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Wednesday, August 14, 2019

Schiller - Los Dioses de Grecia

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Johann Christoph Friedrich von Schiller.
EL poema los dioses de Grecia fue publicado por primera vez en el Teutschen Merkur editado por Wieland, en marzo de 1788, un año antes de la revolución francesa, provoco una encendida polémica por parte de quienes vieron en él, sobre todo, una crítica a la concepción cristiana del mundo.
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El poema, considerado como un verdadero hito del desarrollo espiritual de Schiller, en cuanto tránsito de la lírica juvenil al “estilo clásico” de la madurez del poeta, fue más tarde reelaborada y así apareció, en la primera parte de sus Poesías, editadas en 1800, donde el lamento por el ocaso definitivo de la “humanidad” griega aparece  ahora transformado en una posibilidad superior de volver, mediante la poesía, al reino de la belleza. Dentro de la rica literatura existente acerca del poema que nos ocupa, véase la lucida y bien fundada “defensa” de esta segunda versión por parte de W. Frühwald, “Die Auseinandersetzung um Shillers Gedicht ‘Die Götter Griechenlandes’”, en Jahrbuch der Deutschen Schiller-gesellschaft (1969).
Los Dioses de Grecia.
Cuando el mundo bello regíais aun,
Y hacia la alegría, sin sombra de esfuerzo
Dichosas estirpes guiabais aun,
Seres del país de la fábula bellos,
¡Ay!, cuando brillaba nuestro oficio aun, ‘el del regocijo,
Que distinto entonces todo, ‘que distinto era,
Cuando las coronas ornaban tus templos,
¡Venus de Amatunte!
Cuanto el velo mágico de la poesía
Gracioso ceñía aun la verdad,
Vital plenitud entonces ‘la creación manaba
Y eso se sentía que jamás se siente.
A fin de estrecharla de amor sobre el pecho
Superior nobleza diose a la Natura.
Mostrabale todo a la vista iniciada,
Todo, ‘la huella de un Dios.
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Donde ahora solo –dicen nuestros sabios-,
De fuego una bola inanimada gira,
Entonces su carro guiaba, de oro,
Helio con serena majestad.
Poblaban oréades estas alturas
Moraba en el árbol aquel una dríade
De urnas de náyade siempre hechiceras
Brotaba del rio la plateada espuma.
Columnas dóricas de Nemea-anastilwmenoi recientemente del templo de Zeus, Templo de Zeus
Volviose aquel lauro una vez por ayuda,
Calla en esta piedra la hija de Tántalo,
Suena en el cañal de Siringa la queja,
Y el dolor de Filomela en este bosque.
Recogió las lágrimas aquel arroyo
Que por Perséfone derramo Deméter,
Y desde esta loma llamo Citerea
¡Ay, en vano!, ‘al amigo bello.
Entonces de Deucalion hasta la estirpe
Aun descendían los hijos del cielo;
Para conquistar de Pirro la hija bella
El hijo de Leto el cayado empuño.
Entre hombres y dioses y héroes también
Un vínculo bello Amor anudo,
Mortales y dioses y héroes también
Allá en Amatunte homenaje rendían.
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El rigor sombrío y la renuncia triste
De nuestro festivo oficio se apartaron,
Todo corazón latir feliz debía
Pues el feliz era de vuestro linaje.
Sagrado era entonces tan solo lo Bello,
Por dicha ninguna turbabase el Dios,
Donde la Camena de casto rubor,
Donde ‘la gracia imperaba.
Teatro de Epidauro
Vuestros templos como palacios reían,
De los héroes os glorificaba el juego
Del Istmo en las fiestas ricas en coronas.
Y en pos de la meta los carros volaban.
Con arte trenzadas, inspiradas danzas
En torno giraban al suntuoso altar.
Coronas de triunfo os ornaban las sienes
Y vuestro oloroso cabello diademas.
De quienes agitan el tirso con brío ‘el ¡evohe!
Y de las panteras el tiro soberbio,
El gran portador anunciaban del gozo,
Brincando delante van Sátiro y Fauno,
Le saltan en torno furiosas bacantes,
Sus danzas alaban el vino del dios,
Y del tabernero las pardas mejillas
Al jarro ‘invitan alegres.
Entonces ningún espantable esqueleto
De aquel que agoniza, ante el lecho venia. ‘Un beso
Del labio acogía el aliento postrero
Y un genio la luz de su antorcha apagaba.
La misma balanza severa del Orco
De una mortal sosteniala el nieto
Y el apasionado lamento del Tracio
Toco a las Erinias.
A encontrar volvía la sombra dichosa
En los bosques del Eliseo sus deleites,
A su fiel consorte e amor fiel hallaba
Y el auriga su camino,
De Lino en la farsa los cantos resuenan,
Admeto se entrega a los brazos de Alcestis,
Orestes de nuevo a su amigo conoce,
Y sus ‘flechas Filoctetes.
Bertel Thorvaldsen Jason y el bellocino de oro 1828
Premios superiores ‘al atleta entonces fortalecían
Por la senda áspera de la virtud,
Soberbios autores de grandes hazañas
Alzabánse hasta los bienaventurados,
Ante el que los muertos para mi reclama
Cedía la turba de los Dioses, queda,
Por entre las olas guían al piloto
Del Olimpo ‘el par de Gemelos.
Dioscuros Caxtor y Polux
¿Dónde, mundo bello, te encuentras? ¡Retorna
Tú, de la natura, dulce edad florida!
Ay, solo en el reino hadado de los cantos
Vive todavía tu pasmosa huella.
Se anega en tristeza la campiña yerma,
Ningún ser divino a mi vista parece,
¡Ay! Del cuadro aquel palpitante de vida
Solo ‘la sombra quedo.
El toro Farnesio (Roma) Marmol de Apolonio de Tralles y Tauriscus (s. II a.C), encontrado en las termas de Caracalla, actualmente en el Museo Arqueologico de Napoles
Ya todas cayeron las flores aquellas
Ante el soplo horrible del fiero aquilón,
Para enriquecer a uno de entre todos,
Debió disiparse aquel mundo de Dioses.
Triste, entre las orbitas de las estrellas
Buscote, Selene, sin hallarte allí,
Llamo entre los bosques, llamo entre las olas,
Y, ¡ay!, ‘vacíos resuenan.
Grupo de estatuas de los baños de faustina, Mileto (Apolo y las Musas) Museo Arqueologico de Estambul
Sin conciencia de los deleites que brinda,
Por su propia gloria jamás arrobada,
Jamás vista por el genio que la guía,
Por mor de mi dicha, dichosa jamás,
Fría ante la honra de su propio artista,
Semejante al golpe muerto de la péndola,
Servil obedece a la ley de lo grave,
Desnuda de Dioses, la Naturaleza.
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Para desprenderse mañana otra vez,
Hoy su propia fosa labra
Y a un huso se atan, igual desde siempre,
Las lunas, por si, para hundirse o nacer.
A su tierra ociosos, del poeta la patria,
Volvieron los Dioses, para un mundo inútiles
Que de su tutela habiéndose librado
Logra por su propio flotar mantenerse.
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Si a un hogar volvieron, todo, cuanto es bello,
Cuanto es elevado, llevando consigo,
Colores y tonos de la vida, todos,
Y solo quedonos la palabra inerte.
Del curso del tiempo arrancados, ya vuelan
En salvo, del Pindo en la cumbre elevada,
Lo que ha de vivir inmortal en el canto,
Por fuerza en la vida habrá de morir.
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Saturday, December 29, 2012

Vaya Pareja

HÖLDERLIN – BEETHOVEN (Poemas - Bagatelas)




















Ha aparecido hace poco en las librerías españolas el libro «Friedrich Hölderlin – Poemas», versión e introducción de Eduardo Gil Bera, publicado por LUMEN y puesto a la venta al bonito precio de 29’99 euros: no me cansaré de repetir que me parece un robo infame el precio de los libros en este país, un robo vil, ruin y miserable, orquestado, al alimón, por el Ministerio de Cultura, la editoriales y las librerías (que encima van de víctimas). No obstante, yo, con la paga extra de Navidad, ayer me lo compré, y salga el sol por Antequera.
He seleccionado cinco breves poemas de los recogidos en este valioso, y caro, libro. En su día ya dedicamos una entrada a este gran poeta, a este pobre poeta loco, que fue Hölderlin. En esta ocasión voy a acompañar los poemas con cinco piezas también breves de Beethoven, cinco bagatelas de las once que componen su opus 119. Por qué Beethoven: no hay porqué, o quizá tan solo porque ambos, poeta y músico, nacieron el mismo año; el poeta viviría 16 años más que el ilustre sordo, mala la vida que nos toca vivir a los músicos, sobre todo en aquellos tiempos. En estas pequeñas piezas de Beethoven, en cada una de ellas, está encerrada toda la personalidad del maestro; su impronta, su estilo, su genialidad, son reconocibles de principio a fin como en cualquier otra de sus obras mayores. Esto mismo comentaba ayer con un querido alumno a propósito de Schubert. Cuando un artista lo es de verdad, su personalidad, sin él pretenderlo ni empeñarse en ello, queda acuñada en cada porción, por minúscula que sea, de su obra: simplemente no puede ser de otra manera, es así, inevitable e ineludiblemente, y punto. Cuando alguien quiere encontrar un lenguaje propio, quiere poner de manifiesto su personalidad, quiere crear un estilo personal, mejor que se dedique a otra cosa, a vender escobas por la calle, por ejemplo. Con Hölderlin, como no podía ser de otro modo, ocurre lo mismo que con Beethoven o Schubert: no puede dejar de ser Hölderlin, no tiene que buscar, justificar, explicar, tan sólo escribe y ya está, y cada verso es Hölderlin y nada más que Hölderlin.

I · DIE KÜRZE
Warum bist du so kurz? liebst du, wie vormals, denn
Nun nicht mehr den Gesang? fandst du, als Jüngling, doch,
In den Tagen der Hoffnung,
Wenn du sangest, das Ende nie!
Wie mein Glück, ist mein Lied. —Willst du im Abendrot
Froh dich bade? hinweg ists! und die Erd ist kalt,
Und der Vogel der Nacht schwirrt
Unbequem vor das Auge dir.
I · LA BREVEDAD
¿Por qué eres tan breve? ¿Ya no te gusta como antes
el canto? En cambio, de joven, cuando cantabas
en los días de esperanza,
¡no dabas nunca con el final!
Mi canto es como mi suerte. ¿Te bañarías a gusto
en el rojo crepuscular? Ya se ha pasado, y la tierra está fría,
y el pájaro de la noche aletea
molesto ante tus ojos.
 
Beethoven · Elf neue Bagatellen Op. 119 · III – Mia Chung 

II · DER GUTE GLAUBE
Schönes Leben! Du liegst krank, und das Herz ist mir
Müd vom Weinen und schon dämmert die Furcht in mir,
Doch, doch kann ich nicht glauben,
Daß du sterbest, solang du liebst.
II · LA BUENA FE
¡Bella vida!, yaces enferma y está mi corazón
agotado de llorar; ya despunta el miedo en mí.
Mas no puedo creer, con todo,
Que mueras mientras ames.
Elf neue Bagatellen Op. 119 · I

III · EHMALS UND JETZT
In jüngern Tagen war ich des Morgens froh,
Des Abends weint ich; jezt, da ich älter bin,
Beginn ich zweifelnd meinen Tag, doch
Heilig und heiter ist mir sein Ende.
III · ANTES Y AHORA
En mis días mozos, solía alegrarme por la mañana,
Por la noche lloraba; ahora, que soy más viejo,
Empiezo desesperado mi día, pero
Bendito y sereno es su final.
Elf neue Bagatellen Op. 119 · II

IV · DAS UNVERZEIHLICHE
Wenn ihr Freunde vergeßt, wenn ihr den Künster höhnt,
Und den tieferen Geist klein und gemein versteht,
Gott vergibt es, doch stört nur
Nie den Frieden der Liebenden.
IV · LO IMPERDONABLE
Si olvidáis a los amigos, si os reís del artista,
y al más profundo espíritu tenéis por bajo y vil,
Dios lo perdona; pero no estorbéis
nunca la paz de los amantes.
 Elf neue Bagatellen Op. 119 · V

 V · AN DIE PARZEN
Nur Einen Sommer gönt, ihr Gewaltigen!
Und einen Herbst zu reifem Gesange mir,
Daβ williger mein Herz, vom süβen
Spiele gesättiget, dann mir sterbe.
Die Seele, der im Leben ihr göttlich Recht
Nicht ward, sie ruht auch drunten im Orkus nicht;
Doch ist mir einst das Heilige, das am
Herzen mir liegt, das Gedicht, gelungen,
Willkomen dann, o Stille der Schattenwelt!
Zufrieden bin ich, wenn auch mein Saitenspiel
Mich nicht hinab geleitet; Einmal
Lebt ich, wie Götter, und mehr badrfs nicht.
V · A LAS PARCAS
Concededme un solo verano, oh poderosas,
y un otoño para que maduren mis cantos,
para que después muera más dócil mi corazón,
saciado del dulce juego.
El alma privada en vida de su derecho divino
tampoco reposa abajo en el Orco,
pero si yo logro lo sagrado
que me importa, el poema,
bienvenida sea la quietud del mundo de las sombras,
estaré contento, aunque mi cítara
no baje allá conmigo. Habré vivido
una vez como los dioses, y más no necesito.
Elf neue Bagatellen Op. 119 · IV

Thursday, December 27, 2012

No olvidemos a Grecia



"La vergüenza de Europa", de Günter Grass


 La vergüenza de Europa

Aunque próxima al caos, por no agradar al mercado, lejos estás de la tierra que tu cuna fue.
Lo que con el alma buscaste y creíste encontrar
hoy lo desechas, peor que chatarra valorado.
Desnuda en la picota del deudor, sufre una nación a la que dar las gracias era antaño lo más natural.
País condenado a ser pobre, cuya riqueza
adorna cuidados museos: botín por ti vigilado.
Los que invadieron con armas esa tierra bendita de islas llevaban, con su uniforme, a Hölderlin en la mochila.
País tolerado ya apenas, a cuyos coroneles
toleraste un día en calidad de aliados.
País sin ley al que el poder, que siempre tiene razón, aprieta el cinturón más y más.
Desafiándote viste de negro Antígona, y en el país entero hoy lleva luto el pueblo cuyo huésped eras.
Pero, fuera de ese país, el cortejo de parientes de Creso ha acumulado en tus cámaras cuanto brillaba dorado.
¡Bebe de una vez, bebe! grita la clac de los comisarios, pero airado te devuelve Sócrates su copa a rebosar.
Maldecirán los dioses a coro lo que te pertenece, pero sin tu permiso no se podrá expropiar el Olimpo.
Sin ese país te marchitarás, Europa, privada del espíritu que un día te concibió.

(Günter Grass. Traducción de Miguel Sáenz)

[Selección de la profesora Mercedes Ortiz]
Versión original en alemán:
Europas Schande

Dem Chaos nah, weil dem Markt nicht gerecht, bist fern Du dem Land, das die Wiege Dir lieh./ Was mit der Seele gesucht, gefunden Dir galt, wird abgetan nun, unter Schrottwert taxiert./ Als Schuldner nackt an den Pranger gestellt, leidet ein Land, dem Dank zu schulden Dir Redensart war./ Zur Armut verurteiltes Land, dessen Reichtum gepflegt Museen schmückt: von Dir gehütete Beute./ Die mit der Waffen Gewalt das inselgesegnete Land heimgesucht, trugen zur Uniform Hölderlin im Tornister./ Kaum noch geduldetes Land, dessen Obristen von Dir einst als Bündnispartner geduldet wurden. / Rechtloses Land, dem der Rechthaber Macht den Gürtel enger und enger schnallt./ Dir trotzend trägt Antigone Schwarz und landesweit kleidet Trauer das Volk, dessen Gast Du gewesen./ Außer Landes jedoch hat dem Krösus verwandtes Gefolge alles, was gülden glänzt gehortet in Deinen Tresoren. / Sauf endlich, sauf! schreien der Kommissare Claqueure, doch zornig gibt Sokrates Dir den Becher randvoll zurück. / Verfluchen im Chor, was eigen Dir ist, werden die Götter, deren Olymp zu enteignen Dein Wille verlangt.

(Poema publicado el 26 de mayo de 2012, en el periódico 'Sueddeutsche Zeitung", en Múnich, Alemania)

Es el poema de un viejo alemán decepcionado con su país y con Europa, que denuncia el sufrimiento y las presiones a las que se está sometiendo a Grecia.
Quiere recordarnos que los nazis invadieron Grecia en la Segunda Guerra Mundial (después de que los italianos fracasaran), y que ahora muchos alemanes la quieren fuera del euro, junto a algunos en los mercados que seguramente ya están haciendo dinero con esta especulación. Que otros europeos expoliaron los bienes culturales de la antigüedad griega, que lucen hoy en el Museo Británico en Londres, o en el de Pérgamo en Berlín. Que aquella tierra es la cuna de la filosofía  e inventora de la democracia. Que en nombre de la seguridad, como nos pasó a los españoles, los aliados de la OTAN dieron por buena la dictadura de los coroneles. Y que ahora quieren condenarla a que se suicide, como a Sócrates.
Pero también nos recuerda que Europa sería menos sin Grecia. Y que, si los griegos lo quieren, podrán proseguir su sueño europeo. En realidad no trata de la vergüenza de Europa, sino de la falta de ella.
Günter Grass (Danzig, 1927) se hizo escritor después de haber recibido una sólida formación como escultor y dibujante. En 1999 recibió el Premio Nobel de Literatura y el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Su obra comprende poemas, dramas, y sobre todo, novelas. El tambor de hojalata, una de las cumbres de la literatura europea contemporánea, compone junto con Años de perro y El gato y el ratón, la famosa «Trilogía de Danzig». Su fama se ha cimentado sobre estas y otras obras maestras como El rodaballo, Es cuento largo o A paso de cangrejo.
Testigo de su época en permanente lucha contra el silenciamiento del pasado, entre su producción de carácter ensayístico y autobiográfico destacan Mi siglo, Del diario de un caracol, Cinco decenios, su controvertida Pelando la cebolla y La caja de los deseos.

Saturday, October 13, 2012

ODA SOBRE UNA URNA GRIEGA, de JOHN KEATS

I
Oh, tú, intacta aún esposa de la calma;
oh, tú, hija adoptiva del silencio y del tiempo remansado;
rústica historiadora, que a tu manera cuentas,
con más dulzura que la poesía, un frondoso relato:
¿Qué leyenda, con hojas adornada, en torno tuyo ronda?
¿Sus figuras son dioses, mortales, o ambas cosas?
¿En Tempe están o en valles de la Arcadia?
¿Qué hombres o dioses muestras? ¿Qué doncellas esquivas?
¿Qué loco perseguir? ¿Qué afán por escapar?
¿Qué flautas y tambores? ¿Qué impetuoso éxtasis?
II
La melodía oída siempre es dulce, pero cuánto más dulce
es la que no se oye. Seguid sonando, pues, sutiles flautas;
no ya para el oído, sino, más apreciadas,
tocad para el espíritu vuestras mudas canciones.
Bello joven, debajo de los árboles, jamás podrá cesar
tu música, y jamás se quedarán sin hojas esas frondas;
ansioso amante, no podrás besar
-casi, casi rozándola- a tu amada, pero no te lamentes:
ella conservará toda su luz y, aunque tú no la alcances,
por siempre la amarás, será hermosa por siempre.
III
Oh, felices ramajes, que no podéis dejar
vuestras hojas caer ni despediros de la primavera;
oh, músico dichoso, infatigable,
que sin cesar entonas melodías que suenan siempre nuevas;
oh, más dichoso amor, amor feliz, feliz,
eternamente ardiente sin ser nunca gozado,
anhelante por siempre y siempre joven:
viviendo siempre por encima de la pasión humana,
que deja el corazón triste, hastiado,
encendida la frente y abrasada la lengua.
IV
¿Quiénes son estos yendo al sacrificio?
¿Hacia qué verde altar, misterioso oficiante,
conduces a esa res que muge al cielo,
cubiertos con guirnaldas sus suavísimos lomos?
¿Qué pueblo junto a un río o junto al mar,
o erigido en un monte, con tranquilas murallas,
esta pía mañana se ha quedado vacío de su gente?
Tus calles siempre, pueblo diminuto,
seguirán en silencio, y ni una sola alma
regresará a decirte por qué estás desolado.
V
¡Oh, ática figura! ¡Hermosa imagen! Hombres y doncellas
que nacieron del mármol, labrados al detalle,
entre boscosas ramas y pisada hojarasca.
Tú, silenciosa forma, logras ensimismarnos
como la eternidad. ¡Oh, fría pastoral!
Cuando la edad consuma a esta generación,
seguirás siendo, en medio de lamentos
distintos a los nuestros, de los hombres amiga, a los que dices:
«La belleza es verdad, la verdad es belleza». Eso es todo
lo que sabéis vosotros en la tierra. Y nada más necesitáis saber.









«Belleza y verdad» Edición y traducción de Lorenzo Oliván.  Ed. Pre-textos. Valencia, 2010.