Sunday, January 30, 2011

Aforismo: Ocurrencia nocturna XXXIV

Cuando Nietzsche descubrió, escandalosamente, que Dios había muerto... asesinado por sus propias criaturas; en realidad desnudaba una milenaria coartada que sojuzgó por muchos años al ser humano.

A su vez, dejaba a la intemperie tantas teologías engreídas que se habían asentado poderosamente, como anclas, en la mente humana.

Pero también se destapaba una caja de Pandora que, a diferencia de aquella del mito griego, derramaba una plétora de posibilidades impresionantemente angustiantes de autonomía y libertad.

Ahora sí, parafraseando a Sartre, lo humano estaba condenado a ser libre: “El universo no juega a los dados… pero, ¿qué tal al ajedrez?”

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