Tuesday, August 30, 2011

El Frente Negro: La Rebelión según Ernst Junger

El Frente Negro: La Rebelión según Ernst Junger: "Para el rebelde son indispensables dos cualidades. Rechaza dejarse prescribir las leyes del poder, ya sea que usen la propaganda o empleen ...


 
"Para el rebelde son indispensables dos cualidades. Rechaza dejarse prescribir las leyes del poder, ya sea que usen la propaganda o empleen la violencia. Su decisión es defenderse. Aquello que los rebeldes han tenido en común en todos los tiempos "es el hecho de haber descubierto, por diversas vías, una incompatibilidad absoluta entre su propio ser y el mundo en que les tocaba vivir".
 
Ernst Jünger, Tratado de la Rebelión, 1951.
 
 
 
 
 
El rebelde rechaza, con su conducta, el orden en que está dado el mundo en el que fue arrojado. Lo rechaza en nombre de una legitimidad que se encuentra más allá de la legalidad. Lo rechaza porque encuentra la legitimidad y la norma en sí mismo; no porque lo recalque sobre lo que el es sino porque sabe aquello que es, y al mismo tiempo, es también el punto de manifestación de una norma que lo trasciende. Su rechazo es total. El rebelde es aquel que no cree, desprecia a aquellos que buscan deslumbrarlo haciendole ver: honores, intereses, privilegios, reconocimientos. En la mesa de juego, es aquel que no juega: el espíritu del tiempo resbala sobre él como el agua sobre las piedras. Espíritu libre, hombre libre, no coloca nada por encima de la libertad de la mente y de la persona. El mismo es expresión de libertad. "Es rebelde, quien está inmerso en la libertad, ley de su propia naturaleza" escribió Jünger.

No es solamente un hombre que rechaza el someterse. Ciertamente, como el que resiste, o el disidente, el rebelde es la prueba de que una alternativa es siempre posible, rebelión no solo ligada a las circunstancias; es de orden existencial.

El rebelde siente físicamente la impostura, la siente instintivamente. Disidente se hace, rebelde se nace.

El rebelde es rebelde porque cualquier otro modo de ser le es imposible.

El resistente deja de combatir cuando carece de instrumentos. Pero el rebelde aún en prisión, continua su rebelión, por ello puede ser considerado un perdedor, sin embargo, no es vencido jamás. Los rebeldes no siempre pueden cambiar el mundo, pero el mundo nunca ha logrado cambiarlos.


Ante un mundo hacia el cual siente desprecio o disgusto, el rebelde no puede considerar satisfactoria la indiferencia, que es demasiado cercana a la neutralidad. El rebelde está hecho para la lucha, aunque la misma sea sin esperanza. No es un renunciante. El rebelde se siente extraño en el mundo que habita, sin todavía desear dejar de habitarlo: sabe que se puede nadar contra la corriente a condición de no abandonar el lecho del río.

Pertenece a esa minoría que en todas las épocas prefirió el peligro a la esclavitud, sabe que el respeto de si siempre debe ser conquistado.
Su alejamiento, puramente interior, no impide el contacto, dado que tal contacto es necesario para la lucha. Si "recurre al bosque", no lo hace para refugiarse — si bien a menudo es un proscripto — sino para retomar la fuerza vital.

"El bosque siempre esta presente", prosigue Jünger.

"Existe el bosque en el desierto como en la ciudad, donde el Rebelde vive escondido bajo la mascara de cualquier profesión. Existen bosques en la propia patria, así como sobre cualquier suelo donde pueda expresar su resistencia. Pero sobre todo existen bosques detrás de las líneas enemigas."




El revolucionario persigue un objetivo; no necesariamente es así para el rebelde. El rebelde puede luchar para afirmar un estilo. Lucha porque no puede hacer otra cosa que luchar. El revolucionario entiende llegar a un objetivo, mientras el rebelde encarna, ante todo, un estado de ánimo.

El rebelde desprecia el juego de dejarse arrastrar por la ola extremista y la manipulación presuntamente eficaz de los "slogans". No se encuentra entre aquellos que se limitan a anunciar el Apocalipsis, sin tener el mínimo medio para ponerle remedio.
 
En el "curso de la historia", en compensación, el rebelde reconoce el instante y lo atrapa. Para romper el cerco, para tentar introducir un grano de arena en la maquina, razona sobre situaciones concretas. Determina la estrategia en relación con lo que ve transcurrir bajo sus ojos, no recurre a modelos superados. El rebelde es antes que nada móvil. Moviliza el pensamiento y lo hace móvil. No es soldado, si guerrillero. No conduce operaciones regulares, lanza golpes de mano. No está detrás de una línea del frente, pero atraviesa todos los frentes, el rebelde puede ser activo o contemplativo, hombre de conocimiento o de acción.

Los rebeldes siempre existieron, pero el mundo actual les reserva un rol del todo particular durante la modernidad, el rebelde aparecía rechazado respecto del revolucionario: se estimaba que estaba privado de una clara conciencia ideológica y que prefería el juego desordenado de las reacciones instintivas a las estrategias largamente meditadas. Hoy que la modernidad esta concluyendo, ellos reencuentran el puesto que les corresponde.


La globalización hace de la Tierra un mundo privado de exterior, privado de otra parte, que no es posible atacar partiendo de un punto más allá de si mismo. Un mundo de este tipo no es impulsado a la explosión, sino más bien a una depresión implosiva. El rebelde es apto para este mundo porque anima redes y propaga sus ideas de forma viral. Desde este punto de vista, es también una figura posmoderna, pero figura antagonista. De un modo siempre más homogéneo encarna la singularidad.

Es un punto opaco en un mundo lanzado a la transparencia totalitaria, un sujeto en un mundo de objetos virtuales, un subversivo por excelencia en un mundo civilizado devenido en policíaco.

Un extraño que puede ser en buen derecho excluido en nombre de la lucha contra la exclusión, si no fuera que preventivamente el mismo se excluyó. He aquí por qué, en un cierto sentido, el futuro pertenece a los rebeldes, al pensamiento que diseña inéditos frentes de batalla, esboza una nueva topografía, prefigura otro mundo.

La historia siempre está abierta y en movimiento.

Jünger dice llamar Rebelde a aquél "que aislado y privado de la patria por la marcha del universo, se ve entregado a la nada" y agrega "Cuando un pueblo entero se prepara a pasar al bosque, se convierte en una temible potencia."

frente negro.

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