Tuesday, September 6, 2011

Otro Poema de Hölderlin



Hölderlin por Mariano Berdusán ("Como en un día de fiesta")

 Como en un día de fiesta, al alba,
sale el labrador a ver el campo
después que los relámpagos han caído sin parar
refrescando la noche cálida
y siguen aún a lo lejos retumbando los truenos.
El río retorna a su cauce
y el suelo, refrescado, reverdece ya;
los viñedos gotean por la lluvia benéfica
de los cielos y los árboles del bosque
relucen quietos bajo un sol apacible.

Así están ellos cuando el clima es propicio,
ellos que no fueron educados por un solo maestro
sino por la bella Naturaleza, maravillosa,
omnipresente y dominante, entre dulces abrazos,
y así es como a veces, en ciertas épocas,
ella parece dormitar en el cielo, entre las plantas
o entre los pueblos, así se entristece también
el rostro de los poetas que parecen estar solos
pero están siempre presagiando el futuro;
y así ella, de esa misma manera, descansa también.

Pero ahora está clareando el día. Esperé este momento,
lo he visto venir y mi palabra hace bueno lo que vi.
Pues la Naturaleza, ella misma, más antigua
que los tiempos, está por encima
de los dioses del Oriente y del Occidente
y se alza ahora con estrépito de armas
y desde lo alto del Éter a lo hondo del abismo,
según leyes estables nacidas del sagrado Caos
desde siempre, siente surgir de nuevo
una exaltación que da vida a todo lo existente.

Y así como un fuego brilla en la mirada del hombre
que ha proyectado algo grande,
así estas nuevas señales y hazañas del mundo
encienden también una hoguera en el alma de los poetas.
Y lo que antaño ocurrió sin apenas entenderlo nosotros,
ahora se nos manifiesta por primera vez
y reconocemos en ello a las vivificadoras fuerzas de los dioses,
aquéllas que antes, sonrientes y como si fueran
esclavos, labraban nuestros campos.

¿Me preguntas tú por ellas? Su espíritu sopla
en el canto que nace del sol del día y de la tierra acogedora,
de tormentas en el aire y de otros fenómenos
que, habiendo surgido de la profundidad de los tiempos
y siendo más comprensibles y a nuestro alcance,
tienen lugar entre el cielo y la tierra
y entre los pueblos. Los pensamientos del espíritu,
comunes a todos nosotros, reposan sosegados
en el alma del poeta que, atrapada de repente


y abrasada por el sagrado rayo,
y desde siempre habituada a lo infinito,
consigue el fruto que nace del amor,
que es el canto, obra de los hombres y de los dioses
y testimonio de todos ellos.


De esta manera, según cuentan los poetas,
cayó el rayo sobre la casa de Sémele (*),
pues deseó ver al dios y entonces,
divinamente herida, concibió al sagrado Baco,
fruto de la tormenta.


Por eso ahora los hijos de la tierra beben
sin peligro el fuego celestial.
Pero a nosotros los poetas, nos corresponde
aguantar con la cabeza desnuda las tormentas del Dios,
asir con las manos ese rayo del Padre
y poder brindar al pueblo, con nuestro canto,
el don celestial y, si tenemos un corazón puro
como los niños y unas manos inocentes,

el rayo sagrado del Padre no nos consumirá;
y, aunque estemos hondamente estremecidos
compartiendo los sufrimientos más fuertes,
nuestro corazón permanecerá firme
cuando nos sobrevenga la tormenta del dios.
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Autor: Friedrich Hölderlin
Traducido por Mariano Berdusán
“Friedrich Hölderlin. El sueño imposible. Antología poética”
Editado por “Libros del innombrable”
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(*) Según la mitología, Sémele, amante de Júpiter y madre de Baco, murió fulminada por los rayos de Júpiter al desear ver la gloria del dios en todo su explendor.

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