Se la cataloga como K (o KV) 265 o K (o KV) 265/300e. Su título original sería Zwölf Variationen in C über das französische Lied «Ah, vous dirai-je Maman» (KV 265), que es, más o menos, Doce Variaciones para piano en do mayor sobre la canción francesa «Ah vous dirai-je, Maman». La partitura consta de trece partes, la cancioncita original (ya me dirán si la conocen) y las variaciones I, II, III... hasta la XII. Sólo las variaciones XI y XII tienen indicaciones sobre el tempo (adagio la XI y allegro la XII) y el resto quedan a discreción del pianista. Se publicaron por primera vez en 1785, aunque fueron compuestas, dicen, entre 1781 y 1782.
Años después, la pieza protagonizaría un episodio más bien curioso (si bien irritante) de la vida de Hölderlin.
Johann Christian Friedrich Hölderlin, que así
se llamaba, fue un grandísimo poeta, uno de los más grandes que ha
parido Alemania. Es inseparable del Romanticismo y del idealismo alemán,
que le inspiró y al que inspiró. Como ven, nadie es perfecto, pero aún
así, insisto, escribió grandes poemas y tradujo a Píndaro al alemán,
compartiendo el amor de Goethe y Schiller por Grecia. Fue compañero de
pupitre de Hegel (también es mala suerte) y compañero de clase de
Schelling (lo mismo). Semejante compañía acabaría afectándole (aunque
digan que no), porque se le diagnosticó hipocondría en 1800, lo que hoy vendríamos a clasificar más técnicamente como chaladura.
Declarado mentalmente incapacitado por los tribunales y deshauciado por
el doctor Autenrieth (inventor de la máscara que lleva el personaje
Hannibal Lecter en The Silence of the Lambs), éste lo hechó de
su clínica de Tubinga pronosticándole apenas tres meses de vida y un
estado mental irrecuperable. ¡Qué gran persona, este médico!
Un carpintero de Tubinga, Ernst Zimmer, un
personaje culto que había leído algunos poemas de Hölderlin, se apiadó
de él y le dejó una habitación en lo alto de un torreón desde la cual
contemplar el paisaje del río Neckar los últimos días de su vida. Pero
lejos de diñarla en tres meses, Hölderlin vivió ¡cuarenta años!
en esa habitacioncita de quince metros cuadrados, donde escribió
grandísimos poemas, puso patas arriba la literatura europea y se dedicó a
tocar su espineta (una especie de piano pequeñito) todos los días,
varias veces al día, para desesperación de Zimmer y los demás vecinos.
Porque, he aquí la conexión entre Mozart, Hölderlin y la cancioncita
francesa, Hölderlin sólo sabía tocar las variaciones de Mozart de «Ah, vous dirai-je Maman», ésas que tocaba día tras día, una y otra vez, y otra, y otra...
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