(Fragmento)
Se le sumaron vecinos, niños, bomberos, todos apuntando
más y más mangueras a la enfurecida lava que avanzaba,
hasta transformarla en un muro cada vez más alto, duro,
frío y húmedo, color ceniza, aplazando así, acaso no para siempre,
pero al menos por ahora, la Decadencia de Occidente,
razón por la cual los habitantes de Heimaey, cerca de Islandia,
a menos que hayan muerto todos desde entonces, continúan
viviendo en sus limpias casas multicolores de madera, sin que
los molesten las cámaras, regando tranquilamente sus lechugas
que, gracias a la lava, han crecido
simplemente enormes, y, al menos por ahora,
no muestran señales del inminente desastre.
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