Tuesday, June 8, 2010

Jorge González Camarena en el Tec de Monterrey


El Mural de Rectoría del Tecnológico de Monterrey es un alto relieve tallado en piedra y aderezado con mosaico; representa el triunfo diario de la civilización y la cultura sobre las fuerzas oscuras del estancamiento y la apatía. Para ejemplificarlo, Jorge González Camarena eligió la lucha y victoria de Quetzalcóatl sobre Tezcatlipoca.

Cuenta el mito que la deidad suprema, Ometecutli, designó a Quetzalcóatl y a Tezcatlipoca para que crearan a la humanidad. Quetzalcóatl formó a los nuevos mortales amasando su propia sangre con los huesos de los hombres antiguos, y les procuró el maíz para que se alimentaran. Entonces Tezcatlipoca, celoso de su éxito, lo retó a una lucha sin cuartel y lo venció. Derrotado, el dios bueno predijo que regresaría para señorear otra vez sobre la tierra. Es este retorno de Quetzalcóatl, precisamente, triunfador y generador de progreso, el que presenta el mural en su combinación de signos nuevos y viejos, proponiendo una visión actual al tema eterno que evoca.

De un águila con las alas extendidas, recordatorio de nuestro emblema nacional, emergen los perfiles de un hombre y una mujer, generadores de vida. La serpiente emplumada, unión del cielo y la tierra, símbolo de Quetzalcóatl, se desliza por la parte inferior; el cascabel que marca su edad es aquí sección radial de la piedra del sol, el calendario perpetuo del tiempo de los hombres. Formando un frente común con la serpiente, a partir de otras dos metáforas de Quetzalcóatl, el pico del Ehcatl -pájaro que presagia bonanza y fertilidad-, y el pectoral de caracol -invocador de vientos de buena ventura-, surgen tres brazos que golpean con llamas de fuego, destructoras de las tinieblas, la cabeza yaciente de Tezcatlipoca.

Mientras que el trazo del dios malvado reúne en su forma las insignias que lo definen: la noche, el jaguar y la luna, el triunfo final de Quetzalcóatl anunciando un brillante futuro es expresado por Venus, que en su diseño conjuga una estrella, el resplandor del sol que nace y, en una afinidad remota, la espiga y fruto del maíz. A su vez, cobijadas por el águila, tres manos brotan de la estrella matutina, mostrando en su palma las alegorías de la civilización prometida: para la agricultura una planta, para la industria un engranaje y para la cultura un libro y una escuadra.

Por el talento concentrado en sus siete metros de alto por 32.40 de largo, el simbolismo del Mural de Rectoría es hoy tan válido como en el momento de su develación, en 1954.

Tecnológico de Monterrey. Retrieved 2010-06-08

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