2014 / AGO / 04
Cuatro poemas | Georg Heym
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Versión y nota de Montserrat Armas
Georg Heym muere el 16 de enero de 1912. A pesar de su corta vida, su atracción por la poesía fue muy precoz. Dicha precocidad nos ha permitido disfrutar de varias colecciones de poemas que le han convertido en uno de los poetas más representativos del Expresionismo alemán.
Si presentamos, como suele hacerse, a Georg Trakl y a Gottfried Benn como las voces paradigmáticas de la lírica expresionista, estamos cometiendo una injusticia al ignorar a dos grandes poetas, a mi entender, no menos importantes: Ernst Stadler (1883–1914) y Georg Heym. Los lectores españoles que desconocen otras lenguas tienen que contentarse con la selección de poemas que la editorial Hiperión publicó en 1981 bajo el título Stadler-Heym-Trakl. Poesía expresionista alemana para hacerse una idea, evidentemente muy limitada, de la poesía de Georg Heym.
Heym sintió desde muy pronto un fuerte rechazo por las convenciones sociales. Ese sentimiento se radicalizó cuando en 1910, al entrar a formar parte de Der Neue Club, conoce en Berlín a una serie de escritores que frecuentaban sus mismos círculos como, por ejemplo, a Karl Kraus. Siendo miembro destacado de este club, Heym escribe poemas tan importantes como Der Gott der Stadt (El dios de la ciudad) o sus colecciones de poemas: una publicada en 1911, Der ewige Tag (El día eterno) y la otra en el año de su muerte, Umbrae vitae.
Para el lector en lengua española, Heym es todavía un enigma porque se desconoce de él no sólo la mayor parte de su poesía, sino además su faceta como narrador y su escasa producción teatral.
Desde hace años he acariciado la idea de traducir a estos dos poetas, Stadler y Heym, con el fin de revelar al lector hispanohablante de poesía la magnitud de sus creaciones. Ahora presento una pequeña selección de poemas de Heym, desconocidos hasta hoy. Ninguno de los poemas que he elegido han dado título a los poemarios que Heym publicó en vida o que se publicaron póstumamente, pero están igualmente impregnados de la extraña e inquietante belleza que caracteriza al conjunto de su escritura. Los poemas los he seleccionado a partir de Georg Heym, Gedichte und Prosa, Fischer Bücherei, Frankfurt am Main und Hamburg, 1962, y de Georg Heym, Dichtungen. Auswahl, Reclam, Hamburgo, 1964. Dicha selección responde únicamente a una preferencia personal.
Traducir sus poemas es un constante descubrimiento de versos premonitorios. Heym alude a: hombres que presienten su muerte, sueños que predicen, naturalezas muertas, cielos que envían sus signos, multitudes que vagan por las calles, perdidas, tempestades y mares de fuego, dioses que castigan, cráneos que cuelgan, rostros pálidos, muertos que flotan y llamas que devoran los bosques. He intentado, en mi labor de traducción, respetar el ritmo interno de sus poemas, aunque he sido infiel a su rima, tan importante en Heym, con la que el poeta quiere retener unos versos que parecen estallarle entre sus manos.
Su crítica a la falta de espiritualidad en el hombre rendido ante los progresos técnicos que convierten a las ciudades en lugares inhabitables e infernales parece atenuarse a veces en poemas que describen la naturaleza, donde el lenguaje suaviza su carácter violento. Algunos de estos poemas son los que presento aquí para el disfrute de aquellos que, como yo, sienten sincera admiración por el Expresionismo alemán, y se lamentan de que el helado Havel congelara los futuros versos de Georg Heym.
Si presentamos, como suele hacerse, a Georg Trakl y a Gottfried Benn como las voces paradigmáticas de la lírica expresionista, estamos cometiendo una injusticia al ignorar a dos grandes poetas, a mi entender, no menos importantes: Ernst Stadler (1883–1914) y Georg Heym. Los lectores españoles que desconocen otras lenguas tienen que contentarse con la selección de poemas que la editorial Hiperión publicó en 1981 bajo el título Stadler-Heym-Trakl. Poesía expresionista alemana para hacerse una idea, evidentemente muy limitada, de la poesía de Georg Heym.
Heym sintió desde muy pronto un fuerte rechazo por las convenciones sociales. Ese sentimiento se radicalizó cuando en 1910, al entrar a formar parte de Der Neue Club, conoce en Berlín a una serie de escritores que frecuentaban sus mismos círculos como, por ejemplo, a Karl Kraus. Siendo miembro destacado de este club, Heym escribe poemas tan importantes como Der Gott der Stadt (El dios de la ciudad) o sus colecciones de poemas: una publicada en 1911, Der ewige Tag (El día eterno) y la otra en el año de su muerte, Umbrae vitae.
Para el lector en lengua española, Heym es todavía un enigma porque se desconoce de él no sólo la mayor parte de su poesía, sino además su faceta como narrador y su escasa producción teatral.
Desde hace años he acariciado la idea de traducir a estos dos poetas, Stadler y Heym, con el fin de revelar al lector hispanohablante de poesía la magnitud de sus creaciones. Ahora presento una pequeña selección de poemas de Heym, desconocidos hasta hoy. Ninguno de los poemas que he elegido han dado título a los poemarios que Heym publicó en vida o que se publicaron póstumamente, pero están igualmente impregnados de la extraña e inquietante belleza que caracteriza al conjunto de su escritura. Los poemas los he seleccionado a partir de Georg Heym, Gedichte und Prosa, Fischer Bücherei, Frankfurt am Main und Hamburg, 1962, y de Georg Heym, Dichtungen. Auswahl, Reclam, Hamburgo, 1964. Dicha selección responde únicamente a una preferencia personal.
Traducir sus poemas es un constante descubrimiento de versos premonitorios. Heym alude a: hombres que presienten su muerte, sueños que predicen, naturalezas muertas, cielos que envían sus signos, multitudes que vagan por las calles, perdidas, tempestades y mares de fuego, dioses que castigan, cráneos que cuelgan, rostros pálidos, muertos que flotan y llamas que devoran los bosques. He intentado, en mi labor de traducción, respetar el ritmo interno de sus poemas, aunque he sido infiel a su rima, tan importante en Heym, con la que el poeta quiere retener unos versos que parecen estallarle entre sus manos.
Su crítica a la falta de espiritualidad en el hombre rendido ante los progresos técnicos que convierten a las ciudades en lugares inhabitables e infernales parece atenuarse a veces en poemas que describen la naturaleza, donde el lenguaje suaviza su carácter violento. Algunos de estos poemas son los que presento aquí para el disfrute de aquellos que, como yo, sienten sincera admiración por el Expresionismo alemán, y se lamentan de que el helado Havel congelara los futuros versos de Georg Heym.
EL ANOCHECER
Ha naufragado el día en el rojo púrpura,
con inmensa calma el río fluye blanco.
Llega una vela. Alta, desde la barca se eleva
al timón la silueta del barquero.
con inmensa calma el río fluye blanco.
Llega una vela. Alta, desde la barca se eleva
al timón la silueta del barquero.
En las islas crece el bosque otoñal
con rojas cabezas en el espacio claro.
Y de lo profundo de oscuros abismos resuena
el sonido de los bosques, como susurros de cítaras.
con rojas cabezas en el espacio claro.
Y de lo profundo de oscuros abismos resuena
el sonido de los bosques, como susurros de cítaras.
La oscuridad se ha derramado al oriente,
como vino azul de urnas volcadas.
Y lejos se alza, rodeada de un negro manto,
la noche sublime sobre coturnos de sombra.
como vino azul de urnas volcadas.
Y lejos se alza, rodeada de un negro manto,
la noche sublime sobre coturnos de sombra.
DER ABEND // Versunken ist der Tag in Purpurrot, / Der Strom schwimmt weiss in ungeheurer Glätte. / Ein Segel kommt. Es hebt sich aus dem Boot / Am Steuer gross des Schiffers Silhouette. // Auf allen Inseln steigt des Herbstes Wald / Mit roten Häuptern in den Raum, den klaren. / Und aus der Schluchten dunkler Tiefe hallt / Der Waldung Ton, wie Rauschen der Kitharen. // Das Dunkel ist im Osten ausgegossen, / Wie blauer Wein kommt aus gestürzter Urne. / Und ferne steht, vom Mantel schwarz umflossen, / Die hohe Nacht auf schattigem Kothurne.
AZUL-BLANCO-VERDE
En verdes praderas se alza un bosquecillo
de blancos abedules que a la luz se elevan.
Primer verde tierno en ramas que se mecen
como una nube, como un cabello tan fino.
de blancos abedules que a la luz se elevan.
Primer verde tierno en ramas que se mecen
como una nube, como un cabello tan fino.
Nubes blancas que crecen hacia el aire
como montes suspendidos, del azul del mar,
disueltas en la luz, se alzan las orillas boscosas.
Crepuscular, reposa el aroma azul de la sombra.
como montes suspendidos, del azul del mar,
disueltas en la luz, se alzan las orillas boscosas.
Crepuscular, reposa el aroma azul de la sombra.
BLAU-WEISS-GRÜN // In grünen Wiesen steht ein kleiner Hain / Von weissen Birken, die zum Lichte steigen. / Das erste Hellgrün auf den schwanken Zweigen / Wie eine Wolke, wie ein Haar so fein. // Die weissen Wolken wachsen in die Luft / Wie Berge grundlos, aus dem Blau der Seen / In Licht gelöst, die waldgen Ufer stehen. / Wo dämmrig ruht des Schattens blauer Duft.
EL OTOÑO
Muchas cometas se elevan al viento,
danzando en el reino de los aires lejanos.
Niños en el campo con ropas ligeras.
Pecosos, y con pálidas frentes.
danzando en el reino de los aires lejanos.
Niños en el campo con ropas ligeras.
Pecosos, y con pálidas frentes.
En el mar de rastrojos dorados navegan
pequeños barcos, blancos y ligeros;
y en los sueños de su leve inmensidad
declina, inundado azul de nubes, el cielo.
pequeños barcos, blancos y ligeros;
y en los sueños de su leve inmensidad
declina, inundado azul de nubes, el cielo.
A lo lejos, en la calma inmóvil,
se alza el bosque como una ciudad roja.
Y las banderas doradas del otoño cuelgan,
pesadas y abatidas, de las torres más altas.
se alza el bosque como una ciudad roja.
Y las banderas doradas del otoño cuelgan,
pesadas y abatidas, de las torres más altas.
DER HERBST // Viele Drachen stehen in dem Winde, / Tanzend in der weiten Lüfte Reich. / Kinder stehn im Feld in dünnen Kleidern, / Sommersprossig, und mit Stirnen bleich. // In dem Meer der goldnen Stoppeln segeln / Kleine Schiffe, weiss und leicht erbaut; / Und in Träumen seiner leichten Weite / Sinkt der Himmel wolkenüberblaut. // Weit gerückt in unbewegter Ruhe / Steht der Wald wie eine rote Stadt. / Und des Herbstes goldne Flaggen hängen / Von den höchsten Türmen schwer und matt.
EL JARDÍN
La boca, húmeda. Y ancha como en los peces,
brilla roja en el jardín inerte.
Su pie es plano y ancho sobre el camino.
Nacen vientos del vestido plisado.
brilla roja en el jardín inerte.
Su pie es plano y ancho sobre el camino.
Nacen vientos del vestido plisado.
Él abraza al dios, que como de plata, débil,
bajo él se quiebra. Y en la espalda los dedos
le coloca, negros, como garras peludas.
Llamas que caen oblicuas de los ojos.
bajo él se quiebra. Y en la espalda los dedos
le coloca, negros, como garras peludas.
Llamas que caen oblicuas de los ojos.
Avanzan sombras y luces, a veces una luna.
Un murmullo de hojas. De la noche cálida
turbias gotas. Y abajo llaman los cuernos
de guardianes que vagan por la ciudad dorada.
Un murmullo de hojas. De la noche cálida
turbias gotas. Y abajo llaman los cuernos
de guardianes que vagan por la ciudad dorada.
DER GARTEN // Der Mund ist feucht. Und wie bei Fischen breit. / Und leuchtet rot in dem toten Garten. / Sein Fuss ist glatt und über den Wegen breit. / Winde gehen hervor aus dem faltigen Kleid. // Er umarmet den Gott, der dünn wie aus Silber / Unter ihm knickt. Und im Rücken die Finger / Legt er ihm schwarz wie haarige Krallen. / Quere Feuer, die aus den Augen fallen. // Schatten gehen und Lichter, manchmal ein Mond. / Ein Gesause der Blätter. Aus warmer Nacht / Trübes Tropfen. Und unten rufen die Hörner / Wandelnder Wächter über der gelben Stadt.