Saturday, June 28, 2014

HÖLDERLIN: LA NOCHE SAGRADA

6.2.07 [




1.

DEL POETA CRECIDO EN BRAZOS DE LOS DIOSES

En una tierra plena de naturaleza, en Lauffen junto al Neckar ("Despertó entre tus valles a la vida mi corazón"), un año después que Napoleón Bonaparte, con obra en desarrollo de los filósofos Rousseau y Kant y con Goethe y Schiller (los dos grandes escritores clásicos alemanes) en actividad, el mismo año que Beethoven, dos años antes que Novalis (el gran poeta de la noche y el romanticismo),  más precisamente el 20 de marzo de 1770, nació el poeta Johann Christian Friedrich Hölderlin.
Cuando tiene dos años de edad fallece su padre. Su madre se vuelve a casar pero al poco tiempo también muere su padrastro, en 1779, cuando Hölderlin tiene nueve años, por lo que vive doblemente esa orfandad.
"He desplegado mi orfandad como un mapa" dice un verso de un poema de Alejandra Pizarnik que ilustra una carencia (y también un camino) que marcará la vida del poeta. (Consultar "Hölderlin y el problema del padre" de Jean Laplanche).

"Cuando yo era niño
un dios solía salvarme
del griterío y la cólera de los hombres;
entonces jugaba tranquilo y bueno,
con las flores del bosque
y las brisas del cielo
jugaban conmigo(...)

Me daba la bienvenida
la armonía del bosque
y aprendía a amar entre las flores.
He crecido en los brazos de los dioses".

(Fragmento del poema "Cuando yo era niño".)

Tengamos en cuenta que la producción que hará famoso a Hölderlin fue redactada en la primera mitad de su vida. Vivirá el resto de sus años loco,  encerrado por propia voluntad, en la torre de la casa de un carpintero, en un cuarto con vista a las estaciones.
Antes de enloquecer vivirá un amor con Susette Gontard a quien bautizará con el nombre platónico de Diótima.

Destacamos ciertos rasgos de la personalidad del poeta evidenciados desde sus primeros años: la hipersensibilidad, las oscilaciones de carácter y marcada tendencia a una soledad que luego será definitiva. La producción de Hölderlin abarca los poemas de juventud, las grandes elegías, los últimas odas e himnos, los poemas de la locura, traducciones del griego, una gran novela: Hyperión, una obra de teatro incompleta: la tragedia de Empédocles y algunos ensayos fragmentarios.

Cuando Hölderlin tiene cuatro años Goethe publica Werther, la novela que será piedra de toque del romanticismo,  movimiento del que después el mismo Goethe se apartará, no queriendo ser identificado con "los poetas de las tumbas y la noche". Y dentro del contexto alemán de ese tiempo ocupa el lugar de "clásico" junto a Schiller. Goethe no tendrá una buena relación con Hölderlin (lo calificará de "espíritu confuso"), en cambio Schiller adoptará una actitud protectora y Hölderlin publicará en su revista "Thalia" los fragmentos del Hyperion.

Destacamos que la onda expansiva del estallido de aquellos días conforman un todo cuyos efectos perduran hasta hoy. El romanticismo reacciona contra la ilustración, contra el enciclopedismo.
Si alguna vez fue definido como "el hijo problemático de la ilustración", Hölderlin bien podría ser calificado como un fruto extraño del romanticismo. Más cerca del clasicismo. Las definiciones han variado acerca de la filiación de Hölderlin, pero tal vez lo más preciso sea decir que queda situado entre los neo clásicos y los románticos, o que fue un romántico helenista (por haber puesto su mirada en la Grecia Antigua) o un romántico diurno en contraposición a la característica propiamente nocturna del romanticismo.

(APARTADO: UN PUNTO DE INFLEXIÓN:

El poeta Novalis es la esencia misma del romanticismo. Contemporáneo de Hölderlin pero muerto muy joven, pierde a su prometida Sophie, de tan sólo 13 años, y hace de la poesía un absoluto, una religión a través de la cual intenta acompañar a su amada en la muerte. En sus célebres "Himnos a la noche", luego de describir vagamente la naturaleza "solar", escribe: "Pero me vuelvo hacia el valle, a la sacra, indecible, misteriosa Noche". Esta "elección", tan desesperada como una iluminación a la inversa o una revelación de paradojal oscuridad, hace tal vez al punto de inflexión que prefigura la estética decadente y sombría de los malditos, de Baudelaire y Poe o la noche como ámbito predilecto de toda manifestación poética. Esa "declaración de principios" de habitar la noche difiere de la concepción poética de Hölderlin aunque ambos poetas tuvieran el concepto de "poeta sacerdote" o incluso concibieran a la poesía como un absoluto. Intuyo que esa inflexión, esa sola inflexión, contiene algo de la violencia sádica del conde de Lautreamont ("he hecho un pacto con la prostitución para sembrar el desorden en las familias"), el desprecio adolescente de Rimbaud ("senté a la belleza sobre mis rodillas y la encontré amarga y la injurié") y "los paraísos artificiales” de Baudelaire con su estética de tugurios y prostitutas enfermas que viven en sus poemas).

En 1784 Hölderlin ingresa al internado confesional luterano pues la madre ha decidido para él la carrera de pastor protestante.

Es delicado, de modales distinguidos, algo lejano y huidizo,
dotado para la música, ejecuta el violín y el piano.
Pronto muy pronto se aboca al estudio de la cultura griega.
Casi como si

creciera en los brazos de los dioses....

En la adolescencia mantiene una relación con Louise Nast, con quien se compromete. Louise era la hija del encargado del convento - colegio al que ingresa Holderlin en 1786. La relación dura tres años con un apasionamiento propio del carácter del poeta.

CARTA DE HÖLDERLIN A LOUISE NAST (FRAGMENTO)

19 de enero de 1789
"Me siento tan bien cuando pienso cuan a menudo esperaba en aquel pequeño lugar, tan pacientemente y a la vez tan embargado por la más profunda ansia, hasta que divisaba al amor en la ventana, y de que modo me encantaba el pensamiento de que tu no contemplabas otra cosa en todo el ancho mundo mas que a tu Hölderlin, que solo yo habito en ese pecho - Louise, Louise ¡Y cuando te veía saliendo de tu casa y caminando por el claustro - lo siento todo todavía tan vivamente -, el paso majestuoso y bello, los ojos llenos de amor mirando hacia mí y la esperanza de las horas felices grabada tan claramente en tu rostro- y como se desvanecían para nosotros tierra y cielo en el silencio y en el crepúsculo".

Los desequilibrios anímicos y "los deberes que exige la vocación de escritor" parecen ser el "argumento" para la ruptura de la relación.

La relación era "aprobada" por la madre de Hölderlin. Cuando este tiene 21 años, en una carta a su madre le dice recordando a la muchacha:
"...no esperaba ser feliz en el estado de hombre casado en una tranquila parroquia..."

La hija del rector del seminario de Tubingen, Elise Lebret fue otro amor de Hölderlin con quien se produjo un abundante intercambio de cartas que después de la relación fueron reclamadas por la muchacha... para ser destruidas...

Tomamos algunos fragmentos de las obras de Hölderlin que nos aproximan al concepto heideggeriano de "poetizar la esencia de la poesía".

"pero si logro plasmar lo más querido
y sacro entre todo, la poesía

entonces sonreiré satisfecho a las feroces
sombras, aunque debiera dejar
en el Umbral mi voz. Un solo día
habré vivido entre los dioses. Y eso basta".

(Fragmento de "A las parcas").

"(...)los poetas son ánforas sagradas
donde se guarda el vino de la vida,
el espíritu de los héroes".

(fragmento de "Bonaparte").

"Pero el mar quita y da memoria
y el amor también fija ojos atentos
Pero lo que permanece lo fundan los poetas".

(fragmento del poema "Recuerdo" que enseguida nos hace pensar en la versión heideggeriana de ese verso: "Poesía es fundación del ser por la palabra").

Una vez más, como en la elegía "Pan y vino", son los poetas quienes llevan la antorcha del dios del vino, peregrinando de tierra en tierra en la noche sagrada, siguiendo el rastro de los dioses huidos.

TUBINGEN

A los dieciocho años se hace amigo de Hegel y Scheeling, en el seminario de teología de Tubingen.
Crean el "club de amigos de Kant" deslumbrados por el filósofo y plantan un árbol en torno al cual bailan al estallar la Revolución Francesa.

Se ha escrito mucho acerca de la influencia de Hölderlin sobre su amigo Hegel, con quien mantenía conversaciones hasta la madrugada. Más allá de que es útil para los estudiosos comparar obras de naturaleza tan diferente, en este humilde apunte prefiero quedarme con este fragmento del gran poema "Eleusis", del filósofo a su amigo poeta, recordando los días juveniles.

ELEUSIS (fragmento del poema que le dedicara Hegel a Holderlin)
"Y tu imagen, querido, se presenta ante mí; tu imagen
y el placer de los días que han huido, aunque pronto los borra
la dulce espera de volver a vernos...
Se me presenta la escena del abrazo
anhelado, fogoso; más tarde las preguntas, el interrogatorio
más profundo, recíproco,
tras cuanto en actitud, expresión y carácter
el tiempo haya cambiado en el amigo... placer de la certeza
de hallar más firme, más madura aún la lealtad de la vieja alianza, alianza sin sellos ni promesas,
de vivir solamente por la libre verdad..."

JENA (1795)

Asiste a los cursos del filósofo Fichte, cosa que también hace el poeta Novalis en medio de una agitación intelectual pocas veces vista. Allí tal vez podría vivir de su trabajo de escritor en oposición a lo que deseaba su madre: el trabajo de pastor protestante. De pronto, en lo que es visto por muchos como su primera crisis psicótica, abandona la ciudad y se refugia en la casa de su madre.

HIPERION

Con su novela Hiperión, Hölderlin quiso llegar a una "tierra no descubierta" en el terreno de la poesía. Las interpretaciones sobre la novela, son tan amplias como (en palabras por demás resumidas) "un ímpetu revolucionario apto para una nueva concepción del estado" (Hegel) hasta "una nueva religión" (Dilthey). Se trata de una novela epistolar que una vez más desafía las clasificaciones. Citamos unas palabras imprescindibles del texto.

HIPERION A BERLAMINO

"(...)Ser uno con todo, esa es la vida de la divinidad, ese es el cielo del hombre.
Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, esta es la cima de los pensamientos y alegrías, esta es la sagrada cumbre de la montaña, el lugar del reposo eterno donde el mediodía pierde su calor sofocante y el trueno su voz, y el hirviente mar se asemeja a los trigales ondulantes.
¡Ser uno con todo lo viviente! Con esta consigna, la virtud abandona su airada armadura y el espíritu del hombre su cetro, y todos los pensamientos desaparecen ante la imagen del mundo eternamente uno, como las reglas del artista esforzado ante su Urania, y el férreo destino abdica de su soberanía, y la muerte desaparece de la alianza de los seres, y lo imposible de la separación y la juventud eterna dan felicidad y embellecen al mundo.
A menudo alcanzo esa cumbre, Berlamino. Pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo eternamente uno, desaparece; la naturaleza se cruza de brazos y yo me encuentro ante ella como un extraño, y no la comprendo.
¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas! La ciencia a la que perseguí a través de las sombras, de la que esperaba con la insensatez de la juventud, la confirmación de mis alegrías más puras, es lo que me ha estropeado todo.
En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del mediodía.
¡Oh sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona y cuando el entusiasmo desaparece, ahí se queda, como un hijo pródigo a quien el padre echó de casa, contemplando los miserables céntimos con que la compasión alivió su camino".

DIOTIMA O EL LUGAR DEL AMOR

El gran amor de Hölderlin será Susette Gontard, mujer casada con el banquero Henri Gontard y madre de dos niños.
Inspiración del poeta quien le da el nombre platónico de Diótima "porque le enseña el amor".
Hölderlin es echado de la casa de Frankfurt a la que había llegado como preceptor cuando el banquero descubre la infidelidad y los amantes inventan todo tipo de estrategias y rituales para verse. Incluso Hölderlin se muda a una ciudad vecina, Hamburgo, para estar cerca de ella. Las constantes dificultades terminarán desgastando la relación y se separarán con efectos devastadores para ambos.
Las cartas de Hölderlin a su musa se han perdido. Se conservan las de ella y leyéndolas uno comprende que su personalidad deslumbrara al poeta.

CARTAS DE SUSETTE GONTARD (DIOTIMA) A HÖLDERLIN

"Entonces me asaltó el deseo de elevar, por medio de palabras escritas para ti, un monumento que fuera imborrable, y que el tiempo, que todo lo cambia, preservase inalterado".

"Ayer tuve que pensar mucho sobre la pasión, La pasión del más excelso amor no puede seguramente encontrar nunca satisfacción sobre esta tierra. ¡Siéntelo conmigo! Buscarla sería una locura....¡Morir juntos!... Pero, silencio, suena a desvarío, y sin embargo es tan cierto...: es esa satisfacción.
Pero tenemos deberes sagrados con este mundo. No nos queda otra cosa fuera de la más dichosa fe mutua y la creencia en la todopoderosa esencia del amor, que nos guiará invisiblemente toda la eternidad y nos unirá más y más".

"...la fe en el amor nos tiene que hacer respetar lo inexplicable".

"El mes que viene volverás probablemente a intentarlo; tal vez puedes enterarte entonces por Hegel de si estoy sola de nuevo".

"Leyendo me he dado cuenta que tú también denominas a tu querido Hiperión novela cuando yo siempre lo he visto como un bello poema".

"...si llegases a introducirte en alguna vía que te diese fama y fuese útil para el mundo , todas mis lágrimas por ti se convertirían en lagrimas de alegría ..."

"¿Vendrás? Sin ti el lugar entero está mudo y vacío. ¡Y tengo tanto miedo!: ¿cómo podré volver a encerrar dentro de mi pecho los sentimientos que palpitan en él con tanta fuerza por tu causa? ¡Si no llegaras a venir!...
¡Y si vienes!; también es difícil mantener el equilibrio y no sentir con excesiva viveza. Prométeme que no regresarás más y que te volverás a marchar de aquí con calma, porque si no sé esto, la enorme tensión y la intranquilidad me mantendrán hasta la madrugada a la ventana, y finalmente no nos queda otro remedio que apaciguarnos de nuevo. Por lo tanto, deja que sigamos nuestros caminos con confianza y que nos sigamos sintiendo felices en medio de nuestro dolor y deseemos que éste permanezca con nosotros mucho tiempo, porque en él sentimos con plena fuerza y nobleza. ¡Adiós! ¡Adiós! Te doy mi bendición".

A MANERA DE EPÍLOGO DE LA RELACIÓN

En verdad, dos años después de escribir esta carta Susette Gontard murió y Hölderlin enloqueció. Pero ambos han quedado inmortalizados en su amor, tal como sugería Susette con la intuición propia de una sacerdotisa, no solo en las cartas sino también en el plano literario, en los poemas que Hölderlin le dedicara a su Diótima y también en la manera sorprendente en que vida y obra se confunden en el Hiperión. Volveremos sobre estos temas.


SEGUNDA PARTE
BAJO LAS TORMENTAS DE DIOS


1.

"Desde la mañana,
desde cuando somos un diálogo y oímos los unos de los otros.
mucho ha sabido el hombre más pronto seremos canto".
(fragmento del himno de Hölderlin "Fiesta de la paz". )

"El canto es existencia".
(Rainer María Rilke, "Sonetos a Orfeo".)

Vuelvo sobre unas frases del Hiperión por sus múltiples resonancias
(budistas? panteístas? fichteanas? románticas? presocráticas? proféticas? revolucionarias? y etc., etc., etc...):
...A menudo alcanzo esa cumbre. Pero un momento de reflexión basta para despeñarme de ella...
...¡Ojalá no hubiera ido nunca a vuestras escuelas!...
...En vuestras escuelas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea....
...¡Oh sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando reflexiona...

Y a propósito retomo a otro fragmento de la novela Hiperión que un concurrente al encuentro relacionara con Heráclito:
"Ser uno con todo lo viviente, volver, en un feliz olvido de sí mismo, al todo de la naturaleza, esta es la cima de los pensamientos y alegrías,
¡Ser uno con todo lo viviente!"

Leemos entonces este fragmento de Heráclito:

"Si no me habéis oído a mí sino al sentido,
entonces es sabio decir en el mismo sentido: Uno es Todo".

Nos lleva por lógica a la gran conferencia de Heidegger (Logos, fragmento 50) que analiza este fragmento del filósofo presocrático:
"Una vez, en los comienzos del pensar occidental, la esencia del lenguaje destelló a la luz del ser. Una vez, cuando Heráclito pensó el Logos como palabra directriz para, en esta palabra, pensar el ser. Pero el rayo se apagó repentinamente. Nadie tomó la luz que él lanzó ni la cercanía de aquello que él iluminó.
Sólo veremos este rayo si nos emplazamos en la tempestad del ser. Pero hoy en día, todo habla en favor de que el único esfuerzo del hombre es hacer a un lado esta tempestad. Se hace todo lo posible para disparar contra las nubes con el fin de tener calma ante la tempestad. Pero esta calma no es ninguna calma. Es sólo una anestesia; una anestesia contra el miedo al pensar".

El rayo, la tempestad, las tormentas de Dios, vamos hacia este poema de Hölderlin no por oscuro menos bello:

EL POETA (Wie wenn am Feiertage...)

Como cuando en día de fiesta, a ver el campo
va un labrador, por la mañana, después
que en la noche tibia los rayos helados cayeron
sin cesar, y a lo lejos aun suena el trueno,
entra el torrente de nuevo en sus márgenes,
y fresco el suelo verdea,
y de la lluvia alegre del cielo
gotea la viña, y brillando
en el tranquilo sol se alzan los árboles del bosque:

así estáis bajo la tempestad fertilizadora
vosotros, los que no educa ningún maestro, sino
maravillosamente omnipresente, en leve abrazo,
la potente Naturaleza de hermosura divina.
Por eso cuando ella parece dormir, en ciertos tiempos del año,
allá en el cielo o bajo las plantas o los pueblos,
también se entristece el rostro de los poetas;
parecen estar solos, pero la presienten siempre.
Pues presintiéndose reposa ella misma.

¡Pero ahora amanece! Yo esperé y lo vi venir,
y sea mi palabra lo que vi, lo sagrado.
Pues la naturaleza, que, más antigua que los tiempos,
está sobre los dioses del occidente y del oriente,
ha despertado ahora con ruido de armas,
y desde lo sumo del éter hasta lo hondo del abismo,
según firmes leyes, como otrora, engendra en el sagrado Caos,
se siente de nuevo la exaltación,
de nuevo, la creadora de todo.

Y como brilla un fuego en la mirada del hombre
cuando se arroja a lo alto, así
por los nuevos signos y los hechos del mundo
ahora un fuego se enciende en el alma del poeta.
Y lo que ocurrió antes, pero apenas fue sentido,
ahora por fin se hace manifiesto,
y las que nos labraban riendo el campo,
en apariencia de siervo, son reconocidas,
las vivificadoras, las fuerzas de los dioses.

¿Les preguntas? En la canción clama su espíritu,
al crecer con el sol del día y la tibia tierra,
y los temporales que van por el aire y otros
que, más preparados en las honduras del tiempo,
y más henchidos de numen, y más comprensibles para nosotros,
marchan entre el cielo y la tierra y entre los pueblos.
En paz están lográndose pensamientos del espíritu común
en el alma del poeta.

Para que súbitamente tocada ésta, conocedora
de lo infinito ha largo tiempo, sacudida
por el recuerdo e inflamados vosotros por sagrado rayo,
el fruto nacido en el amor, la obra de los dioses y los hombres,
el cántico encendáis, que de ambos dé testimonio.

Así cayó, según cuentan los poetas, su mirada en la casa
de Semele cuando ella anheló ver realmente al dios
y, divinamente tocada, parió
al fruto de la tormenta, el divino Baco.

Y por eso ahora beben fuego celestial
sin peligro los hijos de la tierra.
Pero a nosotros nos toca, bajo las tempestades de Dios,
¡oh poetas!, permanecer con la cabeza descubierta,
tomar el rayo del padre, a él mismo, con nuestra propia mano,
y entregar al pueblo, velados en la canción,
los dones celestes. Porque sólo nosotros somos de corazón limpio
como los niños, y nuestras manos son inocentes;
participando del rayo del padre, que, puro, no lo quema,
y de los dolores de un dios, con hondo sacudimiento,
permanece empero firme el eterno corazón.

(Versión de José Mª Valverde)

Cito un pasaje de un reportaje publicado por el Diario La Nación a George Steiner, el 20 de julio de 2004:
"Heidegger: ¿cómo puede ser que los presocráticos, y tal vez Platón, Aristóteles, Píndaro, hayan dicho ya lo esencial, reduciéndonos a nosotros al estado de nota preliminar? Respuesta de Heidegger: se estaba todavía en un momento de la Historia del hombre en que el lenguaje guardaba relación con su origen misterioso, en que el ser era una luz a través del lenguaje".

Pensamos entonces, en este diálogo entre poesía y filosofía, que el poeta parece ser el encargado de tomar el rayo donde alguna vez alumbró la palabra inicial para entregarlo a un pueblo como un mediador entre hombres y dioses, tal la misión del poeta.

"Desde la mañana". Tal vez cuando el lenguaje tocaba el ser.

2.
ALGUNOS “HOMENAJES” AL POETA GUÍA

Transcribo estas hermosas palabras del filósofo Hans- Georg Gadamer sobre Hölderlin.

"Ningún otro de nuestros grandes poetas ha buscado como él la palabra, casi balbuciendo, ni interrumpido una y otra vez esa búsqueda tan desesperanzado.
Ningún otro estuvo como él tan penetrado por la incapacidad, por la imposibilidad de expresar aquello que vislumbraba. Quizá sea eso lo que en la palabra de este poeta nos conmovió en lo más profundo, a nosotros y al espíritu de nuestro tiempo. Es probable que eso tenga que ver con el hecho de que todos lo leyéramos y pensáramos en él como en alguien que, atravesando la distancia que nos separaba de nuestros poetas clásicos, era uno de los nuestros. Para Rilke y Trakl era algo natural escuchar esa manera de decir de un poeta que intenta fijar en la palabra, en visiones siempre nuevas cada vez, su propia y oprimida imposibilidad...y lo consigue.
Para nosotros fue también y siguió siéndolo, el precursor del descubrimiento nietzscheano del sustrato de lo dionisíaco de lo apolíneo en la cultura griega.
Lo que para él significaba hablar es quizás la forma primigenia de hablar en términos absolutos. Hablar es buscar la palabra. Encontrarla es siempre una limitación. El que de verdad quiere hablar a alguien lo hace buscando la palabra, porque cree en la infinitud de aquello que no consigue decir y que, precisamente porque no se consigue, empieza a resonar en el otro. Algo de esta sabiduría del balbucir y enmudecer sea tal vez la herencia que nuestra cultura espiritual deba transmitir a las próximas generaciones".

Escribe Albert Beguin en su célebre ensayo "El alma romántica y el sueño":
"...Pero hay un instante, el del amor, que restituye la luz del paraíso primitivo y pone fin las disonancias. Presentida desde siempre la imagen divina de Diótima aparece en la noche y disipa las tinieblas..."
"...Después, a medida que sufre más la tortura de verse alejado de ese esplendor, incorpora a él más estrechamente la figura de Cristo.
Entre todos los poetas de su tiempo, Hölderlin fue acaso el único que tuvo el sentido íntimo del mito, el sentido de los dioses hasta el punto de percibir en los hombres menos realidad que en las figuras celestiales".
“La noche no es para Hölderlin el reino sagrado del las revelaciones. La noche simboliza para él la larga época de la historia humana de la cual se retiraron los dioses y vive en espera del alba nueva que vendrá...”

Citamos entonces la gran elegía "Pan y vino"

"Pero hemos llegado tarde, amigo mío. Sí, los dioses viven,
pero allá, más allá de nuestra frentes, en el seno de otro mundo.
Allá cumplen eternamente sus actos, y el cuidado que tienen de nosotros
parece tan leve, porque son muy delicados esos huéspedes del cielo.
Un vaso frágil no es capaz de contener su perpetua presencia:
sólo en breves instantes puede el hombre sufrir la plenitud divina"

"y tú dices ¿para qué poetas en tiempo de penuria?
pues ellos son como los sacerdotes del dios del vino
que peregrinaban de tierra en tierra en la noche sagrada"

Por su parte, Octavio Paz, en "Los hijos del limo" (1986), afirma: "El tema de Hiperión es doble: el amor por Diótima y la fundación de una comunidad de hombres libres. (...) El punto de unión entre el amor a Diótima y el amor a la libertad, es la poesía. Hiperión no sólo lucha por la libertad de Grecia sino por la instauración de una comunidad de hombres libres. La palabra poética es mediación entre lo sagrado y los hombres, y así es el verdadero fundamento de la comunidad".

“Las preguntas de los ángeles son las que han provocado la irrupción de los demonios".
(René Char)

"Fue la suya una creación profética. Su obra es la precursora del estilo rítmico de un Nietzsche, de la lírica de Verlaine, un Baudelaire y de todo lo que hoy pugna por encontrar la más moderna poesía. Sentado junto a los tranquilos arroyuelos, que acompañaban con su suave murmullo la canción de su alma, recreando en sus ritmos las líneas serenas y dulces de las montañas del sur de Alemania, Holderlin fue encontrando poco a poco esta nueva forma".
(Wilhem Dilthey)

"Leí a Hölderlin. Tiene algo de oracular..." "Gusto por expresiones como "lo incierto" "lo devastado" "lo sagrado", frecuentes en Trakl, Hölderlin, reminiscencias de la metafísica, de vida antigua..."
(Alejandra Pizarnik, Diarios)

“Hablar sobre el poema querría decir: desde lo alto, y por tanto desde fuera, averiguar qué es el poema.
¿Con qué derecho, con qué conocimiento podría ocurrir eso? Faltan ambas cosas. Por tanto, sería arrogancia querer hablar sobre el poema. Pero ¿qué hacer si no?...
...Más bien así: que nos dejemos decir por el poema en qué consiste su peculiaridad, en qué descansa...
Un poeta extraño, si es que no misterioso. Existe: se llama Hölderlin...
...En la poesía de Hölderlin experimentamos poéticamente el poema. «El poema» - esa palabra revela ahora su ambigüedad. «El poema» puede significar: el poema en general, el concepto de poema, válido para toda la literatura universal. Pero «el poema» puede significar también: el poema excepcional, marcado por el hecho de que él solo nos afecta por destino, porque él nos poetiza a nosotros mismos el destino en que estamos, lo sepamos o no, tanto si estamos dispuestos a aceptar un destino en él como si no.”
(Martin Heidegger)

"En la inacabada tragedia Empédocles, el poeta nos despliega su naturaleza propia. La muerte de Empédocles es una muerte nacida de un orgullo divino, de un desprecio hacia los hombres, de un estar harto de la tierra, y de un panteísmo. La obra entera siempre que la he leído, me ha conmovido de una manera muy especial: una majestad divina alienta en ese Empédocles".
(Friedrich Nietzsche, a los 17 años, recomendando a su poeta preferido cuando Hölderlin aún era casi desconocido).

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He mantenido una breve correspondencia con el prestigioso y joven dramaturgo argentino Alejandro Tantanián. Ganó un premio por su obra sobre Hölderlin llamada "Un cuento alemán". Ante las palabras que le manifesté "a veces es mejor la pluma de un buen dramaturgo que la de cualquier biógrafo", me envió gentilmente el texto completo de su obra. Cito el pasaje donde describe la muerte de Diótima.

“Frente a la casa Gontard, frente a la boca abierta de la sirvienta horrorizada dice Höl­derlin son tiempos finales, gentil señora, y por eso vengo a rescatar a la única per­sona que puede descansar sobre mi cuerpo, usted sabe a quién me refiero, y mira a la sirvienta, mira los ojos de la sirvienta y dice yo soy aquel que amó a la señora de esta casa, ella me enseñó una verdad, leve, como la respiración de los dio­ses, la verdad de los labios buscando otros labios y son tiempos finales, dice sobre el rostro en tensión de aquella pobre mujer, llame a la señora y dígale, Honorable Excelencia, que tenga a bien presentarse a esta puerta, frente a mi humilde persona que yo sa­bré tomarla entre mis brazos y conducirla hasta el lecho donde descansará, dice, por siempre, junto a mí, dijo. La sirvienta dijo entonces: la señora Susette ha muerto, se­ñor, hace seis meses.
Y él baja la cabeza, así, lentamente.
Y calla.
Un largo silencio se apodera de la casa.
Es el silencio de Hölderlin.
Y de alguna extraña manera el tiempo se detiene.

Largo silencio.

La cabeza baja, el mentón casi sobre el pecho, el viento sobre los cabellos inmóviles de barro. Luego levanta los ojos del piso y los cierra, se deja acariciar por el per­fume que sale de la casa.
Hölderlin abre los ojos y los hunde más allá de aquella mujer, más allá de aquella puerta y dice suave­mente: Diótima, querida Diótima, ése era el nombre que él supo darle en las cartas, el nombre de papel, decía ella, Diótima dice, tal vez puedas oírme, quizás me confunda en tu nombre por siempre, me di­suelva sin pausa entre las letras de tu nombre, digo, dice él, Diótima. Ya es tarde, ha caído la sombra sobre el día y ahora reinará el sueño, para siempre. Pongo fin a este camino, aquí, delante de esta puerta, frente a esta Excelentísima Dama, yo decido perderme en un labe­rinto de madera, Diótima amada, eres aire hoy y yo seré aquello que acaricies, una ventana sobre las aguas del río, unas pocas palabras sobre unos pocos papeles, melodías sobre un piano, un lugar en el silencio y esta carne que se disuelve, se duerme, amada Dió­tima. Llegué tarde, dice, no pude besar tus labios que ahora be­san la tierra, sólo resta decir gracias, Dignísima Dama, hacer esta profunda reve­ren­cia, dice e inclina su cuerpo así, y dar la espalda a esta puerta, a este jardín, a esta calle, dice.
Dar la espalda, dice.
Y se dirige a la casa del carpintero, a orillas del río y pide un cuarto para toda la eter­nidad.

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Lamentaciones de Menon por Diótima (fragmentos de la elegía de Hölderlin)

"Día tras día, mi alma se esfuerza en busca de algo nuevo,
Y hace tiempo he interrogado a todos los senderos del país;
he visitado todas las alturas, las sombras
Y los manantiales; implorando tranquilidad...
¿nadie Puede alejar de mi frente el sueño doloroso?...
...Y a aquellos que aman les es concedida una vida diversa.
Porque todos ellos, los días y años de las estrellas, estaban Ligados a nosotros,
Diótima, con lazos íntimos y eternos...
...Por eso vago errante, y así como las sombras debo vivir...
...Insensible y mudo como los niños, paso sentado todo el día,
...Mucho es encontrar lo grande, y mucho queda aún, y quien así
Ha amado, debe seguir por la ruta que lleva hacia los dioses.
Y vosotras, horas sagradas, ¡acompañadnos!
¡Vosotros, graves Adolescentes!
¡Ah!, quedaos, presagios divinos,
Allá donde están las musas, de donde provienen héroes y amantes,
O también aquí, en esta isla húmeda de rocío, nos encontremos,
Donde los nuestros están reunidos en jardines floridos,
Donde los cantos son verdaderos y son más largas las bellas primaveras,
Y donde de nuevo se inicia un año de nuestra alma....”

ENTRE DOS CARTAS

1798 es el año en que Hölderlin fue echado de la casa de su amada Susette Gontard o Diótima, por el esposo de la dama, publicado ya el primer tomo su novela Hiperión. Un año antes se publicó la primera parte del Fausto de Goethe.
Hölderlin está trabajando en "La Tragedia de Empédocles" y en parte de lo mejor de su obra. Puede decirse que ha alcanzado cierta incuestionable madurez y voz como poeta.
Se muda a Hamburgo cerca de su amada para experimentar cierta cercanía a ella.
En esa época de plenitud creativa escribe a un amigo una carta cuyo tono sombrío no parece coincidir con los logros de su obra:

noviembre de 1798
"Lo que más ocupa ahora mi pensamiento y mi mente es lo vivo en la poesía. Noto hondamente lo lejos que estoy todavía de encontrarlo y sin embargo toda mi alma aspira a ello y muchas veces me emociono y tengo que llorar como un niño cuando siento reiteradamente que a mis descripciones les falta una u otra cosa, pero con todo no puedo encontrar los medios para salir del error poético por el que voy vagando.
Ah, el mundo ahuyentó mi espíritu retrayéndolo a su interior desde la temprana juventud y todavía padezco ese mal. Existe desde luego un hospital al que puede retirarse con honor cualquier poeta malogrado como yo: la filosofía.
Pero no puedo abandonar a mi primer amor, a las esperanzas de mi juventud, y prefiero caer sin mérito alguno, antes que separarme de la dulce patria de las musas de la que solo el azar me ha apartado.
...me acobarda demasiado la parte común y vulgar de la vida real..."


En 1802, viaja a Francia por un preceptorado. Repentinamente huye de Burdeos, donde cuentan que se lo ha visto haciéndole reverencias a las estatuas. Se aparece en su tierra natal con un aspecto que asusta a los suyos.
Es el momento donde se entera de la muerte de su amada Diótima.

Hölderlin busca refugio en la casa de su madre.
La madre se escandaliza al abrir la valija de Hölderlin y leer las cartas de Susette (Diótima) por esa relación "inmoral" con una mujer casada y se lo reprocha a Hölderlin sin saber que su "amada inmortal" había muerto. Entra en un viaje sin retorno.
Hölderlin echa violentamente a su madre y a todos los vecinos de la casa.
Esta es la ruptura definitiva de la relación.
La madre no se opondrá a que el poeta sea internado en Tubinga y ya no lo visitará en su posterior encierro.
En esos momentos de dolor y desgarramiento de la conciencia escribe, paradójicamente una carta a un amigo que es como una revelación o una iluminación. Esta carta, tanto como los textos que el poeta escribe en su colapso, son los que tomará Heidegger para sus célebres análisis.

"Querido mío:

Hace mucho que no te he escrito; mientras tanto, he estado en Francia y he visto la triste y solitaria tierra; los pastores del sur de Francia y algunas bellezas hombres y mujeres, que han crecido en la angustia de la duda patriótica y del hambre.
El poderoso elemento, el fuego del cielo y la calma de las gentes, su vida en la Naturaleza, y su limitación y contento, me han impresionado constantemente y, como se cuenta de los héroes, bien puedo decir que me ha herido Apolo.

...Lo atlético de la gente del Sur, en las ruinas del espíritu de la Antigüedad, me hizo más familiar con el ser auténtico de los griegos; conocí su naturaleza y su sabiduría, sus cuerpos, el modo como crecían en su clima, y las reglas con que defendían el genio demasiado animoso frente a la violencia de los elementos.

Me fue necesario, después de muchas agitaciones y sacudidas del alma, establecerme fijo, por algún tiempo...

La naturaleza de la patria me invade con tanto más poder cuanto más la estudio. La tormenta, no sólo en su aparición más alta, sino precisamente bajo este aspecto, como potencia y como figura, en las restantes formas del cielo, la luz en su actuación, nacionalmente y formando como principio de modo de destino, para que algo se nos haga sagrado, su impulso en ir y venir, lo característico de los bosques y la coincidencia en un lugar de diversos caracteres de la Naturaleza, de modo que todos los lugares sagrados de la tierra están reunidos en un lugar y la luz filosófica en torno a mi ventana es ahora mi gozo; ¡ojalá pueda retener cómo he venido hasta aquí!

¡Querido mío! Pienso que nosotros no vamos a comentar a los poetas hasta nuestro tiempo, sino que el modo de cantar en general va a tomar otro carácter, y que nosotros no prevalecemos porque nosotros, desde los griegos, empezamos otra vez, de modo ancestral y natural, a cantar propiamente con originalidad.

Pero escríbeme pronto. Necesito tus puros acentos. La psique entre amigos, el surgir del pensamiento en el diálogo es necesario a los artistas. Si no, no tenemos ninguno para nosotros mismos; por el contrario, pertenece a la imagen sagrada que formamos. Que te vaya bien.

Tu H."

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LA TRAGEDIA DE EMPEDOCLES (fragmento)

“¡Adiós!: esta es la última palabra de un mortal que os ama y que en estos instantes vacila entre vosotros y sus dioses que le llaman. Nuestro espíritu se resiste a la despedida. Los que no vuelven dicen siempre la verdad.

¿No conocéis el lenguaje de los dioses? Yo lo percibí al nacer a la vida y contemplarla, aún antes de aprender el lenguaje de los padres.

Siempre que meditaba en esta hermosa vida mi corazón sólo pedía una cosa a los dioses, que cuando mis fuerzas juveniles ya no pudieran soportar la sagrada dicha y, como a los antiguos favoritos del cielo la plenitud de mi espíritu se transformase en locura, entonces que enviaran a mi corazón un inesperado destino, como señal de que había llegado el tiempo de la purificación y el momento de salvarme y caminar hacia una nueva juventud, para que el amigo de los dioses no sirviese de juego a los hombres, ni fuese objeto de su burla y escarnio.

Por eso, no exijáis el retorno del hombre que os amó y vivió entre vosotros corto tiempo como un extraño, No exijáis que entregue lo sagrado de su alma a los mortales.

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SOPHIE Y DIOTIMA (LA NOCHE Y EL SOL)

Allí donde Novalis pierde a su amada adolescente Sophie y el cementerio donde se le aparece la niña es llamado por el poeta "tierra santa" y el lugar donde está enterrada "el santo sepulcro".
Para Novalis, su noche de bodas es la muerte, la noche, ese camino donde seguir los rastros de la amada.
En cambio Diótima es llamada la atenea y endiosada, deificada, helenizada, nombrada, mitificada, venerada como una deidad griega, dice H. que algún día su nombre irá unido a lo sagrado o será pronunciado junto a los dioses.
"Mis mortales ojos verán brillar el día en que tu nombre , oh Diótima será pronunciado junto a los dioses y con el de los héroes, ya que tú lo eres".
Tengamos en cuenta que Novalis sobrevive a su amada cuatro años en los que la nombra, se inmortaliza y la inmortaliza en su poesía.
Hölderlin sobrevivirá a Diótima más de treinta años.
Solo y sin dioses.

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Este conocido poema, como toda la obra de H. marca una inflexión en su vida (la mitad, justamente ) pero también un vislumbrar.

MITAD DE LA VIDA

Con sus peras doradas
cubierto de rosas silvestres
el paisaje en el lago se suspende.
Vosotros, cisnes gráciles
y embriagados de besos,
hundís en la sagrada
frescura de las aguas la cabeza.

¡Ay de mí! ¿Dónde iré a buscar las flores
cuando venga el invierno?
¿Dónde la luz del sol,
las sombras de la tierra?
Los muros se levantan
silenciosos, helados, y en el viento,
rechinan las veletas.

DE LOS RETRATOS

En el retrato célebre de Arthur Rimbaud vemos la soberbia adolescente, en Baudelaire la furia y la voluptuosidad,
algo de niñez aterrorizada en Pizarnik, en Novalis parecemos percibir su visión ausente en las bodas con la noche con lo oscuro la decisión de acompañar a la amada en la muerte
Mientras tanto, en el relato que conocemos de Holderlin distinguimos la lejanía, como esas personas que cuando nos miran están viendo más allá de nosotros, algo esquivo y temeroso, el más allá, algo azul en la mirada, azul como un mar en torno a Grecia...

“Pero tú, inmortal, aunque ya no te festeje la canción de los griegos, como entonces, resuena a menudo, ¡oh dios del mar!, con tus olas en mi alma, para que prevalezca sin miedo el espíritu sobre las aguas, como el nadador, se ejercite en la fresca dicha de los fuertes, y comprenda el lenguaje de los dioses,
el cambio y el acontecer;
y si el tiempo impetuoso conmueve demasiado violentamente mi cabeza,
y la miseria y el desvarío de los hombres estremecen mi alma mortal,
¡déjame recordar el silencio en tus profundidades!
(fragmento de la elegía El Archipiélago).

DE LAS AMISTADES

Hegel escribe en su diario tras una excursión por lo Alpes suizos que es incapaz de describir lo que ha visto.
Para eso están los poetas y en especial para eso estaba su amigo Hölderlin.
Como es lógico, Hölderlin jamás podría haber escrito un monumental tratado de filosofía como Hegel. Porque su pensamiento como sus ojos lejanos cristalinos casi agua tienden a la desintegración.
La poesía es lo que no puede ser tomado, lo que se sustrae a toda sistematización. Y si hay alguien capaz de describir un paisaje ese es Hölderlin.
Aún así Hegel le dedica un hermoso poema a su amigo. Y Hölderlin filosofa. Tanto que bien puede ser llamado el poeta filósofo o el poeta de los filósofos.

DEL PENSAMIENTO

El pensamiento lo atravesó, lo visitó se posó en él como un ave dubitativa, se multiplicó, se disgregó, se desdobló, mostró sus facetas más misteriosas; pero no se quedó, no podía quedarse no podía hacerlo
Entonces se hace lógico creer en eso del puro devenir o que “el hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando piensa.”
Que hermoso sería comprender que no se es dueño de ningún pensamiento, de ningún conocimiento, que ello está allí, simplemente no ser dueño de ningún saber supuesto o fantaseado

INVENTARIO DE NOCHES

El idealismo mágico de Novalis. El idealismo absoluto de Hegel que nombra "esa noche que vemos cuando miramos a un hombre a los ojos". La noche oscura del alma en San Juan de la Cruz ("oh noche que guiaste, noche amable más que el alborada, oh noche que juntaste amada con amado, amada en el amado transformada").
La noche de García Lorca donde "la luna, luna", vela al niño gitano que muere, (el aire la vela vela, el aire la está velando).
La noche del galés Dylan Thomas que le escribe a su padre moribundo "No entres dócilmente en esa noche buena. Enfurécete. Enfuréce ante la agonía de la luz".
La noche pesadillesca, tenebrosa del gótico, el hijo siniestro del romanticismo, en la cumbre del gótico inglés que propicia el Frankestein de Mary Shelly, en la otra noche, la noche de tormenta en el castillo y los cuentos góticos entre Lord Byron y Percy y Mary Shelley. Pizarnik cuando, mucho más fiel a la escuela romántica que a la surrealista escribe "corazón de la noche, habla".
Todo este inventario de noches tiene particularidades en las cuales predomina algo de misticismo. La noche de Hölderlin es la de vivir en un mundo sin dioses, sin héroes, sin mitos. Por eso es la noche sagrada. Pero apunta a un alba, a un día, lejos, atrás hacia el futuro.

LOS AÑOS DE LA LOCURA (MITAD DE LA VIDA)

Luego de una breve estancia en una clínica de Tubingen, su amigo Sinclair le consigue un puesto simbólico de bibliotecario y luego se produce el encierro voluntario en la torre del carpintero- ebanista Zimmer, un hombre simple pero de buena cultura, en una habitación dentro de una torre a orillas del Neckar, cerca de donde había nacido.

Reniega de su nombre. Fecha poemas con cien años de adelanto.
"Cuenta Bettina Von Armim que cuando una princesa regaló un piano a Hölderlin este cortó, casi todas las cuerdas más dejó algunas y sobre ellas improvisaba. Así son los poemas de la locura. Quizás nadie haya visto nunca de forma tan transparente. Es la noche sagrada"escriben sus traductores al español.

Se llega cerca de su habitación. Parece que estuviera con alguien. Pero habla sólo. Y cuando el visitante entra se inclina y se deshace en reverencias.
Sigue teniendo ademanes suaves de nobleza.
Se entretiene arrancando hierba, jugando con la tierra.

Trata a los visitantes como Su Majestad, Su Santidad, Reverendo Padre.

Luego de comer deja la bandeja en el umbral. No acepta el regalo de una obras de Homero ni ningún objeto que altere su calma.

Se suele entretener horas y horas con su Hiperión. Cuenta su primer biógrafo. "Muchas veces me leía fragmentos, Cuando terminaba un párrafo comenzaba a decir con una mímica exagerada ¡Qué hermoso, qué hermoso, Vuestra Majestad! Luego continuaba leyendo pero podía añadir de pronto: ¡Mire, estimado señor, una coma!".

Otro testimonio del biógrafo:
"Encontré en una ocasión unas palabras llenas de misterio. Después de alabar a los dioses griegos y a la belleza de los antiguos dioses escribe "Entiendo a los hombres ahora que vivo lejos de ellos".

Toca el piano, a veces repitiendo un motivo muy simple durante días y días y cuando parece llegar a cierto éxtasis particular comienza a cantar.

Recuerda a todos sus amigos pero no a Goethe...
Cuentan que cuando se le pide que firme un poema como Hölderlin se enfurece.
Cuando la gente se burla de él el enojo puede durarle varios días.

Citamos uno de los más bellos e imprescindibles testimonios dejado por su visitante Betinna Von Arnim:

"Escucharle hace pensar en el mugido del viento; su espíritu se lanza sin cesar dentro de himnos que se detienen bruscamente, como cuando el viento cambia de dirección; parece entonces poseído por una ciencia profunda, uno no imagina ya que está loco, y todo lo que dice de los versos y las palabras parece probar que se le ha aparecido su misterio divino. Y después todo desaparece para él en la oscuridad y, perdido en el desorden de sus ideas, sucumbe y se dice que jamás logrará hacerse comprender. El dice que la palabra es la que engendra el pensamiento humano, pues es más grande que el espíritu humano, que no es sino el esclavo de la palabra; y mientras la palabra no se baste a si misma para engendrar el pensamiento, el espíritu no habrá llegado alcanzar su perfección en el hombre. Pero las leyes del espíritu son métricas. Es lo que se desliga de la palabra. Esta lanza su anzuelo al espíritu y, preso en este anzuelo, él pronuncia lo divino. Mientras que el poeta tenga aún necesidad de buscar acento métrico y no esté arrebatado por el ritmo, su poesía estará falta de verdad. La poesía es una cosa muy otra que la búsqueda insípida y vana de la rima. Ningún espíritu de cierta profundidad se complacería en ello. Solamente cuando el pensamiento se ve en la imposibilidad de expresarse por otro medio que no sea el ritmo, cuando el ritmo se convierte en el único y solo medio de expresión, solamente entonces hay poesía... Para que el espíritu devenga poesía tiene que llevar en sí mismo el misterio de un ritmo innato. Solamente en ese ritmo puede vivir y hacerse visible, pues el ritmo es el alma del espíritu.
....y toda obra de arte no es sino un solo y mismo ritmo; la cesura es en él el momento de reflexión, el espíritu se revuelve, y después, arrebatado por lo divino, se precipita a su fin. Así se revela el dios-poeta. La cesura es para el espíritu humano el punto en el que queda suspensa y sobre el que se posa el rayo divino".
"Todo no es más que ritmo; el destino del hombre es un solo ritmo celeste, como toda obra de arte es un ritmo único".


"Lo que buscas ya te sale al encuentro", "A menudo es preciso callar, faltan nombres sagrados" escribe el poeta en su larga elegía "Retorno a la patria".

"Creo en una futura revolución de las ideas y modos de representación que hará enrojecer de vergüenza a todo lo anterior".

LA BALADA DEL VIEJO ZIMMER

Este es el testimonio de Kunhne, un visitante de Hölderlin y su charla con el carpintero Zimmer que cuidaba del poeta (aún en vida) durante su locura en ocasión de esta entrevista, que en perspectiva queda como el "reportaje" soñado.
Zimmer: Está en mi casa desde el momento en que lo soltaron de la clínica. Lo tuvieron allí dos años, lo medicaron, lo revolvieron de arriba a abajo sin encontrar que era lo que tenía. No pudo decir a nadie qué le faltaba. Lo que tiene de más, eso es lo que le ha vuelto loco.
A decir verdad, no está loco, lo que se dice loco. Tiene perfectamente sano el cuerpo, su apetito es bueno, se bebe su buen medio litro todos los días a la misma hora. Duerme bien salvo con los fuertes calores del verano: entonces se le oye subir y bajar las escaleras toda la noche. Pero no hace mal a nadie. También sabe pensar, hablar, tocar música y hace todo lo que hacía en otros tiempos.
Visitante: ¿Pero sin continuidad?
Zimmer: ¡Ah, sí, así es!
Visitante: ¿Y cómo ha podido durar tanto tiempo este estado sin crisis, sin interrupción?
Zimmer: Si se ha vuelta loco no es por falta de espíritu, sino a fuerza de saber. Cuando un vaso está demasiado lleno y se tapa, tiene que estallar. Pues bien, si se recogen los restos, se ve que todo lo que había adentro se ha esparcido. Todos nuestros sabios estudian demasiado, se llenan hasta el cuello, una gota de más y eso se desborda. El entusiasmo por el paganismo lo ha hecho descarrilar, y todos sus pensamientos se han detenido en un punto, alrededor del cual gira y gira sin cesar. Gira todo el tiempo hasta que cae abatido, al límite de sus fuerzas
Visitante: Se habla de una historia de amor...
Zimmer: Créame. No es así, en absoluto. Una vez cumplidos los treinta el amor ya no trastorna la cabeza. La causa de todo es su manía de saber y no la dama de Frankfurt.
Hay que tomarle como a un niño y entonces es dulce y amable... En tiempos yo lo llevaba a los viñedos. Me jugó toda clase de bromas. Se va a pasear al jardín, golpea el vallado, junta hierbas y flores, hace ramilletes y después los destroza.
Todo el día está hablando en voz alta, haciéndose preguntas y respondiéndose –todo el tiempo.
Cuando está cansado de haber andado se retira a su cuarto, declama al vacío con la ventana abierta, no sabe como desembarazarse de su gran saber. A veces se sienta al piano y toca durante cuatro horas sin cesar, como si quisiera hacer salir hasta la última brizna de su saber. Y siempre el mismo tono monótono, uno ya no sabe donde meterse en toda la casa. Tengo que dominarme con todas mis fuerzas para que no me estalle la cabeza. Pero por otra parte a menudo toca muy bien. Lo único molesto es el ruido de sus uñas demasiado largas. Es toda una batalla cortárselas...
Visitante: ¿Aún escribe versos?
Zimmer: Casi todo el día...
Voy a advertirle una cosa. Usted habrá oído hablar de su hábito de otorgar títulos a todos los extraños que se le acercan. Es su modo de mantener a la gente a distancia. No hay que confundirse, es un hombre libre a quien no le gusta que lo pisen. Mire, cuando abruma a alguien con tantos títulos , es su modo de decir: “déjeme en paz”... Pero aquí está hoy está de muy mal humor. Dice que desde esta mañana la fuente de la sabiduría está envenenada y que los frutos del conocimiento son sacos vacíos, engaños. Se habrá usted fijado que estaba sentado sobre el manzano, rompía las ramas muertas y quitaba las hojas secas. Muchas veces sus palabras confusas encierran mucho sentido...

Hölderlin muere tranquilamente, en su habitación en 1843. Un año después nace otro Friedrich.
Friedrich Nietzsche.

EPITAFIO EN LA TUMBA DE HOLDERLIN

"Que en lo más sagrado de la tempestad
caigan los muros de mi mazmorra,
ennoblecido y libre peregrino
mi espíritu hacia la tierra desconocida".


© Javier Galarza

Cassandra by Friedrich Schiller (1759-1805)

Cassandra

By Friedrich Schiller (1759-1805)

April 2010

In Greek mythology, Cassandra was the daughter of King Priam of Troy. She was given the ability to foresee the future by the god Apollo, but also cursed because the populace would not believe her prophecies, including her warnings about the Trojan Horse and the destruction of Troy. Another daughter of Priam, Polyxena, was to marry the Greek leader Achilles, son of Thetis, which was to be the occasion of a peace treaty between Greece and Troy. Hymen was the god of weddings, Proserpina was the queen of the underworld, and Eris was the goddess of discord and sister of Ares, god of war. Ilion was the ancient name for Troy (as in the Illiad.)
Translated by Daniel Platt
Joy in Trojan congregations
Dwelt, before the fortress fell,
There were hymns of jubilation
Where the golden harp-strings swell.
All the people rested, weary
From the conflict fraught with tears,
Great Achilles sought to marry
Royal Priam's daughter fair.
And adorned with wreathes of myrtle
They went surging line by line,
To the gods' exalted temples
And Apollo's holy shrine.
To the passageways they'd taken
In a writhing bacchanal,
And to sorrow was forsaken
Just the saddest heart of all.
Joyless there amidst joy's fullness,
All alone she went to rove,
Just Cassandra shared the stillness
Of Apollo's myrtle grove.
To the forest's deepest quarter
Did the silent seeress flee,
Flung the headband of her order
To the ground most angrily:
"Everywhere is joy inherent,
Hearts rejoice throughout the lands,
Hope inspires my aging parents
And adorned my sister stands.
I alone must stay with sorrow,
Sweet delusion flies from me,
And approaching on the morrow
Dark disaster I foresee.
There's a torch that I see glowing,
But it's not in Hymen's hand,
Toward the clouds I see it growing
But it lights no wedding band.
Festivals are making ready
Yet my troubled spirit hears
Godly footsteps, swift and steady,
Bringing tragedy and tears.
And they scold my lamentations
And they mock me for my pain,
I must bear my heart's vexations
On the lonely desert plain,
Happy folk avoid me cooly
And the cheerful call me fraud!
Thou hast burdened me so cruelly,
O Apollo! Wicked god!
So that I might speak thy tidings
I received a prescient mind,
Why then must I be abiding
In the city of the blind?
Why have I prophetic fire
Yet can't hinder what I fear?
What's decreed must now transpire,
And the fearsome thing draws near.
When it hides the lurking terror,
Is it wise to lift the veil?
Human lives are only error
And with knowledge, death prevails.
Take away the bloody vision,
Take this wretched clarity,
Terrible! to be the living
Vessel of thy verity.
Give me back my darkened senses,
I'll be gladly blind by choice,
No sweet song from me commences
Since I first became thy voice.
Thou didst give the Future to me
Yet the Moment now I lack,
I have lost my Present truly,
Take thy false gift - take it back!
Never have I decorated
With the bridal crown my hair,
Since when I was consecrated
At thy doleful altar there.
All my youth was only weeping,
All I knew was bitter smart,
With the loved ones I was keeping,
Every hardship hurt my heart.
All around I see them wheeling,
Youthful playmates I have known,
Living, loving with such feeling,
Troubled heart was mine alone.
Springtime is for me no treasure
That the earth so festive keeps,
Who can live his life with pleasure
After gazing in thy deeps!
Blessings I give Polyxena.
Balmy love writ on her face,
For the greatest Greek she means to
Welcome with a bride's embrace.
How her breast with pride is swelling,
She can hardly grasp her bliss,
Even Ye, in heaven dwelling,
She doth not count blest like this.
And the suitor who entrances,
Whom I choose most longingly,
He implores with lovely glances
Fired by passion's fervency.
Visiting his habitation,
Oh, it would be my delight,
Yet a shadow of damnation
Steps between us in the night.
Pallid larvas from down yonder
Proserpina sends to me,
And wherever I may wander
All her spirits I must see.
In my childhood recreations
They would gruesomely intrude,
With such dread abominations
I may have no blithesome mood.
And I see the death-blade gleaming
And the glowing murderer's eye,
Nowhere, left nor right, 'tis seeming,
May I from this horror fly.
Seeing, knowing, never flinching,
I may not avert my gaze,
Now my fate comes closer inching,
All alone I'll end my days." --
And as yet her words did echo,
Hark! There comes an eerie sound,
From the portal of the temple,
Thetis' son, dead on the ground!
Eris shakes her serpent tresses,
All the gods are quickly gone,
And the thunder cloud oppresses
Heavy over Ilion.

El canto de la campana - Friedrich Schiller






"...el maravilloso Canto de la campana, el más religioso, el más humano y el más lírico de todos los cantos alemanes, y quizá la obra
maestra de la poesía lírica moderna."
M. Menéndez Pelayo










DAS LIED VON DER GLÖCKE
Johann Christoph Friedrich von Schiller



Firmemente fijado en la tierra, tapiado con obra de ladrillo,
Se alza el molde, de arcilla cocida.
Hoy nacerá la campana.
Mozos de la [fundición], ¡rápido, manos a la obra!.
El sudor ardiente
Deberá correr por la frente
Si la obra debe alabar al maestro
Pero sólo el cielo podrá bendecirla.

La tarea que vamos a acometer
Bien merece unas serias palabras.
Si le acompañan buenas palabras
El trabajo se hará con más brío.
Contemplemos ahora con diligencia
Lo que nuestras débiles fuerzas van a crear:
Hay que despreciar al mal hombre
Que nunca ha reflexionado sobre lo que hace,
Porque lo que adorna al hombre
Aquello por lo que se le dio la razón
Es el poder sentir en lo profundo de su corazón
Lo que hace y crea con sus manos.

Coged leños hechos con el tronco de una pícea,
Y procurad que sean bien secos
Para que la llama, comprimida,
Penetre en la tobera.
Cuando el cobre hierva, ya fundido,
Añadid, raudos, el estaño
A fin de que el denso caldo
Fluya como lo requiere la colada.

Lo que construyan nuestras manos
Con la ayuda del fuego, en el profundo foso de colada,
En su estancia en lo alto del campario
Dará sonora fe de nosotros.
Y todavía perdurará en días lejanos, por venir,
Llegando al oído de muchos hombres,
Afligiéndose con el afligido y
Uniéndose al coro de los oficios divinos.
Lo que aquí abajo el voluble destino
Depare al hombre
Resonará en la corona de bronce,
Quien lo propagará para edificación de todos.

Veo saltar burbujas blancas,
¡Bien! Las masas de metal ya están fundidas.
Mezclad ahora con ellas las sales de potasa,
Que así se acelerará la colada.
Y de espuma
Tiene que estar limpia la aleación,
Para que, siendo puro el metal,
La voz de la campana resuene clara y plena.


Porque es con sonido festivo y alegre
Que ella saluda al recién nacido querido
En los primeros pasos de su vida
Que realiza en brazos del sueño.
En el seno del tiempo, duermen todavía
Sus destinos, los acíagos y los resplandecientes,
Mientras los tiernos cuidados del amor de su madre
Velan su mañana dorada. –
Los años pasan volando, rápidos como flechas.
El chico se separa orgullosamente de la niña
Para precipitarse, impetuosamente, en la vida
Y varear el mundo con su bastón de caminante
Regresa, hecho un extraño, a su hogar,
Para descubrir ante sí,
Como una criatura celestial, la niña, convertida en joven doncella,
Maravillosa, en el esplendor de su juventud,
Con mejillas ruborizadas y recatadas.
Embarga entonces un anhelo desconocido
El corazón del muchacho, vaga solo,
De sus ojos brotan lágrimas y
Rehúye las filas revoltosas de sus hermanos.
Ruborizándose sigue los pasos de la chica,
Se siente feliz cuando ella le saluda.
Busca lo más hermoso que los campos pueden ofrecerle
Para adornar con ello su amor.
¡Oh! Tierno anhelo, dulce esperanza,
la época dorada del primer amor,
Cuando el ojo ve ante sí abierto el cielo
Y el corazón desborda de felicidad.
¡Oh! ¡Ojalá pudiera verdear siempre
Esa bella época del amor joven!


¡Los tubos de ventilación ya se vuelven de color tostado!
Sumergiré esta vara de hierro,
Y si sale recubierta de una capa vidriosa,
Es que habrá llegado el momento de hacer la colada.
¡Ahora!, mozos, ¡Al tanto!
Comprobadme la aleación,
Mirad si lo duro con lo dúctil
Se ha unido, en buena señal.


Pues, donde el rigor con la ternura,
Y lo fuerte con lo débil se hayan unido,
Ahí habrá un buen sonido.
Por ello, el que vaya a atarse para siempre,
¡Que pruebe, antes, si el corazón se aviene al corazón!
La pasión es corta, el arrepentimiento, largo.
La guirnalda virginal juguetea
Con gracia en los rizos de la novia,
Cuando las campanas de la iglesia,
Con claro sonido, llaman invitando al esplendor de la fiesta.
¡Ah! La más hermosa fiesta en la vida de cada uno
También es la que pone fin a la primavera de nuestras vidas.
Con el cinturón, con el velo,
También se rasga la bella ilusión.
¡La pasión huye,
El amor debe permanecer!
Cuando la flor se marchita,
Le llega al fruto el momento de crecer.
Al hombre le corresponde salir
A la vida hostil:
Debe obrar y luchar
Y plantar y producir,
Servirse de ardides y quitar por la fuerza
Debe osar y apostar
Si quiere conquistar la felicidad.
Entonces fluye una abundancia infinita,
El granero se llena con preciosos bienes,
Crecen las estancias, se ensancha la casa,
Y en ella reina
La recatada ama de casa,
La madre de los hijos,
Y gobierna sabiamente
La casa y a los que en ella moran,
Instruye a las hijas,
Y refrena a los chicos.
No dejan de moverse ni un momento
Sus manos laboriosas.
Y con su ordenada mente
Va multiplicando las ganancias.
Y llena de tesoros las arcas fragantes
Y enrolla el hilo alrededor del ronroneante huso,
Y en el ropero de pulcro acabado va atesorando
La lana reluciente, el lino inmaculadamente blanco,
Y da a lo bueno, brillo y esplendor,
Y nunca descansa.


Y el padre, con mirada satisfecha,
Desde la estancia más alta de la casa
Cuenta y recuenta su suerte floreciente,
Contempla los postes de madera de sus cercas, irguiéndose derechos,
Y los llenos recintos de sus pajares y heniles,
Y los graneros, doblándose bajo el peso de la bendición de los campos
Y las suaves olas de los trigales,
Y dice, con palabras llenas de alarde:
„¡Firme como la tierra,
Resistente a la desdicha,
Se alza la magnificencia de mi casa!“
Pero con las fuerzas del destino
No puede alcanzarse un pacto eterno
Y la desdicha se abate, rauda, sobre él.


¡Bien! La colada puede empezar:
La muestra del caldo se ve bellamente dentada;
Pero antes de hacerle fluir,
¡Recemos una pía oración!
¡Destapad, con certero golpe, la piquera!
¡Que Dios proteja el edificio!
Humeantes, caen a chorro las olas de fuego pardo
En el canal de la colada.

Benéfico es el poder del fuego
Cuando el hombre lo vigila y domeña.
Lo que hace, lo que crea
Se lo debe a esta fuerza divina.
Pero esta fuerza, regalo del cielo, se hace aterradora,
Cuando, liberándose de sus cadenas,
Avanza, la hija libre de la naturaleza,
Siguiendo sólo sus propias sendas.
¡Ay del hombre, si, ella, moviéndose a su antojo,
Y creciendo sin ninguna resistencia,
Por las callejuelas concurridas
Va propagando el monstruoso incendio!
Pues los elementos odian
Todo lo que la mano del hombre haya creado.
De las nubes
Brota la abundancia,
Cae la lluvia,
De las nubes, sin elegir a dónde irá,
¡Cae el rayo!
¿La oís gemir en lo alto del campanario?
¡He aquí la tormenta!
Rojo como la sangre
Está el cielo,
¡No es el fulgor del día!
¡Qué alboroto
En las calles!
¡Nubes de vapor se elevan!
Con llama trémula va ascendiendo la columna de fuego,
Avanza por la larga calle,
Creciendo con la fuerza del viento.
Hirviendo, como si saliera de las fauces de un horno,
El aire arde, las vigas crujen,
Caen los postes, vibran las ventanas,
Lloran los niños, las madres corren de un lado para el otro,
Y bajo los escombros,
Gimoteos de animales.
Todo corre, huye, se pone a salvo,
La noche se ilumina como el día;
Llevado por la larga cadena de las manos,
Que compiten, para ser cada cuál la más rápida,
Vuela el cubo de agua, y, formando altos arcos,
Brotan manantiales, chorros de agua.
Se acerca volando la tormenta, aullando
Busca la llama rugiente
Que, crepitante sobre el seco fruto,
Invade los graneros
Y la seca madera de las vigas.
Y la tormenta, como si, con su soplido
Quisiera llevarse consigo, en su huida poderosa,
todo el peso con el que carga la tierra,
Crece, gigantesca,
Hasta lo alto del cielo.
Sin esperanza
Cede el hombre ante la fuerza de los dioses:
Con impotencia ve, y con estupor,
Cómo perecen sus obras.

Devastado por el incendio y abandonado
Está el lugar,
Áspero lecho de salvajes tormentas,
En los desiertos huecos de las ventanas
Habita el espanto
Y las nubes del cielo, desde lo alto
Miran adentro.


Una última mirada
A la tumba
De sus bienes
Echa el hombre –
Y después, con ánimo alegre, toma su bastón de caminante.
Por más que el fuego se lo haya robado todo,
Un dulce consuelo le queda:
Cuenta las cabezas de sus seres queridos
Y, ¡mira!, nadie falta a su recuento.

En la tierra se ha acogido el metal fundido,
Felizmente, el molde se ha llenado como debía.
¿También saldrá bella a la luz,
Haciendo que hayan valido la pena arte y fatigas?
¿Y si la colada ha ido mal?
¿Y si el molde ha reventado?
¡Ay! Mientras todavía nos agarramos a la esperanza,
La desdicha, tal vez, ya nos ha golpeado.

Al oscuro seno de la tierra sagrada
Confiamos la obra de nuestras manos,
Confía el labrador su semilla
Esperando que germine
En mies bendita, según los designios del Cielo.
Una semilla aún más preciosa guardamos
Con duelo y llanto en el seno de la tierra,
Esperando que, levantándose de los ataúdes,
Florezca a un destino más hermoso.

Desde la catedral,
Con toques pausados, llenos de inquietud,
Tañe la campana
Un canto fúnebre.
Sus toques luctuosos acompañan, con gravedad,
A un peregrino en su último viaje.

¡Ay! Es la esposa, la amada,
¡Ay! Es la madre fiel,
A quien el negro príncipe de las sombras
Aparta de los brazos de su esposo,
Del tierno grupo de los hijos
Que ella le dio en la flor de sus años,
A los que vio crecer, junto a su pecho fiel,
Con satisfacción de madre –
¡Ay! Los tiernos lazos que unían la casa
Se han roto para siempre jamás,
Pues ella, la que fuera la madre de la casa,
Mora ahora en el país de las sombras,
Pues falta su fiel gobierno
Ni vela por ellos su preocupación solícita.
En este lugar huérfano reinará
La extraña, vacía de amor.

Hasta que la campana se haya enfriado
Dejad reposar el duro trabajo.
Como el pájaro en el follaje,
Así se divierta cada uno.
A la luz titileante de las estrellas
Libre ya de cualesquiera deberes,
El mozo escucha tocar a vísperas,
Pero el maestro tendrá que proseguir con el duro trabajo.

A lo lejos, en la agreste foresta, el caminante
Aprieta con viveza el paso
Camino de su querida cabaña natal.
Balando regresan
Las ovejas al establo
Y las manadas de vacas,
De ancha frente y pelo lustroso,
Llegan mugiendo,
Al sentir, cercanos ya, sus acostumbrados establos.
Cargado de grano,
Traqueteando pesadamente,
Entra el carro en el granero;
Sobre los haces de espigas,
Descansa la guirnalda
De flores multicolores,
Y los jóvenes segadores
Corren al baile.
Se van apaciguando calle y mercado,
Y los moradores de la casa
Se reúnen alrededor de la cálida llama de la luz,
Mientras las puertas de la ciudad se cierran chirriando.

La tierra se
Cubre de negro,
Pero al seguro ciudadano no le espanta
La noche
Que despierta al horrible malhechor
Porque el ojo de la ley está vigilante.

Orden sagrado, benéfico
Hijo del cielo, que une lo igual
Con alegría, ligereza y libertad,
Que inició la construcción de las ciudades
A las que luego llamó a los salvajes insociables
Que moraban en los campos incultos,
Y entrando en las cabañas de los hombres
Les avezó a costumbres apacibles
Y tejió el más precioso de los lazos:
La necesidad de tener una patria.

Mil manos laboriosas se mueven activas,
Se ayudan mutuamente en alegre unión
Y en este ajetreo fogoso
Se hacen manifiestas todas las fuerzas desplegadas.
Bregan maestro y mozo
Bajo la sagrada protección de la libertad.
Cada uno está contento con su sitio
Y se enfrenta al faccioso que tal cosa desprecia.
El trabajo adorna al ciudadano
Y la prosperidad es la recompensa de su esfuerzo,
Si al rey le honra su dignidad
A nosotros nos honra la laboriosidad de nuestra manos.


Paz preciosa,
Dulce concordia,
¡Quedaos, quedaos
Amigablemente sobre esta ciudad!
¡Que nunca llegue el día
En el que las hordas de la guerra feroz
Recorran desenfrenadas este apacible valle,
En el que el cielo
Al que pinta encantadoramente
El suave rojo del atardecer
Refleje con espanto el salvaje incendio
De pueblos y ciudades!

Rompedme ahora este envoltorio,
Ha cumplido con su propósito,
Para que ojo y corazón puedan regalarse
Con la perfección de esta obra.
Golpead, golpead con el martillo
Hasta que estalle la capa del molde:
Para que la campana resurja a la vida
Debe romperse en añicos el molde.

El maestro sabrá romper el molde
A su debido tiempo, con avezada mano,
Pero, ¡Ay si el metal fundido
Se libera a sí mismo en torrentes ardientes!
Ciego de furia, con el estruendo del trueno,
Revienta el edificio hendido,
Y como si surgiera de las fauces abiertas del infierno
Escupe destrucción e incendio.
Doquiera que reine sin sentido la fuerza bruta
No podrá formarse ninguna estructura:
El bien común no puede prosperar
Cuando los pueblos se liberan a sí mismos.

¡Ay, si en el seno de las ciudades
En silencio se ha ido acumulando la yesca,
Y el pueblo, rompiendo sus cadenas,
Recurre, con espanto, a las armas para ayudarse a sí mismo!
Es entonces cuando la revuelta, tirando de las cuerdas de la campana,
Resuena aullando,
Y, bendecida únicamente para dar de sí sones de paz,
Entona la consigna de la violencia.

¡Libertad! ¡Igualdad! se oye resonar,
El apacible ciudadano corre a las armas,
Las calles se llenan, y los edificios públicos,
Rondan sin rumbo bandas de asesinos,
Y las mujeres se convierten en hienas
Y se divierten con el horror,
Y desgarran con dientes de pantera,
Aún palpitante, el corazón del enemigo.
Ya no hay nada sagrado, se rompen
Todos los lazos impuestos por el temor reverencial,
El bueno cede su sitio al malvado,
Y todos los vicios imperan a sus anchas.

Despertar al león es peligroso,
Mortífero es el diente del tigre,
Pero el más horrible de los horrores
Es el hombre en su locura.
¡Ay de aquellos que presten al irremediablemente ciego
La antorcha celestial de la luz!
Porque ella no le va a iluminar, sólo podrá prender fuego
Y convertirá en cenizas ciudades y países.

¡Dios me ha dado la alegría!
¡Mirad! Cual astro dorado,
De su vaina de arcilla, liso y reluciente,
Se va pelando el corazón de metal.
Desde la corona hasta su boca
Brilla como los rayos del sol,
También los pulcros rótulos de los blasones
Alaban al experto artífice.


¡Entrad!, ¡Entrad!
Mozos todos, cerrad el corro,
Para bendecir, al tiempo que la bautizamos, a la campana:
Concordia sea su nombre,
Y que[, a su son,] la comunidad se reúna, llena de amor,
En la concordia y la comunión de los corazones.

¡Que éste sea, de hoy en adelante, su oficio,
Para el que la ha creado el maestro!
Que la vecina del trueno flote
En la azul bóveda celeste,
Elevándose, alta, por encima de la baja vida terrestre,
A tocar del mundo de las estrellas,
Sea ella una voz que resuene desde lo alto,
Como la hueste reluciente de los astros
Que alaban, en su carrera, a su creador
Y dirigen el año coronado.
Que su boca de metal se dedique
Sólo a lo eterno y serio.
Y que a cada hora, con sus rápidas alas,
Toque fugazmente el tiempo.
Preste su boca al destino
Y ella misma sin compasión, sin corazón,
Acompañe con su vaivén
Las variadas vicisitudes de la vida.
Y del mismo modo que el sonido se va apagando en el oído
Después de resonar poderosamente desde su boca,
Así enseñe que nada permanece,
Y que todo lo terrenal se desvanece.

Ahora, con la fuerza de la soga,
Sacádmela de su fosa,
Para que se eleve hasta el reino del sonido,
Hasta el aire del cielo.
¡Tirad! ¡Tirad! ¡Levantadla!
Ya se mueve, ya flota:
Signifique alegría para esta ciudad,
Paz sea su primer tañido.

Ludwig Richter - Das Lied von der Glöcke



Tarragona, enero 2005



Edición:

→ Schillers Werke. Nationalausgabe. Zweiter Band. Teil I: Gedichte in der Reihenfolge ihres Erscheinens (1799-1805) - der geplanten Ausgabe letzter Hand (Prachtausgabe) - aus dem Nachlaß (TEXT). Herausgegeben von Norbert Oellers. Weimar: Hermann Böhlaus Nachfolger, 1983. Pàgines 227-239.


Traductores:

Versos 1-146: → Serap Ermiş, Nora Heidemann, Frances Plówka, y Gemma Rovira Gili.

Versos 147-310: → Alexandra Álvarez Podio, Marko Bliesener y Julia Dorn.

Versos 311-426: → Katharina Busemann, Daniela Lippert y Maria Elena Pàmies i Arribas.

Corrección de la traducción: → Macià Riutort i Riutort.


Ilustraciones: Das Lied von der Glöcke, Ernst E. Oehme