Saturday, October 3, 2015

El hombre que predijo la caída de la industria musical

  • 3 octubre 2015
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Image caption Éste es el hombre: Jacques Attali.
A diferencia de sus predecesores del siglo XX, es improbable que los músicos de hoy en día se vuelvan ricos vendiendo discos... y hubo un hombre que predijo que así sería cuando era impensable que eso pasara.
En 1976, la industria musical parecía indestructible.
ABBA, los Beach Boys y Rod Stewart vendían montañas de discos y las cosas sólo podían mejorar.
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Image caption Con "Ruido", Attali alertó sobre el fin de la era de oro de la industria musical. ¿Qué piensa ahora?
Las ventas crecieron casi sin control hasta 1999, el año más rentable de la historia de la industria.
Pero con el cambio de siglo llegó la web y MP3, y los ingresos colapsaron: un cambio sísmico que nadie había anticipado.
¿Nadie? Bueno, no exactamente.
También en 1976, un erudito francés llamado Jacques Attali escribió un libro que predijo esa crisis con una precisión asombrosa.
Se llamaba "Ruido: la economía política de la música", y en él llamó a la turbulencia que se avecinaba "la crisis de proliferación".
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Pronto, dijo, vamos a tener tal cantidad de música grabada que cesará de tener valor... y, ponte a pensar, ¿cuándo fue la última vez que pagaste US$15 por un álbum?

Música, poder y dinero

Como soy cantante y compositor, me intrigó que Attali hubiera acertado en todo lo que escribió años antes de que ocurriera, por lo que decidí ir a verlo.
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Image caption Carlomagno hizo cantar a las masas para unir a su reino.
"Fue un libro extraño, sobre un tema extraño", me dijo en su hogar en París. A sus 70 años sigue siendo un pensador y escritor prolífico.
Para entender cómo logró predecir la "crisis de proliferación", uno tiene que entender la teoría que presentó en su libro.
La música, el dinero y el poder están todos estrechamente entrelazados, escribió, e históricamente han tenido una relación díscola.
Los poderosos a menudo han utilizado la música para tratar de controlar a la gente.
En el siglo IX, por ejemplo, el emperador Carlomagno impuso a la fuerza la práctica de cantos gregorianos para "forjar la unión cultural y política de su reino".
Mucho después, el capitalismo y las carteleras de música pop le abrieron a los magnates de la industria la posibilidad de usar la música para extraer grandes cantidades de dinero de la gente.

El lado B de este disco

No obstante, la música también puede usarse para subvertir el poder y socavar el status quo.
El rock'n'roll de los años 50, por ejemplo, ayudó a subvertir un montón de convenciones sociales.
Esa tensión fue lo que llevó a Attali a concluir que los ejecutivos de la industria no podrían controlar la manera en la que adquiríamos la música para siempre.
Cuando nos inundaran con más música de la que podríamos escuchar en la vida, argumentó, el modelo eventualmente colapsaría.
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Image caption Es cuestión de oferta y demanda... escasez y abundancia.
Esa "crisis de proliferación", como sabemos, efectivamente se dio.
Fantástico para los oyentes, algunos dirán, pero difícil para los músicos que solían depender de la venta de la música grabada para vivir.
"Nos estamos ahogando en música", dice George Ergatoudis, director de música de BBC Radio 1. Y ganar lo suficiente en "época de abundancia" es problemático.

El futuro al ritmo de la música

Attali también tuvo otra gran idea.
En su opinión, la música -o la industria musical- forjan un sendero por el que el resto de la economía caminará.
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Image caption La música es un indicador de tendencias.
Lo que le ha pasado y le está pasando a la música ayuda a predecir el futuro.
Cuando los músicos del siglo XVIII -como el compositor Handel- empezaron a vender boletos para sus conciertos, en vez de competir por el patronato real, estaban pisando un terreno económico nuevo, escribió Attali.
Estaban marcando el fin del feudalismo y el principio de un nuevo sistema de capitalismo.
En todos los períodos de la historia, señala Attali, los músicos han estado en la vanguardia del desarrollo económico.
Debido a que la música es muy importante para nosotros pero también muy adaptable, es uno de los primeros lugares en los que podemos ver la aparición de nuevas tendencias.

¿Qué va a pasar entonces?

Si la música realmente predice el futuro del resto de la economía, ¿qué piensa Attali que nos está anticipando?
En opinión del erudito, la manufactura sufrirá una crisis idéntica a la de la industria musical, en este caso causada por la impresión 3D.
"Con la impresión en 3D, la gente podrá imprimir sus propias tazas, muebles...", indica.
"Todos harán sus propios objetos, de la misma manera en la que están haciendo su propia música".
Los prototipos de los objetos pueden ser copiados y compartidos en línea -igual que los archivos de música digital- y luego ser impresos en casa, por un precio módico.
De hecho, eso ya está ocurriendo, y algunos de ellos están en Pirate Bay, el sitio web que se convirtió en el destino favorito de la gente que quería copiar enormes cantidades de música -gran parte ilegal- hace más o menos una década.
"Apenas hay unos pocos cientos de prototipos en Pirate Bay en este momento, desde repuestos para autos hasta pistolas y juguetes", dice el cofundador del sitio Tobias Andersson.
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Image caption Desde armas hasta juguetes se pueden imprimir ya usando prototipos que se consiguen en la red... pero eso es sólo el principio.
"Pero en unos años imprimir y escanear algo será un proceso rápido. Para entonces habrá prototipos de casi todo lo que uno puede visualizar en internet".
"Todas las industrias que distribuyen objetos estará en la misma situación en la que la industria de la música ha estado en los últimos 10 años. No creo que la mayoría de ellas comprende la inmensidad de lo que está por venir... y está viniendo rápido".

¿Alguna tabla de salvación?

Le pregunté a Attali si artistas como yo, tenemos alguna esperanza.
"Lo único escaso es el tiempo", respondió el profeta.
Así me recordó que como el tiempo no se puede copiar, vender experiencias en vivo -como conciertos- deben mantener su valor.
De manera que no tengo que irme a buscar trabajo en un banco... aún quedan esperanzas.
O quizás el amable visionario es demasiado cortés como para decirme otra cosa.
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El profeta y el cantante pop

Jacques Attali es un renombrado economista, filósofo y asesor político, autor de más de 60 libros. Fue el arquitecto del ascenso al poder del presidente Francois Mitterrand, organizador de la cumbre del G7 de 1987 y el primer presidente del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo.
Sam York ha cantado con artistas como Tom Jones, Ed Sheeran, Jessie J, Dave Gilmour, Ronan Keating y Jack Bruce, y ha sido artista residente en el famoso club de jazz Ronnie Scott como guitarrista, pianista y vocalista. Ahora está lanzando su carrera como cantante y compositor.

habla la Dra. Francesca Stavrakopoulou

¿Estamos programados para creer en un Dios?

  • 3 abril 2015



La religión -la creencia en seres sobrenaturales, incluidos dioses y fantasmas, ángeles y demonios, almas y espíritus- se encuentra a lo largo de la historia y en todas las culturas.
La evidencia de la suposición de la existencia de una vida de ultratumba data de hace al menos 50.000 a 100.000 años atrás.
Cada cultura humana conocida tiene su mito de la creación, con la posible excepción del pueblo amazónico Pirahã, que tampoco cuenta con palabras para los números, colores y jerarquía social.
Es difícil conseguir datos exactos sobre el número de creyentes hoy en día, pero algunas encuestas sugieren que hasta el 84% de la población mundial es miembro de grupos religiosos o dice que la religión es importante en su vida.
Vivimos en una época de acceso sin precedentes al conocimiento científico, que algunos consideran que no concuerda con la fe religiosa. Entonces, ¿por qué la religión es tan omnipresente y persistente?
Psicólogos, filósofos, antropólogos y hasta neurocientíficos han sugerido posibles explicaciones de nuestra predisposición natural a creer, y para el poderoso papel que la religión parece jugar en nuestras vidas emocionales y sociales.

Muerte, cultura y poder

Las actividades religiosas más tempranas aparecieron como respuesta a cambios corporales, físicos o materiales en el ciclo de la vida humana, principalmente la muerte.

Image caption Antiguos círculos de piedra, como éste, eran espacioes en los que los vivos y los muertos se reunían.
Los rituales de duelo son una de las formas más antiguas de experiencia religiosa. Muchos de nuestros ancestros no creían que la muerte era necesariamente el final de la vida. Era una transición. Algunos creían que los difuntos y otros espíritus podían ver lo que pasaba en este mundo y hasta tenían cierta influencia en los eventos que ocurrían.
Esa es una noción verdaderamente poderosa. La idea de que los muertos o hasta los dioses están con nosotros y pueden intervenir en nuestras vidas es reconfortante, pero también nos lleva a ser muy cuidadosos con lo que hacemos.
Los humanos somos esencialmente seres sociales y por ello vivimos en grupos; como grupos sociales tendemos a la jerarquía, y la religión no es una excepción. Cuando hay un sistema jerárquico, hay un sistema de poder, y en un grupo social religioso, esa jerarquía localiza a su miembro más poderoso en la cima: la deidad - Dios.
Es frente a Dios que tenemos que rendir cuentas.
Hoy en día, la religión y el poder siguen conectados.
Estudios recientes muestran que recordar a Dios nos hace más obedientes.
Hasta en sociedades que han tratado de reprimir la fe, surgieron cosas que tomaron su lugar, como el culto a un líder o al Estado. Entre menos estable política y económicamente sea un país, más probable es que la gente busque refugio en la religión. Los grupos religiosos a menudo pueden ofrecer el apoyo que los Estados no proveen a quienes se siente marginalizados.
Así que factores sociales ayudan a desarrollar y reforzar la fe religiosa, así como lo hace la manera en la que nos relacionamos con el mundo y con los demás.

Dioses como otras mentes


Image caption Neptuno era el dios romano del mar. Cuando había una tormenta, se creía que estaba furioso. Era un dios con temperamento humano.
En todas las culturas, los dioses son esencialmente personas, hasta cuando tienen otras formas o carecen de forma física.
En la actualidad, muchos psicólogos piensan que creer en dioses es una extensión de nuestro reconocimiento, como animales sociales, de la existencia de otros, y de nuestra tendencia a ver el mundo en términos humanos.
Proyectamos pensamientos y sentimientos humanos en otros animales y en objetos, e incluso en fuerzas naturales, y esta tendencia es una piedra fundamental de la religión.
Es una idea antigua, que se remonta al filósofo griego Jenófanes, a quien se le cita argumentando que si los animales pudieran pintar, representarían a los dioses con formas animales.
De manera que la creencia religiosa puede estar fundada en nuestros patrones de pensamiento y cultura humana. Algunos científicos, sin embargo, han ido un paso más allá y han escaneado nuestros cerebros en busca del legendario "punto Dios".

Dios en el cerebro

Los neurocientíficos han tratado de comparar los cerebros de creyentes y escépticos, y de observar qué pasa en nuestros cerebros cuando rezamos o meditamos. Se sabe muy poco en este campo pero hay algunas pistas. Haz clic en cada área del cerebro para enterarte.






Nuestros cerebros cambian a lo largo de la vida, a medida que nos desarrollamos y experimentamos cosas nuevas. Virtualmente todas las partes de nuestro cerebro están involucradas en todo lo que hacemos y experimentamos, así que no sólo no existe un "punto Dios", sino que no hay un punto específico del cerebro dedicado a sólo una cosa.
Hay algo que sí sabemos: el cerebro humano es el más avanzado del mundo animal, y el único con una maravillosa capacidad: la de darle sentido a la realidad.

Poniéndole puntuación a la vida

A menudo se habla del cerebro como una máquina de significado. En la medida en la que estamos constantemente buscando patrones, estructuras y relaciones de causa-efecto, la religión puede proveer una variedad de estrategias para dar significado.
Las creencias religiosas le ayudan a los humanos a ordenar y encontrarle el sentido a sus vidas. Y los rituales en particular pueden "darle puntuación" a nuestras vidas, marcando los eventos más cruciales.
Y los rituales son comunes en todos los grupos sociales humanos, incluidos los de ateos.

Image caption Cuando nace un bebé, generalmente hay ya sea un bautizo o una ceremonia para nombrarlo: eso marca la nueva identidad del chico y le da la bienvenida al grupo social.
Aunque ni la neurociencia, ni la antropología y ni siquiera la filosofía tienen la respuesta definitiva a la pregunta "¿Existe Dios?", todas esas disciplinas dan pistas sobre cómo respondemos a nuestras más profundas necesidades humanas.
Quizás no estemos programados para creer en Dios o en un poder sobrenatural, pero somos animales sociales con la necesidad evolutiva de estar conectados con el mundo y con otros.
De pronto las religiones son sencillamente canales para posibilitar tan significativas conexiones.