Thursday, August 26, 2010

Horacio Montenegro: Ensayo

A propósito del Hölderlin de Peter Weiss

En un tiempo como el nuestro, cuando las fronteras otrora rigurosamente trazadas entre los géneros literarios se han vuelto borrosas y la creación moderna ha cedido a la tentación ecléctica de servirse de cuanto le es útil para sus fines—sin miramientos respecto a la singularidad de las Escuelas y corrientes—, a menudo resulta difícil discriminar eficazmente la naturaleza de ciertas obras de las demás y, en consecuencia, un tanto aventurado o casi imposible categorizarlas con absoluta certeza en el lugar que les corresponde en el amplio abanico de la teoría literaria. Así las cosas, ¿quién osará decir, sin riesgo de equivocarse, que El cuaderno de Blas Coll, por nombrar sólo un ejemplo, es un ensayo, una narración o una obra poética? Es innegable que encontramos aspectos de los tres géneros en ese libro, pero no de manera exclusiva, de suerte que es preciso hacer una concesión: o bien ese singular texto de Eugenio Montejo es una convergencia de los tres géneros, o ninguno. Sea cual fuere el caso, ¿dónde lo ubicaríamos? No es una pregunta descabellada, pues ni siquiera el autor se ha atrevido a clasificarlo y, en el inventario de sus obras, suele figurar en un sitio apartado de los demás.

Diríase que nos hemos adentrado en la vorágine de la polémica de Parménides contra Heráclito. En efecto, del mismo modo que lo advirtiese Parménides en lo que los lógicos han llamado el principio de la identidad, a propósito de la solución al problema metafísico que ofrecía Heráclito, ocurría que una cosa es y no es al mismo tiempo, puesto que el ser—según éste—consiste en estar siendo, en fluir y devenir. Parménides, analizando la idea misma de devenir, de fluir, de cambiar, encuentra en esa idea el elemento de que el ser deja de ser lo que es, para entrar a ser otra cosa; y al mismo tiempo que entra a ser otra cosa, deja de ser lo que es, para entrar a ser otra cosa (...) Cualquier vista que tomemos sobre la realidad, nos pone frente a una contradicción lógica; nos pone frente a un ser que se caracteriza por no ser1. Fue entonces cuando el pensador Parménides dijo aquellas palabras inmortales: el ser es y el no ser no es. Y aunque esto parece ser cierto, no podemos evitar conciliar asimismo con Heráclito, quien a la luz de las constantes transformaciones del mundo físico que perciben nuestros sentidos, afirmaba que nadie se baña en un mismo río dos veces.

Ante semejantes ambigüedades nos encontramos en la tentativa de dar un nombre a la especie de teatro que el alemán Peter Weiss engendró y representó a finales del siglo XX: la pieza en dos actos, ocho escenas y un epílogo titulada Hölderlin. Y la empresa es tanto más desafiante cuanto más nos ciñamos ciegamente a los postulados de una obra como la Poética de Aristóteles, pues a pesar de que sus preceptos nos ayudan a distinguir un limón de una naranja, desafortunadamente no podía prever que muchos siglos después se popularizarían frutos literarios que supiesen a ambos. El mismo dramaturgo del Hölderlin está consciente, a su manera, de esta ambivalencia y, desde el principio de la pieza, nos dice, por boca del protagonista, lo siguiente: Con arreglo a las categorías esta obra es una tragedia. Sin embargo no me la representéis mucho por lo trágico, pues la tristeza es siempre algo secundario en la vida con relación a la alegría, aunque yo carezca de ésta y melancólico la añore. Juntad por tanto al discurso algo de música con el fin de que la explicación no resulte monótona2.

La sentencia no podría ser más contradictoria, porque ¿puede, en todo rigor, una tragedia apartarse de lo trágico? ¿No supondría ese distanciamiento de

la tragicidad desmentirse a sí misma? Procedamos, pues, como Parménides para dilucidar, hasta donde nos sea posible, esta cuestión, porque si bien Aristóteles nos ha acompañado un buen trecho en nuestras disertaciones, a manera de un sumo pontífice de la teoría literaria, hay asuntos más de fondo a que están sujetos sus propios postulados, esto es, la consideración de la dicotomía sustancia y forma, a la que no escapa su Poética. Además, ya hemos visto de qué modo su obra es, si no prescindible, insuficiente para el estudio de los raros especimenes que en la actualidad se imprimen y pueblan las vidrieras.

Cuando Parménides, enfrentándose a los postulados de Heráclito, desmintió a éste diciendo que el ser es y el no ser no es, lo hacía basándose en un principio lógico: que el ser no puede no ser y el no ser no puede ser. No obstante, sabía perfectamente que su postura de teórico reñía con la práctica, es decir, que el espectáculo del mundo mostraba a nuestros sentidos una realidad completamente distinta a la que concebimos mentalmente, pues todos estamos al tanto de la metamorfosis incesante del universo físico. Y así, para resguardar cuanto de verdadero había en el principio de identidad, amenazada por la forma cambiante de la realidad objetiva—que llega a nosotros por la percepción sensorial—, anunció la existencia de dos mundos: el mundo inteligible y el mundo sensible, sentenciando, además, que aquél, propio del pensamiento, es el único verdadero; y éste, propio de los sentidos, que fácilmente pueden ser engañados por la apariencia, es necesariamente falso.

En este sentido, es inevitable que el amigo Aristóteles, pese a sus buenas intenciones, se nos aparezca como un Heráclito, porque, de convalidar cuanto nos dice en su Poética, es ininteligible que haya obras teatrales que provoquen, en los espectadores o lectores—según sea el caso—, efectos idénticos o muy semejantes a los de la tragedia y, sin embargo, no cumplan con todas las formalidades que el filósofo juzgó imprescindibles en su definición del género. Y aún más, es igualmente incomprensible que ciertas piezas—como lo expuse en mi análisis anterior—, pese a tener elementos propios de la tragedia, no lo sean en lo absoluto. De ahí que juzgo necesario—y creo que los tiempos que corren, en virtud de la evolución de la literatura, así lo exigen—distinguir entre sustancia y forma, como lo hiciera Parménides, insisto, al hablar del mundo inteligible y el mundo sensible, respectivamente. En efecto, ni las sombras en la caverna de Platón eran la realidad verdadera, por así decirlo, ni el hábito hace al monje, sino su devoción. Todo lo cual nos lleva, en la hoy riesgosa empresa de categorizar una obra, a apelar a un último recurso que la misma teoría literaria ha tomado en cuenta para tal fin. Más allá de las formalidades, es preciso estudiar un atributo cuya importancia es fundamental para la consideración de los géneros: el cometido del texto. Cualquier resistencia a proceder de este modo, cuando el asunto se torna confuso, sería regresar al tiempo en que todo lo escrito en verso se consideraba poesía, aunque se tratase de una receta de cocina, y ya ha corrido suficiente agua bajo el puente para ver el absurdo de tales rigores, como también hemos aprendido a conferirle altura de poesía a una prosa que goce de ciertas características relativas a la belleza y la cadencia, las imágenes y el empleo de metáforas, la traslación de sentido, etc., aun cuando en el seno de sus estrofas no nos deleitemos con la rima de los sonetos o las elegías de antaño. Así, pues, es el cometido o el propósito de la obra, en última instancia, el elemento que habrá de guiarnos en nuestra intención de identificar su naturaleza, más allá de los “requisitos” que Aristóteles nos exigía en su formulario para ser miembros de las cofradías de Sófocles, Esquilo y Eurípides. Pero, ¿a cual hemos de proponer a Peter Weiss? Dejemos, de momento, esta pregunta sin contestación, y antes hagamos algunos comentarios generales sobre su pieza.

Hölderlin es una obra que representa el devenir de toda una época, por demás compleja—la segunda mitad del siglo XVIII, Alemania—en que las luces de la Ilustración estaba subordinada o afectada, en el mejor de los casos, por el ímpetu de dos fuerzas antagónicas: por una parte, la efervescencia de la Modernidad naciente—consigna de los burgueses acaudalados y toda la alta sociedad, más o menos conservadora—, y, por otra, las reminiscencias del ideario revolucionario que la Francia de entonces había propagado a todas las naciones. La historia retrata el influjo que estas ideas libertarias tuvieron en la generación de entonces, que aquí cobra vida en las personas de Hegel, Schelling, Sinclair, Neuffer, Hiller y Schmid, en principio, pero también en Schiller, Goethe y Fichte, entre otros. Pero de todos aquéllos, que coincidieron por estudios de teología en el seminario de Tübingen, y de los tratos que ulteriormente tuvieron con éstos y un sinnúmero de personajes representativos de las tendencias de la época, surge uno como estandarte: Johann Christian Friedrich Hölderlin, en cuyo genio y figura Weiss plantea el dilema del rol que ha de tener el hombre de letras en su tiempo, particularmente en relación con las grandes reformas que atañen al destino de la patria. La pieza se alarga en el tiempo para mostrar los destinos de los jóvenes, los cuales han tomado sendos caminos de la vida, en algunos casos contrarios a los que anhelaron en la juventud y a espaldas de su causa de entonces, cuando eran unos rebeldes soñadores. Pero no sólo eso, la pieza también se nos presenta como un testimonio poético de la vida del protagonista y, en este sentido, puede ser considerada una historia de corte biográfico adaptada al teatro. De hecho, su extensión—unas doscientas páginas—ya nos da un indicio de ello, además de la mención que hace el Narrador, al principio de cada escena, de fechas capitales en la vida de Hölderlin, sugiriéndonos asimismo el momento histórico.

Ciertas peculiaridades relativas a los medios que emplea Peter Weiss revelan la índole vanguardista de la pieza. Desde el inicio la obra parece atentar contra sí misma, haciéndonos saber, en las intervenciones de los personajes y del propio Narrador, que se trata de una obra teatral. Así vemos que el Narrador anuncia el prólogo y enseguida interviene Hölderlin de esta manera: Una obra que se refiere a Friedrich Hölderlin (...)3 Sin duda que el autor de la Poética habría condenado sin piedad este uso de la tercera persona por el actor que encarna a Hölderlin, quien hace notar desde el primer momento la farsa de la representación, lo cual rompe con la ilusión teatral. Pero esto no resulta extraño en nuestro tiempo de escrúpulos más desenfadados respecto al arte: no sólo hemos visto con beneplácito, verbigracia, el juego de ilusión y realidad que Luigi Pirandello genialmente logró en Siete personajes en busca de autor, sino que nos complace de igual manera la originalidad de El público de Federico García Lorca, cuyas primeras líneas, referentes a la plática entre un criado y el director de teatro, son como sigue:

CRIADO. Señor.

DIRECTOR. Qué.

CRIADO. Ahí está el público.

DIRECTOR. Que pase.

Y ni hablar del teatro del absurdo de Ionesco o los hoy tan populares monólogos en que ocasionalmente la participación espontánea de los espectadores, inducidos por los actores, forman parte de la trama. En fin, vivimos una era en que los actores de teatro han dejado de ser figuras lejanas e intocables. A fin de cuentas, sólo importa que podamos identificarnos con ellos, de modo que suframos sus penurias y nos alegremos con sus regocijos. Porque, del mismo modo que la verosimilitud de un cuento de ficción nos permite tomar por verdadero cuanto ahí nos es relatado, jamás olvidamos que al cerrar el libro habremos vuelto a la realidad. En ninguno de los casos anteriormente expuestos ha sido destruido el poder de persuasión de la obra de arte. Al contrario, se ha puesto más al alcance del público, pues le ha permitido ser parte de la obra y participar de su representación, aunque sea de modo muy efímero, cual si estuviese tras bastidores. Indistintamente llorarán el tramoyista y el espectador sentado en su butaca cuando vean morir al protagonista. Me refiero a que es ridículo permitir que la Poética nos convenza de que esta licencia del dramaturgo es inadmisible, arrebatándonos la pieza apenas comenzada. Pretender algo semejante supondría creer a ciegas en algo que la oferta literaria contemporánea ha demostrado ser extemporánea, y está claro que no somos el público que otrora contemplara el funesto destino de Edipo Rey. Esto no quiere decir que cualquier bodrio deba ser visto como drama o tragedia, pero sí nos exhorta a entender que el drama o la tragedia no son sólo lo que Aristóteles apreció en su siglo. Es por esto mismo que he hablado del cometido, pues la coincidencia entre el de Hölderlin y el de las obras estudiadas por el filósofo es lo que nos permitirá dar con las relaciones entre unos y otros.

Ahora bien, una vez expuesta esta diferencia capital, que a los efectos de nuestro análisis refiere una discrepancia de “forma” respecto de los trágicos griegos, es preciso ver, a favor de Peter Weiss, que éste no ha vuelto la espalda del todo a sus antecesores. La sola presencia de un Narrador en su Hölderlin alude a una figura que ya en el teatro antiguo se había ganado un lugar intocable en la representación del género: el Coro. Así, el Narrador de Weiss hace las veces del Coro de Sófocles, por ejemplo, porque a su manera aparece como la voz de la sensatez. Desde luego que esta equivalencia responde a la similitud de los roles en lo “sustancial”, porque ni el Narrador de Hölderlin se expresa en los mismos términos que el Coro de las tragedias griegas ni se limita solamente a la función de éste. Por lo que respecta a la pieza que nos ocupa, el Narrador es una sola persona, en lugar de varios, como ocurría en la tragedia antigua. En lo tocante a la expresión, la sensatez del Narrador es de otro orden. Naturalmente, aquí ya no se trata de una voz que previene a los actores de incurrir en hybris, lo que les valdría un desenlace terrible y la ira de los dioses, sino que más bien las semejanzas entre ambas figuras se aprecia mejor en el hecho de que las dos, indistintamente, intervienen como autoridades incuestionables que dan cuenta de la historia y reflexionan sobre ella. Pero Weiss le concede además otras funciones al Narrador, entre ellas la de ser emisario del argumento—que en la antigüedad aparecía sólo al principio de la tragedia y jamás volvía a enunciarse—, y también de la temporalidad de la situación, lo que a su vez es necesario para enterar al público del tiempo que ha transcurrido entre cada escena y las circunstancias que rodean al protagonista y sus contemporáneos en sendos momentos de la historia. Por otra parte, y valiéndose de su autoridad, el Narrador en ocasiones se toma la libertad de decir ciertas cosas, en respuesta a la intervención de algunos actores, que no pueden ser dichas por ningún otro, ya porque no se corresponde con su temperamento, ya porque el momento no es propicio para ello. Un ejemplo de ello podemos verlo en la Escena Sexta del Segundo Acto, durante la cual Hölderling refiere a sus compañeros los pormenores de su Empédocles. Schelling, quien como Hegel se ha convertido en un creador al servicio del Sistema, hace unos comentarios elogiosos sobre la obra de Hölderling, y es azotado por las palabras del Narrador. A saber:

Schelling

Yo opino que a estas alturas

los espíritus ya se hallan divididos

y que los valientes se pronuncian

en favor de Empédocles

mientras Hermócrates

agrupa a su alrededor

a todos los hombres pusilánimes.

Narrador

Lo malo es solamente

que todos aquellos

que muestran gran amor por el héroe

mientras él resplandece lozano

luego procuran evitar su compañía

en cuanto lo ven marchito

y desolado.4

Está claro que, del mismo modo que los personajes de Empédocles son encarnados por sus semejantes de la trama del Hölderlin—el mismo actor que hace del Duque Karl Eugen, enemigo de los jóvenes en el seminario, es el villano Hermócrates; la emancipada y precoz feminista Wilhelmine Kirms hace el papel de la guerrera Panthea, etc.—, el Narrador, dado que son la misma persona, se refiere a Hölderlin al hablar de Empédocles, una vez que la conveniencia y el oportunismo de algunos de los presentes ha sido desenmascarada, asunto que, por cierto, trataremos más adelante. Por último, y para concluir la idea sobre el Narrador, diremos que la acotación de la Escena Primera señala que éste debe estar ataviado como un hombre del pueblo. Aquí se hace evidente la pretensión del dramaturgo de conferir a tal personaje—de la misma índole que todos aquellos que habrían de hacer la revolución en Alemania—la jerarquía de autoridad incuestionable de que hablábamos anteriormente, lo que concuerda con el cometido del Empédocles y de la propia pieza Hölderlin, en tanto reflejos de la esperanza que el protagonista guardaba en la insurrección soñada. Por lo tanto, es comprensible que los integrantes del Coro del Empédocles sean, lo mismo que en el Hölderlin, siervos y demás personajes oprimidos por la burguesía.

Hemos hablado de algunas diferencias y similitudes entre el Hölderlin de Weiss y los rasgos generales de la tragedia que Aristóteles señalaba en su Poética, y hasta ahora hemos visto, a excepción de la anunciación del Narrador que descubre el artificio teatral al principio de la obra, que hay equivalencias sustanciales entre las tragedias antiguas y la pieza que nos compete: así en los roles del Narrador y el Coro, pero también en lo tocante a la retórica. Los diálogos del Hölderlin también son de altura, cargados de elevadas expresiones, como los de los personajes sofócleos, tanto más cuanto que los de Weiss pertenecen a una minoría selecta que se ha hecho con las luces del conocimiento al que no acceden las masas populares. Asimismo, el mito está presente, como en las obras inmortales de Grecia, pues es innegable que personajes como Marat figuran como dioses de la Revolución Francesa, lo mismo que un Robespierre o un St. Just harían las veces de las deidades que protegen a los enemigos, como en Ilíada Apolo y Hera velaban por los troyanos. Claro que este trasfondo mitológico es mucho más sutil y abstracto que el que encontramos en la épica y la tragedia de aquellos tiempos, pero en todo caso su presencia, aún más en una Alemania que miraba con atención a los nuevos “dioses” que emergían o perecían en Francia, es insoslayable. ¿No figura acaso Buonaparte como un Zeus implacable? ¿Y no es Bounarotti una especie de Atenea para Hölderlin, cuando se le aparece a éste en su alucinación del manicomio? Y, si es menester un ejemplo más claro, ¿no hablaba Hölderlin de Plutón y el submundo al sentir su muerte llegar en la torre? Pero acaso la mejor demostración de la presencia de la mitología en la historia es el hecho de que el Empédocles del poeta suponía, por sí solo, la enorme tentativa del poeta de mitificar su tiempo. Esto es, de concederle a la causa de la época, su propia causa, la altura ditirámbica o hímnica que en tiempos anteriores habían tenido las lides de Grecia y Roma. En efecto, hay dos momentos de la trama en que este cometido del poeta se hace evidente. Se nos revela, por vez primera, al principio de la Escena Tercera, mientras Hölderlin platica con Schiller, antes de su encuentro con Goethe. La segunda vez aparece en la disertación que hace frente a sus compañeros, acerca del Empédocles, en la Escena Sexta. Veamos cada caso:

Hölderlin

Yo no me refiero a un retorno

al mundo de los griegos

sino a la necesidad en que nos encontramos

de encontrar símbolos que sean válidos

para este nuestro tiempo

que sean eficaces y de alcance

como en su día lo fueron las deidades y las mitologías.5

Y después:

Hölderlin

Porque es preciso que surja

una figura mítica

ahora

que el fuego de la Gran Revolución

está apagado

y sólo aislada y esporádicamente

brilla su rescoldo

Porque alguien

cansado de contar las horas que pasan

debe hacer recordar

que lo que antes era

llama ardiente

y ahora se ha hundido

en insondable pretérito

puede ser de nuevo avivado

por la fuerza de un poderoso hálito.6

Hallamos, pues, que Hölderlin es consecuente en su propósito de instaurar el mito como asidero de las ideas revolucionarias que se han sumido en letargo, porque el fracaso en Francia—a la cual no pueden imitar a ciegas los alemanes oprimidos—, y la supremacía de las clases dominantes conspiran contra la causa del pueblo. Es esta fidelidad a su visión lo que en Hölderlin constituye la piedra angular de su protagonismo, y también, desde luego, lo que justifica el efecto de la pieza: apiadarnos de la triste suerte del poeta, cuyo alado pensamiento trascendía su época y por ende siempre fue un incomprendido, una rara criatura aún entre sus amigos, un excluido y al cabo un marginado—incluso por voluntad propia, al saberse inhabilitado de tratar con sus semejantes—que asumió su destierro en la torre con dolorosa dignidad. Es precisamente esta cualidad, insistimos, la que lo separa de sus compañeros, de los cuales muy pocos siguieron fieles a los valores y principios de la mocedad, y que nos son revelados en la Escena Primera. Es por ello que la evolución de los caracteres que dibuja Peter Weiss es muy significante en el retrato que hace de la época.

La Escena Quinta, que tiene lugar en la casa de los Gontard—segunda en que Hölderlin servía de preceptor; la primera fue en la de los von Kalb—donde se han reunido señores de la burguesía y algunos literatos, es una de las que mejor da cuenta de las personas en que se han convertido los jóvenes del seminario. Y más aún, la escena muestra sus roles con respecto a la sociedad. En relación a Hölderlin, son Sinclair y Schmid sus amigos incondicionales. Aquél, como lo fue desde sus tiempos de estudiantes en Tübingen, y éste, quien sólo aparece en su madurez, pero que también se ha ganado su afecto. Sinclair y Schmid, aunque fieles a la causa revolucionaria, son personajes emblemáticos porque simbolizan dos tesis de insurrección: Sinclair pretende acabar con los enemigos desde las altas esferas del Congreso, en tanto que Schmid prefigura a un guerrillero que ansía la lucha armada en los montes. Por ello es éste quien se parece más al Empédocles de Hölderlin, aunque ambas tesis fracasan. La maestría de Weiss en la Escena Quinta radica en el frecuente contraste de los muchos personajes que ahí aparecen, no sólo entre los otrora estudiantes, sino también entre éstos con la burguesía y los siervos. Diríase que los tres estratos sociales principales están presentes.

Los de arriba son la familia aristocrática Gontard, los comerciantes Gogel, Schellenberg, el banquero Bethmann y el mismo Hegel, cuyas sugerencias a Bethmann sobre cómo aplacar a los pobres le desenmascara como frío estratega y oportunista, lo que hace comprensible su apartamiento de los compañeros, en la Escena Primera, durante los actos de rebeldía de éstos. Es Hegel, junto con Schiller y Goethe, uno de estos tres personajes que se oponen al trío Hölderlin, Schmid y Sinclair. Goethe, puesto que no guarda ninguna relación especial con Hölderlin y se siente muy seguro de su superioridad, no le da tregua en la crítica a su obra y apariencia personal. Pero la relación entre los dos primeros con Hölderlin es más compleja, porque aunque se han vendido al prestigio de las cátedras universitarias, como bien lo señalara Schmid en la Escena Sexta, sin embargo sienten cierta admiración por el poeta. Schiller fue, en cierto modo, benefactor de Hölderlin a lo largo de su vida, consiguiéndole el cargo de preceptor con los von Kalb y luego el de bibliotecario de la Corte. En cierto modo se siente unido al amigo por la idea de la revolución, pese a estar muy claro, al parecer, de que no es más que una utopía con la cual se puede hacer literatura, en tanto que para Hölderlin es una necesidad histórica. Por su parte, Hegel, pese a no estar de acuerdo con el espíritu rebelde de Hölderlin, no pudo evitar la fascinación que en él suscitaba su obra.

Volviendo a la idea del contraste de clases en la Escena Quinta, la digresión momentánea de la página 103, en que irrumpen un par de criadas, una de las cuales se queja a la otra por la leche acumulada en sus senos y que no ha tenido tiempo de amamantar al bebé por el trabajo, recuerda la presencia del pueblo oprimido. La otra criada sólo le exhorta a apresurarse para procurarse las propinas de los señores. Y estos contrastes se sucederán una y otra vez, como ocurre con los jardineros, por ejemplo, dándoles a éstos la razón al final de la escena, cuando un despliegue grotesco de las clases los reúne a todos, tras el despido de Hölderlin. El grupo que representa al pueblo rebasa a la minoría aristocrática, demostrando que los siervos son mayores en número que los amos, y al frente, con aquellos, sólo quedan Hölderlin, Schmid y Sinclair, tapando a los opresores. El mensaje de la escena es nítido: éstos, que no han tenido éxito en la vida por obedecer a sus principios y creer en la revolución, son los más cercanos al pueblo. Ni siquiera Susette Gontard pudo evitar estar en el grupo adverso al de Hölderlin y, como los de su clase, fue tapada por la multitud. Ella, el amor prohibido por el cual echaron a Hölderlin de la casa, no puede ser suya. Es una más de quienes pregonan la Modernidad que aplastará al individuo del futuro.

Piedad y terror, tales son los dos efectos que atribuía Aristóteles a la tragedia. Hölderlin nos conmueve, nos sacude, y la tortura que sufre el protagonista en el manicomio de la Escena Séptima, en que aparecen imágenes fantasmagóricas del pasado, nos horroriza tanto como su talante enloquecido en la torre, mientras esperaba la llegada de la Muerte. La sangre en el zapato de Sinclair, que había matado a su padre, regresa con más fuerza. Las palabras de Susette Gontard, exhortándole a esperarle bajo el castaño y buscarla en su alcoba a escondidas, vuelven insoportablemente. Las palabras de su madre, apareciendo por vez primera, aplastan duramente por el recuerdo de la infancia perdida y los reproches de ella penetran los oídos sin piedad. En la última escena, Hölderlin, prematuramente envejecido, recibe la visita de Hegel y Schelling y éste se comporta hipócritamente, diciéndole que se ve muy bien. El elogio resulta insultante al lector. El protagonista, trastocado, no reconoce a los visitantes o finge no saber quiénes son. Éstos se marchan como si nada. El estado del amigo no alcanza a conmoverlos. Es más bien desconcierto lo que sienten.

Hölderlin es, sin duda, una tragedia de la modernidad. Difiere en la forma de los atributos de la tragedia que Aristóteles nombró y explicó en su Poética, pero no en sustancia, esto es: suscitar piedad y terror. Parménides, antecedente del filósofo, nos ha ayudado a descubrirlo. El cometido de la Antígona de Sófocles y el Hölderlin de Weiss es el mismo, porque ambos ocupan un mismo lugar en el mundo inteligible de la teoría literaria, aunque se distancien mucho en el mundo sensible. La percepción es engañosa, no el pensamiento. De esto se puede decir mucho más, claro está, pero con esto me basta.

Horacio Montenegro.



1 García Morente, A. Lecciones preliminares de filosofía. México. Editores Mexicanos Unidos, S.A., 1983. p. 60

2 Weiss, Peter. Hölderlin. México. Editorial Grijalbo, s/a. p. 11 y 12.

3 Ídem. p. 10

4 Ídem. p. 146

5 Ídem. p. 64

6 Ídem. p. 134

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UNA APROXIMACIÓN A HÖLDERLIN

Wednesday, August 25, 2010

Wolfgang Amadeus Mozart / Phillips



Wolfgang Amadeus Mozart Missae/Requiem [Box set]

Disc: 1
1. Missa In C, KV 66 - 'Dominicus': Kyrie
2. Missa In C, KV 66 - 'Dominicus': Gloria
3. Missa In C, KV 66 - 'Dominicus': Credo
4. Missa In C, KV 66 - 'Dominicus': Sanctus
5. Missa In C, KV 66 - 'Dominicus': Benedictus
6. Missa In C, KV 66 - 'Dominicus': Agnus Dei
7. Missa brevis In G, KV 49-47d: Kyrie
8. Missa brevis In G, KV 49 - 47d: Gloria
9. Missa brevis In G, KV 49 - 47d: Credo
10. Missa brevis In G, KV 49 - 47d: Sanctus
11. Missa brevis In G, KV 49 - 47d: Benedictus
12. Missa brevis In G, KV 49 - 47d: Agnus Dei

Performed by Leipzig Radio Chorus, Leipzig Radio Symphony Orchestra
with Edith Mathis, Rosemarie Lang, Uwe Heilmann, Jan-Hendrik Rootering
Conducted by Herbert Kegel

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Disc: 2
1. Missa In C, KV 167 'in honorem S(anctissi)mae Trinitatis': Kyrie
2. Missa In C, KV 167 'in honorem S(anctissi)mae Trinitatis': Gloria
3. Missa In C, KV 167 'in honorem S(anctissi)mae Trinitatis': Credo
4. Missa In C, KV 167 'in honorem S(anctissi)mae Trinitatis': Sanctus
5. Missa In C, KV 167 'in honorem S(anctissi)mae Trinitatis': Benedictus
6. Missa In C, KV 167 'in honorem S(anctissi)mae Trinitatis': Agnus Dei
7. Missa brevis In G, KV 140 - App. C1. 12 - 'Pastoralmesse': Kyrie
8. Missa brevis In G, KV 140 - App. C1. 12 - 'Pastoralmesse': Gloria
9. Missa brevis In G, KV 140 - App. C1. 12 - 'Pastoralmesse': Credo
10. Missa brevis In G, KV 140 - App. C1. 12 - 'Pastoralmesse': Sanctus
11. Missa brevis In G, KV 140 - App. C1. 12 - 'Pastoralmesse': Benedictus
12. Missa brevis In G, KV 140 - App. C1. 12 - 'Pastoralmesse': Agnus Dei
13. Missa brevis In D Minor, DV 65-61a: Kyrie
14. Missa brevis In D Minor, DV 65-61a: Gloria
15. Missa brevis In D Minor, DV 65-61a: Credo
16. Missa brevis In D Minor, DV 65-61a: Sanctus
17. Missa brevis In D Minor, DV 65-61a: Benedictus
18. Missa brevis In D Minor, DV 65-61a: Agnus Dei
Mass 'In honorem Santissimae Trinitatis' in C

Performed by Leipzig Radio Chorus, Leipzig Radio Symphony Orchestra
with Helen Donath, Annette Markert, Uwe Heilmann, Andreas Schmidt
Conducted by Herbert Kegel

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Disc: 3
1. Missa (solemnis) In C, KV 337: Kyrie
2. Missa (solemnis) In C, KV 337: Gloria
3. Missa (solemnis) In C, KV 337: Credo
4. Missa (solemnis) In C, KV 337: Sanctus
5. Missa (solemnis) In C, KV 337: Benedictus
6. Missa (solemnis) In C, KV 337: Agnus Dei
7. Missa brevis In D, KV 194 - 186h: Kyrie
8. Missa brevis In D, KV 194 - 186h: Gloria
9. Missa brevis In D, KV 194 - 186h: Credo
10. Missa brevis In D, KV 194 - 186h: Sanctus
11. Missa brevis In D, KV 194 - 186h: Benedictus
12. Missa brevis In D, KV 194 - 186h: Agnus Dei
13. Missa brevis In B Flat, KV 275 - 272b: Kyrie
14. Missa brevis In B Flat, KV 275 - 272b: Gloria
15. Missa brevis In B Flat, KV 275 - 272b: Credo
16. Missa brevis In B Flat, KV 275 - 272b: Sanctus
17. Missa brevis In B Flat, KV 275 - 272b: Benedictus
18. Missa brevis In B Flat, KV 275 - 272b: Agnus Dei
Mass 'Missa brevis' in C

Performed by Leipzig Radio Chorus, Leipzig Radio Symphony Orchestra
with Mitsuko Shirai, Rosemarie Lang, Aldo Baldin, Hermann Christian Polster
Conducted by Herbert Kegel

Descarga - http://rapidshare.com/files/152417788/Mozart_3.rar.html

Disc: 4
1. Missa (solemnis) In C Minor, KV 139 - 47a 'Waisenhaus-Messe': Kyrie
2. Missa (solemnis) In C Minor, KV 139 - 47a 'Waisenhaus-Messe': Gloria
3. Missa (solemnis) In C Minor, KV 139 - 47a 'Waisenhaus-Messe': Credo
4. Missa (solemnis) In C Minor, KV 139 - 47a 'Waisenhaus-Messe': Sanctus
5. Missa (solemnis) In C Minor, KV 139 - 47a 'Waisenhaus-Messe': Benedictus
6. Missa (solemnis) In C Minor, KV 139 - 47a 'Waisenhaus-Messe': Agnus Dei
7. Missa brevis In C, KV 259 'Organ Solo': Kyrie
8. Missa brevis In C, KV 259 - 'Organ Solo': Gloria
9. Missa brevis In C, KV 259 - 'Organ Solo': Credo
10. Missa brevis In C, KV 259 - 'Organ Solo': Sanctus
11. Missa brevis In C, KV 259 - 'Organ Solo': Benedictus
12. Missa brevis In C, KV 259 - 'Organ Solo': Agnus Dei
Mass 'Waisenhausmesse' in C minor

Performed by Leipzig Radio Chorus, Leipzig Radio Symphony Orchestra
with Celestina Casapietra, Annelies Burmeister, Peter Schreier, Hermann Christian Polster
Conducted by Herbert Kegel

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Disc: 5
1. Missa brevis in F, KV 192-186f: Kyrie
2. Missa brevis in F, KV 192-186f: Gloria
3. Missa brevis in F, KV 192-186f: Credo
4. Missa brevis in F, KV 192-186f: Sanctus
5. Missa brevis in F, KV 192-186f: Benedictus
6. Missa brevis in F, KV 192-186f: Agnus Dei
7. Missa In C, KV 257 'Credo': Kyrie
8. Missa In C, KV 257 'Credo': Gloria
9. Missa In C, KV 257 'Credo': Credo
10. Missa In C, KV 257 'Credo': Sanctus
11. Missa In C, KV 257 'Credo': Benedictus
12. Missa In C, KV 257 'Credo': Agnus Dei

Mass 'Missa brevis' in F
Performed by Leipzig Radio Chorus, Leipzig Radio Symphony Orchestra
with Celestina Casapietra, Annelies Burmeister, Peter Schreier, Hermann Christian Polster
Conducted by Herbert Kegel

Mass 'Credo' in C
Performed by Alldis Choir
with Helen Donath, Gillian Knight, Ryland Davies, Clifford Grant
Conducted by Colin Davis

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Disc: 6
1. Missa In C, KV 317 'Coronation': Kyrie
2. Missa In C, KV 317 'Coronation': Gloria
3. Missa In C, KV 317 'Coronation': Credo
4. Missa In C, KV 317 'Coronation': Sanctus
5. Missa In C, KV 317 'Coronation': Benedictus
6. Missa In C, KV 317 'Coronation': Agnus Dei
7. Missa brevis In C, KV 220 - 196b 'Spatzenmesse': Kyrie
8. Missa brevis In C, KV 220 - 196b 'Spatzenmesse': Gloria
9. Missa brevis In C, KV 220 - 196b 'Spatzenmesse': Credo
10. Missa brevis In C, KV 220 - 196b 'Spatzenmesse': Sanctus
11. Missa brevis In C, KV 220 - 196b 'Spatzenmesse': Benedictus
12. Missa brevis In C, KV 220 - 196b 'Spatzenmesse': Agnus Dei

Performed by Vienna Boys' Choir, Chorus Viennensis, Vienna Symphony Orchestra
with Peter Jelosits, Gerhard Eder
Conducted by Uwe Christian Harrer

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Disc: 7
1. Missa brevis In C, KV 258 'Spaur-Messe': Kyrie
2. Missa brevis In C, KV 258 'Spaur-Messe': Gloria
3. Missa brevis In C, KV 258 'Spaur-Messe': Credo
4. Missa brevis In C, KV 258 'Spaur-Messe': Sanctus
5. Missa brevis In C, KV 258 'Spaur-Messe': Benedictus
6. Missa brevis In C, KV 258 'Spaur-Messe': Agnus Dei
7. Missa (longa) In C, KV 262 - 246a: Kyrie
8. Missa (longa) In C, KV 262 - 246a: Gloria
9. Missa (longa) In C, KV 262 - 246a: Credo
10. Missa (longa) In C, KV 262 - 246a: Sanctus
11. Missa (longa) In C, KV 262 - 246a: Benedictus
12. Missa (longa) In C, KV 262 - 246a: Agnus Dei

Performed by Leipzig Radio Chorus, Dresden Philharmonic Orchestra
with Mitsuko Shirai, Marga Schiml, Armin Ude, Hermann Christian Polster
Conducted by Herbert Kegel

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Disc: 8
1. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Kyrie
2. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Gloria
3. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Laudamus Te
4. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Gratias
5. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Domine
6. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Qui Tollis
7. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Quoniam
8. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Jesu Christi
9. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Cum Sancto Spiritu
10. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Credo
11. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Et Incarnatus est
12. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Sanctus
13. Missa In C Minor, KV 427 - 317a 'Grosse Messe': Benedictus

Performed by Monteverdi Choir, English Baroque Soloists
with Sylvia McNair, Diana Montague, Anthony Rolfe Johnson, Cornelius Hauptmann
Conducted by Sir John Eliot Gardiner

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Disc: 9
1. Requiem In D Minor, KV 626: Introitus: Requiem
2. Requiem In D Minor, KV 626: Kyrie
3. Requiem In D Minor, KV 626: Sequentia: Dies irae
4. Requiem In D Minor, KV 626: Sequentia: Tuba mirum
5. Requiem In D Minor, KV 626: Sequentia: Rex tremendae
6. Requiem In D Minor, KV 626: Sequentia: Recordare
7. Requiem In D Minor, KV 626: Sequentia: Confutatis
8. Requiem In D Minor, KV 626: Sequentia: Lacrimosa
9. Requiem In D Minor, KV 626: Offertorium: Domine Jesu
10. Requiem In D Minor, KV 626: Offertorium: Hostias
11. Requiem In D Minor, KV 626: Sanctus
12. Requiem In D Minor, KV 626: Benedictus
13. Requiem In D Minor, KV 626: Agnus Dei
14. Requiem In D Minor, KV 626: Communio: Lux aeterna

Performed by Leipzig Radio Chorus, Staatskapelle Dresden
with Dame Margaret Price, Trudeliese Schmidt, Francisco Araiza, Theo Adam
Conducted by Peter Schreier

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Herbert Kegel & Beethoven's Symphonies

Kegel: Beethoven – Symphonies No.1-9 (5 CD box set, APE)

Kegel: Beethoven - Symphonies No.1-9 (5 CD box set, APE)

Kegel: Beethoven - Symphonies No.1-9 (5 CD box set, APE)

# Performer: Kolos Kovats, Alison Hargan, Eberhard Buchner
# Orchestra: Dresden Philharmonic Orchestra
# Conductor: Herbert Kegel
# Composer: Ludwig van Beethoven
# Audio CD (May 16, 1995)
# Number of Discs: 5
# Format: APE, CUE
# Label: Delta
# ASIN: B000001VWY
# Size: 1.3 Gb
# Recovery information: +3%
# Scan: cover
# Server: uploadbox


Kegel: Beethoven - Symphonies No.1-9


# Symphony No. 3 in E flat major (”Eroica”), Op. 55
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 1 in C major, Op. 21
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 7 in A major, Op. 92
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 2 in D major, Op. 36
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 5 in C minor (”Fate”), Op. 67
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 4 in B flat major, Op. 60
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 6 in F major (”Pastoral”), Op. 68
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 8 in F major, Op. 93
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
Conducted by Herbert Kegel

# Symphony No. 9 in D minor (”Choral”), Op. 125
Composed by Ludwig van Beethoven
Performed by Dresden Philharmonic Orchestra
with Eberhard Buchner, Kolos Kovats, Alison Hargan
Conducted by Herbert Kegel

Kegel: Beethoven - Symphonies No.1-9

Tracklist:

Disc: 1
1. Symphony No. 3 in E flat major (’Eroica’), Op. 55: Allegro con brio
2. Symphony No. 3 in E flat major (’Eroica’), Op. 55: Marcia funebre (Adagio assai)
3. Symphony No. 3 in E flat major (’Eroica’), Op. 55: Scherzo (Allegro vivace)
4. Symphony No. 3 in E flat major (’Eroica’), Op. 55: Finale (Allegro molto)
5. Symphony No. 1 in C major, Op. 21: Adagio molto, Allegro con brio
6. Symphony No. 1 in C major, Op. 21: Andante cantabile con moto
7. Symphony No. 1 in C major, Op. 21: Menuetto (Allegro molto e vivace)
8. Symphony No. 1 in C major, Op. 21: Finale (Adagio, Allegro molto e vivace)

Disc: 2
1. Symphony No. 7 in A major, Op. 92: Poco sostenuto-vivace
2. Symphony No. 7 in A major, Op. 92: Allegretto
3. Symphony No. 7 in A major, Op. 92: Presto-Assai meno presto
4. Symphony No. 7 in A major, Op. 92: Allegro con brio
5. Symphony No. 2 in D major, Op. 36: Adagio molto-Allegro con brio
6. Symphony No. 2 in D major, Op. 36: Larghetto
7. Symphony No. 2 in D major, Op. 36: Scherzo (Allegro)
8. Symphony No. 2 in D major, Op. 36: Allegro molto

Disc: 3
1. Symphony No. 5 in C minor (’Fate’), Op. 67: Allegro con brio
2. Symphony No. 5 in C minor (’Fate’), Op. 67: Andante con moto
3. Symphony No. 5 in C minor (’Fate’), Op. 67: Allegro
4. Symphony No. 5 in C minor (’Fate’), Op. 67: Allegro
5. Symphony No. 4 in B flat major, Op. 60: Adagio, Allegro vivace
6. Symphony No. 4 in B flat major, Op. 60: Adagio
7. Symphony No. 4 in B flat major, Op. 60: Allegro vivace
8. Symphony No. 4 in B flat major, Op. 60: Allegro ma non troppo

Disc: 4
1. Symphony No. 6 in F major (’Pastoral’), Op. 68: Allegro ma non troppo (Awakening of happy feelings on arriving in the country)
2. Symphony No. 6 in F major (’Pastoral’), Op. 68: Andante molto mosso (By the Brook)
3. Symphony No. 6 in F major (’Pastoral’), Op. 68: Allegro (Peasant’s merrymaking)
4. Symphony No. 6 in F major (’Pastoral’), Op. 68: Allegro (The Storm)
5. Symphony No. 6 in F major (’Pastoral’), Op. 68: Allegretto (Shepherd’s song. Happy and thankful feelings after the storm)
6. Symphony No. 8 in F major, Op. 93: Allegro vivace e con brio
7. Symphony No. 8 in F major, Op. 93: Allegretto scherzando
8. Symphony No. 8 in F major, Op. 93: Tempo di menuetto
9. Symphony No. 8 in F major, Op. 93: Allegro vivace

Disc: 5
1. Symphony No. 9 in D minor (’Choral’), Op. 125: Allegro ma non troppo un poco maestoso
2. Symphony No. 9 in D minor (’Choral’), Op. 125: Molto vivace
3. Symphony No. 9 in D minor (’Choral’), Op. 125: Adagio molto e cantabile
4. Symphony No. 9 in D minor (’Choral’), Op. 125: Presto-Allegro assai

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Monday, August 23, 2010

Julia Fischer plays Saint-Saëns & Grieg

Julia Fischer plays Saint-Saëns & Grieg

Grieg:

Piano Concerto in A minor, Op. 16

Julia Fischer (piano)

Saint-Saëns:

Violin Concerto No. 3 in B minor, Op. 61

Julia Fischer (violin)


Junge Deutsche Philharmonie, Matthias Pintscher

German virtuoso Julia Fischer astonished the public and her musical peers by performing two concertos – each on different instruments – on this remarkable 2008 New Year’s Day concert

Julia Fischer’s playing of Saint-Saëns’s Violin Concerto No. 3 not only attests to her position at a summit of perfection attained to by few violinists, but her magisterial performance of the Grieg Piano Concerto establishes her as a pianist of international stature.

Marking her DVD debut for Decca, Julia Fischer’s compelling versions of these concertos are available only in this format, since this musical wonder has recorded neither for CD.

The DVD includes an extensive interview with Julia Fischer, who candidly discusses her life, art, and music (in German, with multi-language subtitles).

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Grieg Piano Concerto in A minor Op.16
Julia Fischer (Debut Concert as Pianist)
Junge Deutsche Philarmonie
Conducted by Matthias Pintscher
Live from Alte Oper, Frankfurt, 1st January 2008


Grieg Piano Concerto, Mov.1-1 by Julia Fischer, Pintscher, JDP (2008)
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Grieg Piano Concerto, Mov.1-2 by Julia Fischer, Pintscher, JDP (2008)
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Grieg Piano Concerto, Mov.2 by Julia Fischer, Pintscher, JDP (2008)
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Grieg Piano Concerto, Mov.3 by Julia Fischer, Pintscher, JDP (2008)
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Excelente combinación Poesía y Matemáticas

Joan Fuster: Los matemáticos son una especie de poetas fraudulentos que, de hecho, intentan la unica poesía posible"

Pàgina mantinguda en col.laboració amb Gemma Brunat Majó.
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Índex

Friday, August 20, 2010

Todesfuge de Paul Celan

En versión de José Ángel Valente aquí tenemos uno de los poemas alemanes más impresionantes del siglo XX: Todesfuge de Paul Celan y que aparece en su libro Amapola y memoria de 1952 [otra versión aquí y aquí otra].


Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
aaaaabebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus mastines
silba a sus judios hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
aaaaabebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
aaaaabebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita


Paul Celan - Todesfuge

Schwarze Milch der Frühe wir trinken sie abends
wir trinken sie mittags und morgens wir trinken sie nachts

wir trinken und trinken

wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng

Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt

der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete

er schreibt es und tritt vor das Haus und es blitzen die Sterne er pfeift seine Rüden herbei

er pfeift seine Juden hervor läßt schaufeln ein Grab in der Erde

er befiehlt uns spielt auf nun zum Tanz


Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts

wir trinken dich morgens und mittags wir trinken dich abends

wir trinken und trinken

Ein Mann wohnt im Haus der spielt mit den Schlangen der schreibt

der schreibt wenn es dunkelt nach Deutschland dein goldenes Haar Margarete

Dein aschenes Haar Sulamith wir schaufeln ein Grab in den Lüften da liegt man nicht eng


Er ruft stecht tiefer ins Erdreich ihr einen ihr andern singet und spielt

er greift nach dem Eisen im Gurt er schwingts seine Augen sind blau

stecht tiefer die Spaten ihr einen ihr andern spielt weiter zum Tanz auf


Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts

wir trinken dich mittags und morgens wir trinken dich abends

wir trinken und trinken

ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete

dein aschenes Haar Sulamith er spielt mit den Schlangen

Er ruft spielt süßer den Tod der Tod ist ein Meister aus Deutschland

er ruft streicht dunkler die Geigen dann steigt ihr als Rauch in die Luft

dann habt ihr ein Grab in den Wolken da liegt man nicht eng


Schwarze Milch der Frühe wir trinken dich nachts

wir trinken dich mittags der Tod ist ein Meister aus Deutschland

wir trinken dich abends und morgens wir trinken und trinken

Der Tod ist ein Meister aus Deutschland sein Auge ist blau

er trifft dich mit bleierner Kugel er trifft dich genau

ein Mann wohnt im Haus dein goldenes Haar Margarete

er hetzt seine Rüden auf uns er schenkt uns ein Grab in der Luft

er spielt mit den Schlangen und träumet der Tod ist ein Meister aus Deutschland


dein goldenes Haar Margarete

dein aschenes Haar Sulamith

Hommage à Gödel - Enzensberger, Hans Magnus

Münchhausens Theorem, Pferd, Sumpf und Schopf,
ist bezaubernd, aber vergiss nicht:
Münchhausen war ein Lügner.

Gödels Theorem wirkt auf den ersten Blick
etwas unscheinbar, doch bedenk:
Gödel hat recht.

"In jedem genügend reichhaltigen System
lassen sich Sätze formulieren,
die innerhalb des Systems
weder beweis- noch widerlegbar sind,
es sei denn das System
wäre selber inkonsistent."

Du kannst deine eigene Sprache
in deiner eigenen Sprache beschreiben:
aber nicht ganz.
Du kannst dein eignes Gehirn
mit deinem eignen Gehirn erforschen:
aber nicht ganz.
Usw.

Um sich zu rechtfertigen
muss jedes denkbare System
sich transzendieren,
d.h. zerstören.

"Genügend reichhaltig" oder nicht:
Widerspruchsfreiheit
ist eine Mangelerscheinung
oder ein Widerspruch.

(Gewissheit = Inkonsistenz.)

Jeder denkbare Reiter,
also auch Münchhausen,
also auch du bist ein Subsystem
eines genügend reichhaltigen Sumpfes.

Und ein Subsystem dieses Subsystems
ist der eigene Schopf,
dieses Hebezeug
für Reformisten und Lügner.

In jedem genügend reichhaltigen System,
also auch in diesem Sumpf hier,
lassen sich Sätze formulieren,
die innerhalb des Systems
weder beweis- noch widerlegbar sind.

Diese Sätze nimm in die Hand
und zieh!

Translation into Spanish [José Juan Góngora Cortés]:

El teorema de Münchhausen, caballo, cenegal y copete,
es fascinante, pero no olvides:
Münchhausen era un mentiroso.

El teorema de Gödel a primera vista
parece imperceptible, pero reconsidera:
Gödel tiene razón.

«En cualquier sistema suficientemente rico
se pueden formular axiomas
que dentro del sistema
ni son demostrables ni refutables,
a no ser que el sistema
fuera en sí mismo inconsistente.»

Tú puedes describir tu propio lenguaje
en tu mismo lenguaje:
pero no del todo.
Tú puedes investigar tu propio cerebro:
Por medio de tu propio cerebro
pero no del todo.
Etc.

Para justificarse
cada sistema concebible
tiene que trascenderse,
es decir, destruirse.

«Suficientemente rico» o no:

La consistencia
Es una síntoma de deficiencia
O una contradicción.

(Certeza=Inconsistencia.)

Cada jinete concebible,
Incluso Münchhausen,
Incluso tú eres un subsistema
de un cenegal suficientemente rico.

Y un subsistema de este subsistema
es el propio copete,
este aparato elevador
para reformistas y mentirosos.

En cada sistema suficientemente rico
Incluso aquí en este cenegal,
se pueden formular axiomas
que dentro del sistema
ni son demostrables ni refutables.

¡Toma estos axiomas en la mano
y tira!

Sencillamente Música

Meine Träume - Georg Heym

Den folgenden Traum hat Georg Heym
am 2. Juli 1910 in sein Traumtagebuch
eingetragen; wie eine Vorahnung der
Umstände seines Todes zwei Jahre später:

2. Juli 1910
Ich stand an einem großen See, der ganz mit einer Art Steinplatten bedeckt war. Es schien mir eilte Art gefrorenen Wassers zu sein. Manchmal sah es aus wie die Haut, die sich auf Milch zieht. Es gingen einige Menschen darüber hin, Leute mit Tragelasten oder Körben, die wohl zu einem Markt gehen mochten. Ich wagte einige Schritte, und die Platten hielten. Ich fühlte, daß sie sehr dünn waren; wenn ich eine betrat, so schwankte sie hin und her. Ich war eine ganze Weile gegangen, da begegnete mir eine Frau, die meinte ich sollte umkehren, die Platten würden nun bald brüchig. Doch ich ging weiter. Plötzlich fühlte ich, wie die Platten unter mir schwanden, aber ich fiel nicht. Ich ging noch eine Weile auf dem Wasser weiter. Da kam mir der Gedanke ich möchte fallen können. In diesem Augenblick versank ich auch schon in ein grünes schlammiges, schlingpflanzenreiches Wasser. Doch ich gab mich nicht verloren, ich begann zu schwimmen. Wie durch ein Wunder rückte das ferne Land mir näher und näher. Mit wenigen Stößen landete ich in einer sandigen, sonnigen Bucht.
******************************
El siguiente sueño de Georg Heym tiene fecha
registrada
de 2 de julio de 1910 en su diario de
sueños; parece un presagio de las circunstancias
de su propia muerte 2 años mas tarde.

Spanish Translation coming soon........................................

Thursday, August 19, 2010

Julián Carrillo - Romántico y Visionario

Robert Gendre; Jacques Ghestem; Serge Collot; Robert Bex;
Orchestre des concerts Lamoureux - dir. Louis de Froment;
Chorale des Professeurs de Musique de la Ville de Paris - dir. Robert Blot.

CD 1

2a Suite Para Orquesta "Los Naranjos"
Orquesta Sinfónica de Lamoreaux - Dir. Louis de Froment

1. Lento-Allegro Agitato
2. Alborada
3. Intermezzo
4. Final: epílogo y fuga doble

Cuarteto en Mi bemol
Cuarteto de Francia - R. Gendre, J. Ghestem, S. Collot y R. Bex

5. Maestoso-Allegretto
6. Scherzo: Allegro
7. Largo
8. Final: Maestoso-Allegro con fuoco

CD2

1er Cuarteto en cuartos de tono
Cuarteto de Francia - R. Gendre, J. Ghestem, S. Collot y R. Bex

1. Poco mosso
2. Lentamente
3. Scherzo
4. Allegro

Misa a S.S. Juan XXIII
[en cuartos de tono para voces masculinas a capella]
Coro de los Profesores de Música de Paris - Dir. Robert Blot

5. Kyrie
6. Gloria
7. Credo
8. Sanctus-Benedictus
9. Agnus Dei

A propósito de Hölderlin

"Wozu Dichter in dürftiger Zeit?"
Asumo a Hölderlin: - "¿Para qué poetas en tiempos de miseria?";

"Wo aber Gefahr ist, wächst das Rettende auch"
Su lección es persistente: -"pero donde hay peligro, crece la salvación también"

"Was bleibt, stifen die Dichter"
Y su final, evidencia contundente: -"Lo que queda, lo fundan los poetas".

Para la tumba de un hombre amante de la paz por Hans Magnus Enzensberger

Este no era un filántropo,
Evitaba juntas, estadios, grandes tiendas.
No comía la carne de su propia especie.

La violencia caminaba por las calles,
Sonriendo, no desnuda.
Pero hubo gritos en el cielo.

Las caras de la gente no eran muy claras.
Parecían estar vapuleadas
Incluso antes de que el golpe diera con la casa.

Una cosa por la que luchó toda su vida,
Con palabras, con dientes y garras, sombríamente,
Ladinamente, con todos sus recursos:

La cosa que él mismo llamaba su paz,
Ahora que la ha obtenido, ya no hay más una boca
Sobre sus huesos, para saborearla.

Original: Human Rights Poem (64): For the Grave of a Peace-Loving Man
Traducción: José Juan Góngora Cortés

Anomalía por Hans Magnus Enzensberger

No, no soy un parche
En el huevo del desayuno.
Es perfecto.
Algunas veces me lamento
De que comparado con el poste de luz
Vacilo.
El musgo amable
Me desarma
Cuando siento el deseo de venganza,
Y el pensamiento del rinoceronte
--Tan directo como es--
Sólo puede admirarme.
Ciertamente, mi destornillador
Perdurará más que mi cerebro.
Me impresiona la hormiga,
La forma de dar tumbos y tumbos
Por una fisura de la pared,
Ya que soy flojo
Una idea sugerente
Para ser suave de corazón
Como el higo, y generoso
Como el foco. Lo siento,
Aceite y vinagre, pimienta y sal,
Lo siento que a diferencia de ustedes
Yo soy desechable.

Porma en inglés traducido por el propio autor aquí:
Hans Magnus Enzensberger
Traducción: José Juan Góngora Cortés

Simple y sencillamente Schumann

Robert Schumann, el poeta de la música:

“¡Ay, si por lo menos me hubiese llevado consigo! Lo vi por última vez, le puse flores junto a la cabeza y sentí que se llevaba mi amor consigo… Más tarde vino el entierro, la música fúnebre, y al sepultarlo yo tenía claro el sentimiento de que no se trataba de Robert; sólo de su cuerpo. Su espíritu voló entre nosotros y una plegaria escapó de mis labios: ¡Que Dios me conceda la fuerza de vivir sin él!”
Esto lo dijo Clara Schumann (1819-1896) quien sobrevivió cuarenta años a su marido.

Sunday, August 15, 2010

KLEISTS TODESLITANEI

Heinrich von Kleist an Adolfine Henriette Vogel

Berlin, nach Michaelis 1810

Mein Jettchen, mein Herzchen, mein Liebes, mein Täubchen, mein Leben, mein Liebes süßes Leben, mein Lebenslicht, mein Alles, mein Hab und Gut, meine Schlösser, Äcker, Wiesen und Weinberg, o Sonne meines Lebens, Sonne, Mond und Sterne, Himmel und Erde, meine Vergangenheit und Zukunft, meine Braut, mein Mädchen, meine liebe Freundin, mein Innerstes, mein Herzblut, meine Eingeweide, mein Augenstern, o Liebste, wie nenn‘ ich Dich?

Mein Goldkind, meine Perle, mein Edelstein, meine Krone, meine Königinn und Kaiserinn. Du Liebling meines Herzens, mein Höchstes und Theuerstes, mein Alles und Jedes, mein Weib, meine Hochzeit, die Taufe meiner Kinder, mein Trauerspiel, mein Nachruhm.

Ach, Du bist mein zweites besseres Ich, meine Tugenden, meine Verdienste, meine Hoffnung, die Vergebung meiner Sünden, meine Zukunft und Seligkeit, o, Himmelstöchterchen, mein Gotteskind, meine Fürsprecherinn und Fürbitterinn, mein Schutzengel, mein Cherubin und Seraph, wie lieb‘ ich Dich!

De Heinrich von Kleist a Adolfine Henriette Vogel (su compañera en el suicidio)
Berlin, después del día de San Miguel 1810
(english translation)



Mi Quetita, mi corazón, mi amor, mi palomita, mi vida, mi vida dulce y amada, la luz de mi vida, mi todo, mi pertenencia, mis castillos, campos, prados y viñedos, Oh sol de mi vida, sol, luna y estrellas, cielo y tierra, mi pasado y mi futuro, mi novia, mi niña, mi querida amiga, mi más honda intimidad, la sangre de mi corazón, mis entrañas, la pupila de mis ojos, oh amada, ¿cómo llamarte?

Mi niña áurea, mi perla, mi gema, mi corona, mi reina y emperatriz. Tú, querida de mi corazón, mi altísima y queridísima, mi todo y cada cosa, mi esposa, mi matrimonio, el bautismo de mis hijos, mi tragedia, mi reputación.

Oh, tú eres mi segundo y mejorado yo, mis virtudes, mis méritos, mi esperanza, el perdón de mis pecados, mi futuro y mi dicha, oh, hija de los cielos, la hija de mi Dios, mi defensora y mi intercesora, mi ángel guardián, mi querubín y serafín, ¿cómo amarte?

Kleists Grab

Next Another English Translation:

Saturday, August 7, 2010

Umbra Vitae de Georg Heym (1887-1912)

Adelante se inclinan los hombres por las calles,
contemplando los signos de los cielos,
en donde los cometas, con narices de fuego,
amenazantes se deslizan en torno de las torres.

Los astrólogos llenan los tejados
y clavan en el cielo largos tubos,
y hay hechiceros: brotan de desvanes
retorcidos, a oscuras, conjurando los astros.

Los suicidas andan en grandes hordas
buscando entre la noche su existencia perdida,
encorvados sobre los puntos cardinales,
barriendo el polvo con escobas como brazos pobres.

Polvo que apenas dura,
perdiendo en el camino sus cabellos,
brincan, aprisa mueren
y yacen en el campo con la cabeza rota,

pataleando, a veces, todavía. Y las bestias del campo
alrededor transitan ciegamente y les clavan
los cuernos en el vientre. Se enfrían sepultados
bajo salvias y espinos.

Pero los mares se detienen. Los barcos,
suspendidos en olas, con aflicción se pudren,
dispersos, y no hay corriente móvil
y los patios celestes están todos cerrados.

Los árboles no cambian estaciones,
eternamente muertos en su fin
y abren sus largas manos, sus dedos de madera
por caminos ruinosos.

Quien va a morir se sienta para levantarse
y acaba de decir sus últimas palabras.
Se desvanece de pronto. ¿En dónde está su vida?
Sus ojos se quiebran como el cristal.

Muchos son sombras. Escondidas y turbias.
Sueños que rozan sobre puertas mudas.
Quien despierta agobiado por otras madrugadas
debe quitar la pesadez del sueño de sus párpados grises.

Traducción de Jenaro Talens en colaboración

Please read Scott Horton post on Harper's Magazine. It's an amazing post.


Version en Alemán de este poema:
Heym’s ‘Umbra Vitae’

Die Menschen stehen vorwärts in den Straßen
Und sehen auf die großen Himmelszeichen,
Wo die Kometen mit den Feuernasen
Um die gezackten Türme drohend schleichen.

Und alle Dächer sind voll Sternedeuter,
Die in den Himmel stecken große Röhren.
Und Zaubrer, wachsend aus den Bodenlöchern,
In Dunkel schräg, die einen Stern beschwören.

Krankheit und Mißwachs durch die Tore kriechen
In schwarzen Tüchern. Und die Betten tragen
Das Wälzen und das Jammern vieler Siechen,
und welche rennen mit den Totenschragen.

Selbstmörder gehen nachts in großen Horden,
Die suchen vor sich ihr verlornes Wesen,
Gebückt in Süd und West, und Ost und Norden,
Den Staub zerfegend mit den Armen-Besen.

Sie sind wie Staub, der hält noch eine Weile,
Die Haare fallen schon auf ihren Wegen,
Sie springen, daß sie sterben, nun in Eile,
Und sind mit totem Haupt im Feld gelegen.

Noch manchmal zappelnd. Und der Felder Tiere
Stehn um sie blind, und stoßen mit dem Horne
In ihren Bauch. Sie strecken alle viere
Begraben unter Salbei und dem Dorne.

Das Jahr ist tot und leer von seinen Winden,
Das wie ein Mantel hängt voll Wassertriefen,
Und ewig Wetter, die sich klagend winden
Aus Tiefen wolkig wieder zu den Tiefen.

Die Meere aber stocken. In den Wogen
Die Schiffe hängen modernd und verdrossen,
Zerstreut, und keine Strömung wird gezogen
Und aller Himmel Höfe sind verschlossen.

Die Bäume wechseln nicht die Zeiten
Und bleiben ewig tot in ihrem Ende
Und über die verfallnen Wege spreiten
Sie hölzern ihre langen Finger-Hände.

Wer stirbt, der setzt sich auf, sich zu erheben,
Und eben hat er noch ein Wort gesprochen.
Auf einmal ist er fort. Wo ist sein Leben?
Und seine Augen sind wie Glas zerbrochen.

Schatten sind viele. Trübe und verborgen.
Und Träume, die an stummen Türen schleifen,
Und der erwacht, bedrückt von andern Morgen,
Muß schweren Schlaf von grauen Lidern streifen.