Wednesday, December 30, 2020

Gottfried Benn, Four Poems

 

Gottfried Benn, Four Poems

Bosch, The Garden of Earthly Delights (detail)

[My translation of four poems by Gottfried Benn (1886-1956), a medical doctor, began as early Expressionist, then originally supported Nazi movement until 1936; Nazis banned his work in 1937; nihilist, later poetry more cerebral, neo-Classical, influential on post-war German poetry especially with his Probleme der Lyrik in 1951; ‘the lyrical I is a broken I, a fenced I, experienced in fleeing, dedicated to grief. It is always waiting for its hour in which to become interested in moments, waiting for its southern complexes with their ‘rush value’, i.e. narcotic value, in which the piercing of coherence, i.e. the demolition of reality, can be achieved which creates freedom for the poem – through words’]

Beautiful Youth

The mouth of a girl that had long lain in the reeds
looked so gnawed away.
When the chest was broken open, the gullet was so perforated.
Finally in a bower under the diaphragm
a nest of young rats was found.
One little sister lay dead.
The others were living off liver and kidneys,
drinking the cold blood and had
here enjoyed a beautiful youth.
And beautifully and swiftly their death came too:
They were all thrown into water.
Oh, how the little snouts squeaked!

Little Aster

A drowned beer lorry driver was heaved onto the table.
Somebody had stuck a dark-light-purple aster
between his teeth.
When I, starting from the chest,
under his skin
with a long knife
cut out his tongue and gums
I must have bumped it because it slid
into the brain lying next to it.
I packed it into his chest cavity
between the cotton
when we sewed him up.
Drink your fill in your vase!
Rest in peace,
little aster!

Man and Woman Walking Through Cancer Barracks

The man:
This row here are the disintegrated wombs
and this row the disintegrated breasts.
Bed stinks to bed. The nurses alternate on the hour.

Come, have no fear of lifting this blanket.
Look, this lump of fat and foul juices,
that was once big for some man
and was also called ecstasy and home. –

Come, look at this scar on the breast.
Can you feel the rose garland of soft knots?
Go have a feel. The flesh is soft and doesn’t hurt. –

This one here is bleeding as from thirty bodies.
No one has got that much blood. –
This one had a child
first cut out of her cancerous womb. –

They’re left to sleep. Day and night. – The new ones
are told: here you can sleep yourself well again. – Only Sundays
for the visits are they left a little more awake. –

Food is not consumed much anymore. Backs
are raw. You can see the flies. Sometimes
the nurse washes them. Like washing off benches. –

Here the field is swelling around every bed.
Flesh is being flattened down to earth. Glow is expending itself.
Juice is preparing its flow. Earth is calling. –

Song

Oh that we were our primal ancestors.
A little lump of slime in a warm moor.
Life and death, fertilising and giving birth
Would slide out from our dumb juices.

An algal leaf or a dune hill,
Formed by wind and weighted downwards.
Even a dragonfly’s head, a gull’s wing
Would be going too far and suffer too much.

Alfred Lichtenstein, Four Poems

 

Alfred Lichtenstein, Four Poems

Ernst Ludwig Kirchner, Soldier

My translations of four poems by German expressionist Alfred Lichtenstein:

The Twilight

A fat boy is playing with a pond.
The wind has caught itself in a tree.
The sky looks dissolute and pale
As if it had run out of rouge.

Leaning down on long crutches
And gossiping two cripples are crawling on the field.
A blond poet is perhaps going insane.
A little horse trips over a lady.

At a window a fat man is stuck.
A youth is coming to visit a soft woman.
A grey clown is putting on his boots.
A pram is screaming and dogs cursing.

Fog

A fog has destroyed the world so softly.
Bloodless trees dissolve in smoke.
And shadows hover where screams are heard.
Burning brutes melt away like breath.

The gas lamps are captive flies.
And each flickers to still escape.
Lurking sideways gleaming high and distant
The toxic moon, the fat fog spider.

But we who, infamous, are fit for death,
Gnash and trample this desolate splendour.
And dumbly stick our white despondent eyes
Like spears into the bloated night.

Landscape

Like old bones the damned streets
lie in the pot of noon.
It’s been a long time since I saw you.
A boy pulls at a girl’s plait.

And a few dogs roll about in the dirt.
I’d like to walk with you on my arm.
The sky is grey packing paper,
The sun stuck on – a butter stain.

The Battle near Saarburg

The earth’s getting mouldy in the fog.
The evening weighs like lead.
Round about ring electric explosions
and, whimpering, everything breaks in two.

Like old rags the villages
smoulder on the horizon.
I lie God-forlorn
in the cackling frontline.

Many little copper birds from the enemy
Swirl round heart and head.
I brace hard against the grey
And face death squarely.

[Alfred Lichtenstein 1889- 1914, with Heym, Hoddis and Stadler the most influential early German expressionist, ‘The Twilight’ was the second expressionist poem to appear in print, died at the front in September 1914; the ‘Battle near Saarburg’ was his last poem]

 

POEMAS DE JOSEPH VON EICHENDORFF

(10 de marzo de 1788, Łubowice, Silesian Voivodeship, Polonia - 26 de noviembre de 1857, Nysa, Polonia)


Al despedirse y volverse a ver


En dulces juegos ahora se han perdido
Los ojos de mi amada, y respira apacible.
Sentado permanezco a la escucha junto a la dulce niña,
Acarició los rizos, que aparto de su frente y mejillas.

¡Ay! Gozo, luna y estrellas ya pasaron,
En la ventana requiérenme los vientos matinales:
Que aleje de la nunca en silencio los brazos
Que aun en sueños me abrazan con cariño.

¡Oh, no abras los dulces rayos de tus ojos!
Un beso sólo... Y por última vez
Te dejaré y descenderé por el palacio silencioso.

De mí se apodera la mañana helada, rigurosa;
¡Qué claro y frío y límpido está el mundo!
Profundamente estremecido abandono el umbral tan querido.

II
Un tierno secreto se teje en los espacios silenciosos,
La tierra desata los lazos de diamantes,
Y extiéndense en busca de los dulces rayos celestiales
Las flores que orlan el vestido materno.

En los árboles se oye un vivo susurro,
De oriente llegan purpúreas cintas,
Corren en el crepúsculo los cantos de la alondra -
Tú de tus sueños alzas con suavidad tu cabecita hermosa.

¿Qué sones se acercan volando a la ventana?
¡Qué seductores son tan familiares cantos!
Hay un cantor a la incierta luz crepuscular.

¡Despierta! Tu amado llegó de lugares remotos,
Y a valles y montes volvió la primavera,
¡Despierta, despierta, para siempre eres mía!

En el manuscrito lleva el subtítulo An Luise im December 1814.
Publicada en «Frauentaschenbuch», 1816
Versión de Alfonsina Janés

Alma de doncella


Profundamente lo he sentido muchas veces, el alma de la joven
Para sí misma no nació, sól0 para el amado.
Va ahora errante expulsada y perdida, y en secreto
Envía bellísimas miradas que, como mensajero,
Aquí en la tierra le busquen una estancia.
En el bochorno duerme, cubierta sól0 un poco.
Mientras duerme sonríe: cálido y plácido es su aliento,
Pero sus pensamientos se hallan lejos, de viaje,
Y sobre sus mejillas flamea ensimismado fuego.
A menudo la caricia del viento levanta el fino velo.
Al hombre que por primera vez entonces la despierte,
Que antes que ninguno alcance este lugar tranquilo,
Abrazará inquieta de alegría
y no le dejará ya en toda su vida.

Versión de Alfonsina Janés

De noche


Camino en la noche silenciosa,
Deslizase la luna cautelosa
A veces de entre las oscuras nubes
Y a un lado y otro del valle
Despierta el ruiseñor,
Luego todo gris y en calma.

¡Oh, magnífico canto de la noche!:
A lo lejos el paso de los ríos,
Suave temblor en los oscuros árboles -
Tú me confundes las ideas,
Mi canto confuso es sólo
Como un clamor del mundo de los sueños.

Publicada por primera vez en la antología de 1826

Versión de Alfonsina Janés



En alta mar

¡Adiós costa llena de equivocadas penas,
Temor, felicidad y miseria, hundíos en el mar!
Ahora libre soy, por fin me siento a salvo.
No hay esperanzas vanas que lleguen hasta aquí.
¡Qué paz donde se posa mi mirada!
¡Qué amplitud y qué altura sin fin en derredor!

Los astros, las nubes ascienden y descienden
y se reflejan en el plácido océano,
El cielo sobre mí, y debajo el cielo,
¡Mi frágil nave en medio tan pequeña!
Sea lo que Dios quiera, a él se lo he entregado todo.
¡Ven, temporal, no temo ni la muerte ni la vida!
Versión de Alfonsina Janés

En otoño


El bosque se vuelve amarillento, las hojas caen,
¡Qué soledad y silencio en todas partes!
Sólo los riachuelos corren por los hayedos
Con un suave susurro, como en sueños,
Y suenan las campanas vespertinas
Muy lejos de los lindes del bosque.

¿Por qué queréis atraerme de modo tan salvaje
En esta soledad?
Estas campanas suenan
Como aquellas de la plácida infancia -
Asustado me vuelvo,
¡Ah, qué lejos están los que me aman!

¡Estallad, viejos cantos,
Rompedme el corazón!
Saludo una vez más desde tierras lejanas
Aquello por lo que siento afecto.
Yo, en cambio, sucumbo de melancolía
Cual si fuera a morir.

Publicada en la edición de 1837
Versión de Alfonsina Janés



En tierras extrañas


Oigo el susurro del río
En el bosque, aquí y allá,
En el bosque, en el susurro,
Y no sé dónde me encuentro.

En la soledad sus cantos
Entonan los ruiseñores,
Parecen querer decir algo
De aquel hermoso pasado.

Vuela el brillo de la luna
y me parece que abajo
Veo el palacio en el valle,
Pero no, ¡si está tan lejos!

Es como si en el jardín
Con sus rosas rojas, blancas,
Fuera a esperarme mi amada
Que murió hace tantos años.

Publicada por primera vez en la edición de 1837
Versión de Alfonsina Janés


Junto al tilo


¿Vuelvo a verte, árbol querido,
En cuyos tempranos brotes, siendo joven
Y en un bello sueño de primavera
Hendí el nombre de mi primer amor?

¡Cómo ha cambiado desde entonces la curva de tus ramas!
Al crecer y endurecerse el tronco
Desaparecieron esos rasgos tan queridos,
Así como su amor y las horas de dicha!

He crecido en silencio, como tú,
Y nada en mí quería detenerse,
Mas mi herida creció -y no cicatrizó,
Y no se cerrará ya nunca aquí en la tierra.

Publicada en la antología de 1826
Versión de Alfonsina Janés


La flor nocturna


La noche es como un mar en calma,
Dicha y pena y lamentos de amor
Se acercan de manera tan confusa
En la suave oleada.

Los deseos son como las nubes,
Navegan por los espacios silenciosos,
¿Quién reconoce en el ligero viento
Si son sueños o pensamientos? -

Aunque cierre boca y corazón,
Que tan gustosos a las estrellas se lamentan:
Callada en el fondo del alma
Queda la suave oleada.

Versión de Alfonsina Janés


Nuevo amor

Corazón, mi corazón ¿por qué estás tan ufano,
Inquieto y distraído,
Como si ya, alegre, llegara por los montes
La hermosa primavera?

Porque de nuevo una gentil muchacha
Cordialmente te estrecha el corazón,
Te deleitas feliz al contemplar
Cielo y tierra.

Dejé abiertas las ventanas,
¡Entra de nuevo en el mundo
Viejo temor y esperanza!
¡Que llegue la primavera!

No puedo seguir callado,
Recorre mi pecho una canción,
Mas hay demasiada luz para escribir,
Y siento tan gozosa confusión.

Paseo, pues, por las callejas,
La gente va aquí y allá,
No sé qué hago o no hago,
Sólo que soy tan feliz.

Publicada en la edición de 1837
Versión de Alfonsina Janés

Red de primavera


Dormía el mozo entre crecidas hierbas;
Al fondo oyó un cantar,
Como si su amada lo llamara,
Y el pecho le iba a estallar.

Una red tejen sobre él
Las flores con su vaivén,
Corre suspirando el alma
y piensa allí algo delicioso.

Reina un encanto tan dulce
Y mágicos cantos recorren
El seno primaveral
De la tierra, y no lo dejan.

Publicada en la edición de 1837

Versión de Alfonsina Janés

Saludo nocturno


De noche pasamos por la costa
De la que me marché hace tantos años.
Allí está la casa de mi amada, donde fuimos felices.
¡Que Dios la ampare!

Cantan aún en el jardín los ruiseñores
Como en aquellos días hermosos y tranquilos.
¿Cuál será ahora su queja?
Por mí no pregunta nadie.

Cuando antaño el tilo estaba en flor
Salías a mi espera, hace ya tantos años -,
He de pasar de largo.
¡Que Dios te ampare!

Versión de Alfonsina Janés


Venus


¿Por qué vuelves a despertarme, primavera?
Un soplo extraordinario corre sobre la tierra
Y hace resucitar todo antiguo deseo.
Dulce estremecimiento provoca esto en mi cuerpo.

Miles de cantos saludan a la preciosa madre,
Que, rejuvenecida, con la corona nupcial nos embelesa;
El bosque quiere hablar, los ríos corren con un murmullo,
Las náyades cantando surgen y se sumergen.

Veo salir la rosa de su verde clausura
Y, al soplar los aires seductores,
Sonrojada extenderse en la tibia corriente.

También a mí me haces salir de mi plácida estancia -.
Y con dolor tengo que sonreír ahora en primavera,
Hundiéndome de anhelo en medio de perfumes y clamores.

Incluida en "Das Marmorbild"
Versión de Alfonsina Janés
 


El pequeño anillo roto


En un fresco prado hueco
Donde una rueda de molino gira lentamente
Mi novia me hizo sentir triste
Desapareciendo del lugar amado.

Ella prometió ser fiel
Y me dio un pequeño anillo
Pero cuando sus dulces palabras revelaron falsa
Dos partes del anillo se separan de una cosa.

Entonces me gustaría ir muy lejos
Para el mundo de Dios pertenece
Golpeando de plano a plano
Y cantar mis canciones de corazón escritas.

Me gustaría como un jinete sangrando
Para ir y luchar en una batalla salvaje.
Luego, en la noche oscura como una araña solitaria
Sentarse con calma en un sonajero de fuego.

Y cuando escucho el zumbido de la rueda del molino
No sé cuál es mi voluntad.
Creo que la muerte podría venir
Para traer una paz eterna.

German POems translated by William Ruleman

 SPRING

(by Georg Heym; translated by William Ruleman)

Do you feel in the night the wind’s harsh cries?
Do you see in the clouds that flaming brand?
Do you hear the threat of war in the skies?
Today great Pan takes up command.

Come to the woods, where we long to run
Through the boughs of rose, the sultry nights,
And see the wonder on and on
When Titan rises from the heights.

How lovely you are in lightning’s dance
To the risen god in festive mood
When the spring storm in the mountains pants
And strides through the woodland solitude!


FRÜHLING

(Georg Heym)

Spürst du das Wehen der Winde der Nacht?
Siehst du in Wolken den flammenden Schein?
Hörst du in Lüften das Dröhnen der Schlacht?
Der große Pan führt heute den Reihn.

Komm, in die Wälder wollen wir gehn,
Durch die Schwüle der Nacht, durch Rosengezweigt,
Weiter und weiter das Wunder zu sehn,
Wann der Titan von den Bergen steigt.

O, wie du schön bist im Wettergeleucht
Dem erstandenen Gott zur Feier bereit,
Wenn der Frühlingssturm durch die Berge keucht,
Und der furchtbare Gott durch die Waldung schreit.

Maria Luise Weissmann

ROBINSON CRUSOE FINDS FRIDAY

He stopped when he saw me, his fright-filled eyes immense.
When I saw him, I stood as if turned to stone,
Mid-stride. O heavenly offense!
O well-shaped man! O joy, to be overthrown
By love, by the kindred sight of lips and eyes
And knees and hands and ears and five-toed feet
Like mine . . . This quite familiar form just shies
A bit, then spreads its feet, makes no retreat:
An answer to my call. Sweet melody
Of the human voice! Do I share such pulchritude?
Has God created this playmate for me
Simply to mirror my solitude?

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ROBINSON FINDET FREITAG

Er blieb, da er mich sah, erschrocken stehn,
Ich stand, der ihn erblickte, Stein, verblieben
In der Gebärde: himmlischem Vergehn.
O Menschen-Wohlgestalt! O Glück, zu lieben
Im Blick Verwandtes: Auge, Lippe, Knie,
Ein Ohr wie meines, Füße, fünfgespalten,
Und Hände, ganz vertraute Form, wie die
Sich breitend jetzt, der Schritt, nun aufzuhalten
Länger nicht mehr und dort erwidert, scheu…
Antwort jetzt meinem Ruf. O süß Getön
Von Stimme! Schuf mir zum Gespielen neu
Spiegelnd mich Einsamkeit?
Bin ich so schön?!

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ON A PACKET OF LETTERS

I picked it up (the faded thing that I
Had long declared deceased) as gingerly
As an ash-filled urn, concerned the dust might fly
When I carried it. Yet still, it burdened me:

Now vanished heavens crashed down shining, streaming;
Temptation, like the serpent once, lisped now;
And long-lost hells returned now, beaming,
Nestling snugly round my cheeks and brow.

And then I watched the flowering flames ascend
The way life burns—hot, livid, naked, red—
And sing like a choir: now this is the end.
We live, we live. But you are dead.

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AUF EIN PACKET MIT BRIEFEN

So jahrlang totgesagt, daß ich es hob
Wie eine Aschenurne. Und gefaßt
Daß nicht der Staub aus dem Verblichnen stob
Wollt ich sie tragen. Doch mich bog die Last:

Entschwundne Himmel brachen strahlend nieder
Versuchung lispelte wie einst die Schlange,
Verlorne Höllen kehrten lächelnd wieder
Und schmiegten sich vertraut um Stirn und Wange.

Und alle brannten wie das Leben brennt
Und waren feurig-blühend, nackt und rot,
Und sprachen chorweis; dies nun ist das End.
Wir leben, leben. Aber du bist tot.

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DON QUIXOTE STRUGGLES WITH GOD

(by Maria Luise Weissmann; translated by William Ruleman)

When you should bless me, what does it avail,
Colossal one, that you should lash and flail
Me; that your power, blesséd one, should fail
Me; that your breath, angry one, should leave me pale?

Now I’m lying somewhere. And I’m little more
Than dust in the dust past recognition, poor
And small. And your great eye wanders o’er
This desert spot where I’ve been cast ashore.

I’ll not forsake you, though, because, when you
Deny me other struggles, Pure One, heed:
I’ll call you up in puddles mirroring you;

I’ll fight with you, my only foe; and when
The dust chokes me, you do. With each deep need,
I seize you, Lord. You bless me then.

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DON QUICHOTE KÄMPFT MIT GOTT

Da Du mich segnen sollst, was frommt Dir dies,
Daß Deine Hand, Gewaltger, mich verstieß,
Daß Deine Kraft, Gesegneter, mich ließ,
Daß mich Dein Atem, Zürnender, verbließ?

Nun lieg ich irgendwo. Und ich bin nicht mehr
Als Staub im Staube, unerkennbar, sehr
Gering. Und schweift Dein großes Auge her
Auf meine Stätte, trübt sichs wolkig leer.

Ich aber laß Dich nicht. Da Du verneint
Mir ändern Kampf, sieh, Reiner, her: ich bot
Dich auf, in Pfützen spiegelnd, kämpfe, Feind
O Einziger mit Dir: Du würgst mich wenn

Der Staub mich würgt. In jede ärmste Not
Reiß ich Dich Gott: Du segnetest mich denn.

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William Ruleman – Three Translations

Sunday, December 13, 2020

Poemas de Heym en español varios traductores

POEMAS DE GEORG HEYM


(30 de octubre de 1887, Jelenia Góra, Polonia - 16 de enero de 1912, Berlín, Alemania)

Después de la batalla


En los sembrados yacen apretados cadáveres,
en el verde lindero, sobre flores, sus lechos.
Armas perdidas, ruedas sin varillas
y armazones de acero vueltos del revés.

Muchos charcos humean con vapores de sangre
que cubren de negro y rojo el pardo campo de batalla.
Y se hincha blanquecino el vientre de caballos
muertos, sus patas extendidas en el amanecer.

En el viento frío aún se congela el llanto
de los moribundos, y por la puerta este
una luz pálida aparece, un verde resplandor,
la cinta diluida de una aurora fugaz.
Versión de Jenaro Talens
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998
  

Duermevela


La tiniebla cruje como un vestido,
los árboles vacilan en el horizonte.

Refúgiate en el corazón de la noche,
excava dentro de la oscuridad un escondrijo
como la abeja en el panal. Hazte pequeño,
baja de tu yacija.

Algo desea atravesar los puentes,
piafa curvando las pezuñas,
descarriadas, empalidecen las estrellas .

Como una anciana la luna se mueve
de un lado para otro
con el lomo encorvado.
Versión de Jenaro Talens

Ofelia


I
Ratas de agua anidan en su pelo,
y anillos en sus manos, que como aletas son
sobre las olas; nada en la sombría
selva grande que en el agua reposa.

El sol postrero que va errante y a oscuras
se hunde profundamente en su cabeza.
¿Por qué murió? ¿Por qué tan sola nada
sobre el agua que enreda los helechos?

El viento acecha en los espesos juncos
como mano que espanta los murciélagos.
Húmedos por el agua, con sus alas sombrías
en el oscuro río se alzan como humo,

como nocturnas aves. Largas anguilas blanquecinas
sobre el pecho resbalan. Una luciérnaga aparece
en su frente. Sus hojas llora un sauce
sobre ella y su pena silenciosa.
II
Granos. Sembrados. Y el rojo sudor en la mitad del día.
Los amarillos vientos de los campos duermen silenciosos.
Ofelia quiere dormir, un pájaro, se acerca.
Le abrigan, blancas, las alas de los cisnes.

Los párpados azules sombrean dulcemente
y entre el aire que brilla en las guadañas
sueña en el carmesí de algún abrazo
sueño eterno en su eterna sepultura.

Pasa, vuelve a pasar. Donde la orilla sueña
con el bullicio de la ciudad, y el río blanco
rompe diques y el eco largamente
retumba. Donde se oye, río abajo,

el son de llenas calles. Repique de campanas.
El silbido de un tren. Lucha. Cae al oeste
sobre cristales empañados una sorda luz crepuscular
en que con brazos gigantescos una grúa amenaza,

tirano poderoso, la frente ennegrecida,
Moloc al que rodean sus siervos de rodillas.
Carga de puentes que atraviesan con pesadez el río
tal si lo encadenaran, dura condenación.

Nada invisible que acompañan las olas.
Pero allí donde cruza ahuyenta multitudes,
con grandes alas, un pesar profundo
que ambas orillas ensombrece a lo ancho.

Pasa, vuelve a pasar. Cuando se entrega tarde a la tiniebla
el alto día oeste del verano,
donde en el verde oscuro de los prados reposa
el cansancio sutil de la tarde lejana.

Lejos la arrastra el río, mientras se hunde
en luctuosos puertos invernales.
Tiempo abajo. Por entre eternidades
cuyo horizonte humea como fuego.
Versión de Ernst Edmund Keil
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998


Última vigilia


Qué oscuras son tus sienes,
tus manos, qué pesadas.
¿Tan lejos ya de mí
que no me escuchas?

Bajo las llamaradas de la luz
estás tan triste y tan envejecida.
Tus labios cruelmente
crispados en eterna rigidez.

Mañana será ya todo silencio,
y quizá esté en el aire
todavía el crujir de las coronas,
y un olor a podrido.

Pero las noches cada año
se vacían aún más.
Aquí, donde yacía tu cabeza
y ligera fue siempre tu respiración.
Versión de Ernst Edmund Keil
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998


Umbra Vitae


Adelante se inclinan los hombres por las calles,
contemplando los signos de los cielos,
en donde los cometas, con narices de fuego,
amenazantes se deslizan en torno de las torres.

Los astrólogos llenan los tejados
y clavan en el cielo largos tubos,
y hay hechiceros: brotan de desvanes
retorcidos, a oscuras, conjurando los astros.

Los suicidas andan en grandes hordas
buscando entre la noche su existencia perdida,
encorvados sobre los puntos cardinales,
barriendo el polvo con escobas como brazos pobres.

Polvo que apenas dura,
perdiendo en el camino sus cabellos,
brincan, aprisa mueren
y yacen en el campo con la cabeza rota,

pataleando, a veces, todavía. Y las bestias del campo
alrededor transitan ciegamente y les clavan
los cuernos en el vientre. Se enfrían sepultados
bajo salvias y espinos.

Pero los mares se detienen. Los barcos,
suspendidos en olas, con aflicción se pudren,
dispersos, y no hay corriente móvil
y los patios celestes están todos cerrados.

Los árboles no cambian estaciones,
eternamente muertos en su fin
y abren sus largas manos, sus dedos de madera
por caminos ruinosos.

Quien va a morir se sienta para levantarse
y acaba de decir sus últimas palabras.
Se desvanece de pronto. ¿En dónde está su vida?
Sus ojos se quiebran como el cristal.

Muchos son sombras. Escondidas y turbias.
Sueños que rozan sobre puertas mudas.
Quien despierta agobiado por otras madrugadas
debe quitar la pesadez del sueño de sus párpados grises.
Versión de Ernst Edmund Keil
"Tres poetas expresionistas alemanes" Ediciones Hiperión 1998

 

LOS DEMONIOS DE LAS CIUDADES


(1910)

Recorren la noche de las ciudades,
Que negras se doblegan bajo su pie.
Como barbas de marinero en torno a su mentón
Están negras las nubes por el humo y el hollín.

Su larga sombra se balancea en el mar de casas
Y apaga las hileras luminosas de las calles.
Ella se desliza con dificultad como niebla sobre pavimento
Y lenta anda a tientas casa por casa.

Sobre una plaza ha colocado un pie,
Y arrodillado apoya el otro sobre una torre,
Así se alzan, donde cae negra la lluvia,
Tocando las flautas de Pan en la tormenta de nubes.

En torno a sus pies gira el ritornello
Del mar de las ciudades con música triste,
Un gran canto fúnebre. Ya sordo, ya estridente
Cambia el tono, que se eleva en lo oscuro.

Caminan junto al río, que negro y ancho
Como un reptil, su espalda manchada de amarillo
Por las farolas, se retuerce triste
En la oscuridad, que cubre de negro el cielo.

Se apoyan con dificultad sobre un muro de un puente
Y hunden sus manos en el enjambre
De hombres, como faunos que al borde
De los pantanos hurgan con su brazo en el fango.

Uno se levanta. Cuelga ante la luna blanca
Una máscara negra. La noche, que cae
Como plomo del cielo sombrío, profundamente
Empuja las casas al pozo de lo oscuro.

Crujen los hombros de las ciudades. Y estalla
Un tejado, del que brota un fuego rojo.
Se sientan despatarrados en su cima
Y como gatos maúllan al firmamento.

En un cuarto cubierto de tinieblas
Grita una parturienta con dolores.
Su cuerpo fuerte sobresale enorme de las almohadas,
Y en torno a él, de pie, los grandes diablos.

Se aferra temblando al potro del dolor.
En torno a ella, la habitación oscila por su grito.
Llega el feto. Se abren sus entrañas, rojas y largas,
Y sangrantes las desgarra el feto.

Los cuellos de los diablos se alargan como jirafas.
El niño, sin cabeza. La madre lo tiende
Ante sí. Cae hacia atrás, en su espalda,
Hendidos, los dedos de rana del espanto.

Pero los demonios se hacen enormes.
El cuerno de su sien desgarra rojo el cielo.
En torno a su pezuña, el terremoto truena
Por el seno de las ciudades, propaga el fuego.


EL DIOS DE LA CIUDAD

(1910)

Se sienta despatarrado sobre un bloque de casas.
Los vientos se acumulan sombríos en torno a su frente.
Lleno de furia mira a lo lejos, adonde
En soledad se pierden las últimas casas en el campo.

Desde el atardecer le brilla a Baal su panza roja,
Las grandes ciudades se arrodillan en torno a él.
Las innumerables campanas de las iglesias
Se alzan hacia él desde un mar de negros campanarios.

Como danza de coribantes brama la música
De multitudes por las calles.
El humo de las chimeneas, las nubes de la fábrica
Hacia él se elevan, igual que azulea el aroma de incienso.

La tormenta se inflama en sus cejas.
El oscuro atardecer se adormece en la noche.
Las tempestades revolotean, y como buitres miran
Desde su cabellera que se eriza de cólera.

Él levanta en la oscuridad su puño carnicero.
Lo agita. Un mar de fuego, veloz, recorre
Una calle. Y el vapor ardiente ruge
Y la devora, hasta que tarde despunta la mañana.


LAS CIUDADES

(1911)

Accidentadas calles de ciudades
Que se oscurecen agazapadas en la tarde,
Multitud de perros ladrando en el vacío.
Y sobre los puentes, vimos grandes coches,

Voces temblorosas, traídas por el soplo del viento.
Y ojos redondos nos observaban tristes
Y grandes rostros, sobre los que fluía
La remota carcajada de maliciosas frentes.

Dos pasaron por delante con abrigos amarillos,
Llevaban nuestras cabezas ante sí
Cubiertas de sangre, y en sus mejillas hundidas
Todavía por secarse un último rojo.

Huimos por miedo. Pero un río de blancas ondas
Nos impedía el paso con dientes regañados.
Y tras nosotros, el inflamado sol poniente
Ahuyentaba calles muertas con espada feroz.

Robespierre


Emite unos balidos. Los ojos, fijos
en la paja del carro. Masca unas blancas
flemas que absorbe y traga por los carrillos.
El pie desnudo le cuelga entre dos trancas.

Se sacude el carro. A lo alto lo lanza.
Las cadenas en sus brazos: sonajero.
Unos críos chillan sus risas en chanza;
los alzan sus madres entre el hervidero.

Las cosquillas en la pierna, ni las nota.
El carro para. Y él ve al alzar los ojos,
negro, un cadalso donde la calle acaba.

La frente, ceniza, de sudor rociada.
Una mueca horrible el rostro le deforma.
Se espera un grito. Mas no se escucha nada.


¿Por qué vienes, polillas blancas ...


? ¿Por qué vienes, polillas blancas, tan a menudo para mí?
Las almas de los dea, ¿por qué revoloteas tanto
sobre mi mano? su aleteo a menudo
Leaven luego un pequeño rastro de cenizas.

Tú que
moras cerca de las urnas, en un lugar donde reposan los sueños,
encorvado en sombras eternas, en la tenue extensión
Como en las bóvedas de las tumbas, los murciélagos se
alejan en el tumulto todas las noches.

A menudo no escucho en sueños los ladridos de los vampiros;
Suenan como si la luna sombría se estuviera riendo.
Y veo profundamente en las cavernas vacías
Las velas de las sombras sin hogar.

¿Qué es toda la vida? El breve estallido de las antorchas
rodeadas de sustos distorsionados en la negrura oscura
Y algunos de ellos ya se acercan
y con manos delgadas alcanzan las llamas.

¿Qué es toda la vida? Pequeño recipiente en los abismos
del mar olvidado. Terribles cielos rígidos.
O como en la noche, a través de los campos desnudos, la luz de la luna se
apaga hasta que desaparece.

Ay de aquel que una vez vio a alguien morir,
Cuando en la calma de la fría muerte de otoño
Inadvertidamente se acercó al lecho húmedo del enfermo
y le ordenó que pasara, mientras que como el silbido

y el traqueteo de una tubería de órgano oxidado,
su garganta exhalaba su último aliento con un silbido.
¡Ay de tales testigos! Llevan para siempre
La flor pálida de un horror de plomo.

¿Quién abrirá las tierras más allá de nuestra muerte?
Y quién será la puerta de la gigantesca runa.
¿Qué ven los moribundos que les hace rodar
El blanco ciego de sus ojos tan terriblemente?

Traducido por Reinhold Grimm