Monday, November 23, 2015

Baruch Spinoza by Jorge Luis Borges

Bruma de oro, el Occidente alumbra
la ventana. El asiduo manuscrito
aguarda, ya cargado de infinito.
Alguien construye a Dios en la penumbra.
Un hombre engendra Dios. Es un judío
de tristes ojos y de piel cetrina;
lo lleva el tiempo como lleva el río
una hoja en el agua que declina.
No importa. El hechicero insiste y labra
a Dios con geometría delicada,
desde su enfermedad, desde su nada,
sigue erigiendo a Dios con la palabra.
El más pródigo amor le fue otorgado,
el amor que no espera ser amado.


A haze of gold, the Occident lights up
The window. Now, the assiduous manuscript
Is waiting, weighed down with the infinite.
Someone is building God in a dark cup.
A man engenders God. He is a Jew.
With saddened eyes and lemon-colored skin;
Time carries him the way a leaf, dropped in
A river, is borne off by waters to
Its end. No matter. The magician moved
Carves out his God with fine geometry;
From his disease, from nothing, he's begun
To construct God, using the word. No one
Is granted such prodigious love as he:
The love that has no hope of being loved.


SOURCE: Borges, Jorge Luis. "Baruch Spinoza" [from The Unending Rose], translation by Willis Barnstone, in Borges' Selected Poems, edited by Alexander Coleman. (New York: Viking, 1999), p. 383.



SPINOZA

Las traslúcidas manos del judío
labran en la penumbra los cristales
y la tarde que muere es miedo y frío.
(Las tardes a las tardes son iguales.)

Las manos y el espacio de jacinto
que palidece en el confín del Ghetto
casi no existen para el hombre quieto
que está soñando un claro laberinto.

No lo turba la fama, ese reflejo
de sueños en el sueño de otro espejo,
ni el temeroso amor de las doncellas.

Libre de la metáfora y del mito
labra un arduo cristal: el infinito
mapa de Aquel que es todas Sus estrellas. 


SPINOZA



 The Jew's hands, translucent in the dusk,
polish the lenses time and again.
The dying afternoon is fear, is
cold, and all afternoons are the same.
The hands and the hyacinth-blue air
that whitens at the Ghetto edges
do not quite exist for this silent
man who conjures up a clear labyrinth—
undisturbed by fame, that reflection
of dreams in the dream of another
mirror, nor by maidens' timid love.
Free of metaphor and myth, he grinds
a stubborn crystal: the infinite
map of the One who is all His stars.


(translated by Richard Howard, César Rennert)

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