Blog de Eduardo Gil Bera
Para qué poetas
En el poema Pan y vino,
de Hölderlin, hay un verso famoso que se ha estilizado como pregunta
retórica, usada como muletilla previa a cualquier ocurrencia. Por
ejemplo, “así como Hölderlin se preguntaba ¿para qué poetas?, nos
preguntamos ¿para qué un campo de golf en Villaplasta?” o bien “¿para
qué pensadores en tiempos de sandez?” o “¿para qué políticos en tiempos
de memez?” Pero es que Hölderlin jamás preguntó para qué poetas, todo es
una leyenda existencialoide.
Si leemos ese verso famoso en su contexto (7, 13-16):
[…] was zu tun indes und zu sagen,
Weiß ich nicht, und wozu Dichter in dürftiger Zeit.
Aber sie sind, sagst du, wie des Weingotts heilige Priester,
Welche von Lande zu Land zogen in heiliger Nacht.
[…] mientras no sé qué hacer, ni qué decir,
ni para qué poetas en tiempo de escasez.
Aunque tú dices que son como aquellos benditos sacerdotes
del dios de vino, que andaban de país en país por la noche santa.
Vemos
que el poeta dice no saber tres cosas —qué hacer, qué decir, para qué
poetas—, gramaticalmente son tres subordinadas, y estilísticamente la
última aparece separada de las otros dos por el verbo, de modo que es el
culmen del pasaje, resaltado por la adversativa “Aunque tú dices…”
Pero
la tendencia a no leer una subordinada, sino una pregunta lanzada al
gallinero, una voluta pseudoangustiada, no viene de los traductores, ni
de los editores alemanes que unas veces han omitido y otras multiplicado
el signo de interrogación. Significadas tesis sobre Hölderlin —a cuál
más vacua, Heidegger me perdone— parten de la creencia de que en ese
verso el poeta plantea al universo una pregunta existencial y
supramunicipal.
Al aislar de manera arbitraria y para su empleo multiuoso las dos palabras Wozu Dichter
("para qué poetas", o "para qué un poeta", porque el alemán no
distingue el número en este caso, si bien el resto de la estrofa sugiere
que es plural), se atribuye una pregunta fantasma a Hölderlin, se le
achaca una ansiedad inventada, y se distorsiona su intención, que era
replicar y matizar al poeta Heinse. Porque, para entender este verso y
toda la estrofa, es crucial reparar en el contexto que completa la
adversativa final:
Aunque tú dices que son como aquellos benditos sacerdotes
del dios del vino, que andaban de país en país por la noche santa.
“Tú” se refiere al poeta Heinse, a quien está dedicado Pan y vino, cuya primera versión se tituló Dios del vino. Nos hallamos en el centro de gravedad del poema, la réplica de Hölderlin a Heinse, el poeta que decía saber para qué poetas.