau ist ausgelöschet, das Einfältige, scheint
Das Matte, das dem Marmelstein gleichet, wie Erz,
Anzeige des Reichtums.
   

(¿Qué es la vida de los hombres?...)

¿Qué es la vida de los hombres? una imagen de la divinidad.
Cuando los mortales todos peregrinan bajo el cielo,
lo ven. Mas leyendo, por decirlo así, como
en una escritura, imitan los hombres la infinitud
y la riqueza. Es el cielo ingenuo
pues, rico? Como flores están por cierto
las plateadas nubes. Mas llueve de ellas
el rocío y la humedad. Cuando el azul, sin embargo,
se apaga, lo ingenuo, brilla
lo mate, que se asemeja al mármol, como el metal,
indicio de riqueza.
Translated by Héctor Piccoli
Gedichte - Poesia: Friedrich Hölderlin - (Was ist der Menschen Leben?...) - (¿Qué es la vida de los hombres?...) - Deutsche Español - Link


Tuesday, December 18, 2012

Ithaca by Kavafis

Ithaca

Original Greek English Translation
Σὰ βγεῖς στὸν πηγαιμὸ γιὰ τὴν Ἰθάκη,
νὰ εὔχεσαι νά ῾ναι μακρὺς ὁ δρόμος,
γεμάτος περιπέτειες, γεμάτος γνώσεις.
Τοὺς Λαιστρυγόνας καὶ τοὺς Κύκλωπας,
τὸν θυμωμένο Ποσειδῶνα μὴ φοβᾶσαι,
τέτοια στὸν δρόμο σου ποτέ σου δὲν θὰ βρεῖς,
ἂν μέν᾿ ἡ σκέψις σου ὑψηλή, ἂν ἐκλεκτὴ
συγκίνησις τὸ πνεῦμα καὶ τὸ σῶμα σου ἀγγίζει.
Τοὺς Λαιστρυγόνας καὶ τοὺς Κύκλωπας,
τὸν ἄγριο Ποσειδῶνα δὲν θὰ συναντήσεις,
ἂν δὲν τοὺς κουβανεῖς μὲς στὴν ψυχή σου,
ἂν ἡ ψυχή σου δὲν τοὺς στήνει ἐμπρός σου.
Νὰ εὔχεσαι νά ῾ναι μακρὺς ὁ δρόμος.
Πολλὰ τὰ καλοκαιρινὰ πρωινὰ νὰ εἶναι
ποῦ μὲ τί εὐχαρίστηση, μὲ τί χαρὰ
θὰ μπαίνεις σὲ λιμένας πρωτοειδωμένους.
Νὰ σταματήσεις σ᾿ ἐμπορεῖα Φοινικικά,
καὶ τὲς καλὲς πραγμάτειες ν᾿ ἀποκτήσεις,
σεντέφια καὶ κοράλλια, κεχριμπάρια κ᾿ ἔβενους,
καὶ ἡδονικὰ μυρωδικὰ κάθε λογῆς,
ὅσο μπορεῖς πιὸ ἄφθονα ἡδονικὰ μυρωδικά.
Σὲ πόλεις Αἰγυπτιακὲς πολλὲς νὰ πᾷς,
νὰ μάθεις καὶ νὰ μάθεις ἀπ᾿ τοὺς σπουδασμένους.
Πάντα στὸ νοῦ σου νά ῾χεις τὴν Ἰθάκη.
Τὸ φθάσιμον ἐκεῖ εἶν᾿ ὁ προορισμός σου.
Ἀλλὰ μὴ βιάζεις τὸ ταξίδι διόλου.
Καλλίτερα χρόνια πολλὰ νὰ διαρκέσει.
Καὶ γέρος πιὰ ν᾿ ἀράξεις στὸ νησί,
πλούσιος μὲ ὅσα κέρδισες στὸν δρόμο,
μὴ προσδοκώντας πλούτη νὰ σὲ δώσει ἡ Ἰθάκη.
Ἡ Ἰθάκη σ᾿ ἔδωσε τ᾿ ὡραῖο ταξίδι.
Χωρὶς αὐτὴν δὲν θά ῾βγαινες στὸν δρόμο.
Ἄλλα δὲν ἔχει νὰ σὲ δώσει πιά.
Κι ἂν πτωχικὴ τὴν βρεῖς, ἡ Ἰθάκη δὲν σὲ γέλασε.
Ἔτσι σοφὸς ποὺ ἔγινες, μὲ τόση πεῖρα,
ἤδη θὰ τὸ κατάλαβες οἱ Ἰθάκες τὶ σημαίνουν.
When you set sail for Ithaca,
wish for the road to be long,
full of adventures, full of knowledge.
The Lestrygonians and the Cyclopes,
an angry Poseidon — do not fear.
You will never find such on your path,
if your thoughts remain lofty, and your spirit
and body are touched by a fine emotion.
The Lestrygonians and the Cyclopes,
a savage Poseidon you will not encounter,
if you do not carry them within your spirit,
if your spirit does not place them before you.
Wish for the road to be long.
Many the summer mornings to be when
with what pleasure, what joy
you will enter ports seen for the first time.
Stop at Phoenician markets,
and purchase the fine goods,
nacre and coral, amber and ebony,
and exquisite perfumes of all sorts,
the most delicate fragances you can find.
To many Egyptian cities you must go,
to learn and learn from the cultivated.
Always keep Ithaca in your mind.
To arrive there is your final destination.
But do not hurry the voyage at all.
It is better for it to last many years,
and when old to rest in the island,
rich with all you have gained on the way,
not expecting Ithaca to offer you wealth.
Ithaca has given you the beautiful journey.
Without her you would not have set out on the road.
Nothing more does she have to give you.
And if you find her poor, Ithaca has not deceived you.
Wise as you have become, with so much experience,
you must already have understood what Ithacas mean.
A reading of this can be heard at the George Barbanis website

La disección [La autopsia] de Georg Heym

The Dissection

Translated from the German by Gio Clairval

Georg Heym (1887– 1912) was a German poet and playwright who also wrote one novel. Heym believed in the idea of the “demon city,” which symbolized his repudiation of romanticism in the midst of the rise of industrialism and repressive systems. Still, he lived a wild and passionate life, accompanied by depression and restlessness. In 1910 he dreamed of a death by drowning and two years later fell through the ice while skating. “The Dissection” (1913) is more prose-poem than story in its luminous reverie.
We are pleased to present this new translation by Gio Clairval from The Weird compendium, our 750,000-word anthology published in North America this week by Tor Books. The translation corrects errors in prior versions, including the use of “The Autopsy” as the title. It also keeps the intended repetition of certain words like “white.” Master of the weird Thomas Ligotti has called it one of his favorite tales. – Ann & Jeff VanderMeer
***
The dead man lay alone and naked on a white cloth, surrounded by depressing white walls, in the cruel sobriety of a wide dissection room that seemed to shiver with the screams of an endless torture.
The light of noon bathed him and awakened the dead spots on his forehead; conjured up a bright green from his naked belly, bloating his body as if it were a sack of water.
His body resembled the iridescent cup of some gigantic flower, a mysterious plant from Indian primeval forests that someone had shyly laid at the altar of death.
Splendid reds and blues sprouted down his limbs, and in the heat the large wound under his navel slowly split open like a red furrow, releasing a foul stench.
The doctors entered. Friendly men in frayed white coats and gold-rimmed pince-nez. They stepped up to the dead man and observed him with interest, as if at a scientific meeting.
From their white cabinets they took out dissecting instruments, white crates full of hammers, saws with sharp teeth, files, hideous sets of tweezers, knives with large saw teeth as crooked as vultures’ beaks forever screaming for flesh.
They began their revolting work. They resembled hideous torturers, blood flowing on their hands as they dug ever more deeply into the frigid corpse and pulled out its innards, like white cooks gutting a goose. Around their arms coiled the intestines, green-yellow snakes, and faeces dripped on their coats, a warm, putrid fluid. They punctured the bladder, the cold urine in it glistening like yellow wine. They poured it into large bowls, and it reeked of pungent, acrid ammonia. But the dead man slept. He patiently let them tug at him and pull his hair. He slept.
And while the thumping of hammers resounded on his skull, a dream, a remnant of love awoke in him, like a torch shining in his personal night.
Outside the tall window stretched a wide sky filled with small white clouds that swam like small, white gods in the light of that silent afternoon. And swallows darted high across the blue, feathers quivering in the warm sun of July.
The dead man’s black blood streamed across the blue putrefaction on his forehead. In the heat, it evaporated into an awful cloud, and the decay of death crept over him with its dappled claws. His skin began to flake apart; his belly turned white like that of an eel under the greedy fingers of the doctors, who plunged their arms up to the elbows in the wet flesh.
The decay pulled apart the mouth of the dead man. He seemed to smile. He dreamed of beatific stars, of a fragrant summer evening. His rotting lips trembled as though under a brief kiss.
How I love you. I have loved you so much. Should I say how I love you? As you strolled across poppy fields, a flower of flames yourself, you swallowed the entire evening. And the dress that billowed around your ankles was a wave of fire in the setting sun. But you bowed your head in the light, hair still burning, inflamed by my kisses.
So you went down there, turning to look back at me as you walked away. And the lantern swayed in your hand like the glow of a rose lasting in the twilight long after you were gone.
I’ll see you again tomorrow. Here, under the window of the chapel, here, where the light of the candles falls about you, making your hair a golden forest, and daffodils nestle around your ankles, tenderly, like tender kisses.

I will see you again every evening in the hour of dusk. We will never part. How I love you! Should I tell you how I love you?”
And the dead man quivered in happiness on his white death table, while the iron chisels in the hands of the doctors broke open the bones of his temple.

Preparation For The Funeral Aka The Autopsy By Paul Cezanne French, 1839-1906 




Imagery in Translation: Georg Heym’s The Dissection


NewImage
De Re Anatomica (1559). Image: Wikipedia
They began their revolting work. They resembled hideous torturers, blood flowing on their hands as they dug ever more deeply into the frigid corpse and pulled out its innards, like white cooks gutting a goose. Around their arms coiled the intestines, green-yellow snakes, and faeces dripped on their coats, a warm, putrid fluid. They punctured the bladder, the cold urine in it glistening like yellow wine. They poured it into large bowls, and it reeked of pungent, acrid ammonia. But the dead man slept. He patiently let them tug at him and pull his hair. He slept.
– Georg Heym, The Dissection (1913). Translated by Gio Clairval
This is not the sort of thing I would usually read. It’s not the kind of imagery I particularly enjoy. But Georg Heym’s The Dissection is one of the most beautiful pieces I’ve ever read.
And to be fair, the subject matter is a benign kind of gruesome, if that makes sense: only an autopsy, not a murder, not cannibal revenants, not The Texas Chainsaw Massacre. I read this piece in the anthology The Weird, edited by Ann and Jeff VanderMeer. The VanderMeers have generously put the entirety of The Dissection online, on their website Weird Fiction Review.
It sucked me in with the very first sentence: the dead man under a white cloth, in a room with white walls, a room that “seemed to shiver with the screams of an endless torture.” How did Heym make something so banal (well, as banal as a morgue can be) seem so sinister? And so beautiful at the same time? Images of decadent tropical jungles, of warm summer skies — and of love.
Then I wondered — how much of what I’m responding to is Heym, and how much of it is the translator, Gio Clairval? The introduction to the piece tells us that the translation is new (commissioned for The Weird anthology, I assume), to correct “prior errors”, including the English translation of the title (Die Sektion, in German) as “The Autopsy”. So something was lacking in previous English versions, and that matters more with this piece, perhaps, than with other stories of this genre. The Dissection doesn’t have a plot; it’s a vignette (a “prose-poem”, the VanderMeers call it, and Heym was a poet). There isn’t anything to it, beyond its imagery and its idea — namely, that memories can be awakened by the jarrings of the brain of a dead man. The idea is interesting, sure — but you can find other authors who have written actual stories about it, in English, even. Ambrose Bierce’s “Occurrence at Owl Creek Bridge” is one example; Tobias Wolff’s “Bullet in the Brain” (which is an awesome short story, by the way) is another. One can argue that Jorge Luis Borges’ “The Secret Miracle” is an example, in Spanish, as well — though I prefer to think of it as the story of an actual miracle, myself.
And as for the imagery — well, I prefer old-fashioned, understated, M. R. James-style ghost stories to more explicit splattery gory things. So, for me at least, this imagery itself is not enough to draw me in. It’s how the imagery is presented. I’m not in the business of literary translation, but even I can figure out that preserving the imagery — the feeling — in the way the author intended must be the hardest aspect of the job.
I don’t read German, so I can’t definitively answer my own question. If you read German, you can answer it for yourself: the original is available courtesy of Gutenberg.de. However, I did track down a previous translation, from about 1960, entitled The Autopsy. I don’t know who that translator was.
Comparing the two, I can see that the “plot”, such as it is, has been preserved; The Autopsy‘s rhythm doesn’t dance as beautifully, to my ear. I don’t think that I would have been so blown away by The Autopsy as I was by The Dissection.
From what clues I can glean, I would say the The Autopsy is more transliteral. There’s a sentence in the German that goes:
Vor dem großen Fenster tat sich ein großer weiter Himmel auf, gefüllt von kleinen weißen Wölkchen, die in dem Lichte schwammen, in der Nachmittagsstille, wie kleine, weiße Götter.
The Autopsy renders this as:
In front of the large window a great wide sky opened, full of small white clouds that floated in the light, in the afternoon quiet, like small white gods.
Ms. Clairval chose to translate it as:
Outside the tall window stretched a wide sky filled with small white clouds that swam like small, white gods in the light of that silent afternoon.
I think the first translation preserves more of the original word ordering, but the second translation sounds much better in English.
The biggest difference between the two translations is in the description of the doctors who perform the dissection. The Dissection describes them as “Friendly men in frayed white coats and gold-rimmed pince-nez.” The Autopsy describes them as “kindly men in white coats, with duelling scars and gold pince-nez.” Duelling scars? Where did those come from?
Ms. Clairval, in her appreciation of Heym at Weird Fiction Review, admits that the duelling scars (Schmissen) are in the original text. Apparently, duelling (with its resulting scars) was a common, fraternity-type activity among male university students of the time. Hence, the duelling scars might be a kind of credential that the doctors went to the right schools. However, Ms. Clairval decided (based on other aspects of the wording) that schmissen, in the context used, might refer to “rents” — that is, of fabric: well-worn, well-washed, frayed lab coats.
But then again, the author may have wanted to imply both meanings: the down-to-earth frayed coats, and the remainders of ancient duels on the faces of the doctors, now older and wiser (because they wear glasses for near vision).
It’s a small detail, and doesn’t make much difference to the overall effect; still I’m glad that I read Ms. Clairval’s commentary, because it’s interesting to think about that level of meaning, which — if it is really there — doesn’t survive the translation.
And maybe that does answer my question, after all.

UPDATE (Sept 13, 2012): Thanks to lietmotivation for suggesting also the story “Der Irre.” I found a 1979 translation of Heym’s Der Dieb: Ein Novellenbuch as part of Arlene Elizabeth Sture’s 1979 Master’s thesis from McMasters University. Her thesis includes translation and commentary of five short stories, including “Die Sektion” (as “The Post-Mortem”) and “Der Irre” (as “The Madman”). Looking forward to reading this!






Die Sektion - Georg Heym 

Der Tote lag allein und nackt auf einem weißen Tisch in dem großen Saal, in dem bedrückenden Weiß, der grausamen Nüchternheit des Operationssaales, in dem noch die Schreie unendlicher Qualen zu zittern schienen.

Die Mittagssonne bedeckte ihn und ließ auf seiner Stirn die Totenflecken aufwachen; sie zauberte aus seinem nackten Bauch ein helles Grün und blähte ihn auf wie einen großen Wassersack.

Sein Leib glich einem riesigen schillernden Blumenkelch, einer geheimnisvollen Pflanze aus indischen Urwäldern, die jemand schüchtern vor den Altar des Todes gelegt hatte.

Prächtige rote und blaue Farben wuchsen an seinen Lenden entlang, und in der Hitze barst langsam wie eine rote Ackerfurche die große Wunde unter seinem Nabel, die einen furchtbaren Duft ausströmte.

Die Ärzte traten ein. Ein paar freundliche Männer in weißen Kitteln mit Schmissen und goldenen Zwickern.

Sie traten an den Toten heran und sahen ihn sich an, mit Interesse, unter wissenschaftlichen Gesprächen.

Sie nahmen aus den weißen Schränken ihr Sezierzeug heraus, weiße Kästen voll von Hämmern, Knochensägen mit starken Zähnen, Feilen, gräßliche Batterien voll von Pinzetten, kleine Bestecke voll riesiger Nadeln, die wie krumme Geierschnäbel ewig nach Fleisch zu schreien schienen.

Sie begannen ihr gräßliches Handwerk. Sie glichen furchtbaren Folterknechten, über ihre Hände strömte das Blut, und sie tauchten sie immer tiefer in den kalten Leichnam ein und holten seinen Inhalt heraus, weißen Köchen gleich, die eine Gans ausnehmen.

Um ihre Arme wanden sich die Därme, grüngelbe Schlangen, und der Kot troff über ihre Kittel, eine warme, faulige Flüssigkeit. Sie stachen die Blase auf, der kalte Harn schimmerte darin wie ein gelber Wein. Sie schütteten ihn in große Schalen; er stank scharf und beizend wie Salmiak.

Aber der Tote schlief. Er ließ sich geduldig hin-und herzerren, an seinen Haaren hin- und herraufen, er schlief.

Und während die Schläge der Hämmer auf seinem Kopfe dröhnten, wachte ein Traum, ein Rest von Liebe in ihm auf, wie eine Fackel, die hinein in seine Nacht leuchtete.

Vor dem großen Fenster tat sich ein großer weiter Himmel auf, gefüllt von kleinen weißen Wölkchen, die in dem Lichte schwammen, in der Nachmittagsstille, wie kleine, weiße Götter. Und die Schwalben kreisten hoch oben im Blauen, zitternd in der warmen Julisonne.

Das schwarze Blut des Todes rann über die blaue Fäulnis seiner Stirn. Es verdunstete in der Hitze zu einer schrecklichen Wolke, und die Verwesung des Todes kroch mit ihren bunten Krallen über ihn hin. Seine Haut begann auseinander zu fließen, sein Bauch wurde weiß wie der eines Aales unter den gierigen Fingern der Ärzte, die in dem feuchten Fleisch ihre Arme bis an die Ellenbogen badeten.

Die Verwesung zog den Mund des Toten auseinander, er schien zu lächeln, er träumte von einem seligen Gestirn, von einem duftenden Sommerabend. Seine verfließenden Lippen zitterten wie unter einem flüchtigen Kusse.

»Wie ich dich liebe. Ich habe dich so geliebt. Soll ich dir sagen, wie ich dich liebe? Wie du durch die Mohnfelder gingest, selber eine duftende Mohnflamme, hattest du den ganzen Abend in dich getrunken. Und dein Kleid, das um deine Knöchel bauschte, war wie eine Welle von Feuer in der untergehenden Sonne. Aber dein Kopf neigte sich in dem Lichte, und dein Haar brannte noch und flammte von allen meinen Küssen.

So gingest du dahin und sahst dich immer nach mir um. Und die Laterne in deiner Hand schwankte wie eine glühende Rose lange noch fort in der Dämmerung.

Ich werde dich morgen wiedersehen. Hier unter dem Fenster der Kapelle, hier, wo das Licht der Kerzen herausfällt und dein Haar in einen goldenen Wald verwandelt, hier, wo sich die Narzissen an deine Knöchel schmiegen, zärtlich, wie zarte Küsse.

Ich werde dich wiedersehen alle Abende um die Stunde der Dämmerung. Wir werden uns nie verlassen. Wie ich dich liebe! Soll ich dir sagen, wie ich dich liebe?«

Und der Tote zitterte leise vor Seligkeit auf seinem weißen Totentische, während die eisernen Meißel in den Händen der Ärzte die Knochen seiner Schläfe aufbrachen.

No words!

Cioran / Dios y la soledad
Fotografía de Brigitte Niedermair
E. M. Cioran
Dios y la soledad
Si Dios creó el mundo, fue por temor de la soledad; ésa es la única explicación de la Creación. Nuestra razón de ser, la de sus criaturas, consiste únicamente en distraer al Creador. Pobres bufones, olvidamos que vivimos dramas para divertir a un espectador cuyos aplausos todavía nadie ha oído sobre la tierra… Y si Dios ha inventado a los santos —como pretexto de diálogo— ha sido para aliviar aún más el peso de su aislamiento.
         Por lo que a mí respecta, mi dignidad exige que Le oponga otras soledades, sin las cuales yo sólo sería un payaso más.
E. M. Cioran
De lágrimas y de santos
Barcelona, Tusquets, 1998

Monday, December 17, 2012

Exégesis impresionante y sucinta

José Manuel Arango / Hölderlin

José Manuel Arango
quizá la locura
es el castigo

para el que viola un recinto secreto
y mira los ojos de un animal
terrible
José Manuel Arango
Este lugar de la noche
Medellín, Edición de autor, 1973

José Manuel Arango / Hölderlin


Deangel
On A Blue Cross

HÖLDERLIN
By José Manuel Arango

perhaps madness
is the punishment

for he who violates a secret precinct
and looks in the eyes of a terrible
animal

Sunday, December 2, 2012

A poem by Hölderlin

lunes, diciembre 03, 2012

"En el silencio", de Friedrich Hölderlin

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio



Ahí, en la sombra de la quebrada de un bosque engalanado
Saboreo, dormitando bajo las rosas,
La embriaguez de la fuente de tus dioses,
Abanicado por el aliento de tu amor.
Mira, todavía se está quemando en tu mejilla
Adolescente la ardiente y abrasante pasión,
Lleno está para mí el corazón de cánticos,
Y el ala requiere el ímpetu del águila.

Alcé mis osados sentidos hacia el Hades abajo,
Donde ningún mortal aún te vio,
Agitando su temerario plumaje
Hacia Orión, así estuvieras ahí;
Como se deslizan las corrientes en el vasto mar,
Los tiempos te derriban,
En el seno de la antigua eternidad,
En las profundidades del caos donde habitas.

En el desierto, árido paisaje del asombro,
Donde paciente la inanición de los siluros espera,
En la tierra de las tormentas, donde negras y salvajes
Las montañas miran absortas la fría coraza,
En la noche de verano, en los aires de la mañana,
Suspira tu saludo de hermana en las arboledas,
Sobre horribles tumbas del ligero sueño
La predilecta fortalece el beso de tus dioses.

Abanicas descanso en el alma de los héroes
En la sala, cuando comienza la batalla,
Respiras entusiasmo en la cueva,
Donde en la medianoche medita el pensador,
Un ligero sueño goteas sobre la sombría celda,
Que aquel que sufre olvida su pesar,
Sonríes íntima desde el origen de la sombra,
Donde la joven dio su primer beso.

¡Ah! Gotea de ti un dichoso y embriagante desgarro
Y el éxtasis fluyendo por mis huesos,
Millones te construyen altares,
¡No te enojes! ¡También este corazón es tuyo!
Allí, en el valle quiero beber placer,
Retornos al abismo de la sombra
Hasta que los brazos de la diosa hagan una más íntima señal
Hasta que a la novia la llame un silencioso vínculo.

Ningún intruso se acerca al lugar del ligero sueño,
Fresco y sombrío se está en el sudario,
Sacudida ha sido la cadena de la esclavitud,
Un susurro de mayo será maldición de una tormenta;
Más hermoso murmura el lento torrente de los tiempos,
Anillos oscurecidos por un enjambre de preocupaciones;
Como un sueño se desvanecen eternidades,
Duerme el joven con su novia en brazos.











Dedicada por encargo a Hugo Mujica.
Agradecimientos por las visiones y correcciones a Katherina Hochberger.








An die Stille

Dort im waldumkränzten Schattentale / Schlürft' ich, schlummernd unterm Rosenstrauch, / Trunkenheit aus deiner Götterschale, / Angeweht von deinem Liebeshauch. / Sieh, es brennt an deines Jünglings Wange / Heiß und glühend noch Begeisterung, / Voll ist mir das Herz vom Lobgesange, / Und der Fittig heischet Adlerschwung. // Stieg ich kühnen Sinns zum Hades nieder, / Wo kein Sterblicher dich noch ersah, / Schwänge sich das mutige Gefieder / Zum Orion auf, so wärst du da; / Wie ins weite Meer die Ströme gleiten, / Stürzen dir die Zeiten alle zu, / In dem Schoß der alten Ewigkeiten, / In des Chaos Tiefen wohntest du. // In der Wüste dürrem Schreckgefilde, / Wo der Hungertod des Wallers harrt, / In der Stürme Land, wo schwarz und wilde / Das Gebirg' im kalten Panzer starrt, / In der Sommernacht, in Morgenlüften, / In den Hainen weht dein Schwestergruß, / Über schauerlichen Schlummergrüften / Stärkt die Lieblinge dein Götterkuß. // Ruhe fächelst du der Heldenseele / In der Halle, wann die Schlacht beginnt, / Hauchst Begeist'rung in der Felsenhöhle, / Wo um Mitternacht der Denker sinnt, / Schlummer träufst du auf die düstre Zelle, / Daß der Dulder seines Grams vergißt, / Lächelst traulich aus der Schattenquelle, / Wo den ersten Kuß das Mädchen küßt. // Ha! dir träuft die wonnetrunkne Zähre / Und Entzückung strömt in mein Gebein, / Millionen bauen dir Altäre, / Zürne nicht! auch dieses Herz ist dein! / Dort im Tale will ich Wonne trinken, / Wiederkehren in die Schattenkluft, / Bis der Göttin Arme trauter winken, / Bis die Braut zum stillen Bunde ruft. // Keine Lauscher nahn der Schlummerstätte, / Kühl und schattig ists im Leichentuch, / Abgeschüttelt ist die Sklavenkette, / Maigesäusel wird Gewitterfluch; / Schöner rauscht die träge Flut der Zeiten, / Rings umdüstert von der Sorgen Schwarm; / Wie ein Traum verfliegen Ewigkeiten, / Schläft der Jüngling seiner Braut im Arm.

Wednesday, November 21, 2012

Cinco poemas de Fadwa Tuqan

© Versiones de Juan Carlos Villavicencio sobre diversas traducciones al inglés




A Cristo

Señor, gloria de los universos
Este año en tu cumpleaños
Toda la alegría de Jerusalén ha sido crucificada
¡Todas las campanas, Oh Señor
Están en silencio!
Por dos mil años,
No han estado en silencio en tus cumpleaños,
A excepción de este año
Las cúpulas ahora están de luto
Lo negro está envuelto en negro
En la Vía Dolorosa,
Jerusalén es azotado
Bajo la cruz
Está sangrando
En las manos del verdugo.
El mundo es inflexible ante la tragedia
La luz se ha apartado de ese despiadado maestro perdido
Que no encendió una vela
Que no derramó una sola lágrima
Para lavar las penas de Jerusalén
Los labradores han matado al heredero, Oh Señor,
Y usurpado la vid
Los labradores mataron al heredero, mi Señor
El pájaro del pecado se ha dispersado
Dentro de los pecadores del mundo
Y voló a profanar la castidad de Jerusalén
Qué maldito diablo es,
Odiado incluso por el Diablo.
Oh, Señor, gloria de Jerusalén
Fuera del pozo de agonía
Fuera del abismo
Fuera de los recovecos de la noche
Fuera del horror
El gemido de Jerusalén asciende a ti
Misericordia, Señor
¡Libérale este cáliz!






Siempre viva

Mi querida patria
No importa cuánto tiempo te agite la piedra
Del molino del dolor y la agonía
En el páramo de la tiranía,
Ellos nunca serán capaces
De arrancarte los ojos
O matar tus esperanzas y sueños
O crucificar tu voluntad de levantarte
O de darle valor a la sonrisa de nuestros niños
O destruir y quemar,
Porque fuera de nuestras tristezas profundas,
Fuera de la frescura de nuestra sangre derramada
Fuera de los estremecimientos de la vida y la muerte
La vida va a renacer en ti otra vez…





Dolores de parto

El viento sopla el polen en la noche
a través de las ruinas de hogares y campos.
La tierra se estremece de amor,
con el dolor de dar a luz,
pero el conquistador nos quiere hacer creer
historias de sumisión y rendición.

¡Oh Aurora Árabe!
Dile al usurpador de nuestra tierra
que el parto es una fuerza desconocida para él,
el dolor del cuerpo de la madre,
que la tierra cargada de cicatrices
inaugura vida
en el momento del amanecer
cuando la rosa sangrente
florece en la herida.





Mi ciudad está triste

El día en que conocimos la muerte y la traición,
se recogió la marea,
las ventanas del cielo se cerraron,
y la ciudad contuvo sus respiros.
El día del repliegue de las olas, el día
en el que la pasión abominable abrió la cara,
la esperanza se redujo a cenizas,
y mi triste ciudad fue asfixiada
tragando mientras el dolor.
Sin ecos ni signos,
los niños, las canciones, se perderán a sí mismas.
Mientras se desnudan, cubiertos de sangre los pies,
la tristeza se arrastra por mi ciudad,
un silencio plantado como la monta,
oscuro como la noche
un terrible silencio que transporta
el peso de la muerte y la derrota.
¡Ay, mi triste ciudad enmudecida!

¿Las frutas y el grano pueden por lo tanto ser quemados,
en el tiempo de la cosecha?

¡Doloroso el final de la ruta!





Detrás de sus paredes

Una injusta mano lo ha construido
y permanece de su tamaño
como una eterna miseria.
He visto sus melancólicos muros,
desgastados y deteriorados por las largas centurias, gritando:
¡Tú me quitas la luz y la libertad,
pero no podrás extinguir en mi corazón
la chispa de la esperanza.

Maldito, existirás para sofocar cada sueño
que se regenera en la medida que se alimenta.
Mi corazón nunca dejará de soñar
incluso si esta celda se cerrara para siempre.

Si mil cadenas me atan
tantas fantásticas alas me harán volar.
Maldeciré a cada persona y las de tu futuro por el tiempo que pueda.
Porque no me doblegará, nunca seré silenciado
delante de la furia.

Nunca dejaré de ser libre.
Voy a cantar los deseos de mi espíritu,
incluso si vas a aplastarme con cadenas.
Mi canción manará a raudales desde el fondo.

Saturday, November 3, 2012

Poemas de Wislawa Szymborska

ADOLESCENTE

¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?

¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?

Hay tantas diferencias entre nosotras
que probablemene sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.

Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.

Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.

Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.
Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.

Yo sé mucho más,
pero, a cambio, sin ninguna seguridad.
Me muestra unos poemas
escritos con una letra cuidada, clara,
que no tengo ya desde hace tiempo.

Leo y leo esos poemas.

A lo mejor este de aquí,
si lo acortáramos,
y lo corrigiéramos en un par de lugares.
El resto no augura nada bueno.

La conversación no fluye.

En su pobre reloj
el tiempo es barato e impreciso.
En el mío mucho más caro y exacto.

Al despedirnos nada, una especia de sonrisa
y ninguna emoción.

Sólo cuando desaparece
y olvida con las prisas la bufanda.

Una bufanda de pura lana virgen,
a rayas de colores,
hecha a ganchillo
por nuestra madre para ella.
Todavía la conservo.

IDEA 

Me vino a la cabeza una idea
¿para un verso?, ¿un poema?
Muy bien - le digo -, quédate, hablemos.
Tienes que contarme más de ti.

Ella me murmura algo al oído.

Ah, se trata de eso - le digo -, interesante.
Desde hace mucho me preocupa ese asunto.
¿Pero un poema sobre eso? No, seguro que no.

Ella me murmura algo al oído.

Eso es lo que tú crees - le respondo-,
sobrestimas mi capacidad y mi talento.
Ni siquiera sabría cómo empezar.

Ella me murmura algo al oído.

Te equivocas - le digo -, un poema concentrado y breve
es más difícil de escribir que uno largo.
No me tortures, no insistas, porque no va a salir bien.

Ella me murmura algo al oído.

Como quieras, lo voy a intentar, ya que te empeñas.
Pero de antemano te digo lo que va a pasar.
Ya verás, lo escribo lo rompo y lo tiro a la basura.

Ella me murmura algo al oído.

Tienes razón - le digo -, finalmente hay más poetas.
Otros lo harán mejor que yo.
Te puedo dar nombres, direcciones.

Ella me murmura algo al oído.

Sí, claro que los voy a envidiar.
Nosotros nos envidiamos hasta los malos poemas.
Y éste quizá debería… quizá debe tener…

Ella me murmura algo al oído.

Exactamente, tener esos rasgos que enumeras.
Así que mejor cambiemos de tema.
¿Te apetece un café?

Ella solamente suspira.
Comienza a desaparecer.
Y desaparece.

DIVORCIO

Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía - de acuerdo, llévate lo que quieras.
Peor para la enciclopedia y el vídeo,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción “y”,
o ya separarlos con un punto.



Gracias a la editorial Bartleby, los lectores hispanos podemos leer la mejor poesía que se hace en Europa no sólo en versión bilingüe, sino de modo coetáneo. Es el caso del delicioso libro de la premio Nobel Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923) Aquí.
Bartleby ha publicado la magnífica traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia en 2009, el mismo año de lanzamiento del libro en las librerías polacas. Por cortesía de la editorial, recogemos en nuestra Sombra tres poemas del libro.
En ellos se puede disfrutar el peculiar humor de la autora, así como su capacidad de hacer sentir imaginativas y múltiples perspectivas sobre cada realidad. Toda una invitación (gracias, Nieves) a seguir leyendo a la genial Szymborska.

Saturday, October 13, 2012

Four mysteries!



Sea... Earth... Heaven... and Woman...
Really, I mean it!, size doesn't matter!
Just close your eyes
And they will talk to you!

ODA SOBRE UNA URNA GRIEGA, de JOHN KEATS

I
Oh, tú, intacta aún esposa de la calma;
oh, tú, hija adoptiva del silencio y del tiempo remansado;
rústica historiadora, que a tu manera cuentas,
con más dulzura que la poesía, un frondoso relato:
¿Qué leyenda, con hojas adornada, en torno tuyo ronda?
¿Sus figuras son dioses, mortales, o ambas cosas?
¿En Tempe están o en valles de la Arcadia?
¿Qué hombres o dioses muestras? ¿Qué doncellas esquivas?
¿Qué loco perseguir? ¿Qué afán por escapar?
¿Qué flautas y tambores? ¿Qué impetuoso éxtasis?
II
La melodía oída siempre es dulce, pero cuánto más dulce
es la que no se oye. Seguid sonando, pues, sutiles flautas;
no ya para el oído, sino, más apreciadas,
tocad para el espíritu vuestras mudas canciones.
Bello joven, debajo de los árboles, jamás podrá cesar
tu música, y jamás se quedarán sin hojas esas frondas;
ansioso amante, no podrás besar
-casi, casi rozándola- a tu amada, pero no te lamentes:
ella conservará toda su luz y, aunque tú no la alcances,
por siempre la amarás, será hermosa por siempre.
III
Oh, felices ramajes, que no podéis dejar
vuestras hojas caer ni despediros de la primavera;
oh, músico dichoso, infatigable,
que sin cesar entonas melodías que suenan siempre nuevas;
oh, más dichoso amor, amor feliz, feliz,
eternamente ardiente sin ser nunca gozado,
anhelante por siempre y siempre joven:
viviendo siempre por encima de la pasión humana,
que deja el corazón triste, hastiado,
encendida la frente y abrasada la lengua.
IV
¿Quiénes son estos yendo al sacrificio?
¿Hacia qué verde altar, misterioso oficiante,
conduces a esa res que muge al cielo,
cubiertos con guirnaldas sus suavísimos lomos?
¿Qué pueblo junto a un río o junto al mar,
o erigido en un monte, con tranquilas murallas,
esta pía mañana se ha quedado vacío de su gente?
Tus calles siempre, pueblo diminuto,
seguirán en silencio, y ni una sola alma
regresará a decirte por qué estás desolado.
V
¡Oh, ática figura! ¡Hermosa imagen! Hombres y doncellas
que nacieron del mármol, labrados al detalle,
entre boscosas ramas y pisada hojarasca.
Tú, silenciosa forma, logras ensimismarnos
como la eternidad. ¡Oh, fría pastoral!
Cuando la edad consuma a esta generación,
seguirás siendo, en medio de lamentos
distintos a los nuestros, de los hombres amiga, a los que dices:
«La belleza es verdad, la verdad es belleza». Eso es todo
lo que sabéis vosotros en la tierra. Y nada más necesitáis saber.









«Belleza y verdad» Edición y traducción de Lorenzo Oliván.  Ed. Pre-textos. Valencia, 2010.