Saturday, July 14, 2012

Poema descriptivo por Friedrich Hölderlin

Die beschreibende Poësie


Sprüche. Spruchgedicht von Friedrich Hölderlin


Wißt! Apoll ist der Gott der Zeitungsschreiber geworden
Und sein Mann ist, wer ihm treulich das Faktum erzählt.

Aus der Sammlung Gedichte 1784-1800

Poesía Descriptiva


¡Sepan! Apolo se ha convertido en el Dios de los periodistas
Y su favorito es, quien fidedignamente reporte los hechos.


Descriptive Poetry


Known, Apollo has become the God of newspapermen.
And his servant is whoever tells him the fact truly.

Mexicanas fuera de serie

Nahui Ollin -María del Carmen Mondragón Valseca- (1893-1978)

, ,
Mi nombre es como el de todas las cosas: sin principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a nombrarme son NAHUI-OLLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.
 y entonces renunció, para siempre, a ser María del Carmen Mondragón Valseca.
.
La mujer que dicen que fue la más bella de su época nació el 8 de julio de 1893 en México pero estudió en Francia, cuando Porfirio Díaz envió a su padre a Europa en una misión. A los 10 años, Carmen escribía rebelde: “Protesto a pesar de mi edad por estar bajo la tutela de mis padres”, cuando pensaba en que le arreglarían un matrimonio.
Carmen, hija del General Mondragón – quién resulto ser uno de los participantes de la Decena Trágica, motivo por el que fue desterrado del país – fue conocida desde siempre como una niña burguesa con un espíritu indomable, con una gran ansiedad por amar y ser amada – aún cuando yo diría idolatrada - .
En 1921, después de una larga estadía en Europa, regresa a México, donde es pionera en el uso de la minifalda – lo cual obviamente le acarrea la censura social – y se mezcla con los círculos culturales más importantes de la época, donde ella no sólo es musa sino también creadora: la poesía y la pintura son sus dos principales formas de expresión, aún cuando varios de sus textos hoy en día no han sido publicados.
A los 20 años se enamora de un cadete del regimiento de su padre, el después pintor Manuel Rodríguez Lozano quién resultaría un fiasco total para ella tanto en lo emocional como en lo intimo: un hombre homosexual que la acusaría durante mucho tiempo de haber asesinado a  su único hijo en uno de sus ataques de locura característicos y con quién en 1913 se casó; el matrimonio fue tormentoso , signado por peleas y la muerte de su único hijo cuando todavía era un bebé; la leyenda dice que la propia Carmen lo ahogó, pero la investigación histórica sostiene que el niño falleció mientras dormía. En 1921 el matrimonio volvió a México; Carmen quiso el divorcio, pero su familia no se lo permitió, no eran épocas de divorcios, pero a Carmen poco le importó.
Conoció a Gerardo Murillo, famoso artista y vulcanólogo mexicano que intervenía en política y juntos se mudaron al ex convento de La Merced, en Ciudad de México. Murillo se cambió su nombre por Dr. Atl (agua en náhuatl) cuando viajaba en barco de Nueva York a París y se desató una tremenda tempestad. Según esa costumbre, el Dr. rebautizó a su amante como Nahui Ollin, que es la fecha que en el calendario azteca significa el movimiento renovador de los ciclos del cosmos.
La relación fue apasionada y escandalosa para su época, incluso comparada con el no menos tempestuoso romance de Diego Rivera y Frida. Nahui era muy celosa y lo demostraba con escenas que el propio Atl se encargaba de difundir:
 “La vida se ha vuelto imposible. Los celos nos torturan. Yo, más dueño de mí mismo, me contengo, pero ella es un vendaval. Esta mañana dos pobres muchachas, que después de abandonar mi consultorio se atrevieron a subir a la azotea para contemplar el panorama de la ciudad, provocaron una furia terrible en Nahui, que ahí estaba. Apenas las vio, se les echó encima. Trató de empujarlas hacia el borde de la cornisa, con la intención de arrojarlas al patio. Me interpuse. Hubo escenas violentas… Cuando subí al gran salón encontré a Nahui dando vueltas como una fiera enjaulada, con los ojos iluminados por relámpagos de rabia. Esa primera tempestad anunciaba el tiempo de lluvias, los truenos y las tormentas y los rayos que habrían de fulminarme”.

Eran los años veinte, y el México macho se escandalizó ante un grupo de mujeres que, aún sin tener derecho a voto, rompían moldes y convenciones: Tina Modotti, Lupe Marín, Lupe Rivas Cacho, Nellie Campobello, María Dolores Asúnsolo, Dolores del Río, Frida Kahlo, Clementina Otero y Antonieta Rivas Mercado.  De todas ellas Nahui Ollin fue la más atrevida, la más libre y rebelde. Pero la sociedad de su época prefirió calificarla como descarada, libertina y perturbada. Nahui prodigó su cuerpo, se retrató desnuda, hablaba sin prejuicios, rompió esquemas. Y la “gente de moral y buenas costumbres”, incapaz de comprender, la consideraba loca.
Ser modelo para los más importantes pintores y fotógrafos de su época; escribir sobre asuntos que en aquellos años eran exclusivos para hombres; practicar con libertad su sexualidad, y deslumbrar constantemente con su belleza y retratos de desnudo causaron verdadero espanto en la sociedad de su época, pero nunca cambiaron su modo de pensar y de vivir.
En 1923, Nahui conoció a los fotógrafos Tina Modotti y Edward Weston; este último realizó los mejores retratos de su carrera con Nahui como modelo.  Nahui Olin compartía largas veladas bohemias junto a Dolores del Río, Guadalupe Marín, Antonieta Rivas Mercado, María Tereza Montoya, Frida Kahlo, Tina Modotti, Lupe Vélez y María Izquierdo,  Xavier Villaurrutia, José Vasconcelos Calderón, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
Ella, mientras tanto, se volvía a enamorar, ya separada del tremendo Atl; en pareja con el pintor y caricaturista Matías Santoyo, partió hacia Hollywood y decidió dejarse fotografiar desnuda. En 1927 escandalizó México con una muestra de sus desnudos para el fotógrafo Antonio Garduño. Pero dos años después, ya estaba fuera de México: se enamoró de un capitán de barco, Eugenio Agacino. Durante un viaje, en 1934, el capitán se intoxicó y falleció en Cuba.
Nahui Ollin fue una artista, por épocas pintora, por épocas escritora o compositora. Pero México la olvidó hasta que en 1992 se comenzó a hacer una catalogación de sus pinturas para una retrospectiva que se concretó en 1993 en el Estudio- Museo Diego Rivera, de la Ciudad de México.
Al igual que Frida se pinta a sí misma una y otra vez. Hay otros temas en sus pinturas, consideradas del estilo naïf , pero ella misma es su tema predilecto.
 “Nahui era de esas personas, como Frida, que se desconocen, que no se encuentran, que no saben quiénes son, que se fotografían y autorretratan para verse a sí mismas.”
Y yo me atrevo a agregar, que pintarse a sí mismas tal vez fue el único modo que encontraron de hacerse eternas…
Andrés Henestrosa

Después de la muerte de Eugenio Agacino, Nahui Olin no volvió a ser la misma. Dedicó menos tiempo a la pintura y más a escribir. Sin embargo, expuso por última vez en 1945.
En los últimos años de su vida, vivió con sus gatos en la casa de la calle General Cano que heredara de sus padres, desempeñándose como maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una beca que, mes con mes, le daba Bellas Artes. Andaba por la calle vestida con harapos, y decía que era la dueña del sol: cada mañana, lo hacía salir con su mirada, y cada noche lo devolvía al ocaso. Se convirtió en un personaje triste para todos, menos para ella, que seguía orgullosa de su cuerpo y su pasado. Nunca pudo olvidar a Eugenio: hasta su muerte, colgó en su casa una sábana donde había pintado a su amante capitán y dormía abrazada a ella.
Muy enferma pide a sus sobrinas que la trasladen a la recámara donde nació y el 23 de enero de 1978, Carmen Mondragón / Nahui Ollin, cierra por siempre sus bellos y enormes ojos verdes.
Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español en la Ciudad de México.
“Mi cuerpo y mi espíritu tienen siempre loca sed de esos mundos nuevos que voy buscando sin cesar y de las cosas o los individuos que tienen siempre nuevos rostros bajo la influencia de mi espíritu, es una inquietud creadora que juega con esos mundos que voy creando”.
Nahui Ollin
Afortunadamente, al igual que con Frida Kahlo y Guadalupe Amor,  existe un reciente y renovado interés por su vida y su obra.
“De que Nahui Olin tenía el mar en los ojos no cabe la menor duda. El agua salada se movía dentro de las dos cuencas, y adquiría la placidez del lago o se encrespaba furiosa tormenta verde, ola inmensa, amenazante. Vivir con dos olas del mar dentro de la cabeza no ha de ser fácil”.
Elena Poniatowska







Para calzarme de Carmen Mondragón, Nahui Ollin

Para calzarme
los pies
tengo que
buscar
unos zapatos
rojos y negros
que besen
la tierra
con las puntas
que perfeccionen
los contornos
de mis piernas
con unos calzados
rojos y negros
que señalen
el peligro
de ver
mis piernas
salir
de mis faldas
que terminan
en las rodillas
Y
recojo
mis
faldas
con
grandes nudos
que
no desato
más que ante las
miradas de aquel
a quien
le gustan mis rodillas
mis
pies calzados
con
unos zapatos
Rojos y negros

En
mis pasos
que
son tan diferentes
  caminando
     he inventado
        una música
           moderna
              que
                 repite mis inquietudes
                   encarceladas
en mis pies
calzados
de rojo
de negro.
Colores
que se pueden ver
sin ver
que hay en mi vida
en mis pasos
en mis pies
algo
 Rojo y Negro

El consenso público de Friedrich Hölderlin


¿No es más bella la vida de mi corazón
desde que amo? ¿Por qué me distinguíais más
cuando yo era más arrogante y arisco,
más locuaz y más vacío?

¡Ah! La muchedumbre prefiere lo que se cotiza,
las almas serviles sólo respetan lo violento.
Únicamente creen en lo divino
aquellos que también lo son.


 

Mnemosyne by Friedrich Holderlin


We are a sign, meaningless
We are painless and have almost
Forgotten speech in exile.
But if there is strife in heaven over mankind
And the moon travels in force, so the sea
Will speak and the rivers must
Find their way. Undoubtedly, though,
There is one, who
Can bring forth change daily. He scarcely needs
The law. And it sounds the leaves and rings the oak trees
By the glaciers. As not everything is possible for
The heavenly ones. That is, mortals almost
Reach into the abyss. Thus it turns, the echo,
With them. Time is
Long, but the truth
Will come to pass.
But what of love? We see
Sunshine on the ground and burnished dust.
And deep with the forest shadow and it blooms
Smoke from the rooftops, in the old crowns
Of towers, peaceful – the signs of day are good, that is,
If an immortal wounds
The soul in answer.
For snow, the abundant,
like flowers, stands signified where
It may, glistening off the green
Alpine meadow, half
There, speaking of crosses, the
Law is the dead at one stage
Along the way, on higher paths
A wanderer moves in wrath,
Knowing from a distance with
The other one, but what is this?
At the fig tree my
Achilles died to me,
And Ajax lies
In the grottoes of the sea,
At the brooks bordering Skamander.
Following the fixed, constant tradition of
Salamis, Ajax died of the temple’s fury
in strange lands.
Yet Patroclus in the king’s armor. And
Many others also died. At Kithairon
Lay Eleutherae, the city of Mnemosyne. There, too, when
God’s mantel was cast off, the one like night then parted
Her locks. Celestials, that is, are
Unwilling, if one had not gathered
His soul together in healing, but he must; in the same way
Suffers the mourner.

Mnemosyne, by Friedrich Hölderlin

Celebration Of Peace by Friedrich Holderlin

The holy, familiar hall, built long ago,
Is aired, and filled with heavenly,
Softly echoing, quietly modulating music.
A cloud of joy sends fragrance
Over the green carpets.  Shining in the
Distance, a splendid row of gold-wreathed
Cups stands, well-ordered, full of ripe fruits.
Tables stand at the sides, rising above
The leveled ground.  For now in the evening
Loving guests have gathered, coming from far.

 
And with half-shut eye I think I can see
The prince of the festival himself,
Smiling from the day's earnest work.
Though you like to deny your foreign origin,
And even when you lower your eye, tired
From the long crusade — forgotten, lightly shadowed —
And you assume the appearance of an acquaintance,
Still you're recognized by everyone; your superiority
Alone almost forces one to his knees.
Being nothing in your presence, I know
You are not mortal.  A wise person can
Explain a lot, but where a god appears,
There is different clarity.

 
He isn't of the present, yet doesn't come unannounced;
And one who feared neither flood nor flame
Doesn't surprise us without a reason, now that all is quiet,
And dominion is invisible among spirits and humans.
That is, just now the work become audible,
Long in preparation, from morning to evening.
For the thunderer's echo, the thousand-year storm,
Roars immeasurably down towards rest, resounding
In the depths, while peaceful sounds rise above it.
But you, days of innocence, become dear to us:
Today you bring the festival, beloved ones!
And the spirit flourishes in the evening stillness,
And I must counsel you, friends, to prepare the wreaths
And the food, since now we're like eternal youths,
Even if our hair were silver grey.

 
There are many I should like to invite, but you,
Who were devoted to mankind in a friendly, yet
Earnest way, and who liked to stay at the well
Under Syrian palms, near the city...  the fields
Of grain rustled in the wind, the coolness drifted
Down from the shaded holy mountain,
And the loyal clouds, your friends,
Cast their shadows around you,
So that your holy, daring radiance shone gently
Through the wilderness upon men, o Youth!
But then a deadly fate enshadowed you
More darkly, terribly and definitively
In the middle of your words.  Thus everything
From heaven passes quickly, but not in vain.

 
For a god, knowing always the proper measure,
Touches sparingly and just for a moment the homes
Of men — unexpectedly, and no one knows when.
But then something boisterous may appear,
And wildness may come to the holy place from afar.
Grasping about roughly, it touches upon madness,
And fills some intention thereby.
Gratitude doesn't follow the gift
From the gods immediately:
It has to be deeply studied first.
For if the giver hadn't been cautious,
From the blessing of the hearth both
Floor and ceiling would have gone up in flames.

 
We've received much from the gods.
Fire was handed to us, and the ocean's
Flood and shore.  Much more,
For alien powers have become familiar
To us in a human way.  The stars
Over your head can teach you things,
Although you can't equal them.
Yet of the all-living ones — from whom
Issue much pleasure and song —
One is a calmly powerful son.
Knowing his father, we recognize him,
Now that the high Spirit of the World
Has descended to mankind
To keep the holidays.
 

He had long become too great to be
The Lord of Time, and his territory
Extended far... when would it
Have exhausted him?  But a god
May once choose mundane life also,
Like mortals, and share their fate.
One law of fate requires that people
Should know each other, so that when
Silence returns, there will also be a language.
Where the spirit is at work, we are present too,
And talk about what is best.  To me, the best
Is when the picture is done, and the artist
Finishes and steps transfigured from his workplace,
The quiet God of Time, and only the reconciling
Law of love extends from here to heaven.

 
Man has learned much since morning,
For we are a conversation, and we can listen
To one another.  Soon we'll be song.
And the picture of time, which the great spirit unfolds,
Lies as a sign before us, indicating that a covenant
Between himself and others, himself and other powers exists.
Not he alone, but also the unconceived and eternal ones
Are recognizable in the picture,
Just as our mother, the earth, recognizes herself,
And light and air, through the plant kingdom.
But the all-gathering day of the festival
Is the ultimate sign of love, the witness
Of your existence, o holy powers.

 
The gods aren't revealed in miracles now,
Nor do they remain unseen as during a storm;
Now they are met together as guests,
A holy number, holy in every way,
And present in choruses of song.
And the person they love most,
Their favorite, is here.
Thus I've summoned you to the banquet
Now prepared, you, the unforgettable one,
To the evening of time, o Youth,
To be the Prince of the Festival.
And our race will not sleep
Until all the promised, immortal gods
Are here in our halls
To speak of their heaven.

 
Lightly breathing winds
Proclaim your arrival;
Valley mists announce you all,
And the earth, still sounding from the storm.
Hope colors the cheeks;
Mother and child
Sit before the house door,
Looking upon the peace.
Few seem to die:
A premonition, sent from the golden light,
Holds the soul back;
A promise retains the eldest.

 
Now all labors,
The seasoning of life,
Are prepared and completed above.
Everything pleases,
Simple things the most.
The long-awaited
Golden fruit
Has fallen from the ancient tree
After terrible storms,
But then is guarded, like a treasured possession,
By holy Fate with gentle weapons:
This has the shape of the gods.
 

Like a lioness, Mother,
Nature, you lament,
Since you lost your children.
Your enemy, all-loving one,
Has stolen them from you,
Since you adopted him almost
To be your own son, placing
Gods in the company of satyrs.
Thus you've created much
And buried much,
Because that which you brought
To light too soon, all-powerful one,
Now hates you.
But this too you recognize and accept,
For whatever arouses fear prefers
To rest insensate below
Until its time has come.

Editor notes

Poet's Note: "Please read these pages only if you're feeling kind. Then they won't seem unintelligible, and will certainly prove less offensive. But to those who find my language too unconventional, I confess I can't help it. On a beautiful day almost any kind of song can be listened to, and Nature, where it comes from, will receive it back. The author intends to lay before the public a whole collection of similar pieces, and this is just a sample."