Thursday, October 2, 2014

Great Tranbslations

Albalá: Friedrich Hölderlin

05 may 2011
HolderlinEl poeta, ensayista y traductor José Manuel Recillas (1964) inaugura su columna de traducción en Círculo de Poesía, Albalá, con poemas de Friedrich Hölderlin (1770-1843), nunca antes traducidos a nuestra lengua. Recillas nos presentará, entre otras cosas, poesía clásica alemana de los siglos XIX y XX. 


Presentación
El término clásico hace referencia a una época muy precisa en la historia del arte occidental reciente, y remite a lo modélico, a lo digno de ser emulado, pero también a lo que por derecho propio o adquirido alcanza el carácter de consagrado, de eminentemente representativo de una época. En ese sentido, la poesía alemana del siglo XX tiene ya, desde la perspectiva que da la primera década del siglo XXI, un carácter de clásica, un arte lírico que puede considerarse como modélico, representativo, en el más amplio sentido de la palabra, de la lengua alemana del pasado siglo.

La idea de lo alemán no está circunscrito al territorio de lo que hoy es la República Federal Alemana, y su influencia cultural abarca varias otras naciones y culturas que la han formado. Y es que si bien en ciertos manuales e historias de la literatura alemana se suele excluir a la literatura austriaca y la suiza y a todo escritor no nacido en territorio alemán, no creo que ningún alemán sienta ajeno a Mozart por haber nacido en Salzburgo, o a Rilke, por haber nacido en Praga.

Al referirnos a una poesía clásica alemana del siglo XX, a un canon literario, no se puede obviar que esta idea no se elabora fácilmente, y si el concepto de modélico es fácilmente comprensible, ello no significa que todas las voces que lo conforman sean similares ni hayan surgido en medio de un entorno plácido. Las dos grandes guerras que Alemania padeció marcaron prácticamente a todos los autores que esta antología recoge, de una forma u otra.

Al pensar en un modelo lírico canónico, o clásico, no se debe pasar por alto el filtro desde donde se establece: la lengua española y el México de fin de siglo XX y albores del XXI. En nuestro país ha habido una fascinación y una relación de suma importancia entre ciertos escritores mexicanos hacia la literatura alemana y en particular hacia la poesía, que no parece haber sido recíproca. La historia de estas relaciones literarias está aún por escribirse, pero a primera vista resaltan nombres como los de José Vasconcelos, Juan García Ponce, Joaquín Gutiérrez Heras, José María Pérez Gay, Héctor Orestes Aguilar, entre otros.

Es probable que uno de los episodios menos estudiados en la historia literaria de nuestras relaciones sea el del pro-nazismo mexicano de los años cuarenta, en la que no sólo intelectuales como José Vasconcelos o Alfonso Reyes no ocultaron su simpatía por el régimen de Adolfo Hitler, sino incluso empresarios del ramo periodístico y no pocos políticos. Resulta curioso que estos episodios a la vuelta de la esquina de nuestra historia no hayan llamado la atención de nuestros novelistas, más fascinados por sentirse europeos a trasmano que en ser verdaderos novelistas e investigadores literarios.

Si al dirigir la mirada hacia el pasado más o menos reciente es posible observar estos fenómenos socio-literarios, cabe preguntarse entonces también de qué manera se ha ido conformando en nuestro entorno cultural semejante canon. Ese es otro aspecto que convendría rastrear: quiénes, cuándo y cómo empezaron a dar forma a la idea de ese canon lírico. Sin olvidar algo más: desde qué orbe lingüístico se empezó a generar esa relación, pues resulta bastante obvio que hay quienes lo han hecho a partir de otros filtros, como lo son traducciones en inglés o en francés, o incluso la reiteración de viejos mitos infundados provenientes de Sudamérica, sin pasar por alto las coartadas que se elaboran desde España —“literatura peninsular”, por ejemplo— para evitar mencionar a quienes allende el Atlántico trabajan para elaborar una puntual tradición a la que no les haría mal prestar atención.

La presente antología de la poesía clásica en alemán del siglo XX se vino gestando desde hace unos 20 años, y es el resultado de múltiples lecturas que en un principio carecían de un propósito antológico o siquiera editorial. La presencia de Hölderlin como el autor que abre la muestra del canon lírico alemán del siglo XX puede parecer una provocación, pero debo reconocer que no es una idea del todo novedosa, aunque sea la primera vez que aparece en español como tal. La idea la tuvo originalmente Friedericke Mayröcker, quien decidió incluir su poema Halfte des Lebens para abrir su antología “Lyrik des 20. Jahrhunderts” (Text + Kritik, 1999), y de allí la tomo directamente.

Si un autor ha sido visto como la mayor influencia lírica entre los mayores poetas en lengua alemana del siglo XX (Rilke y Trakl, pero no son los únicos), sin duda ese ha sido Hölderlin, y esa es la razón para incluirlo como el poeta que abra esta selección, no sólo como influencia, sino como fundador de una tensión lingüística muy específica en lengua alemana que se desarrollaría plenamente en el siglo XX, y como quien pudo otorgarle a la escritura lírica en alemán el peso de la fragilidad y la solidez de lo siempre nuevo: lo eterno, lo que el poeta crea. Poeta de culto, poeta de los poetas, Hölderlin es la figura lírica alemana más relevante de los últimos dos siglos, y sin cuya presencia no se explicaría una parte importantísima de la poesía del pasado siglo.

La poesía alemana del siglo XX es uno de los caudales más importantes de la tradición lírica moderna, y los poemas de esta antología nos dan una idea de ese fluir constante de la palabra hacia nuevos horizontes a través del cual distintas voces logran un concierto que permite observar en su multiplicidad su enorme originalidad. Los poetas incluidos en esta antología representan la sólida voz de una tradición lírica que no oculta sus orgullosas, y a veces también dolorosas huellas con el pasado. Los poemas elegidos exploran diversas posibilidades expresivas, históricas y líricas que, en conjunto, constituyen uno de los monumentos líricos más sólidos del pasado siglo en Occidente. Algunos de los autores aquí presentados (el caso de Gertrud Kolmar), e incluso algunos de los poemas elegidos (los de Hölderlin) para esta ocasión, son presentados y traducidos por vez primera en nuestra lengua (el caso de Hermann Broch) o con textos inéditos en español (el caso de Karl Kraus); otros son ofrecidos en nuevas traducciones y nuevas aproximaciones, pero todos son presentados en su misma dignidad. Las traducciones nos ofrecen una parte de lo que nos ha sido heredado, pero nunca la versión en español tendrá el mismo peso ni el mismo eco que el poema en alemán, muchas veces memorizado por generaciones de lectores. Sólo deseo que estas versiones en español tracen un puente entre escritores y lectores de dos naciones amigas, y permitan asomarse a sensibilidades distintas a las que nuestra propia lengua puede ofrecer. Algo deberían decirnos sus voces.



Hölderlin

Considerado como el poeta por antonomasia, o el poeta de los poetas, Hölderlin es, sin más, la figura lírica más importante y venerada de la literatura alemana de los últimos 250 años. Su poesía explora las posibilidades expresivas del lenguaje en una forma tal que fragilidad humana con potencia verbal se funden en una poderosa amalgama que no ha dejado de seducir lectores y germinar sus frutos a lo largo de casi el último cuarto de milenio, lo que lo convertiría en el poeta más influyente de ese periodo en la lírica occidental. Algunos de los poemas aquí incluidos, además de su belleza y dificultad intrínseca, jamás habían sido traducidos a nuestra lengua. De Hölderlin se puede afirmar lo mismo que de Mozart: la palabra que mejor define su poesía es Hölderlin.



Sokrates und Alcibiades
„Warum huldigest du, heiliger Sokrates,
diesem Jünglinge stets? kennest du Größes nicht?
Warum siehet mit Liebe,
wie auf Götter, dein Aug’ auf ihn?“

Wer das tiefste gedacht, liebt das Lebendigste,
Hohe Jugend versteht, wer in die Welt geblikt
und es neigen die Weisen
oft am Ende zu Schönen sich.



Sócrates y Alcibíades
“Venerado Sócrates, ¿por qué siempre alabas
a este joven? ¿No conoces nada más grande?
¿Por qué con amor
lo miras como a los dioses?”

Quien piensa lo más profundo ama lo más vivo,
comprende la excelsa juventud quien escruta en el mundo
y a menudo los sabios se inclinan
a la postre ante lo bello.




Lebenslauf
Hoch auf strebte mein Geist, aber die Liebe zog
schön ihn nieder; das Laid beugt ihn gewahltiger;
so durchlauf ich des Lebens
bogen und kehre, woher ich kam.
Stuttgarter Foliobuch




Trayectoria
Hacia lo alto mi espíritu tendía, pero el amor
bellamente lo amainó; lo curva el dolor con más fuerza;
así recorro de la vida
el arco y regreso de donde partí.




An Ihren Genius
Send‘ ihr Blumen und Frücht‘ aus nieversiegender Fülle,
send‘ ihr, freundlicher Geist, ewige Jugend herab!
Hüll‘ in deine Wonnen sie ein und laβ sie die Zeit nicht
sehn, wo einsam und fremd sie, die Athenerin, lebt,
bis sie im Lande der Seligen einst die fröhlichen Schwestern,
die zu Phidias Zeit herrschten und liebten, umfangt.



A su genio
¡Mándales flores y frutos en perpetua abundancia,
mándales, espíritu amigo, juventud eterna!
Abrázalos en tu dicha y no les permitas ver el tiempo
en que los atenienses solos y extranjeros vivieron,
hasta que entre los bienaventurados abrazarán a las felices hermanas
que en tiempo de Fidias reinaron amando.



Diotima
Du schweigst und duldest, und sie versteh’n dich nicht,
du heilig Leben! welkest hinweg und schweigst,
denn ach, vergebens bey Barbaren
suchst du die Deinen im Sonnenlichte.

Die zärtlichgrossen Seelen, die nimmer sind!
Doch eilt die Zeit. Noch siehet mein sterblich Lied
den Tag, der, Diotima! nächst den
Göttern mit Helden dich nennt, und dir gleicht.
Stuttgarter Foliobuch




Diótima
¡Callas y soportas, y no te entienden,
sagrada vida! ¡Marchitas y callas
y en vano entre los bárbaros
buscas a los tuyos en la luz del sol,

oh grandes almas sensibles que ya no sois!
Mas el tiempo se acelera. Ya ve mi canto mortal
el día, ¡Diótima! que se cercano a los dioses
con los héroes te invoca, y te refleja.




Der gute Glaube
Schöners Leben! du liegst krank, und das Herz ist mir
müd von Weinen und schön dämmert die Furcht in mir,
doch, doch kann ich nicht glauben,
daß du sterbest, so lang du liebst.




Buena fe
¡O hermosa vida! Yaces enferma y mi alma
cansada está para el llanto y ya alborea el miedo en mí,
pero, pero yo no puedo creer
que mueras, hasta que ames.




Gestalt und Geist
Alles ist innig

Das scheidet

So birgt der Dichter


Verwegner! möchtest           von Angesicht zu Angesicht
Die Seele sehn
Du gehest in Flammen unter





Forma y espíritu
Todo es interior

Esto separa

Así rescata el poeta


¡Temerario! Si deseas                       cara a cara
el alma ver
hacia las flamas irás.





Προς εαυτον 
Lern im Leben die Kunst, im Kunstwerk lerne das Leben,
siehst du das Eine recht, siehst du das andere auch.




Ad se ipsum
Aprende en la vida el arte, en la obra de arte la vida,
si distingues una, ve la otra también.




Guter Rath
Hast du Verstand und ein Herz, so zeige nur eines von beiden,
beides verdammen sie dir, zeigest du beides zugleich.




Consejo
Si posees intelecto y corazón, muestra uno solo.
Te condenan entre ellos si juntos los muestras.




Advocatus Diaboli
Tief im Herzen haß ich den Troß der Despoten und Pfaffen
aber noch mehr das Genie, macht es gemein sich damit.



Advocatus Diaboli
Hondo en mi alma desprecio a los déspotas y curas,
pero más al genio que se asocia con ellos.




Der Zürnende Dichter
Fürchtet den Dichter nicht, wenn er edel zürnet, sein Buchstab
Tötet, aber es macht Geister lebendig der Geist.




Genus irritabile vatum
No temáis el noble desdén de poeta, su letra
mata, mas el espíritu vivifica los espíritus.




Die Bacchantinnen des Euripides
Ich komme, Jovis Sohn, hier ins Thebanenland,
Dionysos, den gebahr vormals des Kadmos Tochter
Semele, geschwängert von Gewitterfeuer.
Und sterbliche Gestalt, an Gottheit statt annehmend
bin ich bei Dirzes Wald bei Ismenos Gewässer.
Der Mutter Grabmal seh’ ich, der gewitterhaften,
dort, nahe bei den Häusern, und der Hallen Trümmer,
die rauchenden, noch lebend des göttlichen Feuers Flamme,
die ewge Gewaltthat Heres gegen meine Mutter.
Ich lobe doch den heilgen Kadmos, der im Feld hier
Gepflantz der Tochter Feigenbaum. Den hab ich rund
umgeben mit des Weinstokks Traubenduft und Grün,
und ferne von der Lyder golderfülltem Land,
der Phryger und der Perser lichtgetroffner Gegend,
bei Bactas Mauern, durch das stürmische Gefild’
der Meder, durch Arabien, die glükliche,
und die ganze Asia wandernd, das am salzigen
gewässer liegt, für beede, Griechen und Barbaren
wie sie gemischt sind, reich an schöngethurmten Städten,
so kam ich hier in eine Griechenstadt zuesrt
daselbst mein Chor zu führen und zu stiften meine
Geheimniß, daß ich sichtbar sei ein Geist den Menschen.
Zuerst in Thebe hier im Greichenland
Hub ich das Jauchzen an, das Fell der Rehe fassend
Stuttgarter Foliobuch




Las Bacantes de Eurípides1
He venido, hijo de Jove, a esta tierra de Tebas,
Dionisio, que alumbré una vez a la hija de Cadmo,
Semele, fecundada por el fuego de la tempestad.
Y tomando figura mortal, al sitio del dios,
aquí estoy, en el bosque de Dirce, al pie del Ismeno.
El sepulcro de la madre veo, de aquella que fue en el fulgor,
allá, junto a las casa y las ruinas de las salas
humeantes, donde ahora vive la flama del fuego divino,
la eterna violencia de Hera contra mi madre.
Alabo al sagrado Cadmo, que aquí en el campo
lloró a la hija el árbol del higo. Lo he circundado
con el aroma de la uva y el verde de las vides,
y de lejos, de la tierra colmada del oro de los lidas,
de los frigios y los persas, golpeada por la luz,
en el muro de la Bactriana, a través del campo tempestuoso
de los medos, a través de los dichosos árabes,
y vagando por la entera Asia, que yace junto a las aguas
saladas, para unos y otros, griegos y bárbaros
entre ellos confundidos, roca de ciudades con bellas torres,
así llegué aquí en una ciudad griega por vez primera
para conducir mi coro e instituir mis misterios,
pues sólo a los hombres como espíritu visible soy.
Por primera vez en Tebas, aquí en Grecia,
he elevado mi grito, tensando la piel de los ciervos




Wie wenn der Landmann am Feiertage das Feld1
Wie wenn der Landmann am Feiertage das Feld
zu betrachten hinausgeht, des Abends, wenn es
aus heißer Luft die kühlenden Blize fielen
den ganzen Tag, und fern noch hallet der Donner,
und wieder in sein Ufer der Strom sinkt,
aber frischer grünet die Wiese und der Kornhalm
richtet sich auf, von erquikenden Reegen des Himmels
und glänzend stehn in stiller Sonne die Bäume des Hains,

So stehen jezt unter günstiger Witterung
die Dichter. Die kein Meister allein, die wunder-
bar, allgegenwärtig erziehet, in leichtem
Umfange, die mächtige, die göttlich schöne Natur.
Drum, wenn zu schlafen sie scheint in Zeiten
des Jahrs, am Himmel oder unter Pflanzen oder den
Völkern, trauert der Dichter Angesicht auch. Sie scheinen allein zu seyn.

Und wie des Helden Auge siegverkündend,2 von mächtigen
Gedanken entzündet, so ist jezt entzündet
an den Thaten des Lebens ein Feuer in der Seele
der Dichter und was zuvor geschah, doch kaum gefühlt und Schlafenden,
was täglich noch geschiehet, in göttlicher Bedeutung
ist es offenbar geworden und eine neue Sonne scheinet über uns
es blühet anders denn zuvor der Frühling, wie Waldes Rauschen,
von göttlichem Othem bewegt,
so tönet der geschäfftiglärmende Tag um uns, und
lieblich der Schlaf der Nacht, denn siehe nur

Und wir sängen

und wenn der Wohllaut einer Welt in uns
wiedertönte, so sollt es klingen, als hätte der
Finger eines Kindes, muthwillig spielend,
das Saitenspiel des Meisters berührt? o schonet
nicht sein Saitenspiel, und spottet
selber des Meisters, doch wenn sein Geist,
und so wir tönen

so hört ers nicht! doch
andre werden es hören das Lied, das gleich
der Rebe, der Erd’ entwachsen ist und ihren
Flammen und der Sonne des Himmels
Und den Gewittern, die in der Luft und die
Geheimnißvoller bereitet, hinwandernd
zwischen Himmel und Erd, unter den Völkern,
gedanken sind, des göttlichen Geistes
still endend in der Seele des Dichters,
daß sie getroffen, vor Alters ruhen in
unendlichem bekannt, von langen Erinnerungen
erbebt in ihrer eigenen Tiefe,
und ihr, vor göttlichem entzündet,
die Frucht, in Liebe geboren,
des Himmels und des Menschen Werk
der Gesang entspringt, damit er zeuge von beiden.

So traff
und alle trinken jezt ohne Gefahr des himmlische Feuer
doch uns, ihr Dichter uns gebührt
mit entblößtem Haupt, unter
Gottes Gewittern, zu stehen, und des
Vaters Stralen, sie selbst, sie selbst
zu fassen, und eingehüllet, und gemildert,
im Liede den Menschen, die wir lieben, die himm-
lische Gaabe zu reichen. Denn sind wir reinen Herzens
nur, den Kindern gleich sind schuldlos oder gereiniget von Freveln
unsere Hände, dann tödtet dann verzehret nicht, das heilige
und tieferschüttert bleibt, das innere Herz, doch fest, mit-
leidend die Leiden des Lebens, den göttlichen
Zorn uder Natur, und ihre Wonnen, die der Gedanke
nicht kennt. Aber3 wenn von anderem
Pfeile selbgeschlagener Wunde des Herz mir blutet, und tiefverloren
der Frieden ist, und freibescheidenes Genügen,
und die Unruh, und der Mangel mich treibt zum
überflusse des Göttertisches, wenn rings um mich

[...]4
und sag ich gleich, ich wäre genaht, die Himmli-
schen zu schauen, sie selbst sie werfen
mich, tief unter die Lebenden alle,
den falschen Priester hinab, daß ich, aus Nächten herauf,
das warnend ängstige Lied
den Unerfahrenen singe.
Stuttgarter Foliobuch




Como cuando el campesino el campo en fiesta…
Como cuando el campesino el campo en fiesta
sale a ver, al atardecer, cuando
del caluroso aire caen refrescando rayos
todo el día, y aún lejano reverbera el trueno,
y de nuevo en su ribera el arroyo se hunde,
pero más fresco verdea el prado y el grano
se aproxima, restaurado por la lluvia del cielo
y brillan bajo el quieto sol los árboles del bosque,

así, ahora bajo un cielo favorable están
los poetas. Que ningún maestro solo, la
maravillosa, omnipresente, educa, [salvo] con ligero
abrazo, la potente, hermosa y divina naturaleza.
Por esto, cuando parecen dormir en épocas
del año, en el cielo o entre las hierbas o entre los
pueblos, también el rostro de los poetas está de luto, y parecen solos.

Y como el ojo del héroe anunciando victoria, de los poderosos
el pensamiento es inflamado, así ahora se enciende
en los actos vitales un ascua en el alma de los poetas
y lo que primero sucede apenas advertido por nosotros, durmientes,
lo que ahora sucede diariamente, en divino significar
es manifiesto y un nuevo sol brilla sobre nosotros,
distinta florece la primavera, como el rumor del bosque,
movido por el hálito divino,
así el estrépito del día vibrando nos rodea,
y amorosamente el sueño de la noche tan sólo entonces ve

Y cantaremos

y cuando el acuerdo de un mundo en nosotros
resonase, ¿deberá sonar como si el dedo
de un niño intencionalmente
la cítara del maestro tocase? Oh, no gastéis
su cítara ni os burléis
así del maestro, pues cuando su espíritu,
y así vibramos,

¡él así no escucha! Pero
otros escucharán el canto, que similar
a la vid surgió de la tierra y de sus llamas
y del sol en el cielo
y de las tormentas, que en el aire y
lleno de misterios se prepara, vagando
entre cielo y tierra, entre los pueblos,
pensamiento es del espíritu divino
terminando quietamente en el alma del poeta,
a la entonces conocida, desde siempre reposa
en conocida eternidad, de lejanos recuerdos
tiembla el alma en su profundidad,
y el alma, inflamada por lo divino,
fruto del amor nacido,
es obra del cielo y del hombre
que el canto libera, dando fe de ambos.

Así acertó
y ahora todos beben sin peligro del divino fuego
pero a nosotros, poetas, nos corresponde
permanecer con la testa descubierta bajo
las tormentas del Dios, y los
rayos del padre, ellos también, también ellos,
empuñar, y envueltos, y atemperados
en el canto de los hombres que amamos, al divino
don llegar. Y si puros nuestros corazones,
si inocentes serán, como niños, y puras de impiedad
nuestras manos, entonces no matarán, no destruirán lo sagrado,
y agitado en lo hondo permanece del íntimo corazón, pero firme,
participando de las penas de la vida, de la divina
cólera de la naturaleza y sus delicias, que el pensamiento
no conoce. Pero si por otra
flecha una herida autoinfligida me sangra el corazón,
y perdida en lo hondo la paz, y el libre modesto apagarse,
y la inquietud, y la ausencia me conducen a la
opulencia de la mesa divina, cuando en torno a mí

[...]
y dije, seré llevado a mirar
a los Celestes, ellos mismos me llevan
al hondo abismo entre los vivientes todos,
el falso sacerdote, que yo, por las noches
el temeroso canto advierte
cantos a los inexpertos.




In lieblicher Bläue…1
In lieblicher Bläue blühet mit dem metallenen Dache der Kirchthurm.
Den umschwebet Geschrei der Schwalben,
den umgiebt die rührendste Bläue.
Die Sonne darüber und färbet des Blech,
in Winde aber oben stille krähet die Fahne.
Wenn einer unter der Glocke dann herabgeht, jene Treppen,
ein stilles Leben ist es, weil, wenn abgesondert so sehr die Gestalt ist,
die Bildsamkeit herauskommt dann des Menschen.
Die Fenster, daraus die Glocken tönen,
sind wie Thore an Schönheit.
Nemlich, weil noch der Natur nach sind die Thore,
haben diese die Ähnlichkeit von Bäumen des Waldes.
Reinheit aber ist auch Schönheit.
Innen aus Verschiedenem entsteht ein ernster Geist.
So sehr einfältig aber die Bilder, so seht heilig sind die,
daß man wirklich oft fürchtet, die zu beschreiben.
Die Himmlischen aber, die immer gut sind, alles zumal,
wie Reiche, haben diese, Tugend und Freunde.
Der Mensch darf das nachahmen.
Darf, wenn lauter Mühe des Leben, ein Mensch aufschauen und sagen:
so will ich auch seyn?
Ja. So lange die Freundlichkeit noch am Herzen, die Reine,
dauert, misset nicht unglüklich der Mensch sich mit der Gottheit.
Ist unbekannt Gott?
Ist er offenbar wie der Himmel? dieses glaub’ ich eher.
Des Menschen Maaß ist’s.
Voll Verdienst, doch dichterisch, wohnet der Mensch auf dieser Erde.
Doch reiner ist nicht der Schatten der Nacht mit den Sternen,
wenn ich so sagen könnte, als der Mensch, der heißet ein Bild der Gottheit.

Giebt es auf Erden ein Maaß? Es giebt keines.
Nemlich es hemmen den Donnergang nie die Welten des Schöpfers.
Aus eine Blume ist schön, weil sie blühet unter der Sonne.
Es findet das Aug’ oft im Leben Wesen,
die viel schöner noch zu nennen wären als die Blumen.
O! ich weiß das wohl!
Denn zu bluten an Gestalt und Herz,
und ganz nicht mehr zu seyn, gefällt das Gott?
Die Seele aber, wie ich glaube, muß rein bleiben,
sonst reicht an das Mächtige auf Fittigen der Adler
mit lobendem Gesange und der Stimme so vieler Vögel.
Es ist die Wesenheit, die Gestalt ist’s.
Du schönes Bächlein, du scheinest rührend,
indem du rollest so klar, wie das Auge der Gottheit,
durch die Milchstraße.
Ich kenne dich wohl, aber Thränen quillen aus dem Auge.
Ein heiteres Leben seh’ ich in den Gestalten mich um blühen der Schöpfung,
weil ich es nicht unbillig vergleiche den einsamen Tauben auf den Kirchhof.
Das Lachen aber scheint mich zu grämen der Menschen,
nemlich ich hab’ ein Herz.
Möcht’ ich ein Komet seyn? Ich glaube.
Denn sie haben die Schnelligkeit der Vögel;
sie blühen an Feuer, und sind wie Kinder an Reinheit.
Größeres zu wünschen, kann nicht des Menschen Natur sich vermessen.
Der Tugend Heiterkeit verdient auch gelobt zu werden
vom ernsten Geiste, der zwischen den drei Säulen wehet des Gartens.
Eine schöne Jungfrau muß das Hauptumkränzen mit Myrthenblumen,
weil sie einfach ist ihrem Wesen nach und ihrem Gefühl.
Myrthen aber giebt es in Griechenland.

Wenn einer in der Spiegel siehet, ein Mann,
und siehet darinn sein Bild, wie abgemahlt;
es gleicht dem Manne.
Augen hat des Menschen Bild, hingegen Licht der Mond.
Der König Oedipus hat ein Auge zuviel vieleicht.
Diese Leiden dieses Mannes,
sie scheinen unbeschreiblich, unaussprechlich, unausdrüklich.
Wenn das Schauspiel ein solches darstellt, kommt’s daher.
Wie ist mir’s aber, gedenk’ ich deiner jetz?
Wie Bäche reißt das Ende von Etwas mich dahin,
welches sich wie Asien ausdehnet.
Natürlich dieses Leiden, das hat Oedipus.
Natürlich ist’s darum.
Hat auch Herkules gelitten? Wohl.
Die Dioskuren in ihrer Freundschaft haben die nicht Leiden auch getragen?
Nemmlich wie Herkules mit Gott zu streiten, das ist Leiden.
Und die Unsterblichkeit im Neide dieses Lebens,
diese zu theilen, ist ein Leiden auch.
Doch das ist auch ein Leiden,
wenn mit Sommerflecken ist bedekt ein Mensch,
mit manchen Fleken ganz überdekt zu seyn!
Das thut die schöne Sonne:
nemmlich die ziehet alles auf.
Die Jünglinge führt die Bahn sie mit Reizen ihrer Stralen wie mit Rosen.
Die Leiden scheinen so, die Oedipus getragen,
als wie ein armer Mann klagt, daß ihm etwas fehle.
Sohn Laios, armer Fremdling in Griechenland!
Leben ist Tod, und Tod ist auch ein Leben.




En el amable azul
En el amable azul florece con el metálico techo el campanil.
Lo circundan los chillidos de golondrinas en vuelo,
lo envuelve el más conmovedor azul.
El sol lo domina e ilumina las láminas,
pero en lo alto la bandera quieta canta en el viento.
Y si alguno desciende esas escalinatas bajo la campana,
hay una vida en la quietud, pues cuando la figura está tan aislada,
entonces la ductilidad del hombre emerge.
Las ventanas desde donde resuenan las campanas
son como puertas ante el umbral de la belleza.
Es decir, puesto que las puertas son ahora como la naturaleza,
semejan los árboles del bosque.
Pero pureza es también belleza.
Un grave espíritu surge al interior de lo diverso.
Y tan simple y sagradas son las imágenes
que uno teme describirlas.
Los Celestes, empero, siempre benignos,
tienen todo a la vez, como quien es rico, virtud y felicidad.
Es válido que el hombre los imite.
¿Es lícito, si la vida es puro cansancio, que un hombre se asome a mirar y diga:
así quiero ser también?
Sí. Hasta que la gentileza, pura, se conserve en su corazón,
el hombre no se mide infelizmente con la divinidad.
¿Es desconocido Dios?
¿Es manifiesto como el cielo? Esto creo, más bien.
Del hombre es la medida.
Colmado de méritos, pero poéticamente, reside el hombre sobre esta tierra.
Pero la sombra de la noche con las estrellas no es más pura,
si me es dado decirlo, que el hombre, que imagen de la divinidad es llamado.

¿Hay sobre la tierra una medida? Ninguna hay.
Pero de hecho los mundos del creador detienen la marcha del tono.
También una flor es bella, pues florece bajo el sol.
A menudo el ojo en la vida criaturas halla
que necesitaría llamar de forma más bella que a las flores.
¡Oh, lo sé muy bien!
¿Entonces sangrar en la persona y en el corazón,
y no ser más, gusta a Dios?
Pero el alma, como creo, debe permanecer pura,
de otro modo alcanza al Potente liberándose en las alas del águila
con cantos de alabanza y con la voz de muchas aves.
Es la esencia, la forma.
Oh, bello arroyo, pareces conmovedor,
mientras fluyes claro, como el ojo de la divinidad
a través de la Vía Láctea.
Yo te conozco, pero de mis ojos surgen lágrimas.
Una vida serena veo florecer en las figuras de la creación que me circundan,
y no es error que las compare con las solitarias palomas en el cementerio.
Pero la risa de los hombres parece afligirme,
lo que indica que tengo corazón.
¿Quisiera un cometa ser? Así lo creo.
Pues tienen la rapidez de las aves;
florecen al fuego y son como niños en la pureza.
Desear algo más grande la naturaleza humana no puede arrogarse.
La serenidad de la virtud merece también ser alabada
por el grave espíritu que aletea entre las columnas del jardín.
Una hermosa virgen debe ceñirse la cabeza con flores de mirto,
porque su naturaleza es simple, y simple en el sentimiento.
Pero sólo en Grecia hay mirtos.

Si uno mira en el espejo, un hombre,
y ve su imagen, como pintada;
es como el hombre.
Ojos tiene la imagen del hombre, mientras tiene luz la luna.
El rey Edipo tiene tal vez un ojo de más.
Los dolores de este hombre
indescriptibles, inexpresables, inefables parecen.
Es por esto que el drama lo representa.
¿Pero por qué es que yo te pienso ahora?
Como arroyos me lleva el fin de algo que se extiende como Asia.
Este dolor, naturalmente, lo prueba Edipo.
Es por esto, naturalmente.
¿También Hércules sufrió? Ciertamente.
¿Y en su amistad los Dióscuros no han sufrido el dolor?
Luchar como Hércules con Dios, esto es dolor.
Y la inmortalidad en la envidia de esta vida,
deberla vivir, es dolor también.
¡Pero también esto es dolor,
cuando el hombre se halla cubierto de manchas de sol,
enteramente recubierto estar!
Esto hace el bello sol: de hecho, todo esto educa.
Con la seducción de sus rayos, como con rosas, la órbita atrae a los jóvenes.
Los dolores padecidos por Edipo
parecen los de un pobre hombre que se lamenta de lo que le falta.
¡Oh, hijo de Layo, pobre extranjero en Grecia!
La vida es muerte, y también la muerte es una vida.




1 Una versión preliminar de los tres siguientes textos apareció publicada en La Jornada Semanal, # 620, del 21 de enero de 2007. 1 N. del t.: Texto en prosa rítmica, no corregido y en estado fragmentario. La reproducción en verso que hacemos sigue la distribución, línea por línea, del texto original. Esto incluye las separaciones de palabras en alemán, que la traducción omite, así como algunas tachaduras y enmiendas.
2 N. del t.: El texto original propone dos opciones: “siegverkürdend” y “freudiger” [con más dicha], la primera en la parte superior de la línea, y la segunda en la inferior. Elegí para la traducción la primera.
3 N. del t.: Hölderlin tachó, después de Aber, la expresión adverbial weh mir, y la primera palabra del siguiente verso, Pfeile, flecha, así como suprimió, pero no eliminó del todo el adjetivo anderem; mantenemos estos dos últimos en la traducción para la cabal comprensión del pasaje.
4 N. del t.: Línea tachada por Hölderlin: “weh mir! mich O daß ich dann nicht sage”: “Ay de mí, Oh, que no lo diga”.
1 N. del t.: Reconstrucción muy libre en verso a partir de la versión en prosa de Wilhelm Waiblinger (1804-1830), aparecida en su novela epistolar de 1823, Phaëton, del que es considerado por los especialistas como el último poema escrito por Hölderlin, antes de introducirse en el mundo de Scardanelli. El original se ha perdido irremediablemente.

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