Sunday, August 2, 2015

PAN Y VINO de Friedrich Hölderlin




1

La ciudad reposa en torno; la calle, con luz, se aquieta
y con antorchas ornados se deslizan los carruajes.
Saciados vuelven los hombres al reposo en sus moradas,
sopesa algún pensativo la pérdida y la ganancia
satisfecho en el hogar; ya sin vides y sin flores
descansa en sus tareas el afanoso mercado,
de cuerdas, lejana música se oye desde los jardines,
¿son los sones de un amante o recuerda un solitario
a los perdidos amigos y la juventud ya ida?
Sobre sus lechos fragantes brotan frescos manantiales,
en el aire de la tarde suaves tañen las campanas,
atento al curso del tiempo un sereno da la hora.
La suave brisa reciente las copas del soto agita.
¡Mirad! La sombra de nuestro planeta, la hermosa luna,
viene también en secreto; la soñadora, la noche,
llega grávida de estrellas sin cuidarse de nosotros,
brillando, la sorprendida, entre el hombre forastera,
con tristeza y esplendor sobre la altura del monte.


2

Maravillosa es la gracia de la sublime, y no existe
quien conozca cuándo y qué por su causa le acontece.
Así mueve el mundo y el alma esperanzada del hombre.
Ni siquiera el sabio entiende sus designios, pues que así
lo dispone el dios supremo que a ti, Heinze, te ama tanto,
así, el día pensativo, cual la noche, te es preciado.
A veces ama la sombra la vista clarividente
y, antes que sea preciso, busca los goces del sueño,
o un hombre que es devoto mira la plácida noche.
Sí, oportuno es dedicarle dulces coronas y canto,
pues sacra es para los muertos y para los errabundos
aunque eterna permanezca dentro del más libre espíritu.
Mas, para que en la tiniebla un asidero tengamos,
deberá ella concedernos, al momento de la duda,
la dádiva del olvido y la inspiración divina,
darnos al ardiente palabra, cual los amantes insomne,
una copa rebosante y una vida más osada
y también sacra memoria para velar la noche.


3

Ocultamos vanamente el corazón en el pecho;
en vano, maestros y alumnos, el ánimo controlamos,
pues, ¿quién nos impedirá o prohibirá el contento?
Partamos; un fuego sacro noche y día nos impulsa.
¡Ven, pues! Miremos lo abierto, indaguemos algo propio,
no importa su lejanía, por los confines del mundo.
Algo permanece estable: se trate del mediodía
o sea la medianoche, hay un cannon compartido
y a cada cual se le asigna su medida peculiar;
hacia ella se llega y de ella se vuelve hasta lo posible.
Que se burle de la burla un extravío dichoso.
Cuando en la noche sagrada sobrevenga a los poetas.
¡Ven hasta el Itsmo!, allá, donde ruge el mar abierto,
cabe el Parnaso y rodeado por délficas rocas níveas,
en las tierras del Olimpo, del Citerón en las cumbres,
allí bajo los pinares, bajo los dulces viñedos,
donde el Tebas y el Ismeno cruzan la tierra de cadmo,
de allí viene y hacia allí señala el dios venidero.


4

¡Grecia bienaventurada! ¡Hogar de todos los dioses!
¿Es cierto lo que una vez, cuando jóvenes, oímos?
¡Gozoso aposento! El mar, cual suelo; los montes, mesas;
antaño fuiste erigida para un único destino.
Pero, ¿dónde están los tronos, los templos? ¿dónde los vasos?
¿dónde, colmados de néctar, para los dioses y el canto?
¿dónde alumbran los oráculos que descrifran lo remoto?
¿dónde resuena, si Delfos dormita, la voz del rápido
destino? ¿dónde, jocundo, irrumpe sobre los ojos,
pleno de lo omnipresente y tronado del aire?
"¡Padre Eter!" era el clamor volando de boca en boca:
sin fin. No existe quien haya sufrido la vida solo;
dulce es tal bien compartido y, trocado con extraños,
cambia en júbilo. La ardiente palabra despierta en sueños:
resonando: "¡Padre! ¡alegre!" cual emblema milenario,
es la herencia de los padres: signo creador y certero.
Así vuelven los divinos: desde la sombra de su día
adviene profundamente emotivo entre los hombres.


5

Advienen en el comienzo sin que les reconozca,
y los hijos les porfían, con su luz ciega, la dicha,
y el hombre de ellos recela. Apenas un semidiós
nombrar a aquellos podría que con dones se le acercan.
El ánimo de los dioses vasto es; el pecho del hombre
insuflan con alegrías, bienes que usar sabe apenas;
necio y dadivoso, crea, dilapida y, cuando toca
con mano bendita, casi trueca en santo lo profano.
Los divinos lo toleran; mas, luego, ellos mismos llegan,
reales, y toma el hombre el hábito de la dicha,
y el del día y del mirar a los dioses manifiestos,
al rostro de los nombrados, largo tiempo, Uno y Todo,
que insuflan el hondo pecho mudo con libre abundancia
y aplacan, antes de nada, los inexhaustos deseos.
Así es el hombre. Recibe suerte, y cuando un dios lo atiende
con sus obras no le ve ni podría conocerlo.
Mas si debió sufrir antes, nomina lo que más ama,
y será en ese momento, tan solo en ese momento,
que palabras como flores brotarán para nombrarlo.


6

A los bienaventurados piensa honrar con devoción,
sí, todo debe anunciar ciertamente su alabanza,
no surja nada a la luz que no agrade a los divinos;
nada vaya al Padre Eter intentando con fatigas.
A fin de estar dignamente en presencia de los dioses,
entre sí van ordenándose gloriosamente los pueblos
para construir ciudades y templos de maravilla
alzados en las riberas de los mares y los ríos.
¿Dónde están? ¿dónde florecen las villas más renombradas,
las coronas de la fiesta? Mustia está Tebas, y Atenas.
¿No se escuchan ya los ruidos de las armas en Olimpia?
¿tampoco el de las doradas carrozas para el combate?
¿Y no se coronan ya los bajeles de Corinto?
¿Por qué enmudecen los viejos anfiteatros sagrados?
¿por qué no alegran las danzas de rituales ofrecidos?
¿por qué no signa un divino la frente del favorito,
cual una vez, señalando como antaño al elegido?
O compareció en persona, tomando humana figura,
culminando con consuelo la fiesta de los celestes.


7

¡Tarde llegamos, amigo! Por cierto, los dioses viven,
pero arriba, en otro mundo, por sobre nuestras cabezas.
Sin descanso ahí trabajan y de nosotros parecen
no cuidar; pero vivimos, tanto es lo que nos protegen.
No podría un frágil vaso a menudo contenerlos,
solo a veces tan divina plenitud resiste el hombre.
La vida es un sueño de ellos. Pero el estravío ayuda
cual sueño, y nos fortalecen la necesidad, la noche,
hasta que en cunas de bronce crezcan héroes bastantes
surgiendo con corazones fuertes cual de los celestes.
Descenderán entre truenos. Mientras estoy a su espera,
mejor me parece el sueño que vivir sin compañero;
al persistir indolente no sé qué hacer o decir
luego, ¿para qué poetas en un tiempo de penuria?
Son, dices, cual oficiantes sagrados del dios del vino,
errando por las comarcas bajo la noche sagrada.


8

Pero cuando en un momento, que creemos ya remoto,
ascendieron a la altura los que la vida alegraban,
y el Padre de los humanos su rostro apartó divino,
y se inició con razón el duelo sobre la tierra,
y adivinó apacible genio, celestial consolador,
que anunció el fin de aquél día, desvaneciéndose luego.
Dejó aquel coro celeste determinadas ofrendas
cual signo de su presencia y retorno venidero,
que como antaño nos causan un humano regocijo,
pues la dicha en el espíritu insoportable sería 
para el hombre: héroes no hay que soporten tales goces,
sin embargo, en la quietud vive un reconocimiento.
El pan fruto es de la tierra y es bendito por la luz,
y del tonante proviene el regocijo del vino.
Pues que nos recuerdan ambos a los celestes venidos 
antaño, y que volverán cuando sea el tiempo justo,
con devoción los poetas al dios del vino le cantan
y loas que oye el anciano no pensadas en vano.


9

¡Dícese, pues, que el anciano reconcilía día y noche!,
que a las estrellas del cielo eternamente dirige,
siempre alegre, cual follaje del verde pino que ama,
o cual Corona de yedra que eligió, porque Dionisos
permanece, y el vestigio trae dioses idos 
a quienes, faltos de dioses, yacen bajo las tinieblas.
Mira lo que el canto antiguo vaticina de los hijos 
de dios, Heinze, somos nosotros: el fruto de las Hespérides,
maravilloso y exacto, que maduró entre los hombres.
¡Afírmelo quien lo vio! Bastantes cosas suceden, 
pero pocas dejan huella; sin corazón, sombra somos
hasta que, reconociendo a cada uno, el Padre Eter
sea de todos. En tanto, llega quien porta la antorcha 
el sirio, hijo del altísimo, a las tinieblas bajando.
Lo ven los sabios dichosos: sonreír ilumina
al ánima prisionera y, al hombre que la guarece,
al resplandor de la luz le abre súbito los ojos.
Cuán plácido sueña y duerme el Titán sobre la Tierra
e, incluso, el envidioso Cancerbero, bebe y duerme. 





Separata de la revista «Oráculo» - N° 1, julio de 1980


HÖLDERLIN: Tres poemas bucólicos

 

MITAD DE LA VIDA

Con peras amarillas
y llena de flores silvestres
la tierra pende sobre el lago.
Vosotros, hermosos cisnes
sumergís ebrios de besos la cabeza
en la sagrada sobriedad del agua.

¡Ay de mí! ¿Dónde recogeré flores
en invierno? ¿Dónde
el espejo del sol
y las sombras de la tierra?
Los muros se alzan
mudos y fríos. En el viento
chirrían las veletas.



DECLINA, BELLO SOL

Declina, bello sol; poca atención te prestan
—¡Oh sagrado!—, ni te han reconocido,
porque silenciosamente y sin esfuerzo
sobre todos ellos, tan ocupados, te levantas.

Para mí eres luz amiga que sube y que baja
y así mis ojos te saludan cada día ¡Oh esplendor!
Pues aprendí a venerar en silencio a los dioses
cuando Diótimia purificaba mis sentidos.

¡Oh mensajera del cielo, cómo te escuchaba!
¡Y mis ojos iluminados de reconocimiento
se volvían hacia ti, Diótimia tan amada,
mientras el día se llenaba de oro!

Entonces, más vivo era el murmullo de la fuente,
las flores de la sombría tierra
exhalaron para mí su amoroso aliento,
y sonriente, más allá de las nubes plateadas,
el Éter se inclinaba para bendecirnos.



FANTASÍA DE LA TARDE

Ante su choza, el labriego descansa
a la sombra, mientras humea su modesto fogón.
Y el tañido de la campana del anochecer
acoge, hospitalario, al caminante.

También los lancheros vuelven al puerto.
En lejanas ciudades se apaga, dichoso,
el clamoreo del mercado. La comida
está servida y luce bajo la enramada
para los amigos reunidos.

¿Pero yo, adónde iré? Los mortales viven
del salario y el trabajo, y son felices
alternando labor y descanso.
¿Por qué sólo en mi pecho anida
este aguijón que no descansa nunca?

En el crepúsculo florece una primavera
de innúmeras rosas, y el mundo
se adormece en una paz dorada. ¡Oh, llevadme,
nubes de púrpura, y que en lo alto puedan

fundirse mi amor y mi pena en el aire y la luz!
Pero como espantado por mi loca súplica
el sortilegio se borra. Oscurece. Y yo,
como siempre, solo bajo los cielos.

¡Ven, dulce sueño! Demasiado deseo hay
en mi pecho. Mas tú terminarás por aplacarlo,
juventud. ¡Oh inquieta, oh soñadora!
¡Tras la que viene, calma y serena, la vejez!


Friedrich Hölderlin (1770 - 1843)


"poemas" por Ingeborg Bachmann

Ingeborg Bachmann nace en 1926 en Klagenfurt, Austria. En 1942 escribe la tragedia   Carmen Ruidera, desde allí narraciones, como en 1943, La Cruz de Honditsch; estudia filosofía tras el bachillerato y publica por primera vez,   Die Fähre: La barca 1946. Circunda por entonces el círculo literario de Hans Weigel, empezando a redactar la novela: La ciudad sin nombre; de 1948 data un primer encuentro con P. Celan. Sus primeras narraciones salen en el periódico Wiener Tageszeitung, en 1949. Termina su tesis doctoral sobre la recepción crítica de la filosofía existencial de Martin Heidegger. En 1950, se encuentra con Celan en Paris, viaja a Londres y se contacta con exiliados. Trabaja fuera de su país, escribe ensayos sobre Wittgenstein, Musil, publica el poemario El Tiempo Postergado, en Frankfurt; trabaja para radio Bremen, entrega de emisiones radiales, relatos en 1955. Se instala en Nápoles el 56 tras viaje a EEUU, en donde trabajará luego como directora de la televisión bávara. Publica su segundo libro lírico en 1956, Invocación a la osa mayor. En 1958 se trasladó a Zurcí. Encuentro con Max Frisch. Premio a relatos radiales de los ciegos de guerra en 1959. Discurso de agradecimiento: La verdad es exigible al ser humano [texto poetológico].Ópera de Hans Werner Henze con libreto suyo en 1960. Traduce a Ungaretti, aparece en Surkhamp, Frankfurt. Al año siguiente se publica tomo de narraciones suyo: El trigésimo año en Piper München. Ruptura con Frisch el 62. Es internada en hospital de Zurich. Empieza el proyecto   Todesarten, Tipos de muerte, proyecto narrativo de varias novelas... Franza [la primera]. En octubre del 64   Buechner Preis. El 65 otra opera de Henze: El joven lord lleva libreto suyo, se presenta en Berlin. Firma manifiesto en oposición a la guerra de Vietnam, encuentra en Roma a Anna Ajmatova, le dedica poema. Vuelve a Roma el 68 y recibe Gran Premio de Austria. Comienza Malina. Lovestory, novela película que la hace famosa en los noventa, bestseller en los setenta en Europa, 1971. El 72 publica otra serie de relatos llamada Simultan, por Piper en München. Presenta este trabajo diciendo del escribir que es compulsión, castigo, obsesión. Muere el 73 a raíz de secuelas de un incendio en el que sufre graves quemaduras. En español están traducidos Tiempo Postergado,   Madrid, Cátedra, 1991; Últimos Poemas, Hiperión, Madrid, 1999.

VOSOTRAS, PALABRAS
Para Nelly Sachs, la amiga, la poeta, en veneración

¡Vosotras, palabras, levantaos, seguidme!
y aunque ya estemos lejos,
demasiado lejos, nos alejaremos una vez
más, hacia ningún final.
No aclara.
La palabra
sólo arrastrará
otras palabras,
la frase otras frases.
El mundo así quiere,
definitivamente,
imponerse,
quiere estar dicho ya.
No la digáis.
Palabras, seguidme,
¡que no se vuelva definitiva
–esta ansia del verbo
y dicho y contradicho!
Dejad ahora un rato
que ninguno de los sentimientos hable,
que el músculo corazón
se ejercite de manera diferente.
Dejad, digo, dejad.
Nada, digo yo, susurrado
al oído supremo,
que sobre la muerte no se te ocurra nada,
deja y sígueme, ni dulce
ni amargo,
ni consolador,
no significativamente
sin consuelo
tampoco sin signos–
Y sobre todo, no eso: la imagen
en el tejido de polvo, el retumbar vacío
de sílabas, palabras de agonía.
¡Sin decir nada,
vosotras, palabras!

Bajo la tormenta de rosas
Adonde nos dirijamos bajo la tormenta de rosas,
las espinas iluminan la noche, y el trueno
de las hojas, antes tan silenciosas en los arbustos,
nos sigue ahora muy de cerca.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada
Despedida
La carne, que envejeció muy bien conmigo,
la mano rugosa, que sostuvo fresca la mía,
ha de quedarse sobre el pálido muslo,
rejuvenecerse la carne, por un instante,
para que así venga más rápido el derrumbe en ella,
rápido llegan las arrugas, casi sanas,
y todo sobre la rígida musculatura.
No ser amada. El dolor podría ser aún
mayor, Se siente muy bien, toca a la puerta.
Pero la carne, con su línea abierta en la rodilla,
las arrugadas manos, todo ello sobrevino de noche,
el curtido omóplato, donde ya no crece ningún verde,
donde alguna vez se mantuvo oculto un rostro.
Avejentada en cien años, en un solo día,
El confiado animal fue llevado bajo latigazos
a su armonía preestablecida.
Niños de Julio
Por nuestros propios medios nonatos,
mis niños de julio, las monstruosidades
que se mueven con el pie mutilado, no lo sabemos,
que agitan el muñón, no lo sabemos,
y la cabeza perdida.
Por nuestros propios medios,
perdiendo la cabeza,
mis queridos niños
nada les habría podido enseñar
pero bien alimentados les habría hecho
enamorarse de lo otro, del viento en el aire
Unos miles de ellos en Julio
habría sido siempre Julio
monstruos alimentados
desde mi ternura
que es lo que buscáis vosotros, espectros etéreos
Transformadores del mundo, vosotros me
lo habríais cambiado el mundo
y cambiármelo hasta la muerte por cariño
hasta la muerte para algo otro
Viento en el aire el papel jironeado
que se desgarra, antes que alguno pueda
leer lo que ha sucedido
como se os ha arrancado
de mí, se ha desgarrado el jirón de
papel que no puede sin embargo leer aun nadie.


La noche de los perdidos.
El final del amor

Una luna, un cielo
y el mar obscuro.
Tan sólo eso, y todo obscuro.
Tan sólo eso, porque es de noche.
Y nada humano
entreteje además esa acción efectiva,
Que me reprochas también tú
y semejante amargura
No lo hagas.
Nada mejor hay que yo pudiera conocer
sino amarte, nunca
pensé,
que a través del sudor de la piel
se me haría presente
el […] mundo.

[Sin título]
Observad, amigos ¡acaso no lo veis!
que no lo he sobrevivido ni menos resistido, no lo veis,
que voy hacia adentro, que
para aquél de ahí yo voy hablando por dentro, que
me repliego y desdeño
mi cabello, que embolso mis manos
retiro mi palabra, no lo veis,
observad,
que me marcho, que voy
cayendo, que me entrego,
y grito, porque los locos
buscan tanteando a sus protectores, como
yo a mi guarda.

[Sin título]
Qué difícil es perdonar,
un trabajo muy lento y muy arduo,
del que sola me he ocupado
durante ya muchos años.
El odio me ha enfermado,
me siento deformada, estos abscesos
me prohíben incluso mostrarme
junto a los hombres.
Sólo sé que yo
no puedo odiar más de este modo
ni desear tu muerte,
la cual tampoco deseo,
ni cumpliría yo por mi mano,
He aprendido que la mía
ha de amar a sus enemigos, y
esto es tan simple, pues si no cómo
podrían luego mis enemigos
hacerme más de un mal.
Si se extravía una bala,
si alguien me escupe en a cara,
como ayer, no me guardo pensamientos
contra el amor que me ha sido dado.
Tengo miedo ante el amor
que me has infundido tú,
con la intención más cruel.
Totalmente ajada de cortantes ácidos,
venenos de todo tipo, por el opio,
aturdida por completo en mi destrucción.
Puesto que ya no vivo más en ti,
y muerta me encuentro ya, donde estoy.
Lo que cuentan y persisten son las cúpulas
comen dos veces al día, satisfacen
luego sus necesidades, e
imploran por los medicamentos,
que me han de sumir en un largo sueño.


Cantos durante la huida
Dura legge d'Amor! ma, ben che obliqua,
Servar convensi; però ch'ella aggiunge
Di cielo in terra, universale, antiqua
Petrarca, "I Ttriunfi"
I
La hoja de palma se parte con la nieve,
las escaleras se derrumban,
la ciudad yace tiesa y brilla
en el extraño resplandor de invierno.
Los niños gritan y suben
a la colina del hambre,
comen de la blanca harina
y rezan al cielo.
La rica quincalla invernal,
el oro de las mandarinas,
vuela en las ráfagas salvajes.
Rueda la naranja sanguina.
II
Yo, sin embargo, yazgo solo
encerrado en hielo, lleno de heridas.
Todavía la nieve
no me vendó los ojos.
Los muertos, abrazados a mí,
callan en todas las lenguas.
¡Nadie me ama ni ha agitado
una lámpara para mí!
X
¡Oh amor, que rompiste y tiraste
nuestras cortezas, nuestro escudo,
el cobijo y la herrumbre marrón de años!
¡Oh penas, que pisándolo apagaron nuestro amor,
su fuego húmedo en las partes sensibles!
Llena de humo, sucumbiendo en el humo, la llama se repliega.
XII
Boca que durmió en mi boca,
ojo que vigiló mi ojo,
mano-
y los que me arrasaron, los ojos!
¡Boca que pronunció la sentencia,
mano que me ejecutó!
XV
El amor tiene un triunfo y la muerte tiene otro,
el tiempo y el tiempo de después.
Nosotros no tenemos ninguno.
A nuestro alrededor sólo hundirse de astros. Destellos y silencio.
Mas la canción por encima del polvo después
va a superarnos.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

Currículum Vitae
Larga es la noche,
larga para el hombre
que no puede morir, largamente
se tambalea bajo farolas
su ojo desnudo y su ojo
cegado por el aliento de aguardiente, y el olor
a carne mojada bajo sus uñas
no siempre le aturde, oh dios,
larga es la noche.
Mi cabello no se encanece
porque salí del vientre de las máquinas,
Rosarroja* me untó de alquitrán la frente
y los mechones, habían estrangulado
a su hermana, blanca como la nieve. Pero yo,
el jefe de la tribu, pasé por la ciudad
de diez veces cien mil almas, y mi pie
pisaba las cucarachas del alma bajo el cielo de cuero, del cual
pendían diez veces cien mil pipas de la paz,
frías. Una calma de ángeles
deseé a menudo para mí
y cotos de caza llenos
de los gritos impotentes
de mis amigos.
Con las piernas y las alas abiertas
subía la sabihonda juventud
sobre mí, sobre el estiércol, sobre el jazmín,
hacia las inmensas noches del secreto
de la raíz cuadrada, la leyenda de la muerte
empaña mi ventana cada hora,
dadme euforbia y verted
la risa en mi garganta
de los viejos que nos antecedieron, cuando
caiga yo sobre los infolios
en el sueño vergonzoso,
para que no pueda pensar,
para que juegue con flecos
de los que cuelgan serpientes.
También nuestras madres
soñaron con el futuro de sus maridos,
los vieron poderosos,
revolucionarios y solitarios,
pero después del retiro los han visto encorvados en el huerto
sobre las llameantes malas hierbas,
mano a mano con el fruto charlatán
de su amor. Triste padre mío,
¿por qué callasteis entonces
y no habéis seguido pensando?
Perdido en las cascadas de fuego,
En una noche junto a un cañón
que no dispara, condenadamente larga
es la noche, bajo el esputo
de una luna enfermiza, su luz
biliosa, pasa volando sobre mí
el trineo con la historia
embellecida,
en la vía del sueño de poder (lo cual no impido).
No era que yo durmiese: estaba despierto,
entre esqueletos de hielo buscaba el camino,
volvía a casa, me ceñía el brazo
y la pierna con hiedra y con restos
de sol blanqueaba las ruinas.
Respeté los días festivos,
y sólo si mi pan estaba bendecido
lo comía.
En una época arrogante
hay que pasar de prisa
de una luz a otra, de un país
a otro, bajo el arco iris,
con la punta del compás en el corazón,
tomando la noche por radio.
Abierto de par en par. Desde las montañas
se ven lagos, en los lagos
montañas, y en el armazón de las nubes
se balancean las campanas
de un mundo. Saber de quién
es ese mundo, me está prohibido.
Ocurrió un viernes:
-yo estaba ayunando por mi vida,
el aire chorreaba del zumo de los limones
y la espina estaba clavada en mi paladar¬
entonces saqué del pez abierto
un anillo que lanzado
al nacer yo, cayó en el río
de la noche y se hundió.
Yo volví a lanzarlo a la noche.
Oh ¡si no tuviera miedo a la muerte!
Si tuviera la palabra
(y no la errase)
si no tuviera cardos en el corazón
(y rechazara el sol),
si no tuviera avidez en la boca
(y no bebiera el agua salvaje),
si no abriera el párpado
(y no hubiera visto la cuerda).
¿Están tirando del cielo?
Si no me sostuviera la tierra
hace tiempo que yacería quieta,
hace tiempo que yacería
donde me quiere la noche,
antes de que hinche las narices
y levante su casco
para nuevos golpes,
siempre para golpear.
Siempre la noche.
Y nunca el día.
*Rosarroja y Blancanieves son hermanas en el cuento.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

El tiempo postergado
Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas.
Pues las vísceras de los peces
se han enfriado al viento.
Arde pobre la luz de los altramuces.
Tu mirada rastrea la niebla:
el tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Allí se te hunde la amada en la arena,
sube por su cabello ondeante,
le quita la palabra,
le ordena callarse,
le parece mortal
y dispuesta a la despedida
tras cada abrazo.
No mires hacia atrás.
Átate los zapatos.
Corre los perros de vuelta.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los altramuces!
Vienen días más duros.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada

En la penumbra
De nuevo metemos los dos las manos en el fuego,
tú, para el vino de la noche largamente embodegada,
yo, para la fuente de la mañana, que desconoce los lagares.
Aguarda el fuelle del maestro, en quien confiamos.
Al sentir el calor de la preocupación, el soplador se acerca.
Se va antes de que amanezca, viene antes de que llames, es viejo
como la penumbra en nuestras tenues cejas.
De nuevo, él prepara el plomo en caldera de lágrimas,
a ti, para un vaso -se trata de celebrar lo desaprovechado-,
a mí, para el pedazo lleno de humo -este se vacía sobre el fuego.
Así avanzo hasta ti y hago sonar las sombras.
Descubierto está quien ahora vacile,
descubierto, quien haya olvidado el dicho.
¡Tú no puedes ni quieres saberlo,
tú bebes del borde, donde está fresco,
y como antaño, bebes y permaneces sobrio,
a ti aún te crecen cejas, a ti aún te contemplan!
Pero yo ya aguardo el momento
en amor, a mí se me cae el pedazo
en el fuego, a mí se me convierte en el plomo
que era. Y detrás de la bala
estoy yo, tuerta, segura del blanco, delgada,
enviándola al encuentro de la mañana.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada



Explícame, amor
Tu sombrero se levanta despacio, saluda, y vuela al viento,
tu cabeza desnuda enamora a las nubes,
tu corazón tiene que hacer en otra parte,
tu boca asimila lenguas nuevas,
la hierba tembladera menudea por aquí,
el verano apaga y enciende los ásteres con un soplo,
ciego por los copos levantas el rostro,
ríes y lloras y te hundes en ti,
qué más ha de ocurrirte -
¡Explícame, amor!
El pavo con solemne asombro hace la rueda,
la paloma levanta su collar de plumas,
el aire se dilata repleto de arrullos,
grita el ánade, el país entero
se sirve de la miel silvestre, también en el sereno parque
los arriates están enmarcados con un polvo dorado.
El pez se ruboriza, adelanta a la bandada
y se precipita entre grutas al lecho de coral.
Al son de la música de la arena plateada baila tímido el escorpión.
El escarabajo huele de lejos a la más espléndida;
¡si yo tuviera sus sentidos, notaría también
que brillan alas bajo el caparazón de ella,
y tomaría el camino del fresal lejano!
¡Explícame, amor!
El agua sabe hablar,
la ola toma a la ola de la mano,
en la viña el racimo se hincha, salta y cae.
¡Cuán confiado sale el caracol de su casa!
¡Una piedra sabe conmover a otra!
Explícame amor, lo que no sé explicar:
¿trataré durante este tiempo corto y hostil
únicamente con pensamientos y sólo yo
no conoceré ni haré nada afectuoso?
¿Tiene uno que pensar? ¿No le echarán de menos?
Dices: otro espíritu cuenta con él...
No me expliques nada. Veo a la salamandra
pasar por todos los fuegos.
Ningún horror la persigue y nada le causa dolor.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
Invocación a la Osa Mayor
Osa Mayor, baja, hirsuta noche,
animal de piel de nubes con ojos viejos,
ojos de estrellas,
por la espesura irrumpen relucientes
tus patas con las garras,
garras de estrellas,
mantenemos despiertos los rebaños,
pero encantados por ti, desconfiamos
de tus flancos cansados y de tus dientes
agudos y semidescubiertos,
vieja osa.
Una piña: vuestro mundo.
Vosotros: sus escamas.
Yo la muevo, la hago rodar
desde los abetos del principio
hasta los abetos del final,
la resoplo, la pruebo en la boca
y la agarro con las zarpas.
Ya tengáis miedo o no lo tengáis,
pagad en la limosnera y dadle
al ciego una buena palabra,
para que sostenga a la osa de la correa.
Y sazonad bien los corderos.
Podría ser que esta osa
se soltara, no amenazara ya más
y corriera tras todas las piñas caídas
de los abetos grandes y alados
que cayeron del paraíso.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
Nueva
Sale del atrio celestial templado de cadáveres el sol.
No están allí los inmortales,
sino los caídos en batalla, oímos.
Y el esplendor no repara en la putrefacción. Nuestra deidad,
la Historia, nos ha dispuesto una sepultura
de la que no hay resurrección.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada



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Pero adónde vamos
no te preocupes no te preocupes
cuando oscurece y cuando viene el frío
no te preocupes
pero
con música
qué debemos hacer
alegre y con música
y pensar
alegre
cara a un final
con música
y adónde llevamos
mejor
nuestras preguntas y el escalofrío de todos los años
a la lavandería de sueños no te preocupes no te preocupes
pero qué ocurre
mejor
cuando sobreviene
un silencio de muerte.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

Salmo
1
¡Callad conmigo, como callan todas las campanas!
En la placenta de los horrores
buscan las sabandijas alimento nuevo.
Públicamente, cuelga los Viernes Santo una mano
en el firmamento, le faltan dos dedos,
y no puede jurar que todo,
todo, no haya sido y que nada
será. Se hunde en las nubes pardas,
arroba a los nuevos asesinos
y sale absuelta.
De noche, sobre esta tierra,
forzar ventanas, darle para atrás a las sábanas,
que quede al descubierto el embozo de los enfermos,
una llaga llena de alimento, infinitos dolores
para todos los gustos.
Enguantados contienen los carniceros
el aliento de los desembozados,
la luna en la puerta cae al suelo,
no recojas los fragmentos, la cinta de la que colgó...
Todo estaba preparado para la extremaunción.
(El sacramento no puede llevarse acabo).
2
Qué vanidad de vanidades.
Arrastra una ciudad hasta ti,
levántate del polvo de esa ciudad,
toma posesión de un cargo
y enmascárate
para no ser desenmascarado.
Cumple las promesas
delante de un espejo ciego en el aire,
delante de una puerta cerrada en el viento.
Intransitados están los caminos sobre la pared a plomo del cielo.
3
Oh ojos, que la tierra, almacén solar, quemó,
con la carga de lluvia de todos los ojos cargados,
cubiertos ahora de hilos, de telas
hiladas por las arañas trágicas
del presente ...
4
En la cuenca de mi mudez
pon una palabra
y levanta grandes bosques a ambos lados,
que mi boca
entera quede en la sombra.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada




Sombra rosas sombra
Bajo un cielo extraño
sombra rosas
sombra
sobre una tierra extraña
entre rosas y sombra
dentro de un agua extraña
mi sombra
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
 
Sólo cosas sombrías
Como Orfeo, toco
en las cuerdas de la vida la muerte,
y ante la belleza de la tierra
y de tus ojos, que administran el cielo,
sólo sé decir cosas sombrías.
No olvides que también tú, de pronto,
aquella mañana, cuando tu lecho
todavía estaba húmedo de rocío y el clavel
dormía junto a tu corazón,
viste el río oscuro
pasar a tu lado.
La cuerda del silencio,
tensada sobre la ola de sangre,
puso manos en tu corazón sonante.
Transformado quedó tu rizo
en la cabellera de sombras de la noche,
los copos negros de las tinieblas
nevaron tu semblante.
Y mi lugar no está a tu lado.
Ahora nos lamentamos los dos.
Pero como Orfeo, sé
junto a las cuerdas de la muerte la vida,
y en mí reverbera el azulado
de tu ojo por siempre cerrado.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada

Temprano mediodía
Silencioso verde a el tilo en el verano inaugurado,
muy apartada de las ciudades tiembla
el brillo opaco de la luna diurna. Ya es mediodía,
ya se agita en la fuente el chorro,
ya se alza bajo el destrozo
el ala maltratada del pájaro de fábula,
y la mano, desfigurada por tirar la piedra,
cae en el despertar del trigo.
Donde el cielo de Alemania ennegrece la tierra,
busca su ángel decapitado una tumba para el odio
y te entrega el cuenco del corazón.
Un puñado de dolor se pierde sobre la colina.
Siete años más tarde
te acuerdas nuevamente,
junto a la fuente, ante la puerta,
no mires demasiado profundamente,
se te saltarán los ojos.
Siete años más tarde,
en casa de amortajado,
apuran los ayer verdugos
el vaso dorado.
Se te hundirían los ojos.
Ya es mediodía, en las cenizas
dobla el hierro, sobre el mandril
está izada la bandera, y sobre la roca
del sueño ancestral, queda de aquí en adelante
forjada el águila.
Solo la esperanza, aquejada de ceguera, está acurrucada bajo la luz.
¡Rompe sus cadenas, guíala
ladera abajo, ponle
la mano sobre los ojos, que no la
abrase ninguna sombra!
Donde la tierra de Alemania ennegrece el cielo,
busca la nube palabras y llena el cráter de silencio
antes de que el verano las perciba bajo la llovizna.
Lo inexplicable recorre, en voz baja, el país:
ya es mediodía.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada

Todos los días
Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inconcebible
se ha hecho cotidiano. El héroe
permanece alejado de los combatientes. El débil
ha avanzado hasta las zonas de fuego.
El uniforme de diario es la paciencia,
la condecoración, la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.
Se concede
cuando ya no pasa nada,
cuando el fuego nutrido ha enmudecido,
cuando el enemigo se ha hecho invisible,
y la sombra del armamento eterno
oscurece el cielo.
Se concede
por abandonar las banderas,
por el valor ante el amigo,
por revelar secretos indignos
y desacatar
toda orden.
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada

Toma de tierra
Llegué a las dehesas
cuando ya era de noche,
olfateando en los prados la hierba
y el viento antes de levantarse.
Ya no pastaba el amor,
las campanas se habían extinguido
y los haces de hierba endurecido.
En el suelo había un cuerno clavado
por el obstinado animal de guía
hundido en la oscuridad.
Lo saqué de la tierra,
lo alcé al cielo
con todas mis fuerzas.
Para llenar este país
del todo con sonidos
toqué el cuerno,
dispuesto a vivir en el viento venidero
y bajo los tallos ondeantes
de cualquier procedencia.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García

Una especie de pérdida
Usados en común: estaciones del año, libros y una música.
Las llaves, los boles de té, la panera, sábanas y una
cama.
Un ajuar de palabras, de gestos, traídos, empleados,
gastados.
Un reglamento de casa observado. Dicho. Hecho. Y
siempre alargada la mano.
De inviernos, de un septeto vienés y de veranos me he
enamorado.
De mapas, de un poblacho de montaña, de una playa y de una cama.
Con fechas he hecho un culto, promesas he declarado
irrevocables,
he adornado un algo y he sido devota delante de una nada,
(-de un periódico doblado, de las cenizas frías, del
papel con un apunte)
impávida ante la religión, porque la iglesia era esta cama.
De la vista de un lago surgió mi pintura inagotable.
Desde el balcón había que saludar a los pueblos, mis
vecinos.
Junto al fuego de la chimenea, en la seguridad, mi
cabello tenía su color más intenso.
La llamada a la puerta era la alarma para mi alegría.
No te he perdido a ti,
sino al mundo.
De "Invocación a la Osa Mayor" Ediciones Hiperión 2001
Versión de Cacilia Dreymüller y Concha García
Vuelo nocturno
Nuestro campo es el cielo,
arado con el sudor de los motores,
frente a la noche,
bajo la intervención del sueño.
Soñado sobre calvarios y piras,
bajo el tejado del mundo, cuyas tejas
se ha llevado el viento -y ahora, lluvia, lluvia, lluvia
en nuestra casa y en los molinos
los ciegos vuelos de los murciélagos.
¿Quién vivía allí? ¿Quién tenía límpidas las manos?
¿Quién resplandecía en la noche,
fantasma a los fantasmas?
Al abrigo del plumaje de acero, interrogan
instrumentos el espacio, relojes y escalas,
la maleza de nubes, y roza el amor
el lenguaje olvidado de nuestro corazón:
corto y largo largo... Durante una hora
bate granizo el tímpano del oído,
que, desafecto a nosotros, escucha y distorsiona.
No ha desaparecido el sol ni la tierra,
solo se han movido como astros, irreconocibles.
Nos hemos remontado de un puerto
en que no cuenta el retorno,
ni la carga ni la pesca.
Las especias de la India y las sedas del Japón
les pertenecen a los comerciantes,
como los peces a las redes.
Pero se percibe un olor
que se anticipa a los cometas,
y el tejido del aire
desgarrado por el cometa caído.
Llámalo estado de los solitarios
en que se lleva a cabo el asombro.
Nada más.
Nos hemos remontado, y los conventos están vacíos
desde que toleramos, una orden, que no salva ni enseña.
Actuar no es asunto de los pilotos. Tienen la vista fija
en las bases y extendido sobre las rodillas
el mapa de un mundo al que nada hay que añadir.
¿Quién vive ahí abajo? ¿Quién llora...?
¿Quién pierde la llave de la casa?
¿Quién no encuentra su cama, quién duerme
sobre los umbrales? ¿Quién, cuando llega la mañana,
se atreve a interpretar la estela de plata: mirad, por encima de mí...?
Cuando el agua impulsa de nuevo la rueda del molino,
¿quién se atreve a recordar la noche?
De "El tiempo postergado" Ediciones Cátedra S. A. 1991
Versión de Arturo Parada

Richard Dehmel

RICHARD DEHMEL


"El deseo es vida; su consecución, muerte"
Richard Dehmel
Wendisch-Helmsdorf-Alemania, 1863-1920

NOCHE TRANSFIGURADA
(Verklarte Nacht)
Dos personas caminan por un desolado,frío bosque;
La luna las acompaña, y ellas la observan.
La luna pasea por los altos robles;
ninguna nube opaca la luz del cielo,
donde negras cimas se extienden.
La voz de una mujer dice:
He dado a luz un niño, pero no es tuyo,
camino a tu lado en el pecado.
Cometí una grave ofensa contra mi misma.
No creí más que podría ser feliz
pero todavía tengo un fuerte anhelo
por algo que diese sentido a mi vida
y la felicidad y el deber de ser madre;
así me atreví,
así dejé que mi sexo se estremeciera,
ser tomado por un hombre extraño.
Ahora la vida tiene su venganza:
ahora que a ti , oh! a ti, te he encontrado.
Ella camina con pasos desarticulados.
Ella contempla la cima; la luna se acerca.
Su mirada sombría se ahoga en la luz.
La voz de un hombre dice:
El niño que has concebido,
no debe ser oprimido por tu alma,
oh mira, como claramente el universo resplandece!
Hay gloria alrededor de Todos;
Tú conmigo a la deriva en un mar frío,
pero un calor peculiar vibra
de ti en mi, de mi en ti.
Transformará a la extraña criatura,
Tú lo concebirás para mi, de mi;
Tú has traído la gloria hasta mi,
Tú me has convertido en un niño.
Él la toma de sus fuertes caderas.
Su aliento se besa en el aire.
Dos personas caminan por una imponente, clara noche.
Richard Dehmel Escritor y poeta alemán. Dehmel está considerado uno de los más importantes poetas alemanes de preguerra. Sus poemas han estado musicados por compositores de la categoría de Richard StraussMax RegerArnold SchönbergAnton Webern y Kurt Weill, o bien han inspirado su música. El tema principal de su obra poetica es "el amor y el sexo", que usó como fuerza capaz de romper los prejuicios de las clases medias.

Transfigured Night (Verklärte Nacht)

Two people walk through a bare, cold grove;
The moon races along with them, they look into it.
The moon races over tall oaks,
No cloud obscures the light from the sky,
Into which the black points of the boughs reach.
A woman’s voice speaks:

I’m carrying a child, and not yours,
I walk in sin beside you.
I have committed a great offense against myself.
I no longer believed I could be happy
And yet I had a strong yearning
For something to fill my life, for the joys of
Motherhood
And for duty; so I committed an effrontery,
So, shuddering, I allowed my sex
To be embraced by a strange man,
And, on top of that, I blessed myself for it.
Now life has taken its revenge:
Now I have met you, oh, you.

She walks with a clumsy gait,
She looks up; the moon is racing along.
Her dark gaze is drowned in light.
A man’s voice speaks:

May the child you conceived
Be no burden to your soul;
Just see how brightly the universe is gleaming!
There’s a glow around everything;
You are floating with me on a cold ocean,
But a special warmth flickers
From you into me, from me into you.
It will transfigure the strange man’s child.
You will bear the child for me, as if it were mine;
You have brought the glow into me,
You have made me like a child myself.

He grasps her around her ample hips.
Their breath kisses in the breeze.
Two people walk through the lofty, bright night.




Verklärte Nacht

Zwei Menschen gehn durch kahlen, kalten Hain;
der Mond läuft mit, sie schaun hinein.
Der Mond läuft über hohe Eichen;
kein Wölkchen trübt das Himmelslicht,
in das die schwarzen Zacken reichen.
Die Stimme eines Weibes spricht:

Ich trag ein Kind, und nit von Dir,
ich geh in Sünde neben Dir.
Ich hab mich schwer an mir vergangen.
Ich glaubte nicht mehr an ein Glück

und hatte doch ein schwer Verlangen
nach Lebensinhalt, nach Mutterglück

und Pflicht; da hab ich mich erfrecht,
da ließ ich schaudernd mein Geschlecht
von einem fremden Mann umfangen,
und hab mich noch dafür gesegnet.
Nun hat das Leben sich gerächt:
nun bin ich Dir, o Dir, begegnet.

Sie geht mit ungelenkem Schritt.
Sie schaut empor; der Mond läuft mit.
Ihr dunkler Blick ertrinkt in Licht.
Die Stimme eines Mannes spricht:

Das Kind, das Du empfangen hast,
sei Deiner Seele keine Last,
o sieh, wie klar das Weltall schimmert!
Es ist ein Glanz um alles her;
Du treibst mit mir auf kaltem Meer,
doch eine eigne Wärme flimmert
von Dir in mich, von mir in Dich.
Die wird das fremde Kind verklären,
Du wirst es mir, von mir gebären;
Du hast den Glanz in mich gebracht,
Du hast mich selbst zum Kind gemacht.

Er faßt sie um die starken Hüften.
Ihr Atem küßt sich in den Lüften.
Zwei Menschen gehn durch hohe, helle Nacht. 
© by owner. Added by volunteers for educational purposes and provided at no charge. Dmca

Saturday, August 1, 2015

MONOLOGO DE NOVALIS


Es una cosa ciertamente extraña el hablar y el escribir; el verdadero diálogo es un mero juego de palabras. Es de admirar el ridículo error de que la gente crea que habla para decir las cosas. Precisamente lo propio del lenguaje, que sólo se preocupa de sí mismo, no lo sabe nadie. Por eso es un misterio tan maravilloso y fecundo que cuando uno habla sólo por hablar, justamente entonces, exprese las verdades más espléndidas y originales. Quiere, sin embargo, hablar de algo determinado, y el caprichoso lenguaje consigue que diga las cosas más ridículas y equivocadas. De ahí proviene también el odio que mucha gente seria siente contra el lenguaje. Nota su petulancia, pero no nota que aquel charlar que desprecian es la cara infinitamente seria del lenguaje. Si se pudiera hacer comprender a la gente que el lenguaje es como las fórmulas matemáticas – constituyen un mundo en sí – sólo juegan consigo mismas, no expresan otra cosa que su maravillosa naturaleza, y precisamente por eso son tan expresivas – y por eso se refleja en ellas el singular juego de relaciones de las cosas. Sólo por su libertad son miembros de la naturaleza y sólo en sus movimientos libres se manifiesta el alma del mundo y las convierte en una delicada medida y compendio de las cosas. Lo mismo sucede con el lenguaje – quien posea un fino sentido de su digitación, su compás, su espíritu musical, quien perciba el delicado efecto de su naturaleza interior, y mueva según éstos su lengua o su mano, llegará a ser un profeta, por el contrario, quien lo sepa, pero no tenga oído ni sentido suficiente, escribirá verdades como ésta, pero el lenguaje mismo le engañará y los hombres se burlarán de él como los troyanos hicieron con Casandra. Si con ello creo haber indicado de la forma más clara la esencia y la función de la poesía, sé que ningún hombre puede entenderlo y que he dicho una tontería, porque he querido decirlo y de esta forma no surge poesía. Pero ¿y si tuviera que hablar? ¿Y si este instinto del lenguaje que me hace hablar fuese la marca de la inspiración y los efectos del lenguaje en mí? ¿Y si mi voluntad sólo quisiera todo aquello que debe; así podría esto ser finalmente, sin yo saberlo ni creerlo, poesía y hacer comprensible un misterio del lenguaje? ¿Y así yo sería un escritor porque el destino me ha llamado, pues un escritor no es otra cosa que alguien poseído por el entusiasmo y el espíritu del lenguaje?
 
Novalis, Monólogo, Estudios sobre Fichte y otros escritos, R. Caner-Liese, Madrid, Ediciones Akal, 2007
Read in German
 
 

Novalis: Monologue

 

The excellent piece on Novalis in this week’s TLS quoted a bit of his brilliant Monolog, and it’s short enough I figured I’d just post the whole thing here:
Speaking and writing is a crazy state of affairs really; true conversation is just a game with words. It is amazing, the absurd error people make of imagining they are speaking for the sake of things; no one knows the essential thing about language, that it is concerned only with itself. That is why it is such a marvellous and fruitful mystery – for if someone merely speaks for the sake of speaking, he utters the most splendid, original truths. But if he wants to talk about something definite, the whims of language make him say the most ridiculous false stuff. Hence the hatred that so many serious people have for language. They notice its waywardness, but they do not notice that the babbling they scorn is the infinitely serious side of language. If it were only possible to make people understand that it is the same with language as it is with mathematical formulae – they constitute a world in itself – their play is self-sufficient, they express nothing but their own marvellous nature, and this is the very reason why they are so expressive, why they are the mirror to the strange play of relationships among things. Only their freedom makes them members of nature, only in their free movements does the world-soul express itself and make of them a delicate measure and a ground-plan of things. And so it is with language – the man who has a fine feeling for its tempo, its fingering, its musical spirit, who can hear with his inward ear the fine effects of its inner nature and raises his voice or hand accordingly, he shall surely be a prophet; on the other hand the man who knows how to write truths like this, but lacks a feeling and an ear for language, will find language making a game of him, and will become a mockery to men, as Cassandra was to the Trojans. And though I believe that with these words I have delineated the nature and office of poetry as clearly as I can, all the same I know that no one can understand it, and what I have said is quite foolish because I wanted to say it, and that is no way for poetry to come about. But what if I were compelled to speak? What if this urge to speak were the mark of the inspiration of language, the working of language within me? And my will only wanted to do what I had to do? Could this in the end, without my knowing or believing, be poetry? Could it make a mystery comprehensible to language? If so, would I be a writer by vocation, for after all, a writer is only someone inspired by language?
Novalis, “Monologue” (1798), tr. Joyce Crick
This, together with Kleist’s “On the Gradual Production of Thoughts Whilst Speaking”, make the deconstructionists seem rather late to their own game. The artistic complement to Novalis here is Paul Klee, whose drawings inspired by The Novices of Sais capture some of what Novalis is saying. This one is called “Demony”:

 


MONOLOGUE
Novalis,
Friedrich von Hardenberg.
From The Philosophical and Theoretical Works
, pp. 438-439.

Read in German
Matters concerning speech and writing are genuinely strange; proper conversation is a mere play of words. We can only marvel at the laughable error people make--believing that they speak about things. No one knows precisely what is peculiar to language, that it concerns itself merely with itself. For that reason, it is a wonderful and fertile mystery--that when someone speaks merely in order to speak, one precisely then expresses the most splendid and most original truths. Yet if one wishes to speak of something determinate, then temperamental language has them say the most laughable and perverse things. That is the reason too for the hatred that so many earnest people have toward language. They recognize their own willfulness, but do not observe that contemptible chatter is the infinitely earnest side of language. If only one could make people grasp that the case of language is similar to the case of mathematical formulae--they constitute a world for themselves-- they play with themselves alone, express nothing other than their wonderful nature, and precisely for that reason they are so expressive--precisely for that reason they mirror in themselves the curious play of relations in things. Only by way of freedom are they members of nature and only in their free movements does the world soul give utterance, making them a delicate standard of measure and blueprint for things. Thus it is with language too--whoever has a subtle sense of its application, its cadence, its musical spirit, whoever perceives in oneself the delicate effects of its inner nature, and moves one’s tongue and hand in accordance with it will be a prophet; in contrast, whoever knows it but does not have sufficient ear and sensibility for language, writes truths such as these, will be held hostage by language itself and will be mocked by human beings, as was Cassandra among the Trojans. If I believe I have hereby declared most precisely the essence and office of poesy, I know nonetheless that no human being can understand it, and that I have said something quite foolish, for the mere reason that I wanted to say it, so that no poesy comes to be. Yet what would happen if I had to talk? and if this linguistic drive to speak were the characteristic of inspiration of language, and of the efficacy of language in me? and if my will only willed precisely everything that I had to will--then in the end this could be without my knowledge or belief poesy and could make a mystery of language comprehensible? and thus I would be a writer by vocation, inasmuch as a writer is only an enthusiast of language?--

Translation by Ferit Güven


MONOLOG
Novalis,
Friedrich von Hardenberg.
Das philosophisch-theoretische Werk
, pp. 438-439.
 
Es ist eigentlich um das Sprechen und Schreiben eine närrische Sache; das rechte Gespräch ist ein bloßes Wortspiel.  Der lächerliche Irrthum ist nur zu bewundern, daß die Leute meinen--sie sprächen um der Dinge willen.  Gerade das Eigenthümliche der Sprache, daß sie sich blos um sich selbst bekümmert, weiß keiner.Darum ist sie ein so wunderbares und fruchtbares Geheimniß,-- daß wenn einer blos spricht, um zu sprechen, er gerade die herrlichsten, originellsten Wahrheiten ausspricht.  Will er aber von etwas Bestimmten sprechen, so läßt ihn die launige Sprache das lächerlichste und verkehrste Zeug sagen.  Daraus entsteht auch der Haß, den so manche ernsthafte Leute gegen die Sprache haben.  Sie merken ihren Muthwillen, merken aber nicht, daß das verächtliche Schwatzen die unendlich ernsthafte Seite der Sprache ist. Wenn man den Leuten nur begreiflich machen könnte, daß es mit der Sprache wie mit den mathematischen Formeln sei--Sie machen eine Welt für sich aus--Sie spielen nur mit sich selbst, drücken nichts als ihre wunderbare Natur aus, und eben darum sind sie so ausdruckvoll--eben darum spiegelt sich in ihnen das Werhältnißspiel der Dinge.  Nur durch ihre Freiheit sind sie Glieder der Natur und nur in ihren freien Bewegungen äußert sich die Weltseele und macht sie zu einem zarten Maaßstab und Grundriß der Dinge.  So ist es auch mit der Sprache--wer ein feines Gefühl ihrer Applicatur, ihres Takts, ihres musikalischen Geistes hat, wer in sich das zarte Wirken ihrer innern Natur vernimmt, und danach seine Zunge oder seine Hand bewegt, der wird ein Prophet sein, dagegen wer es wohl weiß, aber nicht Ohr und Sinn genug für sie hat, Wahrheiten wie diese schreiben, aber von der Sprache selbt zum Besten gehalten und von den Menschen, wie Cassandra von den Trojanern, verspottet werden wird.  Wenn ich damit das Wesen und Amt der Poesie auf das deutlichste angegeben zu haben glaube, so weiß ich doch, daß es kein Mensch verstehn kann, und ich ganz was albernes gesagt habe, wiel ich es habe sagen wollen, und so keine Poesie zu Stande kommt.  Wie, wenn ich aber reden müßte? und dieser Sprachtrieb zu sprechen das Kennzeichen der Eingebung der Sprache, der Wirksamkeit der Sprache in mir wäre? und mein Wille nur auch alles wollte, was ich müßte, so könnte dies ja am Ende ohne mein Wissen und Glauben Poesie sein und ein Geheimniß der Sprache verständlich machen? und so wär' ich ein berufner Schriftsteller, denn ein Schriftsteler ist wohl nur ein Sprachbegeisterter?--
 

 

Hyacinth and Rosebud: Treading a Path to a Parable by Novalis via Thalmann’s Literary Sign Language of German Romanticism

August 22, 2013
Image
Marianne Thalmann The Literary Sign Language of German Romanticism Figure 2 Novalis Hyazinth (1798).
This amazing little exposition of Marianne Thalmann’s Literary Sign Language of German Romanticism (1967) I found when trying to track down an image by Novalis which inspired Joyce’s diagram on page 293 of Finnegans Wake. It could be that I’m completely mistaken about the existence of such an image (‘something’ I vaguely remember reading about ‘somewhere’, years ago), but the pathway it’s revealed looks very promising. Novalis is very much neglected in Anglo-American intellectual culture, partly because he doesn’t accord with its pragmatic, utilitarian outlook. This is a bit of a journey into the unknown for me, the parable of Hyacinth and Rosebud (Hyazinth und Rosenblütchen) seems like a good place to start.
Long ago, there lived far to the west a very young man, good, but extremely odd. He tormented himself continually about this nothing and that nothing, always walked in silence and straight before him, sat down alone when the others were at their sports and merry-makings, and brooded over strange things. Caves and woods were his dearest haunts; and there he talked on and on with beasts and birds, with trees and rocks–of course not one rational word, but mere idiotic stuff, to make one laugh to death. He continued, however, always moody and serious, in spite of the utmost pains that the squirrel, the monkey, the parrot, and the bullfinch could take to divert him, and set him in the right way. The goose told stories, the brook jingled a ballad between, a great thick stone cut ridiculous capers, the rose stole lovingly about him from behind and crept through his locks, while the ivy stroked his troubled brow. But his melancholy and gravity were stubborn. His parents were much troubled, and did not know what to do. He was in good health, and ate well enough; they had never caused him any offence; and, until a few years ago, he had been the liveliest and merriest of them all, foremost in all their games, and a favourite with all the maidens. He was very handsome, looked like a picture, and danced like an angel. Amongst the maidens was one, a charming and beautiful creature, who looked like wax, had hair like golden silk, and cherry-red lips, was a doll for size, and had coal-black, yes, raven-black eyes. Whoever saw her was ready to swoon, she was so lovely. Now Rosebud, for that was her name, was heartily fond of the handsome Hyacinth, for that was his name, and he loved her fit to die. The other children knew nothing of it. A violet told them of it first. The little house-cats had been quite aware of it, for the houses of their parents lay near each other. So when Hyacinth stood at night by his window, and Rosebud at hers, and the cats ran past mouse-hunting, they saw the two standing there, and often laughed and tittered so loud that they heard it and were offended. The violet told it in confidence to the strawberry, and she told it to her friend, the raspberry, who never ceased rasping when Hyacinth came along; so that by and by the whole garden and wood were in the secret, and when Hyacinth went out, he heard on all sides the cry: “Little Rosy is my posy!” This vexed him; but the next moment he could not help laughing from the bottom of his heart, when the little lizard came slipping along, sat down on a warm stone, waggled his tail, and sang–
“Little Rosebud, good and wise,
All at once has lost her eyes:
Taking Hyacinth for her mother,
Round his neck her arms she flings;
Then perceiving ’tis another–
Starts with terror?–no, but clings–
Think of that!–fast as before,
Only kissing all the more!”
Alas, how soon was the grand time over! There came a man out of strange lands, who had travelled wondrous far and wide, had a long beard, deep eyes, frightful eyebrows, and a strange garment with many folds, and inwoven with curious figures. He seated himself before the house of Hyacinth’s parents. Hyacinth at once became very inquisitive, and sat down beside him, and brought him bread and wine. Then parted he his white beard, and told stories deep into the night; and Hyacinth never stirred or tired of listening. This much they learned afterward, that he talked a great deal about strange lands, unknown countries, and amazingly wonderful things; stopped there three days, and crept with Hyacinth down into deep shafts. Little Rosebud execrated the old sorcerer pretty thoroughly, for Hyacinth was altogether absorbed in his conversation, and paid no heed to anything else, hardly even to the swallowing of a mouthful of food. At length the man took his departure, but left with Hyacinth a little book which no man could read. Hyacinth gave him fruit, and bread, and wine to take with him, and accompanied him a long way. Then he came back sunk in thought, and thereafter took up a quite new mode of life. Rosebud was in a very sad way about him, for from that time forward he made little of her, and kept himself always to himself. But it came to pass that one day he came home, and was like one born again. He fell on his parents’ neck and wept. “I must away to a foreign land!” he said: “the strange old woman in the wood has told me what I must do to get well; she has thrown the book into the fire, and has made me come to you to ask your blessing. Perhaps I shall be back soon, perhaps never more. Say good-bye to Rosebud for me. I should have been glad to have a talk with her; I do not know what has come to me: I must go! When I would think to recall old times, immediately come thoughts more potent in between; my rest is gone, and my heart and love with it; and I must go find them! I would gladly tell you whither, but do not myself know; it is where dwells the mother of things, the virgin with the veil; for her my spirit is on fire. Farewell!” He tore himself from them, and went out. His parents lamented and shed tears. Rosebud kept her chamber, and wept bitterly.
Hyacinth now ran, as fast as he could, through valleys and wildernesses, over mountains and streams, toward the land of mystery. Everywhere he inquired–of men and beasts, of rocks and trees,–after the sacred goddess Isis. Many laughed, many held their peace; nowhere did he get an answer. At first he passed through a rugged wild country; mists and clouds threw themselves in his way, but he rushed on impetuously. Then he came to boundless deserts of sand–mere glowing dust; and as he went his mood changed also; the time became tedious to him, and his inward unrest abated; he grew gentler, and the stormy impulse in him passed by degrees into a mild yet powerful attraction, wherein his whole spirit was dissolved. It seemed as if many years lay behind him.
And now the country became again richer and more varied, the air soft and blue, the way smoother. Green bushes enticed him with their pleasant shadows, but he did not understand their speech; they seemed indeed not to speak, and yet they filled his heart with their green hues, and their cool, still presence. Ever higher in him waxed that same sweet longing, and ever broader and juicier grew the leaves, ever louder and more jocund the birds and beasts, balmier the fruits, darker the heavenly blue, warmer the air, and more ardent his love. The time went ever faster, as if it knew itself near the goal.
One day he met a crystal rivulet, and a multitude of flowers, coming down into a valley between dark, columnar cliffs. They greeted him friendlily, with familiar words. “Dear country-folk,” said he, “where shall I find the sacred dwelling of Isis? Hereabouts it must be, and here, I guess, you are more at home than I.” “We also are but passing through,” replied the flowers; “a spirit-family is on its travels, and we are preparing for them their road and quarters. A little way back, however, we passed through a country where we heard her name mentioned. Only go up, where we came down, and thou wilt soon learn more.” The flowers and the brook smiled as they said it, offered him a cool draught, and went on their way. Hyacinth followed their counsel, kept asking, and came at last to that dwelling he had sought so long, which lay hid among palms and other rare plants. His heart beat with an infinite longing, and the sweetest apprehension thrilled him in this abode of the eternal seasons. Amid heavenly odours he fell asleep, for Dream alone could lead him into the holy of holies. In marvellous mode Dream conducted him through endless rooms full of strange things, by means of witching sounds and changeful harmonies. All seemed to him so familiar, and yet strange with an unknown splendour; then vanished the last film of the perishable as if melted into air, and he stood before the celestial virgin. Then he lifted the thin glistening veil, and–Rosebud sank into his arms. A far-off music surrounded the mysteries of love’s reunion and the outpouring of their longings, and shut out from the scene of their rapture everything alien to it.
Hyacinth lived a long time after with Rosebud and his happy parents and old playmates; and numberless grandchildren thanked the wonderful old wise woman for her counsel and her uprousing; for in those days people had as many children as they pleased. (Translated by George MacDonald. Found here).
Priestess Tarot Crowley
The veiled figure of Isis depicted by Lady Frieda Harris in Aleister Crowley’s Thoth Tarot (1944)
As Robert Lee Wolff points out in The Golden Key (1961 New Haven: University of Yale Press, p.86), Hyacinth lifts the veil of Isis (Wisdom) and discovers Rosebud (Erotic love).

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