Wednesday, July 1, 2015

Heym!

Cuatro poemas | Georg Heym

Ver­sión y nota de Montser­rat Armas
Georg Heym muere el 16 de enero de 1912. A pesar de su corta vida, su atrac­ción por la poesía fue muy pre­coz. Dicha pre­co­ci­dad nos ha per­mi­tido dis­fru­tar de varias colec­ciones de poe­mas que le han con­ver­tido en uno de los poetas más rep­re­sen­ta­tivos del Expre­sion­ismo alemán.
Si pre­sen­ta­mos, como suele hac­erse, a Georg Trakl y a Got­tfried Benn como las voces par­a­dig­máti­cas de la lírica expre­sion­ista, esta­mos come­tiendo una injus­ti­cia al igno­rar a dos grandes poetas, a mi enten­der, no menos impor­tantes: Ernst Stadler (1883–1914) y Georg Heym. Los lec­tores españoles que descono­cen otras lenguas tienen que con­tentarse con la selec­ción de poe­mas que la edi­to­r­ial Hiper­ión pub­licó en 1981 bajo el título Stadler-Heym-Trakl. Poesía expre­sion­ista ale­m­ana para hac­erse una idea, evi­den­te­mente muy lim­i­tada, de la poesía de Georg Heym.
Heym sin­tió desde muy pronto un fuerte rec­hazo por las con­ven­ciones sociales. Ese sen­timiento se rad­i­cal­izó cuando en 1910, al entrar a for­mar parte de Der Neue Club, conoce en Berlín a una serie de escritores que fre­cuenta­ban sus mis­mos cír­cu­los como, por ejem­plo, a Karl Kraus. Siendo miem­bro desta­cado de este club, Heym escribe poe­mas tan impor­tantes como Der Gott der Stadt (El dios de la ciu­dad) o sus colec­ciones de poe­mas: una pub­li­cada en 1911, Der ewige Tag (El día eterno) y la otra en el año de su muerte, Umbrae vitae.
Para el lec­tor en lengua española, Heym es todavía un enigma porque se desconoce de él no sólo la mayor parte de su poesía, sino además su fac­eta como nar­rador y su escasa pro­duc­ción teatral. 
Desde hace años he acari­ci­ado la idea de tra­ducir a estos dos poetas, Stadler y Heym, con el fin de rev­e­lar al lec­tor his­panoh­ab­lante de poesía la mag­ni­tud de sus crea­ciones. Ahora pre­sento una pequeña selec­ción de poe­mas de Heym, descono­ci­dos hasta hoy. Ninguno de los poe­mas que he elegido han dado título a los poe­mar­ios que Heym pub­licó en vida o que se pub­li­caron pós­tu­ma­mente, pero están igual­mente impreg­na­dos de la extraña e inqui­etante belleza que car­ac­ter­iza al con­junto de su escrit­ura. Los poe­mas los he selec­cionado a par­tir de Georg Heym, Gedichte und Prosa, Fis­cher Bücherei, Frank­furt am Main und Ham­burg, 1962, y de Georg Heym, Dich­tun­gen. Auswahl, Reclam, Ham­burgo, 1964. Dicha selec­ción responde úni­ca­mente a una pref­er­en­cia per­sonal.
Tra­ducir sus poe­mas es un con­stante des­cubrim­iento de ver­sos pre­mon­i­to­rios. Heym alude a: hom­bres que pre­sien­ten su muerte, sueños que predi­cen, nat­u­ralezas muer­tas, cie­los que envían sus sig­nos, mul­ti­tudes que vagan por las calles, per­di­das, tem­pes­tades y mares de fuego, dioses que cas­ti­gan, crá­neos que cuel­gan, ros­tros páli­dos, muer­tos que flotan y lla­mas que devo­ran los bosques. He inten­tado, en mi labor de tra­duc­ción, respetar el ritmo interno de sus poe­mas, aunque he sido infiel a su rima, tan impor­tante en Heym, con la que el poeta quiere retener unos ver­sos que pare­cen estal­larle entre sus manos.
Su crítica a la falta de espir­i­tu­al­i­dad en el hom­bre ren­dido ante los pro­gre­sos téc­ni­cos que con­vierten a las ciu­dades en lugares inhab­it­a­bles e infer­nales parece aten­uarse a veces en poe­mas que describen la nat­u­raleza, donde el lenguaje suaviza su carác­ter vio­lento. Algunos de estos poe­mas son los que pre­sento aquí para el dis­frute de aque­l­los que, como yo, sien­ten sin­cera admiración por el Expre­sion­ismo alemán, y se lamen­tan de que el helado Havel con­ge­lara los futuros ver­sos de Georg Heym.
EL ANOCHECER
Ha naufra­gado el día en el rojo púr­pura,
con inmensa calma el río fluye blanco.
Llega una vela. Alta, desde la barca se eleva
al timón la silueta del barquero.
En las islas crece el bosque otoñal
con rojas cabezas en el espa­cio claro.
Y de lo pro­fundo de oscuros abis­mos resuena
el sonido de los bosques, como susurros de cítaras.
La oscuri­dad se ha der­ra­mado al ori­ente,
como vino azul de urnas vol­cadas.
Y lejos se alza, rodeada de un negro manto,
la noche sub­lime sobre coturnos de som­bra.

DER ABEND // Ver­sunken ist der Tag in Pur­purrot, / Der Strom schwimmt weiss in unge­heurer Glätte. / Ein Segel kommt. Es hebt sich aus dem Boot / Am Steuer gross des Schif­fers Sil­hou­ette. // Auf allen Inseln steigt des Herb­stes Wald / Mit roten Häuptern in den Raum, den klaren. / Und aus der Schluchten dun­kler Tiefe hallt / Der Wal­dung Ton, wie Rauschen der Kitharen. // Das Dunkel ist im Osten aus­gegossen, / Wie blauer Wein kommt aus gestürzter Urne. / Und ferne steht, vom Man­tel schwarz umflossen, / Die hohe Nacht auf schat­tigem Kothurne.

AZUL-BLANCO-VERDE
En verdes praderas se alza un bosque­cillo
de blan­cos abed­ules que a la luz se ele­van.
Primer verde tierno en ramas que se mecen
como una nube, como un cabello tan fino.
Nubes blan­cas que cre­cen hacia el aire
como montes sus­pendi­dos, del azul del mar,
dis­ueltas en la luz, se alzan las oril­las boscosas.
Cre­pus­cu­lar, reposa el aroma azul de la som­bra.

BLAU-WEISS-GRÜN // In grü­nen Wiesen steht ein kleiner Hain / Von weis­sen Birken, die zum Lichte steigen. / Das erste Hell­grün auf den schwanken Zweigen / Wie eine Wolke, wie ein Haar so fein. // Die weis­sen Wolken wach­sen in die Luft / Wie Berge grund­los, aus dem Blau der Seen / In Licht gelöst, die wald­gen Ufer ste­hen. / Wo dämm­rig ruht des Schat­tens blauer Duft.

EL OTOÑO
Muchas cometas se ele­van al viento,
dan­zando en el reino de los aires lejanos.
Niños en el campo con ropas lig­eras.
Pecosos, y con pál­i­das frentes.
En el mar de ras­tro­jos dora­dos nave­gan
pequeños bar­cos, blan­cos y ligeros;
y en los sueños de su leve inmen­si­dad
dec­lina, inun­dado azul de nubes, el cielo.
A lo lejos, en la calma inmóvil,
se alza el bosque como una ciu­dad roja.
Y las ban­deras doradas del otoño cuel­gan,
pesadas y abati­das, de las tor­res más altas.

DER HERBST // Viele Drachen ste­hen in dem Winde, / Tanzend in der weiten Lüfte Reich. / Kinder stehn im Feld in dün­nen Klei­dern, / Som­mer­sprossig, und mit Stir­nen ble­ich. // In dem Meer der gold­nen Stop­peln segeln / Kleine Schiffe, weiss und leicht erbaut; / Und in Träu­men seiner leichten Weite / Sinkt der Him­mel wolkenüberblaut. // Weit gerückt in unbe­wegter Ruhe / Steht der Wald wie eine rote Stadt. / Und des Herb­stes goldne Flaggen hän­gen / Von den höch­sten Tür­men schwer und matt.

EL JARDÍN
La boca, húmeda. Y ancha como en los peces,
brilla roja en el jardín inerte.
Su pie es plano y ancho sobre el camino.
Nacen vien­tos del vestido plisado.
Él abraza al dios, que como de plata, débil,
bajo él se quiebra. Y en la espalda los dedos
le coloca, negros, como gar­ras pelu­das.
Lla­mas que caen oblicuas de los ojos.
Avan­zan som­bras y luces, a veces una luna.
Un mur­mullo de hojas. De la noche cál­ida
tur­bias gotas. Y abajo lla­man los cuer­nos
de guardianes que vagan por la ciu­dad dorada.

DER GARTEN // Der Mund ist feucht. Und wie bei Fis­chen breit. / Und leuchtet rot in dem toten Garten. / Sein Fuss ist glatt und über den Wegen breit. / Winde gehen her­vor aus dem falti­gen Kleid. // Er umarmet den Gott, der dünn wie aus Sil­ber / Unter ihm knickt. Und im Rücken die Fin­ger / Legt er ihm schwarz wie haarige Krallen. / Quere Feuer, die aus den Augen fallen. // Schat­ten gehen und Lichter, manch­mal ein Mond. / Ein Gesause der Blät­ter. Aus warmer Nacht / Trübes Tropfen. Und unten rufen die Hörner / Wan­del­nder Wächter über der gel­ben Stadt.


Georg Heym

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