Tuesday, December 18, 2012

No words!

Cioran / Dios y la soledad
Fotografía de Brigitte Niedermair
E. M. Cioran
Dios y la soledad
Si Dios creó el mundo, fue por temor de la soledad; ésa es la única explicación de la Creación. Nuestra razón de ser, la de sus criaturas, consiste únicamente en distraer al Creador. Pobres bufones, olvidamos que vivimos dramas para divertir a un espectador cuyos aplausos todavía nadie ha oído sobre la tierra… Y si Dios ha inventado a los santos —como pretexto de diálogo— ha sido para aliviar aún más el peso de su aislamiento.
         Por lo que a mí respecta, mi dignidad exige que Le oponga otras soledades, sin las cuales yo sólo sería un payaso más.
E. M. Cioran
De lágrimas y de santos
Barcelona, Tusquets, 1998

Monday, December 17, 2012

Exégesis impresionante y sucinta

José Manuel Arango / Hölderlin

José Manuel Arango
quizá la locura
es el castigo

para el que viola un recinto secreto
y mira los ojos de un animal
terrible
José Manuel Arango
Este lugar de la noche
Medellín, Edición de autor, 1973

José Manuel Arango / Hölderlin


Deangel
On A Blue Cross

HÖLDERLIN
By José Manuel Arango

perhaps madness
is the punishment

for he who violates a secret precinct
and looks in the eyes of a terrible
animal

Sunday, December 2, 2012

A poem by Hölderlin

lunes, diciembre 03, 2012

"En el silencio", de Friedrich Hölderlin

© Traducción de Juan Carlos Villavicencio



Ahí, en la sombra de la quebrada de un bosque engalanado
Saboreo, dormitando bajo las rosas,
La embriaguez de la fuente de tus dioses,
Abanicado por el aliento de tu amor.
Mira, todavía se está quemando en tu mejilla
Adolescente la ardiente y abrasante pasión,
Lleno está para mí el corazón de cánticos,
Y el ala requiere el ímpetu del águila.

Alcé mis osados sentidos hacia el Hades abajo,
Donde ningún mortal aún te vio,
Agitando su temerario plumaje
Hacia Orión, así estuvieras ahí;
Como se deslizan las corrientes en el vasto mar,
Los tiempos te derriban,
En el seno de la antigua eternidad,
En las profundidades del caos donde habitas.

En el desierto, árido paisaje del asombro,
Donde paciente la inanición de los siluros espera,
En la tierra de las tormentas, donde negras y salvajes
Las montañas miran absortas la fría coraza,
En la noche de verano, en los aires de la mañana,
Suspira tu saludo de hermana en las arboledas,
Sobre horribles tumbas del ligero sueño
La predilecta fortalece el beso de tus dioses.

Abanicas descanso en el alma de los héroes
En la sala, cuando comienza la batalla,
Respiras entusiasmo en la cueva,
Donde en la medianoche medita el pensador,
Un ligero sueño goteas sobre la sombría celda,
Que aquel que sufre olvida su pesar,
Sonríes íntima desde el origen de la sombra,
Donde la joven dio su primer beso.

¡Ah! Gotea de ti un dichoso y embriagante desgarro
Y el éxtasis fluyendo por mis huesos,
Millones te construyen altares,
¡No te enojes! ¡También este corazón es tuyo!
Allí, en el valle quiero beber placer,
Retornos al abismo de la sombra
Hasta que los brazos de la diosa hagan una más íntima señal
Hasta que a la novia la llame un silencioso vínculo.

Ningún intruso se acerca al lugar del ligero sueño,
Fresco y sombrío se está en el sudario,
Sacudida ha sido la cadena de la esclavitud,
Un susurro de mayo será maldición de una tormenta;
Más hermoso murmura el lento torrente de los tiempos,
Anillos oscurecidos por un enjambre de preocupaciones;
Como un sueño se desvanecen eternidades,
Duerme el joven con su novia en brazos.











Dedicada por encargo a Hugo Mujica.
Agradecimientos por las visiones y correcciones a Katherina Hochberger.








An die Stille

Dort im waldumkränzten Schattentale / Schlürft' ich, schlummernd unterm Rosenstrauch, / Trunkenheit aus deiner Götterschale, / Angeweht von deinem Liebeshauch. / Sieh, es brennt an deines Jünglings Wange / Heiß und glühend noch Begeisterung, / Voll ist mir das Herz vom Lobgesange, / Und der Fittig heischet Adlerschwung. // Stieg ich kühnen Sinns zum Hades nieder, / Wo kein Sterblicher dich noch ersah, / Schwänge sich das mutige Gefieder / Zum Orion auf, so wärst du da; / Wie ins weite Meer die Ströme gleiten, / Stürzen dir die Zeiten alle zu, / In dem Schoß der alten Ewigkeiten, / In des Chaos Tiefen wohntest du. // In der Wüste dürrem Schreckgefilde, / Wo der Hungertod des Wallers harrt, / In der Stürme Land, wo schwarz und wilde / Das Gebirg' im kalten Panzer starrt, / In der Sommernacht, in Morgenlüften, / In den Hainen weht dein Schwestergruß, / Über schauerlichen Schlummergrüften / Stärkt die Lieblinge dein Götterkuß. // Ruhe fächelst du der Heldenseele / In der Halle, wann die Schlacht beginnt, / Hauchst Begeist'rung in der Felsenhöhle, / Wo um Mitternacht der Denker sinnt, / Schlummer träufst du auf die düstre Zelle, / Daß der Dulder seines Grams vergißt, / Lächelst traulich aus der Schattenquelle, / Wo den ersten Kuß das Mädchen küßt. // Ha! dir träuft die wonnetrunkne Zähre / Und Entzückung strömt in mein Gebein, / Millionen bauen dir Altäre, / Zürne nicht! auch dieses Herz ist dein! / Dort im Tale will ich Wonne trinken, / Wiederkehren in die Schattenkluft, / Bis der Göttin Arme trauter winken, / Bis die Braut zum stillen Bunde ruft. // Keine Lauscher nahn der Schlummerstätte, / Kühl und schattig ists im Leichentuch, / Abgeschüttelt ist die Sklavenkette, / Maigesäusel wird Gewitterfluch; / Schöner rauscht die träge Flut der Zeiten, / Rings umdüstert von der Sorgen Schwarm; / Wie ein Traum verfliegen Ewigkeiten, / Schläft der Jüngling seiner Braut im Arm.

Wednesday, November 21, 2012

Cinco poemas de Fadwa Tuqan

© Versiones de Juan Carlos Villavicencio sobre diversas traducciones al inglés




A Cristo

Señor, gloria de los universos
Este año en tu cumpleaños
Toda la alegría de Jerusalén ha sido crucificada
¡Todas las campanas, Oh Señor
Están en silencio!
Por dos mil años,
No han estado en silencio en tus cumpleaños,
A excepción de este año
Las cúpulas ahora están de luto
Lo negro está envuelto en negro
En la Vía Dolorosa,
Jerusalén es azotado
Bajo la cruz
Está sangrando
En las manos del verdugo.
El mundo es inflexible ante la tragedia
La luz se ha apartado de ese despiadado maestro perdido
Que no encendió una vela
Que no derramó una sola lágrima
Para lavar las penas de Jerusalén
Los labradores han matado al heredero, Oh Señor,
Y usurpado la vid
Los labradores mataron al heredero, mi Señor
El pájaro del pecado se ha dispersado
Dentro de los pecadores del mundo
Y voló a profanar la castidad de Jerusalén
Qué maldito diablo es,
Odiado incluso por el Diablo.
Oh, Señor, gloria de Jerusalén
Fuera del pozo de agonía
Fuera del abismo
Fuera de los recovecos de la noche
Fuera del horror
El gemido de Jerusalén asciende a ti
Misericordia, Señor
¡Libérale este cáliz!






Siempre viva

Mi querida patria
No importa cuánto tiempo te agite la piedra
Del molino del dolor y la agonía
En el páramo de la tiranía,
Ellos nunca serán capaces
De arrancarte los ojos
O matar tus esperanzas y sueños
O crucificar tu voluntad de levantarte
O de darle valor a la sonrisa de nuestros niños
O destruir y quemar,
Porque fuera de nuestras tristezas profundas,
Fuera de la frescura de nuestra sangre derramada
Fuera de los estremecimientos de la vida y la muerte
La vida va a renacer en ti otra vez…





Dolores de parto

El viento sopla el polen en la noche
a través de las ruinas de hogares y campos.
La tierra se estremece de amor,
con el dolor de dar a luz,
pero el conquistador nos quiere hacer creer
historias de sumisión y rendición.

¡Oh Aurora Árabe!
Dile al usurpador de nuestra tierra
que el parto es una fuerza desconocida para él,
el dolor del cuerpo de la madre,
que la tierra cargada de cicatrices
inaugura vida
en el momento del amanecer
cuando la rosa sangrente
florece en la herida.





Mi ciudad está triste

El día en que conocimos la muerte y la traición,
se recogió la marea,
las ventanas del cielo se cerraron,
y la ciudad contuvo sus respiros.
El día del repliegue de las olas, el día
en el que la pasión abominable abrió la cara,
la esperanza se redujo a cenizas,
y mi triste ciudad fue asfixiada
tragando mientras el dolor.
Sin ecos ni signos,
los niños, las canciones, se perderán a sí mismas.
Mientras se desnudan, cubiertos de sangre los pies,
la tristeza se arrastra por mi ciudad,
un silencio plantado como la monta,
oscuro como la noche
un terrible silencio que transporta
el peso de la muerte y la derrota.
¡Ay, mi triste ciudad enmudecida!

¿Las frutas y el grano pueden por lo tanto ser quemados,
en el tiempo de la cosecha?

¡Doloroso el final de la ruta!





Detrás de sus paredes

Una injusta mano lo ha construido
y permanece de su tamaño
como una eterna miseria.
He visto sus melancólicos muros,
desgastados y deteriorados por las largas centurias, gritando:
¡Tú me quitas la luz y la libertad,
pero no podrás extinguir en mi corazón
la chispa de la esperanza.

Maldito, existirás para sofocar cada sueño
que se regenera en la medida que se alimenta.
Mi corazón nunca dejará de soñar
incluso si esta celda se cerrara para siempre.

Si mil cadenas me atan
tantas fantásticas alas me harán volar.
Maldeciré a cada persona y las de tu futuro por el tiempo que pueda.
Porque no me doblegará, nunca seré silenciado
delante de la furia.

Nunca dejaré de ser libre.
Voy a cantar los deseos de mi espíritu,
incluso si vas a aplastarme con cadenas.
Mi canción manará a raudales desde el fondo.

Saturday, November 3, 2012

Poemas de Wislawa Szymborska

ADOLESCENTE

¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?

¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?

Hay tantas diferencias entre nosotras
que probablemene sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.

Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatura mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.

Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.

Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.
Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.

Yo sé mucho más,
pero, a cambio, sin ninguna seguridad.
Me muestra unos poemas
escritos con una letra cuidada, clara,
que no tengo ya desde hace tiempo.

Leo y leo esos poemas.

A lo mejor este de aquí,
si lo acortáramos,
y lo corrigiéramos en un par de lugares.
El resto no augura nada bueno.

La conversación no fluye.

En su pobre reloj
el tiempo es barato e impreciso.
En el mío mucho más caro y exacto.

Al despedirnos nada, una especia de sonrisa
y ninguna emoción.

Sólo cuando desaparece
y olvida con las prisas la bufanda.

Una bufanda de pura lana virgen,
a rayas de colores,
hecha a ganchillo
por nuestra madre para ella.
Todavía la conservo.

IDEA 

Me vino a la cabeza una idea
¿para un verso?, ¿un poema?
Muy bien - le digo -, quédate, hablemos.
Tienes que contarme más de ti.

Ella me murmura algo al oído.

Ah, se trata de eso - le digo -, interesante.
Desde hace mucho me preocupa ese asunto.
¿Pero un poema sobre eso? No, seguro que no.

Ella me murmura algo al oído.

Eso es lo que tú crees - le respondo-,
sobrestimas mi capacidad y mi talento.
Ni siquiera sabría cómo empezar.

Ella me murmura algo al oído.

Te equivocas - le digo -, un poema concentrado y breve
es más difícil de escribir que uno largo.
No me tortures, no insistas, porque no va a salir bien.

Ella me murmura algo al oído.

Como quieras, lo voy a intentar, ya que te empeñas.
Pero de antemano te digo lo que va a pasar.
Ya verás, lo escribo lo rompo y lo tiro a la basura.

Ella me murmura algo al oído.

Tienes razón - le digo -, finalmente hay más poetas.
Otros lo harán mejor que yo.
Te puedo dar nombres, direcciones.

Ella me murmura algo al oído.

Sí, claro que los voy a envidiar.
Nosotros nos envidiamos hasta los malos poemas.
Y éste quizá debería… quizá debe tener…

Ella me murmura algo al oído.

Exactamente, tener esos rasgos que enumeras.
Así que mejor cambiemos de tema.
¿Te apetece un café?

Ella solamente suspira.
Comienza a desaparecer.
Y desaparece.

DIVORCIO

Para los niños el primer fin del mundo de su vida.
Para el gato un nuevo dueño.
Para el perro una dueña nueva.
Para los muebles escaleras, golpes, carga, descarga.
Para las paredes claros cuadrados tras los cuadros descolgados.
Para los vecinos de la planta baja un tema, una pausa en el hastío.
Para el coche mejor que fueran dos.
Para las novelas, la poesía - de acuerdo, llévate lo que quieras.
Peor para la enciclopedia y el vídeo,
ah, y para el manual de ortografía,
donde tal vez se explique el tema de los dos nombres:
si todavía unirlos con la conjunción “y”,
o ya separarlos con un punto.



Gracias a la editorial Bartleby, los lectores hispanos podemos leer la mejor poesía que se hace en Europa no sólo en versión bilingüe, sino de modo coetáneo. Es el caso del delicioso libro de la premio Nobel Wislawa Szymborska (Kórnik, Polonia, 1923) Aquí.
Bartleby ha publicado la magnífica traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia en 2009, el mismo año de lanzamiento del libro en las librerías polacas. Por cortesía de la editorial, recogemos en nuestra Sombra tres poemas del libro.
En ellos se puede disfrutar el peculiar humor de la autora, así como su capacidad de hacer sentir imaginativas y múltiples perspectivas sobre cada realidad. Toda una invitación (gracias, Nieves) a seguir leyendo a la genial Szymborska.

Saturday, October 13, 2012

Four mysteries!



Sea... Earth... Heaven... and Woman...
Really, I mean it!, size doesn't matter!
Just close your eyes
And they will talk to you!

ODA SOBRE UNA URNA GRIEGA, de JOHN KEATS

I
Oh, tú, intacta aún esposa de la calma;
oh, tú, hija adoptiva del silencio y del tiempo remansado;
rústica historiadora, que a tu manera cuentas,
con más dulzura que la poesía, un frondoso relato:
¿Qué leyenda, con hojas adornada, en torno tuyo ronda?
¿Sus figuras son dioses, mortales, o ambas cosas?
¿En Tempe están o en valles de la Arcadia?
¿Qué hombres o dioses muestras? ¿Qué doncellas esquivas?
¿Qué loco perseguir? ¿Qué afán por escapar?
¿Qué flautas y tambores? ¿Qué impetuoso éxtasis?
II
La melodía oída siempre es dulce, pero cuánto más dulce
es la que no se oye. Seguid sonando, pues, sutiles flautas;
no ya para el oído, sino, más apreciadas,
tocad para el espíritu vuestras mudas canciones.
Bello joven, debajo de los árboles, jamás podrá cesar
tu música, y jamás se quedarán sin hojas esas frondas;
ansioso amante, no podrás besar
-casi, casi rozándola- a tu amada, pero no te lamentes:
ella conservará toda su luz y, aunque tú no la alcances,
por siempre la amarás, será hermosa por siempre.
III
Oh, felices ramajes, que no podéis dejar
vuestras hojas caer ni despediros de la primavera;
oh, músico dichoso, infatigable,
que sin cesar entonas melodías que suenan siempre nuevas;
oh, más dichoso amor, amor feliz, feliz,
eternamente ardiente sin ser nunca gozado,
anhelante por siempre y siempre joven:
viviendo siempre por encima de la pasión humana,
que deja el corazón triste, hastiado,
encendida la frente y abrasada la lengua.
IV
¿Quiénes son estos yendo al sacrificio?
¿Hacia qué verde altar, misterioso oficiante,
conduces a esa res que muge al cielo,
cubiertos con guirnaldas sus suavísimos lomos?
¿Qué pueblo junto a un río o junto al mar,
o erigido en un monte, con tranquilas murallas,
esta pía mañana se ha quedado vacío de su gente?
Tus calles siempre, pueblo diminuto,
seguirán en silencio, y ni una sola alma
regresará a decirte por qué estás desolado.
V
¡Oh, ática figura! ¡Hermosa imagen! Hombres y doncellas
que nacieron del mármol, labrados al detalle,
entre boscosas ramas y pisada hojarasca.
Tú, silenciosa forma, logras ensimismarnos
como la eternidad. ¡Oh, fría pastoral!
Cuando la edad consuma a esta generación,
seguirás siendo, en medio de lamentos
distintos a los nuestros, de los hombres amiga, a los que dices:
«La belleza es verdad, la verdad es belleza». Eso es todo
lo que sabéis vosotros en la tierra. Y nada más necesitáis saber.









«Belleza y verdad» Edición y traducción de Lorenzo Oliván.  Ed. Pre-textos. Valencia, 2010.

About HÖLDERLIN

sábado, 26 de noviembre de 2011


HÖLDERLIN



Pero a nosotros nos corresponde, ¡poetas!, enfrentarnos
a las tormentas de Dios con la cabeza descubierta.
Hölderlin

Friedrich Hölderlin
 
No deja de sorprender la similitud de la cita que abre esta entrada con unos versos del grandísimo poeta y caballero valenciano Ausiàs March, quien casi cuatrocientos años antes escribió:

Jo sóc aquell qui’n lo tems de tempesta...
vaig sobre neu descalç ab nua testa.

(Yo soy aquel que en los tiempos de tempestad...
voy sobre nieve descalzo con la cabeza desnuda.)


Ausiàs March
 

Johann Christian Friedrich Hölderlin fue, como todo el mundo sabe, un poeta, un gran poeta alemán, lo cual es lo mismo que decir que fue uno de los mayores poetas de la literatura universal. Nació en 1770 y murió en 1840 pero abandonó este mundo mucho antes: en 1806 fue internado en una clínica debido a severos problemas mentales. Allí se le diagnosticó una enfermedad incurable que en aquel entonces llamaban simple y llanamente «locura»; 


en la actualidad quizá encajaría en lo que se llama «esquizofrenia catatónica» pero en la actualidad de dentro de cincuenta o cien años no sabemos dónde la harán encajar. Desde ese momento, 1806, hasta el día de su muerte, un siete de junio de 1843, es decir, durante treinta y seis años, se hizo cargo de él un buen hombre, el ebanista Ernst Zimmer, quien lo alojó en una habitación independiente de su casa con forma de torre a orillas del río Néckar, en la pequeña ciudad de Tubinga.


En esa habitación y en sus mundos fantasmales vivió todo ese tiempo, aunque, como ya hemos dicho, ya no era él. No se reconocía a sí mismo por su nombre sino que se atribuía nombres italianos; el más frecuente fue el de Scardanelli y con él firmó numerosos de los poemas que todavía escribió desde el otro lado.


La obra de Hölderlin es muy extensa y su influencia en el pensamiento y poesía de su época de gran importancia. No obstante, no entraremos en detalles. En la habitación de la torre de Tubinga recibía visitas de curiosos, pero también de personas cultas que querían distraerle y consolarle lo mejor que supieran y pudieran. Es de destacar la relación que mantuvo con Scardanelli Wilhelm Waiblinger, quien lo visitó durante muchos años, daba paseos con él, le hacía escribir, cosas así. Waiblinger escribió un libro, publicado en español por la editorial Hiperión, editado por Txaro Santoro y Anacleto Ferrer, titulado «Vida, poesía y locura de Friedrich Hölderlin»; de este libro estoy extrayendo muchas cosas para esta entrada.

Cuando Scardanelli era todavía Hölderlin mantuvo una relación con una mujer casada, Susette, a quien el poeta rebautizó con el nombre de Diotima. En el diario de Waiblinger se puede leer:

«Si se le dice que su Diotima tuvo que ser una noble criatura, contesta conmovido: “¡Ay, mi Diotima!... No me hable usted de mi Diotima. Trece hijos me ha parido. El uno es Papa, el otro Sultán, el tercero Zar de Rusia...
¿Y sabe usted lo que le ha pasado? Se ha vuelto loca; loca, loca, loca.”»


El hecho de que Hölderlin se olvidara de su nombre y pasara a llamarse, mayormente, Scardanelli, obedece a una particularidad de su enfermedad que le hacía distanciarse cada vez más de la realidad. Como señala Federico Bermúdez-Cañete Scardanelli mantenía «una actitud distanciadora, a través de exageradas fórmulas de cortesía en el trato social, con las que protegía su maltratada afectividad»: «Vuesa majestad», «vuesa santidad», «reverendo padre», «señor barón», eran algunas de esas disparatadas fórmulas.

En el mismo diario, en otro lugar podemos leer:

«Le hicieron entrega de un ejemplar de sus poemas, dio las gracias, hojeó el libro y dijo: “Sí, los poemas son auténticos, son míos, pero el título es falso. En mi vida me he llamado Hölderlin, sino Scardanelli, o Salvador Rosa o algo así”»

De unas conversaciones entre el escritor Gustav Kühne con el ebanista Zimmer destacamos:

Zimmer:
«Cuando está cansado de haber andado se retira a su cuarto, declama al vacío con la ventana abierta, no sabe cómo desembarazarse de su gran saber. A veces se sienta a su espineta y toca durante cuatro horas sin cesar, como si quisiera hacer salir hasta la última brizna de su saber. Y siempre el mismo tono monótono, la misma cantilena, que uno ya no sabe dónde meterse en toda la casa. Tengo que dominarme con todas mis fuerzas para que no me estalle la cabeza. Pero por otra parte a menudo toca muy bien. Lo único molesto es el ruido de sus uñas demasiado largas. Es toda una batalla cortárselas...»



Kühne:
«¿Aún escribe versos?

Zimmer:
«Casi todo el día...»



Todos los poemas que aparecen a continuación fueron escritos en la torre junto al Néckar:


NO TODOS LOS DÍAS

No todos los días alcanzan la belleza
Para aquel que añora las alegrías
De los amigos que le amaron, de los hombres
Demorándose con afecto junto al adolescente.


LAS DELICIAS DE ESTE MUNDO

Las delicias de este mundo ya he gozado,
Los días de mi juventud hace tanto, ¡tanto!, que se desvanecieron,
Abril y Mayo y Julio están lejanos,
¡Ya nada soy, ya nada me complace!


A ZIMMER

Un hombre sabio, pienso, cuando es bueno
Y sabio, ¿qué más precisa? ¿Hay algo
Que baste a un alma? ¿Ha crecido
Sobre la tierra algún cálamo, algún

Sarmiento en sazón que pueda alimentarlo? Tal es el sentido.
Un amigo a menudo es la amante, y más
El Arte. Oh amadísimo, a ti te digo la verdad.
Tuyo es el genio de Dédalo y del bosque.


EL ESPÍRITU DEL TIEMPO

La vida es la tarea del hombre en este mundo,
Y así como los años pasan, así como los tiempos hacia lo más alto avanzan,
Así como el cambio existe, así
En el paso de los años se alcanza la permanencia;
La perfección se logra en esta vida
Acomodándose a ella la noble ambición de los hombres.

24 de mayo de 1748
Humildemente
Scardanelli.


Obsérvese cómo la fecha que escribe Scardanelli pone más de manifiesto su distanciamiento de la realidad arriba mencionado.


LA PRIMAVERA

Despierta el día, esplendoroso está el cielo,
Brillan las estrellas luminarias,
Mirándolas el hombre a sí mismo se encuentra,
El comienzo del año es altamente contemplado.

Se destacan los montes donde brillan los ríos,
Las florescencias de los árboles son radiantes coronas,
El joven año comienza como con Fiestas,
Formándose los hombres con lo mejor y lo más alto.
24 de mayo
1748
Humildemente
Scardanelli.


LA VIDA ALBOROZADA

Cuando a la pradera llego,
a través de estos campos, Bueno y pacífico me siento,
Invulnerable a los espinos.
Mi ropa ondea en el viento,
Y el alegre espíritu busca
Su fondo, hasta
Que hallado lo celebra.

Oh dulce cuadro,
Bajo los verdes árboles,
Que mi paso detiene
Como el letrero de una taberna.
La paz de los tranquilos días
Me parece decididamente excelsa,
Pero no preguntes nada,
Pues yo he de decírtelo.

Hacia el hermoso arroyo
Afanosamente busco una alegre senda,
Hasta que a mis ojos muestra
Su serpentear por la salvaje ribera,
El pequeño puente que airoso lo cruza
Y que al bello bosque asciende;
Donde el viento agita el puente,
Alzo la vista alborozado.

En lo alto de la colina
Algunas tardes a reposar me siento
Mientras el viento alrededor de las cumbres silba
Y suenan las campanas en la torre,
La contemplación trae la paz a mi corazón
Que unido queda a esa imagen,
Aliviando sus dolores
Más allá de la razón.

¡Paisaje amado! por cuyo centro
Pasa el camino, tan llano,
Y sobre él la pálida luna se eleva
Cuando el viento del anochecer comienza,
Y más grandiosas las montañas,
A mi hogar regreso, pleno,
En busca del dorado vino.


EL CEMENTERIO

Pacífico lugar donde la joven hierba verdea,
Donde hombre y mujer yacen y las cruces se elevan,
Donde son conducidos los amigos,
Donde claro cristal relumbra en las ventanas.

Desde el alto resplandor del cielo
De mediodía, hasta la Primavera que en tu silencio se demora,
Nubes espirituales, grises y húmedas,
La hermosura del apacible día, todos sobre ti pasan.

Qué paz en este muro gris
Sobre el que cuelgan los frutos de un árbol;
Ramas negras cubiertas de rocío y de duelo,
Pero que sin embargo muestran en sus frutos la belleza.

Reina una oscura paz en la iglesia
Y el altar es esta noche más recogido,
Brillan aún en él los ornamentos,
Canta un grillo en los campos del Verano.

Cuando se escucha allí hablar al sacerdote,
Junto al grupo de amigos
Que acompañan al muerto. ¡Qué intimidad
Y noble espíritu, que la piedad propician!



Hölderlin sirvió de inspiración a músicos y otros artistas. Brahms escribió esta bella «Canción del destino» para coro y orquesta sobre el texto «Hyperions Schicksalslied». Lleva el nº de opus 54.
Interpretan:
Danish National Choir
Danish National Symphony Orchestra
Gerd Albrecht




«Hyperions Schicksalslied»,

Ihr wandelt droben im Licht
Auf weichem Boden, selige Genien!
Glänzende Götterlüfte
Rühren Euch leicht,
Wie die Finger der Künstlerin
Heilige saiten.
Schicksallos, wie der schlafende
Säugling, atmen die Himmlischen;
Keusch bewahrt
in bescheidener Knospe
Blühet ewig
Ihnen der Geist,
Und die seligen Augen
Blicken in stiller
Ewiger Klarheit.
Doch uns ist gegeben,
Auf keiner Stätte zu ruhn;
Es schwinden, es fallen
Die leidenden Menschen
Blindlings von einer
Stunde zur andern,
Wie Wasser von Klippe
Zu Klippe geworfen,
         Jahrlang ins Ungewisse hinab.         


«Canción del Destino»

¡Andáis arriba, en la luz,
por blando suelo, genios felices!
Espléndidas brisas divinas
os rozan apenas,
como los dedos de la artista
las cuerdas sagradas.
Carentes de destino, como el niño
dormido, respiran los celestes;
con pudor preservado
en humilde capullo,
florece eternamente
el espíritu en ellos,
y sus ojos felices
contemplan la tranquila
y eterna claridad.
Pero a nosotros no nos es dado
descansar en ninguna parte;
desaparecen, sufren
los hombres, caen
ciegamente de una
hora en otra,
como agua, de roca
en roca arrojada
durante años a la incertidumbre.

(Traducción de Jesús Munárriz)


Hanns Eisler fue un compositor alemán alumno de Arnold Schoenberg pero que se desmarcó de los postulados del dodecafonismo y por eso es bastante desconocido. Fue adepto del llamado realismo socialista. Escribió este Lied con texto de Hölderlin del que lamentablemente no dispongo del texto, por lo que pido disculpas. La música de Eisler es de una belleza misteriosa y, sin duda, injustamente olvidada.

Hanns Eisler
El Lied que vamos a escuchar pertenece al álbum «Hollywooder Liederbuch», en concreto el número 5 de los «Hölderlin-Fragmente», titulado «An eine Stadt».
Interpretan:
Matthias Goerne
Eric Schneider




Muchos han sido los poetas y escritores que han sido influidos por Hölderlin o han querido escribirle un texto en homenaje. Del libro «Poetas del poeta. A Friedrich Hölderlin en el 150 aniversario de su muerte», que es una recopilación de textos de este tipo realizada por Anacleto Ferrer y Jesús Munárriz y publicada también por la editorial Hiperión extraigo unos cuantos.


A Hölderlin
por Olga Botsi

¿Qué hermosamente te adormeciste
en las aguas silenciosas de la locura,
pájaro sagrado, tú, amigo de los dioses,
y desapareciste en la lejana
belleza por ti siempre deseada!



Invocación a Hölderlin
por Antonio Colinas

para Vicente Aleixandre

El levitón gastado, el sombrero caído
hacia atrás, las guedejas de trapo y unas llamas
en las cuencas profundas de sus dos ojos bellos.
No sé si esta figura maltrecha al caminar
escapa de un castigo o busca un paraíso.
De vez en cuando palpa su pecho traspasado
y toma la honda queja para el labio sin beso.
Oh Hölderlin a un tiempo andrajo y vara en flor,
nido pleno de trinos, muñeco maltratado.
A tu locura se abren los bosques más sombríos.
No ves cómo las fuentes se quiebran de abandono
cada vez que te acercas con tu paso cansado,
cada vez que desatas tu carcajada rota,
cada vez que sollozas tirado entre la yerba.
¿Qué claro estaba escrito tu sino bajo el cielo...!
Antes de que pusieras tu mano en el papel
fríos soles de invierno cruzaban la Suabia,
dejaban por las nubes agrios trazos verdosos.
Cuando tú, silencioso y enlutado, leías
latín en una celda ya hubo duendes extraños
sembrando por tus venas no sé qué fuego noble.
Y antes de que acabaras hablando a las estatuas
aves negras picaban tus dos ojos azules.
Hölderlin vagabundo, Hölderlin ruiseñor
de estremecido canto sin ojos y sin ramas
ahora que cae espesa la noche del otoño
contempla a nuestro lado la enfebrecida luna,
deja fluir tu queja, tus parloteos mágicos,
deja un silbo tan solo de tu canto en el aire.
Detén por un momento tu caminar y espanta
la muerte que en tus hombros encorvada te acecha.
Rasga los polvorientos velos de tu memoria
y que discurra el sueño, y que sepamos todos
 de dónde brota el agua que sacia nuestra sed.


Tübingen
por Eugénio de Andrade

Sólo la torre oscilaba
sobre el río.
Sólo la torre.
Ni la fiebre de la mirada
adolescente, ni
la locura tardía.
O la pasión de la palabra
vuelta melancolía.



Hölderlin
por Julio Cortázar

Criaturas de agua y césped son las nubes
Que ascienden sin violencia por las gradas
Del monte prodigioso, y salvan leves
El exceso temible del espacio,
Su dura resistencia imprevisible.
La liviana leticia las impulsa
Como faldas o anémonas o géyseres,
Y se ciernen más altas que el topacio
Durísimo del tiempo. Los sauces desde el suelo las repiten;
Cabalgadas de pájaros discurren
Como profundas solitarias cosas.


Soneto nº 9
por Günter Grass

Baldío yace el país al cuervo hambriento entregado,
se propaga el topo, hay demasiado, es sospechoso,
perro raro delante del cercado, celoso.
Quieren que paguemos: en la mano y al contado.

Porque en el centro situado, rico, indefenso,
miedo metódico sudó un arquitectónico invento:
como baluarte tierra noviembre se quiere asegurar
ante gitanos, negros, judíos y los de ultramar.

Hacia el Este como marca fronteriza estará Polonia;
así de rápido y útil nos inventamos la historia.
De siempre construimos castillos por placer puro,

levantamos murallas, erigimos el muro,
y contra claustrofobia, monotonía, depre de cuartel,
un Hölderlin placía, en el macuto pan y poesías de él.


Oda a Hölderlin
por Hermann Hesse

Amigo de juventud, vuelvo a ti agradecido
algunas tardes, cuando en la mata de lilas
del jardín que ya duerme
sólo sigue sonando la fuente en su murmullo.

Hoy nadie te conoce, amigo; el tiempo nuevo
se alejó del tranquilo encanto de tu Grecia;
sin oración ni dioses,
va prosaicamente el pueblo por el polvo.

Pero par el secreto grupo de ensimismados
cuyas almas hirió el dios con anhelos,
aún siguen resonando
las canciones de tu divina arpa.

Volvemos impacientes, fatigados del día,
a la ambrosiaca noche de tus cantos,
cuyas alas abiertas
nos dan sombra con sueño dorado.

Y cuando nos arroba tu canto, arde más fuerte,
más dolorosamente, hacia el feliz país del tiempo ido,
hacia los templos griegos,
nuestra eterna nostalgia.

Escultura de Hölderlin

Cuando murió Hölderlin, alguien pintó en la fachada de la torre:

«Hölderlin no estaba loco»