Nietzsche: la filosofía como fiesta y embriaguez
POR Martin Heidegger*
“¡Casi dos milenios y ni un solo nuevo dios!” (1888)
(El Anticristo)
Martin Heidegger (lladmirall.wordpress.com)
En La voluntad de poder
Nietzsche dice lo siguiente sobre la filosofía: “No quiero inducir a
nadie a la filosofía: es necesario, tal vez inclusive deseable, que el
filósofo sea una planta rara. No hay cosa que más me repugne que la
ponderación didáctica de la filosofía, como es el caso en Séneca y en
Cicerón. La filosofía tiene poco que ver con la virtud. Séame permitido
decir, que también el hombre de ciencia es algo fundamentalmente
distinto del filósofo. Lo que deseo es que no desaparezca por completo
en Alemania, la auténtica idea del filósofo”. (La voluntad de poder).
A
la edad de 28 años, siendo profesor en Basilea, escribe Nietzsche: “En
los tiempos de mayor peligro –cuando la rueda del tiempo corre cada vez
más rápida—, cuando aparecen los filósofos, ellos y el arte entran a
reemplazar al mito que se desvanece. Pero son proyectados con mucha
anticipación, ya que la atención de los contemporáneos sólo lentamente
se vuelve hacia ellos. Un pueblo que llega a ser consciente de su
peligro, produce al genio”.
“La
voluntad de poder”, esta expresión tiene en Nietzsche un doble papel:
1) sirve como título para la obra filosófica principal de Nietzsche,
obra planeada y preparada por él durante años enteros, sin que lograra
llevarla a buen término; 2) sirve para designar lo que constituye el
carácter fundamental de todo lo que es. “La voluntad de potencia es el
último hecho hasta el cual podemos descender”.
Es
fácil ver cómo los dos usos de la expresión “voluntad de poder” guardan
entre sí una relación: sólo en cuanto la expresión desempeña el segundo
papel es que puede y tiene que representar también el primero. En
cuanto designación del carácter fundamental de todo lo que es, la
expresión da una respuesta a la pregunta por qué es lo que es. Esta
pregunta es desde la más remota antigüedad la pregunta propia de la
filosofía.
De
ahí que la denominación “voluntad de poder” no pueda menos de aparecer
como título de la obra filosófica principal de un pensador, que dice:
todo ente es, en el fondo, voluntad de poder. Si para Nietzsche la obra
que lleva este título debía ser el “edificio principal” de su filosofía,
mientras que el Zaratustra sólo era la “antesala”, eso significa que el
pensamiento de Nietzsche se mueve dentro del largo camino de la
pregunta directora de la filosofía. “¿Qué es el ente?”
¿Pero
entonces, Nietzsche no es tan moderno como parece por el ruido que se
hace a su alrededor? ¿Ni tan subversivo como él mismo quisiera
hacérnoslo creer? La dispersión de estos temores no es urgente y puede
quedar sin hacerse. En cambio, la indicación según la cual Nietzsche
pertenece al camino del preguntar propio de la filosofía occidental pone
en evidencia que Nietzsche sabía lo que es la filosofía. Este saber es
raro. Sólo los grandes pensadores la poseen. Los mayores lo poseen del
modo más puro bajo la forma de una pregunta que no varía.
Friedrich Nietszche (dandruffbutterscotch.com)
La
pregunta fundamental en cuanto pregunta auténticamente fundante, en
cuanto pregunta por la esencia del ser, no ha sido todavía desarrollada
como tal en la historia de la filosofía; también Nietzsche se queda en
la pregunta conductora.
Si
en el pensamiento de Nietzsche se recoge y culmina bajo un aspecto
decisivo la tradición que hasta ahora ha seguido el pensamiento en
occidente, entonces la discusión con Nietzsche se convierte en una
discusión con el pensamiento occidental hasta la fecha.
La
confrontación con Nietzsche no sólo no ha comenzado sino que no han
sido creados todavía los presupuestos necesarios para ella. Hasta ahora
Nietzsche ha sido alabado y seguido o insultado y explotado. El
pensamiento y el decir de Nietzsche nos son demasiados presentes. Él y
nosotros no somos históricamente suficientemente diferentes como para
que se forme la distancia desde la que pueda madurar una apreciación de
lo que constituye la fuerza de este pensador.
Confrontación
significa crítica auténtica. Es la única manera y la más alta de
estimar verdaderamente a un pensador. Pues ella toma sobre sí la tarea
de repensar su pensamiento y de perseguirlo en su fuerza efectiva y no
en sus debilidades. Pero en las cátedras alemanas de filosofía se cuenta
desde hace tiempo que Nietzsche no es un pensador riguroso sino un
“filósofo poeta”.
Nietzsche
no pertenecería a los filósofos que sólo cavilan en abstractas y
sombrías cosas lejanas de la vida. En el caso de que se lo llame
filósofo tendría que ser considerado como un “filósofo de la vida”. Ese
título, en boga desde hace ya largo tiempo, podría al mismo tiempo dar
pábulo a la sospecha de que la filosofía restante fuera sólo para los
muertos y, por lo tanto, en el fondo, innecesaria. Semejante manera de
ver las cosas coincide por completo con la opinión de los que saludan en
Nietzsche al “filósofo de la vida”, que habría barrido finalmente con
el pensamiento abstracto.
Estos
juicios corrientes sobre Nietzsche son erróneos. El error será
reconocido cuando se ponga en movimiento una discusión con Nietzsche que
sea al mismo tiempo una discusión dentro del espacio de la pregunta
fundamental de la filosofía. Mientras tanto se puede citar una frase de
Nietzsche, proveniente de la época en que trabajaba en La voluntad de poder. Dice así: “El pensamiento abstracto es para muchos un esfuerzo –para mí, en los días buenos, una fiesta y una embriaguez”.
Lou Andreas Salome, Paul Ree y Friedrich Nietzsche (philosophicalmisadventures.com)
¿El
pensamiento abstracto una fiesta? La más alta forma de existencia. De
hecho. Pero debemos también tener en cuenta cómo ve Nietzsche la esencia
de la fiesta, puesto que él sólo puede pensarla con base en su
concepción fundamental de todo ente, con base en la voluntad de
potencia. “En la fiesta están incluidos: orgullo, desenfrenada alegría;
la burla de toda clase de seriedad y de probidad burguesas; una divina
afirmación de sí mismo hecha de plenitud y de perfección animales
–condiciones puras a las cuales el cristiano no puede honradamente decir
sí. La fiesta es el paganismo par excellence (La voluntad de poder).
De
ahí, añadimos, que en la cristiandad no se dé jamás la fiesta del
pensamiento, o sea, que no haya una filosofía cristiana. No hay ninguna
filosofía verdadera que busque su determinación en alguna parte distinta
de sí misma. De ahí que tampoco hay una filosofía pagana, en cuanto “lo
pagano” es, con todo, algo todavía cristiano, lo contrario de lo
cristiano. Apenas si es lícito llamar a los pensadores y a los poetas
griegos, “paganos”.


