Wednesday, February 15, 2012

Music with Hölderlin by Josef Matthias Hauer


Josef Matthias Hauer – Music with Hölderlin (2011)
Classical/early 20th Century | FLAC lossless | cuesheets+log | covers+booklet | 58m11s | 179mb
Label: MDG | cat. no. MDG 613-1686-2


The staggering poetic imagery of Hölderlin….prodigious talents like his aren’t born that often. The original German texts of the songs are taken up in the booklet.
And the music is beautiful.

Josef Matthias Hauer (1883-1959)
Hauer was born in Wiener Neustadt and died in Vienna. He had an early musical training in cello, choral conducting, and organ, and claimed to have been self-taught in theory and composition. In 1918 he published his first work on music theory (a tone-color theory based on Goethe's). In August 1919 he published his "law of the twelve tones", requiring that all twelve chromatic notes sound before any is repeated. This he developed and first articulated theoretically in Vom Wesen der Musikalischen (1920), before Schoenberg’s earliest writings on twelve-tone technique.
Hauer wrote prolifically, both music and prose, until 1938, when his music was added to the touring Nazi "degenerate art" (Entartete Kunst) exhibit. He stayed in Austria through the war, and, in fear, publishing nothing. Even after the war, however, he published little more, although it is thought that several hundred pieces remain in manuscript.

Hauer's compositional techniques are extraordinarily various, often change from one piece to the next. These range from building-block techniques to methods using a chord series that is generated out of the twelve-tone row ("Melos"). The so-called 44 "tropes" and their compositional usage ("trope-technique") are essential to Hauer's twelve-tone techniques. In contrast to a twelve-tone row that contains a fixed succession of twelve tones, a trope consists of two complementary hexachords in which there is no fixed tone sequence. The tropes are used for structural and intervallic views on the twelve-tone system. Every trope offers certain symmetries that can be used by the composer.
After 1940, Hauer wrote exclusively Zwölftonspiele ("Twelve-tone Games" or "Twelve-tone Playing"), designated sometimes by number, sometimes by date. He wrote about one thousand such pieces, most of them lost.


Tracks:

Hölderlin - Lieder für eine mittlere Stimme und Klavier op. 6
01. Der Gute Glaube [0:01:10.13]
02. Hyperions Schicksalslied [0:02:05.22]
03. Sonnenuntergang [0:01:49.61]
04. Vanini [0:01:24.39]
05. Lebenslauf [0:01:15.30]

Hölderlin - Lieder für eine mittlere Stimme und Klavier op. 12
06. Ehmals und Jetzt [0:01:08.23]
07. Abbitte [0:01:28.31]
08. Die Heimat [0:01:39.62]

Klavierstücke mit Überschriften nach Worten von Friedrich Hölderlin op. 25 (I)
09. Deine Wellen umspielten mich [0:01:24.10]
10. Um die grauen Gewölke streifen rötliche Flammen dort [0:01:49.11]
11. Seid gegrüsst, ihr zufluchtsvolle Schatten (...) [0:00:57.25]
12. Ihr Wälder schön an der Seite am grünen Abhang gemalt [0:01:26.06]
13. Lächelnd über Silberwolken neigte sich segnend herab der Äther [0:02:23.51]
14. Wohl gehn Frühlinge fort, ein Jahr verdränget das andere [0:01:47.25]
15. In seiner Fülle ruhet der Herbsttag nun [0:01:47.44]
16. Wo die Meerluft die heissen Ufer kühlt (...) [0:01:38.02]

Hölderlin - Lieder für eine mittlere Stimme und Klavier op. 23
17. Abendphantasie [0:03:24.00]
18. Der gefesselte Strom [0:02:16.33]
19. Des Morgens [0:01:50.31]
20. An die Parzen [0:02:08.17]

Hölderlin - Lieder für eine mittlere Stimme und Klavier
21. Hälfte des Lebens op. 21, 2 [0:01:07.43]
22. Jugend op. 21,5 [0:02:08.21]
23. Der Gott der Jugend op. 32,3 [0:02:05.15]
24. Tränen op. 40,3 [0:02:55.01]

Klavierstücke mit Überschriften nach Worten von Friedrich Hölderlin op. 25 (II)
25. Von Himmel lächelt zu den Geschäftigen durch ihre Bäume milde das Licht herab [0:01:09.06]
26. Doch, wie Rosen, vergänglich war das fromme Leben [0:02:49.32]
27. Die Schwärmerische, die Nacht, kommt voll mit Sternen [0:00:55.50]
28. Anmut blühet wie einst [0:01:50.62]
29. Verloren ins weite Blau [0:03:33.04]
30. Aber schwer in das Tal (...) [0:01:53.33]
31. Beweglicher eilt schon die wache Quelle [0:00:30.25]
32. Und ihr drängt euch aus der kräftigen Wurzel [0:02:19.63]

Performers:

Holger Falk – tenor
Steffen Schleiermacher – piano

Wednesday, February 8, 2012

Juan Miguel Zunzunegui

JUAN DIEGUITO: EL MEXICANO CHIQUITO y su Virgencita de Guadalupe

Juan Miguel Zunzunegui
Por siglos le han dicho al mexicano que es el resultado de una humillante derrota y dolorosa conquista; de la destrucción del que llamamos “nuestro” pasado prehispánico en manos de los españoles. El mexicano vive desde entonces con la eterna esperanza de que algún día su futuro mejore, aunque no hace nada para provocar dicha situación, y contrario a eso; vive encerrado en el mítico, romántico e hipotético pasado que se ha construido.
Parte de ese pasado, eternamente presente, es la virgencita de Guadalupe; que es, aunque no se quiera ver, entender o aceptar, parte fundamental de dicha conquista. México no existía cuando Cortés piso este suelo, habitado más bien por una amalgama de culturas diversas, con distintos idiomas y religiones, sin un poder central, sin territorios definidos. Esto no era un país.
Y Cortés apareció trayendo con él, no sólo a sus soldados, sino a sus ideas, y desde luego, su religión. La península Ibérica se había unido gracias al catolicismo y era don Hernán un ferviente católico, y además, un fiel devoto a la Virgen de su tierra extremeña: la Virgen de Guadalupe, con la que sustituyó a la Tonantzin madrecita de los indios.
Hoy cuenta la leyenda que la Virgen se apareció a Juan Diego para ofrecerle consuelo, no a él únicamente, sino a todo su pueblo: a los conquistados; consuelo por haber sido conquistados. Pero al mismo tiempo es obvio que la aparición de la madre del Dios católico, reitera que la fe de los conquistadores es la verdadera…, en el fondo, esa virgencita piadosa le dice a los conquistados que está bien que los conquisten..., por la salvación de su alma.
No fue Cortés, sino su Virgen, quien conquistó a los indígenas de Mesoamérica; fue su Virgen la que embelesó a los indios, fue ella quien los acogió dentro del seno del catolicismo, la fe de los conquistadores, fue ella, la madre celestial quien terminó de llevar a cabo esa conquista…, pero eso sí, dando consuelo.
Pero ese consuelo es a Juandieguito, siempre así, en chiquito, el más pequeño de sus hijos, el humilde, el pobre, el indio conquistado. ¿El mexicano es Juandieguito?, ¿somos o queremos ser eso: el chiquito, el pequeño, el humilde? Juan Diego, santo o no, existente o no en la vida real, es el símbolo del conquistado…, el pequeño indio humilde que requiere consuelo de la Virgen.
En México hablamos bonito y nos encantan los diminutivos…, como Juandieguito. Pero puede uno analizar que, en muchas ocasiones nos referimos en diminutivo, sobre todo en ciertas clases sociales, a lo que vemos pequeño, a lo que observamos por arriba del hombro, a lo que ninguneamos. Esa es por ejemplo nuestra forma muy particular de discriminar y ser racistas, aunque sea de forma inconsciente. Mucha gente dice, siempre con tono de ternura: “el indito”, el prietito”, “el negrito”…, precisamente porque los ve así como a Juandieguito; así, poquita cosa.
¿Qué México queremos ser en el siglo XXI? Basta de ser los pequeños, los chiquitos, los humildes, los derrotados, los descendientes de una capitulación…, los que requieren consuelo, y además que éste venga desde el cielo. Ese México será siempre pequeño y jamás llegará a nada.
Pero además ya tendríamos que decir que no somos Juandieguito.¿Vamos a seguir siglos y siglos pretendiendo que somos conquistados, usando ese pretexto para justificar lo que sea?, ¿vamos a esperar eternamente el consuelo de una madre amorosa?, ¿vamos a ser eternamente pequeños, a ser eternamente niños?
Si Juandieguito es el indio conquistado que requiere consuelo, pues muy bien; pero el mexicano de hoy no es hijo de Juan Diego, ni es descendiente del azteca, ni es el indígena conquistado. El mexicano es un mestizo, es la fusión de lo indígena con el español; México ni el mexicano existirían sin el español, por lo que no somos hijos de una derrota.
La virgencita consuela a los conquistados, la madre celestial domó y sometió a los conquistados, los entregó a los brazos de la Iglesia de los españoles y por lo tanto a su dominio; la virgencita consumó la conquista espiritual. La Virgen de Guadalupe, la imagen traída por el mismísimo Cortés, el culto impuesto por el llamado conquistador se convirtió en el máximo culto de los mexicanos.
Desde entonces y hasta el siglo XXI, sin saberlo, muchas cosas se esconden tras la guadalupana: la Tonantzin de los indios, la conquista espiritual, el culto de Hernán Cortés, fraudes y engaños con los que la Iglesia ha sometido, somete y someterá a los más pobres. Con el pretexto de la virgen consoladora de los conquistados, la Iglesia los exprime más y más.
Con el guadalupanismo el pueblo mexicano exalta la humildad y la pobreza como virtudes, mientras el clero guadalupano es todo menos pobre y humilde. Esas supuestas virtudes, por cierto, no han catapultado jamás a un país hacia al futuro, y no lo harán con nosotros.
Ninguna divinidad ha sacado a un país adelante; es evidente que la Virgen no ha logrado sacar a México hacia el progreso, y tal vez sea porque esa no es su chamba. Pero México a veces parece que pretende dejarle toda la chamba a la guadalupana. La Virgen de Guadalupe formó este país en sus diversas etapas, pero la Iglesia y las elites se apoderan de ese culto y de la ignorancia para mantener el sometimiento. ¡México, la pobreza no es una virtud!
Podemos seguir el ejemplo de Juandieguito: ser humildes y chiquitos, ser pequeños y simples, así, poquita cosa. Ahora que es santo incluso podemos arrodillarnos ante él y alabar esas supuestas cualidades, venerar su pequeñez, su derrota, su ser conquistado.
También podemos cambiar de virtudes y querer ser grandes y orgullosos, ser nobles altivos y encumbrados…, podríamos venerar eso y aspirar a ello.
Han pasado siglos desde la llamada conquista, desde que el español sometió al indígena, y éste último jamás se ha liberado. No fue parte de la independencia ni le hizo justicia la revolución, y sin embargo encuentra consuelo en la virgencita que hace 500 años le impuso el llamado conquistador. Su madre amorosa que no lo deja salir de su regazo, y lo hace, por lo tanto, inútil.
Eso significa Juandieguito y eso se venera en su supuesta santidad. Ese mexicano es pequeño y se conforma con lo que es y con lo que tiene, sin aspirar, sin anhelar…, con la esperanza de la “otra vida” en la que todo será recompensa; y desde luego, donde se reunirá de nuevo con su eterna madrecita.
El mexicanito confía siempre en su madre celestial, que además lo quiere por ser pobre y humilde…, por ser conquistado. Así, con los ojos puestos en la Virgen de Guadalupe, el mexicano sigue inmóvil, reza, agradece lo que sea que reciba; agacha la cabeza, se somete. El mexicano espera, siempre espera; en México no pasa el tiempo. Ahí sigue la morenita del Tepeyac, observando nuestra eterna conquista; tal vez como la madre eterna, agradecida de que sus retoños nunca dejen el nido…, o tal vez ahí, muda desde su altar, desesperada de ver como sus hijos dependen eternamente de ella, que no se alejan, no maduran, no crecen, son eternamente niños y perpetuamente conquistados.
MÁS REFLEXIONES E INFORMACIÓN AL RESPECTO DEL GUADALUPANISMO EN MI LIBRO “El Mito Guadalupano, símbolo de eterna conquista

"El Llano en Llamas" de Juan Rulfo

¿Qué hay detrás del "llano en llamas" de Juan Rulfo? Un espectacular folclorismo autocomplaciente o sencillamente una profunda autocrítica a nuestra idiosincrasia. Cuando se lee: “-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.” Se descubre un Rulfo festivo y engreído con nuestra idiosincrasia o es, quizás, ¿el grito apagado de un colonialismo lerdo que no deja a nuestra mexicanidad modernizarse? O, qué decir de Anacleto Morones cuando exclama: “¡VIEJAS, HIJAS DEL demonio! Las vi venir a todas juntas, en procesión.” ¿Es este un Rulfo categórico y macho?; o, tal vez, ¿es la expresión fina de una denuncia: credulidad y modernidad no encajan? Leer “El Llano en Llamas” de Juan Rulfo permite imaginar un México posible desde la mazmorra de una idiosincrasia maravillosamente opresora donde incluso sonreímos.........

Juan Rulfo - Wikipedia, the free encyclopedia


 

¡Diles que no me maten! - Juan Rulfo - Ciudad Seva

Anacleto Morones, Juan Rulfo (1918-1986)

Monday, February 6, 2012

Nietzsche: la filosofía como fiesta y embriaguez

Nietzsche: la filosofía como fiesta y embriaguez

POR Martin Heidegger*

“¡Casi dos milenios y ni un solo nuevo dios!” (1888)
(El Anticristo)

Martin Heidegger (lladmirall.wordpress.com)
En La voluntad de poder Nietzsche dice lo siguiente sobre la filosofía: “No quiero inducir a nadie a la filosofía: es necesario, tal vez inclusive deseable, que el filósofo sea una planta rara. No hay cosa que más me repugne que la ponderación didáctica de la filosofía, como es el caso en Séneca y en Cicerón. La filosofía tiene poco que ver con la virtud. Séame permitido decir, que también el hombre de ciencia es algo fundamentalmente distinto del filósofo. Lo que deseo es que no desaparezca por completo en Alemania, la auténtica idea del filósofo”. (La voluntad de poder).

A la edad de 28 años, siendo profesor en Basilea, escribe Nietzsche: “En los tiempos de mayor peligro –cuando la rueda del tiempo corre cada vez más rápida—, cuando aparecen los filósofos, ellos y el arte entran a reemplazar al mito que se desvanece. Pero son proyectados con mucha anticipación, ya que la atención de los contemporáneos sólo lentamente se vuelve hacia ellos. Un pueblo que llega a ser consciente de su peligro, produce al genio”.
“La voluntad de poder”, esta expresión tiene en Nietzsche un doble papel: 1) sirve como título para la obra filosófica principal de Nietzsche, obra planeada y preparada por él durante años enteros, sin que lograra llevarla a buen término; 2) sirve para designar lo que constituye el carácter fundamental de todo lo que es. “La voluntad de potencia es el último hecho hasta el cual podemos descender”.
Es fácil ver cómo los dos usos de la expresión “voluntad de poder” guardan entre sí una relación: sólo en cuanto la expresión desempeña el segundo papel es que puede y tiene que representar también el primero. En cuanto designación del carácter fundamental de todo lo que es, la expresión da una respuesta a la pregunta por qué es lo que es. Esta pregunta es desde la más remota antigüedad la pregunta propia de la filosofía.
De ahí que la denominación “voluntad de poder” no pueda menos de aparecer como título de la obra filosófica principal de un pensador, que dice: todo ente es, en el fondo, voluntad de poder. Si para Nietzsche la obra que lleva este título debía ser el “edificio principal” de su filosofía, mientras que el Zaratustra sólo era la “antesala”, eso significa que el pensamiento de Nietzsche se mueve dentro del largo camino de la pregunta directora de la filosofía. “¿Qué es el ente?”
¿Pero entonces, Nietzsche no es tan moderno como parece por el ruido que se hace a su alrededor? ¿Ni tan subversivo como él mismo quisiera hacérnoslo creer? La dispersión de estos temores no es urgente y puede quedar sin hacerse. En cambio, la indicación según la cual Nietzsche pertenece al camino del preguntar propio de la filosofía occidental pone en evidencia que Nietzsche sabía lo que es la filosofía. Este saber es raro. Sólo los grandes pensadores la poseen. Los mayores lo poseen del modo más puro bajo la forma de una pregunta que no varía.

Friedrich Nietszche (dandruffbutterscotch.com)
La pregunta fundamental en cuanto pregunta auténticamente fundante, en cuanto pregunta por la esencia del ser, no ha sido todavía desarrollada como tal en la historia de la filosofía; también Nietzsche se queda en la pregunta conductora.
Si en el pensamiento de Nietzsche se recoge y culmina bajo un aspecto decisivo la tradición que hasta ahora ha seguido el pensamiento en occidente, entonces la discusión con Nietzsche se convierte en una discusión con el pensamiento occidental hasta la fecha.
La confrontación con Nietzsche no sólo no ha comenzado sino que no han sido creados todavía los presupuestos necesarios para ella. Hasta ahora Nietzsche ha sido alabado y seguido o insultado y explotado. El pensamiento y el decir de Nietzsche nos son demasiados presentes. Él y nosotros no somos históricamente suficientemente diferentes como para que se forme la distancia desde la que pueda madurar una apreciación de lo que constituye la fuerza de este pensador.
Confrontación significa crítica auténtica. Es la única manera y la más alta de estimar verdaderamente a un pensador. Pues ella toma sobre sí la tarea de repensar su pensamiento y de perseguirlo en su fuerza efectiva y no en sus debilidades. Pero en las cátedras alemanas de filosofía se cuenta desde hace tiempo que Nietzsche no es un pensador riguroso sino un “filósofo poeta”.
Nietzsche no pertenecería a los filósofos que sólo cavilan en abstractas y sombrías cosas lejanas de la vida. En el caso de que se lo llame filósofo tendría que ser considerado como un “filósofo de la vida”. Ese título, en boga desde hace ya largo tiempo, podría al mismo tiempo dar pábulo a la sospecha de que la filosofía restante fuera sólo para los muertos y, por lo tanto, en el fondo, innecesaria. Semejante manera de ver las cosas coincide por completo con la opinión de los que saludan en Nietzsche al “filósofo de la vida”, que habría barrido finalmente con el pensamiento abstracto.
Estos juicios corrientes sobre Nietzsche son erróneos. El error será reconocido cuando se ponga en movimiento una discusión con Nietzsche que sea al mismo tiempo una discusión dentro del espacio de la pregunta fundamental de la filosofía. Mientras tanto se puede citar una frase de Nietzsche, proveniente de la época en que trabajaba en La voluntad de poder. Dice así: “El pensamiento abstracto es para muchos un esfuerzo –para mí, en los días buenos, una fiesta y una embriaguez”.

Lou Andreas Salome, Paul Ree y Friedrich Nietzsche (philosophicalmisadventures.com)
¿El pensamiento abstracto una fiesta? La más alta forma de existencia. De hecho. Pero debemos también tener en cuenta cómo ve Nietzsche la esencia de la fiesta, puesto que él sólo puede pensarla con base en su concepción fundamental de todo ente, con base en la voluntad de potencia. “En la fiesta están incluidos: orgullo, desenfrenada alegría; la burla de toda clase de seriedad y de probidad burguesas; una divina afirmación de sí mismo hecha de plenitud y de perfección animales –condiciones puras a las cuales el cristiano no puede honradamente decir sí. La fiesta es el paganismo par excellence (La voluntad de poder).
De ahí, añadimos, que en la cristiandad no se dé jamás la fiesta del pensamiento, o sea, que no haya una filosofía cristiana. No hay ninguna filosofía verdadera que busque su determinación en alguna parte distinta de sí misma. De ahí que tampoco hay una filosofía pagana, en cuanto “lo pagano” es, con todo, algo todavía cristiano, lo contrario de lo cristiano. Apenas si es lícito llamar a los pensadores y a los poetas griegos, “paganos”.

*Extracto del libro La voluntad de poder como arte. (http://www.olimon.org/uan/heidegger-nietzsche-la_voluntad_de_poder_como_arte.pdf)