Un presente fijo. La noción de nostalgia como recuerdo, memoria e imaginación, en relación con la creación poética. El tema es el del viaje, el viaje mítico, iniciático: alejarse para volver a encontrar lo más íntimo, lo más propio, lo más originario. Búsqueda de lo permanente, de la totalidad y de lo absoluto. Pensar el ser y nombrar lo sagrado. La nostalgia también como concepto filosófico. El tiempo interno, el tiempo vivido, el tiempo existenciario, como el estado de ánimo fundamental del filosofar, a partir de tres ideas esenciales: el mundo, la finitud y la soledad.
***
Tenemos que empezar por preguntarnos ¿qué entendemos por nostalgia? En griego, nostos significa regreso. Algos se refiere al sufrimiento. La nostalgia es el sufrimiento causado por un hecho concreto: el no poder regresar. En portugués, Fernando Pessoa nos habla de saudade. En inglés decimos, homesickness. En alemán, heimweh. En español, además de la palabra de origen griego nostalgia, empleamos también la palabra añoranza, que proviene del verbo añorar, y que a su vez tiene su raíz en el verbo catalán enyorar, derivado del latín ignorare (que significa ignorar, no saber algo). Siguiendo ésta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia.
Estoy solo. Estoy lejos. Siento dolor. No sé lo que sucede en mi país, con la persona amada, con el pasado que he dejado atrás. Soy un aventurero o un exiliado. Un soñador en busca de la Edad de Oro o un ángel condenado que recuerda el paraíso perdido. En francés también se emplea la palabra nostalgie, pero no hay verbo. No hay manera de decir te añoro, te extraño. Hay que recurrir a fórmulas más frías como je m'ennuie de toi (te echo de menos) o tu me manques (me haces falta). Lo interesante aquí es la palabra ennui (aburrimiento), tan popular a partir de Baudelaire, quien a su vez tuvo que recurrir a la palabra inglesa spleen, para tratar de definir ese malestar, esa sensación de carencia y de vacío. En Alemania se emplea muy pocas veces la palabra nostalgia en su forma griega y lo más frecuente es decir: sehnsucht, búsqueda o deseo de lo que está ausente. Debemos subrayar que la sehensucht puede aludir tanto a lo que fue como a lo que nunca ha sido, es decir, tanto al pasado como a aquello que todavía no conocemos. Para incluir la idea de nostos o de regreso hay que añadir algo: Sehensucht nach der Vergangenheit (nostalgia del pasado), nacht der verlorenen Kindheit (nostalgia de la infancia perdida) o nacht der ersten Liebe (nostalgia del primer amor).
Volviendo a los orígenes griegos de la palabra nostalgia, no podemos dejar de citar a Homero y La Odisea, epopeya en la que el errante Ulises vuelve a su isla después de vagar durante años. Ulises, el mayor aventurero de todos los tiempos, es también el mayor nostálgico. Partió, no muy complacido, es cierto, a la guerra de Troya, en la que permaneció diez años. Quiso regresar a su Ítaca natal, pero las intrigas de los dioses prolongaron su periplo. Primero durante tres años llenos de los más heroicos y fantásticos acontecimientos. Después durante siete años más, que pasó en calidad de rehén y amante junto a la ninfa Calipso. Como es sabido, ella estaba enamorada de él y no lo dejaba abandonar la isla. Hacia el final del canto quinto de La Odisea, Ulises le dice a su amada:
"No lo lleves a mal, diosa augusta, que yo bien conozco cuán bajo de ti la discreta Penélope queda a la vista en belleza y en noble estatura...Mas con todo yo quiero, y es ansia de todos mis días, el llegar a mi casa y gozar de la luz del regreso".
Así describe Homero la última noche que pasaron juntos los amantes:
"Ya el sol se ponía, vinieron las sombras y marchando los dos hacia el fondo de la cóncava gruta, en la noche gozaron de amor uno al lado del otro".
A la mañana siguiente, sin despertarlo, los marineros fenicios depositaron a Ulises envuelto en sábanas en la playa de Ítaca, al pie de un olivo, y se fueron. Así terminó el viaje. Él dormía, exhausto. Cuando se despertó no sabía dónde estaba. Pero Atenea despejó la bruma de sus ojos y a él le embargó una especie de ebriedad, la ebriedad del regreso: el éxtasis de lo conocido. Una música hizo vibrar el aire entre el cielo y la tierra: vio la ensenada que conocía desde la infancia, las montañas que la rodean, y acarició el viejo olivo para asegurarse de que seguía siendo el mismo de hacía veinte años.
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La epopeya fundadora de la palabra nostalgia y el análisis de sus etimologías, nos orientan en la búsqueda, pero no son suficientes. Preguntémonos ahora sobre su significado último desde el punto de vista filosófico. Veamos lo que al respecto nos dice Martin Heidegger. En Die Grundbegriffe der Metaphysik, "Los conceptos fundamentales de la metafísica", curso impartido entre 1929 y 1930, dos años después de la publicación de Sein und Zeit, "Ser y tiempo", Heidegger utiliza un fragmento de Novalis para definir la nostalgia (Heimweh) como el "estado de ánimo fundamental del filosofar"(Grundstimmung des Philosophierens). ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué Heidegger escoge justamente la afirmación, no de un filósofo, sino de un poeta romántico?
La pregunta que se plantea Heidegger en el inicio del ensayo es ¿qué es la filosofía? Para dar respuesta a esta interrogante cita a Novalis: "La filosofía es propiamente nostalgia, algo que nos impulsa a estar en todas partes como en nuestra propia casa". (Die Philosophie ist eigentlich Heimweh, ein Trieb überall zu Hause zu sein) (Heidegger). La filosofía es ante todo filosofar, es decir, una actividad esencialmente humana. El filosofar no es un accidente o una ocurrencia, es un quehacer humano que implica al hombre en su ser más íntimo. Y el tono o estado fundamental del filosofar es la nostalgia. Pero, ¿nostalgia de qué? Nostalgia de la totalidad, de la plenitud, de lo absoluto. (im Ganzen). Nostalgia de una condición en la que no estemos "fuera" de nosotros mismos, sino en armonía profunda, integrados en el mundo como un todo. Como dice Novalis, es algo que nos impulsa a sentirnos "en todas partes como en nuestra propia casa" (überall zu Hause zu sein). A partir de aquí describe Heidegger tres características esenciales del "ser-ahí", del Dasein: mundo, finitud y soledad, (Welt, Endlichkeit, Einsamkeit). La primera pregunta es: ¿Qué es el mundo? El mundo es lo que llamamos totalidad, plenitud o estado de "entero". El mundo no está constituido por una serie de fenómenos o fragmentos dispersos, sino que es totalidad: el conjunto de todo lo real. Tampoco es un Topos Uranos, supra-sensible, alejado de la vida, como en la tradición anterior. Es un mundo concreto, encarnado, pleno. El Dasein aspira a formar parte de ese mundo, pero no puede participar plenamente de él. ¿Por qué? Porque es finito.
Llegamos así a la segunda pregunta: ¿Qué es la finitud? La finitud es el "modo fundamental de nuestro ser"(die Grundart unseres Seins). Es lo que nos define como seres humanos. La muerte no es un accidente o algo externo que venga desde fuera, sino que está enraizada en el nivel más profundo de nuestra vida. Más aún, el ser finito es un "proceso" (Prozess). Heidegger nos habla de un "devenir finito" (Verendlichung). En la medida en que el Dasein es finito, es, existe. Y el proceso de la finitud se realiza en la soledad.
Tercera y última pregunta: ¿Qué es la soledad? La soledad es la soledad de la finitud. Creo que no hace falta recordar, que el análisis de Heidegger se mueve en un nivel estrictamente ontológico, no psicológico, ni antropológico, ni social. No es que el Dasein busque voluntariamente aislarse o quiera estar solo, apartado de los demás. No quiere decir que el hombre se aferre a su pequeño yo en un plano individualista o solipsista. El Dasein es soledad porque ese es uno de los modos fundamentales de su ser. Su existencia lo separa del mundo. El hombre es soledad porque es nostalgia. Y al igual que la finitud, la soledad también se da como un proceso.
Así reúne Heidegger las tres características esenciales. El Dasein siempre será nostalgia, finitud y soledad en el plano ontológico más profundo. Todos y cada uno de nosotros somos nostalgia de ese estado de armonía. Somos además proceso, movimiento, impulso: un ir hacia "lo entero", hacia la totalidad, hacia la plenitud.
Hemos recorrido el camino, pero no hemos llegado a una definición de lo que entendemos por filosofía. La metafísica se ha retirado en la oscuridad de la esencia humana. La pregunta inicial ¿qué es la filosofía? se ha cambiado por la pregunta ¿qué es el hombre? De manera general, vemos que la nostalgia, al igual que el aburrimiento (Langeweilige) (este es otro de los conceptos que analiza Heidegger en el curso), forman parte de los estados de ánimo fundamentales que dan testimonio del modo de ser del Dasein en el mundo. Forman parte de la manera como el hombre se encuentra a sí mismo y se sitúa en la realidad. La nostalgia, o en su caso el aburrimiento profundo, sólo pueden revelarse en su verdadera dimensión cuando el hombre se abre a ese sentimiento que dormita en él. Y puede entonces preguntarse por él. Esto es muy difícil, porque el Dasein constantemente olvida esta nostalgia con ayuda de múltiples estrategias (pasatiempos, evasiones, parloteo generalizado, exceso de información, análisis de datos, cifras y números, etc.), elementos que lo distraen de esta dimensión originaria.
Lo que Heidegger muestra en Los conceptos fundamentales de la metafísica no puede reducirse a una fórmula. Nos advierte que no se trata de llevarnos a casa una definición más o menos discutible de ese sentimiento llamado nostalgia. Se trata de aprender con inteligencia a movernos en la profundidad del Dasein.
Heidegger reconoce que su curso desemboca en un "abismo sin fondo", donde reinan la incertidumbre y la libertad. Pero la filosofía, por esencia, se mueve en la esfera de lo ambiguo y de lo indemostrable, a diferencia de las otras ciencias, que no saben pensar (en el sentido filosófico), lo que saben es demostrar.
En 1975, un año antes de su muerte, Heidegger dedica este libro a la memoria de su colega y amigo, el filósofo Eugen Fink, asistente de Husserl en los años treinta, que había seguido su curso y durante mucho tiempo esperó verlo publicado.
***
Pasemos ahora al plano poético. La nostalgia, (Heimweh o Sehensucht) es uno de los temas por excelencia del romanticismo alemán. Si analizamos la obra de Hölderlin, vemos que el concepto nostos está casi siempre relacionado con la idea del viaje, de la travesía. No es la descripción del recorrido en sí mismo, sino de lo que realmente importa: el regreso. Como en la antigua epopeya griega, el sentido último de la travesía es volver a casa: el retorno a la patria, al país natal. Pero el hecho de regresar adquiere un carácter mítico muy particular. No se trata de una narración objetiva, enfocada a describir acontecimientos externos. Para Hölderlin, como para todo el romanticismo posterior, la distancia y el retorno son un movimiento interno. La nostalgia es recuerdo, imaginación y creación. El recorrido es por dentro. Es el viaje alrededor de la alcoba; el viaje erótico, pero también el camino del arte y de la memoria colectiva. La posibilidad del lenguaje se da en la sábana en blanco, como la en página en blanco, con el placer y sus silencios, con el dolor y su verdad. Es la interiorización de la experiencia poética. Un viaje que nos acerca a lo más íntimo, a lo más profundo, a lo más originario de nuestro propio ser. Así lo muestra la obra de Hölderlin. Poemas y grandes elegías como: "El viajero",Der Wanderer, "Retorno a la Patria, Rückkehr in die Heimat, "País natal",Die Heimat, "Mi propiedad", Mein Eigentum, "Las edades de la vida", Lebensalter,"Pan y vino", Brot und Wein, "El Adiós", Der Abschied, o "Recuerdo", Andenken, dan testimonio de esta afirmación.
Hölderlin matiza entre diferentes formas de nostalgia. Las variantes son múltiples. El mundo de los sueños: tiempos pasados, ruinas majestuosas, paisajes lejanos, confrontados con una realidad pequeña y familiar, que incita a un modo de vida más serio y más maduro. ("Las edades de la vida", Lebensalter). Hay también reflexión sobre el pasado. Simbólicamente son islas griegas "ardientes y llenas de cenizas, ahora desiertas y destruidas", víctimas de su belleza y de su pasión por lo divino. ("Lágrimas", Tränen).
Pero la nostalgia que se apodera de Hölderlin no es la melancolía de un ángel exiliado que recuerda el paraíso perdido. Es más bien esa "extraña nostalgia del abismo", das wunderbare Sehnen dem Abgrund. ("Vox populi", Stimme des Volks). Lo indefinido atrae siempre y con fuerza nos arrastra, termina por vencernos. Lo que vive, lo que avanza, tiende a seguir el camino más corto, el que nos reúne con el Todo y nos precipita, como el río hacia el mar, en busca de reposo. Así los hombres resignados, caen, "de hora/ en hora, como agua/ de una peña arrojada/ a otra peña, a través de los años/ en lo incierto, hacia abajo." ("Canto al destino de Hyperión", "Hyperions Schicksalslied).
Veamos con más detenimiento el poema "Recuerdo", Andenken. Hölderlin lo escribe entre 1803 y 1804, al regresar de Burdeos, donde estuvo algunos meses como preceptor. De hecho ese fue su último trabajo. Es una composición de cinco estrofas, que pertenece a la última etapa de los poemas lúcidos publicados bajo el título de "Cantos a la noche", Nachtgesänge. Lúcidos, pero tocados ya por la noche, iluminados por su cercanía.
Se encuentra mentalmente alterado. En su camino de regreso a Alemania, su amigo Sinclair le comunica a principios de julio de 1802 la muerte de Susette Gontard, la amada Diótima, ocurrida el 22 de junio. Aunque ellos ya estaban separados, esto agrava su situación emocional. Abandona Stuttgart para ir a casa de su madre. En diciembre de ese mismo año viaja a Francia para desempeñarse como preceptor en casa del cónsul de Hamburgo. Seis meses más tarde está de regreso en Nürtingen. En ese clima de abatimiento espiritual, de depresión profunda, de soledad absoluta, Hölderlin escribe el poema.
Remito al lector al comentario que Martin Heidegger escribió sobre este texto en su libro: "Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin",Erläuterungen zu Hölderlins Dichtung, así como al punto # IV del ensayo "Hölderlin y la esencia de la poesía", Hölderlin und das Wesen der Dichtung, ya que nosotros seguiremos aquí sólo de una manera parcial sus reflexiones. Andenken, "Recuerdo", evoca el recuerdo de su estancia en Burdeos. Hay descripción del paisaje meridional, de la campiña francesa, del lugar donde confluyen el Dordoña y el Garona, "ancho como un brazo de mar". Panorama de un horizonte marino, con su llamado a la aventura, su atmósfera de viaje, de partida y de adiós, donde resulta triunfadora la fidelidad del recuerdo. Esto es lo primero que vemos en el poema. El relato, lo anecdótico. Pero como sabemos, Hölderlin dista de ser meramente descriptivo.
Pasemos a un segundo nivel. Lo que dice el poema. Lo que esconde la esencia del poema.
Primera estrofa.
Desde los primeros versos queda claro que Andenken alude a algo más allá de Alemania. No es sólo el recuerdo de Francia. El viento viene del noreste, viene de Asia. Las imágenes se refieren a Oriente y a las Indias. El paisaje es mental, la geografía imaginaria. Es un pensar hacia atrás en los ríos de los indios y de los griegos.
El viaje es a través del recuerdo. El movimiento es hacia abajo, por dentro. Los navegantes son los poetas originarios de Germania. Nombran lo sagrado. Conocen el cielo y son expertos en rumbos astrales. Los senderos, los arroyos y los ríos son imágenes simbólicas de la existencia humana. Todos ellos se dirigen al mar, es decir, van hacia lo indeterminado, lo infinito, lo incierto. El viento es favorable para la travesía. Conduce a los hombres, desde lo más lejano y extraño, hacia el país natal.
Todo ese fluir se detiene ante la presencia de una noble pareja que domina el paisaje: la imagen de un roble y un álamo plateado. Simbólicamente, Hyperión y Diótima. Por un lado, el tradicional roble, árbol salvaje, eje del mundo, que hace posible la reunión entre Cielo y Tierra. Árbol milenario emblema de fuerza y libertad, con quién tantas veces se identifica el poeta. Por otro lado, femenino y esbelto, el álamo plateado, míticamente asociado a los infiernos, al dolor y al sacrificio. Árbol funerario que representa la ausencia de la amada, el recuerdo sin esperanza, un tiempo pasado sin porvenir.
Segunda estrofa.
Nostalgia de un tiempo anterior. Tiempo de plenitud, de armonía entre Cielo y Tierra, entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres. El tiempo de los sueños de oro, donde grato es dormir bajo la sombra. Alusión a mujeres bellas, de piel morena, con los brazos desnudos, que caminan descalzas sobre el terso suelo. Es el mes de marzo, tiempo de transición, se inicia la primavera. Dioses y mortales están de fiesta. Es la fiesta por excelencia. La suprema reconciliación. Las bodas del padre Éter y de la madre Gea. Brisas arrulladoras reúnen los contrarios: la noche es igual al día, el día se confunde con la noche.
Tercera estrofa.
Imágenes sensuales de Diótima se esbozan en la metáfora de la vid. Presencia de la embriaguez dionisíaca, la embriaguez de los sentidos, erótica y poética a la vez, para que al fin pueda reposar bajo la sombra del sueño. La mujer como un templo, el hombre como un dios, el amor como lo absoluto.
No debemos engañarnos. El poeta debe permanecer en lo propio de su determinación. Debe pensar lo permanente, lo supremo, lo sagrado. No debe perderse en lo fugaz, en lo finito, en lo perecedero.
Todo procede de un mismo diálogo original, entre el poder oír y el poder nombrar, entre la palabra y el silencio de la palabra. "Lo dicho y lo oído son lo mismo y lo uno". (Heidegger). Poder oír es poder recordar. Y ¿qué es lo que debemos recordar? El tiempo del amor y los acontecimientos de la vida, entendidos, claro está, en el nivel poético más profundo.
Cuarta estrofa.
Las preguntas del poema quedan sin respuesta. Hölderlin lo ha perdido todo. El amor, la amistad, la compañía de los antiguos héroes y de los personajes imaginarios. Todos han desaparecido. Y así, el poeta está solo, abandonado por la comunidad de los hombres y exiliado del mundo de los dioses. Vivir solitario, como en un largo invierno, como un árbol sin follaje. Es el tiempo de la travesía: tiempo de carencia, de soledad, de pobreza. Es el tiempo de la noche que mantiene su propia claridad. "¿Y, para qué poetas en tiempos aciagos?" Und wozu Dichter in dürftiger Zeit? (Brot und Wein), "Pan y vino".
Se inicia el retorno a la fuente, al país natal. "Los navegantes están de viaje al origen de su propio ser". (Heidegger). Es una guerra alada. La lucha contra el viento, la tempestad, los avatares del destino. El rumbo no es claro. Muchas cosas quedan indecisas. Los que conocen el mar, regresan a la fuente aunque el camino sea incierto, aunque vacilen y se retrasen. Sólo podemos volver a la patria cuando nos hemos alejado de ella. El mar con su riqueza indeterminada, contiene a la fuente. La riqueza proviene de lo "otro", de lo "desconocido", de lo "nuevo".
Los poetas son los navegantes. Ellos describen lo bello de la tierra. Se reúnen con la naturaleza en un Todo infinito. Un nuevo reino donde la belleza es la presencia del ser.
Quinta estrofa.
Ahora los hombres se alejan del país. ¿No es justamente ese alejarse lo que nos acerca más a lo propio? Parten a las Indias, pero piensan en la patria. Recuerdan. En el Oriente está el lugar del giro del viaje, desde lo extraño hacia los orígenes, hacia lo propio. La distancia hace posible el recuerdo.
"El mar quita y da la memoria". Es nehmet aber und gibt Gedächtnis die See. ¿Por qué? El mar destruye, el mar es olvido. El peligro es el olvido de lo propio, del ser. El peligro es perderse en los entes. Pero al mismo tiempo obliga a pensar en lo propio. La travesía queda dominada por el recuerdo. El recuerdo de la patria abandonada.
El movimiento es dialéctico y pendular. Se aleja de la patria y a la vez camina hacia lo propio. Recuerdo y olvido, perderse y permanecer, lo íntimo y lo extraño, lo lejano y lo próximo, se engarzan, se tejen y entretejen en el ritmo del poema.
Una vez más el fluir del tiempo se detiene. El amor clava una tenaz mirada. El amor es ahora recuerdo. Sí. Pero es la mirada que "fija" lo fundamental. El amor es la mirada de la esencia de lo amado. ¿Qué es recordar? Para el poeta es sujetar, asir, pensar en algo firme, para poder asentarnos en nuestro propio ser.
Was bleibet aber, stiften die Dichter. (Hölderlin). Lo que se instaura es el pasado, el presente y el futuro como unidad. Lo que los poetas "fijan" es el tiempo. Lo que mira el amor en su mirada esencial es lo que permanece. Y lo que permanece lo fundan los poetas. La poesía es nostalgia y recuerdo, imaginación y creación. Poetizar es recordar. Recordar es permanecer.
***
El poeta se mantiene de pie, ante las tormentas de Dios, con la cabeza desnuda, esperando apresar el rayo divino, en la oscuridad de la noche. Nombra lo que permanece. Fija lo esencial: el mundo de lo real y lo concreto.
Es la noche metafísica, absoluta, que navega con su propia luz. La noche sagrada, donde el poeta como el sacerdote, bendice y convoca, reparte el pan y escancia el vino. Como en las saturnales griegas o romanas, son rezos, murmullos: un canto a lo divino, a la embriaguez dionisíaca, que nos remite al caos originario. El oráculo hidromántico observa el rumbo universal de los astros, interpreta los signos celestes. Cifra y descifra el lenguaje poético a nivel planetario. Símbolo de salvación y de misterio, una sóla fuente, una sóla copa perfumada, llena hasta el borde de oscura luz, para que de ella beban, en comunión profunda, las sombras de los dioses y el espíritu de los hombres. Un sólo canto a la verdad y a la vida, que ilumine el silencio y la palabra, el tiempo y el ser.
[*] Texto tomado de Metafísica y ontología. Homenaje a Ricardo Guerra, Ed. CIDHEM, Cuernavaca, Mor., 2005, comp. Luis Tamayo Pérez, págs. 121 -134.
It’s been a long way since Earth was created from cosmic dust plus initial energy from the Big Bang left unleashed especially for us by an un-metaphorically cause that still remains undisclosed, un-theological, & humanly grasped. Despite there’s no consensus about such a spectacular phenomenon; body, mind & intelligence remain as lively fate-hunters of what make sense about us that I have to welcome you, Friend, to the Drama of Human Condition in search of the Artist’s Signature.
Wednesday, September 3, 2014
Monday, September 1, 2014
Robert Schumann según Julio Cortazar
El sábado 5 de noviembre de 1938 el doctor Luis Gagliardi ofreció en la Intendencia Municipal de Bolívar (Pcia. de Buenos Aires) un recital Schumann-Chopin a beneficio del comedor escolar, con "comentarios prelimiares a cargo del Profesor Julio Florencio Cortázar". Reproducimos aquí el comentario de la primera parte, "Para las Kinderszenen de Roberto Schumann"
Asomarse a la música de Roberto Schumann es como asomarse a su alma. Esto, que resulta válido para con la mayoría de los románticos, adquiere en el caso del músico alemán una dolorosa profundidad. Dolorosa sí, pero cuán dulce y bella. Música escrita en momentos inefables, esos momentos que sólo los santos y los artistas viven. Esos momentos de total comprensión del universo cuando, ante la majestad de todo lo creado se descubre, asimismo, la lastimosa pequeñez de la vida humana. Schumann, obsesionado por la angustia de una existencia falta de equilibrio, presintiendo acaso la locura que habría de asirlo, como a Nietzsche, en sus últimos años, se vuelca hacia el mundo interior, un mundo que su espíritu y su arte crean, un mundo distinto del triste mundo que le revelan sus sentidos. Porque la música es como un cosmos que nos abarca a todos; esfera dentro de otra, contenida, sí, pero no confundida. Esfera que, por obra de genios como Schumann, nos llega ahora, brotando de un teclado, para acercarnos a su drama, a su belleza. Si existe un don divino del artista, ese don no es su arte, conquista humana; ese don es la entrega generosa que el artista hace de su cosmos, para que el resto de los hombres pueda inclinarse sobre él, y maravillarse, y sentirse un poco por encima del panorama cotidiano. Schumann confía a la música todos sus tesoros interiores. La música nos lo trae ahora, como un hondo legado de belleza. Estas Escenas infantiles que vais a escuchar dentro de un momento, son quizá la obra más pura de Schumann. Escenas infantiles. Su nombre es ya un enunciado cristalino. Resulta casi increíble saber que fueron compuestas en momentos de intensa depresión sentimental, cuando Schumann se sentía al borde de la angustia, y se aferraba a su piano y a las ideas que cantaban en su corazón para no dejarse arrastrar por un torbellino, uno de esos torbellinos que, en una sensibilidad hipertrofiada como la suya, lo conducían hacia el espejismo engañoso del suicidio. Para huir de eso, para rechazar los primeros aletazos de la locura, Schumann escribe la música, y brotan los Conciertos, el Carnaval, Manfredo, Las mariposas, y estas infinitamente claras Escenas infantiles que son un rayo de sol en la atormentada atmósfera de su arte. Habéis leído los nombres de los trozos cuya pequeñez tiene la perfección de las piedras talladas, y que nada ganarían con mayor longitud. Nombre que hablan claro en el espíritu del oyente: asomo de la intención que guiaba a Schumann al crearlas. Porque estas Escenas infantiles significan un inclinarse sobre ese mundo tan particular y tan delicado que es el mundo de los niños. Mundo donde las proporciones no son la que nosotros aceptamos,; donde el miedo al cuco representa mucho más que la filosofía de Kant, y donde un juguete es más codiciable que un alto puesto o una mina de carbón. Mundo al que sólo podemos entrar llevando el amor por llave; el amor hacia el niño, hacia sus dimensionas tan suyas. Mundo que Schumann, con esa magia tan propia del músico, nos revela y nos aclara. Ved esos nombres: De países y hombres extraños , que encierra quizá ese sentido de lo remoto, de lo desconocido, tan penetrante en los niños, y que explica su gusto por los relatos fantásticos; Curiosa historia , Jugando al gallo ciego juegos, relatos, eso es la esencia infantil, ése es su pequeño paraíso de breves años, que pierde luego por otros menos dulces-, niño implorando , Alegría perfecta , Un gran acontecimiento , menciones que iluminan momentos de toda vida infantil; el deseo de ir al circo, la dicha de un postre ambicionado, el nacimiento de un hermanito... Todo esto late, todo esto se agita en las escenas que intento definir; ved estos otros títulos: Ensueño, Junto al fuego, Cabalgando el caballito de palo... Y, como interrumpiendo la juguetona serie de esbozos, una evocación recogida: Casi demasiado serio... Ah, pero no es más que el título; los niños están siempre allí, fingiendo una gravedad que pronto se romperá con regreso a su ingenua condición. ¿Por qué? Pues vedlo: Viene el cuco. Asistimos al diálogo delicioso entre la ternura y el miedo, entre una madre que debe corregir y un niño que, a pesar de su miedo momentáneo, reincide en la travesura... El paseo está concluyendo. Cansado de jugar, El niño se duerme. Tal es el nombre del último trozo dedicado a ese universo de juguetes y risas de poesías. El músico el poeta- cierra las puertas del mundo de los niños. Lo hace dulcemente, con palabras que os llegarán al corazón porque han nacido de un corazón que amó mucho, y sufrió mucho, y tuvo el destino desgraciado de aquellos que son demasiado grandes para vivir nuestra pequeña vida humana. Pero que no se van sin dejarnos, a manera de un mensaje lleno de belleza, obras como la que vais a escuchar, interpretada por un artista que ama a Schumann, lo comprende, y quisiera que todos lo amarais y comprendierais como él.
Para las EscenasInfantiles de Robert Schumann
por Julio Cortázar (1914-1984)
*escrito en el año 1938
(extraído del libro "Papeles inesperados", Editorial Alfaguara, 2009)
*escrito en el año 1938
(extraído del libro "Papeles inesperados", Editorial Alfaguara, 2009)
Asomarse a la música de Roberto Schumann es como asomarse a su alma. Esto, que resulta válido para con la mayoría de los románticos, adquiere en el caso del músico alemán una dolorosa profundidad. Dolorosa sí, pero cuán dulce y bella. Música escrita en momentos inefables, esos momentos que sólo los santos y los artistas viven. Esos momentos de total comprensión del universo cuando, ante la majestad de todo lo creado se descubre, asimismo, la lastimosa pequeñez de la vida humana. Schumann, obsesionado por la angustia de una existencia falta de equilibrio, presintiendo acaso la locura que habría de asirlo, como a Nietzsche, en sus últimos años, se vuelca hacia el mundo interior, un mundo que su espíritu y su arte crean, un mundo distinto del triste mundo que le revelan sus sentidos. Porque la música es como un cosmos que nos abarca a todos; esfera dentro de otra, contenida, sí, pero no confundida. Esfera que, por obra de genios como Schumann, nos llega ahora, brotando de un teclado, para acercarnos a su drama, a su belleza. Si existe un don divino del artista, ese don no es su arte, conquista humana; ese don es la entrega generosa que el artista hace de su cosmos, para que el resto de los hombres pueda inclinarse sobre él, y maravillarse, y sentirse un poco por encima del panorama cotidiano. Schumann confía a la música todos sus tesoros interiores. La música nos lo trae ahora, como un hondo legado de belleza. Estas Escenas infantiles que vais a escuchar dentro de un momento, son quizá la obra más pura de Schumann. Escenas infantiles. Su nombre es ya un enunciado cristalino. Resulta casi increíble saber que fueron compuestas en momentos de intensa depresión sentimental, cuando Schumann se sentía al borde de la angustia, y se aferraba a su piano y a las ideas que cantaban en su corazón para no dejarse arrastrar por un torbellino, uno de esos torbellinos que, en una sensibilidad hipertrofiada como la suya, lo conducían hacia el espejismo engañoso del suicidio. Para huir de eso, para rechazar los primeros aletazos de la locura, Schumann escribe la música, y brotan los Conciertos, el Carnaval, Manfredo, Las mariposas, y estas infinitamente claras Escenas infantiles que son un rayo de sol en la atormentada atmósfera de su arte. Habéis leído los nombres de los trozos cuya pequeñez tiene la perfección de las piedras talladas, y que nada ganarían con mayor longitud. Nombre que hablan claro en el espíritu del oyente: asomo de la intención que guiaba a Schumann al crearlas. Porque estas Escenas infantiles significan un inclinarse sobre ese mundo tan particular y tan delicado que es el mundo de los niños. Mundo donde las proporciones no son la que nosotros aceptamos,; donde el miedo al cuco representa mucho más que la filosofía de Kant, y donde un juguete es más codiciable que un alto puesto o una mina de carbón. Mundo al que sólo podemos entrar llevando el amor por llave; el amor hacia el niño, hacia sus dimensionas tan suyas. Mundo que Schumann, con esa magia tan propia del músico, nos revela y nos aclara. Ved esos nombres: De países y hombres extraños , que encierra quizá ese sentido de lo remoto, de lo desconocido, tan penetrante en los niños, y que explica su gusto por los relatos fantásticos; Curiosa historia , Jugando al gallo ciego juegos, relatos, eso es la esencia infantil, ése es su pequeño paraíso de breves años, que pierde luego por otros menos dulces-, niño implorando , Alegría perfecta , Un gran acontecimiento , menciones que iluminan momentos de toda vida infantil; el deseo de ir al circo, la dicha de un postre ambicionado, el nacimiento de un hermanito... Todo esto late, todo esto se agita en las escenas que intento definir; ved estos otros títulos: Ensueño, Junto al fuego, Cabalgando el caballito de palo... Y, como interrumpiendo la juguetona serie de esbozos, una evocación recogida: Casi demasiado serio... Ah, pero no es más que el título; los niños están siempre allí, fingiendo una gravedad que pronto se romperá con regreso a su ingenua condición. ¿Por qué? Pues vedlo: Viene el cuco. Asistimos al diálogo delicioso entre la ternura y el miedo, entre una madre que debe corregir y un niño que, a pesar de su miedo momentáneo, reincide en la travesura... El paseo está concluyendo. Cansado de jugar, El niño se duerme. Tal es el nombre del último trozo dedicado a ese universo de juguetes y risas de poesías. El músico el poeta- cierra las puertas del mundo de los niños. Lo hace dulcemente, con palabras que os llegarán al corazón porque han nacido de un corazón que amó mucho, y sufrió mucho, y tuvo el destino desgraciado de aquellos que son demasiado grandes para vivir nuestra pequeña vida humana. Pero que no se van sin dejarnos, a manera de un mensaje lleno de belleza, obras como la que vais a escuchar, interpretada por un artista que ama a Schumann, lo comprende, y quisiera que todos lo amarais y comprendierais como él.
Monday, August 25, 2014
Friday, August 22, 2014
Hölderlin Dichtung
Hölderlin, Friedrich. [Gedichte 1784-1800]. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. [Gedichte 1800-1804]. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Das Werden im Vergehen. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Der Tod des Empedokles. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Fragment von Hyperion. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Hyperion oder der Eremit in Griechenland. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Hyperions Jugend. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Über den Unterschied der Dichtarten. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Über die Verfahrungsweise des poetischen Geistes. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Über die verschiednen Arten, zu dichten. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Urteil und Sein. January 01, 1970. Language German.
Hölderlin, Friedrich. Wechsel der Töne. January 01, 1970. Language German.
Breathing in Verse by Theodore Ziolkowski
Breathing in Verse
Theodore Ziolkowski
- Poems and Fragments by Friedrich Hölderlin, translated by Michael Hamburger
Anvil, 823 pp, £19.95, March 2004, ISBN 0 85646 360 4
Friedrich Hölderlin was rescued from oblivion by a young German scholar called Norbert von Hellingrath, who wrote a dissertation on Hölderlin’s translations of Pindar and began the first historical-critical edition of his works. In 1915, a year before he died at Verdun, Hellingrath delivered a lecture describing Hölderlin as ‘the most German of Germans’, whose luminous hymns confide their message ‘only to the select few’ and remain ‘perhaps never penetrable to non-Germans’. In June 1943, on the centenary of his death, a TLS Commentary celebrated Hölderlin as ‘A Non-Nazi German’ and claimed that his fatherland had turned its back on the poet’s vision of a humanistic Germany synthesising Hellas and Christianity. ‘All the more reason,’ the article continued, ‘why Hölderlin, no longer at home among his compatriots, should be saluted in those countries which can freely and dispassionately appraise his genius.’ It wasn’t true that Hölderlin was no longer revered in Germany – a 1943 field anthology of his poems was one of the most popular Nazi publications – but it was certainly true that his poetry was saluted elsewhere. According to the 2002 Hölderlin-Handbuch, he is the most frequently translated German poet, the most frequently cited after Goethe, and was the first German writer after Goethe to merit a Pléiade edition.
Hölderlin’s work has always intrigued philosophers. Heidegger used his poems as texts for existential ruminations. Ernst Bloch speculated about his political radicalism. Adorno, seeking to redeem Hölderlin from Heidegger’s nationalistic mystifications as well as Bloch’s left-Hegelianism, emphasised his alienation. Derrida and his disciples embraced the poems as objects for deconstructionist ingenuities. Dieter Henrich published an enormous phenomenology of Hölderlin’s thought under the title Der Grund im Bewußtsein (1992). The visionary magic that entranced Stefan George’s circle was denounced by Walter Benjamin and exploited by the Nazis for propaganda purposes. Hölderlin’s mental problems have attracted considerable attention in France, from Jean Laplanche’s psychoanalytical probings to Foucault’s refusal to reduce his alienation to a curable ‘unreason’.
Taking up Pierre Bertaux’s ‘thesis of the noble simulant’, which explained Hölderlin’s ‘madness’ as a Hamlet-like subterfuge designed to shield him from political persecution, German writers and film-makers of the ‘68 generation pronounced Hölderlin a utopian revolutionary. His theological despair – ‘Ah, but our kind walks in darkness, it dwells as in Orcus,/Severed from all that’s divine,’ he wrote in ‘The Archipelago’ – speaks to a secular age adrift in a godless universe. His alienation, too, now seems attractive, as is clear from the many poems depicting him in his tower-room in Tübingen. Dozens of sculptors and graphic artists have portrayed scenes from his life and work, while composers from Hindemith and Carl Orff to Britten, Henze, Holliger and Nono have set not only his poems, including the ‘Scardanelli’ poems from the years of madness, but also his translations of Pindar and Sophocles.
The chief reason, however, for Hölderlin’s continuing resonance is the astonishing modernity of his language. In 1933 Gottfried Benn observed that the jagged lyrics of his late work were ‘purely expressionistic’. The hymnic fragments, as in ‘Columbo’, sometimes dissolve into lists reminiscent of the Cantos or The Waste Land:
But if you name them
Anson and Gama, Aeneas
And Jason, Chiron’s
Pupil in Megara’s caves in the rocks, and
In tremulous rain of the grotto a man’simage is formed
From the forest’s impressions, and the Templars who travelled
To Jerusalem Bouillon, Rinaldo,
Bougainville
The discontinuities, the acceptance of incoherence, the paratactic style, the striking images, the drastic line breaks, the depersonalisation: all these characteristics of his poetry, misunderstood and ridiculed by Hölderlin’s contemporaries, strike us as congenially modern. Hölderlin’s recourse to ‘signs’ – the Zeichen that figure prominently in his poems – has proved irresistible to semioticians. The constant revisions, which layer his manuscripts into virtual palimpsests, provide endless material for the hermeneutical industry that has grown up around his work. Dieter Sattler’s Frankfurt Edition includes reproductions of the manuscripts accompanied by a diplomatic decoding, and makes no attempt to produce an authoritative final version.
Tuesday, July 22, 2014
Carta de Gandhi a Martin Buber
“Palestina pertenece a los árabes en el mismo sentido que Inglaterra pertenece a los ingleses o Francia a los franceses”. Carta de Gandhi a Martin Buber
Todas
mis simpatías están con los judíos. Los he conocido íntimamente en
Sudáfrica. Algunos de ellos se hicieron compañeros de toda la vida. A
través de estos amigos vine a aprender mucho acerca de su persecución a
lo largo de la Historia. Ellos han sido los intocables (1) de la
Cristiandad. Hay un cerrado paralelismo entre la forma en que han sido
tratados por los Cristianos y el tratamiento a los intocables por los
Hindúes. En ambos casos, se ha invocado la sanción religiosa para
justificar el tratamiento inhumano al cual se los ha sometido. Entonces,
aparte de las amistades, mi simpatía hacia los judíos está fundamentada
en la razón universal más común. (2)
Pero
mi simpatía no me ciega a los requisitos de la justicia. El reclamo de
un hogar nacional para los judíos no me convoca para nada. La
justificación para ello se busca en la Biblia y en la tenacidad con la
cual los judíos han persistido después de su retorno a Palestina. Pero,
¿por qué no pueden, como otros pueblos de la tierra, convertir en hogar
al país donde han nacido y donde ganan su sustento? (3)
Palestina
pertenece a los árabes (4) en el mismo sentido que Inglaterra pertenece
a los ingleses o Francia a los franceses. Es incorrecto e inhumano
imponer los judíos a los árabes. Lo que está sucediendo actualmente en
Palestina no se puede justificar por ningún código moral de conducta.
Los Mandatos no tienen ninguna otra sanción que la de la guerra pasada
(5). Sería seguramente un crimen contra la humanidad reducir a los
orgullosos árabes para poder restaurar Palestina a los judíos en parte o
enteramente como su hogar nacional. (6)
El
camino más noble sería perseverar en un tratamiento justo para los
judíos dondequiera que nazcan y se críen. Los judíos nacidos en Francia
son franceses en exactamente el mismo sentido en que los cristianos
nacidos en Francia son franceses. ¿Si los judíos no tienen ningún hogar
además de Palestina, estarán de acuerdo con la idea de ser forzados a
abandonar los otros lugares del mundo donde están asentados? ¿O quieren
un hogar doble en donde pueden permanecer según su voluntad? Este
reclamo por el hogar nacional proporciona una justificación bien
coloreada para la expulsión alemana de los judíos. (7)
No
estoy defendiendo los excesos árabes. Yo quisiera que hubiesen elegido
el camino de la no-violencia para resistir lo que miran correctamente
como usurpación injustificable sobre su país. Pero según los cánones
aceptados de lo correcto y lo incorrecto, no se puede decir nada contra
la resistencia árabe frente a las abrumadoras perspectivas que afrontan.
(8)
Dejemos
a los judíos que proclaman ser la raza elegida que prueben su título
eligiendo el camino de la no-violencia para justificar su posición en la
tierra. Cada país es su hogar, incluyendo Palestina, no por medio de la
agresión sino por medio del servicio amoroso (9). Un amigo judío me ha
enviado un libro llamado La contribución judía a la civilización,
de Cecil Roth. El libro proporciona un registro de lo que han hecho los
judíos para enriquecer la literatura, la música, la ciencia, la
medicina y la agricultura. A partir de su voluntad, el judío puede
rechazar ser tratado como el descastado de Occidente, puede rechazar ser
detestado o patronizado. Puede conducir la atención y el respeto del
mundo siendo ser humano (10), la creación elegida de Dios, en vez de ser
el ser humano que va siendo hundido rápidamente por Dios en la
monstruosidad y el abandono. Puede agregar a sus muchas contribuciones
la sobresaliente contribución de la acción no-violenta. (11)
Segaon, 20 de noviembre de 1938
Notas
[1]
Se refiere aquí a la casta de los intocables, ubicada en la parte
inferior de la estructura socio-cultural con sanción religiosa,
característica del sistema sociocultural hindú. Gandhi, aunque
profundamente hindú y religioso, sostenía enfáticamente que el
tratamiento hacia los intocables debía ser completamente modificado.
Creía fervorosamente en la igualdad de derechos de todos los seres
humanos.
[2]
Es interesante verificar en este párrafo como Gandhi, un pensador y
político indudablemente asiático -y como tal no occidental- se ubica
claramente en la posición de un pensador y político de la Humanidad
(como era en ese entonces por ejemplo, también el caso de Martín Buber,
judío sionista). Pese a estar orgulloso de profesar y cultivar su
particularismo cultural (el Hinduísmo), era un universalista. El caso de
Gandhi es particularmente interesante porque además era el indiscutido
máximo líder de un movimiento de liberación nacional contra el
colonialismo inglés.
[3]
La pregunta tiene una visible carga retórica. Con toda seguridad,
Gandhi sabía que en esa época cientos de miles de judíos habían emigrado
de sus países natales en Europa. No solamente a Palestina, un destino
cuantitativamente menor en esas migraciones: el principal destino fueron
las dos Américas, Norte y Sur. Lo que Gandhi posiblemente no sabía es
que el Sionismo –la idea según la cual Palestina era una “tierra sin
pueblo para un pueblo sin tierra”, según había establecido en su famosa
frase Theodor Herzl a fines del siglo XIX- era un movimiento marginal en
el judaísmo, adoptado solamente por una minoría. Tampoco podía saber
hasta qué punto, ya en 1938, los judíos se habían asimilado en sus
sociedades de adopción en las Américas.
[4]
Repárese en que Gandhi dice árabes, y no palestinos. Es que árabe era
la identidad por la cual eran reconocidos (y auto-reconocidos) los
pueblos de ese territorio –por oposición a los turcos dominantes hasta
mediados de la década de 1910 y a los ingleses y franceses dominantes
después-. La palabra palestinos fue apareciendo para designar a los
habitantes de Palestina, el nombre que la Sociedad de las Naciones dio a
una de las porciones asignadas a Inglaterra, en mandato, del territorio
arrebatado al Imperio otomanos por los países triunfantes en la Primera
Guerra Mundial. Se trataba de un arreglo visiblemente colonial. Ver
también la Nota siguiente.
[5]
Se refiere aquí al estatuto legal que tenía Palestina en la época en
que el escribió esta carta. Palestina había sido establecida en 1919 por
la Sociedad de las Naciones como un territorio de los que habían sido
desagregados del Imperio Otomano después de la Primera Guerra, sobre el
cual se otorgaba “mandato” a Gran Bretaña. Esta recibió en mandato
también Jordania, mientras que Francia recibía Siria y Líbano. La
situación se mantuvo hasta después de la Segunda Guerra, cuando la
recién establecida ONU estableció diversos arreglos neo-coloniales,
entre los cuales la partición de Palestina en tres territorios y dos
Estados: uno Palestino (con dos territorios, Cisjordania y Gaza) y el
otro Judío, establecido entre los dos territorios de la así creada –y
nunca concretada- Palestina.
[6]
Fue el Estado de Gran Bretaña el que, en ejercicio de su Mandato sobre
Palestina, el que reconoció el derecho de los judíos a establecer su
Hogar Nacional en Palestina y luego permitió la inmigración ilimitada de
judíos hasta que una gran rebelión árabe en Palestina -1936-1939- hizo
cambiar de política –oficialmente- al gobierno colonial. En el momento
en que Gandhi escribía su carta a Buber, la inmigración seguía abierta, y
los judíos estaban entrando entonces por decenas de miles en la pequeña
Palestina, entonces todavía poblada por una abrumadora mayoría de
árabes.
[7]
El argumento es fuerte, e impecable. El judío de ultraderecha Stern,
desgajado del grupo guerrillero Irgun, parece haber estado activamente
involucrado dos o tres años después en una negociación con el Gobierno
nazi de Alemania, para promover una “solución final” al “problema de los
judíos” en el mundo germánico, consistente en su ¡emigración masiva a
Palestina, organizada por el Gobierno Nazi de Alemania, en acuerdo con
los judíos ya residentes!
[8]
Seguramente, Gandhi se refiere en este párrafo a la gran rebelión árabe
contra los ingleses en Palestina y a otros episodios anteriores. Es
posible que también supiera de las masacres de algunas decenas de judíos
perpetradas en Palestina. No se puede dejar de comparar esa cifra con
los más de mil doscientos palestinos muertos por el Ejército israelí a
principios de 2009 en Gaza -más de la mitad de ellos civiles-, en un
“conflicto” durante el cual hubo solamente trece muertos israelíes, diez
soldados y tres civiles -muertos por los famosos cohetes Kassan-. Así
como en la actualidad, tampoco justificamos a la violencia que mata
algunos judíos, el texto de la carta de Gandhi en 1938 ilumina un
aspecto importante de la cuestión: los “árabes” de fines de la década de
1930 estaban resistiendo a la opresión británica, mientras que los
“palestinos” de fines de la década de 2000, están resistiendo a la
opresión israelí.
[9]
Este es el párrafo central del argumento de Gandhi sobre la cuestión
judía. A mí, como judío (que es un particularismo del universalista ser
humano) me convoca completamente la perspectiva de que cada país pueda
ser mi hogar por medio del servicio amoroso.
[10]
Man en el original. Dada la fecha de la carta, esa palabra en esa época
admitía la traducción española hombre, como sustantivo bi-genérico. Hoy
la traducción literal sería inadmisible, porque traicionaría el sentido
de la expresión. Por eso prefiero traducirla como ser humano.
[11]
Como sabemos perfectamente, los judíos de Palestina no siguieron el
consejo de Gandhi, salvo pocas y notables excepciones. Martín Buber fue
una de las más notables de esas excepciones.
Monday, July 14, 2014
Un conflicto vergonzoso...
lunes, julio 14, 2014
"La grandeza de Arafat", de Gilles Deleuze
La causa palestina es ante
todo el conjunto de las injusticias que este pueblo ha padecido y sigue
padeciendo. Estas injusticias son los actos de violencia pero también
las sinrazones, los falsos razonamientos, las falsas garantías con que
se les pretende compensar y justificar. Arafat no ha usado más que una
palabra para hablar de las promesas incumplidas, de los compromisos
violados, tras las masacres de Sabra y Chatila: shame, shame.
Se dice que no es un genocidio. Sin embargo, es una historia que, desde
el principio, tiene mucho de Oradour. El terrorismo sionista no se
dirigía únicamente contra los ingleses, sino contra los pueblos árabes
que tenían que desaparecer; el Irgún fue muy activo en este sentido
(Deir Yassine). En todos los casos se trata de hacer como si el pueblo
palestino no solamente no debiera existir, sino que no hubiera existido
nunca.
Los conquistadores eran quienes habían padecido ellos mismos el mayor
genocidio de la historia. Los sionistas hicieron de este genocidio un
mal absoluto. Pero transformar el mayor genocidio de la historia en mal
absoluto es una visión religiosa y mística, no una visión histórica.
Esta visión no detiene el mal; al contrario, lo propaga, lo hace recaer
sobre otros inocentes, exige una reparación que hace sufrir a otros una
parte de lo que los judíos han sufrido (expulsión, asilamiento en el
gueto, desaparición como pueblo). Con medios más “fríos” que los del
genocidio, se trata de llegar al mismo resultado.
EE.UU. y Europa les debían a los judíos una reparación. Y esta
reparación se la hicieron pagar a un pueblo del cual lo menos que puede
decirse es que no tenía nada que ver con ella, que era singularmente
inocente de todo holocausto y que ni siquiera había oído hablar de él.
El sionismo, y después el Estado de Israel, exigieron a los palestinos
reconocimiento jurídico. Pero él mismo, el Estado de Israel, no ha
dejado de negar el hecho mismo de la existencia del pueblo palestino.
Nunca se habla de palestinos, sino de árabes de Palestina, como si
hubiesen estado allí por casualidad o por error. Luego se hará como si
los palestinos expulsados viniesen de otro lugar, nunca se mencionará la
primera guerra de resistencia que llevaron a cabo completamente solos.
Se hará de ellos los descendientes de Hitler, puesto que no reconocen a
Israel su derecho. Pero Israel se reserva el derecho de negar su
existencia de hecho. Aquí comienza una ficción que cada vez se extenderá
más, y que pesará sobre todos los defensores de la causa palestina.
Esta ficción, que es una apuesta de Israel, consistía en hacer pasar por
antisemitas a cuantos pusieran objeciones a los hechos y a las acciones
del Estado sionista. La fuente de esta operación fue la fría política
de Israel con respecto a los palestinos.
Desde el comienzo, Israel no ha ocultado su propósito: vaciar el
territorio palestino. Aún más: hacer como si el territorio palestino
estuviera vacío, destinado desde siempre a los sionistas. Se trataba de
una colonización, pero no en el sentido europeo del siglo XIX: no se
quería explotar a los nativos, se les quería expulsar. Quienes se
resistieran a ello no se convertirían en una mano de obra dependiente
del territorio, sino en una mano de obra volante y desarraigada, como si
se tratase de inmigrantes reunidos en un gueto. Desde el principio se
trató de ocupar las tierras como si estuviesen desiertas o pudiesen
vaciarse. Es un genocidio, pero el exterminio físico está subordinado en
este caso a la evacuación geográfica: al no ser más que árabes en
general, los palestinos supervivientes deben fundirse con el resto de
los árabes. El exterminio físico, aunque se confíe a mercenarios, no
deja de estar presente. Pero se alega que no es un genocidio, ya que no
se trata de la “solución final”: en efecto, es un medio entre otros. La
complicidad de los EE.UU. con Israel no procede únicamente del poder de
un lobby sionista. Elias Sanbar ha mostrado perfectamente que EE.UU. ha
encontrado en Israel un aspecto de su historia: el exterminio de los
indios que, también en este caso, sólo en parte fue directamente físico.
Se trataba de vaciar, de hacer como si nunca hubiese habido indios más
que en guetos, lo que hacía de ellos otros inmigrantes interiores más.
En muchos aspectos, los palestinos son los nuevos indios, los indios de
Israel. El análisis marxista indica estos dos movimientos
complementarios del capitalismo: imponerse constantemente límites en
cuyo interior despliega y explota su propio sistema; desplazar cada vez
más lejos estos límites, rebasarlos para volver a emprender a mayor
escala o con mayor intensidad su propia fundación. Desplazar los
límites: ésta fue la acción del capitalismo americano, del sueño
americano, que ha sido recuperado por Israel y por el sueño del Gran
Israel en territorio árabe y a costa de los árabes.
¿Cómo ha podido el pueblo palestino resistir, cómo resiste aún? ¿Cómo ha
pasado de ser una sociedad de linajes a convertirse en una nación
armada? ¿Cómo se ha dado a sí mismo un organismo que no simplemente le
representa sino que lo encarna, aún sin territorio y sin Estado? Hacía
falta un personaje histórico que, desde el punto de vista occidental, se
diría salido de Shakespeare, y ése fue Arafat. No es la primera vez en
la historia (los franceses pueden pensar en la Francia libre, con la
diferencia de que al principio contaba con menos base popular). Y lo que
tampoco ha ocurrido por primera vez en la historia es que en cada
ocasión en que ha sido posible una solución o un elemento para la
solución los israelíes la han destruido deliberada y sistemáticamente.
Apelaban a su posición religiosa para negar, no ya el derecho, sino
incluso el hecho palestino. Se desentendían de su propio terrorismo
tratando a los palestinos como terroristas llegados del exterior. Y,
precisamente porque los palestinos no eran tal cosa, sino un pueblo
específico, tan diferente del resto de los árabes como pueden serlo
entre sí los pueblos de Europa, no podían esperar de los propios Estados
árabes más que una ayuda ambigua, que a veces se convertía en
hostilidad y exterminio, cuando el modelo palestino se volvía peligroso
para ellos. Los palestinos han recorrido todos los círculos infernales
de la historia: el abandono de las soluciones cada vez que eran
posibles, las peores inversiones de las alianzas en las que habían
puesto su confianza, el incumplimiento de las promesas más solemnes... Y
su resistencia ha tenido que alimentarse de todo ello.
Puede que uno de los objetivos de las masacres de Sabra y Chatila haya
sido el de desprestigiar a Arafat. No había dado su consentimiento a la
partida de los combatientes, cuya fuerza seguía intacta, más que a
cambio de que la seguridad de sus familias quedase absolutamente
garantizada por EE.UU. e incluso por Israel. Después de las masacres, no
quedaba más palabra que “shame”. Si la crisis de la OLP que se
va a producir tuviera como resultado a plazo medio, ya fuera la
integración en un Estado árabe, ya la disolución en el integrismo
musulmán, entonces podría decirse que el pueblo palestino ha
desaparecido efectivamente. Pero ello ocurriría con tales condiciones
que el mundo, EE.UU. y hasta Israel no dejarían de lamentar las
ocasiones perdidas, incluyendo las que aún son posibles en este momento.
A la fórmula orgullosa de Israel (“Nosotros no somos un pueblo como los
demás”) ha respondido siempre el grito palestino, invocado en el primer
número de la Revue d’études palestiniennes: somos un pueblo como los
demás, no queremos ser otra cosa...
Al emprender la guerra terrorista del Líbano, Israel ha intentado
suprimir a la OLP y privar al pueblo palestino de su soporte, tras
haberle privado de su tierra. Y puede que lo haya conseguido, porque en
la Trípoli sitiada sólo quedaba la presencia física de Arafat entre los
suyos, todos sumidos en una especie de grandeza solitaria. Pero el
pueblo palestino no perderá su identidad más que provocando en su lugar
un doble terrorismo, de Estado y de religión, que se beneficiará de su
desaparición y que hará imposible todo acuerdo de paz con Israel. De la
guerra del Líbano Israel no saldrá sólo moralmente desunido y
económicamente desorganizado, sino que se enfrentará a la imagen
invertida de su propia intolerancia. Una solución política, un
compromiso pacífico sólo es posible con una OLP independiente, que no
haya desaparecido en uno de los Estados existentes y que no se disuelva
en los distintos movimientos islámicos. La desaparición de la OLP sólo
sería una victoria de las fuerzas ciegas de la guerra, indiferentes a la
supervivencia del pueblo palestino.
Septiembre, 1983
en Revue d’études palestiniennes, nº 10, invierno, 1984
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