Nahui Ollin -María del Carmen Mondragón Valseca- (1893-1978)
María del Carmen Mondragón Valseca,
Nahui Ollin,
Mi nombre es como el de todas las cosas: sin
principio ni fin, y sin embargo sin aislarme de la totalidad por mi
evolución distinta en ese conjunto infinito, las palabras más cercanas a
nombrarme son NAHUI-OLLIN. Nombre cosmogónico, la fuerza, el poder de
movimiento que irradian luz, vida y fuerza. En azteca, el poder que
tiene el sol de mover el conjunto que abarca su sistema, pero, sin
embargo hace siglos que existe mi substancia sin nombre alguno va
evolucionando y hace siglos y ahora mismo que no tengo nombre y voy
marchando sin descanso alguno en un tiempo sin fin y soy en una faz
distinta el sin principio ni fin de todas las cosas.
y entonces renunció, para siempre, a ser María del Carmen Mondragón Valseca.
.
La mujer que dicen que fue la más bella de su época nació el 8 de
julio de 1893 en México pero estudió en Francia, cuando Porfirio Díaz
envió a su padre a Europa en una misión. A los 10 años, Carmen escribía
rebelde:
“Protesto a pesar de mi edad por estar bajo la tutela de mis padres”, cuando pensaba en que le arreglarían un matrimonio.
Carmen, hija del General Mondragón – quién resulto ser uno de los
participantes de la Decena Trágica, motivo por el que fue desterrado del
país – fue conocida desde siempre como una niña burguesa con un
espíritu indomable, con una gran ansiedad por amar y ser amada – aún
cuando yo diría idolatrada - .
En 1921, después de una larga estadía en Europa, regresa a México,
donde es pionera en el uso de la minifalda – lo cual obviamente le
acarrea la censura social – y se mezcla con los círculos culturales más
importantes de la época, donde ella no sólo es musa sino también
creadora: la poesía y la pintura son sus dos principales formas de
expresión, aún cuando varios de sus textos hoy en día no han sido
publicados.
A los 20 años se enamora de un cadete del regimiento de su padre, el
después pintor Manuel Rodríguez Lozano quién resultaría un fiasco total
para ella tanto en lo emocional como en lo intimo: un hombre homosexual
que la acusaría durante mucho tiempo de haber asesinado a su único hijo
en uno de sus ataques de locura característicos y con quién en 1913 se
casó; el matrimonio fue tormentoso , signado por peleas y la muerte de
su único hijo cuando todavía era un bebé; la leyenda dice que la propia
Carmen lo ahogó, pero la investigación histórica sostiene que el niño
falleció mientras dormía. En 1921 el matrimonio volvió a México; Carmen
quiso el divorcio, pero su familia no se lo permitió, no eran épocas de
divorcios, pero a Carmen poco le importó.
Conoció a Gerardo Murillo, famoso artista y vulcanólogo mexicano que
intervenía en política y juntos se mudaron al ex convento de La Merced,
en Ciudad de México. Murillo se cambió su nombre por Dr. Atl (agua en
náhuatl) cuando viajaba en barco de Nueva York a París y se desató una
tremenda tempestad. Según esa costumbre, el Dr. rebautizó a su amante
como Nahui Ollin, que es la fecha que en el calendario azteca significa
el movimiento renovador de los ciclos del cosmos.
La relación fue apasionada y escandalosa para su época, incluso
comparada con el no menos tempestuoso romance de Diego Rivera y Frida.
Nahui era muy celosa y lo demostraba con escenas que el propio Atl se
encargaba de difundir:
“La vida se ha vuelto imposible. Los celos nos
torturan. Yo, más dueño de mí mismo, me contengo, pero ella es un
vendaval. Esta mañana dos pobres muchachas, que después de abandonar mi
consultorio se atrevieron a subir a la azotea para contemplar el
panorama de la ciudad, provocaron una furia terrible en Nahui, que ahí
estaba. Apenas las vio, se les echó encima. Trató de empujarlas hacia el
borde de la cornisa, con la intención de arrojarlas al patio. Me
interpuse. Hubo escenas violentas… Cuando subí al gran salón encontré a
Nahui dando vueltas como una fiera enjaulada, con los ojos iluminados
por relámpagos de rabia. Esa primera tempestad anunciaba el tiempo de
lluvias, los truenos y las tormentas y los rayos que habrían de
fulminarme”.

Eran los años veinte, y el México macho se escandalizó ante un grupo
de mujeres que, aún sin tener derecho a voto, rompían moldes y
convenciones: Tina Modotti, Lupe Marín, Lupe Rivas Cacho, Nellie
Campobello, María Dolores Asúnsolo, Dolores del Río, Frida
Kahlo, Clementina Otero y Antonieta Rivas Mercado. De todas ellas Nahui
Ollin fue la más atrevida, la más libre y rebelde. Pero la sociedad de
su época prefirió calificarla como descarada, libertina y perturbada.
Nahui prodigó su cuerpo, se retrató desnuda, hablaba sin prejuicios,
rompió esquemas. Y la “gente de moral y buenas costumbres”, incapaz de
comprender, la consideraba loca.
Ser modelo para los más importantes pintores y fotógrafos
de su época; escribir sobre asuntos que en aquellos años eran
exclusivos para hombres; practicar con libertad su sexualidad, y
deslumbrar constantemente con su belleza y retratos de desnudo causaron
verdadero espanto en la sociedad de su época, pero nunca cambiaron su
modo de pensar y de vivir.
En 1923, Nahui conoció a los fotógrafos Tina Modotti y Edward Weston;
este último realizó los mejores retratos de su carrera con Nahui como
modelo. Nahui Olin compartía largas veladas bohemias junto a Dolores
del Río, Guadalupe Marín, Antonieta Rivas Mercado, María Tereza
Montoya, Frida Kahlo, Tina Modotti, Lupe Vélez y María Izquierdo,
Xavier Villaurrutia, José Vasconcelos Calderón, Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros.
Ella, mientras tanto, se volvía a enamorar, ya separada del tremendo
Atl; en pareja con el pintor y caricaturista Matías Santoyo, partió
hacia Hollywood y decidió dejarse fotografiar desnuda. En 1927
escandalizó México con una muestra de sus desnudos para el fotógrafo
Antonio Garduño. Pero dos años después, ya estaba fuera de México: se
enamoró de un capitán de barco, Eugenio Agacino. Durante un viaje, en
1934, el capitán se intoxicó y falleció en Cuba.
Nahui Ollin fue una artista, por épocas pintora, por épocas escritora
o compositora. Pero México la olvidó hasta que en 1992 se comenzó a
hacer una catalogación de sus pinturas para una retrospectiva que se
concretó en 1993 en el Estudio- Museo Diego Rivera, de la Ciudad de
México.
Al igual que Frida se pinta a sí misma una y otra vez. Hay otros
temas en sus pinturas, consideradas del estilo naïf , pero ella misma es
su tema predilecto.
“Nahui era de esas personas, como Frida, que se
desconocen, que no se encuentran, que no saben quiénes son, que se
fotografían y autorretratan para verse a sí mismas.”
Y yo me atrevo a agregar, que pintarse a sí mismas tal vez fue el único modo que encontraron de hacerse eternas…
Andrés Henestrosa

Después de la muerte de Eugenio Agacino, Nahui Olin no volvió a ser
la misma. Dedicó menos tiempo a la pintura y más a escribir. Sin
embargo, expuso por última vez en 1945.
En los últimos años de su vida, vivió con sus gatos en la casa de la
calle General Cano que heredara de sus padres, desempeñándose como
maestra de pintura en una escuela primaria y sostenida apenas por una
beca que, mes con mes, le daba Bellas Artes. Andaba por la calle vestida
con harapos, y decía que era la dueña del sol: cada mañana, lo hacía
salir con su mirada, y cada noche lo devolvía al ocaso. Se convirtió en
un personaje triste para todos, menos para ella, que seguía orgullosa de
su cuerpo y su pasado. Nunca pudo olvidar a Eugenio: hasta su muerte,
colgó en su casa una sábana donde había pintado a su amante capitán y
dormía abrazada a ella.
Muy enferma pide a sus sobrinas que la trasladen a la recámara donde
nació y el 23 de enero de 1978, Carmen Mondragón / Nahui Ollin, cierra
por siempre sus bellos y enormes ojos verdes.
Los restos mortales de Carmen Mondragón descansan en el Panteón Español en la Ciudad de México.
“Mi cuerpo y mi espíritu tienen siempre loca sed de esos
mundos nuevos que voy buscando sin cesar y de las cosas o los individuos
que tienen siempre nuevos rostros bajo la influencia de mi espíritu, es
una inquietud creadora que juega con esos mundos que voy creando”.
Nahui Ollin
Afortunadamente, al igual que con Frida Kahlo y
Guadalupe Amor, existe un reciente y renovado interés por su vida y su obra.
“De que Nahui Olin tenía el mar en los ojos no cabe
la menor duda. El agua salada se movía dentro de las dos cuencas, y
adquiría la placidez del lago o se encrespaba furiosa tormenta verde,
ola inmensa, amenazante. Vivir con dos olas del mar dentro de la cabeza
no ha de ser fácil”.
Elena Poniatowska
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