A LOS JÓVENES POETAS
“Mis queridos hermanos, quizá va a madurar
nuestro arte, tras un largo fermentar juvenil,
y llegará a lograr la calma de lo bello;
no dejéis la virtud, imitad a los griegos.
A los dioses amad, pensad en los mortales.
Ni ebriedad ni frialdad, ni descripción
ni lección; si os asusta algún maestro,
pedid sólo consejo a la naturaleza”.
Si
existe un autor que haya sabido plasmar en palabras aquello que no
puede ser descrito. Si hay una obra literaria que habla directamente al
alma del lector con un lenguaje más musical que escrito, más allá de
las ideas, del pensamiento y de la razón. Si la obra de arte total que
soñara Wagner al crear sus operas, pudiera ser encerrada en negro sobre
blanco en las hojas del papel, ese autor sería Friedrich Hölderlin y esa
obra total sería -en mi opinión- "Hiperion, o el eremita en Grecia".
Durante
años ha sido, es, mi libro de cabecera. Siempre me acompaña a todas
partes. He perdido, regalado, estropeado decenas de ejemplares y
comprado, otros tantos, para sustituirlo, siempre guardo su espació en
las estanterías de mi biblioteca y ocupa el primer lugar entre los
muchos que pueblan mi corazón, de los cuales, algunos, váis conociendo a
través de las páginas de éste, vuestro blog.
Si
os dijese que he estado deseando publicar ésta entrada desde el primer
día que, con paso vacilante y sin saber donde me metía, inicié la
publicación de éstos blogs, podéis creerme, pero no me sentía capaz de
transmitiros todo aquello que en mi opinión, debe ser dicho sobre éste
libro. Aún ahora, cuando estoy a punto de publicarlo y con un texto que
aunque imperfectamente reúne muchas de las ideas que considero
imprescindibles, dudo...
Me
decidí por reunir opiniones de críticos de prestigio reconocido, puesto
que no quería pecar de una excesiva subjetividad, puesto que mi deseo
era provocar en vosotros mis lectores, el deseo de compartir ésta
lectura que, a buen seguro, tendrá un profundo impacto en vuestras
conciencias. Éste es un libro mágico, nadie puede leerlo y volver a ser
exactamente igual a como era antes de comenzar su lectura, así pues, sed
prudentes, si no estáis decididos a llenar vuestra alma de Belleza,
mejor que no lo abráis.
Biografía de Hölderlin
Hölderlin
nació en Lauffen am Neckar (Wurttemberg) en el seno de una familia
burguesa. Al morir su padre, administrador del seminario protestante de
Lauffen, cuando él tenía dos años, su madre casó en segundas nupcias
con Johann Christoph Gock, consejero municipal de Nurtingen, donde
Hölderlin se crió junto con su hermana y su hermanastro.
Su padrastro murió cuando Hölderlin tenía nueve años y de sus seis
hermanos sólo dos sobrevirían a su infancia: su hermana Rike, mayor que
él, y Karl, seis años menor.
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| La casa donde nació
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En
1784 ingresó en un colegio preparatorio para el seminario, en
Denkendorf, y en 1788 entró como becario para estudiar Teología en el
Tübinger Stift, donde fue amigo y compañero de cuarto de los futuros
filósofos Hegel y Schelling. Se influenciaron mutuamente, y ha sido
especulado, que fue probablemente Hölderlin el que presentó a Hegel las
ideas de Heráclito acerca de la unión de los contrarios, que el filósofo
desarrollaría en su concepto de la dialéctica.
Estudió
también literatura y filosofía clásicas, tradujo al alemán algunas
tragedias griegas y escribió poesía. Muy influido por Platón y por la
mitología y cultura helénicas, se apartó sensiblemente de la fe
protestante.
En
1793 salió del seminario provisto de la licencia que le permitía
ejercer el ministerio evangélico, pero decidió no dedicarse a su
carrera, sino emplearse como preceptor. Durante los años siguientes, se
dedicó a educar hijos de nobles y de comerciantes ricos.
Schiller
le proporcionó una plaza para ocuparse del hijo de Charlotte von Kalb,
en Waltershausen, aunque pronto abandonó su puesto, dada la limitada
influencia que ejercía sobre su alumno. Se instaló luego en Jena, uno de
los principales centros intelectuales del país. Asistió a clases
impartidas por Fichte, y Schiller le publicó un fragmento del Hiperión
en su revista Thalia.
Holderlin joven
Falto
de recursos, volvió a Nurtingen en 1795 y en 1796 trabajó en casa de
Jakob Gontard, comerciante de Frankfurt y se enamoró de Susette, la
mujer de este. A ella le dedicó varios escritos, entre ellos Hiperión,
refiriéndose a ella con el nombre de Diotima. A pesar de su trabajo y de
los viajes que debió efectuar con la familia Gontard a causa de la
guerra, fue una época de intensa actividad literaria, y en 1799 finalizó
la novela epistolar Hiperión, o el eremita en Grecia.
En
septiembre de 1798 tuvo que abandonar la casa de los Gontard, después
de vivir una penosa escena con el marido de Susette, con quien
mantendría la relación durante casi dos años de forma clandestina. Se
entrevistó varias veces en secreto con ella, hasta que se trasladó a
Hamburgo, por consejo de su amigo, Isaak von Sinclair, diplomático del
condado.
Emprendió
entonces su tragedia La muerte de Empédocles e intentó lanzar una
revista intelectual y literaria, que fracasó. En 1800 fue invitado a
Sttutgart donde tuvo tiempo para dedicarse a la poesía y traducir a
Píndaro, que ejercería una gran influencia sobre sus himnos. A finales
del año aceptó otro puesto como preceptor en Hauptwil,Suiza.
Se
ignora por qué razones abandonó su trabajo, en abril de 1801, y volvió
con su madre, a Nütingen. Según se desprende de una carta de marzo de
1801 a su amigo Christian Landauer, Hölderlin era cada vez más
consciente de sus problemas mentales, que ya desde su época de
estudiante se le habían presentado en forma de depresiones. En invierno
de ese año tuvo una fuerte crisis.
Hasta
enero de 1802, cuando obtuvo un cargo en casa del cónsul de Hamburgo en
Burdeos, trabajó ininterrumpidamente en su obra poética. Al aparecer
los primeros síntomas de su enfermedad mental, en abril abandonó una vez
más su puesto. Sinclair le comunicó por carta la muerte de Susette
Gontard, el 1803, en Fránckfurt.
Hegel
Tras
un período de gran violencia, su trastorno mental pareció remitir.
Sinclair lo llevó de viaje a Ratisbona y Ulm y, a la vuelta, escribió El
único y Patmos, dos de sus obras maestras. Por influencia de su amigo
Sinclair, en 1804 obtuvo la plaza de bibliotecario de la corte, en el
palacio del landgrave de los Homburg.
Como
sus crisis mentales se hicieron cada vez más frecuentes (profería
maldiciones como un poseso y andaba sin rumbo mientras hablaba consigo
mismo), en 1806 Sinclair decidió deshacerse de él internándolo en una
clínica psiquiátrica de Tubinga. Tras cuatro días de viaje, fue recibido
por Ferdinand Autenrieth (1772-1835), el responsable médico de la
clínica, que había alcanzado fama desde su apertura por los nuevos
métodos terapéuticos empleados.
Hölderlin
ingresó en la clínica el 14 ó 15 de septiembre de 1806 y estuvo
internado 231 días. Sus síntomas eran una gran agitación motora, largos
paseos sin rumbo, escasa orientación espacio-temporal, frecuentes
accesos de ira y, sobre todo, una incontrolable e ininteligible
verborrea (probablemente, indicativos de una esquizofrenia catatónica).
La torre donde Holderlin pasó sus últimos años.
Tras
ser declarado enfermo incurable, en mayo de 1807 fue puesto al cuidado
de un ebanista de la misma ciudad, entusiasta de la lectura del
Hiperión, quien lo acogió en su casa, haciéndose cargo de los gastos de
manutención la madre del poeta. Allí permaneció hasta su muerte, en unas
condiciones de locura pacífica que se prolongaron durante treinta y
seis años.
EL JOVEN A SUS JUICIOSOS CONSEJEROS
¿Pretendéis que me apacigüe? ¿Que domine
este amor ardiente y gozoso, este impulso
hacia la verdad suprema? ¿Que cante
mi canto del cisne al borde del sepulcro
donde os complacéis en encerrarnos vivos?
¡Perdonadme!, mas no obstante el poderoso impulso que lo arrastra
el oleaje surgente de la vida
hierve impaciente en su angosto lecho
hasta el día en que descansar en su mar natal.
La viña desdeña los frescos valles,
los afortunados jardines de la Hesperia
sólo dan frutos de oro bajo el ardor del relámpago
que penetra como flecha el corazón de la tierra.
¿Por qué moderar el fuego de mi alma
que se abrasa bajo el yugo de esta edad de bronce?
¿Por qué, débiles corazones, querer sacarme
mi elemento de fuego, a mí que sólo puedo vivir en el combate?
La vida no está dedicada a la muerte,
ni al letargo el dios que nos inflama.
El sublime genio que nos llega del Éter
no nació para el yugo.
Baja hacia nosotros, se sumerge, se baña
en el torrente del siglo; y dichosa, la náyade
arrastra por un momento al nadador,
que muy pronto se sumerge, su cabeza ceñida de luces.
¡Renunciad al placer de rebajar lo grande!
¡No habléis de vuestra felicidad!
¡No plantéis el cedro en vuestros potes de arcilla!
¡No toméis al Espíritu por vuestro siervo!
¡No intentéis detener los corceles del sol
y dejad que las estrellas prosigan su trayecto!
¡Y a mí, no me aconsejéis que me someta,
no pretendáis que sirva a los esclavos!
Y si no podéis soportar la hermosura,
hacedle una guerra abierta, eficaz.
Antaño se clavaba en la cruz al inspirado,
hoy lo asesinan con juiciosos e insinuantes consejos.
¡Cuántos habéis logrado someter
al imperio de la necesidad! ¡Cuántas veces
retuvisteis al arriesgado juerguista en la playa
cuando iba a embarcarse lleno de esperanza
para las iluminadas orillas del Oriente!
Es inútil: esta época estéril no me retendrá.
Mi siglo es para mí un azote.
Yo aspiro a los campos verdes de la vida
y al cielo del entusiasmo.
Enterrad, oh muertos, a vuestros muertos,
celebrad la labor del hombre, e insultadme.
Pero en mí madura, tal como mi corazón lo quiere,
la bella, la vida Naturaleza.
CRONOLOGÍA
1770
Nace
el día 20 de marzo Johann Christian Friedrich Hölderlin, hijo del
maestro de claustro Heinrich Friedrich Hölderlin y de Johanna Christiane
Heyn (hija de un clérigo), en Lauffen a orillas del Neckar.
1772
Sólo dos años después muere su padre y pocas semanas más tarde nace su hermana.
1774
Su madre vuelve a casarse, con el señor
Gock, alcalde de Nürtingen, y toda la familia se traslada a este pueblo.
En el mismo año nace su hermano, Carlos Gock, por quien Hölderlin
cobrará el más tierno cariño.
1783
Muere el segundo marido de su madre, quedando ésta sola con sus tres hijos.
1784
Inicia sus estudios primarios en la escuela del convento de Denkendorf.
1786
Ingresa
al seminario de Maulbronn, y durante los dos años que permanece en este
instituto tiene algunas compensaciones que iluminan un poco el
reglamento severo y rígido del colegio. Descubre a Ossián, por quien
sintió gran admiración; tiene su primera aventura sentimental con Luisa
Nast, prima de su amigo Immanuel Nast, y efectúa su primera visita a
Heidelberg, viajando a lo largo de todo el Rhin. Las impresiones que
obtuviera durante ese viaje, años más tarde las describe en dos de sus
poemas más sentidos.
"El Rin"
En la oscura hiedra sentado, en el portal
estaba del bosque, justo cuando el áureo mediodía,
visitando la fuente, bajó las escaleras
de la montaña alpina,
que se llama para mí, según creencia antigua,
la edificada por los dioses,
la fortaleza de los celestiales,
donde empero
secretamente aún mucho decidido
llega hasta los hombres; desde allí
percibí sin sospecharlo
un destino, pues en la cálida
sombra, consigo mucho discurriendo,
hacia Italia acababa
de írseme el alma divagando
y lejos, a las costas de Morea.
Ahora empero, dentro de la montaña,
hondo bajo las argénteas cumbres
y bajo el verde gozoso,
donde estremeciéndose los bosques hacia él,
y unas sobre otras las testas de las peñas
miran para abajo a lo largo de los días,
allí, en el más frío abismo, oí
el lamento de redención
del efebo, lo oyeron bramar
y acusar a la madre tierra,
y al tonante, que lo engendró,
compasivos los padres, mas
huyeron los mortales del lugar,
pues terrible era, al rodar
sin luz en sus cadenas,
la ira del semidiós.
Era la voz del más noble de los ríos,
del Rin, nacido libre,
y otra cosa esperaba él, cuando allá arriba
se separó de sus hermanos,
del Tesino y el Ródano,
queriendo peregrinar, e impaciente
a Asia lo impulsaba el alma regia.
Mas irrazonable es
desear frente al destino.
Los más ciegos, empero,
son los hijos de los dioses. Pues conoce
el hombre su casa, y al animal
fue dado dónde ha de edificar,
mas a la inexperta alma de aquéllos,
la falta de no saber adónde ir.
Un enigma es lo surgido puro. Aun
el canto apenas puede develarlo. Pues
como empezaste, quedarás,
por más que obren disciplina
y necesidad, lo más
puede el nacimiento,
y el rayo de luz que encuentra
al recién nacido.
Pero dónde hay uno,
para permanecer libre
toda su vida, y realizar solo
el deseo del corazón, así
desde alturas propicias, como el Rin,
y dichosamente así nacido
de sagrado seno, como aquél?
Por ello su palabra es de júbilo.
No ama él, como otros niños,
llorar entre las fajas;
pues cuando las costas desde el principio
se deslizan, sinuosas, hacia sus lados,
y envolviéndolo sedientas, ansían
arrastrarlo, a él, el imprudente,
y protegerlo entre sus dientes, riendo
desgarra las sierpes y se precipita
con el botín, y si en la prisa
un mayor no lo desbrava,
lo deja crecer, como el relámpago
hiende la tierra, y como hechizados huyen
tras él los bosques y hundiéndose los montes.
Pero un dios quiere ahorrar a sus hijos
la vida presurosa, y sonríe
cuando inmoderados, mas contenidos
por Alpes sagrados, en la hondura,
como aquél, se encolerizan con él los ríos.
En una fragua así, se forja luego
también todo lo puro,
y es hermoso, cómo después
de abandonar los montes,
vagando quedo se contenta
en la tierra alemana,
y calma el ansia
en misión benévola, cuando cultiva
la tierra, el padre Rin, y nutre
amados niños, en ciudades que ha fundado.
Mas nunca, nunca lo olvida.
Pues debe antes perderse la morada,
y la ley, y tornarse inicuo
el día de los hombres, antes que olvidar
pudiera tal el origen
y la pura voz de la juventud.
Quién fue el primero en corromper
los vínculos del amor,
y en hacer de ellos dogales?
Se mofaron entonces del derecho propio
y por cierto del fuego celestial
los altaneros, sólo entonces,
despreciando los senderos mortales,
escogieron lo osado
y aspiraron a igualarse a los dioses.
Pero con la propia inmortalidad
tienen los dioses suficiente, y
si necesitan los celestiales de una cosa,
es de héroes y hombres,
y demás mortales. Pues dado
que los bienaventurados nada sienten por sí,
debe, si se permite
decirlo, sentir siendo partícipe
otro en nombre de los dioses,
ése necesitan; no obstante es
su fallo, que destruya él
su propia casa e injurie
como a enemigo lo más amado,
y sepulte a padre e hijo bajo las ruinas,
si uno quiere ser como ellos
y no sufrir lo desigual, el iluso.
Dichoso por ello aquél, que halló
deparado un dichoso destino,
donde de las peregrinaciones
y pesares el recuerdo dulce
eleve aún su rumor en la margen segura,
para que hacia aquí y allá pueda gustoso
mirar hasta los límites,
que con el nacimiento Dios
le señalara por morada.
Entonces reposa, venturoso en su modestia,
pues todo lo que ha querido,
lo celestial, por sí mismo ciñe,
inexpugnado, sonriente ahora,
que él reposa, al denodado.
Semidioses pienso ahora,
y conocer debo a los caros,
pues a menudo su vida
me conmueve el pecho anhelante.
Mas a quien fue dada como a ti,
Rousseau, invencible el alma,
la de vehemencia tenaz,
y seguro el sentido,
y dulce el don de oir
y hablar, de modo de hacer
desde una plenitud sagrada, como el dios
del vino, insensata, divinamente
y sin ley, comprensible a los buenos
la lengua de los más puros,
mas de cegar, con justicia, a los irreverentes,
a los siervos sacrílegos, cómo llamo al extranjero?
Todo aman, como la madre,
los hijos de la tierra, y así también acogen,
los dichosos, todo sin esfuerzo.
Por ello también se sorprende
el hombre mortal y se estremece,
cuando piensa en el cielo, que con brazos amantes
acumuló sobre sus hombros,
y en la carga del gozo;
a menudo le parece entonces lo mejor,
casi olvidado por entero estar allí,
donde el rayo no abrasa,
en la sombra del bosque,
en el fresco verdor junto al Bielersee,
y en sosegada pobreza de tonos,
igual a los principiantes, aprender de los ruiseñores.
Y magnífico es entonces resurgir
del sueño sagrado, y despertando
del frescor del bosque, ya al atardecer
ir al encuentro de la luz más suave,
cuando el que edificó los montes
y señaló el sendero de los ríos,
después de haber guiado aun, sonriente,
la atareada vida de los hombres,
pobre en aliento, cual velas
con sus aires, también reposa
y hacia la alumna ahora,
el formador, hallando
más bien que mal,
cae el día hacia la tierra actual.
Entonces celebran la fiesta nupcial hombres y dioses,
la celebran los vivos todos,
y ecuánime
es por un momento el destino.
Y los fugitivos buscan el albergue,
y dulce sueño leve los valientes,
mas los amantes son lo que fueron, están
en casa, donde se goza la flor
en brasa inofensiva, y el espíritu
envuelve en el susurro a los árboles lúgubres,
los no reconciliados, en cambio, están
transformados, y se apresuran
a tenderse las manos,
antes que la luz amiga descienda
y llegue la noche.
Mas para algunos esto
pasa fugazmente, otros
lo guardan por más tiempo.
Los dioses eternos están siempre
plenos de vida; hasta la muerte
empero, puede aun un hombre
guardar lo mejor en la memoria,
y vive entonces lo supremo.
Sólo que tiene cada cual su medida.
Pues difícil es soportar
la desdicha, pero más difícil la dicha.
Un sabio pudo, empero,
desde mediodía hasta la medianoche,
y hasta que brilló la mañana,
mantenerse lúcido en el banquete.
A ti puede aparecerse Dios en el sendero ardiente
bajo los abetos, o cubierto de acero
en la oscuridad del robledal, Sinclair querido,
o en las nubes, tú lo conoces, porque conoces, juvenil,
la fuerza del bien, y jamás está oculta
para ti la sonrisa del Soberano,
de día, cuando
febril y encadenado luce
lo vivo, o aun
de noche, cuando todo es confuso
y sin orden, y retorna
el caos antiquísimo.
1788
Se
inscribe en la Universidad de Tubingen como estudiante de teología,
filosofía clásica e historia, permaneciendo allí hasta el año 1793. De
aquel tiempo datan sus relaciones con Christian Ludwig Neuffer y Rudolf
Magenau, de quienes pronto se hizo amigo, en especial de Neuffer, quien
más tarde se dio a conocer por sus idilios "Un día en el campo" y
"Festival de la cosecha", como también por sus traducciones de Virgilio.
1791
Schelling
Se hace amigo de Hegel y Schelling, con
quienes desde el otoño de 1790 comparte la misma habitación. En compañía
de ellos lee las obras de Kant y de los filósofos griegos.
1793
Da
su examen final ante el consistorio eclesiástico de Stuttgart, y
durante un viaje a Ludwigsburg conoce a Schiller. En el mes de diciembre
de este año parte a Waltershausen para ocuparse como institutor en casa
de Carlota von Kalb, puesto que obtuvo mediante una recomendación de
Schiller.
Abandona
Waltershausen, porque —según lo confesara en una carta dirigida a su
amigo Neuffer— los talentos harto moderados de su alumno, fuera de
causarle muchas molestias, le quitan fuerza y energía para la
realización de sus propios trabajos. Luego emprende viaje a Jena para
estudiar en su universidad, donde escucha temporalmente las clases de
Fichte.
1795
En
julio de este año parte a Nürtingen a casa de su madre, donde permanece
hasta el mes de diciembre. Después, recomendado por Isaak von Sinclair,
a quien conociera como estudiante de Leyes en Tübingen, y quien ahora
había ingresado al servicio diplomático del Landgrave de Hessen-Homburg,
se dirige a Frankfurt para asumir el puesto de institutor en casa del
banquero Jakob Friedrich Gontard. Susette (Diótima), esposa del señor
Gontard, se había casado a la edad de 17 años con el famoso banquero, y
siendo de una belleza extraordinaria, y sólo un año mayor que Hölderlin,
éste no tardó en enamorarse profundamente de ella.
1796
Susette Gontard
Pasa el verano en compañía de Susette y
los niños en las ciudades de Cassel y Driburg para estar fuera del
camino de las tropas francesas, que en aquel entonces avanzaban sobre
Alemania. Durante su estadía en estos lugares conoce a Heinse, el autor
de "Ardinghello, o las islas afortunadas", a quien dedica más tarde su
elegía "El pan y el vino".
1798
A
raíz de una disputa violenta con el señor Gontard tiene que abandonar
la casa de éste. Siguiendo una invitación de Isaak von Sinclair se
traslada a Homburg, donde permanece hasta junio del año 1800, cuando una
grave depresión mental, causada sin duda por la dolorosa separación de
su amada Diótima, lo obliga a regresar a la casa de su madre en
Nürtingen.
1801
Después
de haberse repuesto un poco vuelve a emplearse de institutor, esta vez
en casa de una familia acaudalada de Hauptwyl, cerca de St. Gallen, en
Suiza, pero se mantiene sólo hasta abril de este mismo año en su puesto.
1802
Mediante
una recomendación de un cierto profesor Stroehlin, de Stuttgart, se
dirige a Burdeos, siempre en calidad de institutor, a la casa del señor
Meyer, cónsul de Hamburgo; empero, el 9 de mayo vuelve a partir en
dirección a la frontera, donde llega el día 6 de junio; efectúa una
breve pero terrible visita a sus amigos en Stuttgart, y a principios de
julio llega a casa de su madre en estado gravísimo, presa de los
primeros síntomas de la locura. Una vez restablecido, viaja a Ulm y
Regensburg en compañía de Sinclair.
Éste, uno de sus amigos más fieles, le
había enviado pocos días antes de su llegada a Nürtingen una carta a
Burdeos, comunicándole la muerte de Susette Gontard. Ella había
fallecido el 22 de junio por haberse contagiado de una enfermedad
infecciosa que habían contraído sus hijos.
1804
Lo
llama Sinclair a Homburg para que desempeñe allí el puesto de
bibliotecario de la Corte, empleo que el mismo Sinclair había insinuado
crear al Landgrave, pagando por su propia cuenta durante dos años el
salario correspondiente. Pero allí se agrava el estado de Hölderlin, que
parecía haber tenido una mejoría temporal, y sufre varios ataques muy
violentos.
1806
No
le queda otra solución a Sinclair que llevarlo, aconsejado por
Schelling, a un asilo particular de Tübingen, pero allí su salud empeora
día a día, y en 1807, viendo el mal que le hacía a Hölderlin la estadía
en el asilo, lo traslada a casa del carpintero Zimmer, donde permanece
hasta su muerte.
1811-22
La
salud de Hölderlin pasa por otra temporada de mejoría que le permite
recordar episodios de su juventud, dedicarse a la música y volver a
escribir poemas.
1823-30
Wilhelm
Waiblinger, que en este tiempo estudiaba en la Universidad de Tübingen,
visita frecuentemente a Hölderlin, y es a él a quien se deben las
noticias más detalladas de aquella época oscura de la vida del poeta.
También se cuentan entre sus visitantes Bettina von Arnim y August
Wilhelm Schlegel.
1843
El 7 de junio de este año muere Johann Christian Friedrich Hölderlin con el espíritu sumido en las tinieblas más profundas.
Tunba de Holderlin
Canto del destino de Hiperión
Vagáis arriba en la luz,
en blando suelo, ¡genios felices!
brisas de Dios, radiantes,
suaves os rozan
como los dedos de la artista
las cuerdas santas.
Sin sino, como infantes
que duermen, respiran los dioses;
resplandecen
en casto capullo guardados
sus espíritus
eternamente.
Y en sus ojos beatos
brilla tranquilo
fulgor perpetuo.
Mas no nos es dado
en sitio alguno posar.
Vacilan y caen
los hombres sufrientes,
ciegos, de una
hora en la otra,
como aguas de roca
en roca lanzados,
eternamente, hacia lo incierto.
Bibliografia en castellano:
*Hölderlin, Friedrich: Hiperión o el eremita en Grecia.Ed.Hiperión. Madrid.
*Hölderlin, Friedrich: Los himnos de Tubinga. (Ediciónbilingüe). Ed. Hiperión. Madrid.
*Hölderlin, Friedrich:Las grandes elegías. (Ediciónbilingüe). Ed. Hiperión. Madrid.
*Hölderlin, Friedrich: Poemas de la locura.(Ediciónbilingüe). Ed. Hiperión. Madrid.
*Hölderlin, Friedrich: Ensayos. Ed. Hiperión. Madrid.
*Hölderlin, Friedrich: Empédocles. (Ediciónbilingüe). Ed. Hiperión. Madrid.
*Hölderlin, Friedrich: Poesía completa. (Ediciónbilingüe). Ediciones 29. Madrid.
Monumento a la Memoria de Holderlin
La inmortalidad del alma
En torno miro, de pie en la cúspide,
Cual todo vive y a lo alto expándese;
Los bosques, los valles, las lomas
En la aurora radiantes exultan.
Anoche, oh, seres, cómo erais trémulos
Al despertaros los truenos próximos!
De espanto los rayos siniestros
Inundaron las quietas tinieblas.
Ya en flor la tierra aclama con júbilo
La luz que vence las sombras lóbregas.
Mas puro es tu gozo, alma mía,
Que el temor de la muerte has vencido.
Pues son, oh, cielos, de Adán los vástagos,
Los que la Tierra sustenta próvida.
Oh, raza de Adán, ora al cielo,
Con los coros angélicos canta.
¡Sois bellos seres! ¡Oh, cuán magnífica
Brillas del campo florida túnica!
Mas bella eres tú, oh, alma humana,
Cuando orando hasta Dios te sublimas.
Las mismas manos de Dios alzáronte
Sobre los seres del mundo innúmeros.
¡Oh, luz esplendente la tuya
Cuando a Dios te levantas, oh, alma!
¡Mira esta encina! Soberbia, olímpica,
Como si eterna fuera, allí yérguese.
¿Acaso los rayos de Jove
Aterrar la altanera no pueden?
¡Mira estas peñas! Eternas júzganse
Lanzando al éter su cumbre impávida.
Y pasan los siglos... La planta
Del viajero tritura el granito.
Y mi alma... Oh, muerte, ¿do está tu férula?
¡Dóblate, oh, peña; tu frente humíllese!
Inclínate, encina soberbia,
Porque eterna es el alma del hombre.
Ruge, rabiosa, borrasca horrísona:
"Ya vengo ‹dice‹, y crujen los árboles,
Ciudades y torres se hunden
Y aniquilo un país si me irrito."
¿Pero en silencio el turbión no truécase?
¿No deja un día al viento sin hálito?
¿Un día en que otra borrasca
Del vencido los huesos reúne?
Olas al cielo escupe el océano,
Y de la esfera en su ciega cólera,
Pretende arrancar a los astros
Y en su seno voraz sumergirlos.
"¿Qué eres tú, oh, tierra? ‹brama el océano‹;
Cual sobre el corzo despliega el águila
Sus alas ¿no extiendo mis brazos
Sobre ti, desvalida? ¿Qué eres
"Si al firmamento no se alza mi hálito
Y en ti no vierte lluvia benéfica?
Y cuando, en las nubes nocturnas
Condensado, tonante te azota,
"Tierra, ¿no tiemblas? ¿No tiemblas, mísera?"
Mas surge el día y se allana el piélago,
Y ¡ved! de sus olas ninguna
De ascensión en clamores prorrumpe.
¡Oh, sol, cuán regio cruzas la bóveda!
Reflejos brillan en tus crepúsculos
Del trono de luz de lo Eterno.
¡Cuán divino de lo alto nos miras!
Siente al mirarte temblar sus párpados,
Numen celeste, el hombre selvático;
Y cubre su faz y se postra
Y Dios llámate y templos te erige.
Mas ay, tu curso tiene su término;
La noche extingue la llama olímpica
Y giras veloz cada día
Por los aires, y al fin te desplomas.
¡Ser yo inmortal! ¡Oh, mi encanto único!
¡Oh, encanto, vuelve! Haz que mi espíritu
No vaya en los antros a hundirse
Do bosteza el horror de la nada.
¡Cree en ti, hombre! ¡Supera el vértigo!
Y grita: ¡Oh, Muerte! ¿do está tu férula?
Que eterna es el alma del hombre.
¡Dulces arpas celestes, cantadlo!
¡Oh, alma, te veo grande, mirífica!
¡Oh, inconcebible! Si a Dios acércaste,
Tu sublimidad me deslumbra.
¡Oh, sublime eres cuando a mis ojos,
En la campiña en flor esparciéndote,
Aquí en mi seno te alzas tan célica!
¡Quién viera lo que une alma y cuerpo!
¡Quién oyera del alma encerrada
Y de la carne corrupta el diálogo!
¡Ya eres tan grande, oh, alma, y magnífica
Ahora que lejos del mundo
Audaz vuelo, a tu origen remontas!
Como a la testa de Eloïm, cíñete
De tus ideas el nimbo fúlgido;
Confluyen en ti tus pensares
Del Edén cual auríficos ríos.
¿Qué será entonces cuando el estrépito
Por siempre cese del mundo estólido,
Y yo, de Dios vivo ante el trono,
El supremo Esplendor mirar pueda?
¡Duda, oh ponzoña del alma, apártate!
¡Lo eterno sea su único júbilo!
Si así no ha de ser, desde hoy sean
Por la Muerte arrasadas las grandes
Leyes del mundo. Que el hijo cínico
De padre y madre en la sangre báñese,
Que el pobre asesine y los templos
Dé al saqueo la chusma, a los tigres
La piedad huya, la fe a las víboras;
Feroces sean como caníbales
Los niños; la negra impostura
Bajo faz de inocencia se oculte.
Mas ¡no! Lo eterno, del alma es júbilo,
¡Jehová lo ha dicho! Es su único júbilo!
Eterna ha de ser su palabra;
Es eterna esta alma del hombre.
¡Cantadlo a coro, oh, almas innúmeras!
¡Generaciones, cantadlo a unísono!
Yo creo en ti, Dios, y contemplo
Mi grandeza en la gloria celeste.
Hiperion (significado mitológico del nombre)
En su grafía castellana, Hiperión es, en
su origen, el nombre de uno de los Titanes de la mitología griega. Hijo
de Urano (el cielo) y Gea (la tierra). Su nombre significa “el que vive
arriba”, “el que mira desde arriba”, “el sol en lo más alto”.
El
inmortal poeta ciego –Homero- nos lo describe en la Iliada como el dios
sol, “Helios Hyperion”. Sin embargo en su Odisea, en su himno a Démeter
y también en la Teogonía de Hesíodo, el sol es nombrado como
“Hyperonides “: el hijo de Hiperión.
Tea
concibió del amor de Hiperión y dio a luz al gran Helios y las
brillantes Selene y Eos, que traen la luz a todos los mortales de esta
tierra y a los inmortales dioses que gobiernan el ancho cielo.
Hesíodo, Teogonía
Helios: el Sol, Selene: la Luna y Eos: la aurora
Apunta Diodoro:
De
Hiperión se nos dice que fue el primero en entender, por su diligente
atención y observación, el movimiento del sol, la luna y las demás
estrellas, así como de las estaciones, que están provocadas por estos
cuerpos, y dar a conocer estos hechos a los demás; y por esta razón fue
llamado padre de estos cuerpos, pues había engendrado, por así decirlo,
la especulación sobre ellos y su naturaleza.
En su significado quizá más prosaico y
actual, Hiperión es el nombre de una de las lunas menores de Saturno,
bautizada así tras su descubrimiento en 1848 en honor al mencionado
Titán. Se caracteriza por su forma irregular y una órbita extremadamente
caótica e impredecible, que junto a una mínima densidad, conforman uno
de los cuerpos celestes más singulares y extraños que se conoce.
“Hiperion, o el eremita en Grecia”
podéis descargarla aquí:
http://www.linksole.com/b9aib1
Nota del Traductor:
Porque aunque Hiperión o el eremita en Grecia se
subtitula “novela” es uno de los textos más poéticos que se han escrito
nunca en prosa. Y un gran libro, desde luego. Infinitamente más valioso
que el Werther goetheano, que durante tanto tiempo ha pasado por la
obra alemana más significativa de aquel periodo. Y no hay color. El Hiperión de
Hölderlin va mucho más allá que el Werther. Tiene una primera lectura,
ingenua, lineal, en la que descubrimos una historia de amor, de amor y
muerte, y a poco que sepamos de la biografía del poeta que la escribió y
de la transposición que en la obra hace de sus propios amores con
Suzette Gontard, la mujer del banquero de Francfort que le fascinó y a
quien fascinó, nos impresiona y nos emociona. Pero si profundizamos en
el libro, si se tiene la suerte, como yo la tuve, de desmenuzarlo
palabra a palabra y frase a frase, de releerlo infinidad de veces
puliendo y afinando mi versión, uno va descubriendo que además de la
historia amorosa, hay en Hiperión una multiplicidad de sentidos y
significados que trascienden la narración para entrar en el mundo de la
filosofía, de la reflexión histórica y política, de las grandes
preguntas del hombre ante el mundo.” Jesús Munarriz.
El
argumento es como sigue: un joven griego, educado por Adamas (posible
alusión a Schiller, al que consideró un tiempo su maestro, como
recordaremos) en los ideales de belleza y libertad, se alista a la causa
griega en su lucha de independencia contra los turcos (1770). Algunos
autores hablan de una referencia velada a la desilusión que le produjo
la Revolución francesa, que concuerda con el tono de fracaso que muestra
en la novela acerca de sus operaciones bélicas fallidas. El joven
Hiperión conoce en ese periodo a su amada Diótima, que después muere,
pero a la que seguirá evocando e interpelando. Aún impulsado por la
esperanza va a Alemania, país en el que esperaba encontrar consuelos,
pero también se decepciona y vuelve a Grecia, desde donde escribe una
serie de cartas dirigidas a su amigo Belarmino, en recuerdo de los
hechos pasados.
En la última carta del primer volumen del Hiperión se
plantea la citada relación entre poesía y filosofía. La carta comienza
en estado de exaltación. “Hay horas grandes en la vida”, dice, que se
convierten en hermanas y ya no nos abandonan jamás. Esas horas se
refieren al viaje, con carácter de vía iniciática, proyectado con
Diótima y los amigos, a la ciudad de Atenas, que da lugar a una
disquisición sobre la cultura griega. Por su educación y su vida en
democracia, el hombre griego fue semejante a un dios: “Y cuando es un
dios es hermoso” capaz, por tanto, de crear, a su vez, belleza.
Dice la carta:
El
primer hijo de la belleza humana, de la belleza divina, es el arte. En
él se rejuvenece y se perpetúa a sí mismo el hombre divino. Quiere sentirse a
sí mismo, por eso coloca su belleza frente a sí. Así se dio el hombre a
sí mismo sus dioses (....) La segunda hija de la belleza es la
religión. Religión es amor a la belleza.
La trama de las relaciones entre los elementos nombrados que nos permiten hablar de una religión estética son
las que siguen: hombres y dioses son hermanados por Hölderlin en la
belleza. Detengámonos a pensar qué significado puede tener para él el
término belleza. Podríamos pensar, tal vez, en una filiación platónica.
No solamente por la presencia de Diótima, la sacerdotisa y maestra en
los misterios de Eros, que conduce a Sócrates en el diálogo El banquete de
Platón; sino porque tal término parece tener el estatuto de la Idea.
¿Por qué? Porque la “belleza eterna” procrea, sus dos hijos son el arte y
la religión de los griegos. Pero se trataba de una religión sensible,
para sentirse a
sí mismos, dice el texto. Y este aspecto ya no sería platónico, sino
propiamente una añadido de época. En efecto, los románticos consideraban
fundamental el papel que jugaban los sentimientos, frente al
intelectualismo ilustrado. En Kant, por ejemplo, el juicio estético es
un sentimiento y en Schiller, que sigue estos presupuestos kantianos, la
educación de los sentimientos formaba parte de su programa
pedagógico-político-estético de emancipación de la humanidad. Y sabemos
que para Hölderlin este último fue su admirado maestro de juventud. En
este sentido hemos hablado de religión estética o religión sensible como
aquella que cultiva el “amor a la belleza”.
El tiempo vencido por la Esperanza, el Amor y la Belleza
Aceptado, pues, que los griegos fueron
un pueblo poético y religioso, un interlocutor le pregunta a Hiperión
cómo es posible que fuese, a la vez, un pueblo filosófico. No se explica
qué tiene que ver la “fría excelsitud de esa ciencia” (en referencia a
la filosofía) con la poesía. E Hiperión le contesta con convicción que
la poesía es el principio y el fin de la filosofía.
¿Qué
significa esta afirmación? No que la filosofía sea un segundo estadio o
una especie de maduración de la poesía, como si ésta estuviese en un
estado más ingenuo que exigiese un perfeccionamiento gracias a la
reflexión filosófica, y a partir de ese enriquecimiento pudiese
volverse, de nuevo, a la poesía. La explicación hay que buscarla,
creemos, por otras vías, en las palabras de Hiperión-Hölderlin.
Porque... La época de la belleza había sonado entre los hombres, estaba allí en cuerpo y alma, existía lo infinitamente acorde (...) y lo así reconocido darlo como ley en los múltiples dominios del espíritu.
La época de la belleza es,
probablemente una alusión al mito de la “Edad de oro”, pasada y por
venir, al que eran tan afectos los románticos (filósofos de la
naturaleza, poetas, místicos, creadores y pensadores). En todos ellos
presidía un ideal de Armonía y Unidad: “lo infinitamente acorde”. Los
poetas y los filósofos, a los que se refiere el texto, son los que reconocen ( ¿es una alusión el concepto de reminiscencia de
Platón) ese período mítico en que imperaba la belleza, y lo dan a
conocer en “los múltiples dominios del espíritu” (es decir, en la poesía
y la filosofía). Pero los poetas son superiores a los filósofos, porque
no se alimentan como ellos del “seco pan de la razón”, sino que la
desdeñan, porque en secreto se regalan en la sobreabundancia de “la mesa
de los dioses”.
Hölderlin
se alimentó con el néctar y la ambrosía de los celestiales, y al final
de su existencia terrena, cuando firmaba sus aún extraordinarios versos
como “el humilde Scardanelli”, el hombre prosaico ya estaba muerto, pero
cumplió su anhelo sublime de ser siempre poeta, sólo poeta”.
Holderlin en la época en que se consideraba el "Humilde Scardanelli"
Hiperion el personaje.
"Sí,
me refiero a ese personaje extraño, melancólico, pero al mismo tiempo
fuerte y casi heroico que es el personaje puesto en escritura por
Hölderlin, tomando la referencia mítica del personaje Hiperión. Me
parece que es un personaje que no solamente se integra en el gran linaje
de los personajes de las novelas de formación, siguiendo el modelo de
Werther -aunque prefiero a Hiperión- sino que al mismo tiempo Hiperión
concentra sobre él mismo toda una serie de contradicciones que me
parecen muy llamativas.
Goethe
Es por así decirlo el hombre que
esperaba demasiado: el hombre que espera demasiado del amor, el hombre
que espera demasiado de la patria, el hombre que espera demasiado de la
belleza, el hombre que espera demasiado de la revolución, incluso, y en
este caso de la revolución francesa, y que tras esas esperanza
desmesuradas tiene que en cierto modo retrotraerse sobre sí mismo y
sufrir toda la contradicción de comprobar que la existencia, a pesar de
todo, siempre te va marcando unos límites. Para mí Hiperión es el
ejemplo literario puro de una dialéctica entre los límites que marca la
vida y la voluntad de transgredir estos límites, la voluntad de ir más
allá de sus límites. Esa tensión es una tensión agotadora, pero también
puede ser una tensión extraordinariamente creativa. Y creo que en parte
Hölderlin, que vivía en esa tensión, se reflejó de manera especial en su
personaje Hiperión. (Rafael Argullol)
HYPERION. (Comentario crítico de Stefan Zweig)
¿Sabes
lo que lloras? No lloras algo que haya desaparecido en tal o cual año;
no se puede decir exactamente cuándo estaba aún aquí, ni cuándo partió;
sino que estaba aquí, que está aún aquí, está en ti. Tú buscas una época
mejor, un mundo más hermoso.
Hyperion
es el sueño de juventud de Hölderlin; es aquel mundo del "más allá"; es
la patria invisible de los dioses; es, en fin, aquel sueño que él
cobijó tan ardientemente y del cual nunca llegó a despertar en la vida
real. "No hago más que adivinar, sin poder encontrar", dice en el primer
fragmento de Hyperion. Sin experiencia, sin conocer el mundo y hasta
ignorando las formas del arte, empieza Hölderlin a escribir versos de
una vida que no ha vívido todavía. Como todas las novelas de los
románticos, como Ardinghello, de Heinze, Sternbald, de Tieck, y
Ofterdingen, de Novalis, Hyperion es también algo escrito a priori,
antes de toda experiencia; Hyperion es sólo sueño, sólo poesía; sólo un
mundo donde el Poeta se refugia al huir del mundo de la realidad, pues,
en los umbrales del siglo, los idealistas alemanes huyen de la realidad
para refugiarse en la literatura, mientras que al otro lado del Rin
saben interpretar mejor a su maestro Jean Jacques Rousseau. Éstos están
ya cansados de limitarse a soñar en un mundo mejor; ya no esperan, desde
hace tiempo, transformar las cosas del mundo real por medio de la
poesía, sino por la fuerza y por la violencia. Robespierre ha rasgado
sus poesías; Marat ha roto sus novelas sentimentales; Camille
Desmoulins, sus malos versos; Napoleón, su planeada novela al estilo de
Werther, y se disponen todos a transformar el mundo según sus ideales,
mientras que los alemanes se agitan convulsivamente en el
sentimentalismo y en la música; llaman novelas a libros de ensueño o a
diarios de su sensibilidad, pero que nada tienen de concreto y que se
pierden en los límites adonde llegan sus sentimientos entreabiertos, de
forma que un mundo imaginario les oculta el mundo real. Se entregan a
elevados sueños de voluptuosidad espiritual hasta que se agotan sus
sentidos.
Monumento contemporáneo a Holderlin
El triunfo de Jean Paul marca el punto
más elevado de esta clase de novela y el fin de la sentimental, que
había llegado más allá de lo tolerable con obras que eran más música que
poesía, que eran una melodía tocada sobre las cuerdas de la
sensibilidad, tensas hasta el exceso, que eran, en fin, una elevación
pasional del alma hacia la melodía del universo. De todas esas
anti-novelas (perdóneseme esta palabra), de todas esas novelas
emocionales, puras, divinamente juveniles, es Hyperion la más pura, la
más emocionante y la más juvenil. Tiene todo el dulce abandono de un
sueño de juventud, junto con el embriagador ímpetu del genio; es
inverosímil hasta la parodia y al mismo tiempo solemne por el ritmo de
esa marcha hacia el infinito; hay que reflexionar largo tiempo para
poder descubrir todo lo que se ha malogrado por falta de madurez en este
libro encantador, y aún no se puede presumir todo. Pero hay que tener
la valentía (en presencia de una naciente idolatría por Hölderlin,
idolatría que desearía encontrar grandioso hasta lo menos acertado, lo
mismo que en Goethe) de declarar que la naturaleza íntima del genio de
Hölderlin era entonces ajena a lo humano a incapaz, por tanto, de formar
una psicología consistente. "Amigo, no me conozco ni conozco nada de
los hombres, había dicho, lleno de clarividencia. Ahora, en Hyperion,
vemos su intento de crear personajes plásticos, aun cuando él no conoce a
los hombres; describe una esfera (la guerra) que nunca ha visto; pinta
un escenario (Grecia) donde no ha estado nunca; y un tiempo (el
presente) que nunca le ha preocupado. Por eso él, todo pureza, todo
presentimiento, necesita pedir prestado a otros libros lo que quiere
representar. Toma los nombres de otras novelas; las descripciones de
Grecia, de los viajes de Chandler; copia situaciones y figuras de obras
contemporáneas como las copiaría un escolar; la fábula está llena de
reminiscencias; la forma epistolar es imitación; la parte filosófica no
es más que una presentación poética de escritos o conversaciones.
Manuscrito de Hyperion de Holderlin
Nada en Hyperion es propiedad de
Hölderlin (¿por qué no hablar claro?), si no es lo único y más original,
o sea, el monstruoso impulso del sentimiento; un ritmo en la palabra
que nos hace saltar, un ritmo que es reflejo del infinito. En el más
elevado sentido, esa novela no tiene más interés que como música. Pero a
ese libro de ensueños no sólo le falta lo plástico, sino hasta lo
espiritual, y se ha tratado de llamarlo novela filosófica para encubrir
así todo lo que tiene de amorfo, de abstracto y de impreciso. Ernst
Cassirer, con muchos trabajos, ha ido aislando todo lo que Hyperion, ese
conglomerado sonoro, tiene de Kant, de Schiller, de Schelling y de
Schlegel; sin embargo, lo creo un esfuerzo vano, pues la filosofía de
Hölderlín no tiene lazos profundos con ninguna filosofía. Su espíritu
indisciplinado, inquieto, desordenado, que se nutría sólo de la
intuición o de la revelación, no podía nunca asimilar ningún sistema
filosófico; es decir, no podía ordenar coordinaciones de pensamientos
arquitectónicamente; sí, cierta confusión de ideas, paralela a la
confusión de sentimientos que -tenía Kleist, cierta incoherencia del
pensamiento es típica de Hölderlin; aun antes de que llegara a ser, por
su enfermedad, completamente incapaz de coordinar las ideas.
Su espíritu inflamable se encendía por
cualquier chispa aislada que cayera en el barril de pólvora de su
entusiasmo; así la filosofía le era ciertamente útil, pero sólo en
aquello que sirviera a sus fines poéticos, es decir, como fuente de
inspiración. Las ideas sólo le son útiles cuando pueden convertirse en
impulso interior; jamás Hölderlin, cuya potencia intelectual era la
contemplación, tuvo que agradecer nada a las especulaciones teóricas o a
los refinamientos de las escuelas filosóficas. Y si alguna vez le
sirven como motivos de inspiración, las trastoca y las resuelve en
éxtasis y en ritmo; utiliza unas palabras de su amigo Hegel o de
Schelling como Wagner utiliza la filosofía de Schopenhauer en la
obertura de Tristán o en el preludio del tercer acto de Los maestros
cantores; es decir, las transforma en música, en sentimiento o en
exaltación. Su pensamiento es sólo una vía para esa sensibilidad que
lanza al mundo, del mismo modo que el aliento del hombre necesita una
flauta, un instrumento, para que el aire de su pecho, al ser devuelto a
la atmósfera, se haga armonioso. El contenido ideológico de Hyperion
cabría perfectamente dentro de una nuez; de toda su enervadora y
ardiente lírica se desprende, tan sólo, un único pensamiento, y este
pensamiento es, como siempre pasa en Hölderlin, el sentimiento de su
vida: el dualismo inarmónico, el no poder conciliar el mundo externo,
trivial a impuro, con el mundo interior. Reunir el interior y el
exterior en una forma suprema de unidad y de pureza, crear sobre la
Tierra la "teocracia de la belleza", la unidad del Todo, he aquí la
tarea ideal del individuo en particular y de la Humanidad en general: "
Sagrada Naturaleza; eres la misma dentro y fuera de nosotros. No puede
ser muy difícil conciliar lo que está fuera de mí con lo que hay de
divino en mi interior", así reza el joven y entusiasta Hyperion al
preconizar la sublime religión de una comunión universal. En él no se
halla la voluntad fría y verbal de Schelling, sino la voluntad brutal de
Shelley de lograr una comunión con la Naturaleza, o bien la nostalgia
de Novalis por hacer saltar esa tierna membrana que limita nuestro "yo",
para así poderse difundir voluptuosamente en el tibio cuerpo de la
Naturaleza.
En Hölderlin, la única cosa que parece
original, en su aspiración hacia la unidad de la vida, es el mito de una
edad de oro de la Humanidad, en que este estado existía
inconscientemente, como en una Arcadia primitiva, y también su fe
religiosa en una segunda edad de oro de la Humanidad. Lo que una vez
dieron los dioses a los hombres y éstos perdieron en su inconsciencia,
ese estado sagrado, será obtenido de nuevo, después de siglos de rudo
trabajo, a fuerza de espíritu, a fuerza de entusiasmo poético. Los
pueblos han perdido la armonía infantil, y la armonía de los espíritus
será siempre el principio de una nueva historia de la Tierra. Sólo habrá
belleza, y el hombre y el mundo exterior se unirán en un solo abrazo,
formando así una divinidad universal. "Pues de este modo -deduce con
sorprendente inspiración Hölderlin-no habrá para el hombre ningún
ensueño que no corresponda a una realidad. El ideal -nos dice el poeta
es lo que fue en otro tiempo la naturaleza. Así el mundo alciónico debe
de haber existido, pues sentimos nostalgia de él. Y teniendo la
nostalgia, nace en nosotros la voluntad de que resucite ese antiguo
mundo. “Junto a la Grecia histórica, debemos crear otra nueva Grecia: la
del espíritu." Hólderlin, el más grande patriota de esa nueva patria
espiritual, nos da su imagen en sus obras. Por todas partes busca
Hólderlin ese mundo mejor que él ha anunciado: Hölderlin lo ha colocado
en Oriente y en el mar, a fin de que las costas del nuevo reino
aparezcan más pronto a sus claros ojos. El primer ideal de Hyperion (que
es una sombra luminosa de Hölderlin) será la naturaleza que todo lo
abraza en su seno; pero aun así, ésta no puede disipar la melancolía
innata de ese eterno soñador, pues la naturaleza, que es el todo, rehusa
tener una visión fragmentaria. Entonces Hyperion busca esa comunión en
la amistad, pero ésta no logra llenar la inmensidad de su corazón;
después, parece que el amor le concede, al fin, esa sagrada unión, pero
Diotima desaparece y así acaba ese sueño apenas empezado.
Sobre Diotima
Diotima de Mantinea
Hölderlin, en Hyperion, utiliza ese nombre misterioso y magnético que sale de El Banquete
de Platón, y lo utiliza directamente como inspiración de lo eterno
femenino en su obra. A mí Diótima siempre me ha parecido un personaje
muy enigmático, incluso tal como se presenta literariamente en la obra
de Platón, que es como un juego de muñecas rusas, ya que en ésta obra
Platón evoca una reunión que le han contado; a su vez, en esa reunión,
ha habido distintas voces; y al final la voz de Sócrates, las muchas
voces discutiendo sobre Eros, sobre el Amor. Pero Sócrates no habla
sobre la teoría del amor, sino que dice haber sido iniciado por un
personaje realmente enigmático, Diótima. Es la única vez que aparece en
toda la literatura griega una supuesta mujer que era sacerdotisa en
Mantinea, y ya la ciudad en sí misma es muy evocadora porque conlleva mántica,
adivinación: comparten la misma raíz. Nos encontramos con un juego de
sombras en que vamos avanzando desde la narración de Platón a lo que
dice El Banquete, sus
distintas voces y la voz de Diótima trasladada a través de la voz de
Sócrates. Por lo tanto es un personaje que se mueve en unos entresijos
muy interesantes. Además, es el personaje que traslada uno de los
núcleos de la visión platónica de la belleza, ya que en todo El Banquete hay una discusión acerca del significado de Eros.
Diotima y Sócrates
Sócrates da su propia versión, pero
cuando alude a la iniciación que le ha hecho Diótima en los misterios
del amor, alude a un camino que es en principio racional, una escalera
en la que cada uno de los peldaños es racional, y se pasa del amor
físico al espiritual. El último peldaño, el que significa el salto hacia
la belleza en sí misma, es un peldaño completamente mistérico, oscuro, y
es ese peldaño el que Diotima en cierto modo rige, en el cual ella ha
introducido iniciáticamente a Sócrates. Lo que hace Hölderlin con ese
maravilloso personaje es retomarlo y convertirlo en el amor ideal, el
amor romántico ideal de Hyperión que no deja de ser su alter-ego en esa
novela de formación. Hölderlin cierra el círculo iniciado por Platón y
de alguna manera Diotima nos evoca quizá el rasgo más limítrofe, más
enigmático de lo erótico. (Rafael argullol)
Diotima (Después de 1800)
Callas y sufres, no te comprenden,
¡oh noble espíritu! Miras abajo y callas
al claro día, pues vanamente,
bajo el sol buscas los tuyos, hijos
de reyes, que antes como hermanos,
como en los bosques las cimas gemelas,
de amor y patria jubilosos
gozaban al recuerdo de su origen
bajo el abrazo infinito del cielo;
fieles y gratos llevaron sin duda
aun a la sima del Tártaro la alegría,
libres criaturas, hijos de los dioses,
almas henchidas de gracia, y ya extintas;
a ellas en estos años luctuosos
y al cotidiano clamor de estrellas
que fueron, llora nuestro corazón,
y este fúnebre trueno nunca fin habrá.
Mas el tiempo sana. Los seres divinos son fuertes
y raudos. Recobra la naturaleza
su antiguo y alegre dominio
¡Mira, amor! Aun antes de que nuestra colina
se hunda, un canto mortal ha de ver
el día, oh Diotima, que en pos de los dioses
y en pos de los héroes te nombre su igual”.
Ahora
va tras el heroísmo, la lucha por la libertad; pero ese nuevo mundo
ideal queda hecho pedazos ante la realidad, pues la realidad rebaja la
guerra hasta hacerla saqueo, asesinato, brutalidad. El nostálgico
peregrino sigue entonces a sus dioses hacia su patria, pero Grecia ya no
es la Hélade de la antigüedad; una generación descreída profana hoy
aquellos lugares míticos. Por ninguna parte la exaltación de Hyperion
puede encontrar lo absoluto ni la armonía; reconoce su destino terrible,
que es ser vencido, más tarde o más temprano, y presiente la
"incurabilidad del siglo". El mundo está despedazado y se ha hecho
insípido.
Pero el sol del espíritu, el mundo ideal, ha desaparecido, y en la noche glacial sólo reinan huracanes.
Italia y Germania
Entonces,
cediendo a una cólera que no puede dominar, Hölderlin conduce a su
héroe a Alemania, a la Alemania donde el mismo Hölderlin sufre, en su
propia carne, la maldición de no poder encontrar nada de aquella
perfección de la vida, sino que sólo encuentra dispersión, aislamiento y
disolución del todo. Entonces se alza la voz de Hyperion para hacer una
terrible advertencia. Parece como si Hölderlin hubiera ya profetizado
con ello todo el peligro al que conduce Occidente: el americanismo, la
mecanización, la desespiritualización de ese siglo para el que él pedía
la teocracia de la belleza. Nadie, en el tiempo presente, piensa ya más
que en sí mismo; al contrario de los antiguos y de los hombres futuros
que él ha soñado y que formarán unidad con el universo:
Están los hombres como encadenados a su
propia actividad y, en el estruendo de los talleres, sólo oyen su propia
voz. Como salvajes, trabajan incansablemente y con brazo duro, pero su
labor resulta siempre infructuosa, estéril, como la de las Furias.
La independencia de Hölderlin con
respecto al presente se convierte en una declaración de guerra a su
patria, cuando ve que en Alemania no aparece todavía su nueva Grecia, su
Germanía; así que él, que tanta fe tenía en su pueblo, alza su voz de
maldición, que es la maldición más fuerte que ningún alemán haya lanzado
nunca contra su país.
“Es
duro lo que voy a decir, y sin embargo lo digo porque es la verdad: no
puedo figurarme ningún pueblo más desgarrado que los alemanes. Entre
ellos encontrarás artesanos, pero no hombres, pensadores, pero no
hombres, sacerdotes, peo no hombrres, señores y criados, jóvenes y
adultos, pero ningún hombre... ¿No es todo esto como un campo de batalla
donde yacen entremezclados manos y brazos y toda clase de miembros
mutilados, al tiempo que la vertida sangre de la vida se pierde en la
arena?
"Que
cada cual se dedique a sus ocupaciones" me dirás, y yo también lo digo.
Sólo que debe dedicarse con toda el alma, no debe ahogar en sí
cualquier otra fuerza que no concuerde exactamente con su ocupación, no
tiene que ser sólo, con ese miedo miserable, literal e hipócritamente lo
que su título indica, tiene que ser con seriedad y con amor lo que es, y
entonces, en su quehacer vivirá un espíritu, y si se siente oprimido en
una especialidad donde no es posible en absoluto la vida del espíritu,
¡que la rechace con desprecio, y vale más que aprenda a trabajar la
tierra! (...) ¿O no es divino lo que despreciáis y consideráis sin alma?
El aire que bebéis, ¿no es mejor que vuestros chismorreos?; las luces
del sol, ¿no son más nobles que todoso vuestros ingenios?; los
manantiales de la tierra y el rocío matinal que refrescan vuestros
bosques, ¿sois capaces de hacerlos vosotros? ¡Ay, vosotros podéis matar,
pero no dar vida, a menos que lo haga el amor, que no es vuestro, que
no habéis inventado vosotros! Os preocupáis y discurrís para escapar al
destino, y cuando vuestras mañas infantiles no os son de ninguna ayuda,
no lo entendéis; mientras tanto, allá arriba, los astros apacibles
siguen su curso. Envilecéis, desgarráis la paciente naturaleza en
cuantas ocasiones os lo permita, pero ella continúa viviendo en su
eterna juventud, y no podéis suprimir de ella ni el otoño ni la
primavera, no podéis corromper al Éter.”
Él
había partido a la busca del ideal en el universo y ha de huir ahora a
refugiarse en su idealismo: "Ha terminado ya mi sueño sobre las cosas
humanas." Pero ¿adónde huye entonces Hyperion? La novela no lo dice.
Goethe, en el Fausto o en Wilhelm Meister, habría contestado: "A la
acción." Novalis habría dicho: "A la fantasía, al ensueño o a la magia."
Hyperion, que es todo preguntas, no tiene qué contestar. Como lamento
nostálgico, su acento se pierde en el vacío. El hermano que nace,
Empédocles, sabe ya algo más acerca de sublimes huidas; huye del mundo
para refugiarse en la poesía, huye de la vida a la muerte. En Empédocles
se ve ya la ciencia del genio; Hyperion, en cambio, es siempre el
eterno muchacho, el eterno soñador que presiente, pero no encuentra. Un
presentimiento puesto en música: tal es Hyperion, nada más; no es una
obra completa, ni un poema tampoco. Sin recurrir al examen filosófico,
se ve claramente que, en él, los años y la sensibilidad mezclan
caóticamente diferentes sedimentos y que la melancolía del desengaño
convierte en profunda depresión aquel optimismo entusiasta de la
juventud. En la segunda parte de la novela flota como un cansancio
otoñal; aquella luz resplandeciente del éxtasis es ya un crepúsculo que
marcha hacia la noche oscura y empieza a ocultar " las ruinas de
pensamientos que fueron edificados tiempo atrás". En esta obra, como en
las demás, la impotencia del poeta le ha impedido realizar su ideal, es
decir, crear una unidad. La fatalidad sólo le ha permitido crear un
fragmento y su esfuerzo no llega nunca a producir algo terminado por
completo.
Monumento a Hyperion de Holderlin
Hyperion es como un torso de juventud,
un sueño que no ha llegado a su fin, pero toda sensación de imperfección
desaparece totalmente gracias al magnífico ritmo del lenguaje, que
cautiva nuestro entusiasmo por su pureza y fuerza, ya sea en lo que
tiene de exaltación, ya en lo de desaliento. Nada ha producido la prosa
alemana más puro y más lleno que esas oleadas sonoras que no se
interrumpen ni por un segundo; ninguna obra de la poesía alemana tiene
esa continuidad de ritmo, esa armonía tan bellamente desplegada. Pues,
para Hölderlin, la nobleza de su lenguaje era la forma natural de su
aliento, de su voz; era algo fundamental de su propio ser; así que nada
hay de artificial en esa obra, en la que sólo hallamos espontaneidad y
naturalidad, compensándose así la endeblez del fondo, por la
magnificencia de la forma. Todo satisface, todo conmueve en esa prosa
elevada e impetuosa que llena de amplitud las figuras más inverosímiles,
haciéndolas como vivas y posibles. Las ideas, pobres de por sí, se
llenan de un ímpetu tal, que parecen sonar a algo celeste; los paisajes
irreales se desvanecen en la magia de esa música, como visiones de un
sueño de vívidos colores. El genio de Hölderlin viene siempre de lo
inconcebible, de lo inconmensurable; siempre es algo alado que desciende
de un mundo superior hasta nuestra alma, subyugada por el entusiasmo.
Siempre vence él, pobre artista, sin facultades, por su pureza y su
música.
Fragmentos de Hyperion:
"
A ser uno con todo lo viviente, volver en un feliz olvido de sí mismo,
al todo de la naturaleza. A menudo alcanzo esa cumbre...pero un momento
de reflexión basta para despeñarme de ella. Medito, y me encuentro como
estaba antes, solo, con todos los dolores propios de la condición
mortal, y el asilo de mi corazón, el mundo enteramente uno, desaparece;
la naturaleza se cruza de brazos, y yo me encuentro ante ella como ante
un extraño, y no la comprendo. Ojala no hubiera ido nunca a vuestras
escuelas, pues en ellas es donde me volví tan razonable, donde aprendí a
diferenciarme de manera fundamental de lo que me rodea; ahora estoy
aislado entre la hermosura del mundo, he sido así expulsado del jardín
de la naturaleza, donde crecía y florecía, y me agosto al sol del
mediodía. Oh, sí! El hombre es un dios cuando sueña y un mendigo cuando
reflexiona. "
No poseo una sola cosa de la que pueda decir: esto es mío.
Los seres que me son queridos están lejos de mí o han muerto, y ya voz alguna me habla de ellos.
Mis trabajos aquí en la tierra terminado. Los emprendí lleno de ardor, costáronme muchos sudores de sangre con un solo ochavo.
Desconocido
y solitario, vuelvo y vago como en un vasto cementerio por mi patria,
donde tal vez me espera el puñal del cazador para quien los somos, como
la caza de los bosques, un motivo de alegría.
Pero
tú, oh Sol, brillas todavía en el cielo! ¡Y tú Tierra, aún continúas
verdeciendo! Los ríos todavía hacen correr sus aguas hacia el mar, y los
árboles frondosos aún se estremecen a la brisa del mediodía. Los cantos
voluptuosos de la primavera mecen mis sombríos pensamientos. La vida,
que todo lo reanima en el universo, nutre y sacia hasta la embriaguez mi
pobre alma hambrienta.
¡Oh
feliz naturaleza! No sé lo que siento cuando elevo mis miradas hacia
tus bellezas, pero nada me deleita tanto, ¡oh la más amada de las
bienamadas!, como las lágrimas que vierto al contemplarte.
Mi
ser entero calla y escucha cuando el dulce aliento del céfiro me
acaricia el pecho. Mis miradas, perdidas a lo lejos en el azur del
cielo, van del éter a las profundidades de la mar sagrada, y me parece
como si un espíritu familiar me acogiese en sus brazos, como si el dolor
del aislamiento se confundiera con la vida de la Divinidad.
Formar un solo ser con todo lo que vive, ¿no es vivir como los dioses y poseer el cielo en la tierra?
Ser
una sola cosa con todo lo que vive, volver, por un olvido de sí mismo,
al Todo de la Naturaleza, es alcanzar el más alto grado de pensamiento y
de gozo, es estar en la cumbre sagrada de la montaña, en el reposo
eterno, donde la hora última del día pierde su calor abrumador y el
trueno no hace oír ya su voz, donde las aguas ardorosas del mar ondulan
como los trigales bajo la brisa.
Formar
una sola cosa con todo lo que vive, significa que la virtud abandona su
armadura de rigores y la inteligencia humana su cetro, y todos los
pensamientos se borran en presencia de este universo eternamente uno,
como frente a Urania se desvanecen las leyes que ponen trabas al genio
del artista; significa que el destino inexorable abdica su soberanía, y
la Muerte rompe el pacto que la ligaba a todos los seres, y la unión
indisoluble y la juventud eterna embellecen el mundo”.
Schelling, Hegel y Holderlin diseñan el "Programa del Idealismo Aleman"
“He
visto una vez lo único, lo que mi alma buscaba y la perfección que
situamos lejos, más allá de las estrellas que relegamos al final del
tiempo, yo la he sentido presente...¡Estaba aquí, lo más elevado estaba
aquí, en el círculo de la naturaleza humana y de las cosas!
Ya no pregunto donde está; estaba en el mundo, puede volver a él, sólo
que ahora está más oculto en él. Ya no pregunto qué es; lo he visto, lo
he conocido.
“¡Oh vosotros, los que buscáis lo más elevado y lo mejor en la
profundidad del saber, en el tumulto del comercio, en la oscuridad del
pasado, en el laberinto del futuro, en las tumbas o más arriba de las
estrellas! ¿Sabéis su nombre?, el nombre de lo que es uno y todo?
SU NOMBRE ES BELLEZA”...
Espero despertar vuestra curiosidad y desearos una feliz lectura.