Wednesday, September 3, 2014

Dra. Adriana Yáñez Vilalta: Recordar es permanecer [*]

Un presente fijo. La noción de nostalgia como recuerdo, memoria e imaginación, en relación con la creación poética. El tema es el del viaje, el viaje mítico, iniciático: alejarse para volver a encontrar lo más íntimo, lo más propio, lo más originario. Búsqueda de lo permanente, de la totalidad y de lo absoluto. Pensar el ser y nombrar lo sagrado. La nostalgia también como concepto filosófico. El tiempo interno, el tiempo vivido, el tiempo existenciario, como el estado de ánimo fundamental del filosofar, a partir de tres ideas esenciales: el mundo, la finitud y la soledad.

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Tenemos que empezar por preguntarnos ¿qué entendemos por nostalgia? En griego, nostos significa regreso. Algos se refiere al sufrimiento. La nostalgia es el sufrimiento causado por un hecho concreto: el no poder regresar. En portugués, Fernando Pessoa nos habla de saudade. En inglés decimos, homesickness. En alemán, heimweh. En español, además de la palabra de origen griego nostalgia, empleamos también la palabra añoranza, que proviene del verbo añorar, y que a su vez tiene su raíz en el verbo catalán enyorar, derivado del latín ignorare (que significa ignorar, no saber algo). Siguiendo ésta etimología, la nostalgia se nos revela como el dolor de la ignorancia.

Estoy solo. Estoy lejos. Siento dolor. No sé lo que sucede en mi país, con la persona amada, con el pasado que he dejado atrás. Soy un aventurero o un exiliado. Un soñador en busca de la Edad de Oro o un ángel condenado que recuerda el paraíso perdido. En francés también se emplea la palabra nostalgie, pero no hay verbo. No hay manera de decir te añoro, te extraño. Hay que recurrir a fórmulas más frías como je m'ennuie de toi (te echo de menos) o tu me manques (me haces falta). Lo interesante aquí es la palabra ennui (aburrimiento), tan popular a partir de Baudelaire, quien a su vez tuvo que recurrir a la palabra inglesa spleen, para tratar de definir ese malestar, esa sensación de carencia y de vacío. En Alemania se emplea muy pocas veces la palabra nostalgia en su forma griega y lo más frecuente es decir: sehnsucht, búsqueda o deseo de lo que está ausente. Debemos subrayar que la sehensucht puede aludir tanto a lo que fue como a lo que nunca ha sido, es decir, tanto al pasado como a aquello que todavía no conocemos. Para incluir la idea de nostos o de regreso hay que añadir algo: Sehensucht nach der Vergangenheit (nostalgia del pasado), nacht der verlorenen Kindheit (nostalgia de la infancia perdida) o nacht der ersten Liebe (nostalgia del primer amor).

Volviendo a los orígenes griegos de la palabra nostalgia, no podemos dejar de citar a Homero y La Odisea, epopeya en la que el errante Ulises vuelve a su isla después de vagar durante años. Ulises, el mayor aventurero de todos los tiempos, es también el mayor nostálgico. Partió, no muy complacido, es cierto, a la guerra de Troya, en la que permaneció diez años. Quiso regresar a su Ítaca natal, pero las intrigas de los dioses prolongaron su periplo. Primero durante tres años llenos de los más heroicos y fantásticos acontecimientos. Después durante siete años más, que pasó en calidad de rehén y amante junto a la ninfa Calipso. Como es sabido, ella estaba enamorada de él y no lo dejaba abandonar la isla. Hacia el final del canto quinto de La Odisea, Ulises le dice a su amada:

"No lo lleves a mal, diosa augusta, que yo bien conozco cuán bajo de ti la discreta Penélope queda a la vista en belleza y en noble estatura...Mas con todo yo quiero, y es ansia de todos mis días, el llegar a mi casa y gozar de la luz del regreso".

Así describe Homero la última noche que pasaron juntos los amantes:

"Ya el sol se ponía, vinieron las sombras y marchando los dos hacia el fondo de la cóncava gruta, en la noche gozaron de amor uno al lado del otro".

A la mañana siguiente, sin despertarlo, los marineros fenicios depositaron a Ulises envuelto en sábanas en la playa de Ítaca, al pie de un olivo, y se fueron. Así terminó el viaje. Él dormía, exhausto. Cuando se despertó no sabía dónde estaba. Pero Atenea despejó la bruma de sus ojos y a él le embargó una especie de ebriedad, la ebriedad del regreso: el éxtasis de lo conocido. Una música hizo vibrar el aire entre el cielo y la tierra: vio la ensenada que conocía desde la infancia, las montañas que la rodean, y acarició el viejo olivo para asegurarse de que seguía siendo el mismo de hacía veinte años.

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La epopeya fundadora de la palabra nostalgia y el análisis de sus etimologías, nos orientan en la búsqueda, pero no son suficientes. Preguntémonos ahora sobre su significado último desde el punto de vista filosófico. Veamos lo que al respecto nos dice Martin Heidegger. En Die Grundbegriffe der Metaphysik, "Los conceptos fundamentales de la metafísica", curso impartido entre 1929 y 1930, dos años después de la publicación de Sein und Zeit, "Ser y tiempo", Heidegger utiliza un fragmento de Novalis para definir la nostalgia (Heimweh) como el "estado de ánimo fundamental del filosofar"(Grundstimmung des Philosophierens). ¿Qué quiere decir esto? ¿Por qué Heidegger escoge justamente la afirmación, no de un filósofo, sino de un poeta romántico?

La pregunta que se plantea Heidegger en el inicio del ensayo es ¿qué es la filosofía? Para dar respuesta a esta interrogante cita a Novalis: "La filosofía es propiamente nostalgia, algo que nos impulsa a estar en todas partes como en nuestra propia casa". (Die Philosophie ist eigentlich Heimweh, ein Trieb überall zu Hause zu sein) (Heidegger). La filosofía es ante todo filosofar, es decir, una actividad esencialmente humana. El filosofar no es un accidente o una ocurrencia, es un quehacer humano que implica al hombre en su ser más íntimo. Y el tono o estado fundamental del filosofar es la nostalgia. Pero, ¿nostalgia de qué? Nostalgia de la totalidad, de la plenitud, de lo absoluto. (im Ganzen). Nostalgia de una condición en la que no estemos "fuera" de nosotros mismos, sino en armonía profunda, integrados en el mundo como un todo. Como dice Novalis, es algo que nos impulsa a sentirnos "en todas partes como en nuestra propia casa" (überall zu Hause zu sein). A partir de aquí describe Heidegger tres características esenciales del "ser-ahí", del Dasein: mundo, finitud y soledad, (Welt, Endlichkeit, Einsamkeit). La primera pregunta es: ¿Qué es el mundo? El mundo es lo que llamamos totalidad, plenitud o estado de "entero". El mundo no está constituido por una serie de fenómenos o fragmentos dispersos, sino que es totalidad: el conjunto de todo lo real. Tampoco es un Topos Uranos, supra-sensible, alejado de la vida, como en la tradición anterior. Es un mundo concreto, encarnado, pleno. El Dasein aspira a formar parte de ese mundo, pero no puede participar plenamente de él. ¿Por qué? Porque es finito.

Llegamos así a la segunda pregunta: ¿Qué es la finitud? La finitud es el "modo fundamental de nuestro ser"(die Grundart unseres Seins). Es lo que nos define como seres humanos. La muerte no es un accidente o algo externo que venga desde fuera, sino que está enraizada en el nivel más profundo de nuestra vida. Más aún, el ser finito es un "proceso" (Prozess). Heidegger nos habla de un "devenir finito" (Verendlichung). En la medida en que el Dasein es finito, es, existe. Y el proceso de la finitud se realiza en la soledad.

Tercera y última pregunta: ¿Qué es la soledad? La soledad es la soledad de la finitud. Creo que no hace falta recordar, que el análisis de Heidegger se mueve en un nivel estrictamente ontológico, no psicológico, ni antropológico, ni social. No es que el Dasein busque voluntariamente aislarse o quiera estar solo, apartado de los demás. No quiere decir que el hombre se aferre a su pequeño yo en un plano individualista o solipsista. El Dasein es soledad porque ese es uno de los modos fundamentales de su ser. Su existencia lo separa del mundo. El hombre es soledad porque es nostalgia. Y al igual que la finitud, la soledad también se da como un proceso.

Así reúne Heidegger las tres características esenciales. El Dasein siempre será nostalgia, finitud y soledad en el plano ontológico más profundo. Todos y cada uno de nosotros somos nostalgia de ese estado de armonía. Somos además proceso, movimiento, impulso: un ir hacia "lo entero", hacia la totalidad, hacia la plenitud.

Hemos recorrido el camino, pero no hemos llegado a una definición de lo que entendemos por filosofía. La metafísica se ha retirado en la oscuridad de la esencia humana. La pregunta inicial ¿qué es la filosofía? se ha cambiado por la pregunta ¿qué es el hombre? De manera general, vemos que la nostalgia, al igual que el aburrimiento (Langeweilige) (este es otro de los conceptos que analiza Heidegger en el curso), forman parte de los estados de ánimo fundamentales que dan testimonio del modo de ser del Dasein en el mundo. Forman parte de la manera como el hombre se encuentra a sí mismo y se sitúa en la realidad. La nostalgia, o en su caso el aburrimiento profundo, sólo pueden revelarse en su verdadera dimensión cuando el hombre se abre a ese sentimiento que dormita en él. Y puede entonces preguntarse por él. Esto es muy difícil, porque el Dasein constantemente olvida esta nostalgia con ayuda de múltiples estrategias (pasatiempos, evasiones, parloteo generalizado, exceso de información, análisis de datos, cifras y números, etc.), elementos que lo distraen de esta dimensión originaria.

Lo que Heidegger muestra en Los conceptos fundamentales de la metafísica no puede reducirse a una fórmula. Nos advierte que no se trata de llevarnos a casa una definición más o menos discutible de ese sentimiento llamado nostalgia. Se trata de aprender con inteligencia a movernos en la profundidad del Dasein.

Heidegger reconoce que su curso desemboca en un "abismo sin fondo", donde reinan la incertidumbre y la libertad. Pero la filosofía, por esencia, se mueve en la esfera de lo ambiguo y de lo indemostrable, a diferencia de las otras ciencias, que no saben pensar (en el sentido filosófico), lo que saben es demostrar.

En 1975, un año antes de su muerte, Heidegger dedica este libro a la memoria de su colega y amigo, el filósofo Eugen Fink, asistente de Husserl en los años treinta, que había seguido su curso y durante mucho tiempo esperó verlo publicado.

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Pasemos ahora al plano poético. La nostalgia, (Heimweh o Sehensucht) es uno de los temas por excelencia del romanticismo alemán. Si analizamos la obra de Hölderlin, vemos que el concepto nostos está casi siempre relacionado con la idea del viaje, de la travesía. No es la descripción del recorrido en sí mismo, sino de lo que realmente importa: el regreso. Como en la antigua epopeya griega, el sentido último de la travesía es volver a casa: el retorno a la patria, al país natal. Pero el hecho de regresar adquiere un carácter mítico muy particular. No se trata de una narración objetiva, enfocada a describir acontecimientos externos. Para Hölderlin, como para todo el romanticismo posterior, la distancia y el retorno son un movimiento interno. La nostalgia es recuerdo, imaginación y creación. El recorrido es por dentro. Es el viaje alrededor de la alcoba; el viaje erótico, pero también el camino del arte y de la memoria colectiva. La posibilidad del lenguaje se da en la sábana en blanco, como la en página en blanco, con el placer y sus silencios, con el dolor y su verdad. Es la interiorización de la experiencia poética. Un viaje que nos acerca a lo más íntimo, a lo más profundo, a lo más originario de nuestro propio ser. Así lo muestra la obra de Hölderlin. Poemas y grandes elegías como: "El viajero",Der Wanderer, "Retorno a la Patria, Rückkehr in die Heimat, "País natal",Die Heimat, "Mi propiedad", Mein Eigentum, "Las edades de la vida", Lebensalter,"Pan y vino", Brot und Wein, "El Adiós", Der Abschied, o "Recuerdo", Andenken, dan testimonio de esta afirmación.

Hölderlin matiza entre diferentes formas de nostalgia. Las variantes son múltiples. El mundo de los sueños: tiempos pasados, ruinas majestuosas, paisajes lejanos, confrontados con una realidad pequeña y familiar, que incita a un modo de vida más serio y más maduro. ("Las edades de la vida", Lebensalter). Hay también reflexión sobre el pasado. Simbólicamente son islas griegas "ardientes y llenas de cenizas, ahora desiertas y destruidas", víctimas de su belleza y de su pasión por lo divino. ("Lágrimas", Tränen).

Pero la nostalgia que se apodera de Hölderlin no es la melancolía de un ángel exiliado que recuerda el paraíso perdido. Es más bien esa "extraña nostalgia del abismo", das wunderbare Sehnen dem Abgrund. ("Vox populi", Stimme des Volks). Lo indefinido atrae siempre y con fuerza nos arrastra, termina por vencernos. Lo que vive, lo que avanza, tiende a seguir el camino más corto, el que nos reúne con el Todo y nos precipita, como el río hacia el mar, en busca de reposo. Así los hombres resignados, caen, "de hora/ en hora, como agua/ de una peña arrojada/ a otra peña, a través de los años/ en lo incierto, hacia abajo." ("Canto al destino de Hyperión", "Hyperions Schicksalslied).

Veamos con más detenimiento el poema "Recuerdo", Andenken. Hölderlin lo escribe entre 1803 y 1804, al regresar de Burdeos, donde estuvo algunos meses como preceptor. De hecho ese fue su último trabajo. Es una composición de cinco estrofas, que pertenece a la última etapa de los poemas lúcidos publicados bajo el título de "Cantos a la noche", Nachtgesänge. Lúcidos, pero tocados ya por la noche, iluminados por su cercanía.

Se encuentra mentalmente alterado. En su camino de regreso a Alemania, su amigo Sinclair le comunica a principios de julio de 1802 la muerte de Susette Gontard, la amada Diótima, ocurrida el 22 de junio. Aunque ellos ya estaban separados, esto agrava su situación emocional. Abandona Stuttgart para ir a casa de su madre. En diciembre de ese mismo año viaja a Francia para desempeñarse como preceptor en casa del cónsul de Hamburgo. Seis meses más tarde está de regreso en Nürtingen. En ese clima de abatimiento espiritual, de depresión profunda, de soledad absoluta, Hölderlin escribe el poema.

Remito al lector al comentario que Martin Heidegger escribió sobre este texto en su libro: "Interpretaciones sobre la poesía de Hölderlin",Erläuterungen zu Hölderlins Dichtung, así como al punto # IV del ensayo "Hölderlin y la esencia de la poesía", Hölderlin und das Wesen der Dichtung, ya que nosotros seguiremos aquí sólo de una manera parcial sus reflexiones. Andenken, "Recuerdo", evoca el recuerdo de su estancia en Burdeos. Hay descripción del paisaje meridional, de la campiña francesa, del lugar donde confluyen el Dordoña y el Garona, "ancho como un brazo de mar". Panorama de un horizonte marino, con su llamado a la aventura, su atmósfera de viaje, de partida y de adiós, donde resulta triunfadora la fidelidad del recuerdo. Esto es lo primero que vemos en el poema. El relato, lo anecdótico. Pero como sabemos, Hölderlin dista de ser meramente descriptivo.

Pasemos a un segundo nivel. Lo que dice el poema. Lo que esconde la esencia del poema.

Primera estrofa.

Desde los primeros versos queda claro que Andenken alude a algo más allá de Alemania. No es sólo el recuerdo de Francia. El viento viene del noreste, viene de Asia. Las imágenes se refieren a Oriente y a las Indias. El paisaje es mental, la geografía imaginaria. Es un pensar hacia atrás en los ríos de los indios y de los griegos.

El viaje es a través del recuerdo. El movimiento es hacia abajo, por dentro. Los navegantes son los poetas originarios de Germania. Nombran lo sagrado. Conocen el cielo y son expertos en rumbos astrales. Los senderos, los arroyos y los ríos son imágenes simbólicas de la existencia humana. Todos ellos se dirigen al mar, es decir, van hacia lo indeterminado, lo infinito, lo incierto. El viento es favorable para la travesía. Conduce a los hombres, desde lo más lejano y extraño, hacia el país natal.

Todo ese fluir se detiene ante la presencia de una noble pareja que domina el paisaje: la imagen de un roble y un álamo plateado. Simbólicamente, Hyperión y Diótima. Por un lado, el tradicional roble, árbol salvaje, eje del mundo, que hace posible la reunión entre Cielo y Tierra. Árbol milenario emblema de fuerza y libertad, con quién tantas veces se identifica el poeta. Por otro lado, femenino y esbelto, el álamo plateado, míticamente asociado a los infiernos, al dolor y al sacrificio. Árbol funerario que representa la ausencia de la amada, el recuerdo sin esperanza, un tiempo pasado sin porvenir.

Segunda estrofa.

Nostalgia de un tiempo anterior. Tiempo de plenitud, de armonía entre Cielo y Tierra, entre el mundo de los dioses y el mundo de los hombres. El tiempo de los sueños de oro, donde grato es dormir bajo la sombra. Alusión a mujeres bellas, de piel morena, con los brazos desnudos, que caminan descalzas sobre el terso suelo. Es el mes de marzo, tiempo de transición, se inicia la primavera. Dioses y mortales están de fiesta. Es la fiesta por excelencia. La suprema reconciliación. Las bodas del padre Éter y de la madre Gea. Brisas arrulladoras reúnen los contrarios: la noche es igual al día, el día se confunde con la noche.

Tercera estrofa.

Imágenes sensuales de Diótima se esbozan en la metáfora de la vid. Presencia de la embriaguez dionisíaca, la embriaguez de los sentidos, erótica y poética a la vez, para que al fin pueda reposar bajo la sombra del sueño. La mujer como un templo, el hombre como un dios, el amor como lo absoluto.

No debemos engañarnos. El poeta debe permanecer en lo propio de su determinación. Debe pensar lo permanente, lo supremo, lo sagrado. No debe perderse en lo fugaz, en lo finito, en lo perecedero.

Todo procede de un mismo diálogo original, entre el poder oír y el poder nombrar, entre la palabra y el silencio de la palabra. "Lo dicho y lo oído son lo mismo y lo uno". (Heidegger). Poder oír es poder recordar. Y ¿qué es lo que debemos recordar? El tiempo del amor y los acontecimientos de la vida, entendidos, claro está, en el nivel poético más profundo.

Cuarta estrofa.

Las preguntas del poema quedan sin respuesta. Hölderlin lo ha perdido todo. El amor, la amistad, la compañía de los antiguos héroes y de los personajes imaginarios. Todos han desaparecido. Y así, el poeta está solo, abandonado por la comunidad de los hombres y exiliado del mundo de los dioses. Vivir solitario, como en un largo invierno, como un árbol sin follaje. Es el tiempo de la travesía: tiempo de carencia, de soledad, de pobreza. Es el tiempo de la noche que mantiene su propia claridad. "¿Y, para qué poetas en tiempos aciagos?" Und wozu Dichter in dürftiger Zeit? (Brot und Wein), "Pan y vino".

Se inicia el retorno a la fuente, al país natal. "Los navegantes están de viaje al origen de su propio ser". (Heidegger). Es una guerra alada. La lucha contra el viento, la tempestad, los avatares del destino. El rumbo no es claro. Muchas cosas quedan indecisas. Los que conocen el mar, regresan a la fuente aunque el camino sea incierto, aunque vacilen y se retrasen. Sólo podemos volver a la patria cuando nos hemos alejado de ella. El mar con su riqueza indeterminada, contiene a la fuente. La riqueza proviene de lo "otro", de lo "desconocido", de lo "nuevo".

Los poetas son los navegantes. Ellos describen lo bello de la tierra. Se reúnen con la naturaleza en un Todo infinito. Un nuevo reino donde la belleza es la presencia del ser.

Quinta estrofa.

Ahora los hombres se alejan del país. ¿No es justamente ese alejarse lo que nos acerca más a lo propio? Parten a las Indias, pero piensan en la patria. Recuerdan. En el Oriente está el lugar del giro del viaje, desde lo extraño hacia los orígenes, hacia lo propio. La distancia hace posible el recuerdo.

"El mar quita y da la memoria". Es nehmet aber und gibt Gedächtnis die See. ¿Por qué? El mar destruye, el mar es olvido. El peligro es el olvido de lo propio, del ser. El peligro es perderse en los entes. Pero al mismo tiempo obliga a pensar en lo propio. La travesía queda dominada por el recuerdo. El recuerdo de la patria abandonada.

El movimiento es dialéctico y pendular. Se aleja de la patria y a la vez camina hacia lo propio. Recuerdo y olvido, perderse y permanecer, lo íntimo y lo extraño, lo lejano y lo próximo, se engarzan, se tejen y entretejen en el ritmo del poema.

Una vez más el fluir del tiempo se detiene. El amor clava una tenaz mirada. El amor es ahora recuerdo. Sí. Pero es la mirada que "fija" lo fundamental. El amor es la mirada de la esencia de lo amado. ¿Qué es recordar? Para el poeta es sujetar, asir, pensar en algo firme, para poder asentarnos en nuestro propio ser.

Was bleibet aber, stiften die Dichter. (Hölderlin). Lo que se instaura es el pasado, el presente y el futuro como unidad. Lo que los poetas "fijan" es el tiempo. Lo que mira el amor en su mirada esencial es lo que permanece. Y lo que permanece lo fundan los poetas. La poesía es nostalgia y recuerdo, imaginación y creación. Poetizar es recordar. Recordar es permanecer.

***

El poeta se mantiene de pie, ante las tormentas de Dios, con la cabeza desnuda, esperando apresar el rayo divino, en la oscuridad de la noche. Nombra lo que permanece. Fija lo esencial: el mundo de lo real y lo concreto.

Es la noche metafísica, absoluta, que navega con su propia luz. La noche sagrada, donde el poeta como el sacerdote, bendice y convoca, reparte el pan y escancia el vino. Como en las saturnales griegas o romanas, son rezos, murmullos: un canto a lo divino, a la embriaguez dionisíaca, que nos remite al caos originario. El oráculo hidromántico observa el rumbo universal de los astros, interpreta los signos celestes. Cifra y descifra el lenguaje poético a nivel planetario. Símbolo de salvación y de misterio, una sóla fuente, una sóla copa perfumada, llena hasta el borde de oscura luz, para que de ella beban, en comunión profunda, las sombras de los dioses y el espíritu de los hombres. Un sólo canto a la verdad y a la vida, que ilumine el silencio y la palabra, el tiempo y el ser.

[*] Texto tomado de Metafísica y ontología. Homenaje a Ricardo Guerra, Ed. CIDHEM, Cuernavaca, Mor., 2005, comp. Luis Tamayo Pérez, págs. 121 -134.


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