Amigo de mi juventud, a ti regreso lleno
de agradecimiento
De ciertos atardeceres, cuando en el
matorral de saúcos
Del jardín dormido
Solo la susurrante fuente suena.
Nadie te conoce, oh amigo mío: en los
nuevos tiempos
Muchos se apartaron del encanto tranquilo
de la hélade,
Sin oraciones y sin dioses
Marcha prosaicamente el pueblo en el
polvo.
Pero la secreta multitud de férvidos
ensimismados,
A quienes el dios les tocó el alma con
anhelos,
Para ellos las canciones suenan
De tu arpa divina todavía.
Ansiosamente regresamos, fatigados por
la jornada,
A la noche ambrosíaca de tus cantos,
Cuyas alas flotantes
Nos protegen con dorado sueño.
Ah, y más ardiente se enciende, cuando
tu canción nos encanta,
Más dolorosamente arde hacia el dichoso
país del pasado,
Hacia los templos de los griegos,
Nuestra nostalgia interminable.
Traducción de Rodolfo E. Modern