It’s been a long way since Earth was created from cosmic dust plus initial energy from the Big Bang left unleashed especially for us by an un-metaphorically cause that still remains undisclosed, un-theological, & humanly grasped. Despite there’s no consensus about such a spectacular phenomenon; body, mind & intelligence remain as lively fate-hunters of what make sense about us that I have to welcome you, Friend, to the Drama of Human Condition in search of the Artist’s Signature.
Wednesday, February 15, 2012
Music with Hölderlin by Josef Matthias Hauer
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Wednesday, February 8, 2012
Juan Miguel Zunzunegui
JUAN DIEGUITO: EL MEXICANO CHIQUITO y su Virgencita de Guadalupe
Juan Miguel Zunzunegui
Por siglos le han dicho al mexicano que es el resultado de una
humillante derrota y dolorosa conquista; de la destrucción del que
llamamos “nuestro” pasado prehispánico en manos de los españoles. El
mexicano vive desde entonces con la eterna esperanza de que algún día
su futuro mejore, aunque no hace nada para provocar dicha situación, y
contrario a eso; vive encerrado en el mítico, romántico e hipotético
pasado que se ha construido.
Parte
de ese pasado, eternamente presente, es la virgencita de Guadalupe; que
es, aunque no se quiera ver, entender o aceptar, parte fundamental de
dicha conquista. México no existía cuando Cortés piso este suelo,
habitado más bien por una amalgama de culturas diversas, con distintos
idiomas y religiones, sin un poder central, sin territorios definidos.
Esto no era un país.
Y
Cortés apareció trayendo con él, no sólo a sus soldados, sino a sus
ideas, y desde luego, su religión. La península Ibérica se había unido
gracias al catolicismo y era don Hernán un ferviente católico, y además,
un fiel devoto a la Virgen de su tierra extremeña: la Virgen de
Guadalupe, con la que sustituyó a la Tonantzin madrecita de los indios.
Hoy
cuenta la leyenda que la Virgen se apareció a Juan Diego para ofrecerle
consuelo, no a él únicamente, sino a todo su pueblo: a los conquistados;
consuelo por haber sido conquistados. Pero al mismo tiempo es obvio que
la aparición de la madre del Dios católico, reitera que la fe de los
conquistadores es la verdadera…, en el fondo, esa virgencita piadosa le
dice a los conquistados que está bien que los conquisten..., por la
salvación de su alma.
No fue
Cortés, sino su Virgen, quien conquistó a los indígenas de Mesoamérica;
fue su Virgen la que embelesó a los indios, fue ella quien los acogió
dentro del seno del catolicismo, la fe de los conquistadores, fue ella,
la madre celestial quien terminó de llevar a cabo esa conquista…, pero
eso sí, dando consuelo.
Pero
ese consuelo es a Juandieguito, siempre así, en chiquito, el más pequeño
de sus hijos, el humilde, el pobre, el indio conquistado. ¿El mexicano
es Juandieguito?, ¿somos o queremos ser eso: el chiquito, el pequeño, el
humilde? Juan Diego, santo o no, existente o no en la vida real, es el
símbolo del conquistado…, el pequeño indio humilde que requiere consuelo
de la Virgen.
En
México hablamos bonito y nos encantan los diminutivos…, como
Juandieguito. Pero puede uno analizar que, en muchas ocasiones nos
referimos en diminutivo, sobre todo en ciertas clases sociales, a lo que
vemos pequeño, a lo que observamos por arriba del hombro, a lo que
ninguneamos. Esa es por ejemplo nuestra forma muy particular de
discriminar y ser racistas, aunque sea de forma inconsciente. Mucha
gente dice, siempre con tono de ternura: “el indito”, el prietito”, “el
negrito”…, precisamente porque los ve así como a Juandieguito; así,
poquita cosa.
¿Qué
México queremos ser en el siglo XXI? Basta de ser los pequeños, los
chiquitos, los humildes, los derrotados, los descendientes de una
capitulación…, los que requieren consuelo, y además que éste venga desde
el cielo. Ese México será siempre pequeño y jamás llegará a nada.
Pero
además ya tendríamos que decir que no somos Juandieguito.¿Vamos a seguir
siglos y siglos pretendiendo que somos conquistados, usando ese
pretexto para justificar lo que sea?, ¿vamos a esperar eternamente el
consuelo de una madre amorosa?, ¿vamos a ser eternamente pequeños, a ser
eternamente niños?
Si
Juandieguito es el indio conquistado que requiere consuelo, pues muy
bien; pero el mexicano de hoy no es hijo de Juan Diego, ni es
descendiente del azteca, ni es el indígena conquistado. El mexicano es
un mestizo, es la fusión de lo indígena con el español; México ni el
mexicano existirían sin el español, por lo que no somos hijos de una
derrota.
La
virgencita consuela a los conquistados, la madre celestial domó y
sometió a los conquistados, los entregó a los brazos de la Iglesia de
los españoles y por lo tanto a su dominio; la virgencita consumó la
conquista espiritual. La Virgen de Guadalupe, la imagen traída por el
mismísimo Cortés, el culto impuesto por el llamado conquistador se
convirtió en el máximo culto de los mexicanos.
Desde
entonces y hasta el siglo XXI, sin saberlo, muchas cosas se esconden
tras la guadalupana: la Tonantzin de los indios, la conquista
espiritual, el culto de Hernán Cortés, fraudes y engaños con los que la
Iglesia ha sometido, somete y someterá a los más pobres. Con el pretexto
de la virgen consoladora de los conquistados, la Iglesia los exprime
más y más.
Con el
guadalupanismo el pueblo mexicano exalta la humildad y la pobreza como
virtudes, mientras el clero guadalupano es todo menos pobre y humilde.
Esas supuestas virtudes, por cierto, no han catapultado jamás a un país
hacia al futuro, y no lo harán con nosotros.
Ninguna
divinidad ha sacado a un país adelante; es evidente que la Virgen no ha
logrado sacar a México hacia el progreso, y tal vez sea porque esa no
es su chamba. Pero México a veces parece que pretende dejarle toda la
chamba a la guadalupana. La Virgen de Guadalupe formó este país en sus
diversas etapas, pero la Iglesia y las elites se apoderan de ese culto y
de la ignorancia para mantener el sometimiento. ¡México, la pobreza no
es una virtud!
Podemos
seguir el ejemplo de Juandieguito: ser humildes y chiquitos, ser
pequeños y simples, así, poquita cosa. Ahora que es santo incluso
podemos arrodillarnos ante él y alabar esas supuestas cualidades,
venerar su pequeñez, su derrota, su ser conquistado.
También
podemos cambiar de virtudes y querer ser grandes y orgullosos, ser
nobles altivos y encumbrados…, podríamos venerar eso y aspirar a ello.
Han
pasado siglos desde la llamada conquista, desde que el español sometió
al indígena, y éste último jamás se ha liberado. No fue parte de la
independencia ni le hizo justicia la revolución, y sin embargo encuentra
consuelo en la virgencita que hace 500 años le impuso el llamado
conquistador. Su madre amorosa que no lo deja salir de su regazo, y lo
hace, por lo tanto, inútil.
Eso
significa Juandieguito y eso se venera en su supuesta santidad. Ese
mexicano es pequeño y se conforma con lo que es y con lo que tiene, sin
aspirar, sin anhelar…, con la esperanza de la “otra vida” en la que todo
será recompensa; y desde luego, donde se reunirá de nuevo con su eterna
madrecita.
El
mexicanito confía siempre en su madre celestial, que además lo quiere
por ser pobre y humilde…, por ser conquistado. Así, con los ojos puestos
en la Virgen de Guadalupe, el mexicano sigue inmóvil, reza, agradece lo
que sea que reciba; agacha la cabeza, se somete. El mexicano espera,
siempre espera; en México no pasa el tiempo. Ahí sigue la morenita del
Tepeyac, observando nuestra eterna conquista; tal vez como la madre
eterna, agradecida de que sus retoños nunca dejen el nido…, o tal vez
ahí, muda desde su altar, desesperada de ver como sus hijos dependen
eternamente de ella, que no se alejan, no maduran, no crecen, son
eternamente niños y perpetuamente conquistados.
MÁS REFLEXIONES E INFORMACIÓN AL RESPECTO DEL GUADALUPANISMO EN MI LIBRO “El Mito Guadalupano, símbolo de eterna conquista”
"El Llano en Llamas" de Juan Rulfo
¿Qué hay detrás del "llano en llamas" de Juan Rulfo? Un espectacular folclorismo autocomplaciente o sencillamente una profunda autocrítica a nuestra idiosincrasia. Cuando se lee: “-¡Diles que no me maten, Justino! Anda, vete a decirles eso. Que por caridad. Así diles. Diles que lo hagan por caridad.” Se descubre un Rulfo festivo y engreído con nuestra idiosincrasia o es, quizás, ¿el grito apagado de un colonialismo lerdo que no deja a nuestra mexicanidad modernizarse? O, qué decir de Anacleto Morones cuando exclama: “¡VIEJAS, HIJAS DEL demonio! Las vi venir a todas juntas, en procesión.” ¿Es este un Rulfo categórico y macho?; o, tal vez, ¿es la expresión fina de una denuncia: credulidad y modernidad no encajan? Leer “El Llano en Llamas” de Juan Rulfo permite imaginar un México posible desde la mazmorra de una idiosincrasia maravillosamente opresora donde incluso sonreímos.........
Juan Rulfo - Wikipedia, the free encyclopedia
¡Diles que no me maten! - Juan Rulfo - Ciudad Seva
Anacleto Morones, Juan Rulfo (1918-1986)
Monday, February 6, 2012
Nietzsche: la filosofía como fiesta y embriaguez
Nietzsche: la filosofía como fiesta y embriaguez
POR Martin Heidegger*
“¡Casi dos milenios y ni un solo nuevo dios!” (1888)
(El Anticristo)
Martin Heidegger (lladmirall.wordpress.com)
En La voluntad de poder
Nietzsche dice lo siguiente sobre la filosofía: “No quiero inducir a
nadie a la filosofía: es necesario, tal vez inclusive deseable, que el
filósofo sea una planta rara. No hay cosa que más me repugne que la
ponderación didáctica de la filosofía, como es el caso en Séneca y en
Cicerón. La filosofía tiene poco que ver con la virtud. Séame permitido
decir, que también el hombre de ciencia es algo fundamentalmente
distinto del filósofo. Lo que deseo es que no desaparezca por completo
en Alemania, la auténtica idea del filósofo”. (La voluntad de poder).
A
la edad de 28 años, siendo profesor en Basilea, escribe Nietzsche: “En
los tiempos de mayor peligro –cuando la rueda del tiempo corre cada vez
más rápida—, cuando aparecen los filósofos, ellos y el arte entran a
reemplazar al mito que se desvanece. Pero son proyectados con mucha
anticipación, ya que la atención de los contemporáneos sólo lentamente
se vuelve hacia ellos. Un pueblo que llega a ser consciente de su
peligro, produce al genio”.
“La
voluntad de poder”, esta expresión tiene en Nietzsche un doble papel:
1) sirve como título para la obra filosófica principal de Nietzsche,
obra planeada y preparada por él durante años enteros, sin que lograra
llevarla a buen término; 2) sirve para designar lo que constituye el
carácter fundamental de todo lo que es. “La voluntad de potencia es el
último hecho hasta el cual podemos descender”.
Es
fácil ver cómo los dos usos de la expresión “voluntad de poder” guardan
entre sí una relación: sólo en cuanto la expresión desempeña el segundo
papel es que puede y tiene que representar también el primero. En
cuanto designación del carácter fundamental de todo lo que es, la
expresión da una respuesta a la pregunta por qué es lo que es. Esta
pregunta es desde la más remota antigüedad la pregunta propia de la
filosofía.
De
ahí que la denominación “voluntad de poder” no pueda menos de aparecer
como título de la obra filosófica principal de un pensador, que dice:
todo ente es, en el fondo, voluntad de poder. Si para Nietzsche la obra
que lleva este título debía ser el “edificio principal” de su filosofía,
mientras que el Zaratustra sólo era la “antesala”, eso significa que el
pensamiento de Nietzsche se mueve dentro del largo camino de la
pregunta directora de la filosofía. “¿Qué es el ente?”
¿Pero
entonces, Nietzsche no es tan moderno como parece por el ruido que se
hace a su alrededor? ¿Ni tan subversivo como él mismo quisiera
hacérnoslo creer? La dispersión de estos temores no es urgente y puede
quedar sin hacerse. En cambio, la indicación según la cual Nietzsche
pertenece al camino del preguntar propio de la filosofía occidental pone
en evidencia que Nietzsche sabía lo que es la filosofía. Este saber es
raro. Sólo los grandes pensadores la poseen. Los mayores lo poseen del
modo más puro bajo la forma de una pregunta que no varía.
Friedrich Nietszche (dandruffbutterscotch.com)
La
pregunta fundamental en cuanto pregunta auténticamente fundante, en
cuanto pregunta por la esencia del ser, no ha sido todavía desarrollada
como tal en la historia de la filosofía; también Nietzsche se queda en
la pregunta conductora.
Si
en el pensamiento de Nietzsche se recoge y culmina bajo un aspecto
decisivo la tradición que hasta ahora ha seguido el pensamiento en
occidente, entonces la discusión con Nietzsche se convierte en una
discusión con el pensamiento occidental hasta la fecha.
La
confrontación con Nietzsche no sólo no ha comenzado sino que no han
sido creados todavía los presupuestos necesarios para ella. Hasta ahora
Nietzsche ha sido alabado y seguido o insultado y explotado. El
pensamiento y el decir de Nietzsche nos son demasiados presentes. Él y
nosotros no somos históricamente suficientemente diferentes como para
que se forme la distancia desde la que pueda madurar una apreciación de
lo que constituye la fuerza de este pensador.
Confrontación
significa crítica auténtica. Es la única manera y la más alta de
estimar verdaderamente a un pensador. Pues ella toma sobre sí la tarea
de repensar su pensamiento y de perseguirlo en su fuerza efectiva y no
en sus debilidades. Pero en las cátedras alemanas de filosofía se cuenta
desde hace tiempo que Nietzsche no es un pensador riguroso sino un
“filósofo poeta”.
Nietzsche
no pertenecería a los filósofos que sólo cavilan en abstractas y
sombrías cosas lejanas de la vida. En el caso de que se lo llame
filósofo tendría que ser considerado como un “filósofo de la vida”. Ese
título, en boga desde hace ya largo tiempo, podría al mismo tiempo dar
pábulo a la sospecha de que la filosofía restante fuera sólo para los
muertos y, por lo tanto, en el fondo, innecesaria. Semejante manera de
ver las cosas coincide por completo con la opinión de los que saludan en
Nietzsche al “filósofo de la vida”, que habría barrido finalmente con
el pensamiento abstracto.
Estos
juicios corrientes sobre Nietzsche son erróneos. El error será
reconocido cuando se ponga en movimiento una discusión con Nietzsche que
sea al mismo tiempo una discusión dentro del espacio de la pregunta
fundamental de la filosofía. Mientras tanto se puede citar una frase de
Nietzsche, proveniente de la época en que trabajaba en La voluntad de poder. Dice así: “El pensamiento abstracto es para muchos un esfuerzo –para mí, en los días buenos, una fiesta y una embriaguez”.
Lou Andreas Salome, Paul Ree y Friedrich Nietzsche (philosophicalmisadventures.com)
¿El
pensamiento abstracto una fiesta? La más alta forma de existencia. De
hecho. Pero debemos también tener en cuenta cómo ve Nietzsche la esencia
de la fiesta, puesto que él sólo puede pensarla con base en su
concepción fundamental de todo ente, con base en la voluntad de
potencia. “En la fiesta están incluidos: orgullo, desenfrenada alegría;
la burla de toda clase de seriedad y de probidad burguesas; una divina
afirmación de sí mismo hecha de plenitud y de perfección animales
–condiciones puras a las cuales el cristiano no puede honradamente decir
sí. La fiesta es el paganismo par excellence (La voluntad de poder).
De
ahí, añadimos, que en la cristiandad no se dé jamás la fiesta del
pensamiento, o sea, que no haya una filosofía cristiana. No hay ninguna
filosofía verdadera que busque su determinación en alguna parte distinta
de sí misma. De ahí que tampoco hay una filosofía pagana, en cuanto “lo
pagano” es, con todo, algo todavía cristiano, lo contrario de lo
cristiano. Apenas si es lícito llamar a los pensadores y a los poetas
griegos, “paganos”.
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