Justo Sierra, En tierra yankee. En el tomo 6 de las Obras completas, UNAM, 1948, p. 174
It’s been a long way since Earth was created from cosmic dust plus initial energy from the Big Bang left unleashed especially for us by an un-metaphorically cause that still remains undisclosed, un-theological, & humanly grasped. Despite there’s no consensus about such a spectacular phenomenon; body, mind & intelligence remain as lively fate-hunters of what make sense about us that I have to welcome you, Friend, to the Drama of Human Condition in search of the Artist’s Signature.
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Monday, July 30, 2012
Justo Sierra presencia el cuchi cuchi
Vimos luego el cuchi cuchi,
la famosa danza del vientre, bailada o expresada, diremos, por una
egipcia de grandes ojos urentes, negros como la hoguera del pecado, de
gran boca roja, a manera de herida abierta, y espantosamente sensual
sobre la dentadura de marfil africano. A compás de un rítmico movimiento
de caderas, el vientre desnudo comienza por plegarse en ondas
concéntricas y acaba por verdaderas gesticulaciones convulsivas que le
dan un siniestro aspecto de mascarón de fauno epiléptico; no he visto
nada ni más curioso ni más horrible. A seguida una blondina y enjuta
americana se presentó a hacer lo mismo, y a pesar de sus abominables
contosrsiones, no logró sino hacer reír; era la caricatura odiosa y
repugnante del cuchi cuchi.
No, los cabellos rubios no casan sino con el sensualismo inconsciente
de Ofelia o con el pecado sentimental de Gretchen, no con este
animalismo erótico de las regiones que el desierto lame con su lengua de
fuego.
Monday, June 11, 2012
Tristeza por Juan Bautista Villaseca
(Fragmento tomado de la revista México en Guardia No. 267 [Respuesta del poeta al 2 de octubre de 1968: Matanza de Tlatelolco])
Las semanas no eran así,
Con un olor a huesos
Dormidos en la pólvora,
Con calles orinadas por el miedo,
Con tanques militares de veneno,
No parecían esquirlas
Que las musas dejaron
Sobre el tiempo,
Ni había un río de sangre
En cada calle,
Ni había tantos ojos
En las cárceles.
No sé si se ha exiliado el corazón
Ni por qué duelen tanto
Las letras de mi Patria.
Juan Bautista Villaseca
Diurno para un perro sin sitio
Como las penas vuelven
a la comida muerta,
al rincón
que bien puede hospedar
la lágrima y la pulga,
como el perro noctámbulo que ha perdido el reloj de los ojos
y el sol se le aparece
como un recuerdo de la luz,
así regreso a ti.
Hay un mosaico que me enfría en tu pecho.
Yo soy el perro que regresa.
No sé vuelvo a ti para morir.
a la comida muerta,
al rincón
que bien puede hospedar
la lágrima y la pulga,
como el perro noctámbulo que ha perdido el reloj de los ojos
y el sol se le aparece
como un recuerdo de la luz,
así regreso a ti.
Hay un mosaico que me enfría en tu pecho.
Yo soy el perro que regresa.
No sé vuelvo a ti para morir.
Diurno a las piedras
Quiéreme siempre, piedra, a ti te hablo.
A ti te toco y eres como el viento.
Yo no quiero romperte, yo presiento
que eres como un silencio en el establo.
Yo te acaricio como Cristo a Pablo.
Eres dureza en mi arrepentimiento,
eres cuerpo secreto que caliento.
El ángel quiere conocer al diablo.
Eres un beso seco de dureza.
Ojos nocturnos en la sed del campo.
Eres rostro del tiempo y mi tristeza.
Selva deshabitada, tierra dura.
Explorador del sueño, en ti me acampo.
Quédate como almohada de ternura.
Diurno en la frente
A ti te toco y eres como el viento.
Yo no quiero romperte, yo presiento
que eres como un silencio en el establo.
Yo te acaricio como Cristo a Pablo.
Eres dureza en mi arrepentimiento,
eres cuerpo secreto que caliento.
El ángel quiere conocer al diablo.
Eres un beso seco de dureza.
Ojos nocturnos en la sed del campo.
Eres rostro del tiempo y mi tristeza.
Selva deshabitada, tierra dura.
Explorador del sueño, en ti me acampo.
Quédate como almohada de ternura.
Diurno en la frente
Llevo en la espalda un pájaro sangrado.
No me duele la sangre, sangre en vano.
Mi herida ya le perdonó a la mano.
Pistola de odio se volvió el pasado.
De atrás venimos al futuro alado
—música perseguida por un piano—,
de atrás el escritorio va hasta el llano,
toca la tierra, siembra y se hace prado.
Ácido funeral quema mis dedos.
Están pidiendo tempestad al río,
mi espalda tiene pétalos muy quedos.
Me voy, pero no voy indiferente.
No soy puñal de la melancolía,
mi espalda sangra, mas yo voy de frente.
No me duele la sangre, sangre en vano.
Mi herida ya le perdonó a la mano.
Pistola de odio se volvió el pasado.
De atrás venimos al futuro alado
—música perseguida por un piano—,
de atrás el escritorio va hasta el llano,
toca la tierra, siembra y se hace prado.
Ácido funeral quema mis dedos.
Están pidiendo tempestad al río,
mi espalda tiene pétalos muy quedos.
Me voy, pero no voy indiferente.
No soy puñal de la melancolía,
mi espalda sangra, mas yo voy de frente.
Diurno para el adiós y un soneto
El día me lastima las dos manos;
son como dos cubetas ya vacías
cansadas de cargar días y días
el agua ahorcada junto a los pantanos.
Y tú vienes conmigo hasta esos vanos
pies de tierra, fríos, adonde huías,
descalza al fin como las alegrías
que siguen los amores hortelanos.
Me he acostumbrado a siempre despedirme,
llevo un fusil tatuado en la palabra.
Te amo amando para no morirme;
deja quedarme ciego y florecerte
para que no te mire el lecho que abra
no mirarte en un niño y detenerte.
son como dos cubetas ya vacías
cansadas de cargar días y días
el agua ahorcada junto a los pantanos.
Y tú vienes conmigo hasta esos vanos
pies de tierra, fríos, adonde huías,
descalza al fin como las alegrías
que siguen los amores hortelanos.
Me he acostumbrado a siempre despedirme,
llevo un fusil tatuado en la palabra.
Te amo amando para no morirme;
deja quedarme ciego y florecerte
para que no te mire el lecho que abra
no mirarte en un niño y detenerte.
Diurno y poesía
Leve es la cicatriz, pero honda la tortura.
El trigo se hace voz del pan eterno.
Siempre llevamos un oculto invierno
en la ceniza que dejó la albura.
Es la ventana a veces tan oscura
que se parece a Dios en el infierno,
pero la vida tiene un vientre tierno,
la eternidad no tiene sepultura.
Me está vistiendo el frío y aún me quemo.
Como una espera la piedad me mira.
Sin la alegría pateo y me blasfemo.
No sé si el día me carga o cargo al día.
Ya no sé quién se asfixia o quién respira.
Se va el amor, mas no la poesía. ♦
El trigo se hace voz del pan eterno.
Siempre llevamos un oculto invierno
en la ceniza que dejó la albura.
Es la ventana a veces tan oscura
que se parece a Dios en el infierno,
pero la vida tiene un vientre tierno,
la eternidad no tiene sepultura.
Me está vistiendo el frío y aún me quemo.
Como una espera la piedad me mira.
Sin la alegría pateo y me blasfemo.
No sé si el día me carga o cargo al día.
Ya no sé quién se asfixia o quién respira.
Se va el amor, mas no la poesía. ♦
Retrato de Juan Bautista Villaseca
Diurno para un soneto a México
Este México triste que me duele
en su alegría y en su desventura,
este nopal oscuro que verdura
y hace pájaro al sol para que vuele.
Esta mi Patria mía a que me impele
el ombligo, el maíz, y la tortura;
este verme en un mapa que fulgura
rico y pobre en la vela que me vele.
Este México triste de su suegra,
páramo y tornasol en mesa abierta,
se hace el árbol amargo que me alegra.
México mío, águila que advierte
la puerta siempre de la siempre puerta,
no me dejes afuera de mi muerte.
Diurno para un poema enlutado
Hay poemas que se parecen a la muerte,
son tan silvestres
que nos traen de pronto la ceniza,
bajan de una vida que no pesa,
que se recarga entre los sucios huesos,
rascan la piel,
golpean la serpiente del intestino hambriento;
hay poemas que se parecen a los ríos desnudos,
a una cama sin rosas,
a un niño paralítico en medio de su infancia;
hay poemas como este que yo quiero escribir,
versos tiesos de llanto,
versos que pisan una tarima herida
de esta casa inundada de trampas por el mundo.
Hay poemas que se parecen a la muerte,
poemas rojos de agonía
donde la vida cae como un ganado estéril
cansado de pastar su desventura,
versos que fácilmente olvidarían
el magistrado,
el ingeniero turbio de los dólares,
y alguno que otro estúpido condecorado en la política,
porque esto es necesario,
hay que hablar de los cines,
del prostíbulo verde que sonrió alguna noche,
de cómo nos fue ayer y nos irá mañana,
de cómo nos hacemos pendejos con la flor en las manos,
mientras los hospitales,
los mercados enfermos de pobreza,
los niños que se arrastran en los años,
están afuera de la tierra,
afuera de la luz,
lamiendo los orines
que de limosna dejan caer los millonarios,
mientras afuera del campo
se ha olvidado otra vez de Quetzalcóatl.
Hay poemas que se parecen a la muerte.
Uno se busca en medio del cadáver.
Cuando saca las manos a la vida
se encuentra caminando con un hermano muerto
colgándonos del hombro.
Diurno como un cuento
Érase un campo de concentración
pero de golondrinas,
las jóvenes ardillas te ocultaban
y un recinto de invierno
te cerraba los ojos
con un sueño de brizna
desde las madrugadas…
Érase que era una cárcel
pero toda en el huerto de la espuma,
toda como una rosa en sus vocales
coronada de niños,
toda como una biblioteca de amor
en la lumbre olvidada;
toda como el rocío cercado por la lluvia.
Érase que se eran las cárceles
pero de libertad
en ramos matutinos.
Érase que se eran cuatro paredes solas
pero sólo de amor,
sólo del alba
cuando caminaba a la intemperie.
Este malogrado y casi desconocido poeta nació en México DF en 1932 y
murió en 1969, a pesar de su muerte prematura, dejó poemas que muestran
su enorme talento.
Cercanía de la ausencia
Nunca pude comprender
por qué le llamaba Dios
y Él me llamaba Juan.
En el agua de mi infancia
se quitaba el antifaz,
a Él le lloraba un huerto
de nardos en tempestad,
nunca me dijo por qué
también le quemaba el pan.
A las basuras del tiempo
se fue mudando esa edad.
Mi traje cambió de pena,
mi zapato de orfandad.
Ya ni el recuerdo recuerda
lo que quiero recordar,
la tierra de mi cadáver
lleva un poco de su cal,
y si algún día lo encuentro
ya Dios no lo llamaría,
ni él me llamaría Juan.
(Al poeta Luis Alvelais Pozos)
Nunca pude comprender
por qué le llamaba Dios
y Él me llamaba Juan.
En el agua de mi infancia
se quitaba el antifaz,
a Él le lloraba un huerto
de nardos en tempestad,
nunca me dijo por qué
también le quemaba el pan.
A las basuras del tiempo
se fue mudando esa edad.
Mi traje cambió de pena,
mi zapato de orfandad.
Ya ni el recuerdo recuerda
lo que quiero recordar,
la tierra de mi cadáver
lleva un poco de su cal,
y si algún día lo encuentro
ya Dios no lo llamaría,
ni él me llamaría Juan.
(Al poeta Luis Alvelais Pozos)
Diurno
del bar
El bar
es el exilio de un
sonámbulo
que llega hasta la
barra y se suicida.
El bar es el obrero,
es el agricultor
y es el poeta,
que tristes ya de
hablarle al sindicato,
al campo,
y a la vida,
se van a oír cómo
les suena el alma
entre los vasos.
El bar es un puñal
de doble sueño.
En la puerta,
como en esas películas
en donde el olvido dice pan o muerte
dejamos un caballo
con un fardo de angustia.
Cuando olvidamos
de la boca el vaso,
cuando nos vamos
otra vez al tiempo,
cuando el alcohol
sonrió frente al hambre,
nos salimos del bar
a ver el viento.
...Y el caballo allí
está.
Le montamos de nuevo
la tristeza
y nos vamos cansados
a la noche
con un galope lento
que despertando el
polvo
vuelve otra vez hacia
la lejanía.
Diurno
para un reloj perdido
Hoy he empeñado
Como otras tantas
veces mi reloj.
Se adelantaba tanto
a mi pobreza
que al hotel estrellado
de la noche
le despertaba el
sol.
El tiempo no goteaba,
era un río,
quería todas las
estaciones
para vivir un día.
Las horas se salían
de su jaula
saludando una vida
anticipada.
Mi reloj no servía,
era como una hora
que se escapa
para decir al árbol
que llegó la aurora,
mi reloj no servía,
pedía que llorara
más aprisa,
y así me amontonaba
la hora del melón
que sangra la sandía
desde lejos.
Pero estaba inservible,
me adelantaba hasta
los cobradores
a interrumpirme siempre
en la paz,
y era como toda ilusión
un inexacto.
Diurno
a mi soledad
Soledad,
seca manzana
que acaricio en la
última bolsa de mi saco,
qué extraña muerte
tengo
para guardarte junto
de mi vida.
Es cierto, llega
un beso,
el coágulo de sangre
de la tierra,
llega un amigo con
el plato roto,
apenas llega un pétalo
a mis versos
y busca pasaporte
hacia algún huerto,
llegan las estaciones
vendedoras del sol,
y llega alguna noche
y me pide un sarape
para el frío,
llega a verme mi
madre
que nunca me visita,
llega el mismo traje,
y el llanto de madera
de esta silla cansada de mi sombra
y llego yo otra vez
a verme de espejo a espejo
con la piel encima.
Ay soledad
qué suerte tengo
que tú me esperes
en la última bolsa
de mi saco.
Pañuelo
para un poeta distante
Era como la tierra,
una argamasa
sin picaportes para
la alegría,
alquilaba sus huesos,
se dormía
como un limón soltero
que se casa.
Yo lo miraba herirse
en esa gasa
que cobijó en un
beso la agonía,
venía obrero del
dolor, venía
capitán de una lágrima
a mi casa.
Una tarde abandonó
su equipaje
de distancias. Se
fue silbando el viaje
como los ferroviarios
que se van...
Un vaso entre los
bares quedó ausente.
Y le decía el océano
lejanamente:
"te olvidaron los
puertos, capitán"
Elogio
de tu oído
Se te perdió,
se te perdió la oreja
pero no el corazón.
¿A dónde fue mi voz,
entre qué calles,
en qué trenes se
fue trapecista del viento hacia la vida?
Te olvidaste que
sonaban los pájaros a río triste,
a soledad de hojas,
a niños florecidos
en las rocas,
a pastores aéreos
cayéndose de pronto
hacia el paisaje.
Se te perdió,
se te perdió la oreja
pero no el corazón.
Porque no sólo somos
de metal y miedo,
la luz no va como
una piedra al pecho.
Yo te toco los senos
y me escuchas,
yo me hundo en tus
ojos y me escuchas,
yo me hiero en tu
boca
y tú me escuchas,
yo me apago en tu
cuerpo
y tú me escuchas.
Como el mundo está
sordo
te quejas como el
mundo.
Ahora golpeo los
muebles,
los libros,
las palabras,
para que tú nunca
sepas que estás sorda.
Réquiem
La ciudad de una
lágrima
se me hizo hueso
y mejilla,
ciudad de panal sombrío,
música inmóvil de
luto
con noche de anteojos
ciegos,
arcilla de lenta
paja
con funerales de
espuma,
qué lástima de la
lástima
que no deja abrir
la boca,
qué lástima tantos
duelos.
En la ciudad de una
lágrima
cabe mi propio cadáver.
Monday, April 30, 2012
Sor Juana Inés de la Cruz
Si los riesgos del mar considerara,
ninguno se embarcara; si antes viera
bien su peligro, nadie se atreviera
ni al bravo toro osado provocara.
Si del fogoso bruto ponderara
la furia desbocada en la carrera
el jinete prudente, nunca hubiera
quien con discreta mano lo enfrentara.
Pero si hubiera alguno tan osado
que, no obstante el peligro, al mismo Apolo
quisiese gobernar con atrevida
mano el rápido carro en luz bañado,
todo lo hiciera, y no tomara sólo
estado que ha de ser toda la vida.
ninguno se embarcara; si antes viera
bien su peligro, nadie se atreviera
ni al bravo toro osado provocara.
Si del fogoso bruto ponderara
la furia desbocada en la carrera
el jinete prudente, nunca hubiera
quien con discreta mano lo enfrentara.
Pero si hubiera alguno tan osado
que, no obstante el peligro, al mismo Apolo
quisiese gobernar con atrevida
mano el rápido carro en luz bañado,
todo lo hiciera, y no tomara sólo
estado que ha de ser toda la vida.
Wednesday, February 8, 2012
Juan Miguel Zunzunegui
JUAN DIEGUITO: EL MEXICANO CHIQUITO y su Virgencita de Guadalupe
Juan Miguel Zunzunegui
Por siglos le han dicho al mexicano que es el resultado de una
humillante derrota y dolorosa conquista; de la destrucción del que
llamamos “nuestro” pasado prehispánico en manos de los españoles. El
mexicano vive desde entonces con la eterna esperanza de que algún día
su futuro mejore, aunque no hace nada para provocar dicha situación, y
contrario a eso; vive encerrado en el mítico, romántico e hipotético
pasado que se ha construido.
Parte
de ese pasado, eternamente presente, es la virgencita de Guadalupe; que
es, aunque no se quiera ver, entender o aceptar, parte fundamental de
dicha conquista. México no existía cuando Cortés piso este suelo,
habitado más bien por una amalgama de culturas diversas, con distintos
idiomas y religiones, sin un poder central, sin territorios definidos.
Esto no era un país.
Y
Cortés apareció trayendo con él, no sólo a sus soldados, sino a sus
ideas, y desde luego, su religión. La península Ibérica se había unido
gracias al catolicismo y era don Hernán un ferviente católico, y además,
un fiel devoto a la Virgen de su tierra extremeña: la Virgen de
Guadalupe, con la que sustituyó a la Tonantzin madrecita de los indios.
Hoy
cuenta la leyenda que la Virgen se apareció a Juan Diego para ofrecerle
consuelo, no a él únicamente, sino a todo su pueblo: a los conquistados;
consuelo por haber sido conquistados. Pero al mismo tiempo es obvio que
la aparición de la madre del Dios católico, reitera que la fe de los
conquistadores es la verdadera…, en el fondo, esa virgencita piadosa le
dice a los conquistados que está bien que los conquisten..., por la
salvación de su alma.
No fue
Cortés, sino su Virgen, quien conquistó a los indígenas de Mesoamérica;
fue su Virgen la que embelesó a los indios, fue ella quien los acogió
dentro del seno del catolicismo, la fe de los conquistadores, fue ella,
la madre celestial quien terminó de llevar a cabo esa conquista…, pero
eso sí, dando consuelo.
Pero
ese consuelo es a Juandieguito, siempre así, en chiquito, el más pequeño
de sus hijos, el humilde, el pobre, el indio conquistado. ¿El mexicano
es Juandieguito?, ¿somos o queremos ser eso: el chiquito, el pequeño, el
humilde? Juan Diego, santo o no, existente o no en la vida real, es el
símbolo del conquistado…, el pequeño indio humilde que requiere consuelo
de la Virgen.
En
México hablamos bonito y nos encantan los diminutivos…, como
Juandieguito. Pero puede uno analizar que, en muchas ocasiones nos
referimos en diminutivo, sobre todo en ciertas clases sociales, a lo que
vemos pequeño, a lo que observamos por arriba del hombro, a lo que
ninguneamos. Esa es por ejemplo nuestra forma muy particular de
discriminar y ser racistas, aunque sea de forma inconsciente. Mucha
gente dice, siempre con tono de ternura: “el indito”, el prietito”, “el
negrito”…, precisamente porque los ve así como a Juandieguito; así,
poquita cosa.
¿Qué
México queremos ser en el siglo XXI? Basta de ser los pequeños, los
chiquitos, los humildes, los derrotados, los descendientes de una
capitulación…, los que requieren consuelo, y además que éste venga desde
el cielo. Ese México será siempre pequeño y jamás llegará a nada.
Pero
además ya tendríamos que decir que no somos Juandieguito.¿Vamos a seguir
siglos y siglos pretendiendo que somos conquistados, usando ese
pretexto para justificar lo que sea?, ¿vamos a esperar eternamente el
consuelo de una madre amorosa?, ¿vamos a ser eternamente pequeños, a ser
eternamente niños?
Si
Juandieguito es el indio conquistado que requiere consuelo, pues muy
bien; pero el mexicano de hoy no es hijo de Juan Diego, ni es
descendiente del azteca, ni es el indígena conquistado. El mexicano es
un mestizo, es la fusión de lo indígena con el español; México ni el
mexicano existirían sin el español, por lo que no somos hijos de una
derrota.
La
virgencita consuela a los conquistados, la madre celestial domó y
sometió a los conquistados, los entregó a los brazos de la Iglesia de
los españoles y por lo tanto a su dominio; la virgencita consumó la
conquista espiritual. La Virgen de Guadalupe, la imagen traída por el
mismísimo Cortés, el culto impuesto por el llamado conquistador se
convirtió en el máximo culto de los mexicanos.
Desde
entonces y hasta el siglo XXI, sin saberlo, muchas cosas se esconden
tras la guadalupana: la Tonantzin de los indios, la conquista
espiritual, el culto de Hernán Cortés, fraudes y engaños con los que la
Iglesia ha sometido, somete y someterá a los más pobres. Con el pretexto
de la virgen consoladora de los conquistados, la Iglesia los exprime
más y más.
Con el
guadalupanismo el pueblo mexicano exalta la humildad y la pobreza como
virtudes, mientras el clero guadalupano es todo menos pobre y humilde.
Esas supuestas virtudes, por cierto, no han catapultado jamás a un país
hacia al futuro, y no lo harán con nosotros.
Ninguna
divinidad ha sacado a un país adelante; es evidente que la Virgen no ha
logrado sacar a México hacia el progreso, y tal vez sea porque esa no
es su chamba. Pero México a veces parece que pretende dejarle toda la
chamba a la guadalupana. La Virgen de Guadalupe formó este país en sus
diversas etapas, pero la Iglesia y las elites se apoderan de ese culto y
de la ignorancia para mantener el sometimiento. ¡México, la pobreza no
es una virtud!
Podemos
seguir el ejemplo de Juandieguito: ser humildes y chiquitos, ser
pequeños y simples, así, poquita cosa. Ahora que es santo incluso
podemos arrodillarnos ante él y alabar esas supuestas cualidades,
venerar su pequeñez, su derrota, su ser conquistado.
También
podemos cambiar de virtudes y querer ser grandes y orgullosos, ser
nobles altivos y encumbrados…, podríamos venerar eso y aspirar a ello.
Han
pasado siglos desde la llamada conquista, desde que el español sometió
al indígena, y éste último jamás se ha liberado. No fue parte de la
independencia ni le hizo justicia la revolución, y sin embargo encuentra
consuelo en la virgencita que hace 500 años le impuso el llamado
conquistador. Su madre amorosa que no lo deja salir de su regazo, y lo
hace, por lo tanto, inútil.
Eso
significa Juandieguito y eso se venera en su supuesta santidad. Ese
mexicano es pequeño y se conforma con lo que es y con lo que tiene, sin
aspirar, sin anhelar…, con la esperanza de la “otra vida” en la que todo
será recompensa; y desde luego, donde se reunirá de nuevo con su eterna
madrecita.
El
mexicanito confía siempre en su madre celestial, que además lo quiere
por ser pobre y humilde…, por ser conquistado. Así, con los ojos puestos
en la Virgen de Guadalupe, el mexicano sigue inmóvil, reza, agradece lo
que sea que reciba; agacha la cabeza, se somete. El mexicano espera,
siempre espera; en México no pasa el tiempo. Ahí sigue la morenita del
Tepeyac, observando nuestra eterna conquista; tal vez como la madre
eterna, agradecida de que sus retoños nunca dejen el nido…, o tal vez
ahí, muda desde su altar, desesperada de ver como sus hijos dependen
eternamente de ella, que no se alejan, no maduran, no crecen, son
eternamente niños y perpetuamente conquistados.
MÁS REFLEXIONES E INFORMACIÓN AL RESPECTO DEL GUADALUPANISMO EN MI LIBRO “El Mito Guadalupano, símbolo de eterna conquista”
"El Llano en Llamas" de Juan Rulfo
¿Qué hay detrás del "llano en llamas" de Juan Rulfo? Un espectacular folclorismo autocomplaciente o sencillamente una profunda autocrítica a nuestra idiosincrasia. Cuando se lee: “-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.” Se descubre un Rulfo festivo y engreído con nuestra idiosincrasia o es, quizás, ¿el grito apagado de un colonialismo lerdo que no deja a nuestra mexicanidad modernizarse? O, qué decir de Anacleto Morones cuando exclama: “¡VIEJAS, HIJAS DEL demonio! Las vi venir a todas juntas, en procesión.” ¿Es este un Rulfo categórico y macho?; o, tal vez, ¿es la expresión fina de una denuncia: credulidad y modernidad no encajan? Leer “El Llano en Llamas” de Juan Rulfo permite imaginar un México posible desde la mazmorra de una idiosincrasia maravillosamente opresora donde incluso sonreímos.........
Juan Rulfo - Wikipedia, the free encyclopedia
¡Diles que no me maten! - Juan Rulfo - Ciudad Seva
Anacleto Morones, Juan Rulfo (1918-1986)
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