It’s been a long way since Earth was created from cosmic dust plus initial energy from the Big Bang left unleashed especially for us by an un-metaphorically cause that still remains undisclosed, un-theological, & humanly grasped. Despite there’s no consensus about such a spectacular phenomenon; body, mind & intelligence remain as lively fate-hunters of what make sense about us that I have to welcome you, Friend, to the Drama of Human Condition in search of the Artist’s Signature.
Thursday, November 3, 2011
Ignoria: Richard Dawkins - La improbabilidad de Dios (1998)...
Ignoria: Richard Dawkins - La improbabilidad de Dios (1998)...: La gente hace muchas cosas en nombre de Dios. Los irlandeses se vuelan los unos a los otros en su nombre. Los árabes ...
Monday, October 24, 2011
Mozart, Hölderlin y las doce variaciones de una cancioncita
Lo tomé de este post: Mozart, Hölderlin y las doce variaciones de una ca...
Se la cataloga como K (o KV) 265 o K (o KV) 265/300e. Su título original sería Zwölf Variationen in C über das französische Lied «Ah, vous dirai-je Maman» (KV 265), que es, más o menos, Doce Variaciones para piano en do mayor sobre la canción francesa «Ah vous dirai-je, Maman». La partitura consta de trece partes, la cancioncita original (ya me dirán si la conocen) y las variaciones I, II, III... hasta la XII. Sólo las variaciones XI y XII tienen indicaciones sobre el tempo (adagio la XI y allegro la XII) y el resto quedan a discreción del pianista. Se publicaron por primera vez en 1785, aunque fueron compuestas, dicen, entre 1781 y 1782.
******************
Se la cataloga como K (o KV) 265 o K (o KV) 265/300e. Su título original sería Zwölf Variationen in C über das französische Lied «Ah, vous dirai-je Maman» (KV 265), que es, más o menos, Doce Variaciones para piano en do mayor sobre la canción francesa «Ah vous dirai-je, Maman». La partitura consta de trece partes, la cancioncita original (ya me dirán si la conocen) y las variaciones I, II, III... hasta la XII. Sólo las variaciones XI y XII tienen indicaciones sobre el tempo (adagio la XI y allegro la XII) y el resto quedan a discreción del pianista. Se publicaron por primera vez en 1785, aunque fueron compuestas, dicen, entre 1781 y 1782.
Años después, la pieza protagonizaría un episodio más bien curioso (si bien irritante) de la vida de Hölderlin.
Johann Christian Friedrich Hölderlin, que así
se llamaba, fue un grandísimo poeta, uno de los más grandes que ha
parido Alemania. Es inseparable del Romanticismo y del idealismo alemán,
que le inspiró y al que inspiró. Como ven, nadie es perfecto, pero aún
así, insisto, escribió grandes poemas y tradujo a Píndaro al alemán,
compartiendo el amor de Goethe y Schiller por Grecia. Fue compañero de
pupitre de Hegel (también es mala suerte) y compañero de clase de
Schelling (lo mismo). Semejante compañía acabaría afectándole (aunque
digan que no), porque se le diagnosticó hipocondría en 1800, lo que hoy vendríamos a clasificar más técnicamente como chaladura.
Declarado mentalmente incapacitado por los tribunales y deshauciado por
el doctor Autenrieth (inventor de la máscara que lleva el personaje
Hannibal Lecter en The Silence of the Lambs), éste lo hechó de
su clínica de Tubinga pronosticándole apenas tres meses de vida y un
estado mental irrecuperable. ¡Qué gran persona, este médico!
Un carpintero de Tubinga, Ernst Zimmer, un
personaje culto que había leído algunos poemas de Hölderlin, se apiadó
de él y le dejó una habitación en lo alto de un torreón desde la cual
contemplar el paisaje del río Neckar los últimos días de su vida. Pero
lejos de diñarla en tres meses, Hölderlin vivió ¡cuarenta años!
en esa habitacioncita de quince metros cuadrados, donde escribió
grandísimos poemas, puso patas arriba la literatura europea y se dedicó a
tocar su espineta (una especie de piano pequeñito) todos los días,
varias veces al día, para desesperación de Zimmer y los demás vecinos.
Porque, he aquí la conexión entre Mozart, Hölderlin y la cancioncita
francesa, Hölderlin sólo sabía tocar las variaciones de Mozart de «Ah, vous dirai-je Maman», ésas que tocaba día tras día, una y otra vez, y otra, y otra...
******************
******************
******************
por
Luis Soravilla
Curiosity
Hölderlin and Version Control
Sometimes he wrote a rough sketch on the lower part of next page that was separated by a continuous line from the rest of the manuscript. As this sketch was worked out, he transferred its contents to the upper part of the page.
This approach was not unusual for the eighteenth century and various versions of it survived into the twentieth century. Thus, I was taught (late fifties, early sixties) to divide every page in a notebook in half by folding it (and then flatten it again). The first draft was to be written on one the right half of the page. The other half was to be used for revisions. What makes Hölderlin's approach remarkable is that he planned for three times the revisions (and apparently used up the space as well). Among other things, this shows that his poetry was not the result of sudden inspiration, but of gradual reworking of the first draft. The editors of the Frankfurt Edition of Hölderlin's work like to speak of "ideal growth."
Whether "ideal" or not, this kind of growth is difficult to see in an electronic text, unless, of course, the author used version control. This may not be a bad thing entirely
Friday, October 21, 2011
EL SEÑOR SCARDANELLI de Pere Gimferrer en Dietario
Para visitar al señor Scardanelli había que ir a casa del carpintero. Un carpintero cultivado, de todos modos; un buen hombre si los hay. El señor Scardanelli vive en una torre, sobre el río Neckar, tutelado por el carpintero. Al llegar a la habitación oís una voz; pero no, no hay nadie de visita: es el señor Scardanelli hablando solo. Cuando llamáis a la puerta, pidiendo permiso para entrar, esa voz os responde en tono resuelto, brusco, casi violento. Pero, en cambio, cuando véis al Bibliotecario (porque Scardanelli, recluido en la torre desde hace treinta años, continúa dándose este título), os encontráis con una silueta frágil, magra, que hace reverencias y se deshace en cumplidos. El señor Scardanelli, el bibliotecario, habla medio en alemán medio en francés, y a veces medio en griego o latín; pasa muchas horas mirando el río y la larga perspectiva de los prados en el horizonte verde y límpido, montañoso; a veces, hace leña con las ramas muertas del ciruelo del jardín; a menudo, toca el clavicémbalo, con elegancia y precisión, pero con el ruido, angustioso y sórdido, de las uñas demasiado largas —que no se deja cortar— rozando las teclas. En detalles como este notamos que el señor Scardanelli está loco.
De vez en cuando alguien le pide unos poemas. El señor Scardanelli improvisa alguna composición muy breve, casi siempre una variación paisajística sobre la armonía entre el hombre y el mundo visible en el curso de las estaciones del año, y firma: «Vuestro humilde servidor, Scardanelli.» Al entregar sus versos al visitante, Scardanelli lo mantiene a distancia mientras lo abruma con títulos hiperbólicos y exageradas muestras de ceremonioso respeto. Lo más impresionante, sin embargo, es el contraste entre la serenidad luminosa de los versos transparentes y seguros y la falta de continuidad —como una disolución interior de la conciencia— en los pensamientos de Scardanelli.
Antes, Scardanelli no se llamaba Scardanelli; se llamaba Hölderlin, y mientras vive encerrado en la torre del carpintero, se van publicando buena parte de las obras, escritas antes, que hacen de él uno de los más grandes poetas del Romanticismo. El precio que ha pagado es, sin embargo, muy alto. A los treinta y un años, Hölderlin escribía a un amigo: «Tengo miedo de que me ocurra como a Tántalo, que recibió de los dioses más de lo que podía digerir.» Es el primer aviso: cuatro años más tarde, un médico dirá que su locura se ha hecho frenética; cinco años más tarde habrá que internarlo. Morirá, dulcemente, a los setenta y tres, sin agonía.
(14 de noviembre)
De vez en cuando alguien le pide unos poemas. El señor Scardanelli improvisa alguna composición muy breve, casi siempre una variación paisajística sobre la armonía entre el hombre y el mundo visible en el curso de las estaciones del año, y firma: «Vuestro humilde servidor, Scardanelli.» Al entregar sus versos al visitante, Scardanelli lo mantiene a distancia mientras lo abruma con títulos hiperbólicos y exageradas muestras de ceremonioso respeto. Lo más impresionante, sin embargo, es el contraste entre la serenidad luminosa de los versos transparentes y seguros y la falta de continuidad —como una disolución interior de la conciencia— en los pensamientos de Scardanelli.
Antes, Scardanelli no se llamaba Scardanelli; se llamaba Hölderlin, y mientras vive encerrado en la torre del carpintero, se van publicando buena parte de las obras, escritas antes, que hacen de él uno de los más grandes poetas del Romanticismo. El precio que ha pagado es, sin embargo, muy alto. A los treinta y un años, Hölderlin escribía a un amigo: «Tengo miedo de que me ocurra como a Tántalo, que recibió de los dioses más de lo que podía digerir.» Es el primer aviso: cuatro años más tarde, un médico dirá que su locura se ha hecho frenética; cinco años más tarde habrá que internarlo. Morirá, dulcemente, a los setenta y tres, sin agonía.
El destino de Hölderlin es una inmolación. Como la locura de Schumann, la de Hölderlin parece la señal suprema de la posesión del hombre por un absoluto demasiado fuerte y que lo cuartea. El individuo extravagante, sometido y exageradamente educado, para quien el mundo se había reducido a las dimensiones de una habitación y al paisaje que le era visible desde la ventana, no desmiente quizá, sino que corrobora, el poeta amplio y visionario de los años de lucidez. Quizá lo que Hölderlin llegó a conocer, al convertirse en Scardanelli, no era sino la síntesis final de lo que buscó, convulsiva y patéticamente, mientras se mantuvo cuerdo. En la paz de la locura vio la otra cara del mundo.
(14 de noviembre)
Sol y Carne [fragmento] de Arthur Rimabud
III
¡Si el tiempo retomara, el tiempo que ya fue...!
––¡El Hombre está acabado, se acabó su teatro!
Y un día, a plena luz, harto de romper ídolos,
libre renacerá, libre de tantos dioses,
buceando en los cielos, pues pertenece al cielo.
¡El Ideal, eterno pensamiento invencible,
ese dios que se agita en la camal arcilla,
subirá, subirá, y arderá en su cabeza!
Y, cuando lo sorprendas mirando el horizonte,
libre de viejos yugos que desprecia sin miedos,
vendrás a concederle la santa Redención
––Espléndida, radiante, del seno de los mares
nacerás, derramando por el vasto Universo
el Amor infinito en su infinita risa:
el Mundo vibrará como una lira inmensa
en el temblor sin límites de un beso repetido.
––¡El Hombre está acabado, se acabó su teatro!
Y un día, a plena luz, harto de romper ídolos,
libre renacerá, libre de tantos dioses,
buceando en los cielos, pues pertenece al cielo.
¡El Ideal, eterno pensamiento invencible,
ese dios que se agita en la camal arcilla,
subirá, subirá, y arderá en su cabeza!
Y, cuando lo sorprendas mirando el horizonte,
libre de viejos yugos que desprecia sin miedos,
vendrás a concederle la santa Redención
––Espléndida, radiante, del seno de los mares
nacerás, derramando por el vasto Universo
el Amor infinito en su infinita risa:
el Mundo vibrará como una lira inmensa
en el temblor sin límites de un beso repetido.
––El Mundo está sediento de Amor: aplácalo.
Complete English version: Soleil et Chair
III
If only the times which have come and gone might come again!
- For Man is finished! Man has played all the parts!
In the broad daylight, wearied with breaking idols
He will revive, free of all his gods,
And, since he is of heaven, he will scan the heavens!
The Ideal, that eternal, invincible thought, which is
All; The living god within his fleshly clay,
Will rise, mount, burn beneath his brow!
An when you see him plumbing the whole horizon,
Despising old yokes, and free from all fear,
You will come and give him holy Redemption!
- Resplendent, radiant, from the bosom of the huge seas
You will rise up and give to the vast Universe
Infinite Love with its eternal smile!
The World will vibrate like an immense lyre
In the trembling of an infinite kiss!
- For Man is finished! Man has played all the parts!
In the broad daylight, wearied with breaking idols
He will revive, free of all his gods,
And, since he is of heaven, he will scan the heavens!
The Ideal, that eternal, invincible thought, which is
All; The living god within his fleshly clay,
Will rise, mount, burn beneath his brow!
An when you see him plumbing the whole horizon,
Despising old yokes, and free from all fear,
You will come and give him holy Redemption!
- Resplendent, radiant, from the bosom of the huge seas
You will rise up and give to the vast Universe
Infinite Love with its eternal smile!
The World will vibrate like an immense lyre
In the trembling of an infinite kiss!
- The World thirsts for love: you will come and slake its thirst.
Complete French version: Soleil et Chair
III
Si les temps revenaient, les temps qui sont venus !
- Car l'Homme a fini ! l'Homme a joué tous les rôles !
Au grand jour, fatigué de briser des idoles
Il ressuscitera, libre de tous ses Dieux,
Et, comme il est du ciel, il scrutera les cieux !
L'idéal, la pensée invincible, éternelle,
Tout ; le dieu qui vit, sous son argile charnelle,
Montera, montera, brûlera sous son front !
Et quand tu le verras sonder tout l'horizon,
Contempteur des vieux jougs, libre de toute crainte,
Tu viendras lui donner la Rédemption sainte !
- Splendide, radieuse, au sein des grandes mers
Tu surgiras, jetant sur le vaste Univers
L'Amour infini dans un infini sourire !
Le Monde vibrera comme une immense lyre
Dans le frémissement d'un immense baiser
- Car l'Homme a fini ! l'Homme a joué tous les rôles !
Au grand jour, fatigué de briser des idoles
Il ressuscitera, libre de tous ses Dieux,
Et, comme il est du ciel, il scrutera les cieux !
L'idéal, la pensée invincible, éternelle,
Tout ; le dieu qui vit, sous son argile charnelle,
Montera, montera, brûlera sous son front !
Et quand tu le verras sonder tout l'horizon,
Contempteur des vieux jougs, libre de toute crainte,
Tu viendras lui donner la Rédemption sainte !
- Splendide, radieuse, au sein des grandes mers
Tu surgiras, jetant sur le vaste Univers
L'Amour infini dans un infini sourire !
Le Monde vibrera comme une immense lyre
Dans le frémissement d'un immense baiser
- Le Monde a soif d'amour : tu viendras l'apaiser.
Tuesday, October 18, 2011
Quino dice:
La vida debería ser al revés!!! Se debería
empezar muriendo y así ese trauma está superado. Luego te despiertas en
una residencia mejorando día a día. Después te echan de la residencia
porque estás bien y lo primero que haces es cobrar tu pensión. Luego en
tu primer día de trabajo te dan un reloj de oro. Trabajas 40 años hasta
que seas bastante joven como para disfrutar del retiro de la vida
laboral. Entonces vas de fiesta en fiesta, bebes, practicas el sexo y te
preparas para empezar a estudiar. Luego empiezas el cole, jugando con
tus amigos, sin ningún tipo de obligación, hasta que seas bebé. Y los
últimos 9 meses te pasas flotando tranquilo. Con calefacción central,
room service etc… Y al final abandonas este mundo en un orgasmo.
Sunday, October 16, 2011
Sunday, October 9, 2011
José Saramago:
La historia de los hombres
es la historia de sus desencuentros con Dios,
ni Él nos entiende a nosotros
ni nosotros lo entendemos a Él.
Friday, September 30, 2011
Gore Vidal Quotes on Religion
1 by Gore Vidal
"The great unmentionable evil at the center of our culture is monotheism. From a barbaric Bronze Age text known as the Old Testament, three anti-human religions have evolved—Judaism, Christianity, Islam. These are sky-god religions. They are, literally, patriarchal—God is the Omnipotent Father—hence the loathing of women for 2,000 years in those countries afflicted by the sky-god and his earthly male delegates. The sky-god is a jealous god, of course. He requires total obedience from everyone on earth, as he is in place not for just one tribe but for all creation. Those who would reject him must be converted or killed for their own good. Ultimately, totalitarianism is the only sort of politics that can truly serve the sky-god's purpose."
—"America First? America Last? America at Last?", Lowell Lecture, Harvard University, 1992
2 by Gore Vidal
I regard monotheism as the greatest disaster ever to befall the human race. I see no good in Judaism, Christianity, or Islam — good people, yes, but any religion based on a single...frenzied and virulent god, is not as useful to the human race as, say, Confucianism, which is not a religion but an ethical and educational system that has worked pretty well for twenty-five hundred years.
- Appendix, At Home, 1988.
"The great unmentionable evil at the center of our culture is monotheism. From a barbaric Bronze Age text known as the Old Testament, three anti-human religions have evolved—Judaism, Christianity, Islam. These are sky-god religions. They are, literally, patriarchal—God is the Omnipotent Father—hence the loathing of women for 2,000 years in those countries afflicted by the sky-god and his earthly male delegates. The sky-god is a jealous god, of course. He requires total obedience from everyone on earth, as he is in place not for just one tribe but for all creation. Those who would reject him must be converted or killed for their own good. Ultimately, totalitarianism is the only sort of politics that can truly serve the sky-god's purpose."
—"America First? America Last? America at Last?", Lowell Lecture, Harvard University, 1992
2 by Gore Vidal
I regard monotheism as the greatest disaster ever to befall the human race. I see no good in Judaism, Christianity, or Islam — good people, yes, but any religion based on a single...frenzied and virulent god, is not as useful to the human race as, say, Confucianism, which is not a religion but an ethical and educational system that has worked pretty well for twenty-five hundred years.
- Appendix, At Home, 1988.
Tuesday, September 27, 2011
The Gates of Dawn by Herbert James Draper
![]() |
| Sometime I just feel unarmed... defenseless... exposed! |
Herbert James Draper, 1864-1920
1900
Oil on canvas, signed
198 x 101 cm
Exhibited: London, Royal Academy of Arts, 1900
Simon Toll, who believes that this painting contains "one of Draper's
most monumental figures," points out that artist "preferred to paint
Greek legends, but in this case he painted Florrie Bird as Aurora, the
Roman Goddess of the Dawn," and he speculates that Ovid's description of
Eos (the equivalent Greek goddess) may have inspired the artist's
treatment of the subject: "far in the crimsoning cast wakeful Dawn threw
wide the shining doors of her rosefilled chambers" (101).Nude study of Aurora
According to Toll, The Gates of Dawn,
which at first glance appears to portray a proud, though thoughtful
beauty, conveys Draper's fascination, even obsession, with destructive
female sexuality:
Aurora is inviting and alluring, magnificently beautiful and proud,
but she is also divinely powerful. Punished by Aphrodite for enticing
Ares, Aurora was condemned to be restless and destructive in her pursuit
of young men. In future years Draper considered painting a scene from
the story of Aurora's love for Tithonus, a mortal granted immortality
without eternal youth, metamorphosed into a grasshopper after his beauty
faded. The discarded roses that litter die floor at Aurora's feet refer
to her inexhaustible passion, and the parasitic bindweed flowers in her
hair also allude to her strangling, obsessive desire. She is like the
sirens: beautiful, erotic, insatiably voracious, and never able to live
happily in the company of men. Aurora was even prepared to hypnotise and
rape her lovers as they slept to satisfy her sexual hunger. Draper's
femmes fatales simultaneously solicit and repel, entice and caution,
desire and despise. [101]
Three observations: First,
if Toll has evidence from the artist's notes or conversations he had
with others, the artist could well have meant the painting to mean that,
but roses can mean many things, including the obvious: roses, like the
dawn, have a fragile evanescent beauty . . . but return in the cycle of
time. Yes, she could be looking for her next victim, but she could also
be looking towards the new day, since she is, after all, the dawn.Second, if Draper "considered painting a scene from the story of Aurora's love for Tithonus, a mortal granted immortality without eternal youth," then he almost certainly drew upon Tennyson's powerful dramatic monologue, "Tithonus."
Third, comparing Draper's preparatory nude study of Florrie Bird with the finished painting, one can observe how much the artist departed from the model for his ideal: he changes (and covers) her awkwatd angular hip and adds a lush round abbdomen that his model did not have. — George P. Landow
References
Toll, Simon. Herbert Draper, 1863-1920: A Life Study. Woodbridge: Antique Collectors Club, 2003.
Monday, September 26, 2011
Un poema de Schiller
El canto de la campana - Friedrich Schiller

"...el maravilloso Canto de la campana, el más religioso, el más humano y el más lírico de todos los cantos alemanes, y quizá la obra maestra de la poesía lírica moderna."
M. Menéndez Pelayo
DAS LIED VON DER GLÖCKE
Johann Christoph Friedrich von Schiller
Firmemente fijado en la tierra, tapiado con obra de ladrillo,
Se alza el molde, de arcilla cocida.
Hoy nacerá la campana.
Mozos de la [fundición], ¡rápido, manos a la obra!.
El sudor ardiente
Deberá correr por la frente
Si la obra debe alabar al maestro
Pero sólo el cielo podrá bendecirla.
La tarea que vamos a acometer
Bien merece unas serias palabras.
Si le acompañan buenas palabras
El trabajo se hará con más brío.
Contemplemos ahora con diligencia
Lo que nuestras débiles fuerzas van a crear:
Hay que despreciar al mal hombre
Que nunca ha reflexionado sobre lo que hace,
Porque lo que adorna al hombre
Aquello por lo que se le dio la razón
Es el poder sentir en lo profundo de su corazón
Lo que hace y crea con sus manos.
Coged leños hechos con el tronco de una pícea,
Y procurad que sean bien secos
Para que la llama, comprimida,
Penetre en la tobera.
Cuando el cobre hierva, ya fundido,
Añadid, raudos, el estaño
A fin de que el denso caldo
Fluya como lo requiere la colada.
Lo que construyan nuestras manos
Con la ayuda del fuego, en el profundo foso de colada,
En su estancia en lo alto del campario
Dará sonora fe de nosotros.
Y todavía perdurará en días lejanos, por venir,
Llegando al oído de muchos hombres,
Afligiéndose con el afligido y
Uniéndose al coro de los oficios divinos.
Lo que aquí abajo el voluble destino
Depare al hombre
Resonará en la corona de bronce,
Quien lo propagará para edificación de todos.
Veo saltar burbujas blancas,
¡Bien! Las masas de metal ya están fundidas.
Mezclad ahora con ellas las sales de potasa,
Que así se acelerará la colada.
Y de espuma
Tiene que estar limpia la aleación,
Para que, siendo puro el metal,
La voz de la campana resuene clara y plena.

Porque es con sonido festivo y alegre
Que ella saluda al recién nacido querido
En los primeros pasos de su vida
Que realiza en brazos del sueño.
En el seno del tiempo, duermen todavía
Sus destinos, los acíagos y los resplandecientes,
Mientras los tiernos cuidados del amor de su madre
Velan su mañana dorada. –
Los años pasan volando, rápidos como flechas.
El chico se separa orgullosamente de la niña
Para precipitarse, impetuosamente, en la vida
Y varear el mundo con su bastón de caminante
Regresa, hecho un extraño, a su hogar,
Para descubrir ante sí,
Como una criatura celestial, la niña, convertida en joven doncella,
Maravillosa, en el esplendor de su juventud,
Con mejillas ruborizadas y recatadas.
Embarga entonces un anhelo desconocido
El corazón del muchacho, vaga solo,
De sus ojos brotan lágrimas y
Rehúye las filas revoltosas de sus hermanos.
Ruborizándose sigue los pasos de la chica,
Se siente feliz cuando ella le saluda.
Busca lo más hermoso que los campos pueden ofrecerle
Para adornar con ello su amor.
¡Oh! Tierno anhelo, dulce esperanza,
la época dorada del primer amor,
Cuando el ojo ve ante sí abierto el cielo
Y el corazón desborda de felicidad.
¡Oh! ¡Ojalá pudiera verdear siempre
Esa bella época del amor joven!

¡Los tubos de ventilación ya se vuelven de color tostado!
Sumergiré esta vara de hierro,
Y si sale recubierta de una capa vidriosa,
Es que habrá llegado el momento de hacer la colada.
¡Ahora!, mozos, ¡Al tanto!
Comprobadme la aleación,
Mirad si lo duro con lo dúctil
Se ha unido, en buena señal.

Pues, donde el rigor con la ternura,
Y lo fuerte con lo débil se hayan unido,
Ahí habrá un buen sonido.
Por ello, el que vaya a atarse para siempre,
¡Que pruebe, antes, si el corazón se aviene al corazón!
La pasión es corta, el arrepentimiento, largo.
La guirnalda virginal juguetea
Con gracia en los rizos de la novia,
Cuando las campanas de la iglesia,
Con claro sonido, llaman invitando al esplendor de la fiesta.
¡Ah! La más hermosa fiesta en la vida de cada uno
También es la que pone fin a la primavera de nuestras vidas.
Con el cinturón, con el velo,
También se rasga la bella ilusión.
¡La pasión huye,
El amor debe permanecer!
Cuando la flor se marchita,
Le llega al fruto el momento de crecer.
Al hombre le corresponde salir
A la vida hostil:
Debe obrar y luchar
Y plantar y producir,
Servirse de ardides y quitar por la fuerza
Debe osar y apostar
Si quiere conquistar la felicidad.
Entonces fluye una abundancia infinita,
El granero se llena con preciosos bienes,
Crecen las estancias, se ensancha la casa,
Y en ella reina
La recatada ama de casa,
La madre de los hijos,
Y gobierna sabiamente
La casa y a los que en ella moran,
Instruye a las hijas,
Y refrena a los chicos.
No dejan de moverse ni un momento
Sus manos laboriosas.
Y con su ordenada mente
Va multiplicando las ganancias.
Y llena de tesoros las arcas fragantes
Y enrolla el hilo alrededor del ronroneante huso,
Y en el ropero de pulcro acabado va atesorando
La lana reluciente, el lino inmaculadamente blanco,
Y da a lo bueno, brillo y esplendor,
Y nunca descansa.

Y el padre, con mirada satisfecha,
Desde la estancia más alta de la casa
Cuenta y recuenta su suerte floreciente,
Contempla los postes de madera de sus cercas, irguiéndose derechos,
Y los llenos recintos de sus pajares y heniles,
Y los graneros, doblándose bajo el peso de la bendición de los campos
Y las suaves olas de los trigales,
Y dice, con palabras llenas de alarde:
„¡Firme como la tierra,
Resistente a la desdicha,
Se alza la magnificencia de mi casa!“
Pero con las fuerzas del destino
No puede alcanzarse un pacto eterno
Y la desdicha se abate, rauda, sobre él.

¡Bien! La colada puede empezar:
La muestra del caldo se ve bellamente dentada;
Pero antes de hacerle fluir,
¡Recemos una pía oración!
¡Destapad, con certero golpe, la piquera!
¡Que Dios proteja el edificio!
Humeantes, caen a chorro las olas de fuego pardo
En el canal de la colada.
Benéfico es el poder del fuego
Cuando el hombre lo vigila y domeña.
Lo que hace, lo que crea
Se lo debe a esta fuerza divina.
Pero esta fuerza, regalo del cielo, se hace aterradora,
Cuando, liberándose de sus cadenas,
Avanza, la hija libre de la naturaleza,
Siguiendo sólo sus propias sendas.
¡Ay del hombre, si, ella, moviéndose a su antojo,
Y creciendo sin ninguna resistencia,
Por las callejuelas concurridas
Va propagando el monstruoso incendio!
Pues los elementos odian
Todo lo que la mano del hombre haya creado.
De las nubes
Brota la abundancia,
Cae la lluvia,
De las nubes, sin elegir a dónde irá,
¡Cae el rayo!
¿La oís gemir en lo alto del campanario?
¡He aquí la tormenta!
Rojo como la sangre
Está el cielo,
¡No es el fulgor del día!
¡Qué alboroto
En las calles!
¡Nubes de vapor se elevan!
Con llama trémula va ascendiendo la columna de fuego,
Avanza por la larga calle,
Creciendo con la fuerza del viento.
Hirviendo, como si saliera de las fauces de un horno,
El aire arde, las vigas crujen,
Caen los postes, vibran las ventanas,
Lloran los niños, las madres corren de un lado para el otro,
Y bajo los escombros,
Gimoteos de animales.
Todo corre, huye, se pone a salvo,
La noche se ilumina como el día;
Llevado por la larga cadena de las manos,
Que compiten, para ser cada cuál la más rápida,
Vuela el cubo de agua, y, formando altos arcos,
Brotan manantiales, chorros de agua.
Se acerca volando la tormenta, aullando
Busca la llama rugiente
Que, crepitante sobre el seco fruto,
Invade los graneros
Y la seca madera de las vigas.
Y la tormenta, como si, con su soplido
Quisiera llevarse consigo, en su huida poderosa,
todo el peso con el que carga la tierra,
Crece, gigantesca,
Hasta lo alto del cielo.
Sin esperanza
Cede el hombre ante la fuerza de los dioses:
Con impotencia ve, y con estupor,
Cómo perecen sus obras.
Devastado por el incendio y abandonado
Está el lugar,
Áspero lecho de salvajes tormentas,
En los desiertos huecos de las ventanas
Habita el espanto
Y las nubes del cielo, desde lo alto
Miran adentro.

Una última mirada
A la tumba
De sus bienes
Echa el hombre –
Y después, con ánimo alegre, toma su bastón de caminante.
Por más que el fuego se lo haya robado todo,
Un dulce consuelo le queda:
Cuenta las cabezas de sus seres queridos
Y, ¡mira!, nadie falta a su recuento.
En la tierra se ha acogido el metal fundido,
Felizmente, el molde se ha llenado como debía.
¿También saldrá bella a la luz,
Haciendo que hayan valido la pena arte y fatigas?
¿Y si la colada ha ido mal?
¿Y si el molde ha reventado?
¡Ay! Mientras todavía nos agarramos a la esperanza,
La desdicha, tal vez, ya nos ha golpeado.
Al oscuro seno de la tierra sagrada
Confiamos la obra de nuestras manos,
Confía el labrador su semilla
Esperando que germine
En mies bendita, según los designios del Cielo.
Una semilla aún más preciosa guardamos
Con duelo y llanto en el seno de la tierra,
Esperando que, levantándose de los ataúdes,
Florezca a un destino más hermoso.
Desde la catedral,
Con toques pausados, llenos de inquietud,
Tañe la campana
Un canto fúnebre.
Sus toques luctuosos acompañan, con gravedad,
A un peregrino en su último viaje.
¡Ay! Es la esposa, la amada,
¡Ay! Es la madre fiel,
A quien el negro príncipe de las sombras
Aparta de los brazos de su esposo,
Del tierno grupo de los hijos
Que ella le dio en la flor de sus años,
A los que vio crecer, junto a su pecho fiel,
Con satisfacción de madre –
¡Ay! Los tiernos lazos que unían la casa
Se han roto para siempre jamás,
Pues ella, la que fuera la madre de la casa,
Mora ahora en el país de las sombras,
Pues falta su fiel gobierno
Ni vela por ellos su preocupación solícita.
En este lugar huérfano reinará
La extraña, vacía de amor.
Hasta que la campana se haya enfriado
Dejad reposar el duro trabajo.
Como el pájaro en el follaje,
Así se divierta cada uno.
A la luz titileante de las estrellas
Libre ya de cualesquiera deberes,
El mozo escucha tocar a vísperas,
Pero el maestro tendrá que proseguir con el duro trabajo.
A lo lejos, en la agreste foresta, el caminante
Aprieta con viveza el paso
Camino de su querida cabaña natal.
Balando regresan
Las ovejas al establo
Y las manadas de vacas,
De ancha frente y pelo lustroso,
Llegan mugiendo,
Al sentir, cercanos ya, sus acostumbrados establos.
Cargado de grano,
Traqueteando pesadamente,
Entra el carro en el granero;
Sobre los haces de espigas,
Descansa la guirnalda
De flores multicolores,
Y los jóvenes segadores
Corren al baile.
Se van apaciguando calle y mercado,
Y los moradores de la casa
Se reúnen alrededor de la cálida llama de la luz,
Mientras las puertas de la ciudad se cierran chirriando.
La tierra se
Cubre de negro,
Pero al seguro ciudadano no le espanta
La noche
Que despierta al horrible malhechor
Porque el ojo de la ley está vigilante.
Orden sagrado, benéfico
Hijo del cielo, que une lo igual
Con alegría, ligereza y libertad,
Que inició la construcción de las ciudades
A las que luego llamó a los salvajes insociables
Que moraban en los campos incultos,
Y entrando en las cabañas de los hombres
Les avezó a costumbres apacibles
Y tejió el más precioso de los lazos:
La necesidad de tener una patria.
Mil manos laboriosas se mueven activas,
Se ayudan mutuamente en alegre unión
Y en este ajetreo fogoso
Se hacen manifiestas todas las fuerzas desplegadas.
Bregan maestro y mozo
Bajo la sagrada protección de la libertad.
Cada uno está contento con su sitio
Y se enfrenta al faccioso que tal cosa desprecia.
El trabajo adorna al ciudadano
Y la prosperidad es la recompensa de su esfuerzo,
Si al rey le honra su dignidad
A nosotros nos honra la laboriosidad de nuestra manos.

Paz preciosa,
Dulce concordia,
¡Quedaos, quedaos
Amigablemente sobre esta ciudad!
¡Que nunca llegue el día
En el que las hordas de la guerra feroz
Recorran desenfrenadas este apacible valle,
En el que el cielo
Al que pinta encantadoramente
El suave rojo del atardecer
Refleje con espanto el salvaje incendio
De pueblos y ciudades!
Rompedme ahora este envoltorio,
Ha cumplido con su propósito,
Para que ojo y corazón puedan regalarse
Con la perfección de esta obra.
Golpead, golpead con el martillo
Hasta que estalle la capa del molde:
Para que la campana resurja a la vida
Debe romperse en añicos el molde.
El maestro sabrá romper el molde
A su debido tiempo, con avezada mano,
Pero, ¡Ay si el metal fundido
Se libera a sí mismo en torrentes ardientes!
Ciego de furia, con el estruendo del trueno,
Revienta el edificio hendido,
Y como si surgiera de las fauces abiertas del infierno
Escupe destrucción e incendio.
Doquiera que reine sin sentido la fuerza bruta
No podrá formarse ninguna estructura:
El bien común no puede prosperar
Cuando los pueblos se liberan a sí mismos.
¡Ay, si en el seno de las ciudades
En silencio se ha ido acumulando la yesca,
Y el pueblo, rompiendo sus cadenas,
Recurre, con espanto, a las armas para ayudarse a sí mismo!
Es entonces cuando la revuelta, tirando de las cuerdas de la campana,
Resuena aullando,
Y, bendecida únicamente para dar de sí sones de paz,
Entona la consigna de la violencia.
¡Libertad! ¡Igualdad! se oye resonar,
El apacible ciudadano corre a las armas,
Las calles se llenan, y los edificios públicos,
Rondan sin rumbo bandas de asesinos,
Y las mujeres se convierten en hienas
Y se divierten con el horror,
Y desgarran con dientes de pantera,
Aún palpitante, el corazón del enemigo.
Ya no hay nada sagrado, se rompen
Todos los lazos impuestos por el temor reverencial,
El bueno cede su sitio al malvado,
Y todos los vicios imperan a sus anchas.
Despertar al león es peligroso,
Mortífero es el diente del tigre,
Pero el más horrible de los horrores
Es el hombre en su locura.
¡Ay de aquellos que presten al irremediablemente ciego
La antorcha celestial de la luz!
Porque ella no le va a iluminar, sólo podrá prender fuego
Y convertirá en cenizas ciudades y países.
¡Dios me ha dado la alegría!
¡Mirad! Cual astro dorado,
De su vaina de arcilla, liso y reluciente,
Se va pelando el corazón de metal.
Desde la corona hasta su boca
Brilla como los rayos del sol,
También los pulcros rótulos de los blasones
Alaban al experto artífice.

¡Entrad!, ¡Entrad!
Mozos todos, cerrad el corro,
Para bendecir, al tiempo que la bautizamos, a la campana:
Concordia sea su nombre,
Y que[, a su son,] la comunidad se reúna, llena de amor,
En la concordia y la comunión de los corazones.
¡Que éste sea, de hoy en adelante, su oficio,
Para el que la ha creado el maestro!
Que la vecina del trueno flote
En la azul bóveda celeste,
Elevándose, alta, por encima de la baja vida terrestre,
A tocar del mundo de las estrellas,
Sea ella una voz que resuene desde lo alto,
Como la hueste reluciente de los astros
Que alaban, en su carrera, a su creador
Y dirigen el año coronado.
Que su boca de metal se dedique
Sólo a lo eterno y serio.
Y que a cada hora, con sus rápidas alas,
Toque fugazmente el tiempo.
Preste su boca al destino
Y ella misma sin compasión, sin corazón,
Acompañe con su vaivén
Las variadas vicisitudes de la vida.
Y del mismo modo que el sonido se va apagando en el oído
Después de resonar poderosamente desde su boca,
Así enseñe que nada permanece,
Y que todo lo terrenal se desvanece.
Ahora, con la fuerza de la soga,
Sacádmela de su fosa,
Para que se eleve hasta el reino del sonido,
Hasta el aire del cielo.
¡Tirad! ¡Tirad! ¡Levantadla!
Ya se mueve, ya flota:
Signifique alegría para esta ciudad,
Paz sea su primer tañido.
Tarragona, enero 2005
Edición:
→ Schillers Werke. Nationalausgabe. Zweiter Band. Teil I: Gedichte in der Reihenfolge ihres Erscheinens (1799-1805) - der geplanten Ausgabe letzter Hand (Prachtausgabe) - aus dem Nachlaß (TEXT). Herausgegeben von Norbert Oellers. Weimar: Hermann Böhlaus Nachfolger, 1983. Pàgines 227-239.
Traductores:
Versos 1-146: → Serap Ermiş, Nora Heidemann, Frances Plówka, y Gemma Rovira Gili.
Versos 147-310: → Alexandra Álvarez Podio, Marko Bliesener y Julia Dorn.
Versos 311-426: → Katharina Busemann, Daniela Lippert y Maria Elena Pàmies i Arribas.
Corrección de la traducción: → Macià Riutort i Riutort.
Ilustraciones: Das Lied von der Glöcke, Ernst E. Oehme
External links
| Wikimedia Commons has media related to: Das Lied von der Glocke |
Monday, September 19, 2011
Wednesday, September 14, 2011
Cruel Insight #756
I'm so sorry my friends but...
War is not an exception as usual is mainstream rule
I'm so sorry my friends but...
Violence is not inhuman rather is just mainstream behavior
I'm so sorry my friends but...
Religion is not a rule of love but a mainstream smartness
War is not an exception as usual is mainstream rule
I'm so sorry my friends but...
Violence is not inhuman rather is just mainstream behavior
I'm so sorry my friends but...
Religion is not a rule of love but a mainstream smartness
A quote by Octavio Paz
En la revista Vuelta, Octavio Paz escribió en 1992 que, "asistimos al crepúsculo de la religión del futuro, sol del progreso. Vivimos el fin de la modernidad y el comienzo de otro tiempo". Sin embargo, olvidamos preguntarle a Don Octavio, ¿qué hay detrás del "otro". A propósito de esto, recorde un poema de Czeslaw Milosz llamado Un Poema para el Fin de la Centuria creo que valdría la pena echarle un vistazo [aquí].
Monday, September 12, 2011
Aftermath of 911: A review.
There was a time in which ideas were unearthed,
Longings were shaped,
Consensus was built,
And dreams were born:
A whole generation was on… and on… However,
At the same time check points were raised,
Comfort was proselytized,
Rebellion was cashed in,
And freedom was turned into a statue.
A whole population became qualified viewers. Moreover,
At the end, future is just a stock,
Flesh and bones are just kidnapped...
Meanwhile, life is just another breath in the wind.
Friday, September 9, 2011
21st Century Expecting Faith
Wednesday, September 7, 2011
Another Poem by Hölderlin
Once gods walked… [Holderlin]
Once gods walked among humans,
The splendid Muses and youthful Apollo
Inspired and healed us, just like you.
And you are to me as if one of the Holy Ones
Had sent me forth into life, and the image
Of my beloved goes with me,
And wherever I stay and whatever I learn,
I learned and gained it from her,
With a love that lasts until death.
Then let us live, you with whom I suffer
And inwardly strive towards better times
In faith and loyalty. For we are the ones.
And if people should remember us both
In years to come, when Spirit again prevails,
They'd say that these lonely ones lovingly
Created a secret world, known to the gods alone.
The earth will take back those concerned
With impermanent things: others climb higher
To ethereal Light who've been faithful
To the love inside themselves, and to the spirit
Of the gods. Thus they master Fate
In patience, hope and quietness.
Vaya Expresión!
| Tamara Rojo as Isadora Duncan — Andrea Comas / Reuters |
besides this amazing photo I leave you with an amazing poem by Hölderlin... Enjoy!
Bread and Wine [Holderlin]
1.
Round about the city rests. The illuminated streets grow
Quiet, and coaches rush along, adorned with torches.
Men go home to rest, filled with the day's pleasures;
Busy minds weigh up profit and loss contentedly
At home. The busy marketplace comes to rest,
Vacant now of flowers and grapes and crafts.
But the music of strings sounds in distant gardens:
Perhaps lovers play there, or a lonely man thinks
About distant friends, and about his own youth.
Rushing fountains flow by fragrant flower beds,
Bells ring softly in the twilight air, and a watchman
Calls out the hour, mindful of the time.
Now a breeze rises and touches the crest of the grove —
Look how the moon, like the shadow of our earth,
Also rises stealthily! Phantastical night comes,
Full of stars, unconcerned probably about us —
Astonishing night shines, a stranger among humans,
Sadly over the mountain tops, in splendor.
2.
The kindness of exalted Night is wonderful, and no one
Knows where she comes from, or what will emerge from her.
Thus she moves the world, and the hopeful minds of humans:
Not even a sage knows what she's up to.
The highest god, who loves you very much, wants it so;
Therefore you prefer reasonable day to the night.
But occasionally a clear eye loves the shadows as well,
And tries to sleep just for pleasure, before it's necessary,
Or a brave person likes to gaze directly into the Night:
Surely it's right to dedicate wreaths and songs to her,
Since she is holy to those who are lost or dead, although
She herself exists totally free in spirit, forever.
But she must grant us oblivion and holy drunkenness,
That in the hesitating interval, in the darkness,
There'll be something for us to hold on to.
She must grant us flowing words, sleepless
As lovers are, and a fuller cup, and bolder life, and
Holy remembrance as well, to stay wakeful at night.
3.
We, masters and apprentices both, hide our hearts
In vain, and repress our enthusiasm for no reason.
For who could stop it, or forbid us our pleasure?
The fire of the gods drives us to set forth by day
And by night. So come, let us look at what is apparent,
And seek what is ours, as distant as it may be!
One thing is certain: a standard always exists, at noon
Or at midnight, common to all of us. But also
To each of us something personal is granted;
Everyone goes and comes where he can.
Thus playful madness may mock mockery itself,
Seizing singers suddenly in the holy night.
Then let's be off to the Isthmus! There, where
The open sea roars at Parnassus, and the snow
Shines around the Delphian cliffs,
There in the land of Olympus, on Cithaeron's peak,
Under the pines, amid vineyards, from which
Thebes and Ismenos roar in the land of Cadmus.
The approaching god comes from there, and points back.
4.
Holy Greece! Home of all the gods — so it's true,
What once we heard when we were young?
A festival hall, whose floor is the ocean, whose tables
Are the mountains — anciently built for a single purpose.
But where are the thrones? Where the temples, the songs,
The vases full of nectar for the pleasure of the gods?
Where are the oracles that shine for miles and miles?
Delphi sleeps, and where does great Fate resound?
Where does Fate suddenly break forth, full of omnipresent
Joy, thundering out of clear air over our eyes?
Father Aether! It called and flew from tongue to tongue
A thousand times, and nobody had to endure life alone.
Shared, such fortune is a joy; exchanged with strangers,
It becomes jubilant. Sleeping, the power of the word grows:
Father! Joyful! The ancient sign resounds, as far it reaches,
Inherited from the elders, striking, creating.
Thus the gods enter; thus the season of the gods falls
From the shadows down to men, shaking the depths.
5.
At first the gods come unperceived. Children try to get
Near them. But their glory dazzles and blinds and
Awakens fear. A demi-god scarcely knows the people
By name, who now approach him with gifts. But their
Courage is great. Their joy fills his heart, and he hardly
Knows what to do with the offerings. He busies himself
And becomes wasteful, and unholy things almost become holy,
Which he touches with a blessing hand, foolishly and kindly.
The gods tolerate it as long as they can, and then in truth
They appear themselves. And people become accustomed
To this fortune, to the daytime, and to the sight of the manifest
Ones, the faces of those formerly called the "One and All,"
Deeply making every silent breast content, and first and alone
Filling every desire. It's the way people are. When something
Good appears, and even when it's a god that provides them
With gifts, they don't see or recognize it. First they have
To get used to it; then they call it their closest possession.
And only then will words of praise arise, like flowers.
6.
And now they prepare in earnest to honor the holy gods.
Everything must really and truly proclaim their praise.
Nothing displeasing to the high ones may come to light.
Idle endeavors aren't proper for the Aether.
Therefore, to stand worthily in the presence of the gods,
Nations rise in splendid order and beautiful
Temples and cities are built, strong and noble, which rise
Above the banks of the waters —but where are they?
Where are the famous, flourishing cities, crowning the festival?
Thebes and Athens are fading. Don't the weapons clash
At Olympus, or golden chariots at the games? Are there
No longer wreaths to decorate the ships of Corinth?
Why are the ancient holy theaters silent?
What happened to the joyful ceremonial dancing?
Why doesn't a god place his sign on a human forehead,
Leaving his mark on the person he has struck?
Or, as gods used to, come comfortingly, and assume human
Shape, then complete and close the festival of the gods?
7.
But friend, we come too late. It's true that the gods live,
But up over our heads, up in a different world.
They function endlessly up there, and seem to care little
If we live or die, so much do they avoid us.
A weak vessel cannot hold them forever; humans can
Endure the fullness of the gods only at times. Therefore
Life itself becomes a dream about them. But perplexity
And sleep assist us: distress and night-time strengthen,
Until enough heroes have grown in the bronze cradle,
With hearts as strong as the gods', as it used to be.
Thundering they arise. Meanwhile I often think it is
Better to stay asleep, than to exist without companions,
Just waiting it out, not knowing what to do or say
In the meantime. What use are poets in times of need?
But you'll say they're like holy priests of the wine god,
Moving from land to land in the holy night.
8.
Some time ago — to us it seems like a long time —
All those who made our lives happy climbed upwards.
The Father turned his face away from people,
And sorrow came rightly upon the earth.
Finally a quiet genius appeared, comforting in a god-like
Way, who announced the end of the day, and disappeared.
The choir of gods left some gifts behind, as a sign
Of their presence and eventual return, which we
May appreciate in our human fashion, as we used to.
That which is superior had grown too great for pleasure
With spirit among men. And to this day no one's strong enough
For the highest joys, although some gratitude survives quietly.
Bread is the fruit of the earth, yet it's blessed also by light.
The pleasure of wine comes from the thundering god.
We remember the gods thereby, those who were once
With us, and who'll return when the time is right.
Thus poets sing of the wine god in earnest, and their
Ringing praises of the old one aren't devised in vain.
9.
Yes, they say rightly that he reconciles day with night,
And leads the stars of heaven up and down forever —
Joyful always, like the boughs of evergreen pine
That he loves, and the wreath he chose of ivy,
Since it endures, and brings a trace of the fugitive gods
Down to the darkness of those who must live in their absence.
What the sons of the ancients foretold of God's children:
Look, it's us, the fruit of Hesperia!
Through humans it is wonderfully and exactly fulfilled;
Let those believe who've examined the matter. But so much
Goes on, yet nothing succeeds: we are like heartless shadows
Until our Father Aether recognizes us and belongs to us all.
Meanwhile the Son, the Syrian, comes down among
The shadows, as torchbearer of the Highest.
Holy sages observe it; a smile shines out from
The imprisoned soul; their eyes thaw in the light.
Titans dream more softly, asleep in the arms of the earth—
Even jealous Cerberus drinks and falls asleep.
-Holderlin
Subscribe to:
Posts (Atom)

