Friday, October 4, 2013

Novalis - Himnos a la Noche


I

¿Qué ser vivo, dotado de sentidos, no ama,
por encima de todas las maravillas del espacio que lo envuelve,
a la que todo lo alegra, la Luz
–con sus colores, sus rayos y sus ondas; su dulce omnipresencia–,
cuando ella es el alba que despunta?
Como el más profundo aliento de la vida
la respira el mundo gigantesco de los astros,
que flotan, en danza sin reposo, por sus mares azules,
la respira la piedra, centelleante y en eterno reposo,
la respira la planta, meditativa, sorbiendo la vida de la Tierra,
y el salvaje y ardiente animal multiforme,
pero, más que todos ellos, la respira el egregio Extranjero,
de ojos pensativos y andar flotante,
de labios dulcemente cerrados y llenos de música.
Lo mismo que un rey de la Naturaleza terrestre,
la Luz concita todas las fuerzas a cambios innúmeros,
ata y desata vínculos sin fin, envuelve todo ser de la Tierra con su imagen celeste.
Su sola presencia abre la maravilla de los imperios del mundo.

Pero me vuelvo hacia el valle,
a la sacra, indecible, misteriosa Noche.
Lejos yace el mundo –sumido en una profunda gruta–
desierta y solitaria es su estancia.
Por las cuerdas del pecho sopla profunda tristeza.
En gotas de rocío quiero hundirme y mezclarme con la ceniza.
–Lejanías del recuerdo, deseos de la juventud, sueños de la niñez,
breves alegrías de una larga vida,
vanas esperanzas se acercan en grises ropajes,
como niebla del atardecer tras la puesta del Sol–.
En otros espacios abrió la Luz sus bulliciosas tiendas.
¿No tenía que volver con sus hijos,
con los que esperaban su retorno con la fe de la inocencia?

¿Qué es lo que, de repente, tan lleno de presagios, brota
en el fondo del corazón y sorbe la brisa suave de la melancolía?
¿Te complaces también en nosotros, Noche obscura?
¿Qué es lo que ocultas bajo tu manto, que, con fuerza invisible, toca mi alma?
Un bálsamo precioso destila de tu mano,
como de un haz de adormideras.
Por ti levantan el vuelo las pesadas alas del espíritu.
Obscuramente, inefablemente nos sentimos movidos
–alegre y asustado, veo ante mí un rostro grave,
un rostro que dulce y piadoso se inclina hacia mí,
y, entre la infinita maraña de sus rizos,
reconozco la dulce juventud de la Madre–.
¡Qué pobre y pequeña me parece ahora la Luz!
¡Qué alegre y bendita la despedida del día!
Así, sólo porque la Noche aleja de ti a tus servidores,
por esto sólo sembraste en las inmensidades del espacio las esferas luminosas,
para que pregonaran tu omnipotencia –tu regreso– durante el tiempo de tu ausencia.
Más celestes que aquellas centelleantes estrellas
nos parecen los ojos infinitos que abrió la Noche en nosotros.
Más lejos ven ellos que los ojos blancos y pálidos de aquellos incontables ejércitos
–sin necesitar la Luz,
ellos penetran las honduras de un espíritu que ama–
y esto llena de indecible delicia un espacio más alto.
Gloria a la Reina del mundo,
a la gran anunciadora de Universos sagrados,
a la tuteladora del Amor dichoso
–ella te envía hacia mí, tierna amada, dulce y amable Sol de la Noche–
ahora permanezco despierto
–porque soy Tuyo y soy Mío *–

tú me has anunciado la Noche: ella es ahora mi vida
–tú me has hecho hombre–
que el ardor del espíritu devore mi cuerpo,
que, convertido en aire, me una y me disuelva contigo íntimamente
y así va a ser eterna nuestra Noche de bodas.
 
II

¿Tiene que volver siempre la mañana?
¿No acabará jamás el poder de la Tierra?
Siniestra agitación devora las alas de la Noche que llega.
¿No va a arder jamás para siempre la víctima secreta del Amor?
Los días de la Luz están contados;
pero fuera del tiempo y del espacio está el imperio de la Noche.
–El Sueño dura eternamente. Sagrado Sueño.–
No escatimes la felicidad
a los que en esta jornada terrena se han consagrado a la Noche.
Solamente los locos te desconocen, y no saben del Sueño,
de esta sombra que tu, compasiva,
en aquel crepúsculo de la verdadera Noche
arrojas sobre nosotros.
Ellos no te sienten en las doradas aguas de las uvas,
en el maravilloso aceite del almendro
y en el pardo jugo de la adormidera.
Ellos no saben que tú eres
la que envuelves los pechos de la tierna muchacha
y conviertes su seno en un cielo,
ellos ni barruntan siquiera
que tú,
viniendo de antiguas historias,
sales a nuestro encuentro abriéndonos el Cielo
y trayendo la llave de las moradas de los bienaventurados,
de los silenciosos mensajeros de infinitos misterios

III

Antaño,
cuando yo derramaba amargas lágrimas;
cuando, disuelto en dolor, se desvanecía mi esperanza;
cuando estaba en la estéril colina,
que, en angosto y obscuro lugar albergaba la imagen de mí
–solo, como jamás estuvo nunca un solitario,
hostigado por un miedo indecible–
sin fuerzas, pensamiento de la miseria sólo.
Cuando entonces buscaba auxilio por un lado y por otro
–avanzar no podía, retroceder tampoco–
y un anhelo infinito me ataba a la vida apagada que huía:
entonces, de horizontes lejanos azules
–de las cimas de mi antigua beatitud–,
llegó un escalofrío de crepúsculo,
y, de repente, se rompió el vínculo del nacimiento,
se rompieron las cadenas de la Luz.
Huyó la maravilla de la Tierra, y huyó con ella mi tristeza
–la melancolía se fundió en un mundo nuevo, insondable
ebriedad de la Noche, Sueño del Cielo–,
tú viniste sobre mí
el paisaje se fue levantando dulcemente;
sobre el paisaje, suspendido en el aire, flotaba mi espíritu,
libre de ataduras, nacido de nuevo.
En nube de polvo se convirtió la colina,
a través de la nube vi los rasgos glorificados de la Amada
–en sus ojos descansaba la eternidad–.
Cogí sus manos. y las lágrimas se hicieron un vínculo
centelleante, indestructible.
Pasaron milenios huyendo a la lejanía, como huracanes.
Apoyado en su hombro lloré;
lloré lágrimas de encanto para la nueva vida.
–Fue el primero, el único Sueño.–
Y desde entonces,
desde entonces sólo,
siento una fe eterna. una inmutable confianza en el Cielo de la Noche,
y en la Luz de este Cielo: la Amada.

IV

Ahora sé cuándo será la última mañana
–cuándo la Luz dejará de ahuyentar la Noche y el Amor–
cuándo el sueño será eterno y será solamente Una Visión inagotable,
un Sueño.
Celeste cansancio siento en mí:
larga y fatigosa fue mi peregrinación al Santo Sepulcro, pesada, la cruz.
La ola cristalina,
al sentido ordinario imperceptible,
brota en el obscuro seno de la colina,
a sus pies rompe la terrestre corriente,
quien ha gustado de ella,
quien ha estado en el monte que separa los dos reinos
y ha mirado al otro lado, al mundo nuevo, a la morada de la Noche
–en verdad–, éste ya no regresa a la agitación del mundo,
al país en el que anida la Luz en eterna inquietud.

Arriba se construyen cabañas, cabañas de paz,

anhela y ama, mira al otro lado,
hasta que la más esperada de todas las horas le hace descender
y le lleva al lugar donde mana la fuente,
sobre él flota lo terreno,

las tormentas lo llevan de nuevo a la cumbre,
pero lo que el toque del Amor santificó
fluye disuelto por ocultas galerías,
al reino del más allá,
donde, como perfumes,
se mezcla con los amados que duermen en lo eterno.

Todavía despiertas,
viva Luz,
al cansado y le llamas al trabajo
–me infundes alegre vida–
pero tu seducción no es capaz de sacarme
del musgoso monumento del recuerdo.
Con placer moveré mis manos laboriosas,
miraré a todas partes adonde tú me llames
–glorificaré la gran magnificencia de tu brillo–,
iré en pos, incansable, del hermoso entramado de tus obras de arte
–contemplaré la sabia andadura de tu inmenso y luciente reloj–,
escudriñaré el equilibrio de las fuerzas
que rigen el maravilloso juego de los espacios, innúmeros, con sus tiempos.
Pero mi corazón, en secreto,
permanece fiel a la Noche,
y fiel a su hijo, el Amor creador.
¿Puedes tú ofrecerme un corazón eternamente fiel?
¿Tiene tu Sol ojos amorosos que me reconozcan?
¿Puede mi mano ansiosa alcanzar tus estrellas?
¿Me van a devolver ellas el tierno apretón y una palabra amable?
¿Eres tu quien la ha adornado con colores y un leve contorno,
o fue Ella la que ha dado a tus galas un sentido más alto y más dulce?
¿Qué deleite, qué placer ofrece tu Vida
que suscite y levante los éxtasis de la muerte?
¿No lleva todo lo que nos entusiasma el color de la Noche?
Ella te lleva a ti como una madre y tú le debes a ella todo tu esplendor.
Tú te hubieras disuelto en ti misma,
te hubieras evaporado en los espacios infinitos,
si ella no te hubiera sostenido,
no te hubiera ceñido con sus lazos para que naciera en ti el calor
y para que, con tus llamas, engendraras el mundo.
En verdad, yo existía antes de que tú existieras,
la Madre me mandó, con mis hermanos,
a que poblara el mundo,
a que lo santificara por el Amor,
para que el Universo se convirtiera
en un monumento de eterna contemplación
–me mandó a que plantara en él flores inmarcesibles–.
Pero aún no maduraron estos divinos pensamientos.
–Son pocas todavía las huellas de nuestra revelación.–
Un día tu reloj marcará el fin de los tiempos,
cuando tú seas una como nosotros,
y, desbordante de anhelo y de fervor,
te apagues y te mueras.
En mí siento llegar el fin de tu agitación
–celeste libertad, bienaventurado regreso–.
Mis terribles dolores me hacen ver que estás lejos todavía de nuestra patria;
veo que te resistes al Cielo, magnífico y antiguo.
Pero es inútil tu furia y tu delirio.
He aquí, levantada, la Cruz, la Cruz que jamás arderá
–victorioso estandarte de nuestro linaje–.

Camino al otro lado,
y sé que cada pena
va a ser el aguijón
de un placer infinito.
Todavía algún tiempo,
y seré liberado,
yaceré embriagado
en brazos del Amor.
La vida infinita
bulle dentro de mí:
de lo alto yo miro,
me asomo hacia ti.
En aquella colina
tu brillo palidece,
y una sombra te ofrece
una fresca corona.
¡Oh, Bienamada, aspira
mi ser todo hacia ti;
así podré amar,
así podré morir.
Ya siento de la muerte
olas de juventud:
en bálsamo y en éter
mi sangre se convierte.
Vivo durante el día
lleno de fe y de valor,
y por la Noche muero
presa de un santo ardor.

V

Sobre los amplios linajes del hombre reinaba,
hace siglos, con mudo poder,
un destino de hierro:
Pesada, obscura venda envolvía su alma temerosa.
La tierra era infinita, morada y patria de los dioses.
Desde la eternidad estuvo en pie su misteriosa arquitectura.
Sobre los rojos montes de Oriente, en el sagrado seno de la mar,
moraba el Sol, la Luz viva que todo lo inflama.
Un viejo gigante * llevaba en sus hombros el mundo feliz.

Encerrados bajo las montañas yacían los hijos primeros de la madre Tierra.
Impotentes en su furor destructor contra la nueva y magnífica estirpe de Dios
y la de sus allegados, los hombres alegres.
La sima obscura y verde del mar, el seno de una diosa.
En las grutas cristalinas retozaba un pueblo próspero y feliz.
Ríos y árboles, animales y flores tenían sentido humano.
Dulce era el vino, servido por la plenitud visible de los jóvenes,
un dios en las uvas,
una diosa, amante y maternal,
creciendo hacia el cielo en plenitud y el oro de la espiga,
la sagrada ebriedad del Amor, un dulce culto a la más bella de las diosas,
eterna, polícroma fiesta de los hijos del cielo y de los moradores de la Tierra,
pasaba, rumorosa, la vida,
como una primavera, a través de los siglos.
Todas las generaciones veneraban con fervor infantil la tierna llama,
la llama de mil formas, como lo supremo del mundo.
Un pensamiento sólo fue, una espantosa imagen vista en sueños.

Terrible se acercó a la alegre mesa,
y envolvió el alma en salvaje pavor;
ni los dioses supieron consolar
el pecho acongojado de tristeza.
Por sendas misteriosas llegó el Mal;
a su furor fue inútil toda súplica,
Era la muerte, que el bello festín
interrumpía con dolor y lágrimas.

Entonces, separado para siempre
de lo que alegra aquí el corazón,
lejos de los amigos, que en la Tierra
sufren nostalgia y dolores sin fin,
parecía que el muerto conocía
sólo un pesado sueño, una lucha impotente.
La ola de la alegría se rompió
contra la roca de un tedio infinito.

Espíritu osado y ardiente sentido,
el hombre embelleció la horrible larva;
un tierno adolescente apaga la Luz y duerme,
dulce Tierra, como viento en el arpa,
el recuerdo se funde en los ríos de sombra,
la poesía cantó así nuestra triste pobreza,
pero quedaba el misterio de la Noche eterna,
el grave signo de un poder lejano.

A su fin se inclinaba el viejo mundo.
Se marchitaba el jardín de delicias de la joven estirpe
–arriba, al libre espacio, al espacio desierto, aspiraban los hombres subir,
los que ya no eran niños, los que iban creciendo hacia su edad madura.
Huyeron los dioses, con todo su séquito.
Sola y sin vida estaba la Naturaleza.
Con cadena de hierro ató el árido número y la exacta medida.
Como en polvo y en brisas se deshizo
en obscuras palabras la inmensa floración de la vida.
Había huido la fe que conjura y la compañera de los dioses,
la que todo lo muda, la que todo lo hermana:
la Fantasía.
Frío y hostil soplaba un viento del Norte sobre el campo aterido,
y el país del ensueño, la patria entumecida por el frío, se levantó hacia el éter.
Las lejanías del cielo se llenaron de mundos de Luz.
Al profundo santuario, a los altos espacios del espíritu,
se retiró con sus fuerzas el alma del mundo,
para reinar allí hasta que despuntara la aurora de la gloria del mundo.
La Luz ya no fue más la mansión de los dioses,
con el velo de la Noche se cubrieron.
Y la Noche fue el gran seno de la revelación,
a él regresaron los dioses, en él se durmieron,
para resurgir, en nuevas y magníficas figuras, ante el mundo transfigurado.
En el pueblo, despreciado por todos, madurado temprano,
extraño tercamente a la beata inocencia de su juventud,
apareció, con rostro nunca visto, el mundo nuevo
–en la poética cueva de la pobreza–.
Un Hijo de la primera Virgen y Madre,
de un misterioso abrazo el infinito fruto.
Rico en flor y en presagios, el saber de Oriente
reconoció el primero el comienzo de los nuevos tiempos.
Una estrella le señaló el camino que llevaba a la humilde cuna del Rey.
En nombre del Gran Futuro le rindieron vasallaje:
esplendor y perfume, maravillas supremas de la Naturaleza.
Solitario, el corazón celestial se desplegó en un cáliz de omnipotente Amor,
vuelto su rostro al gran rostro del Padre,
recostado en el pecho, rico en presagios y dulces esperanzas, de la Madre
amorosamente grave.
Con ardor que diviniza,
los proféticos ojos del Niño en flor
contemplaban los días futuros; miraba
a sus amados, los retoños de su estirpe divina,
sin temer por el destino terrestre de sus días.
Muy pronto, extrañamente conmovidos por un íntimo Amor,
se reunieron en torno a él los espíritus ingenuos y sencillos.
Como flores,
germinaba una nueva y extraña vida a la vera del Niño.
Insondables palabras, el más alegre de los mensajes, caían,
como centellas de un espíritu divino, de sus labios amables.
De costas lejanas,
bajo el cielo sereno y alegre de Héllade
llegó a Palestina un cantor, y entregó su corazón entero al Niño del Milagro:

Tú eres el adolescente que desde hace tiempo
estás pensando, sobre nuestras tumbas:
un signo de consuelo en las tinieblas
–alegre comenzar de un nuevo hombre–.
Lo que nos hunde en profunda tristeza
en un dulce anhelar se nos lleva:
la Muerte nos anuncia eterna Vida,
Tú eres la Muerte, y sólo Tú nos salvas.

Lleno de alegría,
partió el cantor hacia Indostán
–ebrio su corazón de dulce Amor–;
y esparció la noticia con ardientes canciones bajo aquel dulce cielo,
y miles de corazones se inclinaron hacia él,
y el alegre mensaje en mil ramas creció.
El cantor se marchó,
y la vida preciosa fue víctima pronto de la honda caída del hombre.
Murió en sus años mozos,
arrancado del mundo que amaba,
de su madre, llorosa, y los amigos, medroso.
El negro cáliz de indecibles dolores
tuvieron que apurar sus labios amorosos.
Entre angustias terribles llegaba la hora del parto del mundo nuevo.
Libró duro combate con el espanto de la vieja muerte,
–grande era el peso del viejo mundo sobre él–.
Una vez más volvió a mirar a su madre con afecto
–y llegó entonces la mano que libera,
la dulce mano del eterno Amor–,
y se durmió en la eternidad.
Por unos días, unos pocos tan sólo,
cayó un profundo velo sobre el mar rugiente y la convulsa Tierra
–mil lágrimas lloraron los amados–,
cayó el sello del misterio
–espíritus celestes levantaron la piedra,
la vieja losa de la obscura tumba–.
Junto al durmiente
–moldeados dulcemente por sus sueños–
estaban sentados ángeles.
En nuevo esplendor divino despertado
ascendió a las alturas de aquel mundo nacido de nuevo,
con sus propias manos sepultó el viejo cadáver en la huesa que había abandonado
y, con mano omnipotente, colocó sobre ella una losa que ningún poder levanta.

Tus amados aún lloran lágrimas de alegría, lágrimas de emoción, de gratitud infinita,
junto a tu sepulcro –sobrecogidos de alegría, te ven aún resucitar–
y se ven a sí mismos resucitar contigo;
te ven llorar, con dulce fervor, en el pecho feliz de la Madre;
pasear, grave, con los amigos;
decir palabras que parecen arrancadas del Árbol de la Vida;
te ven correr anhelante a los brazos del Padre,
llevando contigo la nueva Humanidad,
el cáliz inagotable del dorado Futuro.
La Madre corrió pronto hacia ti –en triunfo celeste–.
Ella fue la primera que estuvo contigo en la nueva patria.
Largo tiempo transcurrió desde entonces,
y en creciente esplendor se agitó tu nueva creación
–y miles de hombres siguieron tus pasos:
dolores y angustias, la fe y la añoranza les llevaron confiados tras ti–
contigo y la Virgen celeste caminan por el reino del Amor
–servidores del templo de la muerte divina, tuyos para la Eternidad–.

Se levantó la losa.
–Resucitó la Humanidad.–
Tuyos por siempre somos,
no sentimos ya lazos.
Huye la amarga pena
ante el cáliz de Oro,
Vida y Tierra cedieron
en la última Cena.

La muerte llama a bodas.
–Con Luz arden las lámparas.–
Las vírgenes ya esperan
–no va a faltar aceite–.
Resuene el horizonte
del cortejo que llega,
nos hablen las estrellas
con voz y acento humanos.

A ti, mil corazones,
María, se levantan.
En esta vida en sombras
te buscan sólo a ti.
La salud de ti esperan
con gozo y esperanza,
si tú, Santa María,
a tu pecho les llevas.

Cuántos se consumieron
en amargos tormentos,
y, huyendo de este mundo,
volvieron hacia ti,
Ellos son nuestro auxilio
en penas y amarguras,
vamos ahora a ellos,
para ser allí eternos.

Nadie que crea y ame
llorará ante una tumba:
el Amor, dulce bien,
nadie le robará.
–Su nostalgia mitiga
la ebriedad de la Noche.–
Fieles hijos del Cielo
velan su corazón.

Con tal consuelo avanza
la vida hacia lo eterno;
un fuego interno ensancha
y da Luz a nuestra alma;
una lluvia de estrellas
se hace vino de vida,
beberemos e él
y seremos estrellas.

El Amor se prodiga:
ya no hay separación.
La vida, llena, ondea
como un mar infinito;
una Noche de gozo
–un eterno poema–
y el Sol, el Sol de todos,
será el rostro de Dios.

VI

Descendamos al seno de la Tierra,
dejemos los imperios de la Luz;
el golpe y el furor de los dolores
son la alegre señal de la partida.
Veloces, en angosta embarcación,
a la orilla del Cielo llegaremos.

Loada sea la Noche eterna;
sea loado el Sueño sin fin.
El día, con su Sol, nos calentó,
una larga aflicción nos marchitó.
Dejó ya de atraernos lo lejano,
queremos ir a la casa del Padre.

¿Qué haremos, pues, en este mundo,
llenos de Amor y de fidelidad?
El hombre abandonó todo lo viejo;
ahora va a estar solo y afligido.
Quien amó con piedad el mundo pasado
no sabrá ya qué hacer en este mundo.

Los tiempos en que aún nuestros sentidos
ardían luminosos como llamas;
los tiempos en que el hombre conocía
el rostro y la mano de su padre;
en que algunos, sencillos y profundos,
conservaban la impronta de la Imagen.

Los tiempos en que aún, ricos en flores,
resplandecían antiguos linajes;
los tiempos en que niños, por el Cielo,
buscaban los tormentos y la muerte;
y aunque reinara también la alegría,
algún corazón se rompía de Amor.

Tiempos en que, en ardor de juventud,
el mismo Dios se revelaba al hombre
y consagraba con Amor y arrojo
su dulce vida a una temprana muerte,
sin rechazar angustias y dolores,
tan sólo por estar a nuestro lado.

Medrosos y nostálgicos los vemos,
velados por las sombras de la Noche;
jamás en este mundo temporal
se calmará la sed que nos abrasa.
Debemos regresar a nuestra patria,
allí encontraremos este bendito tiempo.

¿Qué es lo que nos retiene aún aquí?
Los amados descansan hace tiempo.
En su tumba termina nuestra vida;
miedo y dolor invaden nuestra alma.
Ya no tenemos nada que buscar
–harto está el corazón–, vacío el mundo.

De un modo misterioso e infinito,
un dulce escalofrío nos anega,
como si de profundas lejanías
llegara el eco de nuestra tristeza:
¿Será que los amados nos recuerdan
y nos mandan su aliento de añoranza?

Bajemos a encontrar la dulce Amada,
a Jesús, el Amado, descendamos.
No temáis ya: el crepúsculo florece
para todos los que aman, para los afligidos.
Un sueño rompe nuestras ataduras
y nos sumerge en el seno del Padre.

Novalis: Poemas tardíos

Creación/Creación


Novalis: Poemas tardíos

Por Novalis, martes, 03 de enero de 2012
 
Con el título de Poemas tardíos se reúnen una serie de poemas escritos en los últimos años de la vida de Novalis -entre los veinticinco y los veintiocho años- a los que se ha prestado poca atención, pero que sin duda, en palabras de Antonio Pau, autor de esta edición, resultan valiosos y originales pues revelan con toda nitidez la visión personalísima dentro del movimiento romántico que Novalis tenía del mundo.


EL EXTRANJERO (1)

Dedicado a la Señora del Consejero de Minas von Charpentier
Cansado estás y frío, oh extranjero, y no pareces
adaptado a este cielo. Vientos más calientes
     soplan que en tu patria, y más libre
  en otro tiempo se alzaba el pecho joven.

¿No expandía la vida allí su colorido
por el campo sereno y la eterna primavera?
     ¿No tendía allí la paz sus densos hilos?
  ¿No florecía allí eternamente lo que una vez brotó?

Oh, buscas en vano. Se ha hundido
aquella tierra celestial. Ningún mortal
     conoce ya el sendero inaccesible
  que el mar ha sumergido para siempre.

Muy pocos de los tuyos han logrado
ponerse a salvo del feroz oleaje. Están dispersos
     aquí y allá, y esperan
  mejores tiempos para reencontrarse.

Ten voluntad y sígueme. Te ha sido
favorable el destino que aquí te ha conducido.
     Gentes de tu tierra hay aquí, y que en silencio
  celebran una fiesta entrañable.

No puedes sin embargo entender cómo sus corazones
allí se unían. Ves brillar en sus rostros
     inocencia y amor, igual
  que en otro tiempo allí en la patria.

Más clara se alza tu mirada. La tarde se despliega
como un sueño amistoso, y transcurre veloz
    en dulce charla, y entre tanto
  tu corazón se funde con la bondad que reina.

Mirad. Está aquí el extranjero. De una misma tierra
a la que pertenecéis se siente desterrado. Horas sombrías
     han pasado por él. Muy pronto
  se ha acabado para él el día feliz.

Con gusto permanece entre los suyos.
Feliz celebra entre ellos la fiesta del hogar.
     La primavera, que fresca florece
  en torno de sus padres, le cautiva.

Vuelva a celebrarse la fiesta entre nosotros,
antes de que la madre, disgustada, se aleje
     de los hijos que lloran, y por sendas oscuras
  siga al guía que la lleve a la patria.

Que el hechizo que estrecha vuestro lazo
no ceda, y los que lejos están
     lo disfruten también, y todos juntos
  caminéis felices por un mismo camino.

Esto es lo que el huésped desea, pero ha hablado el poeta
en su lugar, porque prefiere permanecer callado
     cuando está contento y anhela la venida
  de los seres que quiere y que están lejos.

Permaneced amables con el extranjero.
Escasas alegrías le están deparadas.
Rodeado de personas amigas espera con paciencia
el día de su gran nacimiento.

***

[CONÓCETE A TI MISMO]

Una cosa sólo ha buscado el hombre en todo tiempo,
y lo ha hecho en todas partes, en las cimas y en las simas
   del mundo.
Bajo nombres distintos –en vano– se ocultaba siempre,
y siempre, aun creyéndola cerca, se le iba de las manos.
Hubo hace tiempo un hombre que en amables mitos
   infantiles
revelaba a sus hijos las llaves y el camino de un castillo
   escondido.
Pocos lograban conocer la sencilla clave del enigma,
pero esos pocos se convertían entonces en maestros
   del destino.
Discurrió largo tiempo –el error nos aguzó el ingenio–
y el mito dejó ya de ocultarnos la verdad.
Feliz quien se ha hecho sabio y ha dejado su obsesión
   por el mundo,
quien por sí mismo anhela la piedra de la sabiduría
   eterna.
El hombre razonable se convierte entonces en discípulo
   auténtico,
todo lo transforma en vida y en oro, no necesita ya los
   elixires.
Bulle dentro de él el sagrado alambique, está el rey en él,
y también Delfos, y al final comprende lo que significa
   conócete a ti mismo.

***

EL POEMA

Vida celestial de azul vestida,
sereno deseo de pálida apariencia,
que en arenas de colores traza
los rasgos huidizos de su nombre.

Bajo los arcos altos, firmes,
iluminado sólo por las lámparas,
yace, huido ya el espíritu,
el mundo más sagrado.

En silencio nos anuncia una hoja
perdida los mejores días,
y vemos abrirse los ojos poderosos
de la antigua leyenda.

Acercaos en silencio a la puerta solemne,
escuchad el golpe que produce al abrirse,
bajad luego del coro y contemplad allí
dónde está el mármol que anuncia los presagios.

Vida fugaz y formas luminosas
llenan la noche anchurosa y vacía.
Ha transcurrido un tiempo sin final
que se ha perdido haciendo bromas sólo.

Trajo el amor las copas llenas,
como entre flores se derrama el espíritu,
y beben sin parar los comensales,
hasta que se rasga el tapiz sagrado.

En extrañas filas llegan
veloces carruajes de colores,
y llevada en el suyo por insectos variados
sola llegó la princesa de las flores.

Velos como nubes descendían
de su frente luminosa hasta los pies.
Caímos de rodillas para saludarla,
rompimos a llorar, y ya no estaba.

***

CUANDO CIFRAS Y FIGURAS

Cuando cifras y figuras dejen de ser
las claves de toda criatura,
cuando aquellos que al cantar o besarse
sepan más que los sabios más profundos,
cuando vuelva al mundo la libertad de nuevo,
vuelva el mundo a ser mundo otra vez,
cuando al fin las luces y las sombras se fundan
y juntas se conviertan en claridad perfecta,
cuando en versos y en cuentos
estén los verdaderos relatos del mundo,
entonces una sola palabra secreta
desterrará las discordancias de la tierra entera.

***

Hay en la piedra un signo misterioso
grabado en el fondo de su sangre ardiente.
es como un corazón en que estuviera
grabada la imagen de la desconocida.
mil fulgores en torno de la piedra,
y una clara marea ondea alrededor.
Hay en ella enterrado el brillo de una luz,
¿será ésta un corazón dentro del corazón?


NOTAS(1) La selección de los poemas ha sido obra de Marta López Vilar.


Nota de la Redacción: agradecemos a Ediciones Linteo la gentileza por permitir la publicación de estos poemas del libro de Novalis, Poemas tardíos (Linteo, 2011), en Ojos de Papel.

Novalis: <i>Poemas tardíos</i> (Linteo, 2011)

Novalis: Poemas tardíos (Linteo, 2011)
    TÍTULO Poemas tardíos
    AUTOR Novalis
    EDITORIAL Linteo
    EDICIÓN E INTRODUCCIÓN Antonio Pau
    TRADUCCIÓN Antonio Pau
    FICHA TÉCNICA Colección Linteo Poesía nº 29. ISBN: 978-84-96067-68-4. 1ª ed. 188 páginas. 14 x 22. cm. PVP: 16 €
Novalis en 1799, retrato de Franz Gareis (fuente: wikipedia) Novalis en 1799, retrato de Franz Gareis (fuente: wikipedia)

Poema de Novalis

Novalis retratado por Friedrich Eduard Eichens 
Sólo unos cuantos
gozan del misterio del amor,
y desconocen la insatisfacción
y no sufren la eterna sed.
El significado divino de la Cena
es un enigma para el entendimiento humano;
pero quien sólo una vez,
en los ardientes y amados labios
haya aspirado el aliento de la vida,
quien haya sentido fundir su corazón
con el escalofrío de las ondas
de la divina llama,
quien, con los ojos abiertos,
haya medido el abismo
insondable del cielo,
ése comerá de su cuerpo
y beberá de su sangre
para la eternidad.
¿Quién ha descifrado
el sublime significado
del cuerpo terrenal?
¿Quién puede asegurar
que ha comprendido la sangre?
Un día todo será cuerpo,
un único cuerpo,
y en la sangre celestial
se bañará la feliz pareja.
¡Oh!, ¿acaso no se tiñe de rojo
el inmenso océano?
¿no es ya la roca que emerge
pura carne perfumada?
Es interminable el delicioso banquete,
el amor no se sacia jamás,
y nunca se acaba de poseer al ser amado,
nunca el abrazo es suficiente.
Los labios se tornan más delicados,
el alimento se transforma de nuevo
y se vuelve más profundo, más íntimo y cercano.
El alma se estremece y tiembla
con mayor voluptuosidad,
el corazón tiene siempre hambre y sed,
y así, para la eternidad,
el amor y la voluptuosidad se perpetúan.
Si los que ayunan
lo hubiesen saboreado sólo una vez
lo abandonarían todo
para venir a sentarse con nosotros
a la mesa servida y nunca vacía
del ferviente deseo.
Y de ese modo reconocerían
la inagotable plenitud del amor,
y celebrarían la consumación
del cuerpo y de la sangre.
Novalis, traducción de Rodolfo Häsler.

Sunday, September 29, 2013

“But what is lasting the poets provide.”

Meditations on the poetry of Holderlin…

“But what is lasting the poets provide.”
Friedrich Holderlin has long been recognized as one of the greatest poets of the German language, but little recognition of his achievements dignified Holderlin’s lifetime. Only his epistolary novel, ‘Hyperion’, and a handful of his poems received recognition during his life. He discovered his own poetic voice in the years between 1796 and 1800 and in the relatively short period of stability that remained to him- the later six years until insanity overwhelmed him in 1806- he produced some of the most intense and beautiful lyric poems ever written not only in the German language but in the history of poetry. Unlike many of his friends and peers, Holderlin never enjoyed the economic and emotional security connected with a university position or a position in government- the fact we have to understand is that his aspiration to become a poet only grew stronger as his failures in the “business” world accumulated. The growing determination to be a poet is a decisive factor in Holderlin’s poetry, and ‘determination’ is meant here not only as the human act of volition but the ontic event of one coming into one’s own.
The poetry of Holderlin exerts an influence like the pull of a giant wayward star; so strong has been its allure that one feels compelled to ask why Holderlin’s work captivate to this day so many major poets and philosophers…what is it about this poet that speaks with such tremendous force to us today? The answer, I think, lies in Holderlin’s experience of modernity. As he wrote in “The poet’s calling”, we live in a world in which “everything divine” has been “utilized” for too long, and “all the heavenly powers…thrown away.” We think we can grasp the world, that we can “name all the stars in heaven”, but we have lost our way to the divine. This absence, this deep sense of loss that underlies the unease of modern Western culture, is the basis of Holderlin’s work and power.
The years of his writings, roughly 1795- 1803, saw the blossoming of early German romanticism through the writings of Novalis, Schelling, Friedrich and August Schlegel, Tieck and others; building on the eighteenth century contributions of Herder and Goethe, this generation of thinkers held enormous faith in “the word”, in the medium of language, and never tired of exploring the connection between what Germans call ‘Dichtung’ (the creative writing) and the search for a level of atmosphere of culture that might suggest in the present that cultural unity that moderns have ascribed to the ancient Greeks. But unlike the proponents of romanticism who came to be known as the Jena school, Holderlin’s explorations were conducted on his own, since neither Schiller nor Goethe nor anyone else has much to do with the direction taken by him in the practice of the poet’s vocation. He insisted greatly also on the divinity of poetry because his faith could not allow that poetry is a closed, singularly mortal act: so the precondition for poetry is the receptive, pious soul, which is given inspiration from the very Gods.
The poet’s interest in the remote past, in this case ancient Greece, is not academic: though he shared with academics an interest in learning from and about the past, he went beyond the norm and addressed the issue of ancient culture’s preconditions as the preconditions of all culture. This poet’s motivation in going back to the ancients were more in the nature of approaching what he called “the source”, than longing for a golden age.
A basic attitude of faith is the prerequisite for poetry, in the sense that the poet must acknowledge the existence of something higher than man. “To the Fates” is one of Holderlin’s most widely known poems; even the title suggests the necessity of faith, for the poet is addressing the Fates as deities who are capable of governing the world.
So, remembrance of the divine is perhaps the key theme in Holderlin’s work. And, whether manifest in a memory of the sun gone down, or of childhood or the homeland, or of the poet’s song or of ancient Greece, it is always accompanied by the acute consciousness that we- as individuals and a community- are not in armony with the Gods: for only through remembrance can we recognize what we lack in the present and how to get it back.
.
Holderlin’s sense of loss and destitution was not simply due to a personal predilection for suffering, but was a part of a larger cultural phenomenon that arose from powerful currents seething under the Enlightenment- an increasing alienation from nature and a growing sense of disenchantment in the face of a triumphant rationality and waning traditions and values. Schiller described modern human beings as “stunted plants that show only a feeble vestige of their nature.” Holderlin, for his part, reacted to these currents with an almost overwhelming longing for lost wholeness.
Finally, instead of simply longing for fullness as in his early poetry, Holderlin’s final poetry acts as a mediator between the Gods, who seem to have the power to grant us finally wholeness, and human beings. For although we may long for complete union with the Gods and nature, we could not bear their intensity- the heavenly fire of this union would obliterate us as individual men. But we only know this because the poets have brought their “suitable hands” to “interpret the holy lore” and sing us traces of the Gods: so, the poet’s song reminds us of the wholeness we have lost.
And, in apprehension of beauty we get an inkling of what that unity might be like as the “supersensible” ground of both nature and freedom, and such apprehension of beauty prompt us to take an interest in matters to which we might otherwise be blind. The apprehension of beauty, best mediated by the poet, unites that would otherwise be only fragmented pieces of nature or our temporally extended lives and, as he put in the final line of his poem ‘Remembrance’: “But what is lasting the poets provide.”
His philosophical importance has only surfaced more recently; although Schelling and Hegel acknowledged him early as their equal, for a long time Holderlin’s philosophical position remained unknown outside the small circle of his friends even if, for Holderlin, there was no separation of poetry from truth and, therefore, no essential difference between poetry and philosophy. However, it was a philosopher who set the stage for the Holderlin renaissance in our century: when Friedrich Nietzsche, in his ‘Untimely Meditations’, launched a scathing attack on German philistine culture, he presented the “glorious Holderlin” as an antidote to the prevalent burgeois values. Holderlin had in fact felt deeply the modern crisis of values and had been filled with longing for a cultural and religious renewal. Nietzsche saw Holderlin as a kindred spirit who had, however, been crushed by the adversity of his own time. Holderlinean themes reverbrated in Nietzsche’s writings and seemed to point to deep affinities between their thoughts and lives that found a resonance with his readers: “Holderlin’s work was more understandable after being illustrated by Nietzsche.”
Moreover, inspired by Nietzsche’s diagnosis of European culture, the Stefan George circle aimed at cultural renewal through the formation of a “new league” of spiritual aristocracy that would function as the germ cell of a new mythologic- aesthetic culture. Through an aesthetics modeled on French Symbolism, George intended to elevate art once again on a sacred level. After the turn of century, Holderlin rapidly became the exemplary prophet of George’s aesthetic utopianism.
Finally, Heidegger’s reception of Holderlin is perhaps unique. Beginning with his lecture course on the hymns “Germania” and “The Rhine”, Heidegger entered into a dialogue with the poet that continued throughouth his life: “My thinking stands in an unavoidable relationship to the poetry of Holderlin.” More specifically, after the attempt in ‘Being and Time’ to elucidate the meaning of “being” through recourse to the implicit understanding of being that characterizes human existence, Heidegger turned away from the language of philosophy and assigned to art, and to poetry in particular, the role of bringing us into proximity with being. Heidegger’s theory of language, in particular in his interpretation of this poet, has brought so the poetry to the forefront of philosophical thought after more than two millenia of nearly unanimous, but also highly problematic, philosophical ejection of poetry from the realm of knowledge and truth. Then, in his subsequent writings, Heidegger interpretated the history of metaphisic from Plato to Hegel as the history of the forgetting of being and saw Holderlin’s hymns as marking the advent of another history: he interpreted Holderlin’s lament of the absence of the Gods in the light of this forgetfulness and Holderlin’s call for the Gods’ return as a readiness for a new thinking in the nearness of being. In their writings the ancients dealt with the question of being on manifold levels, with conception of Nature and Gods that modern man has abandoned. “The historical destination of philosophy culminates in the recognition of the necessity of gaining a hearing for Holderlin’s word.”
Furthermore, Heidegger claims that the Gods are still present, despite their absence: “man who, even with his most exulted thought could hardly penetrate to their Being, even though, with the same grandeur as at all time, they were somehow there.”

Friday, September 13, 2013

Mnemosyne, by Friedrich Hölderlin

Mesocosm

History, Philosophy, Religion, Art, Science

Mnemosyne, by Friedrich Hölderlin

Castle Near the River, K. F. Schinkel
Image (C) Barnaby Thieme
Completed around 1803, Hölderlin’s “Mnemosyne” anticipates many of the themes of Modernism by over a century. I’ve given my translation below, but as with all translations of great poems, much is lost. Hölderlin possessed an acute sensitivity to nuance, and many of his wonderful devices can’t be duplicated in English.
For example, the key line “Zweifellos / Ist aber Einer,” literally means “Undoubtedly / Though, there is one”.Zwei, the root of Zweifellos, means two, and the contrast between multiplicity and unity echoes the movement of the mind from a condition of primordial unity into the diversity of the phenomenal world, which constitutes one of the primary themes of the poem.
Also lost is the repetition of nemlich, which highlights various images in the poem in the sense of “that is” or “for example.” But it literally means “namely,” and carries the suggestion of naming or reference, enhancing the sense that objects of experience are signs or names of a sort, meaningful in themselves, and our world is saturated with an intertextual significance.
The title of the poem refers to the Greek goddess of memory, mother of the Nine Muses who inspire and exemplify the great arts of music, history, tragic poetry, astronomy, and so forth. Mnemosyne was an important figure in the mystical traditions of Orpheus, in which she stood as a counterpart to Lethe, goddess of forgetfulness. In this esoteric sense, the memory exemplified by Mnemosyne is the act of bringing forth eternal truths.
This idea is closely related to Plato’s theory of anamnesis or recollection, discussed in his dialogs Meno andPhaedo. Plato argued that our knowledge of subjects such as math and metaphysics is a kind of remembering. The soul can relate the particular objects that it perceives to universal truths, and in so doing the soul makes contact with the timeless realm of abstract relationships from which it came.
The Orphic mystics believed that the soul’s condition in life is one of forgetting its divine origins. Through mystical practice or contemplation, it is possible to recollect and reconnect with the timeless realm.
Hölderlin represents the world in an Orphic light – as a flux made sensible by the mind’s power to relate objects of experience to ideas, memories, or stories. This process is symbolically depicted as the actions of the gods. Memory serves as an image of mystical union with an object out of reach, a vanished memory or lost age.
Perhaps he had the story of Orpheus and Euridyce in mind when he wrote “…mortals almost / Reach into the abyss. Thus it turns, the echo, / With them.” Orpheus, you may recall, pursued his dead love into the underworld, and tried to bring her back into the light of day. But when he reached the mouth of Hades, he turned around to look at her, and she vanished. Perhaps with memory, in a similar fashion, the sought-after object disappears in the dark underworld when we try to grasp it.
Depending on your perspective, Hölderlin’s immortals are metaphors for workings of the mind, or vice versa. The poem is filled with images of signs and reference, but the sign and its object stand in an ambiguous relationship. The poet wavers between two reference points; either the mind knows its object, or the mind and its object are one.
Which is primary – the myth of the flower, or the narcissus that I see? The history or the land? The word or the flesh? Is there a Greece without Achilles? Is the world brought forth by mind, as Buddha taught in The Sutra of the Ten Grounds? Are we ourselves ideas in the Universal Mind?
Now the poem.
 
Mnemosyne
We are a sign, meaningless
We are painless and have almost
Forgotten speech in exile.
But if there is strife in heaven over mankind
And the moon travels in force, so the sea
Will speak and the rivers must
Find their way. Undoubtedly, though,
There is one, who
Can bring forth change daily. He scarcely needs
The law. And it sounds the leaves and rings the oak trees
By the glaciers. As not everything is possible for
The heavenly ones. That is, mortals almost
Reach into the abyss. Thus it turns, the echo,
With them. Time is
Long, but the truth
Will come to pass.
But what of love? We see
Sunshine on the ground and burnished dust.
And deep with the forest shadow and it blooms
Smoke from the rooftops, in the old crowns
Of towers, peaceful – the signs of day are good, that is,
If an immortal wounds
The soul in answer.
For snow, the abundant,
like flowers, stands signified where
It may, glistening off the green
Alpine meadow, half
There, speaking of crosses, the
Law is the dead at one stage
Along the way, on higher paths
A wanderer moves in wrath,
Knowing from a distance with
The other one, but what is this?
At the fig tree my
Achilles died to me,
And Ajax lies
In the grottoes of the sea,
At the brooks bordering Skamander.
Following the fixed, constant tradition of
Salamis, Ajax died of the temple’s fury
in strange lands.
Yet Patroclus in the king’s armor. And
Many others also died. At Kithairon
Lay Eleutherae, the city of Mnemosyne. There, too, when
God’s mantel was cast off, the one like night then parted
Her locks. Celestials, that is, are
Unwilling, if one had not gathered
His soul together in healing, but he must; in the same way
Suffers the mourner.

Saturday, September 7, 2013

Herta Müller: Poemas

Herta Müller: Poemas de "Los pálidos señores con las tazas de moca"

·




1

en la pequeña playa allí venían de nuevo
los finos socios juntos el
director general el putero y
su supuesta tita, el narigón
de mal sueño el
taxista liebre-miedoso el
inaudito probador de pieles el
flautista de zapatos blancos el
descansado doctor de reuma el
representante del zoo y algo más tarde
dos soldados que cada lunes
tenían permiso cuando se les contaba
en el comedor faltaba uno
el pantalón comprado demasiado pequeño estaba
allí sobre el banco su dueño era
un carpintero de veranda puede ser
que se ahogara


2

uno de los vecinos murió dos veces en la cama en enero
el mismo día incluso en este y en el siguiente
año el otro estaba sentado con su tablero de ajedrez
delante de la casa se quitó la gorra de borla y el tiempo
grande fuera rió desconcertado para que la atmósfera se pusiera
mejor yo por mi parte no me preocupé mucho casi menos
que vosotros de mí así de joven sólo tiró de la
cortina y corrió a través de la ventana al entierro
como música de acompañamiento tuve que llorar al
sochantre goteó mi nariz en el zapato hasta
que le pareció demasiado y entonces desgarró uno de sus cantos fúnebres
de su cuaderno musical me lo dio como pañuelo
y dijo cuando se seque me lo quedo de nuevo
está claro?


3

Madre se convirtió en una ortiga
Padre se convirtió en un álamo
en lugar de esto me dijo uno
durante la cena
todo amor se nos convierte en lampazo
yo sé en lo que él se convirtió
y cómo yo me empaqueto
pero me gustaría ser la espuma
en la boquilla del clarinete
el penumbroso dinero de los ladrones
o el flaco ladrido de los perros
contra la marca de las costillas de una chaqueta.


4

A mediodía llegó este cliente con la
pesada cabeza de madera pelada se sentó relajado delante
en el taburete y dijo al señor Klenk que
le cortara el pelo él iba a pagar toda la cuenta
y después iría en coche a una
boda
el señor Klenk dijo estamos de acuerdo
detrás del hombre comenzó con diez encorvados
dedos a viajar a través de lo vacío y con
la boca a zumbar como una herramienta


5

Conozco el fresno ese el
borde del día y la cesta con dos
ruedas conozco también
en mirada redonda el
cuadrado de residencia cuando nadie
mira entonces cambiamos atolondrada
mente la piel


6

Y nada acaba
en el alfabeto de la angustia
tan cabezacaninamente pesado
y a la vez lagartijamente delicado
como el presente




am kleinen Strand da kamen wieder
die feinen Mitglieder zusammen der
Hauptvorsteher der Fremgeher und
dessen sogenante Tante der langnasige
Schlafgestörte der
angsthasige Taxifahrer der
unerhörter Pelzprobierer der
weissbeschuhte Flötenspieler der
ausgeruhte Rheumadoktor der
Zoovertreter und etwas später
zwei Soldaten die jeden Montag 
Urlaub harren als man sie
beim Essen zählte fehlte einer
die su klein gekaufte Hose lag
dort auf der Bank ihr Herr war
ein Verandaschreiner kann sein
dass er ertrank 




der eine Nachbar starb zweimal im Bett im Januar
am selben Tag sogar in diesem und in nächsten
Jahr der andere sass mit seinem Schachbrett 
vorm Haus zog die Quastenmütze und die Zelt
gross raus lachte verwirrt damit das Wetter besser 
wird ich wiederum hielt eh nicht viel schier weniger 
als ihr von mir So derart jung zog nur den
Vorhang an und lief durchs Fenster zur Beerdigung
zum Begleitmusik musste ich weinen dem einen
Kantor tropfte meine Nase auf den Shuh bis
es ihm zu wider war da riss er eins der Grablieder
aus seinem Notenbuch gab es mir als Taschentuch
und sagte wenns trocken ist krieg ich es wieder
ist das klar 


3

Mutter wurde eine Nessel 
Vater wurde eine Pappel
stattdessen sagte einer
mir beim Abendessen
alle Liebe wird uns mal zur Klette
weiss ich was er wurde
und wie ich mich verpacke
aber ich wäre gern der Schaum
am Lippenstück der Klarinette
das dämmerige Geld der Diebe
oder das magere Gebell der Hunde
gegen das Rippenmuster einer Jacke 


4

zur Mittagsstunde kam dieser Kunde mit dem
schweren holzkahlen Kopf setzte sich locker vorn
auf den Hocker und sagte Herrn Klenk er
solle ihn scheren er wolle die volle Rechnung 
bezahlen und dann zu einer Hochzeit
Fahren
Herr Klenk sagte wir sind uns im Klaren
begann hinter de Mann mit zehn krummen
Fingern durchs Leere zu fahren und mit 
dem Mund wie ein Werkzeug zu brummen 


5

die Esche kenn ich die den
Tagrand und die gehtasche die
zwei räder hat kenne ich auch
im runde Blick das
Bleibquadrat wenn niemand
schaut dann tauschen wir Hals
über Kopf die Haut


6

und nichts gerät
im Alphabet der Angst 
so hundeköpfig plump
und gleichzeitig eidechsig zart
wie die Gegenwart



Traducción de José Luis Reina Palazón
Málaga, Eda Libros, 2010
Cortesía Tinta China
Foto original color: Kim Manresa

Friday, August 9, 2013

Revista Descontexto: Arte/política/cultura

“Para Varlin”, de Friedrich Dürrenmatt









En mi despacho
Cuelga tu Ejército de Salvación
Dos guitarras, una trompeta, una bandera
            Nueve hombres
Más creyentes que yo

Cuando salgo de mi estudio
            Me sonríe irónicamente el amigo Loetscher
Él sabe de mis errores gramaticales

Sentado en el comedor
            Escuchando atento a mi mujer
Cómo improvisa en el piano de cola
            Se arrellanan tras ella en dos sillones
Dos personas en la pared
            Un hombre y una mujer

Yo miro a la napolitana
            Que no quiso acostarse contigo
            Porque no eres católico

Y detrás de mí
            Brilla en negro un urinario público
A través de la niebla de París
            Non olet*

Estoy ante mí
            Pintado por ti
Un cuerpo gordo de grasa y agua bebe
            Amablemente a mi salud
Que en un crematorio algún día se evaporará

Somos ciegos sin tus caras
            Nosotros solamente somos tu objeto
En lo superfluo no cedes

Das forma a nuestros hechos,
Vengas a nuestros malhechores
En tanto que nos dibujas
Como el rey Caín




* Expresión latina pronunciada por Vespasiano a su hijo en referencia al dinero, en español: “no huele”.



en Literatura y Arte, 1990





Winter in Bondo, Varlin, 1974


VIERNES, AGOSTO 09, 2013

Monday, May 13, 2013

Günter Grass en el Cultural.es [http://www.elcultural.es/]


Lírico botín [http://www.elcultural.es/]

Inédito de Gönter Grass

 | Publicado el 27/04/2006 |  Ver el número en PDF

Después de una semana en que la poesía se ha enseñoreado de nuestro país, de la Cosmopoética cordobesa a las VIII Jornadas de poesía en español de Logroño, El Cultural anticipa los poemas y dibujos inéditos de una de las primicias poéticas del año: Lírico botín, de Gönter Grass. Una obra fascinante, porque, como confiesa él mismo, “mis poemas son el mejor modo de conocerme”, y porque, en palabras de Miguel Sáenz, traductor de la obra,“Grass ha entrado a saco en su producción novelística y poética de los últimos cincuenta años para extraer como trofeos sus poemas más queridos”. “Ahora bien -insiste Sáenz-, ¿se confiesa Grass en estos poemas? La respuesta es afirmativa, pero sólo si se tiene en cuenta que hay otros muchos Grasses: el narrador, el dramaturgo, el hombre público, el político... Con todo, este Grass lírico es, sin duda alguna, el Grass más próximo y comprensible. No hay que olvidar que Grass comenzó como poeta y sólo mucho más tarde la fuerza épica de tambores y rodaballos hizo casi olvidar al poeta original e inimitable”. Por eso, estas páginas ofrecen los mejores inéditos de este auténticoLírico botín, que lanza la próxima semana Bartleby Editores.


Pequeña fiesta
Antes de que los precios trepen por nuestro salario
-mañana los nudillos golpean ya, galvanizados,
en valores firmes, leitmotiv-,
debe surgir la alegría; las brisas ligeras
nos animan y hacen nuestra crisis placenteras.

Enumeramos tesoros: a menudo se busca
una funda de gafas, pero se abandona luego.
Carta o dinero -y también su resplandor interno- se convierten en capital: la
luz de las velas no alcanza
y anuncia la última capa de la esperanza.

¿Quién da? ¿Quién subasta? ¿Y quién se queda?
Después de siete horas de jugar centavos a las cartas,
todos han ganado tiempo, sólo el marco
ha perdido y va a dar su caminata
para ahogarse en las ahogadas minas de plata.

En los rincones, apoyado en el cansancio,
se repone el pecado y apenas divierte.
Sólo hacia el amanecer -desembriagado-
el dueño se decide a decir la enormidad:
¡Hay que someter a Dios a control de calidad!

A nosotros, unidos en el consumo sujeto a plazos
-puesto en hielo, todo paladar es sordo,
entre pollos que saben a cadáver
y provisiones que creen en emergencias-,
se nos arrebatan de la boca las apetencias.

Estrangulada la burla, bloqueada la ironía:
mi comercio se queda con los lagrimales.
Ay, si los mercados fueran abiertos y el amor libre,
las tendencias tendrían que afirmarse:
con compras de apoyo, la impotencia puede imaginarse.

Los huéspedes se van, son comedidos.
Pero mis carcajadas reclaman prima de polución
y en vertederos de ceniza hacen propaganda las risitas
por un cielo azul sobre el Ruhr y el Rin.
Yo aireo, pero el aire dice: no, pillín.


Peras y judías
Antes de que los verdes brotes se marchiten -
empollando las gallinas un otoño temprano-,
ya antes de que los afiladores de tijeras
prueben la luna con su duro pulgar,
el verano cuelga aún de tres hilos,
un medallón cierra la helada,
antes aún de que el adorno, pariente de la lluvia, emigre,
antes aún de que los cuellos desnudos, semienvueltos en niebla,
antes de que los bomberos extingan los asteres
y las arañas caigan en los vasos
para así evitar corrientes de aire,
antes, antes de que nos disfracemos,
envolviéndonos en míseras novelas,
vamos a limpiar judías verdes.
Con amarillas peras, clavo,
con carne de carnero las judías verdes,
con clavo negro y amarillas peras,
así nos comeremos las judías verdes,
con carne de carnero, clavo y peras.


Mi amigo Walter Henn ha muerto
Nunca quería irse a dormir.
Su cansancio se quedaba sentado y se disipaba hablando.
Sabía hacer
que las palabras hinchadas
parecieran leves.
Para él la simetría no podía durar;
su sonrisa la hacía desaparecer.
Su ligereza dejaba sin trabajo a las columnas.
Su ingenio
aparecía
con paso de paloma.
La técnica lo obedecía casi siempre.
Para cada milagro encontraba una nueva máquina de levitación.
Hablábamos de espantapájaros;
debían de hacerse móviles.
Pesaba más que Bayreuth y menos
que una libra de cerezas.
Y no quería irse a dormir.
No poseía nada por mucho tiempo.
Todos lo querían inexorablemente.
Jugaba por
contra
y con los minutos y el dinero.
Hasta el agua la bebía con ansia.
Del codillo
que le gustaba comer
se dejaba cinco cuartos.
Y tenía miedo al dentista.
Y eludía sus problemas:
a izquierda y derecha, árboles en fila, de hoja perenne.
Y hacía creer a las mujeres regordetas
que eran chicas semitransparentes.
Y se retorcía su pelo de treinta y un años.
Y no quería irse a dormir,
porque quería seguir hablando,
porque su sed estaba totalmente despierta,
porque su espectáculo no acababa,
porque para cada mutis se le ocurrían tres entradas en escena,
porque no sabía acabar y nunca lo intentaba:
astutas disculpas
dragones de papel,
bambalinas movidas de un lado a otro...
Pero ahora mi amigo,
que nunca quería irse a dormir,
está muerto.
No. No digáis prematuramente.
No habléis de los dioses
que lo amaban,
como dice el rumor,
hablad del engaño, de la injusticia
estúpida y cuadriculada,
de la hora de cierre
que dice: ¡por hoy basta, señores!
hablad de nosotros, las sanguijuelas,
y del agujero que ha quedado:
imposible de llenar... mirándolo fijamente... sin dormir.


Paisaje político
Para nosotros los perjudicados, para los que saber
obliga a hacer un esfuerzo para olvidar,
la geografía ordena una historia confusa:
Al lado de Adenau y hasta el riachuelo Hunte,
entre Galen y Frings,
los sociatas consiguen pequeñas ganancias
y se afanan por olvidar.
Pero sin cesar, junto al Wahnsee, se reúne la Conferencia;
sin cesar se fuerzan comentarios en lava del Eifel, basalto,
Globke grisáceo... nunca más en Travertin.
Porque eso debe quedar, quedar
y nunca más puede aplazarse:
desde el Jaksch hasta el Veba,
se piensa incesantemente hasta el final.
La culpa y la silvicultura
o lo que vuelve a crecer: áreas protegidas
dan al país estrechez y esperanza,
a la estrechez y la esperanza del país,
para que la madera útil y una nueva generación
se olviden ya mañana
de lo entrampada, lo despoblada
que estaba la Selva Negra.
El país es hermoso y la Naturaleza
apoya las cotizaciones y los prospectos turísticos,
porque una mirada hasta el Elba
o desde el Bocksberg hasta, al otro lado, el Marx
-cómo se protegen; cómo nos protegemos-,
por donde se interponen montañas serias
y el pensamiento no levanta el vuelo,
vale la pena echar una mirada
desde el Blessing sobre el Rin.
Ah, sus afluentes a izquierda y derecha:
el Barzel desemboca en el Wehner.
Aguas residuales alimentan el ser.
arenisca gris, Rehwinkel, abetos sin fronda,
karst, Abs y cerveza de Kulmbach,
nubes anticuadas sobre la tierra de Heidegger.


Decadencia
Aunque los huevos frescos contienen aspirina,
los gallos tienen dolores de cabeza,
pero sin embargo se aparean;
qué nerviosos salen del huevo los pollitos en primavera.


Veintisiete hombres
Saturno, el agrio atleta del cielo,
vino a buscarnos, su desayuno, sin ningún desvelo.
Ya bulle la mayoría, la múltiple frente,
el unicornio con su resto en la mente.

Nosotros éramos hombres veintisiete
pero Pascke nos puso pronto en un brete.
Disparó dos veces al espejo, acertó
y al espejo de su sueño semiciego despertó.

Cuando Frobe batió la mantequilla,
hasta que el agua saltó, dijo: ¡qué amarilla!
Agarró una tiza y dibujó un gato en el paredón:
¡Muera, muera ese ratón!

Schenker a todas las moscas había ahorcado,
las arañas seguían su mismo vaivén,
había a un hombre tranquilo molestado
y al hijo de ese hombre también.

Franz Loth apuñaló un horno a su antojo
y estranguló su toalla con irritación;
porque viendo un horno, lo veía rojo,
una toalla era para él provocación.

En Fráncfort, donde la Bolsa se hunde,
el universal Friedrich no se confunde;
como nosotros, antes estuvo en el Archivo,
pero el balance público fue negativo.

Y ése tiró a la paloma de la torre
Y Hermann al gusano enterrado no socorre.
Así se saltan los ojos a las patatas,
y se ahoga despacio a piedras insensatas.

Cortamos con nuestra hacha mancomunada
la punta a una flecha abandonada;
el barco ni proa ni popa tenía,
pero nadie en una vía de agua creía.

Luego fingimos añoranza y soledad, -
luego tallamos sillas de montar y felicidad
y nos sentamos - nos habíamos perdonado -
pronto encima, agotando al semental,
de cromo y gasolina el animal.

Salamos la miel, la sal endulzamos.
El balido a la cabra del cuello cortamos...
Saturno, el agrio atleta del cielo,
vino a buscarnos, su desayuno, sin ningún desvelo. 

Deseo, sueño o frustración [Longing, Dream or failure]

Otto Pankok, 1950, Holzschnitt [Grabado en madera],
Christus zerbricht das Gewehr
[Cristo rompe el fusil]:
Judaismo
Cristianismo
Islamismo.