W. F. Hegel - Eleusis - A Hölderlin (agosto 1796)
24 de enero de 2008
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Hegel G. F.,
Hölderlin,
Poesía
Hegel y HölderlinEn torno a mí, dentro de mí la calma habita -los atareados con su incansable ansia duermen, proporcionándome la libertad y el ocio-, gracias a ti, libertadora mía, ¡oh noche! Con un blanco cendal de neblina cubre la luna la frontera incierta de las lomas lejanas; amablemente me llama la clara franja de aquel lago; se aleja el recuerdo del tumulto monótono del día, como si hubiera años de distancia entre él y el ahora. Y tu imagen, querido, se presenta ante mí; tu imagen y el placer de los días que han huido, aunque pronto los borra la dulce espera de volver a vernos... Se me presenta la escena del abrazo anhelado, fogoso; más tarde las preguntas, el interrogatorio más profundo, recíproco, tras cuanto en actitud, expresión y carácter el tiempo haya cambiado en el amigo...placer de la certeza de hallar más firme, más madura aún la lealtad de la vieja alianza, alianza sin sellos ni promesas, de vivir solamente por la libre verdad y nunca, nunca, en paz con el precepto que opiniones y afectos reglamenta. Ahora con la inerte realidad pacta el deseo que atravesando montes y ríos fácilmente hasta ti me llevó, pero pronto un suspiro lanza su desacuerdo y con él huye el sueño de dulces fantasías. Mi vista hacia la eterna bóveda celestial se alza, hacia vosotros, ¡astros radiantes de la noche!, y el olvido de todo, deseos y esperanzas, de vuestra eternidad fluye y desciende. (El sentir se diluye en la contemplación; lo que llamaba mío ya no existe; hundo mi yo en lo incomensurable, soy en ello, todo soy, soy sólo ello. Regresa el pensamiento, al que le extraña y asusta el infinito, y en su asombro no capta esta visión en profundidad. La fantasía acerca a los sentidos lo eterno y lo enlaza con formas) ... ¡Bienvenidos seáis, oh elevados espíritus, altas sombras, fuentes de perfección resplandecientes! No me asusta... Yo siento que es mi patria también el éter, el fervor, el brillo que os baña. ¡Que salten y se abran ahora mismo las puertas de tu santuario, oh Ceres que reinaste en Eleusis! Borracho de entusiasmo captaría yo ahora visiones de tu entorno, comprendería tus revelaciones, sabría interpretar de tus imágenes el sentido elevado, oiría los himnos del banquete divino, sus altos juicios y consejos... Pero tu estruendo ha enmudecido, ¡oh Diosa! Los dioses han huido de altares consagrados y se han vuelto al Olimpo; ¡huyó del profanado sepulcro de los hombres de la inocencia el genio, que aquí les encantaba!.. . Tus sabios sacerdotes callaron; de tus sagrados ritos no llegó hasta nosotros por curiosidad que por amor, a la sabiduría (tal hay en los que buscan y a Ti te menosprecian) ... ¡Por dominarlas cavan en busca de palabras que conserven la huella de tu excelso sentido! ¡En vano! Sólo atrapan polvo, polvo y ceniza en las que no retorna nunca jamás tu vida. ¡Aunque lo inanimado y el moho les contentan a los eternos muertos!..., ¡los muy sobrios!..., en balde..., no hay señal de tus fiestas ni huella de tu imagen. Era para tu hijo tan abundante en altas enseñanzas tu culto, tan sagrada la hondura del sentimiento inexpresable, que no creyó dignos de ellos secos signos. Pues casi no lo era el pensamiento, aunque sí el alma, que sin tiempo ni espacio, absorta en el pensar de lo infinito, se olvidó de sí misma y se despierta ahora de nuevo a la conciencia. Pero quien de ello quiera hablar a otros, aun con lengua de ángel, sentirá en las palabras su miseria. Y le horroriza tanto haberlas empleado en empequeñecerlo al pensar lo sagrado, que el habla le parece pecado y en vivo se clausura a sí mismo la boca. Lo que así el consagrado se prohibió a sí mismo, una ley sabia prohibió a loso más pobres espíritus hacer saber cuanto vieran, oyeran o sintieran en la noche sagrada: para que a los mejores su estrépito abusivo no molestara en su recogimiento ni su hueco negocio de palabras les llevara a enojarse con lo sagrado mismo, y para que éste no fuera así arrojado entre inmundicias, para que nunca se confiara a la memoria, ni tampoco fuera juguete y mercancía del sofista vendida igual que un óbolo, ni manto del farsante redicho, ni tampoco férula del muchacho piadoso, y tan vacío quedara al fin que solamente en eco extrañas lenguas siguieran conservando raíces de su vida. Porque tus hijos, Diosa, no exhibieron por calles y por plazas tu honor, sino que avaros en el santuario de tu pecho lo guardaban. Por eso no vivías tú en su boca. Te honraban con su vida. Aún vives en sus hechos. ¡También en esta noche te he escuchado, divinidad sagrada, a ti, que me revelas a menudo la vida de tus hijos; a ti, que yo presiento que a menudo eres el alma de sus hechos! Eres el alto pensamiento, la fe sincera, que una Deidad, aunque todo se hunda, nunca se desmorona. Trad.: J. M. RipaldaEn Escritos de juventud, México, Fondo de Cultura Económica, 2003 Aporte de Carmen Blázquez en Factor Serpiente |
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