Monday, June 11, 2012

Juan Bautista Villaseca

Diurno para un perro sin sitio
Como las penas vuelven
a la comida muerta,
al rincón
que bien puede hospedar
la lágrima y la pulga,
como el perro noctámbulo que ha perdido el reloj de los ojos
y el sol se le aparece
como un recuerdo de la luz,
así regreso a ti.

Hay un mosaico que me enfría en tu pecho.
Yo soy el perro que regresa.
No sé vuelvo a ti para morir.
Diurno a las piedras
Quiéreme siempre, piedra, a ti te hablo.
A ti te toco y eres como el viento.
Yo no quiero romperte, yo presiento
que eres como un silencio en el establo.

Yo te acaricio como Cristo a Pablo.
Eres dureza en mi arrepentimiento,
eres cuerpo secreto que caliento.
El ángel quiere conocer al diablo.

Eres un beso seco de dureza.
Ojos nocturnos en la sed del campo.
Eres rostro del tiempo y mi tristeza.

Selva deshabitada, tierra dura.
Explorador del sueño, en ti me acampo.
Quédate como almohada de ternura.

Diurno en la frente
Llevo en la espalda un pájaro sangrado.
No me duele la sangre, sangre en vano.
Mi herida ya le perdonó a la mano.
Pistola de odio se volvió el pasado.

De atrás venimos al futuro alado
—música perseguida por un piano—,
de atrás el escritorio va hasta el llano,
toca la tierra, siembra y se hace prado.

Ácido funeral quema mis dedos.
Están pidiendo tempestad al río,
mi espalda tiene pétalos muy quedos.

Me voy, pero no voy indiferente.
No soy puñal de la melancolía,
mi espalda sangra, mas yo voy de frente.

Diurno para el adiós y un soneto
El día me lastima las dos manos;
son como dos cubetas ya vacías
cansadas de cargar días y días
el agua ahorcada junto a los pantanos.

Y tú vienes conmigo hasta esos vanos
pies de tierra, fríos, adonde huías,
descalza al fin como las alegrías
que siguen los amores hortelanos.

Me he acostumbrado a siempre despedirme,
llevo un fusil tatuado en la palabra.
Te amo amando para no morirme;

deja quedarme ciego y florecerte
para que no te mire el lecho que abra
no mirarte en un niño y detenerte.


Diurno y poesía
Leve es la cicatriz, pero honda la tortura.
El trigo se hace voz del pan eterno.
Siempre llevamos un oculto invierno
en la ceniza que dejó la albura.

Es la ventana a veces tan oscura
que se parece a Dios en el infierno,
pero la vida tiene un vientre tierno,
la eternidad no tiene sepultura.

Me está vistiendo el frío y aún me quemo.
Como una espera la piedad me mira.
Sin la alegría pateo y me blasfemo.

No sé si el día me carga o cargo al día.
Ya no sé quién se asfixia o quién respira.
Se va el amor, mas no la poesía.
♦

Retrato de Juan Bautista Villaseca

  
Diurno para un soneto a México

Este México triste que me duele
en su alegría y en su desventura,
este nopal oscuro que verdura
y hace pájaro al sol para que vuele.

Esta mi Patria mía a que me impele
el ombligo, el maíz, y la tortura;
este verme en un mapa que fulgura
rico y pobre en la vela que me vele.

Este México triste de su suegra,
páramo y tornasol en mesa abierta,
se hace el árbol amargo que me alegra.

México mío, águila que advierte
la puerta siempre de la siempre puerta,
no me dejes afuera de mi muerte.


Diurno para un poema enlutado

Hay poemas que se parecen a la muerte,
son tan silvestres
que nos traen de pronto la ceniza,
bajan de una vida que no pesa,
que se recarga entre los sucios huesos,
rascan la piel,
golpean la serpiente del intestino hambriento;
hay poemas que se parecen a los ríos desnudos,
a una cama sin rosas,
a un niño paralítico en medio de su infancia;
hay poemas como este que yo quiero escribir,
versos tiesos de llanto,
versos que pisan una tarima herida
de esta casa inundada de trampas por el mundo.

Hay poemas que se parecen a la muerte,
poemas rojos de agonía
donde la vida cae como un ganado estéril
cansado de pastar su desventura,
versos que fácilmente olvidarían
el magistrado,
el ingeniero turbio de los dólares,
y alguno que otro estúpido condecorado en la política,
porque esto es necesario,
hay que hablar de los cines,
del prostíbulo verde que sonrió alguna noche,
de cómo nos fue ayer y nos irá mañana,
de cómo nos hacemos pendejos con la flor en las manos,
mientras los hospitales,
los mercados enfermos de pobreza,
los niños que se arrastran en los años,
están afuera de la tierra,
afuera de la luz,
lamiendo los orines
que de limosna dejan caer los millonarios,
mientras afuera del campo
se ha olvidado otra vez de Quetzalcóatl.

Hay poemas que se parecen a la muerte.
Uno se busca en medio del cadáver.
Cuando saca las manos a la vida
se encuentra caminando con un hermano muerto
colgándonos del hombro.

Diurno como un cuento

Érase un campo de concentración
pero de golondrinas,
las jóvenes ardillas te ocultaban
y un recinto de invierno
te cerraba los ojos
con un sueño de brizna
desde las madrugadas…

Érase que era una cárcel
pero toda en el huerto de la espuma,
toda como una rosa en sus vocales
coronada de niños,
toda como una biblioteca de amor
en la lumbre olvidada;
toda como el rocío cercado por la lluvia.

Érase que se eran las cárceles
pero de libertad
en ramos matutinos.

Érase que se eran cuatro paredes solas
pero sólo de amor,
sólo del alba
cuando caminaba a la intemperie.


Este malogrado y casi desconocido poeta nació en México DF en 1932 y murió en 1969, a pesar de su muerte prematura, dejó poemas que muestran su enorme talento.

Cercanía de la ausencia

Nunca pude comprender
por qué le llamaba Dios
y Él me llamaba Juan.

En el agua de mi infancia
se quitaba el antifaz,
a Él le lloraba un huerto
de nardos en tempestad,
nunca me dijo por qué
también le quemaba el pan.

A las basuras del tiempo
se fue mudando esa edad.

Mi traje cambió de pena,
mi zapato de orfandad.

Ya ni el recuerdo recuerda
lo que quiero recordar,
la tierra de mi cadáver
lleva un poco de su cal,
y si algún día lo encuentro
ya Dios no lo llamaría,
ni él me llamaría Juan.


(Al poeta Luis Alvelais Pozos) 



Diurno del bar

El bar
es el exilio de un sonámbulo
que llega hasta la barra y se suicida.
El bar es el obrero,
es el agricultor y es el poeta,
que tristes ya de hablarle al sindicato,
al campo,
y a la vida,
se van a oír cómo les suena el alma
entre los vasos.
El bar es un puñal de doble sueño.
En la puerta,
como en esas películas en donde el olvido dice pan o muerte
dejamos un caballo con un fardo de angustia.
Cuando olvidamos de la boca el vaso,
cuando nos vamos otra vez al tiempo,
cuando el alcohol sonrió frente al hambre,
nos salimos del bar a ver el viento.
...Y el caballo allí está.
Le montamos de nuevo la tristeza
y nos vamos cansados a la noche
con un galope lento
que despertando el polvo
vuelve otra vez hacia la lejanía.

Diurno para un reloj perdido

Hoy he empeñado
Como otras tantas veces mi reloj.
Se adelantaba tanto a mi pobreza
que al hotel estrellado de la noche
le despertaba el sol.
El tiempo no goteaba,
era un río,
quería todas las estaciones
para vivir un día.
Las horas se salían de su jaula
saludando una vida anticipada.
Mi reloj no servía,
era como una hora que se escapa
para decir al árbol que llegó la aurora,
mi reloj no servía,
pedía que llorara más aprisa,
y así me amontonaba la hora del melón
que sangra la sandía desde lejos.
Pero estaba inservible,
me adelantaba hasta los cobradores
a interrumpirme siempre en la paz,
y era como toda ilusión
un inexacto.

Diurno a mi soledad

Soledad,
seca manzana
que acaricio en la última bolsa de mi saco,
qué extraña muerte tengo
para guardarte junto de mi vida.
Es cierto, llega un beso,
el coágulo de sangre de la tierra,
llega un amigo con el plato roto,
apenas llega un pétalo a mis versos
y busca pasaporte hacia algún huerto,
llegan las estaciones vendedoras del sol,
y llega alguna noche
y me pide un sarape para el frío,
llega a verme mi madre
que nunca me visita,
llega el mismo traje,
y el llanto de madera de esta silla cansada de mi sombra
y llego yo otra vez a verme de espejo a espejo
con la piel encima.
Ay soledad
qué suerte tengo que tú me esperes
en la última bolsa de mi saco.

Pañuelo para un poeta distante

Era como la tierra, una argamasa
sin picaportes para la alegría,
alquilaba sus huesos, se dormía
como un limón soltero que se casa.
Yo lo miraba herirse en esa gasa
que cobijó en un beso la agonía,
venía obrero del dolor, venía
capitán de una lágrima a mi casa.
Una tarde abandonó su equipaje
de distancias. Se fue silbando el viaje
como los ferroviarios que se van...
Un vaso entre los bares quedó ausente.
Y le decía el océano lejanamente:
"te olvidaron los puertos, capitán"

Elogio de tu oído

Se te perdió,
se te perdió la oreja
pero no el corazón.
¿A dónde fue mi voz,
entre qué calles,
en qué trenes se fue trapecista del viento hacia la vida?
Te olvidaste que sonaban los pájaros a río triste,
a soledad de hojas,
a niños florecidos en las rocas,
a pastores aéreos
cayéndose de pronto hacia el paisaje.
Se te perdió,
se te perdió la oreja
pero no el corazón.
Porque no sólo somos de metal y miedo,
la luz no va como una piedra al pecho.
Yo te toco los senos y me escuchas,
yo me hundo en tus ojos y me escuchas,
yo me hiero en tu boca
y tú me escuchas,
yo me apago en tu cuerpo
y tú me escuchas.
Como el mundo está sordo
te quejas como el mundo.
Ahora golpeo los muebles,
los libros,
las palabras,
para que tú nunca sepas que estás sorda.

Réquiem

La ciudad de una lágrima
se me hizo hueso y mejilla,
ciudad de panal sombrío,
música inmóvil de luto
con noche de anteojos ciegos,
arcilla de lenta paja
con funerales de espuma,
qué lástima de la lástima
que no deja abrir la boca,
qué lástima tantos duelos.
En la ciudad de una lágrima
cabe mi propio cadáver.


Albalá: Rainer María Rilke



rilke
En esta nueva entrega de Albalá, José Manuel Recillas nos ofrece la poesía de Rainer María Rilke (1975-1926). Con Stefan George, Rilke es el otro gran fundador de la poesía moderna alemana.



Con Stefan George, Rilke es el otro gran fundador de la poesía moderna alemana. Gracias a su originalísima escritura, Rilke traspasó las fronteras de lo meramente local, y demostró que para ser universalmente reconocido no basta con ser extremadamente local, sino que hay que ser decididamente universal. En su poesía se oye el eco de orbes lejanos que, como en el caso de Hölderlin, nos recuerdan los orígenes y el destino del hombre, y su relación con la muerte y lo sagrado. Su poesía ha trascendido la lengua en la que escribió, y hay incluso en español ya un tono rilkeano que es fácilmente reconocible.



An Hölderlin


Verweilung, auch am Vertrautesten nicht,
ist uns gegeben; aus den erfüllten
Bildern stürzt der Geist zu plötzlich zu füllenden; Seen
sind erst im Ewigen. Hier ist Fallen
das Tüchtigste. Aus dem gekonnten Gefühl
überfallen hinab ins geahndete, weiter.

Dir, du Herrlicher, war, dir war, du Beschwörer, ein ganzes
Leben das dringende Bild, wenn du es aussprachst,
die Zeile schloß sich wie Schicksal, ein Tod war
selbst in der lindesten, un du betratest ihn; aber
der vorgehende Gott führte dich drüben hervor.

O, du wandelnder Geist, du wandelndster! Wie sie doch alle
wohnen im warmen Gedicht, häuslich, und lang
bleiben im schmalen Vergleich. Teilnehmende. Du nur
ziehst wie der Mond. Und unten hellt und verdunkelt
deine nächtliche sich, die heilige erschrockene Landschaft,
die du in Abschieden fühlst. Keiner
gab sie erhabener hin, gab sie ans Ganze
heiler zurück, unbedürftiger. So auch
spieltest du heilig durch nicht mehr gerechnete Jahre
mit dem unendlichen Glück, als wär es nicht innen, läge
keinem gehörend im sanftem
Rasen der Erde umher, von göttlichen Kindern verlassen.
Ach, was die Höchsten begehren, du legtest es wunschlos
Baustein auf Baustein: es stand. Doch selber sein Umsturz
irrte dich nicht.

Was, da ein solcher, Ewiger, war, mißtraun wir
immer dem Irdischen noch? Statt am Vorläufigen ernst
die Gefühle zu lernen für welche
Neigung, künftig im Raum?

 

 

 

A Hölderlin


Ni siquiera estando en lo más íntimo
nos damos; de las plenas imágenes
irrumpe el espíritu a otras incompletas; los mares
son el inicio de lo eterno. Aquí es caer
lo supremo. De lo que el alma sabe
a lo que presagia bocabajo, más allá.

Oh, para ti, Espléndido, para ti, Evocador, total
era la vida que emergía de la imagen si tú la pronunciabas,
el verso se cerraba como un destino, había una muerte
hasta en lo más leve, y en ella entrabas; pero
el primigenio Dios te llevó más allá.

¡Oh, tú, el más errante Espíritu entre los errantes! Ciertamente todos
viven al amparo del calor doméstico del poema, y mucho
permanecen participando en la angustia de lo similar. Tú sólo
migras como la luna. Y abajo se aclara y oscurece
en sacro horror el paisaje nocturno
en cuyos adioses vives. Nadie
con la más noble renuncia hacia al Todo
sano y salvo se restituye, de nada necesitado. Así también
jugaste a lo sagrado por incontables años
con infinita dicha, como si en nosotros no quedase
más relación con los apacibles
céspedes que a la tierra rodean, abandonada por los divinos niños.
Oh, cuán alto anhelas, tú pones perfectamente
piedra sobre piedra, y permanece. Pero ni siquiera su ruina
te confunde.

Si fue Uno como tú, oh Eterno, ¿porqué desconfiamos
siempre de lo terrestre aún, en vez de considerar de lo Provisorio
el sentir profundo, propicio para el que sabe
cuál afecto, venidero en el espacio?





Liebe der Engel ist Raum

Liebe der Engel ist Raum.
Der Weltraum ist wie Gewahrung
liebender Engel, erfüllt
von dem gestirnten Geschenk.

Wir in den ringenden Nächten
wir fallen von Nähe zu Nähe
und wo die Liebende taut,
sind wir ein stürzender Stein.

Aber auch hier wo wir niemals
uns finden, sind Räume der Engel.
Fühl: in heiligem Eilschritt
wandeln sie selig sich an.
Muzot, 9. Februar 1922




El amor de los ángeles es espacio

El amor de los ángeles es espacio.
El espacio cósmico es como presencia
de amorosos ángeles, plenos
de estelares dones.

Nosotros en la noche de lucha
caemos de cercanía en cercanía
y donde la amada deshiela
somos precipitada piedra.

Pero también aquí, donde jamás
nos hallamos, son espacio los ángeles.
Escuchad: en sacros pasajes fugaces
se pasean divinos.




Wir sind nur Mund

Wir sind nur Mund. Wer singt das ferne Hertz
das heil inmitten aller Dinge weilt?
Sein Großer Schlag ist in uns eingeteilt
in kleine Schläge. Und sein Großer Schmerz
ist, wie sein großer Jubel, uns zu groß.
So reißen wir uns immer wieder los
und sind nur Mund. Aber auf einmal bricht
der große Herzschlag heimlich in uns ein,
so daß wir schrein –,
und sind dann Wesen, Wandlung und Gesicht.




Sólo somos boca

Sólo somos boca. ¿Quién canta el lejano corazón
que a salvo entre todas las cosas vive?
Su amplio aleteo en nosotros es dividido
en pequeños aleteos. Y su gran dolor
es, como su gran dicha, para nosotros demasiado grande.
Así nos escindimos una y otra vez
y sólo somos boca. Pero de repente
el gran latido secretamente irrumpe en nosotros
arrancándonos un grito – y entonces
somos esencia, metamorfosis y rostro.




Das sind die Gärten, an die ich glaube

Das sind die Gärten, an die Ich glaube:
wenn das Blühn in den Beeten bleicht,
um im Kies untern löschen den Laube
schweigen hinrinnt, durch Linden geseigt.

Auf dem Teich aus den glänzenden Ringen
schwimmt ein Schwan dann von Rand zu Rand.
Und er wird auf den schimmernden Schwingen
als erster Milde des Mondes bringen
an den nicht mehr deutlichen Strand.




Estos son los jardines en los que creo

Estos son los jardines en los que creo:
cuando en los prados las flores languidecen
y en el cascajo, bajo el follaje gastado
el silencio corre, filtrado por los tilos.

En el lago, entre cercas luminosas,
de orilla a orilla nada un cisne.
Y sobre el blanco del ala será el primero
a llevar la suave luna
a la playa oscurecida ya.




Die armen Worte, die im Alltag darben

Die armen Worte, die im Alltag darben,
die unscheinbaren Worte, lieb ich so.
Aus meinen Festen schenk ich ihnen Farben,
da lächeln sie und werden langsam froh.

Ich Wesen, das sie bang ion sich bezwangen,
erneut sich deutlich, daβ es jeder sieht;
sie sind noch niemals im Gesang gegangen
und schauernd schreiten sie in meinem Lied.




Las pobres palabras…

Las pobres palabras que en lo cotidiano hambrean,
las inadvertidas palabras tan caras a mí.
De mi alegría les otorgo colores,
y sonrientes se vuelven poco a poco alegres.

Su esencia, que ansiosamente conquistaron,
es tan clara que cualquiera puede verla;
nunca en una música aparecieron
y tiritan ahora en mi canto.




Das ist die sehnsucht: wohnen im Gewoge

Das ist die sehnsucht: wohnen im Gewoge
und keine Heimat haben in der Zeit.
Und das sind Wünsche: leise Dialoge
täglicher Stunden mit der Ewigkeit.

Und das is leben. Bis aus einem Gestern
die einsamste von allen Stunden steigt
die, anders lächelnd als die andem Schwestern,
dem Ewigen entgegenschweigt.




Esto es la nostalgia…

Esto es la nostalgia: vivir en la fluctuación
y no tener patria en el tiempo.
Y estos los anhelos: un callado diálogo
de horas cotidianas con lo eterno.

Esto es la vida. Desde un ayer
asciende la más solitaria de las horas
y con distinta risa de las otras
al eterno se acerca sin verbo.
Círculo de Poesía - Revista electrónica de literatura


Aviso: Los comentarios son responsabilidad de sus autores.
No necesariamente representan la opinión del Círculo de Poesía.

Círculo de Poesía. Revista electrónica de literatura. Año 2, semana 36, septiembre, 2011 Publicación semanal editada por Territorio Poético A.C. Azabache 136-A Lomas del Mármol, Puebla, Pue. C.P. 72574. www.circulodepoesia.com Editores responsables: Jorge Mendoza Romero, Alí Calderón.

Thursday, June 7, 2012

Para echarle un ojo!!!

El origen de Dios.

 En el siglo XXI, casi cuatro mil millones de personas
adoran a una amalgama de antiguos dioses cananeos.

El complejo religioso más importante de nuestro tiempo es, sin duda, el sistema monoteísta de cultos abrahámicos. Cristianismo e islam, originados en el judaísmo, declaran en la actualidad unos 3.600 millones de seguidores y aumentan constantemente con el incremento de la población mundial. El papel de estas creencias en los sucesos y conflictos del presente, desde finales de la Guerra Fría, no puede ser más evidente y relevante. Pero, ¿de dónde proceden? ¿Qué clase de deidad es esta? ¿Cómo surgió el dios de las religiones abrahámicas?

De los judíos antiguos.

El Éxodo no ocurrió.

Sí, ya, es una pena porque la historieta mola un montón y la superproducción de Hollywood era la caña. Pero todos los indicios históricos y arqueológicos apuntan a que nunca hubo una gran masa de judíos en Egipto, ni saliendo de Egipto, ni viajando por el Sinaí durante no sé cuántos años. Y menos los 603.550 "aptos para la guerra" que díce Números 1:46, o los 600.000 "hombres de a pie, sin contar los niños" (y es de suponer que tampoco las mujeres y niñas...) indicados en Éxodo 12:37, lo que bien podría sumar unos dos millones de personas en total.

Se da la circunstancia de que los escribas egipcios eran como una especie de contables germánicos con trastorno obsesivo-compulsivo, que tomaban nota de todo y guardaban copia de todo. Y en toda la historia egipcia no aparece una sola referencia, ni siquiera indirecta, a un hecho de semejante calado: la emigración súbita del 66% de su población aproximadamente (el Egipto Antiguo tenía una población de unos tres millones de personas en torno al periodo del Imperio Nuevo y de aproximadamente siete millones hacia el final de su existencia). De hecho, ni siquiera mencionan la presencia notable de judíos en Egipto; en realidad, sólo hablan de ellos como otro pueblo periférico más. Lo más parecido es una vaga referencia a algo remotamente similar a una "plaga", tema al que los antiguos eran muy aficionados –y los modernos también–.

Tampoco existe registro arqueológico alguno sobre una masa humana semejante moviéndose por los desiertos del Sinaí durante décadas (y menos aún en las poblaciones que dice la Torá), ni manera de cuadrar al Faraón del Éxodo con ninguno de la realidad (salvo en los habituales ejercicios de fantasía), ni por cierto forma alguna de trazar el texto original antes de mediados del primer milenio antes de nuestra era.

De hecho, resulta bastante obvio que el Éxodo no es sino un mito de fundación nacional hebreo –como hay tantos otros–. Si ocurrió algo remotamente parecido que pudiera inspirar a sus autores, desde luego no fue en el segundo milenio aC (como debería ser para constituir la fundación de Israel) sino en el primero, cuando Israel ya llevaba existiendo un tiempo. La política del Éxodo es del primer milenio, no del segundo. La geografía del Éxodo es del primer milenio, no del segundo (en el segundo no existían aún muchas de las localidades indicadas por la Torá). Y la necesidad del Éxodo es del primer milenio, no del segundo: a partir del exilio en Babilonia, en torno al siglo VI a.C. Que es, por cierto, cuando se funda la religión judía que conocemos: no se puede trazar ninguno de sus textos hasta fechas anteriores al siglo V a.C. Y muy probablemente su forma completa actual ni siquiera sea anterior al II.

Nunca hubo cruce del Mar Rojo, maná lloviendo de los cielos, Tablas de la Ley, Diez Mandamientos, Arca de la Alianza, becerro de oro ni cosa parecida. Es muy posible que ni siquiera hubiese Rey Salomón o Primer Templo de Jerusalén (no con la significación que nos han contado, al menos). Lo que sí hubo fue un conglomerado de pueblos canaanitas en el llamado complejo cultural del Levante, vinculados a Asiria y Mesopotamia por un lado, a Egipto por el otro y a Turquía y las islas griegas por vía marítima. La cultura de los yacimientos israelitas más tempranos es canaanita, sus objetos sagrados son los del panteón canaanita, la cerámica pertenece a la tradición local canaanita y el alfabeto es canaanita temprano. La única diferencia entre los poblados israelitas y el resto de los cananeos es la ausencia de huesos de cerdo, aún no se sabe bien por qué (pero sin duda recuerda a las prohibiciones del judaísmo y el Islam). Más allá de toda duda razonable, uno o una mezcla de estos pueblos canaanitas se encuentran en el origen de los hebreos modernos.

Estos pueblos canaanitas compartían los mismos dioses, y de manera notable uno llamado Ēl, que también era el término genérico para "deidad": un dios anciano, muchas veces representado con barba, que aparece a menudo sentado en su trono. Se encuentra más comúnmente citado en plural, Elohim, pues los canaanitas eran fundamentalmente politeístas. No, no es un plural mayestático. Es politeísmo: los dioses.

Ēl, Elohim, Alá.

Mira que nos habrán dado la brasa con los Rollos del Mar Muerto, y qué poquito se ha hablado de las culturas ugarítica y eblaíta, que nos legaron un enorme registro documental sobre los pueblos canaanitas del tercer y segundo milenio: exactamente cuando empezaba a formarse esta religión judía de la que posteriormente se derivaría el cristianismo y el Islam. Resulta que los Elohim bíblicos eran ya deidades ugaríticas, eblaítas y de los demás pueblos de la región. En el panteón levantino, estos Elohim son los setenta hijos de Ēl, un conglomerado de deidades venerados en toda la zona desde tiempos prehistóricos. Y, muy notablemente, con un claro componente acadio-babilónico.

Ēl, singular de Elohim, ya aparece presidiendo la lista de dioses en las ruinas de la Biblioteca Real eblita (yacimiento arqueológico de Tel Mardik), allá por el 2.250 a.C. Eso es mucho antes de que nada llevara el nombre de Israel o el adjetivo de judío (y no digamos cristiano o musulmán): hablamos de los contemporáneos del Imperio Antiguo de Egipto, cuando las pirámides aún estaban seminuevas. Ēl, un dios-toro, es a su vez un cognado del acadio Ilu o Ilum y se trata probablemente del mismo dios que Baal-Hammon, al que los fenicios –otros canaanitas– sacrificaban a sus bebés quemándolos vivos ante Moloch.

Todas estas palabras, en realidad, son versiones modernas sobre cómo se pronunciaban esas cosas. Porque la realidad es que estos idiomas semíticos y protosemíticos se han escrito de siempre sólo con consonantes. Y cuando se escriben sólo con consonantes –que es como se hacía– todos resultan idénticos entre sí: variantes sobre las raíces 'L y L-M. Ēl, Elohim, Eli, Ilah, Ilu, Ilum y demás expresiones divinas no son sino expresiones diversas de 'L y L-M: el dios, los dioses.

Estas raíces protosemíticas no sólo viajan hasta nuestro tiempo a través de los Elohim de la Torá y el Antiguo Testamento, o el Eli del nuevo, sino también por la vía de las culturas árabes que se desarrollaron en el mismo territorio y sus alrededores. El dios de los musulmanes es el mismo dios abrahámico que el de cristianos y judíos; y el nombre del dios se transporta mediante esta raíz L, transformándose en Alá (que significa, exactamente... Dios). La famosa shahada del  Islam "no hay más dios que Dios y Mahoma es su mensajero" empieza literalmente: lā 'ilāha 'illā-llāhu...; o sea, no hay más iLah que aLá. Islam, por supuesto, procede asímismo de la raíz semítica S-[L-M], y significa "sumisión [a Elohim]").

Yavé.

Sin embargo, judíos y cristianos aseguran que su Ēl tiene otro nombre más, y que este nombre es Yavé, Yahvéh, Yehová (Jehová) o cualquier otra invención sobre el tetragrámaton hebreo YHWH. Normalmente, lo que hacen es combinar YHWH con distintos juegos de vocales sacados de Elohim o Adonai ("Señor"). Pero por lo que yo sé, se podría decir también Lloví (decorado como Yohvíh), Lleva (Yehvah), Llave (Yahveh) o cualquier otra combinación al uso; porque, supuestamente, el nombre de su dios era tan, tan sagrado y tan, tan secreto que la forma original se ha perdido. Esto, por lo que se ve, es muy importante y los distingue del resto de seguidores del antiguo dios-toro levantino; además, es un término en singular y así se aleja del incómodo y cananeo plural politeísta Elohim.

El origen de este nombre YHWH es más oscuro pero no más exclusivo en territorios levantinos que los muy vulgares Elohim. Para empezar, ya en el mismo Antiguo Testamento aparece cincuenta veces en una variante más corta, normalmente pronunciada Jah o Yah (YH): veintiséis en solitario y veinticuatro como parte de la palabra aleluya (alelu-yah, "alabad a Yah"). Se dan tres circunstancias curiosas. La primera es que los textos bíblicos donde aparece predominantemente tienden a contarse entre los más antiguos (como Salmos o el Cantar de los Cantares), lo que sugiere una forma primitiva del nombre. La segunda es que existía un antiguo dios lunar egipcio que se llamaba también Yah, y los egipcios mandaron mucho en Canaán durante varios periodos importantes de su historia (con una influencia extensiva en sus regiones meridionales...). Y la tercera es que la raíz consonántica YW (Yav) aparece ya en la Épica de Baal ugarítica y en varios textos eblaítas como una variante sobre el dios del mar Yam.

Pero dejémonos de especulaciones. Este dios YHWH es un dios meridional de los edomitas, otro pueblo semítico que vivía por la parte del Desierto del Négev y que finalmente fue asimilado a los judíos. Hay arqueólogos notables que afirman haber identificado a YHWH en textos egipcios referidos a los shasu, un pueblo beduino de ganaderos nómadas que rondaba en torno a estos desiertos, pero otras personas opinan que esta palabra YHWH hace referencia a sus campamentos (lo cual no es necesariamente exclusivo). En todo caso estamos ante un dios levantino meridional surgido en los territorios por donde antiguamente vagabundeaban los shasu y luego trabajaban el cobre los edomitas... que, curiosamente, están por la parte del Sinaí, donde según la versión bíblica este nombre inefable "le fue revelado a Moisés". El primer texto donde aparece este dios YHWH de los judíos es una estela moabita conservada en el Museo del Louvre, y no sale muy bien parado: relata cómo los han derrotado y cómo las copas sagradas de YHWH son arrastradas ante un dios de Moab.

(Clic para ampliar)

En todo caso, resulta bastante obvio que el dios de los antiguos judíos es una mezcla del dios-toro supremo común a todos los pueblos canaanitas, Ēl (en su forma politeísta Elohim), y un oscuro dios secundario de los territorios meridionales absorbido en algún momento de su historia. En la práctica, no hay ninguna diferencia notable entre el Ēl levantino venerado por ugaríticos o eblaítas y el Ēl-Yahvéh adoptado por los judíos. Esta vieja deidad canaanita es la que siguen adorando casi cuatro mil millones de personas en el siglo XXI.

La diosa desaparecida.

Sí, eso de la diosa está muy de moda en la literatura comercial, pero todos los dioses antiguos tenían sus correspondientes diosas; y Ēl-Elohim-Yahvéh no fue una excepción. En el conglomerado cultural levantino, la diosa-madre de Ēl era Asherah, también conocida bajo otras variantes como Ashratu o Atirat. En la Épica de Baal ugarítica, Asherah es la creadora de los Elohim.

Asherah aparece en la Biblia, y muy específicamente en el Libro 2º de Reyes, donde se explica cómo destruyen su culto y queman "todos los objetos que se habían hecho para Baal, para Asherah y para todo el ejército de los cielos" (2 R 23:4-7) durante lo que parece ser el relato de una violenta represión monoteísta en plan talibán volando Budas (bueno, peor...). En otros puntos aparece traducida como un cipo que no debe ser plantado junto al templo de Yahvéh.

Y es que parece que el culto a Asherah como diosa consorte de Ēl-Elohim-Yahvéh era generalizado entre los judíos antiguos; existe un extenso registro arqueológico al respecto, y de hecho cualquiera diría que se trataba de una diosa muy popular antes de que los monoteístas pasaran todo por la espada y el fuego. Tampoco vayamos a idealizar según qué cosas: existe una posibilidad cierta de que a Asherah le fuera lo del sacrificio humano tanto como a su nuera Anat/Tanit, que según dicen se ponía cachonda oliendo a menor cocinado (o cocinada) en el Tophet. La verdad es que entre una panda de politeístas dispuestos a sacrificarte un churumbel para aplacar a la diosa y una panda de monoteístas dispuestos a sacrificar a todo el mundo para imponer lo suyo, me quedo con un AK-47 y salga el sol por Antequera. Sí, el pasado era un asco.

Pero lo cierto es que Asherah le encantaba a los judíos antiguos, decía, como demuestran numerosos hallazgos arqueológicos. Incluso se conservan inscripciones donde se la vincula directamente a Yahvéh, como un óstracon del siglo VIII aC descubierto por arqueólogos israelíes en 1975 donde se lee "yo te bendigo por YHWH de Samaria y Su Asherah" (yacimiento de Horvat Teman). Otro, de Khirbet el-Kom (cerca de Hebrón), pone: "Bendito sea Uriyahu por YHWH y Su Asherah; de sus enemigos le salvó!". Todo esto puede que suene a algunos un tanto herético, pero son descubrimientos avalados por arqueólogos de gran prestigio como Israel Finkelstein –profesor y ex-director del Departamento de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv, co-director de las excavaciones de Megiddo y probablemente el mayor experto vivo en las Edades del Bronce y el Hierro hebreas– o Neil A. Silberman, del Departamento de Arqueología de la Universidad de Massachusetts. A quienes, por supuesto, los literalistas bíblicos y otros fanáticos por el estilo no pueden ver ni en pintura.

Copia del óstracon de Kuntillet 'Adschrud (Horvat Teman, Sinaí, Sur de Israel). En la inscripción (hebreo antiguo) se lee "A[shy]o al R[ey?] dijo: dí a (X) (Y) (Z), que seas bendito por YHWH de Shomron (Samaria) y su ASHERAH".

Hubo una diosa de Israel. En realidad, seguramente, hubo varias entre estos Elohim canaanitas. Que todo ello fuera barrido por el monoteísmo, y ahora se pretenda que jamás ocurrió, no le resta ni un ápice de veracidad. Pero, ¿qué pasó? ¿Cómo fue? Y, ¿por qué?

Monoteísmo.

Hoy en día tenemos a los israelitas por guerreros notables, pero esto no ha sido así muy a menudo durante el devenir de la historia. A lo largo de mucho tiempo fueron un pueblo pequeño y atrasado, al que le dieron para el pelo una y otra vez, resultando en numerosos exilios. Por ejemplo, los romanos. El Jerusalén que ahora visitan muchos crédulos pensando que están en la ciudad de Jesús es en realidad el desarrollo árabe de Aelia Capitolina: una colonia romana y bien pagana construida desde cero –incluído el trazado de las calles– después de que a las legiones imperiales se les hincharan las narices con los judíos, destruyeran la ciudad por completo y finalmente los mandaran a la diáspora para los siguientes diecinueve siglos. Pocas bromas con los latinos. Sí, hasta la Vía Dolorosa es una calle romana sin conexión alguna con el Jerusalén antiguo, como todo lo demás en ese lugar; para ser exactos, un ramal del decumanus maximus según la urbanización imperial estándar. La supuesta ubicación de los actuales lugares santos cristianos, judíos y musulmanes constituye ya una especie de chiste sacrílego por el que la gente parece dispuesta a seguir matándose.

No era la primera vez. Seis siglos y pico antes, en el 587 aC, los babilónicos de Nabucodonosor el Caldeo hicieron lo propio. Jerusalén fue saqueada, el Templo resultó destruido y a los hebreos se los llevaron a Babilonia como esclavos. Es durante este periodo de esclavitud cuando surge la religión abrahámica de la que emanan la judía actual, la cristiana y la musulmana. Fue sometidos en Babilonia o después donde escribieron la mayor parte de la Toráh y del Antiguo Testamento (incluidas las leyendas del Génesis, el Éxodo y el Pentateuco en general), y es también en este tiempo cuando se desarrolla el monoteísmo exclusivo y excluyente que las caracteriza.

Pongámonos en situación. Estamos en los tiempos en que mis dioses son más chulos que los tuyos porque te he vencido. Y los hebreos habían sido vencidos; pero vencidos del todo, tanto como su enemigo nazi dos mil y pico años después, con toma del Reichstag y toda la parafernalia. Más, si me apuras. Siguiendo la lógica de la época, los Elohim-Yahvéh deberían haber sido absorbidos bajo el paraguas del panteón caldeo; ni siquiera debería haber sido muy difícil, pues muchos de los Elohim levantinos eran paralelos a los dioses y diosas babilónicos.

Pero eso significaba perder por completo la identidad y desaparecer como pueblo; uno más, en los vientos de la historia. Es en este contexto donde surge una novedad (y, una vez más, no hay ningún dato histórico o arqueológico que permita pensar que sucedió antes). Por un lado, se crean una leyenda nacional fuertemente impregnada de mitología babilónica: el Diluvio Universal es un plagio directo de la épica sumeria análoga, Génesis 1 bebe directamente del Enûma Elish y Génesis 2 del Atrahasis, Adán es parecido a Adapa (y ambos son también cognados), la serpiente presenta extrañas similitudes con Ningizzida, y así con todo. Por otro, Elohim-Yahvéh pasa a ser un dios omnipresente, omnisciente, todopoderoso y único; y todo lo que le sucede a los hebreos –su pueblo elegido– forma parte de su plan, prediseñado desde el origen de los tiempos. Incluso sus enemigos trabajan para él sin saberlo. Con ello desaparecen también las historias mitológicas de dioses y diosas, pues ya no tienen sentido.

Esta es, sin duda, una novedad en la historia humana que no está documentada claramente en otro momento o lugar (aunque existen paralelismos en algunas tradiciones del hinduísmo).  Este dios ya no es exactamente sobrenatural, sino extranatural; todo se justifica en él y a través de él. No es mucho más que una forma de pensamiento circular (no confundir con el razonamiento circular de Aristóteles), pero ciertamente poderosa. Porque, aunque en un principio no sea más que una rareza de un pueblo de la Antigüedad, medio milenio y pico después comenzaría a convertirse en el sustrato religioso esencial de la mayor parte del mundo. Hasta nuestros días.

Ángeles y demonios.

¿Y qué pasó con el resto de los Elohim? Pues que se convirtieron en demonios. Belcebú, por ejemplo, es Baal Zebub, el dios de las moscas, en lo que muy bien podría constituir una corrupción más o menos despectiva de Baal Zebul (el dios de las alturas). Leviatán está probablemente relacionado con el monstruo ugarítico Lotan o Lawtan. Sin embargo, no es evidente de dónde se sacaron los nombres de los ángeles. El rabino del siglo III Simón ben Lakish reconoció que los ángeles antiguos no tenían nombre y las denominaciones actuales proceden (también) del exilio en Babilonia. En todo caso todos ellos son nombres teofóricos que incluyen la mención de Ēl: Gabriel, Rafael, Miguel, el musulmán Azrael, etcétera.

Ubicar estos ángeles y demonios en el nuevo monoteísmo resultó siempre bastante complicado. De manera particular, surge un ángel maléfico mayor (Satán, Lucifer, Iblis) que de una forma retorcida debe ser necesariamente un agente del dios todopoderoso, omnipresente y omnisciente (o, de lo contrario, este dios no podría ser todopoderoso, omnipresente y omnisciente). Todas estas entidades son la herencia del politeísmo precedente. Las religiones abrahámicas comparten varios niveles de ángeles (arcángeles, serafines, querubines...), uno o varios niveles de demonios (que los musulmanes llaman shaitan), un "demonio mayor" (Satán, Iblis...) y, en el caso exclusivo del Islam, una cantidad de genios (djinn).

El cristianismo, además, vuelve a multiplicar el número de entidades divinas mediante la Trinidad (Padre, Hijo y Espíritu Santo, tres dioses en uno, de manera tan contradictoria e inexplicable que se considera un misterio divino). Y, en algunas denominaciones como la católica, incorporando lo que muy bien puede interpretarse como una semidiosa (la Virgen) y un santoral; muchos miembros de otras religiones o personas sin religión consideran estas incorporaciones una forma de politeísmo blando para facilitar su expansión e integración en territorios tradicionalmente politeístas y menos próximos al entorno cultural levantino.

Monoteístas e imperios.

Porque el éxito y la extensión de estas nuevas religiones (en su tiempo) está estrechamente vinculada a la expansión de los imperios que las adoptaron como propias; de manera notoria, el Imperio Romano tardío, el Califato Omeya y –después– los lugares a donde llegaron sus sucesores, conquistadores y comerciantes. Al principio, durante más de medio milenio, este monoteísmo abrahámico no fue más que una rareza judía y así se habría quedado si hubiera seguido siendo exclusivamente hebreo. Es su transmisión al cristianismo y al Islam lo que terminaría convirtiéndolo en una religión global.

Se ha insistido muchas veces en que esta idea del dios único y todopoderoso pega especialmente bien con las organizaciones sociales de tipo piramidal e imperialista, pero en mi opinión esto no resulta evidente por sí mismo. Hubo grandes imperios en la Antigüedad, perfectamente piramidales y perfectamente imperialistas, que eran politeístas o cualquier otra cosa que les pareciese bien. No es obvia la razón por la que el monoteísmo abrahámico fue aceptado por tantas gentes en tantos lugares distintos (aunque su carácter fuertemente proselitista y su alto grado de elaboración teológica puede aportar alguna luz); ni tampoco por qué nunca logró penetrar profundamente en algunos territorios importantes (los que ya estaban previamente ocupados por las religiones dármicas y orientales y no fueron desplazadas por la vía de la conquista militar o, en algún caso, comercial).

Parece como si este monoteísmo abrahámico hubiera sido especialmente capaz de destruir o absorber con relativa facilidad al animismo y el paganismo politeísta (haciendo mayores o menores concesiones), pero lo hubiera tenido mucho más difícil al enfrentarse con otros sistemas filosófico-teológicos complejos. A partir de mediados del siglo XIX, su expansión geográfica queda interrumpida en términos generales; el dominio colonial británico de India, por ejemplo, ya no resultó en su cristianización a niveles significativos (ni en el desplazamiento del Islam donde ya estaba presente, como Pakistán), a diferencia de lo que había ocurrido durante la colonización de América o estaba sucediendo aún en el África subsahariana. La fuerte presencia de potencias coloniales en la China del mismo periodo tampoco produjo una cristianización efectiva. Y no fue por falta de misioneros y proselitistas, ni en un sitio ni en el otro.

A partir del siglo XX, el monoteísmo abrahámico comienza a retroceder en sus lugares de origen. Por una parte se produce un fenómeno de sincretismo con una parte de estas religiones orientales, en lo que se suele llamar globalmente Nueva Era, sobre todo en Europa y Norteamérica; y, al mismo tiempo, un proceso de secularización rápida y muy significativa en Europa e Israel (y durante un tiempo también en el mundo islámico, antes de que una nueva forma de fundamentalismo emergiera en torno a las luchas de la Guerra Fría; una tendencia a la que tampoco son ajenos los Estados Unidos).

A principios del siglo XXI, el viejo dios Ēl de los cananeos sigue siendo la deidad más venerada del mundo bajo cualquiera de sus aspectos, a solas o mezclado con el Yah edomita; y, sin embargo, se tambalea en los países desarrollados. Seguramente ninguno de sus seguidores originarios, cuatro o cinco mil años atrás, soñó jamás que llegara tan lejos ni con formas tan diversas. Hasta hoy.
Bibliografía:
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  • Davies, Philip R (2006) In search of 'Ancient Israel' (2ª edición). Continuum, Londres. ISBN 978-1-850-75737-5.
  • Finkelstein, I; Silberman, N. A. (2003) La Biblia desenterrada: una nueva visión arqueológica del antiguo Israel y de los orígenes de sus textos sagrados. Siglo XXI de España Ed., Madrid. ISBN 978-84-323-1124-6.
  • Day, John (2002) Yahweh and the gods and goddesses of Canaan. Sheffield Academic Press Ltd., Londres. ISBN 978-08-264-6830-7.
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  • Smith, Mark S. (2001) The origins of biblical monotheism. Oxford University Press, Nueva York. ISBN 978-01-951-6768-9.
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  • Olmo Lete, G. del (1993) La religión cananea. Ausa, Barcelona. ISBN 978-84-86329-89-1.
  • Thomson, Thomas L. (1992) Early history of the Israelite people. Brill Academic Publishers, Leiden. ISBN 90-04-11943-4.


La Pizarra de Yuri se ha mudado a www.lapizarradeyuri.com

Saturday, June 2, 2012

Barry Ryan - Eloise




Barry Ryan - Eloise 1971

1968 # 1 in many countries

Ev'ry night I'm there, I'm always there,
she knows I'm there
And heaven knows,
I hope she goes

I find it hard to realise that love was in her eyes
It's dying now She knows I'm crying now

And ev'ry night I'm there, I break my heart to please
Eloise, Eloise

You know I'm on my knees, yeah
I said please

You're all I want so hear my prayer, my prayer

My Eloise is like the stars that please the night,
The sun that makes the day, that lights the way
And when that star goes by,
I'll hold it in my hands and cry
Her love is mine,
my sun will shine

Every night I'm there I break my heart to please
Eloise, dee-dee-dee-dee-dee-dee-dee, Eloise

You're all I want you gotta hear my prayer

My Eloise-ah I'd love to please her
I'd love to care, but she's not there
And when I find you, I'd be so kind
You'd want to stay, I know you'd stay

And as the days grow old,
the nights grow cold
I wanna hold her near to me
I know she's dear to me
And only time can tell,
and take away this lonely hell
I'm on my knees to Eloise

And every night I'm there,
I break my heart to please
Eloise, dee-dee-dee-dee-dee-dee-dee, Eloise

You are my life so hear my prayer
You are the prize I know you're there
You're all I want so hear my prayer, yeah yeah
You're all I need and I'm not there
You know I'm not there
No no no no, Yeah yeah yeah yeah yeah yeah

My Eloise, I got to please her yeah
She knows I love her, love her, love her ..
Yeah yeah yeah yeah yeah yeah yeah yeah

My Eloise, I got her on my knees
 
Barry Ryan (born Barry Sapherson, 24 October 1948, Leeds, Yorkshire) is an English pop singer.

The son of pop singer Marion Ryan and Fred Sapherson, Barry and his twin brother Paul began to perform at the age of fifteen. In 1965 they signed a recording contract with Decca and brought out singles such as "Don't Bring Me Your Heartaches" (1965), "Have Pity on the Boy" (1966), and "Missy Missy" (1966).

When it turned out that Barry's brother, allegedly on the verge of a nervous breakdown, was unable to cope any longer with all the stress connected with show business, the two brothers decided on a new division of labour: Paul would write the songs which Barry would then interpret as a solo artist. Their greatest success as a composer-singer duo, now for MGM Records, was "Eloise" (1968), melodramatic and heavily orchestrated. Later singles included "Love Is Love" (also 1968), "The Hunt" (1969), "Magical Spiel" (1970), and "Kitsch" (1970).
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