Sunday, April 15, 2012

Lo que puede hacer un poema!!!

La ofensiva israelí contra Günter Grass

POR Alfredo C. Villeda

La respuesta de Tel Aviv fue por todos los flancos que le permite su amplia población y terminó con la prohibición al autor a ingresar a su territorio. La estrategia fue colgarle todos los epítetos del histórico diccionario judío, incluidos “antisemita” y “demonizante”

(themunichtimes.com)
Hoy más que nunca Günter Grass debe sentir eso que llaman “peso moral”, y que negaba llevar sobre sus hombros aun cuando recibió el Premio Nobel de Literatura.
“No, qué va. Eso lo sentí más bien cuando murió Heinrich Böll. Aquí, en Alemania, nos hemos repartido, por así decirlo, el trabajo en cuanto al compromiso político, la acción pública. Por eso cuando él falleció, sentí ese peso depositarse sobre mí y me tomó un buen tiempo habituarme. Eso sí, me era imposible retomar ciertas cosas que Böll había dicho adoptando su actitud moral y su cristianismo, porque era una forma distinta de hablar. Así que intenté prolongar ese trabajo, porque los intelectuales jóvenes no están interesados en retomar esta tradición europea, alemana”.

Así explicaba Grass a Magazine Littéraire su posición ante la sociedad alemana apenas después de haber ganado el premio literario (noviembre de 1999), y apuntaba que el Nobel no está ligado a una nación. “Soy un escritor de lengua alemana, con nacionalidad alemana (...) Evolucioné en el seno de la literatura germana y es así como concibo el premio. No está ligado a una pertenencia nacional, sino a un dominio lingüístico más vasto”.
Ese peso sobre sus hombros reapareció hace días con un poema que publicó al mismo tiempo en varias publicaciones internacionales, y varias lenguas, para cuestionar la política exterior de Israel. Grass, después de todo, es en palabras del novelista Tahar Ben Jelloun “un agitador, no necesariamente provocador, sino alguien que no se pliega a las consignas generales, esas que predisponen a la anestesia local o total”. En este sentido, agrega el marroquí, “es un escritor del Tercer Mundo, eso que hoy llaman el Sur”.

(svd.se)
La respuesta furiosa de Tel Aviv fue por todos los flancos que le permite su amplia población y terminó con la prohibición al autor a ingresar a su territorio. La estrategia fue colgarle todos los epítetos del histórico diccionario judío, incluidos “antisemita” y “demonizante”. La tradición se impone. Parece que ningún alemán está en libertad de opinar nada sobre Israel so pena de recibir cascadas de reproches con la memoria del Holocausto de fondo.
¿Qué tiene que ver la crítica a la política exterior de Netanyahu con la solución final, con el racismo, con Auschwitz? Nada, pero esa bandera siempre será un recurso de defensa. Ya antes se habían oído voces contra Grass cuando se difundió su pertenencia, como joven cadete, a alguna de las fuerzas represoras al servicio del genocida régimen hitleriano. Voces de quienes jamás habían leído al Nobel, quien, mediante un personaje, un fotógrafo, ya se había retratado en esa época en un cuento recopilado en el libro Mi siglo (Alfaguara 1999). Cero sorpresas.
Por supuesto, para la ortodoxia y el fanatismo, la fórmula Tercer Mundo a la que alude Ben Jelloun significa en sentido automático “pro palestino” y “pro terrorista”. Es el lío con los dogmas. Salman Rushdie ha padecido similar persecución, desde el otro lado, con sentencia de muerte, y con el agravante de que su obra, provocadora, pertenece al género de la ficción: su novela Los versos satánicos.
Ahora Grass es sometido a una condena general convocada desde el gobierno israelí para azuzar al mundo judío por un poema. El Nobel, que abjura de nacionalismos y habla desde su espacio de voz de la lengua alemana, es descalificado, principalmente, por ser alemán. Porque en esa lógica propagandística, las páginas de Mi lucha obligan a callar a las próximas generaciones de alemanes sobre todo lo que tenga que ver con Israel, como si todos fueran responsables del Holocausto o clones de Eichmann.
Caray. Grass sólo publicó un poema.

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